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[:es]Visitando “el César Carlos”… (Sota, 1967-70) | Rodrigo Almonacid[:gl]Visitando “o César Carlos”… (Sota, 1967-70) | Rodrigo Almonacid[:en]Visiting “The César Carlos” … (Sota, 1967-70) | Rodrigo Almonacid[:]

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Colegio Mayor César Carlos, Alejandro de la Sota

“Pero, profesor… no entiendo por qué nos han llevado a ver ‘el César Carlos‘. ¿Me lo podría explicar?”

Volvíamos en autobús de regreso a Valladolid. Era ya de noche, y el día había sido intenso. Pero no podía quedarme sin ese regalo que los estudiantes te entregan con generosidad impagable cuando eres su profesor: sus pensamientos. Me dirigí al final del bus, allí donde se suelen siempre reunir los más “rebeldes” en cualquier excursión (como todos sabemos), con la intención de saber qué les había gustado más de ese viaje de estudios a Madrid a ver a Fisac (Centro de Formación del Profesorado), Oíza (torre Banco Bilbao) y Sota (colegio Mayor César Carlos), y la exposición en paralelo de la obra de Fisac y Sota en el Museo ICO (magnífica, por cierto). El resultado de la encuesta concluyó sin unanimidad; pero en medio del cruce de comentarios, uno de los estudiantes alzó la voz y formuló la pregunta citada al comienzo de este post. La inocente pregunta era, en realidad, un “dardo envenenado” para cualquier profesor de una Escuela de Arquitectura (como es mi caso), si bien he de reconocer que quien la formulaba no parecía mostrar “aviesas intenciones”.

Sí, querido lector, en realidad la cuestión era dilucidar los valores arquitectónicos de un edificio que nadie discutiría por su calidad. Debo confesar que siempre me pareció una insensatez hablar de una obra si haberla visitado, sobre todo si la opinión no es favorable. Yo, como un estudiante más, acababa de visitar el edificio de don Alejandro por vez primera, y, por tanto no tenía una opinión muy formada hasta entonces. No sé si la tengo ahora, tras la visita, pero al menos pude responder a la pregunta con conocimiento de causa, casi con las sensaciones y emociones a flor de piel…

No pretendo convertir a este post en una explicación de una obra tan insigne como el colegio mayor César Carlos, que hasta tiene libro monográfico propio. Pero sí compartir contigo una de las lecciones que aprendí cuando era estudiante universitario: la mejor clase de Arquitectura se recibe visitando los edificios, no leyendo libros. No me malinterpretes, no estoy lanzando un ataque a ese maravilloso compañero de viaje que es y será siempre un libro… En absoluto. Pero es cierto que a menudo la crítica y la docencia arquitectónica se ha elaborado desde un despacho, sin haber pisado el edificio en cuestión. Ese, desgraciadamente, ha sido uno de los grandes males de la divulgación en Arquitectura, y, en mi opinión, debiera ser combatido con firmeza para revalorizar el auténtico ejercicio crítico. Comentar y, aún peor, criticar una obra sin haberla visto en su lugar es una necedad. Cualquier análisis pasaría por alto temas tan decisivos como el paisaje circundante (vistas, orografía, entorno natural), la relación con la ciudad (accesos, morfología urbana), el clima local (orientación solar, vientos dominantes). Y otros, no menos importantes pero a menudo “grandes olvidados” factores como la calidad de la luz solar (tipo de cielo), la relación con el vecindario (sociología urbana, niveles acústicos del entorno), y, lo más importante, sus usuarios o propietarios.

En “el César Carlos”, Sota demuestra una clara voluntad de dar un sentido a un solar, más allá incluso de los edificios que lo ocupan. El entorno de tranquilidad en la Ciudad Universitaria madrileña, el desnivel del solar, las bellas vistas disponibles y un colectivo de jóvenes opositores a los que se ofrecía alojamiento y servicios colectivos (culturales, deportivos, de esparcimiento) son claves en el resultado final. Es aquí donde el maestro Alejandro de la Sota nos enseña cómo una idea de arquitectura está al servicio de una comunidad tan peculiar, para la que el arquitecto procura unos espacios presididos por el recogimiento, por el silencio preciso para cada individuo. Pero al tiempo, un conjunto arquitectónico que favorezca los vínculos entre los habitantes, como si se tratase de monjes dentro de un monasterio. Como él mismo reconoció:

“El destino de un Colegio Mayor es el de bien estudiar y bien convivir en él. El definir tan claramente el fin de las cosas ayuda a su resolución.”

“Se intenta desmasificar dividiendo y dividiendo los grupos humanos hasta llegar al grupo cuyo número permite la relación directa. Esto permite que dentro de una posible serie de crecimiento indefinido, no se deshumanicen las relaciones

(véase la memoria del proyecto en el archivo digital de la Fundación Alejandro de la Sota)

Es así como entendemos la manipulación del terreno en diferentes plataformas, la voluntad de dispersar los volúmenes por el solar (en vez de unificarlo todo en un único volumen), la importancia de las plantaciones de árboles (hoy enormes y hermosos castaños estratégicamente situados en el solar), la ubicación de cada actividad en los edificios (cada pieza es mezcla de usos individuales y colectivos, no hay segregación funcional estricta), las cubiertas como privilegiadas terrazas habitables… y hasta temas tan aparentemente menores como el paso subterráneo entre los edificios, la distribución de masas arboladas y su escala respecto a los edificios, los desembarcos a media altura entre pisos de dormitorios, la forma escalonada y jerarquizada en planta de las habitaciones, o el tratamiento del plano del suelo en los recintos exteriores (el tallado del patio rehundido junto a la biblioteca, las calzadas diagonales hacia los bloques de apartamentos o el peldañeado en derrame hacia la piscina y la cancha de tenis son, por citar algunos, verdaderamente modélicos).

Colegio Mayor César Carlos, Alejandro de la Sota

Estas (y otras muchas) apreciaciones son imposibles de contemplar de no haber visitado esta obra, que ahora admiro “por voluntad propia”, no por la borreguil asunción opiniones ajenas… Escuchar a sus actuales usuarios hablar con orgullo del colegio mayor César Carlos, asombrarse antes las particularidades de las diversas habitaciones que ellos llaman “ratonera“, “salchicha“, y “suites” (gobernadas todas por un máximo aprovechamiento del espacio disponible en base a un compromiso mueble-habitación admirable), asistir a la vida en sus espacios colectivos, y observar cómo se apropian de sus espacios al aire libre proporcionan suficientes argumentos para responder a la pregunta que, como profesor, debía atender.

Reconozco que, tras mi breve explicación, muchos de los estudiantes quedaron bastante convencidos del interés de esta obra, pero no por mis argumentos sino porque cada cual comenzó a reconocer los valores arquitectónicos de una manera más consciente de lo que lo habíamos hecho durante la visita. Reivindico esta experiencia como ineludible para crecer como arquitecto, y más aún como estudiante (pese a que los actuales planes de estudios no favorezcan esta labor en absoluto en la actualidad), cuando las ideas preconcebidas aún no ahogan la capacidad de juicio y sorpresa. Dejarse llevar hasta emocionarse al visitar la Arquitectura es una experiencia que no nos pueden hurtar, por mucho que el Código Técnico sea un vademecum para el profesional de turno, o por más que los pedagogos del Plan Bolonia no sepan entender nuestra particular forma de aprendizaje. Y actualmente, sumidos en una atmósfera de baja autoestima y descrédito, ¿qué mejor reclamo que la buena Arquitectura para reconsiderar nuestro papel social y cultural como arquitectos?

Rodrigo Almonacid [r-arquitectura] · doctor arquitecto
valladolid. octubre 2013

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Colegio Mayor César Carlos, Alejandro de la Sota

“But, teacher … I do not deal why they have led us to seeing ‘the Caesar Carlos’. One might explain it?”

We were returning in bus on returning to Valladolid. It was already by night, and the day had been intense. But I could not remain without this gift that the students deliver you with unpayable generosity when you are his teacher: his thoughts. I went at the end of the bus, there where they are in the habit of always assembling the most “rebellious” in any excursion (as all we know), with the intention of knowing what they had liked more of this trip of studies to Madrid to seeing to Fisac (Teacher training college), Oíza (tower Banco Bilbao) and Sota (Major college César Carlos), and the exhibition in parallel of Fisac’s work and Jack in the ICO Museum (magnificent, certainly). The result of the survey concluded without unanimity; but in the middle of the crossing comment, one of the students lifted the voice and formulated the question mentioned to the beginning of this post. The innocent question was, actually, a » poisoned dart » for any teacher of a School of Architecture (since it is my case), though I have to admit that the one who was formulating it did not seem to show “twisted intentions”.

Yes, reading darling, actually the question was to explain the architectural values of a building that nobody would discuss for his quality. I must confess that always it looked like to me a folly to speak about a work if to have visited her, especially if the opinion is not favorable. I, as one more student, had just visited don Alejandro’s building for the first time, and, therefore it did not have an opinion very formed till then. Do not be if I have it now, after the visit, but at least I could answer to the question with knowledge of reason, almost with the sensations and emotions flush with skin …

I do not try to turn this post into an explanation of a work so celebrated as the major college César Carlos, who even has monographic own book. But yes to share with you one of the lessons that I learned when he was a university student: the best class of Architecture is received visiting the buildings, not reading books. Do not misinterpret me, I am not throwing an assault to this wonderful companion of trip who is and it will be always a book… By no means. But it is true that often the critique and the architectural teaching has elaborated from an office, without having trodden on the building in question. This, unfortunately, he has been one of the big males of the spreading in Architecture, and, in my opinion, it must be fought with firmness to revalue the authentic critical exercise. To comment and, even worse, to criticize a work without having seen her in his place is a foolishness. Any analysis would overlook topics as decisive as the surrounding landscape (conference, orography, natural environment), the relation with the city (accesses, urban morphology), the local climate (solar orientation, dominant winds). And others, not less important but often “big forgotten” factors as the quality of the solar light (type of sky), the relation with the neighborhood (urban sociology, acoustic levels of the environment), and, the most important thing, his users or owners.

In “the Caesar Carlos”, Jack demonstrates a clear will to give a sense to a lot, beyond even of the buildings that occupy it. The environment of tranquility in the University City of Madrid, the difference of the lot, beautiful available conference and a group of young opponents to whom one was offering housing and collective services (cultural, sports, of scattering) are key in the final result. It is here where the teacher Alejandro de la Sota teaches us how an idea of architecture is to the service of such a peculiar community, for that the architect tries a few spaces presided by the concentration, by the precise silence for every individual. But to the time, an architectural set that favors the links between the inhabitants, as if it was a question of monks inside a monastery. As he itself recognized:

“The destination of a Major College is that of good to study and well to coexist in him. To define so clearly the end of the things helps to his resolution.”

It is tried desmasificar dividing and dividing the human groups up to coming to the group which number allows the direct relation. This allows that inside a possible series of indefinite growth, not deshumanicen the relations”

(See the memory of the project in the digital file of the Foundation Alejandro de la Sota)

It is as well as we understand the manipulation of the area in different platforms, the will to disperse the volumes for the lot (instead of unifying everything in the only volume), the importance of the plantations of trees (today enormous and beautiful chestnut-trees strategically placed in the lot), the location of every activity in the buildings (every piece is a mixture of individual and collective uses, there is no functional strict segregation), the covered ones like privileged inhabitable terraces… and even be afraid so seemingly minor as the underground step between the buildings, the distribution of wooded masses and his scale with regard to the buildings, the disembarkations to half a height between floors of bedrooms, the form staggered and organized into a hierarchy in plant of the rooms, or the treatment of the plane of the soil in the exterior enclosures (the carved one of the court re-sunk together with the library, the diagonal causeways towards the blocks of apartments or the peldañeado in spillage towards the swimming pool and the field of tennis are, for mentioning some, really models).

César Carlos Major college, Alejandro de la Sota

These (and great others) appraisals are impossible to meditate of not having visited this work, which now I admire “for own will, not for the borreguil assumption foreign opinions … To listen to his current users César Carlos to speak proudly about the major college, to there be amazed before the particularities of the diverse rooms that they are called “mousetrap, “sausage, and “suites (governed all for a maximum utilization of the available space on the basis of a commitment admirable furniture – room), to be present at the life in his collective spaces, and to observe how they appropriate of his spaces outdoors they provide sufficient arguments to answer to the question to that, as teacher, it had to attend.

I admit that, after my brief explanation, many of the students remained convinced enough in the interest of this work, but not for my arguments but because everyone began to recognize the architectural values of a way more conscious than we had done during the visit. I claim this experience as unavoidable to grow as architect, and even more as student (in spite of that the current study plans do not favor this labor by no means at present), when the preconceived ideas still do not drown the capacity of judgment and surprise. To be left to go up to getting excited on having visited the Architecture is an experience that they us cannot steal, for much that the Technical Code is a vademecum for the professional of shift, or however much the pedagogues of the Plan Bologna cannot understand our particular form of learning. And nowadays, plunged in an atmosphere of low autoesteem and discredit, what better claim that the good Architecture to reconsider our social and cultural role as architects?

Rodrigo Almonacid [r-arquitectura] · doctor architect

valladolid. october 2013

[:gl]

Colexio Maior César Carlos, Alejandro de la Sota

“Pero, profesor… non entendo por que nos levaron a ver ‘o César Carlos’. ¿Poderíamo explicar?”

Volviamos en autobús de regreso a Valladolid. Era xa de noite, e o día fora intenso. Pero non podía quedar sen ese regalo que os estudantes che entregan con xenerosidade impagable cando es o seu profesor: os seus pensamentos. Dirixinme ao final do bus, alí onde se adoitan sempre reunir os máis “rebeldes” en calquera excursión (como todos sabemos), coa intención de saber que lles gustara máis desa viaxe de estudos a Madrid a ver a Fisac (Centro de Formación do Profesorado), Oíza (torre Banco Bilbao) e Sota (colexio Maior César Carlos), e a exposición en paralelo da obra de Fisac e Sota no Museo ICO (magnífica, por certo). O resultado da enquisa concluíu sen unanimidade; pero no medio do cruzamento de comentarios, un dos estudantes alzou a voz e formulou a pregunta citada ao comezo deste post. A inocente pregunta era, en realidade, un “dardo envelenado” para calquera profesor dunha Escola de Arquitectura (como é o meu caso), se ben hei de recoñecer que quen a formulaba non parecía mostrar “aviesas intencións”.

Si, querido lector, en realidade a cuestión era dilucidar os valores arquitectónicos dun edificio que ninguén discutiría pola súa calidade. Debo confesar que sempre me pareceu unha insensatez falar dunha obra se tela visitado, sobre todo se a opinión non é favorable. Eu, como un estudante máis, acababa de visitar o edificio de don Alejandro por vez primeira, e, polo tanto non tiña unha opinión moi formada ata entón. Non sei se a teño agora, tras a visita, pero polo menos puiden responder á pregunta con coñecemento de causa, case coas sensacións e emocións a flor de pel…

Non pretendo converter a este post nunha explicación dunha obra tan insigne como o colexio maior César Carlos, que ata ten libro monográfico propio. Pero si compartir contigo unha das leccións que aprendín cando era estudante universitario: a mellor clase de Arquitectura recíbese visitando os edificios, non lendo libros. Non me malinterpretar, non estou a lanzar un ataque a ese marabilloso compañeiro de viaxe que é e será sempre un libro… En absoluto. Pero é certo que a miúdo a crítica e a docencia arquitectónica se elaborou dende un despacho, sen pisar o edificio en cuestión. Ese, desgraciadamente, foi un dos grandes males da divulgación en Arquitectura, e, na miña opinión, debera ser combatido con firmeza para revalorizar o auténtico exercicio crítico. Comentar e, aínda peor, criticar unha obra sen vela no seu lugar é unha necidade. Calquera análise pasaría por alto temas tan decisivos como a paisaxe circundante (vistas, orografía, ámbito natural), a relación coa cidade (accesos, morfoloxía urbana), o clima local (orientación solar, ventos dominantes). E outros, non menos importantes pero a miúdo “grandes olvidados” factores como a calidade da luz solar (tipo de ceo), a relación coa veciñanza (socioloxía urbana, niveis acústicos do ámbito), e, o máis importante, os seus usuarios ou propietarios.

En “o César Carlos”, Sota demostra unha clara vontade de dar un sentido a un soar, máis alá mesmo dos edificios que o ocupan. O ámbito de tranquilidade na Cidade Universitaria madrileña, o desnivel do soar, as belas vistas dispoñibles e un colectivo de mozos opositores aos que se ofrecía aloxamento e servizos colectivos (culturais, deportivos, de esparexemento) son claves no resultado final. É aquí onde o mestre Alejandro de la Sota nos ensina como unha idea de arquitectura está ao servizo dunha comunidade tan peculiar, para a que o arquitecto procura uns espazos presididos polo recollemento, polo silencio preciso para cada individuo. Pero ao tempo, un conxunto arquitectónico que favoreza os vínculos entre os habitantes, coma se se tratase de monxes dentro dun mosteiro. Como el mesmo recoñeceu:

“O destino dun Colexio Maior é o de ben estudar e ben convivir nel. Definir tan claramente o fin das cousas axuda á súa resolución.”

“Inténtase desmasificar dividindo e dividindo os grupos humanos ata chegar ao grupo cuxo número permite a relación directa. Isto permite que dentro dunha posible serie de crecemento indefinido, non se deshumanicen as relacións.

(véxase memoria do proxecto no arquivo dixital da Fundación Alejandro de la Sota)

É así como entendemos a manipulación do terreo en diferentes plataformas, a vontade de dispersar os volumes polo soar (en vez de unificalo todo nun único volume), a importancia das plantacións de árbores (hoxe enormes e fermosos castiñeiros estratexicamente situados no soar), a situación de cada actividade nos edificios (cada peza é mestura de usos individuais e colectivos, non hai segregación funcional estrita), as cubertas como privilexiadas terrazas habitables… e ata temas tan aparentemente menores como o paso subterráneo entre os edificios, a distribución de masas arboradas e a súa escala respecto aos edificios, os desembarcos a media altura entre pisos de dormitorios, a forma graduada e xerarquizada en planta dos cuartos, ou o tratamento do plano do chan nos recintos exteriores (o tallado do patio reafundido xunto á biblioteca, as calzadas diagonais cara aos bloques de apartamentos ou o peldañeado en derramo cara á piscina e a cancha de tenis son, por citar algúns, verdadeiramente modélicos).

Colexio Maior César Carlos, Alejandro de la Sota

Estas (e outras moitas) apreciacións son imposibles de contemplar de non ter visitado esta obra, que agora admiro “por vontade propia”, non pola borreguil asunción opinións alleas… Escoitar aos seus actuais usuarios falar con orgullo do colexio maior César Carlos, asombrarse antes as particularidades dos diversos cuartos que eles chaman rateira», “salchicha”, e “suites” (gobernadas todas por un máximo aproveitamento do espazo dispoñible sobre a base dun compromiso moble-cuarto admirable), asistir á vida nos seus espazos colectivos, e observar como se apropian dos seus espazos ao aire libre proporcionan suficientes argumentos para responder á pregunta que, como profesor, debía atender.

Recoñezo que, tras a miña breve explicación, moitos dos estudantes quedaron bastante convencidos do interese desta obra, pero non polos meus argumentos senón porque cada cual comezou a recoñecer os valores arquitectónicos dun xeito máis consciente do que o fixeramos durante a visita. Reivindico esta experiencia como ineludible para crecer como arquitecto, e máis aínda como estudante (malia que os actuais plans de estudos non favorezan este labor en absoluto na actualidade), cando as ideas preconcibidas aínda non afogan a capacidade de xuízo e sorpresa. Deixarse levar ata emocionarse ao visitar a Arquitectura é unha experiencia que non nos poden furtar, por moito que o Código Técnico sexa un vademecum para o profesional correspondente, ou por máis que os pedagogos do Plan Bolonia non saiban entender o noso particular forma de aprendizaxe. E actualmente, sumidos nunha atmosfera de baixa autoestima e descrédito, ¿que mellor reclamo que a boa Arquitectura para reconsiderar o noso papel social e cultural como arquitectos?

Rodrigo Almonacid [r-arquitectura] · doutor arquitecto

valladolid. outubro 2013

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Rodrigo Almonacid Canseco
Rodrigo Almonacid Cansecohttps://rarquitectura.wordpress.com/
(Teruel, 1974). Licenciado en Arquitectura (1999) con premio extraordinario y Doctor “cum laude” en Arquitectura por la Universidad de Valladolid (2013), compagina su actividad académica como profesor doctor de la E.T.S. de Arquitectura de Valladolid con la profesional al frente de su propio estudio [r-arquitectura]. Es autor de dos libros: Mies van der Rohe: el espacio de la ausencia (2006); y El paisaje codificado en la arquitectura de Arne Jacobsen (2016). Colaborador habitual en blogs de actualidad y crítica arquitectónica.
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Alberto Alonso Oro
Alberto Alonso Oro
10 years ago

BUENAS COMPAÑÍAS
La arquitectura es obstinada en sus pretensiones, callada, perseverante. A pesar del paso de los
años, a pesar del desgaste y las heridas propias de la edad y sus afecciones,
la arquitectura insiste en su propósito cuando éste se extiende más allá
incluso de la materia y sus limitaciones, más allá incluso de los autores y sus críticos, biógrafos o correligionarios. El
Colegio Mayor César Carlos (Alejandro de la Sota, Madrid, 1967) es una buena muestra de ello.
http://madc-texts.blogspot.com.es/2015/09/buenas-companias.html

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