¿Cuánto gana un arquitecto? | Stepienybarno

Frank Lloyd Wright y sus alumnos | stepienybarno.es

Que los arquitectos estamos forrados es algo que todo el mundo sabe; pero no unos cuantos, ¡todos! Sin excepción. Han sido años de gran provecho para la arquitectura y para sus ejecutores, es decir, nosotros los arquitectos; así que, ahora, no nos podemos quejar de nada!

Estas palabras no serán la primera ni la última vez que las oigamos y, desgraciadamente, gran parte de la sociedad todavía sigue pensando que esto es así.

Sin embargo, la realidad es, y ha sido, bien distinta. Si llevas un tiempo en esto, sabes bien de lo que hablamos; si eres un joven estudiante que con toda la ilusión del mundo está estudiando arquitectura, quizás no sea bueno que sigas leyendo y si no eres ni lo uno ni lo otro, esperamos que nuestro pensamiento en voz alta pueda servir para aclarar un poco este complicado tema.

El dinero que se ha generado con la maldita burbuja inmobiliaria lo han ganado cuatro. Por un lado, unos cuantos promotores (no todos) se han forrado hasta decir basta, unos pocos estudios de arquitectura han ganado lo que no estaba escrito y, de paso, con las contribuciones urbanísticas de tanto ladrillo mal puesto, más de un acalde se ha colgado medallas en las inauguraciones de rotondas y urbanizaciones infernales.

De esta forma, gran parte de las obras derivadas del efecto guggenheim han sido realizadas por el star system; así que, Nouvel y compañía no hay duda que tienen el riñón cubierto.

Pero si, durante estos años, has sido un estudio pequeño o un arquitecto tipo el llanero solitario, seguramente, no habrás hecho mucho más que partirte los cuernos, sacrificar muchos fines de semana y ganar un dinero que tampoco te ha permitido demasiadas ostentaciones. Es así como se ha vivido, con normalidad y sin grandes alardes. Eso sí, los arquitectos que han tenido suerte, porque los que no, a pesar del gran auge constructivo del país, vivían con una mano delante y otra detrás, asumiendo como algo normal el ser un falso autónomo.

En este sentido, no ayuda nada la práctica de algunos estudios relevantes del país, como cuando se le pregunta a Benedetta Tagliabue:

“Tengo entendido que tienes muchos estudiantes en su estudio que trabajan de manera totalmente altruista sólo por el hecho de poder ponerlo en el curriculum. ¿Es cierto?” 1

Y ella responde:

“Esto es cierto y creo que con la experiencia del despacho profesional he aprendido que los becarios me aportan muchísimo. (…) Ahora somos prácticamente mitad y mitad. Me gustaría que los becarios realmente tuviesen una beca. Esto es algo que pedimos muchas veces… y muchas veces no es posible.” 2

De esta forma, un gran grueso del colectivo no ganaba ni 1.000 euros al mes, haciendo un trabajo más que cualificado. Cuando llegó la crisis, ya saben… palmadita en la espalda, patada en el culo y a rezar lo que se supiera.

Eso sí, mientras tanto los arquitectos, todos, hemos tenido un desinterés enorme por conectar con la sociedad. Los arquitectos hablamos en arquitecto y para arquitectos. Por ello, entre otras cosas (el ego con patas de más de uno), la sociedad nos vio como bichos raros que de vez en cuando ocupaban portadas de periódico, como un objeto más de la sociedad de consumo,  pensando que vivamos, todos, como marqueses.

Para más inri, la aparición estelar de algún arquitecto con fular en programas televisivos no ayuda a que sepan cómo somos y ni que hacemos, realmente.

Así, mientras se terminó de macizar España y se despilfarró el dinero (no es nada la pasta enterrada en edificios, como la enterrada en autopistas y demás, con la mirada hacia otro lado de la propia administración), la mayoría de los arquitectos con la llegada de la crisis no han sabido cómo reaccionar.

La realidad, como bien indica el último informe del Sindicato de arquitectos, es que mucho más de la mitad de la profesión está temblando y sin muchas posibilidades de mejorar.

Cada vez que aparece un encargo, hay demasiados candidatos para que no haya navajazos por el mismo; así, a buen seguro, la mayoría de propietarios pedirán varias ofertas de honorarios, que no ofertas de servicios. Es decir, le darán el encargo a quien lo haga más barato. De esta  forma, lo poco que a día de hoy sale al terreno de juego se hace, para el afortunado que lo consiga, con unos honorarios que justo cubren gastos y poco más.

A todo ello, hay que sumar que, si todavía se te ocurre mantenerte activo como arquitecto; levantar el trimestre, después del pago del estudio, la hermandad, la couta colegial, IVAs, Impuesto de actividad y demás “zarandajas”, es cosa de locos. ¡Ah!! y no te olvides del extracto bancario de Asemas que acudirá fiel a su cita, no solo durante el ejercicio de la profesión sino durante los 10 años siguientes a la jubilación o abandono de la profesión por exigencias del guión. Porque si hay algo claro en todo este tinglado es que, a los 10 años de entregar un proyecto, pasan “cosas” y de repente… la promotora ¿qué promotora?, el constructor ha desaparecido y ahí quedan los dos pelaos, el arquitecto y el aparejador (su seguro irá contra ti, ¡no lo dudes!), con la mirada del juez, que no entendió nada de lo que ocurría, pero le da igual, esperando para ejecutar la sentencia con “responsabilidad solidaria” para los técnicos. En este caso, nosotros siempre perdemos, pase lo que pase.

Con este panorama, no nos digáis que no hay que estar loco para ser arquitecto. Pues sí, hay que estarlo, porque por si no fuera poco todo ello, la que se nos viene encima con la LSP, gracias al amigo de Guindos, va terminar de dejar todo patas arriba.

Y lo “peor” de todo, es que, aun con todo, hay más de un chiflado que sigue queriendo  ser arquitecto porque tenemos la extraña cualidad de no ver nada de todo esto; o mejor dicho, lo vemos pero seguimos pensando que la arquitectura es nuestra vida y que la vida de los demás depende, en parte, de lo buena que sea la arquitectura que lleguemos  a hacer.

Ojalá para conseguirlo no tuviéramos que pasarlas tan canutas; ojalá, a pesar de lo que se vislumbra en nuestra reflexión, podamos seguir siendo arquitectos o por lo menos soñar con un mañana en el que la arquitectura de a la sociedad un futuro mejor.

¡Que así sea!

Stepienybarno_Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó, arquitectos
Estella, octubre 2013

Notas:
1 Entrevista a Benedetta Tagliabue en DiarioDesign
2 Altruismo: Diligencia en procurar el bien ajeno a costa del propio (Según RAE)

Stepienybarno está formado por Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó, ambos arquitectos y formados en temas de Identidad Digital y Comunicación online. Desde el 2004 tenemos nuestro propio estudio de arquitectura, ubicado en un pequeño pueblo de Navarra, Estella, y ambos estamos embarcados en nuestras tesis doctorales. A su vez, colaboramos con otros profesionales tanto del ámbito de la arquitectura, sostenibilidad y comunicación online. Vivir en Estella nos da la tranquilidad necesaria para poder encarar el día a día con energía y la red nos posibilita contactar con un mundo maravilloso que de otra forma hubiera sido imposible.

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