IniciocapturasarteEl futuro del pasado | Sergio de MiguelO futuro do pasado |...

[:es]El futuro del pasado | Sergio de Miguel[:gl]O futuro do pasado | Sergio de Miguel[:en]The future of the past | Sergio de Miguel[:]

[:es]

Título: Gattaca
Protagonistas: Ethan Hawke, Uma Thurman
Fotografía: Slawomir Idziak
Música: Michael Nyman
Producción: Danny de Vito, Michael Shamberg, Stacey Sher
Dirección: Andrew Niccol

El futuro. La Tierra no está destruida por la hecatombe nuclear, ni tampoco está infestada de exageradas máquinas, sufre las consecuencias de una desnaturalizada evolución de la genética. La lucha de clases ya no es económica, ni siquiera racial, sino que está basada en la pureza del ADN. El relato humano valora el espíritu de superación y la exaltación de la voluntad. Más allá de la tiranía de los genes.

La ficción siempre ha profetizado el futuro como lo que no es el presente. Habitualmente, viajar en el tiempo ha sido cuestión de recrear la vista con imágenes inverosímiles desde la perspectiva del presente. Pero en Gattaca, aún siendo todo muy reconocible, lo que transporta al futuro es, junto con la historia, el carácter de las cosas. Y ante todo la arquitectura.

El público es llevado a interpretar el complejo Gattaca, el edificio donde transcurre la trama, como una conseguida ambientación futurista; misterioso y ajeno frente a una naturaleza sin protagonismo. Sin embargo, se trata de uno de los últimos edificios de Frank Lloyd Wright, construido a finales de los cincuenta. Asimismo, buena parte del juego escenográfico se centra en disfrutar con la perfección de los diáfanos ambientes de hormigón armado y las exquisitas estancias en donde livianas escaleras helicoidales (¿ADN?), muebles de los maestros modernos, superficies de acero inoxidable mate y vidrios a hueso nos hacen vivir una realidad diferente. Se trata de artefactos en los que, de manera natural, predomina la pureza de la geometría y la ausencia de elementos decorativos. Y eso, curiosamente, aparece como una veraz representación de lo que no es el presente. Sorprende evidenciar que el espectador reconoce en esas formas, en esos materiales, en esos objetos, posibilidades pertenecientes al mañana.

Pero basta con detenerse para comprobar que la película está deliberadamente ambientada con imágenes de hace cincuenta años. El vestuario, los automóviles y los edificios responden a una estética perteneciente a los años cincuenta. Porque el tiempo, al menos en el cine, es reversible.

Al perder la referencia del contexto se altera el sentido de la realidad. La desorientación aparece con el extrañamiento frente a los objetos cotidianos. Y llegar a localizar la escena en el futuro (frente al pasado) es cuestión de incorporar algo de sofisticada tecnología y una historia basada en la genética, poco más.

El cine es el gran arte de la ficción. En él coinciden múltiples habilidades que tienen como objeto dominar la imagen, la música, la narrativa, las artes plásticas, la tecnología… y sobretodo, la difícil facultad de trastocar el sentido del tiempo.

Si atendemos al mago Borges cuando razona:

“la línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes…” ,

y somos capaces de reconocer no sólo un evolucionado concepto del espacio, sino además, una nueva manera de sentir el tiempo, quedará superada la milenaria imagen de Heráclito, en la que el tiempo se asemeja a un río, lineal e invariable. Más aún, si vemos en el tiempo una cualidad propia de las presencias, con todas sus dimensiones y unida a sus características espaciales, estaremos ante una más precisa noción de la realidad. Caeremos en la cuenta de que el concepto tiempo está inseparablemente ligado a las cosas.

El cine es a lo fantástico lo que la arquitectura es a lo verídico. Si el cine satisface el deseo de ficción la arquitectura permite vivir la realidad. Por qué no admitir entonces que en la arquitectura, al igual que en el cine, existe la posibilidad de jugar con la sensación de localización, y que se puede prolongar la acción más allá de la percepción estática de las emociones meramente espaciales. ¿Sería posible imaginar una arquitectura sin capacidad de inocular el sentido del tiempo? Dónde está el “ilusionismo”. Cómo se consigue “conmover”.

En cualquier caso, lo mejor de Gattaca, puede que sea la melancólica mirada de Uma Thurman.

Sergio de Miguel, arquitecto
Madrid, abril 2010

[:gl]

Título: Gattaca
Protagonistas: Ethan Hawke, Uma Thurman
Fotografía: Slawomir Idziak
Música: Michael Nyman
Producción: Danny de Vito, Michael Shamberg, Stacey Sher
Dirección: Andrew Niccol

O futuro. A Terra non esta destruída pola hecatombe nuclear, nin tampouco está infestada de exaxeradas máquinas, sofre as consecuencias dunha desnaturalizada evolución da xenética. A loita de clases xa non é económica, nin sequera racial, senón que está baseada na pureza do ADN. O relato humano valora o espírito de superación e a exaltación da vontade. Máis aló da tiranía dos xenes.

A ficción sempre profetizou o futuro como o que non é o presente. Habitualmente, viaxar no tempo foi cuestión de recrear a vista con imaxes inverosímiis desde a perspectiva do presente. Pero en Gattaca, aínda sendo todo moi reconocible, o que transporta ao futuro é, xunto coa historia, o carácter das cousas. E ante todo a arquitectura.

O público é levado a interpretar o complexo Gattaca, o edificio onde transcorre a trama, como unha conseguida ambientación futurista; misterioso e alleo fronte a unha natureza sen protagonismo. Con todo, trátase dun dos últimos edificios de Frank Lloyd Wright, construído a finais dos cincuenta. Así mesmo, boa parte do xogo escenográfico céntrase en gozar coa perfección dos diáfanos ambientes de formigón armado e as exquisitas estancias onde liviás escaleiras helicoidales (ADN?), mobles dos mestres modernos, superficies de aceiro inoxidable mate e vidros a óso fannos vivir unha realidade diferente. Trátase de artefactos nos que, de maneira natural, predomina a pureza da xeometría e a ausencia de elementos decorativos. E iso, curiosamente, aparece como unha veraz representación do que non é o presente. Sorprende evidenciar que o espectador recoñece nesas formas, neses materiais, neses obxectos, posibilidades pertencentes ao mañá.

Pero basta con deterse para comprobar que a película está deliberadamente ambientada con imaxes de fai cincuenta anos. O vestiario, os automóbiles e os edificios responden a unha estética pertencente aos anos cincuenta. Porque o tempo, polo menos no cinema, é reversible.

Ao perder a referencia do contexto altérase o sentido da realidade. A desorientación aparece co extrañamiento fronte aos obxectos cotiáns. E chegar a localizar a escena no futuro (fronte ao pasado) é cuestión de incorporar algo de sofisticada tecnoloxía e unha historia baseada na xenética, pouco máis.

O cinema é a gran arte da ficción. Nel coinciden múltiples habilidades que teñen como obxecto dominar a imaxe, a música, a narrativa, as artes plásticas, a tecnoloxía? e abrigo, a difícil facultade de trastornar o sentido do tempo.

Se atendemos ao mago Borges cando razoa:

“a liña consta dun número infinito de puntos; o plano, dun número infinito de liñas; o volume, dun número infinito de planos; o hipervolumen, dun número infinito de volumes…” ,

e somos capaces de recoñecer non só un evolucionado concepto do espazo, senón ademais, unha nova maneira de sentir o tempo, quedará superada a milenaria imaxe de Heráclito, na que o tempo se asemella a un río, lineal e invariable. Máis aínda, se vemos no tempo unha calidade propia das presenzas, con todas as súas dimensións e unida ás súas características espaciais, estaremos ante unha máis precisa noción da realidade. Caeremos na conta de que o concepto tempo está inseparablemente ligado ás cousas.

O cinema é ao fantástico o que a arquitectura é ao verídico. Se o cinema satisfai o desexo de ficción a arquitectura permite vivir a realidade. Por que non admitir entón que na arquitectura, do mesmo xeito que no cinema, existe a posibilidade de xogar coa sensación de localización, e que se pode prolongar a acción máis aló da percepción estática das emocións meramente espaciais. Sería posible imaxinar unha arquitectura sen capacidade de inocular o sentido do tempo? Onde está o “ilusionismo”. Como se consegue “conmover”.

En calquera caso, o mellor de Gattaca, poida que sexa a melancólica mirada de Uma Thurman.

Sergio de Miguel, arquitecto
Madrid, abril 2010

[:en]

Title: Gattaca
Protagonists: Ethan Hawke, Uma Thurman
Photography: Slawomir Idziak
Music: Michael Nyman
Production: Danny de Vito, Michael Shamberg, Stacey Sher
Direction: Andrew Niccol

The future. The Earth no this destroyed by the hecatombe nuclear, neither neither is infested of exaggerated machines, suffers the consequences of a denaturalised evolution of the genetics. The fight of classes no longer is economic, not even racial, but it is based in the purity of the DNA. The relate human values the spirit of superación and the exaltation of the will. Further of the tyranny of the genes.

The fiction always has profetizado the future like what is not the present. Usually, travel in the time has been question to re-create the sight with images inverosímiles from the perspective of the present. But in Gattaca, still being all very recognizable, what transports to the future is, together with the history, the character of the things. And first of all the architecture.

The public is led to interpreting the complex Gattaca, the building where the plot passes, as an obtained futurist setting; mysterious and foreign opposite to a nature without protagonism. Nevertheless, it is a question of one of Frank Lloyd Wright’s last buildings, constructed at the end of the fifties. Likewise, good part of the game escenográfico centres on enjoying with the perfection of the diaphanous environments of reinforced concrete and the exquisite stays in where frivolous spiral stairs (DNA?), furniture of the modern teachers, surfaces of stainless dull steel and glasses to bone make us live through a different reality. It is a question of appliances in which, in a natural way, it predominates over the purity of the geometry and the absence of decorative elements. And it, curiously, appears as a veracious representation of what is not the present. It surprises to demonstrate that the spectator recognizes in these forms, in these materials, in these objects, possibilities belonging to the tomorrow.

But it is enough to stop to verify that the movie is deliberately set by images of fifty years ago. The wardrobe, the cars and the buildings answer to an aesthetics belonging to the fifties. Because the time, at least in the cinema, is reversible.

On having lost the reference of the context the sense of the reality is altered. The disorientation appears with the wonder opposite to the daily objects. And to manage to locate the scene in the future (opposite to the past) is a question of incorporating something of sophisticated technology and a history based on the genetics, little more.

The cinema is the great art of the fiction. With him there coincide multiple skills that have as object dominate the image, the music, the narrative, the plastic arts, the technology … and overcoat, the difficult faculty of trastocar the sense of the time.

If we attend to the magician Borges when it reasons:

“Tthe line consists of an infinite number of points; the plane, of an infinite number of lines; the volume, of an infinite number of planes; the hypervolume, of an infinite number of volumes…” ,

and we are capable of recognizing not only an evolved concept of the space, but in addition, a new way of feeling the time, there will remain overcome Heráclito’s thousand-year-old image, in which the time is alike to a river, linearly and invariably. Even more, if we see in the time an own quality of the presences, with all his dimensions and joined his spatial characteristics, we will be before one more precise notion of the reality. We will fall down in the account of which the concept time is inseparably tied to the things.

The cinema is to the fantastic thing what the architecture is to the true thing. If the cinema satisfies the desire of fiction the architecture allows to live through the reality. Why not to admit then that in the architecture, as in the cinema, there exists the possibility of playing with the sensation of location, and that can extend the action beyond the static perception of the merely spatial emotions. Would it be possible to imagine an architecture without aptitude to inoculate the sense of the time? Where the «ilusionismo» is. How «it» is managed «to «affect».

In any case, the better thing of Gattaca, it is possible that it is Uma Thurman’s melancholy look.

Sergio de Miguel, architect
Madrid, april 2010

[:]

Sergio de Miguel García
Sergio de Miguel Garcíahttp://www.hand-architecture.com/
Ph.D. Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid, (ETSAM) 2016. M.A. Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid, (ETSAM) 1990. Profesor en la Universidad Politécnica de Madrid, (ETSAM) desde 1995.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR

35 COMENTARIOS

0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
35 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS