Playgrounds | Jorge Meijide

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Tras la Segunda Guerra Mundial extensas áreas de muchas de las grandes ciudades europeas quedaron devastadas. Algunas lo fueron por efecto de la sistemática destrucción de objetivos estratégicos militares, y sus “efectos colaterales”, y otras como claras destinatarias del efecto psicológico que un bombardeo indiscriminado y nada discrecional, como el de Londres entre 1940-41 por los alemanes, o los paradigmáticos y devastadores bombardeos de Dresde o Hamburgo por las fuerzas aéreas conjuntas de ingleses y americanos al final de la guerra, pudiera causar en la población civil.

En todos los casos su consecuencia fue el de la destrucción de la trama urbana, histórica y actual, de parte de la historia, física y emocional, a ella asociada y, consecuentemente, de muchos de los modos de vida y usos que la ciudad ofrecía y que sus habitantes, bien o mal, habían moldeado o adaptado. Una generación sufrió así la carencia de esas estructuras urbanas desaparecidas y con ello el uso de la ciudad, por lo menos como hasta ese momento lo habían hecho.

A las ingentes tareas de reconstrucción de lo existente se unió la nueva construcción de viviendas para alojar al éxodo de población que se acercaba a las ciudades proveniente del campo buscando “un nuevo futuro”; así las cosas el campo de cultivo era, por así decirlo, propicio para la arquitectura moderna, funcional y eficiente que venían preconizando los dictados de los CIAM ya desde la Carta de Atenas de 1933. Era el momento de poner en práctica sus principios y probar sus bondades y superioridad racional. Era el momento del arquitecto.

Desgraciadamente con el paso de los años, no muchos, y de las nuevas realizaciones, las expectativas no se cumplieron o por lo menos se comenzó a poner en evidencia que el modelo podía ser racional y hasta funcional, pero no era eficiente y, desde luego, no era muy “humano”. Curiosamente todos aquellos postulados que se habían pensado para que el hombre viviera mejor, trabajara mejor y tuviera espacios de ocio y disfrute mejores, habían conseguido grandes áreas impersonales que casi promovían el autismo social, sectorizaciones que se tornaron en guettos y entornos en donde las relaciones sociales estaban ausentes.

En este ambiente, ya evidente a finales de los años 50, un grupo de arquitectos, más tarde autodenominados Team X (por el décimo CIAM), comenzaron a cuestionar los principios de ese, para ellos, fallido urbanismo inhumano. Entre ellos el holandés Aldo van Eyck fue el que más claro definió la situación: “raramente las posibilidades han sido tan grandes para la profesión arquitectónica, sin embargo nunca han fallado tan estrepitosamente”. Éstas palabras pronunciadas en una conferencia en el undécimo, y a la postre último, congreso de los CIAM en Otterlo, preconizan, ya no solo el fin de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna, si no una nueva manera de entender y repensar la arquitectura desde parámetros más humanísticos. Van Eyck ya había advertido de esta situación en 1947, recién graduado, avisando en contra de esa aproximación “mecanicista” hacia el entorno humano que la arquitectura moderna proponía [2].

Aldo van Eyck pone en práctica su concepción de la arquitectura y el urbanismo durante su trabajo en el departamento municipal de obras públicas de Amsterdam, allí desarrolló todo un conjunto de actuaciones urbanas, los speelplaats o campos de juego, destinados a reutilizar solares vacíos y espacios de nadie que salpicaban la trama urbana del Amsterdam de posguerra. En ellos, en vez de buscar un emplazamiento determinado, se transforman aquellos lugares sin uso o abandonados como campos de juego dedicados a la vida diaria y esparcimiento de los niños. Pero no es solo su arquitectura lo que los define, y por lo que nos interesan, si no por su capacidad y posibilidad de uso.

Los playgrounds de van Eyck son algo más que lugares de juegos infantiles, son a la vez un perfecto ejemplo de una manera de entender la arquitectura y el urbanismo, toda una reflexión sobre como entender la ciudad, sobre como leerla y, sobre todo, de como abordar el presente de su evolución desde, no lo olvidemos nunca, los que están destinados a usarla y habitarla.

jorge meijide . arquitecto
a coruña. julio de 2012

notas:
[1] Imágenes. Izqda. Dresde desde la torre del Ayuntamiento de Richard Peter. Drcha. Playground de Aldo van Eyck, Amsterdam
[2] Aldo van Eyck, Humanist Rebel. Liane Lefaivre and Alexander Tzonis. 010 Publishers. 1999.


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