InicioartículosSueños de Ascensión | Miquel LacastaSoños de Ascensión | Miquel LacastaDreams of...

[:es]Sueños de Ascensión | Miquel Lacasta[:gl]Soños de Ascensión | Miquel Lacasta[:en]Dreams of Ascension | Miquel Lacasta[:]

[:es]

Visión distópica de la Torre de Babel del juego Prince of Persia
Visión distópica de la Torre de Babel del juego Prince of Persia

El acto de ascender forma parte de un gesto que la humanidad ha realizado día y noche desde que habita la tierra. Mirar al cielo en busca de respuestas y augurios o, simplemente, dejarse maravillar por el espectáculo sobrecogedor de una noche estrellada son actos que se repiten como una constante a lo largo de nuestras vidas. Esos gestos mínimos son la puerta de entrada a la lógica de lo trascendente.

En el mismo momento en que tomamos conciencia de la posibilidad de una dimensión transcendente, se activa la pulsión irreprimible de ascender sin descanso hacia la bóveda celeste. Ya se deba a la voluntad del astrónomo de descifrar los secretos de las constelaciones, a la creencia del sacerdote de que las señales del cielo contienen augurios y describen el futuro o al deseo de morar físicamente más cerca de las deidades, ascender tanto física como espiritualmente forma parte de lo más profundo de la naturaleza humana.

A lo largo de la historia, la combinación indisoluble de lo espiritual y lo matérico ha llevado a los seres humanos a poblar la faz de la tierra de construcciones que, por razones tanto culturales como religiosas, han tenido en la altura el principal reto a superar. Desde la torre de Babel, a medio camino entre el mito y la realidad histórica, hasta las catedrales de la Edad Media, desde la torre de porcelana de Nankín en China y los minaretes de las mezquitas diseminados por todo el Oriente musulmán hasta las torres civiles de los ayuntamientos del Renacimiento, la poderosa simbología que encierra un edificio exageradamente alto, combinación de destreza técnica, reclamo publicitario y, en ocasiones, homenaje a Dios, ha fascinado a los hombres desde tiempos remotos.

Las construcciones en altura, aglutinan voluntades comunes, suponen esfuerzos organizativos y logísticos de primer nivel, y al cabo de los años, dan significado a civilizaciones enteras. Es evidente que en el momento en que las antiguas construcciones fueron izadas, la voluntad principal de construir en altura se correspondía con los deseos individuales de un rey, mago o sacerdote, y por tanto lejos de una visión común compartida, pero también es bien cierto, que una vez erigidos, los edificios altos configuraban toda una identidad común basada en la fascinación.

Las construcciones en altura no solamente tienen el poder de atraer viajeros, comerciantes y extranjeros, sino que dan la imagen de la fuerza y del poder de una ciudad, de una raza o de una civilización entera. Por tanto funcionan como foco emisor de ideales y preceptos religiosos, cívicos o simplemente dan la medida de la riqueza de un pueblo.

Más modernamente, los edificios altos dan estructura urbana, marcan hitos en el paisaje de las ciudades y favorecen la construcción de la identidad colectiva. En la malla más o menos uniforme de una ciudad, los edificios en altura tienen vocación de centralidad, es decir, identifican de manera clara y sin opción al equívoco, el área o el lugar donde podemos hablar del centro de la ciudad, y automáticamente se convierten en una vara de medir. Lo lejos o lo cerca que uno se encuentra de una agrupación de edificios altos es exactamente la medida de lo lejos o lo cerca que uno se encuentra del centro.

En las ciudades americanas, especialmente en las norteamericanas, la agrupación de edificios altos, lanzan el mensaje del poder financiero e industrial de la ciudad. El típico downtown americano, construye un imaginario preciso, que relaciona la ciudad con el poder adquirido. Esto es tan claro, que incluso hoy día sabemos identificar las ciudades a partir de su skyline, es decir de la línea de cielo que dibuja habitualmente una baja altura en la periferia y una concentración de altura en el centro. La altura siempre ha sido a la vez un reclamo y una declaración.

En contraposición, las ciudades Europeas, más uniformes en su tejido urbano, han usado la altura para marcar los hitos en el paisaje que identifican accesos y puertas a la ciudad. Todavía hoy, ciertos planes urbanos, procuran significar con uno o varios edificios altos, ciertos puntos de acceso a las urbes y tienden a diseminar la altura de los edificios en diferentes puntos estratégicos de la ciudad.

La historia de los edificios en altura, sujetos a la pulsión humana por ascender, por corporeizar el sueño de ascensión, han dejado y seguirán dejando el rastro de una voluntad ambiciosa, técnicamente audaz y físicamente arriesgada del espíritu humano.

Sea como sea, ascender, mirar hacia arriba, tocar el cielo con la punta de los dedos, ha estado presente, de forma permanente, en el espíritu y la energía de la humanidad. Ascender viene a ser un intento, a la larga inútil, pero siempre necesario, de trascender la carne para alcanzar el espíritu. No solemos caer en la cuenta de que trascender es, en realidad, morir y buscamos anticipar la superación de nuestra condición carnal elevando inmensos edificios hacia el cielo, esperando así obtener el perdón de los dioses o la oportunidad de inmiscuirnos en sus asuntos. Quién sabe.

El contexto económico de algunas zonas del planeta puede hacer pensar que las grandes construcciones pertenecen al pasado. Si bien es cierto que muchos edificios has quedado aparcados por la crisis, no deberíamos ni demonizar ni pensar que la fase de los edificios altos ha quedado olvidada. Es más, no deberíamos caer en la tentación de demonizar la altura. Edificar de forma concentrada y en altura aporta compacidad, densidad y complejidad a los tejidos urbanos. Las tres condiciones anteriores son la garantía de un equilibrio entre el ecosistema urbano y el ecosistema natural. Caso aparte es el hecho que ciertas operaciones en altura, mal ejecutadas y sobre todo, mal planificadas, son el producto de vergonzosos intereses especulativos. Eso no debe ensombrecer las ventajas, diría incluso, la necesidad de construir en altura.

En definitiva, por suerte o por desgracias, parece inevitable, como si fuera una orden impregnada en los genes, que la humanidad sigue y seguirá elevando construcciones cada vez más altas. Y es que, en el fondo, somos incapaces de reprimir nuestra pulsión de llegar algún día a morar al lado de Dios.

Pronto volveremos a ascender de nuevo.

Miquel Lacasta. Doctor arquitecto
Barcelona, abril 2013

[:gl]

Visión distópica de la Torre de Babel del juego Prince of Persia
Visión distópica da Torre de Babel do xogo Prince of Persia

O acto de ascender forma parte dun xesto que a humanidade realizou día e noite desde que habita a terra. Mirar ao ceo en busca de respostas e augurios ou, simplemente, deixarse maravillar polo espectáculo sobrecogedor dunha noite estrelada son actos que se repiten como unha constante ao longo das nosas vidas. Eses xestos mínimos son a porta de entrada á lóxica do trascendente.

No mesmo momento en que tomamos conciencia da posibilidade dunha dimensión transcendente, actívase a pulsión irreprimible de ascender sen descanso cara á bóveda celeste. Xa se deba á vontade do astrónomo de descifrar os segredos das constelaciones, á crenza do sacerdote de que os sinais do ceo conteñen augurios e describen o futuro ou ao desexo de morar físicamente máis preto das deidades, ascender tanto física como espiritualmente forma parte en grao sumo profundo da natureza humana.

Ao longo da historia, a combinación indisoluble do espiritual e o matérico levou aos seres humanos a poboar a face da terra de construcións que, por razóns tanto culturais como relixiosas, han ter na altura o principal reto a superar. Desde a torre de Babel, a medio camiño entre o mito e a realidade histórica, ata as catedrais da Idade Media, desde a torre de porcelana de Nankín en Chinesa e os minaretes das mezquitas diseminados por todo o Oriente musulmán ata as torres civís dos concellos do Renacimiento, a poderosa simboloxía que encerra un edificio exageradamente alto, combinación de destreza técnica, reclamo publicitario e, en ocasións, homenaxe a Deus, fascinou aos homes desde tempos remotos.

As construcións en altura, aglutinan vontades comúns, supoñen esforzos organizativos e loxísticos de primeiro nivel, e ao cabo dos anos, dan significado a civilizacións enteiras. É evidente que no momento en que as antigas construcións foron izadas, a vontade principal de construír en altura correspondíase cos desexos individuais dun rei, mago ou sacerdote, e por tanto lonxe dunha visión común compartida, pero tamén é ben certo, que unha vez erixidos, os edificios altos configuraban toda unha identidade común baseada na fascinación.

As construcións en altura non soamente teñen o poder de atraer viaxeiros, comerciantes e estranxeiros, senón que dan a imaxe da forza e do poder dunha cidade, dunha raza ou dunha civilización enteira. Por tanto funcionan como foco emisor de ideais e preceptos relixiosos, cívicos ou simplemente dan a medida da riqueza dun pobo.

Máis modernamente, os edificios altos dan estrutura urbana, marcan fitos na paisaxe das cidades e favorecen a construción da identidade colectiva. Na malla máis ou menos uniforme dunha cidade, os edificios en altura teñen vocación de centralidade, é dicir, identifican de maneira clara e sen opción ao equívoco, a área ou o lugar onde podemos falar do centro da cidade, e automaticamente convértense nunha vara de medir. O lonxe ou o preto que un se atopa dunha agrupación de edificios altos é exactamente a medida do lonxe ou o preto que un se atopa do centro.

Nas cidades americanas, especialmente nas norteamericanas, a agrupación de edificios altos, lanzan a mensaxe do poder financeiro e industrial da cidade. O típico downtown americano, constrúe un imaxinario preciso, que relaciona a cidade co poder adquirido. Isto é tan claro, que mesmo hoxe día sabemos identificar as cidades a partir da súa skyline, é dicir da liña de ceo que debuxa habitualmente unha baixa altura na periferia e unha concentración de altura no centro. A altura sempre foi á vez un reclamo e unha declaración.

En contraposición, as cidades Europeas, máis uniformes no seu tecido urbano, usaron a altura para marcar os fitos na paisaxe que identifican accesos e portas á cidade. Aínda hoxe, certos plans urbanos, procuran significar cun ou varios edificios altos, certos puntos de acceso ás urbes e tenden a diseminar a altura dos edificios en diferentes puntos estratéxicos da cidade.

A historia dos edificios en altura, suxeitos á pulsión humana por ascender, por corporeizar o soño de ascensión, deixaron e seguirán deixando o rastro dunha vontade ambiciosa, tecnicamente audaz e fisicamente arriscada do espírito humano.

Sexa como sexa, ascender, mirar cara arriba, tocar o ceo coa punta dos dedos, estivo presente, de forma permanente, no espírito e a enerxía da humanidade. Ascender vén ser un intento, a longo prazo inútil, pero sempre necesario, de transcender a carne para alcanzar o espírito. Non adoitamos caer na conta de que transcender é, en realidade, morrer e buscamos anticipar a superación da nosa condición carnal elevando inmensos edificios cara ao ceo, esperando así obter o perdón dos deuses ou a oportunidade de inmiscirnos nos seus asuntos. Quen sabe.

O contexto económico dalgunhas zonas do planeta pode facer pensar que as grandes construcións pertencen ao pasado. Aínda que é certo que moitos edificios quedaches aparcados pola crise, non deberiamos nin demonizar nin pensar que a fase dos edificios altos ha quedado esquecida. É máis, non deberiamos caer na tentación de demonizar a altura. Edificar de forma concentrada e en altura achega compacidad, densidade e complexidade aos tecidos urbanos. As tres condiciones anteriores son a garantía dun equilibrio entre o ecosistema urbano e o ecosistema natural. Caso aparte é o feito que certas operacións en altura, mal executadas e sobre todo, mal planificadas, son o produto de vergoñosos intereses especulativos. Iso non debe ensombrecer as vantaxes, diría mesmo, a necesidade de construír en altura.

En definitiva, por sorte ou por desgrazas, parece inevitable, coma se fose unha orde impregnada nos xenes, que a humanidade segue e seguirá elevando construcións cada vez máis altas. E é que, no fondo, somos incapaces de reprimir a nosa pulsión de chegar algún día para morar á beira de Deus.

Pronto volveremos ascender de novo.

Miquel Lacasta. Doutor arquitecto
Barcelona, abril 2013

[:en]

Visión distópica de la Torre de Babel del juego Prince of Persia
Dystopian view of the Tower of Babel from the game Prince of Persia

The act of ascending is part of a gesture that humanity has made day and night since the earth inhabits. Looking at the sky in search of answers and omens or simply be amazed by the overwhelming spectacle of a starry night are acts that are repeated as a constant throughout our lives. These minimal gestures are the gateway to the logic of the transcendent.

At the same moment when we become aware of the possibility of a transcendent dimension, the irrepressible drive to ascend without rest towards the celestial vault is activated. It is already due to the will of the astronomer to decipher the secrets of the constellations, to the belief of the priest that the signs of heaven contain auguries and describe the future or the desire to dwell physically closer to the deities, ascend both physically and spiritually It is part of the deepest part of human nature.

Throughout history, the indissoluble combination of the spiritual and the material has led human beings to populate the face of the land of constructions that, for both cultural and religious reasons, have had the main challenge to overcome . From the tower of Babel, halfway between myth and historical reality, to the cathedrals of the Middle Ages, from the porcelain tower of Nanjing in China and the minarets of the mosques scattered throughout the Muslim East to the civil towers of the Renaissance town halls, the powerful symbolism that encloses an exaggeratedly tall building, combination of technical skill, advertising claim and, sometimes, homage to God, has fascinated men since ancient times.

The constructions in height, agglutinate common wills, suppose first-rate organizational and logistical efforts, and over the years, give meaning to entire civilizations. It is evident that at the time when the old constructions were hoisted, the main will to build in height corresponded to the individual wishes of a king, magician or priest, and therefore far from a shared common vision, but it is also very true , which once erected, the tall buildings formed a common identity based on fascination.

The constructions in height not only have the power to attract travelers, merchants and foreigners, but also give the image of the strength and power of a city, a race or an entire civilization. Therefore they function as a source of ideals and religious, civic precepts or simply measure the wealth of a people.

More modernly, tall buildings give urban structure, mark milestones in the landscape of cities and favor the construction of collective identity. In the more or less uniform mesh of a city, the buildings in height have a vocation of centrality, that is, they clearly and without option identify the mistake, the area or the place where we can talk about the city center, and automatically They become a measuring stick. How far or near one is from a cluster of tall buildings is exactly the measure of how far or near one is from the center.

In the American cities, especially in the North American ones, the grouping of tall buildings, throws the message of the financial and industrial power of the city. The typical American downtown, builds an accurate imaginary, which relates the city to the acquired power. This is so clear that even today we know how to identify cities from their skyline, that is, from the sky line that usually draws a low height on the periphery and a high concentration in the center. Height has always been both a claim and a declaration.

In contrast, the European cities, more uniform in their urban fabric, have used the height to mark the landmarks in the landscape that identify accesses and gates to the city. Even today, certain urban plans, try to mean with one or several tall buildings, certain points of access to the cities and tend to spread the height of the buildings in different strategic points of the city.

The history of high-rise buildings, subject to human drive to ascend, to corporateize the dream of ascension, have left and will continue to leave the trail of an ambitious, technically bold and physically risky will of the human spirit.

Be that as it may, ascending, looking up, touching the sky with the tips of your fingers, has been permanently present in the spirit and energy of humanity. To ascend becomes an attempt, in the long run useless, but always necessary, to transcend the flesh to reach the spirit. We do not usually realize that transcending is, in fact, dying and we seek to anticipate the overcoming of our carnal condition by elevating immense buildings to the sky, hoping to obtain the forgiveness of the gods or the opportunity to meddle in their affairs. Who knows.

The economic context of some areas of the planet may suggest that large buildings belong to the past. While it is true that many buildings have been parked by the crisis, we should neither demonize nor think that the phase of the tall buildings has been forgotten. Moreover, we should not be tempted to demonize height. Building in a concentrated way and in height brings compactness, density and complexity to urban fabrics. The three conditions above are the guarantee of a balance between the urban ecosystem and the natural ecosystem. A separate case is the fact that certain operations at height, poorly executed and, above all, poorly planned, are the product of shameful speculative interests. That should not overshadow the advantages, I would even say, the need to build in height.

In short, by luck or misfortune, it seems inevitable, as if it were an order impregnated in the genes, that humanity follows and will continue to raise increasingly high constructions. And, deep down, we are incapable of suppressing our drive to one day live next to God.

Soon we will ascend again.

Miquel Lacasta. PhD architect
Barcelona, april 2013

[:]

Miquel Lacasta Codorniu
Miquel Lacasta Codorniuhttps://axonometrica.wordpress.com/
Es cofundador en ARCHIKUBIK y también en @kubik - espacio multidisciplinario. Obtuvo un Ph.D. con honores (cum laude) en ESARQ Universitat Internacional de Catalunya UIC y también fue galardonado con el premio especial Ph.D (UIC 2012), M.arch en ESARQ Universitat Internacional de Catalunya, y se graduó como arquitecto en ETSAB Universitat Politècnica de Catalunya . Miquel es profesor asociado en ESARQ desde 1996. Anteriormente, fue profesor en Elisava y Escola LAI, y también en programas de postgrado en ETSAB y La Salle. Fue arquitecto en la oficina de Manuel Brullet desde 1989 desde 1995. Ha sido galardonado en "Taller Barcelona'96. El TGV, una oportunidad por estructurar la periferia ". Fue codirector del taller "Territorio Virtual, Límite Urbano" en ITSEM Guadalajara, México en 2000 y también codirector del taller "Ravalizar Barcelona" en ITSEM Guadalajara, México, y CCNY, Nueva York, EE. UU. En 2002, 2003 y 2004. Ganó el premio A + en 2010 por Sunion School en el Best Educational Building, The International Architecture Award 2008 en The Chicago Athenaeum por Colin's House y el primer premio en Corian Prize en 2006. Su obra ha sido expuesta en Barcelona , Madrid, Florencia, Cannes y en Le Pavillon de l'Arsenal en París. Varias publicaciones han sido reconocidas por su trabajo como Quaderns, ON, Arquitectura Plus, Piso, Arquitectura y Diseño, El País, ABC, La Vanguardia, Clarín, Sole 24 Ore, y otros. Recientemente realizó conferencias en ITSEM Guadalajara, México, Facolta di Architettura di l'Alghero, Italia, msa Münster School of Architecture, Münster Alemania, IBM Think Tank en París, Francia, y varias universidades y organizaciones en España. Recientemente fue galardonado con el ZAC RN5 en el concurso Vitry-sur-Seine, un Eco-distrito de 255 residencias sociales y privadas y una residencia de estudiantes en Ivry, y 32 apartamentos asistidos para personas mayores en Olesa de Montserrat.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS