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[:es]La percepción psicológica de la ciudad | Ignacio Grávalos – Patrizia Di Monte[:gl]A percepción psicolóxica da cidade | Ignacio Grávalos – Patrizia Di Monte[:en]The psychological perception of the city | Ignacio Grávalos – Patrizia Di Monte[:]

[:es]

La percepción psicológica de la ciudad

En el año 2007, y por primera vez en la historia, la población urbana mundial era ya más numerosa que la población rural.1 Según las previsiones del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas, en el año 2050 el 75% de la población vivirá en las ciudades.

Bien distinta era la situación a finales de siglo XIX, cuando tan sólo el 10% de la población era  urbana. En ese momento, la incipiente ciudad industrial ya era un hecho. Una nueva sociedad urbana se iba adaptando a un nuevo escenario y empezaba a sufrir una transformación en sus principales estructuras. Uno de los temas principalmente abordados por los sociólogos urbanos en los años treinta del siglo XX, es el de la pérdida de las relaciones primarias (del cara a cara) frente a la inmensa red de contactos (lazos secundarios) que impulsaba la realidad metropolitana. Se produce en esos años una metamorfosis, para ciertos teóricos bañada de nostalgia, de los modos de relación de las sociedades agrícolas.

¿Cómo reacciona el hombre con el desvanecimiento de este tipo de relación íntima y cerrada frente a la explosión de interacciones múltiples y diversas que ahora le ofrecía la gran ciudad?

¿En qué medida determina la ciudad el comportamiento de los individuos y la vida social?

La percepción psicológica de la ciudad. Chicago, 1909 | Fuente: bifurcaciones.cl
Chicago, 1909 | Fuente: bifurcaciones.cl
La multitud de los impactos sensoriales

La multitud de los impactos sensoriales de la metrópoli exigían al ciudadano una sobre-tensión, una implicación imposible que no le era dado soportar y que Simmel,2 a principios de siglo XX, denominó como el

“acrecentamiento de la vida nerviosa”.

Sucedía algo similar con la proliferación de las numerosas relaciones interpersonales de la vida urbana que tendían a saturar la capacidad emotiva del individuo. Éste, se veía obligado a seleccionar facetas concretas en las que relacionarse con el resto de individuos; cada ciudadano era un ser poliédrico que mostraba alguna de sus caras a la vez que ocultaba otras. En cierto modo, el individuo se veía abocado a jerarquizar, a centrar sus implicaciones en esos aspectos que consideraba prioritarios. Y estableciendo, a modo de defensa, una serie de automatismos que le liberaban de la fatiga de ciertas elecciones afectivas.

Se produjo por un lado la pérdida del núcleo familiar, mientras que, por otro, se insertaba al ciudadano en un gran grupo. Sus decisiones, cada vez más, eran influenciadas por una especie de consenso social, donde perdía fuerza la elección individual en favor de una cierta conformidadrespecto a la conducta establecida por la masa social. Paralelamente, el ser urbano iba camuflando su manera de sentir para pasar a representar un papel en la escena urbana. Y el conjunto de todas esas representaciones es lo que constituía su personalidad. En palabras de E. Goffman,4

“la vida es una representación teatral”.

La percepción y la Escuela de Chicago

Diversos sociólogos de la Escuela de Chicago analizaron la relación entre la ciudad y la sociedad, en un momento en que ambas estaban en continua transformación. Robert E. Park,5 uno de los miembros fundadores, planteaba la ciudad como un laboratorio, un

“estado de la mente”,

como un campo de estudio del comportamiento y de la psicología humana, una plataforma en la que se desarrollaba una nueva forma de vivir.

La percepción psicológica de la ciudad. “Future city”, Corbett (Popular Science, 1925). (www.worldidentitylab.net)
“Future city”, Corbett (Popular Science, 1925) | Fuente: worldidentitylab.net

Cuestiones como el distanciamiento afectivo, la pérdida de núcleos familiares, la disolución de grupos religiosos y la alteración de las clases sociales, iban sustituyendo los lazos que antes unían a las personas con el territorio por otros más difusos y deslocalizados. Esta situación provocó una reconfiguración de los sentimientos de identidad y, de igual modo, una transposición de lo que Halbwachsdenominó la

“memoria colectiva”.

La percepción de la memoria colectiva

Esta memoria, tal y como explica el autor, es una producción que precisa marcos sociales (nunca estamos solos), y sólo se construye en la medida que es capaz de establecer puntos de referencia con el resto de la sociedad. Sin embargo, esos puntos ya no eran los mismos. Aquellos recuerdos anclados en la tradición y en las costumbres de la sociedad agrícola eran los que aseguraban un vínculo íntimo y necesario con el territorio que, a su vez, era su propio sustento. Con la nueva realidad urbana, se inicia un desplazamiento, una reubicación de los referentes concretos que la ciudad tiende a dispersar impidiendo la reconstrucción de los recuerdos, de las representaciones psíquicas.

Pero no sólo es una cuestión emocional, también se inicia un recorrido constante hacia la desaparición del “lugar”, cada vez más imprevisible, o mejor, cada vez más determinado por lo indeterminado. Las cuestiones relativas a la pérdida del lugar antropológico, alteran la capacidad simbólica de los individuos de reconocerse en el territorio. Existía en esos años una tendencia hacia el estudio del artefacto urbano, la mayoría de las veces considerado como nocivo, como un elemento que interfería con la vida social.

Louis Wirth,7 otro miembro de la mencionada Escuela de Chicago, afirmaba que el comportamiento del ciudadano está determinado por las estructuras sociales y los factores ambientales. Es el escenario el que define la conducta de la sociedad. La aparición de la gran ciudad conlleva la eclosión de un nuevo comportamiento emocional, condicionado por la ciudad misma, que presenta un amplio abanico de posibilidades: desde encontrar una identificación concreta para cada obsesión particular, el transitar entre desconocidos o la capacidad de disolverse en el anonimato. En todo ello, la ciudad ofrece un elemento indispensable en la vida urbana: la aparición de lo inesperado, de la sorpresa y por lo que John F. Lofland8 denomina,

“la presencia de un extraño”.

Fotograma de Wonderland, de Michael Winterbottom
Fotograma de «Wonderland», de Michael Winterbottom
Kevin Lynch y la percepción ciudad

Ya en la década los sesenta, Kevin Lynch9 realizó estudios sobre la ciudad intentando sistematizar aquellas imágenes ambientales que transmiten al individuo una seguridad afectiva. Los articula en torno a lecturas sobre la senda, el mojón, el borde, el nodo y el barrio. Sin embargo, a pesar de requerir un medio urbano muy bien organizado, poético y simbólico, no pierde de vista el capital fundamental de la realidad urbana: los ciudadanos y sus flujos cotidianos que dan sentido al escenario metropolitano.

Existen, pues, una serie de dimensiones físicas o digitales que condicionan la conducta urbana. Y existe, de igual modo, un intento de humanizar y reequilibrar ambas tendencias. David Harvey lo denominaba

“la urbanización de la conciencia”,

Saskia Sassen hace referencia a la

“urbanización de la tecnología”.

Los estudios psicosociales sobre la ciudad

La atención de los estudios psicosociales sobre la ciudad se inicia a principios de los años setenta. Existe una atención especial a los cambios psicológicos de la sociedad urbana. Paralelamente, en esos mismos años, se experimenta un nuevo modo de regular las bases del planeamiento urbano, en el que la figura del planificador se vuelve más permeable a través de procesos de participación ciudadana, y pasa a ser un elemento de equilibrio, un facilitador entre los diversos agentes implicados.

Estos estudios derivan en una consideración especial sobre los espacios urbanos como escenario privilegiado para articular las relaciones sociales. Apoyándose en el estudio de varios autores (Proshansky y Fabian, Gehl), Corraliza10 resume los  criterios de calidad de estos espacios en los siguientes puntos:

· La necesidad de control del contacto y de la interacción social.
· La necesidad de seguridad y responsabilidad en el mantenimiento.
· La necesidad de actividades sociales variadas.
· La necesidad de satisfacción estética.

Dichos criterios nos dan la clave sobre el éxito y el fracaso de los espacios públicos. Y no es casual que sea precisamente sobre estos argumentos sobre los que se articulan las cuestiones (y las fricciones) del ámbito público y privado. Atendiendo a estos criterios se podría elaborar un diagnóstico de por qué se ha llegado a lo que algunos autores han denominado la

“privatización del espacio público” y,

del mismo modo, a la

“masificación social de los espacios privados”.

Cabría preguntarse, por tanto, qué ha fallado, de qué  nos hemos olvidado en la concepción de los espacios públicos.

Ignacio Grávalos – Patrizia Di Monte. Arquitectos (estonoesunsolar)
Zaragoza-Venezia. Noviembre 2019.

Notas

Según los indicadores de desarrollo del Banco Mundial, en 2013 la población urbana se establecía en el 53% del total.
Simmel, Georg. El individuo y la libertad. Barcelona: Península. (1911)
La tendencia a la conformidad fue estudiada por Solomon Asch en “Studies fo Independence and Conformity” (1956)
Goffman, Erving. La presentación de la persona en la vida cotidiana, 1959
Park, Robert E., La ciudad y la ecología urbana y otros ensayos, 1952
Halbwachs, Maurice. La memoria colectiva, 1950
Wirth, Louis. El urbanismo como modo de vida, 1938
Lofland, John. Analyzing social settings, 1976
Lynch, Kevin. La imagen de la ciudad, 1960
10 Corraliza, José Antonio. Ciudad, arquitectura y calidad de vida: notas para una discusión. En R. de Castro(comp.), Psicología ambiental: intervención y evaluación del entorno, 1991.

Artículo publicado originalmente en La Ciudad Viva en abril 2015.

[:gl]

No ano 2007, e por primeira vez na historia, a poboación urbana mundial era xa máis numerosa que a poboación rural.1 Segundo as previsións do Departamento de Asuntos Económicos e Sociais de Nacións Unidas, no ano 2050 o 75% da poboación vivirá nas cidades.

Ben distinta era a situación a finais de século XIX, cando tan só o 10% da poboación era urbana. Nese momento, a incipiente cidade industrial xa era un feito. Unha nova sociedade urbana íase adaptando a un novo escenario e empezaba a sufrir unha transformación nas súas principais estruturas. Un dos temas principalmente abordados polos sociólogos urbanos nos anos trinta do século XX, é o da perda das relacións primarias (do cara a cara) fronte á inmensa rede de contactos (lazos secundarios) que impulsaba a realidade metropolitana. Prodúcese neses anos unha metamorfose, para certos teóricos bañada de nostalxia, dos modos de relación das sociedades agrícolas.

Como reacciona o home co desmaio deste tipo de relación íntima e pechada fronte á explosión de interaccións múltiples e diversas que agora lle ofrecía a gran cidade?

En que medida determina a cidade o comportamento dos individuos e a vida social?

Chicago, 1909 | Fuente: bifurcaciones.cl
Chicago, 1909 | Fonte: bifurcaciones.cl

A multitude dos impactos sensoriais da metrópole esixían ao cidadán una sobre-tensión, unha implicación imposible que non lle era dado soportar e que Simmel,2 a principios de século XX, denominou como o

“acrecentamento da vida nerviosa”.

Sucedía algo similar coa proliferación das numerosas relacións interpersoais da vida urbana que tendían a saturar a capacidade emotiva do individuo. Este, víase obrigado a seleccionar facetas concretas nas que relacionarse co resto de individuos; cada cidadán era un ser poliédrico que mostraba algunha das súas caras á vez que ocultaba outras. En certo xeito, o individuo víase abocado a jerarquizar, a centrar as súas implicacións neses aspectos que consideraba prioritarios. E establecendo, a modo de defensa, unha serie de automatismos que lle liberaban da fatiga de certas eleccións afectivas.

Produciuse por unha banda a perda do núcleo familiar, mentres que, por outro, inseríase ao cidadán nun gran grupo. As súas decisións, cada vez máis, eran influenciadas por unha especie de consenso social, onde perdía forza a elección individual en favor dunha certa conformidaderespecto a a conduta establecida pola masa social. Paralelamente, o ser urbano ía camuflando a súa maneira de sentir para pasar a representar un papel na escena urbana. E o conxunto de todas esas representacións é o que constituía a súa personalidade. En palabras de E. Goffman,4

“a vida é unha representación teatral”.

Diversos sociólogos da Escola de Chicago analizaron a relación entre a cidade e a sociedade, nun momento en que ambas estaban en continua transformación. Robert E. Park,5 un dos membros fundadores, expuña a cidade como un laboratorio, un

“estado da mente”,

como un campo de estudo do comportamento e da psicoloxía humana, unha plataforma na que se desenvolvía unha nova forma de vivir.

“Future city”, Corbett (Popular Science, 1925). (www.worldidentitylab.net)
“Future city”, Corbett (Popular Science, 1925) | Fonte: worldidentitylab.net

Cuestións como o distanciamento afectivo, a perda de núcleos familiares, a disolución de grupos relixiosos e a alteración das clases sociais, ían substituíndo os lazos que antes unían ás persoas co territorio por outros máis difusos e deslocalizados. Esta situación provocou unha reconfiguración dos sentimentos de identidade e, de igual modo, unha transposición do que Halbwachs6 denominou a

“memoria colectiva”.

Esta memoria, tal e como explica o autor, é unha produción que precisa marcos sociais (nunca estamos sós), e só se constrúe na medida que é capaz de establecer puntos de referencia co resto da sociedade. Con todo, eses puntos xa non eran os mesmos. Aqueles recordos ancorados na tradición e nos costumes da sociedade agrícola eran os que aseguraban un vínculo íntimo e necesario co territorio que, á súa vez, era o seu propio sustento. Coa nova realidade urbana, iníciase un desprazamento, unha recolocación dos referentes concretos que a cidade tende a dispersar impedindo a reconstrución dos recordos, das representacións psíquicas.

Pero non só é unha cuestión emocional, tamén se inicia un percorrido constante cara á desaparición do “lugar”, cada vez máis imprevisible, ou mellor, cada vez máis determinado polo indeterminado. As cuestións relativas á perda do lugar antropolóxico, alteran a capacidade simbólica dos individuos de recoñecerse no territorio. Existía neses anos unha tendencia cara ao estudo do artefacto urbano, a maioría das veces considerado como nocivo, como un elemento que interfería coa vida social.

Louis Wirth,7 outro membro da mencionada Escola de Chicago, afirmaba que o comportamento do cidadán está determinado polas estruturas sociais e os factores ambientais. É o escenario o que define a conduta da sociedade. A aparición da gran cidade conleva a eclosión dun novo comportamento emocional, condicionado pola cidade mesma, que presenta un amplo abanico de posibilidades: desde atopar unha identificación concreta para cada obsesión particular, o transitar entre descoñecidos ou a capacidade de disolverse no anonimato. En todo iso, a cidade ofrece un elemento indispensable na vida urbana: a aparición do inesperado, da sorpresa e polo que John F. Lofland8 denomina,

“a presenza dun estraño”.

Fotograma de Wonderland, de Michael Winterbottom
Fotograma de «Wonderland», de Michael Winterbottom

Xa na década os sesenta, Kevin Lynch9 realizou estudos sobre a cidade tentando sistematizar aquelas imaxes ambientais que transmiten ao individuo unha seguridade afectiva. Articúlaos ao redor de lecturas sobre a senda, a mouteira, o bordo, o nodo e o barrio. Con todo, a pesar de requirir un medio urbano moi ben organizado, poético e simbólico, non perde de vista o capital fundamental da realidade urbana: os cidadáns e os seus fluxos cotiáns que dan sentido ao escenario metropolitano.

Existen, pois, unha serie de dimensións físicas ou dixitais que condicionan a conduta urbana. E existe, de igual modo, un intento de humanizar e reequilibrar ambas as tendencias. David Harvey denominábao

“a urbanización da conciencia”,

Saskia Sassen fai referencia á

“urbanización da tecnoloxía”.

A atención dos estudos psicosociais sobre a cidade iníciase a principios dos anos setenta. Existe unha atención especial aos cambios psicolóxicos da sociedade urbana. Paralelamente, neses mesmos anos, experiméntase un novo modo de regular as bases do plan urbano, no que a figura do planificador vólvese máis permeable a través de procesos de participación cidadá, e pasa a ser un elemento de equilibrio, un facilitador entre os diversos axentes implicados.

Estes estudos derivan nunha consideración especial sobre os espazos urbanos como escenario privilexiado para articular as relacións sociais. Apoiándose no estudo de varios autores (Proshansky y Fabian, Gehl), Corraliza10 resume os criterios de calidade destes espazos nos seguintes puntos:

· A necesidade de control do contacto e da interacción social.
· A necesidade de seguridade e responsabilidade no mantemento.
· A necesidade de actividades sociais variadas.
· A necesidade de satisfacción estética.

Devanditos criterios dannos a clave sobre o éxito e o fracaso dos espazos públicos. E non é casual que sexa precisamente sobre estes argumentos sobre os que se articulan as cuestións (e as friccións) do ámbito público e privado. Atendendo a estes criterios poderíase elaborar un diagnóstico de por que se chegou ao que algúns autores denominaron a

“privatización do espazo público” e,

do mesmo xeito, á

“masificación social dos espazos privados”.

Cabería preguntarse, por tanto, que fallou, de que nos esquecemos na concepción dos espazos públicos.

Ignacio Grávalos – Patrizia Di Monte. Arquitectos (estonoesunsolar)
Zaragoza-Venezia. Novembro 2019.

Notas:
Segundo os indicadores de desenvolvemento do Banco Mundial, en 2013 a poboación urbana establecíase no 53% do total.
Simmel, Georg. O individuo e a libertade. Barcelona: Península. (1911)
A tendencia á conformidade foi estudada por Solomon Asch en “Studies fo Independence and Conformity” (1956)
Goffman, Erving. A presentación da persoa na vida cotidiana, 1959
Park, Robert E., A cidade e a ecoloxía urbana e outros ensaios, 1952
Halbwachs, Maurice. A memoria colectiva, 1950
Wirth, Louis. O urbanismo como modo de vida, 1938
Lofland, John. Analyzing social settings, 1976
Lynch, Kevin. A imaxe da cidade, 1960
10 Corraliza, José Antonio. Cidade, arquitectura e calidade de vida: notas para unha discusión. En R. de Castro(comp.), Psicoloxía ambiental: intervención e evaluación da contorna, 1991.

Artigo publicado orixinalmente en La Ciudad Viva en abril 2015.

[:en]

In 2007, and for the first time in history, the world’s urban population was already more numerous than the rural population.1 According to the forecasts of the United Nations Department of Economic and Social Affairs, in 2050 75% of the population Population will live in cities.

The situation was very different at the end of the 19th century, when only 10% of the population was urban. At that time, the incipient industrial city was already a fact. A new urban society was adapting to a new scenario and began to undergo a transformation in its main structures. One of the topics mainly addressed by urban sociologists in the thirties of the twentieth century, is the loss of primary relationships (face to face) in the face of the immense network of contacts (secondary ties) that drove the metropolitan reality. In those years there is a metamorphosis, for certain theorists bathed in nostalgia, of the modes of relationship of agricultural societies.

How does man react with the fading of this type of intimate and closed relationship in the face of the explosion of multiple and diverse interactions that the great city now offered him?

To what extent does the city determine the behavior of individuals and social life?

Chicago, 1909 | Fuente: bifurcaciones.cl
Chicago, 1909 | Source: bifurcaciones.cl

The multitude of the sensory impacts of the metropolis demanded an over-tension from the citizen, an impossible implication that he could not bear and that Simmel,2 at the beginning of the twentieth century, called the

“increase in nervous life”.

Something similar happened with the proliferation of the many interpersonal relationships of urban life that tended to saturate the emotional capacity of the individual. This one, was forced to select concrete facets in which to relate with the rest of individuals; Each citizen was a polyhedral being who showed some of his faces while hiding others. In a way, the individual was forced to rank, to focus their implications on those aspects that he considered a priority. And establishing, as a defense, a series of automatisms that freed him from the fatigue of certain emotional choices.

On the one hand there was the loss of the family nucleus, while, on the other, the citizen was inserted into a large group. Their decisions, increasingly, were influenced by a kind of social consensus, where individual choice in favor of a certain conformitywith respect to the behavior established by the social mass lost strength. At the same time, the urban being was camouflaging his way of feeling in order to play a role in the urban scene. And the set of all these representations is what constituted his personality. In the words of E. Goffman,4

“Life is a theatrical performance”.

Various sociologists at the Chicago School analyzed the relationship between the city and society, at a time when both were in continuous transformation. Robert E. Park,5 one of the founding members, posed the city as a laboratory, a

“state of mind”,

as a field of study of human behavior and psychology, a platform on which a new form was developed to live.

“Future city”, Corbett (Popular Science, 1925). (www.worldidentitylab.net)
“Future city”, Corbett (Popular Science, 1925) | Source: worldidentitylab.net

Issues such as emotional distancing, the loss of family nuclei, the dissolution of religious groups and the alteration of social classes, were replacing the ties that once united people with the territory with more diffuse and relocated ones. This situation caused a reconfiguration of the feelings of identity and, likewise, a transposition of what Halbwachs6 called the

“collective memory”.

This memory, as the author explains, is a production that requires social frameworks (we are never alone), and is only built to the extent that it is able to establish benchmarks with the rest of society. However, those points were no longer the same. Those memories anchored in the tradition and customs of the agricultural society were those that ensured an intimate and necessary link with the territory which, in turn, was its own livelihood. With the new urban reality, a displacement begins, a relocation of the concrete referents that the city tends to disperse preventing the reconstruction of memories, of psychic representations.

But it is not only an emotional issue, it also begins a constant journey towards the disappearance of the “place”, increasingly unpredictable, or better, increasingly determined by the undetermined. Issues related to the loss of the anthropological site alter the symbolic ability of individuals to recognize themselves in the territory. In those years there was a tendency towards the study of urban artifact, most often considered harmful, as an element that interfered with social life.

Louis Wirth,7 another member of the aforementioned Chicago School, claimed that citizen behavior is determined by social structures and environmental factors. It is the scenario that defines the behavior of society. The emergence of the big city entails the emergence of a new emotional behavior, conditioned by the city itself, which presents a wide range of possibilities: from finding a specific identification for each particular obsession, traveling between strangers or the ability to dissolve in the anonymity. In all this, the city offers an indispensable element in urban life: the emergence of the unexpected, of surprise and what John F. Lofland8 calls

“the presence of a stranger”.

Fotograma de Wonderland, de Michael Winterbottom
«Wonderland», by Michael Winterbottom

Already in the sixties, Kevin Lynch9 conducted studies on the city trying to systematize those environmental images that transmit an emotional security to the individual. He articulates them around readings on the path, the landmark, the edge, the node and the neighborhood. However, despite requiring a very well organized, poetic and symbolic urban environment, it does not lose sight of the fundamental capital of urban reality: citizens and their daily flows that give meaning to the metropolitan scene.

So there are a number of physical dimensions or digital urban condition behavior. And there is, likewise, an attempt to humanize and rebalance both trends. David Harvey called it

“The urbanization of consciousness”,

Saskia Sassen refers to the

“Urbanization of technology”.

Psychosocial care studies on the city begins in the early seventies. There is special attention to the psychological changes of urban society. In parallel, in those same years, a new way of regulating the foundations of urban planning is experienced, in which the figure of the planner becomes more permeable through citizen participation processes, and becomes an element of balance, a facilitator among the various agents involved.

These studies derive in a special consideration about urban spaces as a privileged scenario to articulate social relations. Based on the study of several authors Proshansky y Fabian, Gehl), Corraliza10 summarizes the quality criteria of these spaces in the following points:

· The need for contact control and social interaction.
· The need for security and maintenance responsibility.
· The need for varied social activities.
· The need for aesthetic satisfaction.

These criteria give us the key to the success and failure of public spaces. And it is no accident that it is precisely on these arguments on which the issues (and frictions) of the public and private sphere are articulated. Based on these criteria, a diagnosis could be made as to why some authors have called the

“privatization of public space” and,

in the same way, the

“social massification of private spaces”.

One might ask, therefore, what has failed, what we have forgotten in the conception of public spaces.

Ignacio Grávalos – Patrizia Di Monte. Architects (estonoesunsolar)
Zaragoza-Venezia. Noviembre 2019.

Notes:
According to the World Bank’s development indicators, in 2013 the urban population was set at 53% of the total.
Simmel, Georg. El individuo y la libertad. Barcelona: Península. (1911)
The conformity trend was studied by Solomon Asch in “Studies fo Independence and Conformity” (1956)
Goffman, Erving. La presentación de la persona en la vida cotidiana, 1959
Park, Robert E., La ciudad y la ecología urbana y otros ensayos, 1952
Halbwachs, Maurice. La memoria colectiva, 1950
Wirth, Louis. El urbanismo como modo de vida, 1938
Lofland, John. Analyzing social settings, 1976
Lynch, Kevin. La imagen de la ciudad, 1960
10 Corraliza, José Antonio. Ciudad, arquitectura y calidad de vida: notas para una discusión. En R. de Castro(comp.), Psicología ambiental: intervención y evaluación del entorno, 1991.

Article originally published in The Living City in April 2015.

[:]

Ignacio Grávalos – Patrizia di Monte
Ignacio Grávalos – Patrizia di Montehttp://gravalosdimonte.com/
Ignacio Grávalos es arquitecto por la ETSAB (Barcelona, 1994). Doctor por la Universidad de Zaragoza (2020) con su tesis “El fin de la modernidad. Visiones del espacio urbano desde una perspectiva cinematográfica”. Master de Investigación y Formación Avanzada en Arquitectura por la Universidad San Jorge (2013). Es profesor titular de Expresión Arquitectónica y Proyectos Fin de Grado de la Escuela de Arquitectura de la Universidad San Jorge. Patrizia Di Monte es arquitecta por el I.U.A.V., becada por el Gobierno Italiano para estudios de postgrado del 1996 al 1998, titulo de Master ETSAB-UPC-CCCB, doctorado ETSAB-UPC, profesora de Urbanismo y Arquitectura Social y coordinadora de relaciones internacionales de la ETSA USJ hasta 2014. Visiting professor del Politecnico de Milán, Master NIB, y SOS en Italia desde 2015. Validated Lead Expert Urbact + Cost. En 1998 fundan gravalosdimonte arquitectos, desarrollando proyectos culturales, que abarcan desde el arte a la arquitectura, estrategias de regeneración urbana, paisajismo, arquitectura participativa y urbanismo sostenible. Autores intelectuales del programa “estonoesunsolar”. Ganadores de los premios internacionales, Eurocties Planning for people, 2011; Innovazione e Qualitá urbana 2010, Saie Selecion 12 Urban Regeneration and development, Biennale Spazio Pubblico 2013 Cittá sociale, mención de investigación XI BEAU; sus trabajos han sido expuestos en NAI - Rótterdam, DAZ - Berlín, MAXXI - Roma, Biennale Architettura Venezia y Bienal Arquitectura Urbanismo Española.
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