InicioobrasarquitecturaCasa Las Mil y Una | Joaquín Juberías - Paula ArandaCasa As...

[:es]Casa Las Mil y Una | Joaquín Juberías – Paula Aranda[:gl]Casa As Mil e Una | Joaquín Juberías – Paula Aranda[:en]Thousand and one House | Joaquín Juberías – Paula Aranda[:]

[:es]

Ejercicio sobre una persona y sus máscaras.

Dejarse seducir por los intereses –tanto públicos como inconfesables- del cliente, te descubre más sobre su vivienda que cualquier acercamiento programático ya establecido. No se dice nada nuevo, en la facultad ya nos aleccionaban sobre ello: ¿quién no ha tenido un curso de proyectos en torno al hobby, profesión o característica física dominante del cliente? Así, nos encontrábamos con coleccionistas de fósiles, astronautas, entrenadores de pokemons o seres humanos de 2.16 metros de altura.

Sin embargo, nuestra realidad –interna y externa– no se conjuga con un solo hobby, profesión o fisicidad concreta, sino que resulta ser un ovillo de sensaciones, aficiones, caprichos y rituales que buscan su espacialidad y que pueden ser tan efímeros como el que se quita o pone una máscara. Para su desarrollo, a veces se necesita de dispositivos, otras de metros cuadrados acotados y otras, simplemente, de una atmósfera –intangible– concreta. En la “Casa Las Mil y Una”, los trazos proyectuales son dirigidos por un cliente polifacético de educada vista y fino paladar. La arquitectura se moverá entre su yo cocinero y su yo coleccionista de arte, influyendo también sus otros yoes del dormir, del cine en versión original, y de la investigación del mundo que habita y del que es habitado. Las disputas, observaciones, pactos, amistades y conversaciones entre los diferentes yoes del cliente son las que generan este proyecto.

Casa Las Mil y Una Joaquín Juberías - Paula Aranda o5

El cocinero. Dos cualidades se le antojan imprescindibles: los olores y los colores. Erotizar al resto de máscaras desde la vista y el olfato son sus principales intenciones. No es casual que su espacio se sitúe entre dos habitaciones. Odia cocinar de cara a una pared, dice sentirse anulado ante la falta de perspectiva, así que cocina con vistas a un balcón, a un par de mesas y a una barra de bar. Y es que, para su cocinar, es tan importante el espacio íntimo de su office, como el espacio relacional donde dialogar con los otros sobre el resultado e influencias de sus procesos culinarios. El dormilón le insiste en el uso de especias relajantes que acentúen sus largos descansos; por el contrario, el estudioso, busca cualquier remedio lisérgico que le active y le prolongue sus interminables lecturas. Más místicas sin lugar a dudas son las conversaciones que traen el cinéfilo y el artista, intentando poner sabor a escenas goyescas y a películas de blanco y negro.

El dormilón. No es casual que su espacio se encuentre entre el cocinero y el estudioso. Al cocinero le debe el origen, pues su memoria olfativa le hace despertar de sus constantes pesadillas con el aroma de un buen café colombiano. Esa puerta corredera sobre la que se cuela el despertar, está forrada con un espejo. El dormilón nos confesaba que

“el dormitorio es un espacio onírico y sexual”,

que sería inhabitable sin grandes espejos móviles que le hicieran reflexionar y desplazar el espacio sin la necesidad del sueño. La palabra ensueño aparece siempre en su discurso.  Muchas noches el estudioso, exhausto de lectura, le lleva un libro que ha terminado y que le obliga a leer. Se tumba sobre un colchón de pelo de camello y un nórdico de plumón de oca donde, inquieto, piensa que cuando cierre el libro se desordenarán todas las letras. Se lo dijo Borges.

El estudioso. Siempre está agobiado porque su saber si parece ocupar lugar. Ingentes, casi groseras, cantidades de libros se disponen en librerías, estanterías, mesas, sillas, inodoros y almacenes. Como cualquier persona religiosa, su acto de rezo puede realizarse desde cualquier lugar, sin embargo, siempre existe un espacio sagrado. Dice que es imposible describir la arquitectura de este habitáculo, pues el espacio se transforma como lo hace en una novela de Boris Vian cuando suena la música. No recuerda el nombre de la novela. Sólo le pide a la estancia dos cualidades: silencio y aislamiento. El silencio de un nicho –acolchado y envuelto de libros– destinado a la desgranar el significado de una palabra tras otra. Y el aislamiento, cuya mayor peculiaridad reside en el pacto que tuvo que llegar con el cocinero y el cinéfilo para que su espacio sagrado pudiese ser profanado y así evitar los comportamiento sociópatas que el estudioso estaba mostrando. Dicho pacto, se materializó con el desplazamiento de unas puertas correderas que permiten el diseño de otros ambientes gracias, entre otras cosas, a la llegada de olores del que prepara un ceviche o del sosegado sonido Bristol de Massive Attack que alguien acaba de reproducir.

El patólogo. No sabemos si existe en sí o es una vertiente oculta del estudioso, el cual no sólo atiende al orden lógico de las letras, sino también al de las células. Su participación en la vida social es nula. Aun así, todos saben dónde encontrarle, ha hecho del envés de la cortina cerámica su hábitat natural. Desde esa posición controla la incisión de la luz natural en su atmósfera, siendo la artificial, la del microscopio, la protagonista de tal ambiente médico. Vividor de un tiempo y espacio mucho más dilatado que el resto de habitantes, el patólogo vigila la vivienda desde su puesto de mando, y cuando su mente le falla, cuando es distraído por las voces de una conversación en el sofá o por el sonido de un vinilo, sólo tiene que correr esa cortina que deja al descubierto su rostro enfadado pero de extrema concentración, para que el resto, a sabiendas del significado aquello, detenga cualquier intromision espacial.s del significado de lo que ello significa, detenga cualquier intromisiy el cinón espacial que esté realizando.

El cinéfilo. Muestra fetichismo por los objetos que le permiten tener el control sobre las películas que ve, sobre el sonido que le llega o sobre la repetición de las escenas. Los fines de semana organiza, en torno a su mando de poder a distancia, ciclos de cine en un bucle sinfín. En ese momento, se produce la disputa: conflictos por ocupar el mejor puesto del sofá; por convertirse en voyeurs y dominar la perspectiva hasta el dormitorio de invitados; o para simplemente, mirar de reojo y cotillear al estudioso tras esa estantería que no oculta.

El cinéfilo es caprichoso, y como buen amante del cine sabe usar el diálogo para convencer. Al poco tiempo, con el argumento –o guión– de que no hay mejor manera de cocinar que viendo una buena película, sedujo al cocinero para disponer de una televisión en su espacio. Desde entonces, todos se reúnen una vez al mes todos para disfrutar de una comida vinculada con una obra maestra del cine. La última fue hace dos semanas, mientras veían Amores perros, el cocinero presentó a sus comensales un impresionante repertorio de comida mexicana.

El coleccionista de arte. Se distingue porque siempre mira de frente. Tiene una relación con el paramento vertical difícil de entender por los habitantes del plano XY. El coleccionista es, además, un trilero de la palabra: el único personaje que cuenta con el beneplácito de los demás para merodear por todos los espacios de la vivienda. Uno a uno fue convenciéndoles de la importancia del arte en sus vidas. Siempre recuerda que el más terco fue el estudioso alegando no necesitar nada más que sus libros, a lo que el coleccionista le tuvo que espetar:

“¿Pero no era Dostoievski quien decía que la belleza salvará el mundo? ¿no crees que tener en tu estancia el mejor de mis cuadros puede acercarte a él?.”

A partir de ese momento el estudioso lee frente a un cuadro de Derain.

Rememorando conversaciones pasadas, intuyendo las venideras y mostrando imágenes casi espectrales, es el modo en el que esta vivienda logra su máxima compresión. La materialización de las máscaras que su dueño ha ido acumulando a lo largo del tiempo, y que traen al proceso dos viejos amigos como John Hejduk y Saul Steinberg, conforman la narrativa del proyecto. Y lo que agrada y aturde de ella, es la imposibilidad de mostrar un discurso único en tal universo múltiple en el que vive y se siente todo su ser. El habitante, en su habitar espacial, establece una relación fetichista con sus objetos y espacialidades que origina tantas casas como le sean necesarias. La casa de las “Mil y una” casas.

Obra: Casa la Mil y una.
Arquitectos: Joaquín Juberías – Paula Aranda
Texto: Víctor Manuel Cano – Joaquín Juberías
Colaboradores: Víctor Manuel Cano
Empresa constructora: Selecta HOME
Fotografía: Germán Cabo
Localización: Alicante, España
Cortina cerámica: Joaquín Juberías
Superficie interior: 115,00 m2
Presupuesto (P.E.M.): 120.000 €

[:gl]

Exercicio sobre unha persoa e as súas máscaras.

Deixarse seducir polos intereses –tanto públicos como inconfesables- do cliente, descóbreche máis sobre a súa vivenda que calquera achegamento programático xa establecido. Non se di nada novo, na facultade xa nos aleccionaban sobre iso: quen non tivo un curso de proxectos en torno ao hobby, profesión ou característica física dominante do cliente– Así, atopabámonos con coleccionistas de fósiles, astronautas, adestradores de pokemons ou seres humanos de 2.16 metros de altura.

Con todo, a nosa realidade –interna e externa– non se conxuga cun só hobby, profesión ou fisicidade concreta, senón que resulta ser un ovillo de sensacións, afeccións, caprichos e rituais que buscan o súa espacialidade e que poden ser tan efémeros como o que se quita ou pon unha máscara. Para o seu desenvolvemento, ás veces necesítase de dispositivos, outras de metros cadrados acoutados e outras, simplemente, dunha atmosfera –intanxible– concreta. Na “Casa As Mil e Unha”, os trazos proxectuais son dirixidos por un cliente polifacético de educada vista e fino padal. A arquitectura moverase entre a súa eu cociñeiro e o seu eu coleccionista de arte, influíndo tamén as súas outros euos do durmir, do cinema en versión orixinal, e da investigación do mundo que habita e do que é habitado. As disputas, observacións, pactos, amizades e conversacións entre os diferentes euos do cliente son as que xeran este proxecto.

Casa Las Mil y Una Joaquín Juberías - Paula Aranda o5

O cociñeiro. Dúas calidades antóllanselle imprescindibles: os cheiros e as cores. Erotizar ao resto de máscaras desde a vista e o olfacto son as súas principais intencións. Non é casual que o seu espazo sitúese entre dúas habitacións. Odia cociñar para unha parede, di sentirse anulado ante a falta de perspectiva, así que cociña con vistas a un balcón, a un par de mesas e a unha barra de bar. E é que, para o seu cociñar, é tan importante o espazo íntimo do seu office, como o espazo relacional onde dialogar cos outros sobre o resultado e influencias dos seus procesos culinarios. O dormilón insístelle no uso de especias relaxantes que acentúen os seus longos descansos; pola contra, o estudioso, busca calquera remedio lisérgico que lle active e prolónguelle as súas interminables lecturas. Máis místicas sen dúbida son as conversacións que traen o cinéfilo e o artista, tentando poñer sabor a escenas goyescas e a películas de branco e negro.

O dormilón. Non é casual que o seu espazo atópese entre o cociñeiro e o estudioso. Ao cociñeiro débelle a orixe, pois a súa memoria olfativa faille espertar dos seus constantes pesadelos co aroma dun bo café colombiano. Esa porta corredera sobre a que se coa o espertar, está forrada cun espello. O dormilón confesábanos que

“o dormitorio é un espazo onírico e sexual”,

que sería inhabitable sen grandes espellos móbiles que lle fixesen reflexionar e desprazar o espazo sen a necesidade do soño. A palabra ilusión aparece sempre no seu discurso.  Moitas noites o estudioso, exhausto de lectura, lévalle un libro que terminou e que lle obriga a ler. Tómbase sobre un colchón de pelo de camelo e un nórdico de plumón de oca onde, inquieto, pensa que cando peche o libro se desordenarán todas as letras. Díxollo Borges.

O estudioso. Sempre está angustiado porque o seu saber se parece ocupar lugar. Inxentes, case groseiras, cantidades de libros dispóñense en librerías, andeis, mesas, cadeiras, inodoros e almacéns. Como calquera persoa relixiosa, o seu acto de rezo pode realizarse desde calquera lugar, con todo, sempre existe un espazo sacro. Di que é imposible describir a arquitectura deste habitáculo, pois o espazo transfórmase como o fai nunha novela de Boris Vian cando soa a música. Non lembra o nome da novela. Só lle pide á estancia dúas calidades: silencio e illamento. O silencio dun nicho –acolchado e envolto de libros– destinado á debullar o significado dunha palabra tras outra. E o illamento, cuxa maior peculiaridade reside no pacto que tivo que chegar co cociñeiro e o cinéfilo para que o seu espazo sacro puidese ser profanado e así evitar os comportamento sociópatas que o estudioso estaba a mostrar. Devandito pacto, materializouse co desprazamento dunhas portas correderas que permiten o deseño doutras ambientes grazas, entre outras cousas, á chegada de cheiros do que prepara un ceviche ou do sosegado son Bristol de Massive Attack que alguén acaba de reproducir.

O patólogo. Non sabemos se existe en si ou é unha vertente oculta do estudioso, o cal non só atende á orde lóxica das letras, senón tamén ao das células. A súa participación na vida social é nula. Aínda así, todos saben onde atoparlle, fixo do envés da cortina cerámica o seu hábitat natural. Desde esa posición controla a incisión da luz natural na súa atmosfera, sendo a artificial, a do microscopio, a protagonista de tal ambiente médico. Vividor dun tempo e espazo moito máis dilatado que o resto de habitantes, o patólogo vixía a vivenda desde o seu posto de mando, e cando a súa mente fállalle, cando é distraído polas voces dunha conversación no sofá ou polo son dun vinilo, só ten que correr esa cortina que deixa ao descuberto o seu rostro enfadado pero de extrema concentración, para que o resto, a propósito do significado aquilo, deteña calquera intromision espacial.s do significado do que iso significa, deteña calquera intromisiy o cinón espacial que estea a realizar.

O cinéfilo. Mostra fetichismo polos obxectos que lle permiten ter o control sobre as películas que ve, sobre o son que lle chega ou sobre a repetición das escenas. Os fins de semana organiza, ao redor do seu mando de poder a distancia, ciclos de cinema nun bucle infinidade. Nese momento, prodúcese a disputa: conflitos por ocupar o mellor posto do sofá; por converterse en voyeurs e dominar a perspectiva ata o dormitorio de invitados; ou para simplemente, mirar de esguello e rexoubar ao estudioso tras ese andel que non oculta.

O cinéfilo é caprichoso, e como bo amante do cinema sabe usar o diálogo para convencer. Ao pouco tempo, co argumento –ou guión– de que non hai mellor maneira de cociñar que vendo unha boa película, seduciu ao cociñeiro para dispoñer dunha televisión no seu espazo. Desde entón, todos reúnense unha vez ao mes todos para gozar dunha comida vinculada cunha obra mestra do cinema. A última foi hai dúas semanas, mentres vían Amores cans, o cociñeiro presentou aos seus comensais un impresionante repertorio de comida mexicana.

O coleccionista de arte. Distínguese porque sempre mira de fronte. Ten unha relación co paramento vertical difícil de entender polos habitantes do plano XY. O coleccionista é, ademais, un trileiro da palabra: o único personaxe que conta co beneplácito dos demais para merodear por todos os espazos da vivenda. Un a un foi convencéndolles da importancia da arte nas súas vidas. Sempre lembra que o máis terco foi o estudioso alegando non necesitar máis nada que os seus libros, ao que o coleccionista tívolle que espetar:

“Pero non era Dostoievski quen dicía que a beleza salvará o mundo? non crees que ter na túa estancia o mellor dos meus cadros pode achegarche a el?”

A partir dese momento o estudioso le fronte a un cadro de Derain.

Rememorando conversacións pasadas, intuíndo as vindeiras e mostrando imaxes case espectrales, é o modo no que esta vivenda logra a súa máxima compresión. A materialización das máscaras que o seu dono foi acumulando ao longo do tempo, e que traen ao proceso dous vellos amigos como John Hejduk e Saul Steinberg, conforman a narrativa do proxecto. E o que agrada e aparva dela, é a imposibilidade de mostrar un discurso único en tal universo múltiple no que vive e sente todo o seu ser. O habitante, no seu habitar espacial, establece unha relación fetichista cos seus obxectos e espacialidades que orixina tantas casas como lle sexan necesarias. A casa das “Mil e unha” casas.

Obra: Casa a Mil e unha.
Arquitectos: Joaquín Juberías – Paula Aranda
Texto: Víctor Manuel Cano – Joaquín Juberías
Colaboradores: Víctor Manuel Cano
Empresa constructora: Selecta HOME
Fotografía: Germán Cabo
Emprazamento: Alicante, España
Cortina cerámica: Joaquín Juberías
Superficie interior: 115,00 m2
Presuposto (P.E.M.): 120.000 €

[:en]

Exercise on a person and his masks.

To be left to seduce for the interests – both public and unmentionable – of the client, it you discovers more on his housing that any programmatical already established approximation. It is not said not newly at all, in the faculty already they were teaching us on it: the one who has not had a project course concerning the hobby, profession or physical dominant characteristic of the client? This way, we were meeting collectors of fossils, astronauts, trainers of pokemons or human beings of 2.16 meters of height.

Nevertheless, our reality – internal and day pupil – does not conjugate with an alone hobby, profession or fisicidad makes concrete, but it turns out to be a ball of sensations, interests, caprices and rituals that look for his espacialidad and that can be so ephemeral as that a mask removes itself or puts. For his development, sometimes he needs of devices, others of fenced square meters and others, simply, of an atmosphere – intangible – concrete. In «Thousand and one House», the outlines proyectuales are directed by a versatile client of polite sight and thin palate. The architecture there will move between his me cook and his I collector of art, influencing also his other we of to sleep, of the cinema in original version, and of the investigation of the world that he lives and of the one that is inhabited. The disputes, observations, agreements, friendship and conversations between the different we of the client are those who generate this project.

Casa Las Mil y Una Joaquín Juberías - Paula Aranda o5

The cook. Two qualities him take a fancy indispensable: the smells and the colors. Erotizar to the rest of masks from the sight and the smell is his principal intentions. It is not chance that his space places between two rooms. It hates to cook with a view to a wall, says to feel annulled before the lack of perspective, so he cooks with a view to a balcony, a couple of tables and a bar of bar. And it is that, for his to cook, there is so important the intimate space of his scullery, as the relational space where to talk with others on the result and influences of his culinary processes. The sleepy-head him insists on the use of relaxing spices that should accentuate his long rests; on the contrary, the expert, search any remedy lisérgico that activates him and it him prolongs his endless readings. More mystical no doubt they are the conversations that the movie fan and the artist bring, trying to put flavor to characteristic of Goya’s works scenes and to movies of white and black.

The sleepy-head. It is not chance that his space is between the cook and the expert. It owes the origin to the cook, since his olfactory memory makes him wake up of his constant nightmares with the aroma of a good Colombian coffee. This door sliding on the one that slips past the awakening, it is lined by a mirror. The sleepy-head was confessing to us that

“the bedroom is an oneiric and sexual space”,

that it would be uninhabitable without big mobile mirrors that were making think over and displace the space to him without the need of the dream. The word dream appears always in his speech. Many nights the expert, exhausted of reading, takes to him a book that has ended and that it forces him to read. It lies down on a mattress of hair of camel and the northern one of down of goose where, I worry, thinks that when it closes the book all the letters will be disordered. Borges said it to him.

The expert. Always it is overwhelmed because his to know if it seems to occupy place. Enormous, almost rude, quantities of books arrange in bookshops, racks, tables, chairs, waterclosets and stores. As any religious person, his act of prayer can be realized from any place, nevertheless, always a sacred space exists. He says that it is impossible to describe the architecture of this cockpit, since the space transforms since does it in Boris Vian’s novel when the music sounds. He does not remember the name of the novel. Only he asks him to the stay for two qualities: silence and isolation. The silence of a niche – quilted and wrapped of books – destined to the meaning of a word peeling it after other one. And the isolation, which major peculiarity resides in the agreement that had to come with the cook and the movie fan in order that his sacred space could be profaned and this way to avoid the comportamiento sociópatas that the expert was showing. The above mentioned agreement, it materialized with the displacement of a few sliding doors that allow the design of other environments thank you, among other things, at the arrival of smells of the one that prepares a ceviche or of the calm sound Massive Attack’s Bristol that someone has just reproduced.

The pathologist. We do not know if it exists in yes or is a secret slope of the expert, who not only attends to the logical order of the letters, but also to that of the cells. His participation in the social life is void. Even this way, they all know where to find him, it has done of the back of the ceramic curtain his natural habitat. From this position it controls the incision of the natural light in his atmosphere, being the artificial one, that of the microscope, the protagonist of such a medical environment. Vividor of a time and I spread much more extensive than the rest of inhabitants, the pathologist monitors the housing from his position of control, and when his mind trumps him, when it is distracted by the voices of a conversation in the sofa or by the sound of a vinyl, only it has to traverse this curtain that leaves to the overdraft his angry face but of extreme concentration, in order that the rest, with the knowledge of the meaning that one, stops any interference espacial.s of the meaning of what it means, there detains any intromisiy the spatial cinón that it realizes.

The movie fan. It shows fetishism for the objects that allow him to have the control on the movies that it sees, on the sound that comes to him or on the repetition of the scenes. The weekends it organizes, concerning his control of being able distantly, cycles of cinema in a curl endless number. In this moment, the dispute takes place: conflicts for occupying the best position of the sofa; for turning into voyeurs and dominating the perspective up to the guests’ bedroom; or for simply, to look out of the corner of the eye and cotillear to the expert after this rack that it does not conceal.

The movie fan is capricious, and as good lover of the cinema it can use the dialog to convince. To a little time, with the argument – or script – of which there is no better way of cooking that seeing a good movie, sedujo to the cook to have a television in his space. Since then, they all meet once a month all to enjoy a food linked with a masterpiece of the cinema. The last one was two weeks ago, while Loves saw dogs, the cook presented to his retainers an impressive digest of Mexican food.

The collector of art. It differs because always it looks abreast. It has a relation with the vertical hanging difficult to deal for the inhabitants of the plane XY. The collector is, in addition, a trilero of the word: the only personage who possesses the consent of the others to maraud for all the spaces of the housing. One they was convincing one in the importance of the art in his lives. Always he remembers that the most stubborn was the expert invoking not to need anything any more than his books, to what the collector had to run through him:

“But was not it Dostoievski who was saying that the beauty will save the world? Do not you think that to have in your stay the best of my pictures you can bring over to him?”

From this moment the expert reads opposite to Derain’s picture.

Recalling past conversations, feeling the future ones and showing almost spectral images, it is the way in which this housing achieves his maximum compression. The materialization of the masks that his owner has been accumulating throughout the time, and that two old friends bring to the process as John Hejduk and Saul Steinberg, shape the narrative of the project. And what it pleases and stuns of her, is the inability to show the only speech in such a multiple universe in which it lives and all his being feels. The inhabitant, in his to live spatially, establishes a fethishistic relation with his objects and espacialidades that originates so many houses since him be necessary. The «thousand and one» House.

Work: Thousand and one House.
Architects: Joaquín Juberías – Paula Aranda
Text: Víctor Manuel Cano – Joaquín Juberías
Collaborators: Víctor Manuel Cano
Construction company: Selecta HOME
Photography: Germán Cabo
Location: Alicante, Spain
Ceramic curtain: Joaquín Juberías
Interior area: 115,00 m2
Budget (P.E.M.): 120.000 €

[:]

veredes
veredeshttps://veredes.es/
Surge enero de 2009 como búsqueda de satisfacer el conocimiento de la actividad arquitectónica y tangentes que se generan. La idea es crear un espacio para divulgar los diversos proyectos en busca de nueva inspiración y de intercambio.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS