La percepción psicológica de la ciudad | Ignacio Grávalos – Patrizia Di Monte

En el año 2007, y por primera vez en la historia, la población urbana mundial era ya más numerosa que la población rural.1 Según las previsiones del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas, en el año 2050 el 75% de la población vivirá en las ciudades.

Bien distinta era la situación a finales de siglo XIX, cuando tan sólo el 10% de la población era  urbana. En ese momento, la incipiente ciudad industrial ya era un hecho. Una nueva sociedad urbana se iba adaptando a un nuevo escenario y empezaba a sufrir una transformación en sus principales estructuras. Uno de los temas principalmente abordados por los sociólogos urbanos en los años treinta del siglo XX, es el de la pérdida de las relaciones primarias (del cara a cara) frente a la inmensa red de contactos (lazos secundarios) que impulsaba la realidad metropolitana. Se produce en esos años una metamorfosis, para ciertos teóricos bañada de nostalgia, de los modos de relación de las sociedades agrícolas.

¿Cómo reacciona el hombre con el desvanecimiento de este tipo de relación íntima y cerrada frente a la explosión de interacciones múltiples y diversas que ahora le ofrecía la gran ciudad?

¿En qué medida determina la ciudad el comportamiento de los individuos y la vida social?

Chicago, 1909 | Fuente: bifurcaciones.cl
Chicago, 1909 | Fuente: bifurcaciones.cl

La multitud de los impactos sensoriales de la metrópoli exigían al ciudadano una sobre-tensión, una implicación imposible que no le era dado soportar y que Simmel,2 a principios de siglo XX, denominó como el

“acrecentamiento de la vida nerviosa”.

Sucedía algo similar con la proliferación de las numerosas relaciones interpersonales de la vida urbana que tendían a saturar la capacidad emotiva del individuo. Éste, se veía obligado a seleccionar facetas concretas en las que relacionarse con el resto de individuos; cada ciudadano era un ser poliédrico que mostraba alguna de sus caras a la vez que ocultaba otras. En cierto modo, el individuo se veía abocado a jerarquizar, a centrar sus implicaciones en esos aspectos que consideraba prioritarios. Y estableciendo, a modo de defensa, una serie de automatismos que le liberaban de la fatiga de ciertas elecciones afectivas.

Se produjo por un lado la pérdida del núcleo familiar, mientras que, por otro, se insertaba al ciudadano en un gran grupo. Sus decisiones, cada vez más, eran influenciadas por una especie de consenso social, donde perdía fuerza la elección individual en favor de una cierta conformidadrespecto a la conducta establecida por la masa social. Paralelamente, el ser urbano iba camuflando su manera de sentir para pasar a representar un papel en la escena urbana. Y el conjunto de todas esas representaciones es lo que constituía su personalidad. En palabras de E. Goffman,4

“la vida es una representación teatral”.

Diversos sociólogos de la Escuela de Chicago analizaron la relación entre la ciudad y la sociedad, en un momento en que ambas estaban en continua transformación. Robert E. Park,5 uno de los miembros fundadores, planteaba la ciudad como un laboratorio, un

“estado de la mente”,

como un campo de estudio del comportamiento y de la psicología humana, una plataforma en la que se desarrollaba una nueva forma de vivir.

“Future city”, Corbett (Popular Science, 1925). (www.worldidentitylab.net)
“Future city”, Corbett (Popular Science, 1925) | Fuente: worldidentitylab.net

Cuestiones como el distanciamiento afectivo, la pérdida de núcleos familiares, la disolución de grupos religiosos y la alteración de las clases sociales, iban sustituyendo los lazos que antes unían a las personas con el territorio por otros más difusos y deslocalizados. Esta situación provocó una reconfiguración de los sentimientos de identidad y, de igual modo, una transposición de lo que Halbwachsdenominó la

“memoria colectiva”.

Esta memoria, tal y como explica el autor, es una producción que precisa marcos sociales (nunca estamos solos), y sólo se construye en la medida que es capaz de establecer puntos de referencia con el resto de la sociedad. Sin embargo, esos puntos ya no eran los mismos. Aquellos recuerdos anclados en la tradición y en las costumbres de la sociedad agrícola eran los que aseguraban un vínculo íntimo y necesario con el territorio que, a su vez, era su propio sustento. Con la nueva realidad urbana, se inicia un desplazamiento, una reubicación de los referentes concretos que la ciudad tiende a dispersar impidiendo la reconstrucción de los recuerdos, de las representaciones psíquicas.

Pero no sólo es una cuestión emocional, también se inicia un recorrido constante hacia la desaparición del “lugar”, cada vez más imprevisible, o mejor, cada vez más determinado por lo indeterminado. Las cuestiones relativas a la pérdida del lugar antropológico, alteran la capacidad simbólica de los individuos de reconocerse en el territorio. Existía en esos años una tendencia hacia el estudio del artefacto urbano, la mayoría de las veces considerado como nocivo, como un elemento que interfería con la vida social.

Louis Wirth,7 otro miembro de la mencionada Escuela de Chicago, afirmaba que el comportamiento del ciudadano está determinado por las estructuras sociales y los factores ambientales. Es el escenario el que define la conducta de la sociedad. La aparición de la gran ciudad conlleva la eclosión de un nuevo comportamiento emocional, condicionado por la ciudad misma, que presenta un amplio abanico de posibilidades: desde encontrar una identificación concreta para cada obsesión particular, el transitar entre desconocidos o la capacidad de disolverse en el anonimato. En todo ello, la ciudad ofrece un elemento indispensable en la vida urbana: la aparición de lo inesperado, de la sorpresa y por lo que John F. Lofland8 denomina,

“la presencia de un extraño”.

Fotograma de Wonderland, de Michael Winterbottom
Fotograma de “Wonderland”, de Michael Winterbottom

Ya en la década los sesenta, Kevin Lynch9 realizó estudios sobre la ciudad intentando sistematizar aquellas imágenes ambientales que transmiten al individuo una seguridad afectiva. Los articula en torno a lecturas sobre la senda, el mojón, el borde, el nodo y el barrio. Sin embargo, a pesar de requerir un medio urbano muy bien organizado, poético y simbólico, no pierde de vista el capital fundamental de la realidad urbana: los ciudadanos y sus flujos cotidianos que dan sentido al escenario metropolitano.

Existen, pues, una serie de dimensiones físicas o digitales que condicionan la conducta urbana. Y existe, de igual modo, un intento de humanizar y reequilibrar ambas tendencias. David Harvey lo denominaba

“la urbanización de la conciencia”,

Saskia Sassen hace referencia a la

“urbanización de la tecnología”.

La atención de los estudios psicosociales sobre la ciudad se inicia a principios de los años setenta. Existe una atención especial a los cambios psicológicos de la sociedad urbana. Paralelamente, en esos mismos años, se experimenta un nuevo modo de regular las bases del planeamiento urbano, en el que la figura del planificador se vuelve más permeable a través de procesos de participación ciudadana, y pasa a ser un elemento de equilibrio, un facilitador entre los diversos agentes implicados.

Estos estudios derivan en una consideración especial sobre los espacios urbanos como escenario privilegiado para articular las relaciones sociales. Apoyándose en el estudio de varios autores (Proshansky y Fabian, Gehl), Corraliza10 resume los  criterios de calidad de estos espacios en los siguientes puntos:

· La necesidad de control del contacto y de la interacción social.
· La necesidad de seguridad y responsabilidad en el mantenimiento.
· La necesidad de actividades sociales variadas.
· La necesidad de satisfacción estética.

Dichos criterios nos dan la clave sobre el éxito y el fracaso de los espacios públicos. Y no es casual que sea precisamente sobre estos argumentos sobre los que se articulan las cuestiones (y las fricciones) del ámbito público y privado. Atendiendo a estos criterios se podría elaborar un diagnóstico de por qué se ha llegado a lo que algunos autores han denominado la

“privatización del espacio público” y,

del mismo modo, a la

“masificación social de los espacios privados”.

Cabría preguntarse, por tanto, qué ha fallado, de qué  nos hemos olvidado en la concepción de los espacios públicos.

Ignacio Grávalos – Patrizia Di Monte. Arquitectos (estonoesunsolar)
Zaragoza-Venezia. Noviembre 2019.

Notas:
Según los indicadores de desarrollo del Banco Mundial, en 2013 la población urbana se establecía en el 53% del total.
Simmel, Georg. El individuo y la libertad. Barcelona: Península. (1911)
La tendencia a la conformidad fue estudiada por Solomon Asch en “Studies fo Independence and Conformity” (1956)
Goffman, Erving. La presentación de la persona en la vida cotidiana, 1959
Park, Robert E., La ciudad y la ecología urbana y otros ensayos, 1952
Halbwachs, Maurice. La memoria colectiva, 1950
Wirth, Louis. El urbanismo como modo de vida, 1938
Lofland, John. Analyzing social settings, 1976
Lynch, Kevin. La imagen de la ciudad, 1960
10 Corraliza, José Antonio. Ciudad, arquitectura y calidad de vida: notas para una discusión. En R. de Castro(comp.), Psicología ambiental: intervención y evaluación del entorno, 1991.

Artículo publicado originalmente en La Ciudad Viva en abril 2015.

Ignacio Grávalos – Patrizia di Monte

Ignacio Grávalos es arquitecto por la ETSAB (Barcelona, 1994). Doctor por la Universidad de Zaragoza (2020) con su tesis “El fin de la modernidad. Visiones del espacio urbano desde una perspectiva cinematográfica”. Master de Investigación y Formación Avanzada en Arquitectura por la Universidad San Jorge (2013). Es profesor titular de Expresión Arquitectónica y Proyectos Fin de Grado de la Escuela de Arquitectura de la Universidad San Jorge.

Patrizia Di Monte es arquitecta por el I.U.A.V., becada por el Gobierno Italiano para estudios de postgrado del 1996 al 1998, titulo de Master ETSAB-UPC-CCCB, doctorado ETSAB-UPC, profesora de Urbanismo y Arquitectura Social y coordinadora de relaciones internacionales de la ETSA USJ hasta 2014. Visiting professor del Politecnico de Milán, Master NIB, y SOS en Italia desde 2015. Validated Lead Expert Urbact + Cost.

En 1998 fundan gravalosdimonte arquitectos, desarrollando proyectos culturales, que abarcan desde el arte a la arquitectura, estrategias de regeneración urbana, paisajismo, arquitectura participativa y urbanismo sostenible. Autores intelectuales del programa “estonoesunosolar”. Ganadores de los premios internacionales, Eurocties Planning for people, 2011; Innovazione e Qualitá urbana 2010, Saie Selecion 12 Urban Regeneration and development, Biennale Spazio Pubblico 2013 Cittá sociale, mención de investigación XI BEAU; sus trabajos han sido expuestos en NAI – Rótterdam, DAZ – Berlín, MAXXI – Roma, Biennale Architettura Venezia y Bienal Arquitectura Urbanismo Española.

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