
Situada en el barrio de Beira Mar, en Aveiro, donde las calles se curvan, las parcelas se retuercen y la ciudad crece sobre sí misma, toma forma una vivienda pequeña, pero intensamente pensada.

En una parcela irregular y mínima, el proyecto no pretende corregir la forma del lugar. La acepta. Y, a partir de ella, construye.

La casa surge del diálogo entre dos fuerzas: la naturaleza orgánica del barrio y la precisión del diseño. Las geometrías son claras, las alineaciones firmes y el lenguaje contemporáneo, pero nunca indiferente a su entorno. No copia la ciudad. La escucha.
A nivel de calle, la madera genera proximidad. Toca. Acoge. El edificio no se impone. Entabla una conversación con quienes pasan. Por encima, la superficie cerámica blanca se presenta como una memoria reinterpretada, un eco lejano de la tradición de los azulejos de Aveiro, ahora refinada, silenciosa, casi abstracta.

La vivienda se organiza en dos niveles orientados hacia el oeste, buscando la luz como un material esencial. Un patio vertical abre la parte posterior de la casa al cielo, permitiendo que el azul descienda hacia el interior. Una línea de luz atraviesa el espacio como un gesto arquitectónico, guiando la mirada, ralentizando el cuerpo y alejando la mente del ruido de la calle.
Los dormitorios se sitúan en la planta baja, contenidos y serenos. El espacio social asciende para poder mirar más lejos. Allí, un gran plano acristalado disuelve el límite entre el interior y el exterior. La casa deja de ser una caja y se convierte en un lugar de luz. El sol entra, atraviesa y permanece hasta el último instante del día.

En lo alto, la terraza es algo más que un espacio exterior. Es un mirador, una pausa, un respiro. La ciudad se despliega a sus pies. La cúpula de São Gonçalinho marca el horizonte. A lo lejos, las salinas devuelven al cielo los tonos dorados de la puesta de sol. Aquí, el tiempo se ralentiza.

En el interior, casi nada pesa. Los espacios son libres, preparados para cambiar con quienes los habitan. Pocos materiales, mucha intención. La luz dibuja recorridos. Las perspectivas sorprenden. La casa no se explica, se descubre.

Con tan solo 98 metros cuadrados sobre una parcela de 51 metros cuadrados, esta casa no es un ejercicio de contención, sino de precisión. Cada gesto es necesario. Cada línea tiene un significado. Es una arquitectura que utiliza menos para ofrecer más: más luz, más ciudad, más formas de habitar.

«Con el proyecto Beira Mar II, nuestra intención era escuchar atentamente el lugar y transformar sus limitaciones en una arquitectura precisa, luminosa y profundamente habitable», explica Paulo Martins. «Creamos una casa que se integra en el tejido orgánico del barrio y, al mismo tiempo, ofrece un sutil refugio frente al ritmo de la ciudad. En una parcela mínima e irregular, el objetivo principal era diseñar un espacio donde la luz, la proporción y el silencio configuraran una forma de vida más consciente. Este proyecto es una celebración de una arquitectura cuidadosamente pensada, que utiliza pocos materiales con la máxima intención para crear una experiencia de habitar serena, equilibrada y verdaderamente hecha a medida».
Obra: Beira Mar II
Autor: Paulo Martins Arquitectura & Design (Paulo Martins), con la colaboración de Hugo Ferreira
Constructora: Construlautus Engenharia e Construção
Año: 2025
Superficie construida: 98 m²
Ubicación: Aveiro (Portugal)
Fotografías: Ivo Tavares Studio — ivotavares.net
+ paulomartins.com.pt


































