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Campo de concentración de Buchenwald. Detalle del rótulo de la puerta de entrada con el texto: “A cada uno lo suyo” | Fotografía: Javier Mozas
Campo de concentración de Buchenwald. Detalle del rótulo de la puerta de entrada con el texto: “A cada uno lo suyo” | Fotografía: Javier Mozas

Recuerdo 5, viernes 29 de setiembre de 2000

“(…) la memoria tiene distintas dimensiones, y la persona que recuerda, desde el momento en que elige la perspectiva, determina también el nivel de connotación emotiva de sus recuerdos, que no sólo se evocan y se re-elaboran, sino que se reconstruyen de un modo distinto según las necesidades, interpretaciones y estados emotivos”.1

Lectura de un titular en el periódico:

“Semprún defiende la necesidad de preservar la memoria colectiva”.

El periodista da la noticia del Encuentro Internacional del Libro de Sarajevo. Me acuerdo del libro La escritura o la vida de Jorge Semprún, sobre sus vivencias en el campo de concentración de Buchenwald, que leí en las vacaciones de verano de 1998. En aquel momento no me impresionó excesivamente. Ahora leo que su intervención, en una ciudad todavía marcada por la guerra, se convierte en una nueva presentación de este mismo libro escrito hace cinco años. No podría existir un mejor escenario. Lo sucedido en la guerra de Bosnia hace revivir al autor su historia personal y le impulsa a contar sus experiencias. La escritura se convierte así en testimonio que reclama una necesidad, la de la pervivencia de la memoria. La lucha contra el olvido reside en la trasmisión de los recuerdos. El nivel de connotaciones emotivas de mis recuerdos también ha cambiado desde que leí por primera vez este libro.

Ahora comprendo la fuerza moral que otorga la presencia, sin embargo, yo estuve en Buchenwald y no olí nada, sólo vi lo que quedaba, que no era mucho.

Las representaciones de objetos y hechos pasados, incluso las artísticamente elaboradas, tienen un poder de rememoración extraordinariamente intenso. También la Iglesia se ha servido de la iconografía para evocar escenas y situaciones próximas a sus intereses, a partir de imágenes religiosas y de percepciones de lo sagrado. Cuando san Ignacio de Loyola quiso que los fieles comprendieran perfectamente a lo que se exponían con la condenación eterna, les sugirió que imaginasen escenas de dolor y de sufrimiento acompañadas del humo sofocante del azufre. Este debía ser un olor similar al de los tostaderos antiguos de pirita al aire libre en muchos pueblos mineros, algo parecido al infierno.

A los pobres fieles contemporáneos de san Ignacio, este falso recuerdo les quedaba grabado en su memoria. De esta manera, estaban en disposición de comprender a qué situación desagradable les podría conducir una vida de pecado. Creo que la profundidad del olor como recuerdo no es comparable a nada.

Aunque es cierto que la mayor parte de la dimensión subjetiva de nuestros recuerdos proviene de imágenes visuales, la pervivencia de los recuerdos relacionados con una emoción y con los otros sentidos diferentes al de la vista tiene una duración que se prolonga largamente en el tiempo. Yo estuve en Buchenwald y no olí nada. Pude ver lo que quedaba: las trazas de los barracones, la puerta de entrada, algunos edificios, el museo, el crematorio reconstruido y los mismos bosques, los mismos bordes del bosque de la colina del Ettersberg que vivió Semprún.

Javier Mozas, arquitecto, a+t research group
Vitoria-Gasteiz, diciembre 2011

Notas.

Alberto Oliverio. La memoria. El arte de recordar. Psicología. Alianza editorial. Madrid. 2000, p 26. Primera edición edition L’arte di ricordare. La memoria e i suoi segreti. R.C.S. Libri S.p.A. Milán. 1998.

Texto completo publicado originalmente en Rashomon. La triple verdad de la arquitectura.

[:gl]

Campo de concentración de Buchenwald. Detalle del rótulo de la puerta de entrada con el texto: “A cada uno lo suyo” | Fotografía: Javier Mozas
Campo de concentración de Buchenwald. Detalle do rótulo da porta de entrada co texto: “A cada un o seu” | Fotografía: Javier Mozas

Lembro 5, venres 29 de setiembre de 2000

“(…) a memoria ten distintas dimensións, e a persoa que lembra, desde o momento en que elixe a perspectiva, determina tamén o nivel de connotación emotiva dos seus recordos, que non só se evocan e se re-elaboran, senón que se reconstrúen dun modo distinto segundo as necesidades, interpretacións e estados emotivos”.1

Lectura dun titular no xornal:

“Semprún defende a necesidade de preservar a memoria colectiva”.

O xornalista dá a noticia do Encontro Internacional do Libro de Saraievo. Acórdome do libro A escritura ou a vida de Jorge Semprún, sobre as súas vivencias no campo de concentración de Buchenwald, que lin nas vacacións de verán de 1998. Naquel momento non me impresionou excesivamente. Agora leo que a súa intervención, nunha cidade aínda marcada pola guerra, convértese nunha nova presentación de leste mesmo libro escrito fai cinco anos. Non podería existir un mellor escenario. O sucedido na guerra de Bosnia fai revivir ao autor a súa historia persoal e impúlsalle a contar as súas experiencias. A escritura convértese así en testemuño que reclama unha necesidade, a da pervivencia da memoria. A loita contra o esquecemento reside na trasmisión dos recordos. O nivel de connotacións emotivas dos meus recordos tamén cambiou desde que lin por primeira vez este libro.

Agora comprendo a forza moral que outorga a presenza, con todo, eu estiven en Buchenwald e non cheirei nada, só vi o que quedaba, que non era moito.

As representacións de obxectos e feitos pasados, incluso as artisticamente elaboradas, teñen un poder de lembranza extraordinariamente intenso. Tamén a Igrexa serviuse da iconografía para evocar escenas e situacións próximas aos seus intereses, a partir de imaxes relixiosas e de percepcións do sacro. Cando san Ignacio de Loiola quixo que os fieis comprendesen perfectamente ao que se expoñían coa condenación eterna, suxeriulles que imaxinasen escenas de dor e de sufrimento acompañadas do fume sufocante do xofre. Leste debía ser un cheiro similar ao dos tostaderos antigos de pirita ao aire libre en moitos pobos mineiros, algo parecido ao inferno.

Aos pobres fieis contemporáneos de san Ignacio, este falso recordo quedaba gravado na súa memoria. Desta maneira, estaban en disposición de comprender a que situación desagradable poderíalles conducir unha vida de pecado. Creo que a profundidade do cheiro como lembro non é comparable a nada.

Aínda que é certo que a maior parte da dimensión subxectiva dos nosos recordos provén de imaxes visuais, a pervivencia dos recordos relacionados cunha emoción e cos outros sentidos diferentes ao da vista ten unha duración que se prolonga longamente no tempo. Eu estiven en Buchenwald e non cheirei nada. Puiden ver o que quedaba: as trazas dos barracóns, a porta de entrada, algúns edificios, o museo, o crematorio reconstruído e os mesmos bosques, os mesmos bordos do bosque do outeiro do Ettersberg que viviu Semprún.

Aunque es cierto que la mayor parte de la dimensión subjetiva de nuestros recuerdos proviene de imágenes visuales, la pervivencia de los recuerdos relacionados con una emoción y con los otros sentidos diferentes al de la vista tiene una duración que se prolonga largamente en el tiempo. Yo estuve en Buchenwald y no olí nada. Pude ver lo que quedaba: las trazas de los barracones, la puerta de entrada, algunos edificios, el museo, el crematorio reconstruido y los mismos bosques, los mismos bordes del bosque de la colina del Ettersberg que vivió Semprún.

Javier Mozas, arquitecto, a+t research group
Vitoria-Gasteiz, decembro 2011

Notas.

Alberto Oliverio. A memoria. A arte de recordar. Psicología. Alianza editorial. Madrid. 2000, p 26. Primeira edición edition L’arte di ricordare. La memoria e i suoi segreti. R.C.S. Libri S.p.A. Milán. 1998.

Texto completo publicado orixinalmente en Rashomon. A triple verdade da arquitectura.

[:en]

Campo de concentración de Buchenwald. Detalle del rótulo de la puerta de entrada con el texto: “A cada uno lo suyo” | Fotografía: Javier Mozas
Buchenwald concentration camp. Detail of the sign of the entrance door with the text: «To each one his own» | Photography: Javier Mozas

Remembrance 5, Friday, September 29, 2000

“(…) memory has different dimensions, and the person who remembers, from the moment he chooses perspective, also determines the level of emotional connotation of his memories, which are not only evoked and re-elaborated, but also that are reconstructed in a different way according to the needs, interpretations and emotional states”.1

Reading a headline in the newspaper:

“Semprún defends the need to preserve collective memory”.

The journalist gives the news of the International Meeting of the Book of Sarajevo. I remember the book La escritura o la vida by Jorge Semprún, about his experiences in the Buchenwald concentration camp, which I read during the summer holidays of 1998. At that time I was not overly impressed. Now I read that his intervention, in a city still marked by war, becomes a new presentation of this same book written five years ago. There could not be a better scenario. What happened in the Bosnian war makes the author relive his personal history and urges him to tell his experiences. Writing thus becomes a testimony that claims a need, that of the survival of memory. The struggle against oblivion lies in the transmission of memories. The level of emotional connotations of my memories has also changed since I first read this book.

Now I understand the moral force that gives the presence, however, I was in Buchenwald and I did not smell anything, I only saw what was left, which was not much.

The representations of objects and past events, even the artistically elaborated ones, have an extraordinarily intense power of remembrance. The Church has also used iconography to evoke scenes and situations close to her interests, based on religious images and perceptions of the sacred. When Saint Ignacio de Loyola wanted the faithful to understand perfectly what was exposed with eternal condemnation, he suggested that they imagine scenes of pain and suffering accompanied by the suffocating smoke of sulfur. This must be a smell similar to that of the old outdoor pyrite toasters in many mining towns, something akin to hell.

To the poor faithful contemporaries of St. Ignatius, this false memory remained engraved in his memory. In this way, they were in a position to understand to what unpleasant situation a life of sin could lead them. I think the depth of the smell as a souvenir is not comparable to anything.

Although it is true that most of the subjective dimension of our memories comes from visual images, the survival of memories related to an emotion and other senses different from that of sight lasts for a long time. I was in Buchenwald and I did not smell anything. I could see what was left: the traces of the barracks, the entrance door, some buildings, the museum, the reconstructed crematorium and the forests themselves, the very edges of the forest on the Ettersberg hill that Semprún lived.

Javier Mozas, architect, a+t research group
Vitoria-Gasteiz, december 2011

Notes.

Alberto Oliverio. The memory. The art of remembering Psychology. Alianza editorial. Madrid. 2000, p 26. First edition L’arte di ricordare. La memoria e i suoi segreti. R.C.S. Libri S.p.A. Milán. 1998.

Full text originally published in Rashomon. La triple verdad de la arquitectura.

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Aurora Fernández Per – Javier Mozas
Aurora Fernández Per – Javier Mozashttps://aplust.net/
Aurora Fernández Per es periodista y Javier MozasS es arquitecto y urbanista. Ambos son fundadores de a + t architecture publishers, 1992, y editores de la revista de arquitectura a + t desde 1992 hasta la actualidad, así como fundadores en 2011 del grupo de investigación a + t - cuyo objetivo es promover la ciudad compacta a través de la investigación y el análisis-. Son además autores y editores de numerosas publicaciones, incluida la serie ‘Densidad sobre vivienda colectiva’.
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