[:es]
Hace tiempo, alguien que se dedicaba a la organización de eventos de carácter internacional relacionados con la arquitectura, nos decía que había mucha más gente interesada en hablar que en escuchar. Viniendo de alguien con experiencia y éxito en este tipo de planificaciones complejas nos resultó extraño porque habíamos sido testigos de su poder de convocatoria o del que habían tenido los que por él y su socia habían sido convocados.
Lo cierto es que hemos asistido a una proliferación gigantesca de eventos relacionados con la arquitectura, no sabríamos decir si para arquitectos o, como este laboratorio de ideas del COA Galicia celebrado en junio en su sede de Vigo, con la intención de que los arquitectos y la sociedad se acerquen, se comuniquen o al menos se identifiquen.
Como ya se ha hablado del laboratorio de ideas aquí y allá, nosotros vamos a hacer una reflexión sobre la última de las mesas, la número cuatro, donde de uno u otro modo tuvimos presencia como coordinadores o participantes, y que trataba sobre cómo se comunica la arquitectura.
El resumen ya se ha hecho en varios sitios. El nuestro podría ser este:
Felipe Trillo habló sobre la posibilidad de tratar la arquitectura como parte de la industria cultural, de modo parecido a los videojuegos o el cine, por ejemplo. Lo que allí se dijo no nos era desconocido ya que habíamos recibido un texto del autor días atrás que, en su momento, nos resultó algo extraño y con cuyo contenido no estuvimos nada de acuerdo. Por suerte, oído en lugar de leído, nos pareció mucho más sensato y de hecho interesante, acertado y novedoso. De ello creo que nunca más se habló en la mesa y fue una pena porque tenía mucho interés la propuesta.
Jorge Meijide hizo una presentación muy personal y autobiográfica sobre su relación familiar con la arquitectura. En principio, nos pareció que tenía bastante poco que ver con el tema de la mesa. No obstante, siempre nos interesa, porqué no, escuchar estas reflexiones casi privadas e íntimas de cualquier compañero.
La intervención de Borja López Cotelo fue una mini-conferencia sobre el concepto de buena arquitectura con referencias a arquitectos como Lewerentz o Jacobsen. Enlazó referencias interesantes, propias de un estudiante de posgrado, como es su caso, bien traídas y mejor hilvanadas en un discurso coherente y preciosista que, por desgracia, como en el caso de Jorge Meijide, pareció aburrir a los verdaderos protagonistas de la tarde, que se hallaban entre el público y de los que no habíamos tenido noticias por ahora.
Se suponía que Borja iba a hablar de Pecha Kucha y su enorme éxito en A Coruña, donde lo organiza junto a María Olmo desde hace algunos años. Siguen batiendo récords de asistencia y diversión. Esto era algo que hubiera sido tremendamente valioso para la discusión de la mesa, es decir, hablar de nuevos formatos o formas de comunicar la arquitectura, el arte, o lo que sea.
Íñigo García, de VAUMM, sí trajo a la mesa un tema propio de esta que era el de la incapacidad de la sociedad de reconocer el valor de algunos edificios (puso como ejemplo el Kursaal de Moneo en San Sebastián), frente a otros cuyo aplauso es unánime mientras despiertan un fuerte debate entre los arquitectos (aquí el ejemplo era el Guggenheim de Bilbao). Además, la idea de poder hablar de arquitectura con su propia madre, una idea que recoge Juanjo Sáez en su libro “El Arte” (2006), también era materia de debate y el asunto de los diferentes registros, por tanto, muy oportuno.
Nosotros hablamos de ello en una de nuestras intervenciones y en otra, tal como se nos había pedido, de Ménage à trois, que es un formato nuevo para hablar de arquitectura y otras disciplinas cercanas en las que pueda haber temas comunes. Ménage à trois se realizó en seis ediciones en el Matadero de Madrid y ya va por la tercera en el Centro de Arquitectura Contemporánea de Santiago de Chile. Hemos de reconocer aquí que nuestras posiciones no parecieron interesar lo más mínimo a nadie porque de hecho ya nunca más se habló de ellas.

Luego habló el público y sobre todo hablaron dos arquitectos que se hallaban circunstancialmente entre él. Decimos circunstancialmente porque uno de ellos daba una conferencia sobre su obra al poco tiempo en el mismo sitio, es decir, se trataba de gente que normalmente está al otro lado, hablando, y no escuchando.
Uno reconoció haber llegado casi al final y que no quería haber venido por no cabrearse pero aún así lo hizo, y añadió que se “había cabreado más por lo que oyó en la mesa”. Dijo que lo que allí había oído le había enfadado enormemente y que era un discurso (no sabemos a cuál se refería, si a todos, a ninguno, a uno en particular, ya que como en realidad no había escuchado apenas nada…) muy dañino para la profesión. Habló de los decanos de algunos colegios, de hacerle un monumento a Renzo Piano en lugar de decir que criticarle como alguien (tampoco se sabe quién, si de la mesa o de la prensa nacional o internacional) había hecho y de otras cosas que ahora no recordamos pero que en su momento nos parecieron totalmente alejadas de lo que allí se había estado hablando.
Mientras decía todo esto, en distingos turnos de palabra, las caras de algunos de los miembros de la mesa eran de sorpresa: unos sonreían, otros se miraban alucinados, ninguno entendíamos nada.
Como no somos de allí, sólo a lo largo del rato que aún nos quedaba por estar en la mesa, durante alguno de los varios usos de la palabra de los que hizo uso esta persona del público, supimos quién era. Se trataba de Jesús Irrisarri, un arquitecto que no conocíamos personalmente pero cuya obra sí, y que claro, nos gustaba muchísimo, incluso el edificio sede del COAG en Vigo donde estábamos, a pesar de que en su planta sótano (o baja, ya que lo que hace es salvar un desnivel entre dos calles) hiciera sorprendentemente un calor impropio de la fecha, de Vigo y de un edificio nuevo como este. Nos cuentan que es un arquitecto estupendo y además profesor y muchas cosas más que hacen que nos sintamos aún más sorprendidos de lo que dijo, que no tenía nada que ver con lo que allí se estaba hablando. También del tono, aunque esto es muy personal y allá cada cual. Por ser una persona tan admirada y querida entre los arquitectos que lo conocían, nos hubiera encantado entender qué quería decir y así, seguro, aprender muchas cosas, pero la verdad es que esto no sucedió en absoluto.
En realidad antes de él ya había hablado otro arquitecto, que tampoco conocíamos, y que en la mesa nos dijeron que era Alfonso Penela, igualmente conocido, querido -según vimos por el trato que bastantes personas de la sala le dispensaban-, admirado, respetado, en su condición de arquitecto gallego y profesor de la ETSAC, igual que Irrisarri. Sí recordamos fielmente, porque es imposible olvidarlo, que lo primero que dijo Penela es que todo lo que se había dicho allí, o al menos cómo se había dicho, le “había parecido un coñazo”. Añadió que si pensábamos que así íbamos a interesar a la sociedad íbamos listos. Luego continuó precisando que no hay que hablar de arquitectura a la sociedad, del mismo modo que a la sociedad nadie le explica cómo vuela un avión si no que a la sociedad le vale con que funcione bien y ya está. Es decir, que la arquitectura habla por sí misma y no hay que explicarla.
También nos llamó la atención especialmente que afirmara que en una clase de proyectos no se debía hablar de presupuestos y que si él tenía que hacerlo algún día, dejaba la enseñanza.
Sólo queremos dejar constancia de que esto se dijo, y que las personas que lo dijeron fueron buenos arquitectos, profesores de la ETSAC, y pertenecientes a una generación anterior a los miembros de la mesa, que ve las cosas de una manera muy diferente, esa es nuestra esperanza.
Como alguien dijo luego después de la cena “es como si tú dices azul y el otro dice treinta tres; pero bueno, di por lo menos un color, ¿no?” Por alguna razón, allí fue imposible sacar nada en claro, excepto la más absoluta de las disonancias y la más grande de las distancias. Supongo que no hablamos nada más que por nosotros y quizá por alguno más de la mesa, entre estas posiciones y las nuestras que, pensábamos, tenían que acercarse a nuevas formas de comunicar la arquitectura.
Nos ha producido un poco de tristeza leer los textos de algunos compañeros sobre estas jornadas que, estando allí, han preferido no decir lo que allí pasó, o decirlo un poco a medias. Parece que si uno forma parte de los invitados, ha de aceptar y tragar aquello que cuando está al otro lado es objeto de crítica y de debate.
Corremos el peligro de que los canapés y el photocall nos seduzcan como sedujeron a generaciones anteriores, aún silenciosas y sacrificadas en el trabajo del arquitecto, y así, esperar a otra invitación para decir algo sin caer en la trampa de criticar a aquel que tiene poder, inteligencia, belleza, o algún atributo que le permita decir sin ser criticado, sólo por el hecho de haber nacido antes que uno o de tener más habilidad como arquitecto.
Ojalá que no caigamos en esa trampa, nosotros también.
En resumen, no sabemos si los arquitectos y la sociedad pueden llegar o no a entenderse. Lo que sí parece claro es que hay algunos arquitectos de otra generación que creen que seguimos hablando un lenguaje propio y que no ha de ser comunicado a la sociedad porque la arquitectura, la buena, se sigue explicando sola.
Lo que es seguro es que la generación de la famosa burbuja y la de la no menos famosa crisis está condenadas a no entenderse. Es más, podríamos decir que están destinadas a no interesarse siquiera y lo que más pena nos da es que algunos compañeros de nuestra profesión parezcan ser los primeros en querer repeler la atención sobre los temas que todos defendemos en privado cuando alguno de estos más que reconocidos arquitectos tienen a bien acudir a una convocatoria como esta.
Seguro que cuando perdamos el miedo a la autoridad o al profesor cuya opinión es indiscutible, esta dinámica en la que hemos sido educados donde el diálogo suele estar ausente y reina el monólogo de la autoridad intelectual y moral incuestionable, entonces quizá puedan celebrarse unas jornadas como estas del Laboratorio de Ideas donde todos seamos más sinceros y el debate aún más interesante y fructífero para la profesión, que es lo que hace falta, olvidando para siempre las absurdas y estériles distancias y los serviles disimulos de aprobación resignada.
[:gl]
Fai tempo, alguén que se dedicaba á organización de eventos de carácter internacional relacionados coa arquitectura, dicíanos que había moita máis xente interesada en falar que en escoitar. Vindo de alguén con experiencia e éxito neste tipo de planificaciones complexas resultounos estraño porque foramos testemuñas da súa poder de convocatoria ou do que habían ter os que por el e a súa socia foran convocadosO certo é que asistimos a unha proliferación xigantesca de eventos relacionados coa arquitectura, non saberiamos dicir si para arquitectos ou, como este laboratorio de ideas do COA Galicia celebrado en xuño na súa sé de Vigo, coa intención de que os arquitectos e a sociedade achéguense, comuníquense ou polo menos identifíquense.
Como xa se falou do laboratorio de ideas aquí e alá, nós imos facer unha reflexión sobre a última das mesas, a número catro, onde dun ou outro modo tivemos presenza como coordinadores ou participantes, e que trataba sobre como se comunica a arquitectura.
O resumo xa se fixo en varios sitios. O noso podería ser leste:
Felipe Trillo falou sobre a posibilidade de tratar a arquitectura como parte da industria cultural, de modo parecido aos videojuegos ou o cine, por exemplo. O que alí se dixo non nos era descoñecido xa que recibiramos un texto do autor días atrás que, no seu momento, resultounos algo estraño e con cuxo contido non estivemos nada de acordo. Por sorte, oído en lugar de lido, pareceunos moito máis sensato e de feito interesante, acertado e novedoso. Diso creo que nunca máis se falou na mesa e foi unha pena porque tiña moito interese a proposta.
Jorge Meijide fixo unha presentación moi persoal e autobiográfica sobre a súa relación familiar coa arquitectura. En principio, pareceunos que tiña bastante pouco que ver co tema da mesa. No entanto, sempre nos interesa, porqué non, escoitar estas reflexións case privadas e íntimas de calquera compañeiro.
A intervención de Borja López Cotelo foi unha mini-conferencia sobre o concepto de boa arquitectura con referencias a arquitectos como Lewerentz ou Jacobsen. Enlazou referencias interesantes, propias dun estudante de posgrado, como é o seu caso, ben traídas e mellor hilvanadas nun discurso coherente e preciosista que, por desgraza, como no caso de Jorge Meijide, pareceu aburrir aos verdadeiros protagonistas da tarde, que se achaban entre o público e dos que non habiamos ter noticias por agora.
Supoñíase que Borja ía falar de Pecha Kucha e o seu enorme éxito na Coruña, onde o organiza xunto a María Olmo desde fai algúns anos. Seguen batendo récords de asistencia e diversión. Isto era algo que fose tremendamente valioso para a discusión da mesa, é dicir, falar de novos formatos ou formas de comunicar a arquitectura, a arte, ou o que sexa.
Íñigo García, de VAUMM, si trouxo á mesa un tema propio desta que era o da incapacidade da sociedade de recoñecer o valor dalgúns edificios (puxo como exemplo o Kursaal de Moneo en San Sebastián), fronte a outros cuxo aplauso é unánime mentres espertan un forte debate entre os arquitectos (aquí o exemplo era o Guggenheim de Bilbao). Ademais, a idea de poder falar de arquitectura coa súa propia nai, unha idea que recolle Juanjo Sáez no seu libro “A Arte” (2006), tamén era materia de debate e o asunto dos diferentes registros, xa que logo, moi oportuno.
Nós falamos diso nunha das nosas intervencións e noutra, tal como pedíullenos, de Ménage à trois, que é un formato novo para falar de arquitectura e outras disciplinas próximas nas que poida haber temas comúns. Ménage à trois realizouse en seis edicións no Matadero de Madrid e xa vai pola terceira no Centro de Arquitectura Contemporánea de Santiago de Chile. Habemos de recoñecer aquí que as nosas posicións non pareceron interesar o máis mínimo a ninguén porque de feito xa nunca máis se falou delas.

Logo falou o público e sobre todo falaron dous arquitectos que se achaban circunstancialmente entre el. Dicimos circunstancialmente porque un deles daba unha conferencia sobre a súa obra ao pouco tempo no mesmo sitio, é dicir, tratábase de xente que normalmente está alén, falando, e non escoitando.
Un recoñeceu chegar case ao final e que non quería vir por non cabrearse pero aínda así o fixo, e engadiu que se había encabuxado máis polo que oíu na mesa”. Dixo que o que alí oíra enfadoulle enormemente e que era un discurso (non sabemos a cal referíase, si a todos, a ningún, a un en particular, xa que como en realidade non escoitara apenas nada…) moi daniño para a profesión. Falou dos decanos dalgúns colexios, de facerlle un monumento a Renzo Piano en lugar de dicir que criticarlle como alguén (tampouco se sabe quen, si da mesa ou da prensa nacional ou internacional) fixera e doutras cousas que agora non recordamos pero que no seu momento parecéronnos totalmente afastadas do que alí se estivo falando.
Mentres dicía todo isto, en distingos quendas de palabra, as caras dalgúns dos membros da mesa eran de sorpresa: uns sorrían, outros se miraban alucinados, ningún entendiamos nada.
Como non somos de alí, só ao longo do intre que aínda nos quedaba por estar na mesa, durante algún dos varios usos da palabra dos que fixo uso esta persoa do público, soubemos quen era. Tratábase de Jesús Irrisarri, un arquitecto que non coñeciamos personalmente pero cuxa obra si, e que claro, gustábanos muchísimo, incluso o edificio sé do COAG en Vigo onde estabamos, malia que na súa planta sótano (ou baixa, xa que o que fai é salvar un desnivel entre dúas rúas) fixese sorprendentemente unha calor impropio da data, de Vigo e dun edificio novo como leste. Cóntannos que é un arquitecto estupendo e ademais profesor e moitas cousas máis que fan que nos sintamos aínda máis sorprendidos do que dixo, que non tiña nada que ver co que alí se estaba falando. Tamén do ton, aínda que isto é moi persoal e alá cada cal. Por ser unha persoa tan admirada e querida entre os arquitectos que o coñecían, encantounos entender que quería dicir e así, seguro, aprender moitas cousas, pero a verdade é que isto non sucedeu en absoluto.
En realidade antes del xa falara outro arquitecto, que tampouco coñeciamos, e que na mesa dixéronnos que era Alfonso Penela, igualmente coñecido, querido -segundo vimos polo trato que bastantes persoas da sala dispensábanlle-, admirado, respectado, na súa condición de arquitecto galego e profesor da ETSAC, igual que Irrisarri. Si recordamos fielmente, porque é imposible esquecelo, que o primeiro que dixo Penela é que todo o que se dixo alí, ou polo menos como se había devandito, pareceulle un coñazo”. Engadiu que si pensabamos que así iamos interesar á sociedade iamos listos. Logo continuou precisando que non hai que falar de arquitectura á sociedade, do mesmo xeito que á sociedade ninguén lle explica como voa un avión si non que á sociedade válelle con que funcione ben e xa está. É dicir, que a arquitectura fala por si mesma e non hai que explicala.
Tamén nos chamou a atención especialmente que afirmase que nunha clase de proxectos non se debía falar de orzamentos e que si el tiña que facelo algún día, deixaba o ensino.
Só queremos deixar constancia de que isto se dixo, e que as persoas que o dixeron foron bos arquitectos, profesores da ETSAC, e pertencentes a unha xeración anterior aos membros da mesa, que ve as cousas dun xeito moi diferente, esa é a nosa esperanza.
Como alguén dixo logo logo da cea “é coma se ti dis azul e o outro di trinta tres; pero bo, dei polo menos unha cor, non?” Por algunha razón, alí foi imposible sacar nada en claro, excepto a máis absoluta das disonancias e a máis grande das distancias. Supoño que non falamos máis nada que por nós e quizá por algún máis da mesa, entre estas posicións e as nosas que, pensabamos, tiñan que achegarse a novas formas de comunicar a arquitectura.
Produciunos un pouco de tristeza ler os textos dalgúns compañeiros sobre estas xornadas que, estando alí, preferiron non dicir o que alí pasou, ou dicilo un pouco a medias. Parece que si uno forma parte dos invitados, ha de aceptar e tragar aquilo que cando está alén é obxecto de crítica e de debate.
Corremos o perigo de que os canapés e o photocall sedúzannos como seduciron a xeracións anteriores, aínda silenciosas e sacrificadas no traballo do arquitecto, e así, esperar a outra invitación para dicir algo sen caer na trampa de criticar a aquel que ten poder, intelixencia, beleza, ou algún atributo que lle permita dicir sen ser criticado, só polo feito de nacer antes que un ou de ter máis habilidade como arquitecto.
Oxalá que non caiamos nesa trampa, nós tamén.
En resumo, non sabemos si os arquitectos e a sociedade poden chegar ou non a entenderse. O que si parece claro é que hai algúns arquitectos doutra xeración que creen que seguimos falando unha linguaxe propia e que non ha de ser comunicado á sociedade porque a arquitectura, a boa, séguese explicando soa.
O que é seguro é que a xeración da famosa burbulla e a da non menos famosa crise está condenadas a non entenderse. É máis, poderiamos dicir que están destinadas a non interesarse sequera e o que máis pena nos dá é que algúns compañeiros da nosa profesión parezan ser os primeiros en querer repeler a atención sobre os temas que todos defendemos en privado cando algún destes máis que recoñecidos arquitectos teñen a ben acudir a unha convocatoria como esta.
Seguro que cando perdamos o medo á autoridade ou ao profesor cuxa opinión é indiscutible, esta dinámica na que fomos educados onde o diálogo adoita estar ausente e reina o monólogo da autoridade intelectual e moral incuestionable, entón quizá poidan celebrarse unhas xornadas como estas de o Laboratorio de Ideas onde todos sexamos máis sinceros e o debate aínda máis interesante e fructífero para a profesión, que é o que fai falta, esquecendo para sempre as absurdas e estériles distancias e os serviles disimulos de aprobación resignada.
[:en]
Some time ago, someone who was devoting himself to the organization of events of international character related to the architecture, was saying to us that there were great more people interested in speaking that in listening. Coming from someone with experience and success in this type of complex plannings us turned out to be strange because we had been witnesses of his drawing power or of the one that there had had those who by him and his socia had been summoned.
The certain thing is that we have been present at a gigantic proliferation of events related to the architecture, you cannot say if for architects or, as this laboratory of ideas of the COA Galicia celebrated in June in his headquarters of Vigo, with the intention of which the architects and the company should approach, they should communicate or at least they should identify.
Since already one has spoken about the laboratory of ideas here and there, we are going to do a reflection on the last one of the tables, the número four, where of one or another way we had presence as coordinators or participants, and that was treating on how one communicates the architecture.
The summary already has been done in several sites. Ours might be this:
Philip Trillo spoke on the possibility of treating the architecture as part of the cultural industry, of a way similar to the video games or the cinema, for example. What there was said us was known since we had received a text of the author days behind that, in his moment, us turned out to be slightly strange and with whose content we did not agree anything. Thankfully, heard instead of read, it seemed to us to be much more sensible and of interesting, guessed right and new fact. Of it I believe that nevermore one spoke in the table and was a shame because a lot of interest had the offer.
Jorge Meijide did a very personal and autobiographical presentation on his familiar relation with the architecture. At first, it seemed to us that it had little enough that to see with the topic of the table. Nevertheless, always we are interested, porqué not, in listening to these almost private and intimate reflections of any companion.
The intervention of Borja Lopez Cotelo was a mini-conference on the concept of good architecture with references to architects like Lewerentz or Jacobsen. It connected interesting, own references of a student of posgrado, since it is his case, worn well and better tacked in a coherent speech and preciosista that, unfortunately, since in case of Jorge Meijide, it seemed to bore to the real protagonists of the evening, who were situated between the public and of whom we had not had news for the present.
It was supposed that Borja was going to speak of Pecha Kucha and his enormous success in A Coruña, where it organizes it together with Maria Olmo for some years. They continue beating records of assistance and amusement. This was something that had been tremendously valuable for the discussion of the table, that is to say, to speak about new formats or ways of communicating the architecture, the art, or what is.
Íñigo García, of VAUMM, yes brought to the table an own topic of this one that was that of the disability of the company of recognizing the value of some buildings (it put as example the Kursaal of I Clown around in San Sebastian), opposite to others which plaudit is unanimous while they wake a strong debate up between the architects (here the example was the Guggenheim of Bilbao). In addition, the idea of being able to speak about architecture with his own mother, an idea that Juanjo Sáez gathers in his book «The Art» (2006), also was matter of debate and the matter of the different records, therefore, very opportunely.
We speak about it in one of our interventions and in other one, as it had been asked us, of Ménage à trois, which is a new format to speak about architecture and other nearby disciplines in which there could be common topics. Ménage à trois carried out in six editions in the Slaughter house of Madrid and already it goes for the third one in the Center of Contemporary Architecture of Santiago de Chile. We have to admit here that our positions did not seem to interest the most minimal thing to anybody because of fact already nevermore one spoke about them.

Then the public spoke and especially there spoke two architects who were situated circunstancialmente between him. We say circunstancialmente because one of them was giving a conference on his work to a little time in the same site, that is to say, it was a question of people that normally it is to another side, speaking, and not listening.
One admitted to have come almost ultimately and that it did not want to have come for not getting furious but nonetheless it did it, and added that «it had infuriated more for what it heard in the table». He said that what there had heard had angered him enormously and that it was a speech (we do not know to which it was referring, if to all, to none, to one especially, since since actually he had not listened scarcely to anything …) very harmful for the profession. He spoke about the deans of some colleges, of doing a monument to Renzo Piano instead of saying that to criticize him as someone neither (is known the one who, if of the table or of the national or international press) it had done and of other things that now we do not remember but that in his moment seemed to us to be totally removed from what there one had been speaking.
While he was saying all that, in distinctions shifts of word, the faces of some to the members of the table belonged to surprise: some were smiling, others were looking hallucinated, none we understood anything.
Since we are not of there, only along the moment that still we still had for being in the table, during someone of several uses of the word which this person of the public used, we knew the one who was. It was a question of Jesus Irrisarri, an architect that we did not know personally but whose work yes, and that clear, we liked it very much, even the building sedates of the COAG in Vigo where we were, in spite of the fact that in his plant basement (or it goes down, since what it does is to save a difference between two streets) was been hot surprisingly of the date, of Vigo and of a new building as this one. They tell us that he is a marvellous architect and in addition teacher and many things more that they do that us sintamos furthermore surprised at what he said, that it did not have anything to see with what there one was speaking. Also of the tone, though this is very personal and there everyone. For being a person so admired and wanted between the architects who knew it, we had been charmed with understanding what wanted to say and like that, surely, to learn many things, but the truth is that this did not happen by no means. While he was saying all that, in distinctions shifts of word, the faces of some to the members of the table belonged to surprise: some were smiling, others were looking hallucinated, none we understood anything.
Actually before him already there had spoken another architect, that we did not know either, and that in the table said to us that he was Alfonso Punish It, equally known, darling – as we saw for the treatment that enough persons of the room were distributing him-, admired, respected, in his condition of Galician architect and teacher of the ETSAC, like Irrisarri. Yes we remember faithfully, because it is impossible to forget it, that the first thing that he said Punish is that everything what had been said there, or at least how it had been said, him «he had looked like a pain». It added that if we were thinking that like that we were going to be interested to the company we were going ready.
Also it was called us the attention specially that was affirming that in a project class it did not have to speak about budgets and that if he had to do it any day, it was leaving the education.
Only we want to leave witness of which this was said, and that the persons who said it were good architects, teachers of the ETSAC, and belonging to a generation previous to the members of the table, which sees the things of a very different, this way it is our hope.
As someone said then after the dinner «it is as if you say blue and other one says thirty three; but good, I gave at least a color, not?» For some reason, there it was impossible to extract nothing in clearly, except the most absolute of the dissonances and the biggest of the distances. I suppose that we do not speak anything any more that for us and probably for anyone any more of the table, between these positions and ours that, we were thinking, they had to approach new ways of communicating the architecture.
It has produced us a bit of sadness to read the texts of some companions on these days that, being there, they have preferred not saying what there happened, or to say it a bit by half. It seems that if one forms a part of the guests, he has to agree and to swallow that one that when it is to another side is an object of critique and of debate.
We run the risk of which the couches and the photocall seduce like sedujeron theirs theirs previous, still silent generations sacrificed in the work of the architect, and this way, to wait to another invitation to say something without falling down in the trap of to criticize to that one that has power, intelligence, beauty, or some attribute that it allows him to say without being criticized, only for the fact of having born before that one or of having more skill as architect.
Let’s hope so that we do not fall in this trap, us also.
In short, we do not know if the architects and the company can come or not to understanding itself. What yes seems to be clear is that there are some architects of another generation who believe that we continue speaking an own language and that it does not have to be a communiqué to the company because the architecture, the good one, continues explaining alone.
What it is sure is that the generation of the famous bubble and that of the not less famous crisis is condemned not to understand. It is more, we might say that they are destined not to be interested even and what more he suffers it gives us is that some companions of our profession seem to be the first ones in wanting to repel the attention on the topics that we we all defend privately when someone of these more than recognized architects they have come good to a summons as this one.
Insurance that when we lose the fear of the authority or of the teacher whose opinion is indisputable, this dynamics in the one that we have been educated where the dialog is in the habit of being absent and reigns the monologue of the intellectual authority and unquestionable mulberry tree, at the time probably a few days could celebrate as these of the Laboratory of Ideas where we all are more sincere and the debate furthermore interesting and fruitful for the profession, which is what needs, forgetting forever the absurd and sterile distances and the servile disimulos of resigned approval.
[:]




