[:es]

Parece que cada vez hay más publicaciones digitales que hablan de la dura realidad en que se encuentra inmerso el mundo de la arquitectura. Muchas veces, leyendo entre líneas los comentarios de artículos de medios de gran difusión, se encuentran visiones mucho más interesantes que lo que las propias publicaciones apuntan. Así que, hoy no toca hablar ni de la belleza, ni de la luz ni del espacio, esto lo dejamos para otro día. Si os animáis, vamos a por la parte menos divertida de la profesión.
La arquitectura es un mundo complicado. Una vez que eres arquitecto, tu vida da un giro de 180 grados y cambia tanto para bien como para mal. Es como un bicho que te pica y ya no te suelta, te hace ver la realidad de manera diferente y, en muchos casos, distinta al resto de los mortales. Desde que entramos en la carrera somos absorbidos por la magia de los grandes proyectos de arquitectura, pero al mismo tiempo, nos vamos convirtiendo en seres un tanto particulares y, por que no decirlo, egocéntricos. Seguramente, a las escuelas ya llegan los egos bastante subidos de tono, pero salvo raras excepciones, la propia universidad se encargará de que ese ego haga de ti un gran artista, un verdadero arquitecto. De esos que salen en el croquis y demás publicaciones de buen ver (por supuesto en papel, nada de esos endiablados blogs que hablan de cualquier cosa).
A esta realidad, hay que sumar el hecho de que en las aulas difícilmente se hable nada cercano al “mundo real”. Este es un gran secreto que se encargan de guardar a cal y canto los ilustres profesores que evangelizan sobre lo que es y no es arquitectura. Así, en muchas ocasiones, convierten a los alumnos en perfectos autómatas, que si algún día hacen un museo (como los de Kahn, of course) lo harán de maravilla. Pero de momento, lo que habrán aprendido es a hacer excelentes presentaciones para que en sus ratos libres se den una vuelta por el estudio del profesor de turno y le ayuden a terminar algún concurso.
Evidentemente, el alumno no desfallecerá hasta que el concurso quede niquelado. Porque otra cosa, no, pero entregados los arquitectos (o estudiantes en este caso) son lo más de lo más. Mientras esto ocurre, el resto de la profesión no puede competir en igualdad de condiciones. Porque, si partimos de la base de que quien tiene el estudio lleno de “becarios” no es manco precisamente proyectando (una cosa no quita la otra) y tiene a los mejores alumnos haciendo “tres des”, que harán las delicias del político más exigente, el tema se presenta más que complicado.
Así que, mientras esta competencia, cuando menos desleal, no asusta al entusiasta colectivo de arquitectos, el sistema parece ser asumido por casi todos. Seguimos presentándonos a concursos con bases infernales, jurados vergonzosos y sabiendo que aunque solo sea por probabilidades (una entre cien, no parecen ser muchas, ¿no?) no nos comeremos un rosco en el concurso.
La realidad es que la arquitectura es importante ¡cómo no va a serlo! pero no puede ser que se realice a cualquier precio. Hasta cuándo el poco trabajo que hay para realizar planes generales, se lo seguirán repartiendo entre cuatro estudios de urbanismo que se encargan de que nadie pueda competir contra ellos a la hora de conseguir un proyecto a de escala uno mil. Es tentador entrar ahora a hablar de la inutilidad de estos planes generales, pero esto lo dejamos para otro día. Lo que nos importa hoy es poner encima de la mesa, que la arquitectura está muy bien, que a todos nos encanta (cierto es, que a unos más que a otros), pero como no nos pongamos las pilas, los arquitectos lo vamos a seguir teniendo muy crudo.
Las ingenierías, mal que bien, son mucho más organizadas que nosotros. Trabajan más rápido y son más eficientes. Sabemos que mientras alguno está leyendo esto, tiene infinitas ganas de estrangularnos, pero es así como lo vemos. Y también, vemos que para ellas es muy fácil tener algún arquitecto en sus filas (nadie se lo impide y tontas no son) y competir por cualquier encargo contra el más aguerrido estudio de arquitectura. Con esto no decimos que el sistema sea bueno, ni siquiera que nos guste, sino que es así y, en cuatro días, va a ser mucho peor.
Mientras que a los arquitectos nos cuesta entregar un proyecto que no esté bordado, otros sectores saben que lo perfecto no es una meta a la que aspirar. Aquí nuevamente, nos tienta entrar en criticar los “cacharros” que salen de estos sistemas tan eficientes, pero hoy no es lo que toca. Hoy toca incidir en que si para hacer arquitectura con mayúsculas, las espaldas de algunos compañeros tienen que esquivar los latigazos del gurú de turno, nosotros nos desapuntamos del equipo campeón.
Ser arquitecto y/o tener un estudio de arquitectura debería ser sinónimo de haber tenido un mínimo sentido empresarial. Pero no, el arquitecto es arquitecto, y no se rebaja a ser como el común de los mortales. Es mucho más divertido, “apañárselas” como se pueda mientras se saca tiempo para hacer metalenguajes (muchos a posteriori), divinos decálogos y ser estrellas de la telebasura.
Así creemos que está el patio. Mal, muy mal. No somos nada positivos, lo sabemos. Ni tenemos la varita mágica para que esto cambie, también lo sabemos. Y también es cierto, que nada está más lejos de nuestras intenciones, que quitar la ilusión por la arquitectura a nadie (¡Dios nos libre!). Pero para seguir hablando del sexo de los ángeles, de vez en cuando, no viene mal tocar tierra, ver como está el percal y ponerlo encima de la mesa.
A partir de ahora, os pasamos el testigo y esperamos vuestra opinión sobre el tema. Seguro que alguno, mientras ya se ha apuntado a clases de alemán, corrobora nuestra visión. Otros nos tildarán de exagerados y derrotistas. Pero, aun así, nosotros pensamos que nuevos tiempos (en los que se normalizará la opinión constructiva, realista y educada, no ya de unos pocos, sino de casi todos) están por llegar.
Stepienybarno_Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó, arquitectos
Estella, febrero 2011
[:en]

It seems that every time there are more digital publications that speak of the hard reality in that it finds immersed the world of the architecture. Many times, reading between lines the comments of articles of means of big diffusion, find visions much more interesting that what the own publications aim. So, today it does not touch to speak neither of the beauty, neither of the light neither of the space, this leave it for another day. If you encourage you, we go to by the less amused part of the profession.
The architecture is a world complicated. Once that you are architect, your life gives a twist of 180 degrees and changes so much for well as for bad. It is like a bicho that hammers you and no longer you loose, does you see the reality differently and, in a lot of cases, distinct to the rest of the mortal. Since we go in in the career are absorbed by the magic of the big projects of architecture, but at the same time, go us turning into beings a so many individuals and, by that not to say it, egocentric. Surely, to the schools already arrive the egos quite gone up of tone, but except rare exceptions, the own university will commission that this ego do of you a big artist, a true architect. Of those that go out in the croquis and other publications of good see (of course in paper, at all of these endiablados blogs that speak of anything).
To this reality, it is necessary to add up the fact that in the classrooms difficultly one speaks not near at all to the “real world”. This one is a great secret that they take charge guarding to lime and I sing the illustrious teachers who evangelize on what is and is not an architecture. This way, in many occasions, they turn the pupils into perfect automatons, which if some day they do a museum (as those of Kahn, of course) will do it of marvel. But at the moment, which they will have learned is to doing excellent presentations in order that in his free moments they give themselves a return for the study of the teacher of shift and help him to finish some contest.
Evidently, the pupil will not get weak until the contest remains nickel-plated. Because another thing, not, but delivered the architects (or students in this case) are more than more. While this happens, the rest of the profession cannot compete in equality of conditions. Because, if we depart from the base from that the one who has the study full of “scholars” is not one-handed precisely projecting (a thing does not remove other one) and has the best pupils doing “3D”, that will do the delights of the most demanding politician, the topic appears more than complicated.
So, while this competition, less disloyal when, it does not scare the collective enthusiast of architects, the system seems to be assumed for almost all. We are still appearing to contests with infernal bases, shameful jurors and knowing that though only it is for probabilities (one between hundred, they do not seem to be many, not?) we will not eat up a ring-shaped roll in the contest.
The reality is that the architecture is important how it it is not going to be! But it cannot be that is realized to any price. Till when little work that exists to realize general plans, it will continue distributed between four studies of urbanism that they entrust of that nobody could compete against them at the moment of a project obtains to on a large scale one thousand. It is tempting to begin to speak now about the uselessness of these general plans, but we leave this for another day. What matters for us today is to put on the table, that the architecture is very nice, that they all are charmed with (certain it is, that to some more that to others), but since let’s not put on the batteries, the architects we are going to continue having it very raw.
The engineerings, evil that good, they are great more organized that we. They work more rapid and are more efficient. We know that while someone is reading this, it has desire infinite of strangling ourselves, but it is as well as we see it. And also, we see that for them it is very easy to have some architect in his rows (it one prevents nobody and silly they are not) and to compete for any order against the most seasoned study of architecture. With this we do not say that the system should be good, not at least that we like, but it is like that and, in four days, it is going to be much worse.
Whereas it is difficult to the architects to deliver a project that is not embroidered, other sectors know that the perfect thing is not a goal to which to aspire. Here again, it tries to enter us in criticizing the “pots” that go out of these so efficient systems, but today it is not what touches. Today it has to affect in that if to do architecture with capital letters, the backs of some companions have to avoid the lashes of the guru of shift, we us desapuntamos of the champion equipment.
To be an architect and/or to have a study of architecture should be synonymous of having had a minimum felt managerial. But not, the architect is an architect, and does not stoop to being like the common one of the mortal ones. It is much more enterteining, “to contrive them” since one could while it is extracted time to do metalanguages (many a posteriori), divine decalogues and to be stars of the telerubbish.
This way we believe that the court is. Badly, very badly. We are not not positive at all, know it. We do not even have the magic wand in order that this changes, also we know it. And also it is true, that nothing is beyond of our intentions, that to take the illusion for the architecture from nobody (God forbid!). But to continue speaking about the sex of the angels, occasionally, it does not come badly to touch land, to see since the muslin is and to put it on the table.
From now, we happen to you the witness and wait for your opinion about the topic. It is sure that some, while already it has signed to German classes, he corroborates our vision. Others will label us of exaggerated and defeatists. But, even this way, we think that new times (in those that there will settle down the constructive, realistic and polite opinion, not already of some few ones, but of almost all) are for coming.
Stepienybarno_Agnieszka Stepien and Lorenzo Barnó, architects
Estella, february 2011
[:gl]

Parece que cada vez hai máis publicacións dixitais que falan da dura realidade en que se atopa inmerso o mundo da arquitectura. Moitas veces, lendo entre liñas os comentarios de artigos de medios de gran difusión, atópanse visións moito máis interesantes que o que as propias publicacións apuntan. Así que, hoxe non toca falar nin da beleza, nin da luz nin do espazo, isto deixámolo para outro día. Se vos animades, imos a por a parte menos divertida da profesión.
A arquitectura é un mundo complicado. Unha vez que es arquitecto, a túa vida dá un xiro de 180 graos e cambia tanto para ben como para mal. É como un bicho que che pica e xa non sóltache, faiche ver a realidade de maneira diferente e, en moitos casos, distinta ao resto dos mortais. Desde que entramos na carreira somos absorbidos pola maxia dos grandes proxectos de arquitectura, pero ao mesmo tempo, ímonos convertendo en seres un tanto particulares e, por que non dicilo, egocéntricos. Seguramente, ás escolas xa chegan os egos bastante subidos de ton, pero salvo raras excepcións, a propia universidade encargarase de que ese ego faga de ti un gran artista, un verdadeiro arquitecto. Deses que saen no esbozo e demais publicacións de bo ver (por suposto en papel, nada deses endiablados blogs que falan de calquera cousa).
A esta realidade, hai que sumar o feito de que nas aulas dificilmente se fale nada próximo ao “mundo real”. Este é un gran segredo que se encargan de gardar a cal e canto os ilustres profesores que evanxelizan sobre o que é e non é arquitectura. Así, en moitas ocasións, converten os alumnos en perfectos autómatas, que se algún día fan un museo (como os de Kahn, of course) o farán de marabilla. Pero de momento, o que terán aprendido é a facer excelentes presentacións para que nos seus anacos libres se dean unha volta polo estudo do profesor correspondente e lle axuden a rematar algún concurso.
Evidentemente, o alumno non desfalecerá ata que o concurso quede niquelado. Porque outra cousa, non, pero entregados os arquitectos (ou estudantes neste caso) son o máis do máis. Mentres isto acontece, o resto da profesión non pode competir en igualdade de condicións. Porque, se partimos da base de que quen ten o estudo cheo de “bolseiros” non é manco precisamente proxectando (unha cousa non quita a outra) e ten os mellores alumnos facendo “tres deas”, que farán as delicias do político máis esixente, o tema preséntase máis que complicado.
Así que, mentres esta competencia, cando menos desleal, non asusta ao entusiasta colectivo de arquitectos, o sistema parece ser asumido por case todos. Seguimos presentándonos a concursos con bases infernais, xurados vergonzosos e sabendo que aínda que só sexa por probabilidades (unha entre cen, non parecen ser moitas, ¿non?) non comeremos un rosco no concurso.
A realidade é que a arquitectura é importante ¡como non vai a selo! pero non pode ser que se realice a calquera prezo. Ata cando o pouco traballo que hai para realizar plans xerais, seguiránllelo repartindo entre catro estudos de urbanismo que se encargan de que ninguén poida competir contra eles á hora de conseguir un proxecto a de escala mil. É tentador entrar agora a falar da inutilidade destes plans xerais, pero isto deixámolo para outro día. O que nos importa hoxe é poñer enriba da mesa, que a arquitectura está moi ben, que a todos nos encanta (certo é, que a uns máis que a outros), pero como non nos poñamos as pilas, os arquitectos ímolo seguir tendo moi cru.
As enxeñarías, mal que ben, son moito máis organizadas ca nós. Traballan máis rápido e son máis eficientes. Sabemos que mentres algún está a ler isto, ten infinitas ganas de estrangularnos, pero é así como vémolo. E tamén, vemos que para elas é moi doado ter algún arquitecto nas súas filas (ninguén llo impide e parvas non son) e competir por calquera encargo contra o máis aguerrido estudo de arquitectura. Con isto non dicimos que o sistema sexa bo, nin sequera que nos guste, senón que é así e, en catro días, vai ser moito peor.
Mentres que aos arquitectos nos custa entregar un proxecto que non estea bordado, outros sectores saben que o perfecto non é unha meta á que aspirar. Aquí novamente, téntanos entrar en criticar os “cacharros” que saen destes sistemas tan eficientes, pero hoxe non é o que toca. Hoxe toca incidir en que se para facer arquitectura con maiúsculas, as costas dalgúns compañeiros teñen que esquivar os lategazos do gurú correspondente, nós nos desapuntamos do equipo campión.
Ser arquitecto e/ou ter un estudo de arquitectura debería ser sinónimo de ter tido un mínimo sentido empresarial. Pero non, o arquitecto é arquitecto, e non se rebaixa a ser como o común dos mortais. É moito máis divertido, “apañalas” como se poida mentres se saca tempo para facer metalinguaxes (moitos a posteriori), divinos decálogos e ser estrelas do telelixo.
Así cremos que está o patio. Mal, moi mal. Non somos nada positivos, sabémolo. Nin temos a vara máxica para que isto cambie, tamén o sabemos. E tamén é certo, que nada está máis lonxe das nosas intencións, que quitar a ilusión pola arquitectura a ninguén (¡Deus nos libre!). Pero para seguir falando do sexo dos anxos, de cando en vez, non vén mal tocar terra, ver como está o percal e poñelo enriba da mesa.
A partir de agora, pasámosvos a testemuña e esperamos a vosa opinión sobre o tema. Seguro que algún, mentres xa se apuntou a clases de alemán, corrobora a nosa visión. Outros acusarannos de esaxerados e derrotistas. Pero, aínda así, nós pensamos que novos tempos (nos que se normalizará a opinión construtiva, realista e educada, non xa duns poucos, senón de case todos) están por chegar.
Stepienybarno_Agnieszka Stepien e Lorenzo Barnó, arquitectos
Estella, febreiro 2011
[:]





Félix de Azúa: Nunca profetices en tu tierra | jotdown
Este juicio apodíctico de que nadie puede anunciar el futuro de su propio país, no sé hasta qué punto sea cierto para todos los países, pero sí que lo es para el nuestro. Me fui a un París lluvioso y gris, al congreso organizado por la Sorbona Paris-3 y la Diderot Paris-7 sobre Juan Benet. Nunca se ha celebrado nada semejante en las universidades españolas. No abunda el interés por quien sin duda es el más importante escritor de
la posguerra. Está bien, uno de los más importantes.
[…]
Félix de Azúa
http://goo.gl/UHORXS