A su aire | Sergio de Miguel

Boceto del Colegio Maravillas, Alejandro de la Sota

En 1962, el inolvidable Sota nos dejó una joya en Madrid.

Un gimnasio, para un colegio. Un edificio transición. Una sección. Una actitud. Un ejercicio de bondad arquitectónica.

Había que salvar un desnivel incorporando una ampliación al colegio Maravillas. Resolver el escalón. Dando un suelo al patio de juegos por arriba y una fachada a la calle por abajo.

Y en medio un prodigio.

La memoria del proyecto explica:

“Terreno existente en fuerte ladera; muros de contención escalonados de hormigón en masa. Diferencia de cotas entre calle de fachada y patio superior, 12 metros. Orientación, Mediodía. Accesos, inferior desde la calle y superior desde el patio. Sótano destinado a vestuarios del gimnasio y campo de entrenamiento de hockey sobre patines; planta baja, a cancha de juegos y cuarto de profesores de gimnasia. Entreplantas primera y segunda, congregaciones, antiguos alumnos y psicotecnia. Planta alta destinada a Museos de Ciencias Naturales, Física, salas de conferencias, de juegos, de Música, lectura, etc. Patio superior para juegos al aire libre, continuación del más reducido, ya existente.

Tema dominante: gimnasio cubierto.
Estructura de hormigón en sótanos, de hierro el resto. En la sala, pilares de ocho metros de altura separados a seis metros, soportando vigas-puente de 20 metros de luz. Forjados de viguetas metálicas y Viroterm, absorbente de ruidos, en la línea baja de las vigas, utilizado conjuntamente como piso de las plantas superiores y techo del gimnasio. Suelo elástico de madera en cancha. Se trató de conseguir un ambiente cargado de humanidad, neutralizador de la frialdad gimnástica; se usaron materiales calientes en color y materia; fue ésta la principal preocupación arquitectónica ambiental.”

Y Sota, años después, apunta:

“Este edificio del año 62 nació a su aire. Preocupados con los problemas urbanos, aprovechamiento del mal solar, económicos, no dio margen para preocuparse por una arquitectura determinada; por eso carece de cualquiera de ellas. Tal vez sea otra; tal vez. Explicarlo llevaría a la polémica de: Arquitectura sí, Arquitectura no. Situado el volumen del gimnasio propiamente dicho en la cota justa, se añaden por el arquitecto al programa el sótano, las clases (cubierta del gimnasio) y la terraza (patio de juegos) en la cota del Colegio. Con la elección de la estructura apropiada se consiguen, en el interior del gimnasio y las clases, efectos arquitectónicos.

Los miradores exteriores le devuelven al gran muro la escala urbana. Se remata todo con la valla de protección del patio, que juega con el conjunto y también es fachada.”

Nos dejó sus “efectos arquitectónicos”. Nos regaló muchas lecciones “cargadas de humanidad”.

Pero lo más elocuente, a mi juicio, es que naciera “a su aire”.

Su comentario acaba diciendo:

“El gimnasio de Maravillas tiene ya 22 años. No sé por qué lo hice así pero lo que sí sé es que no me disgusta haberlo hecho. Creo que el no hacer Arquitectura es un camino para hacerla y todos cuantos no la hagamos habremos hecho más por ella que los que, aprendida, la siguen haciendo. Entonces se resolvió un problema y sigue funcionando y me parece que nadie echa en falta la Arquitectura que no tiene.”

Cómo hacer sin hacer. Cómo construir “sin arquitectura”. Cómo habitar con silencios.

Pasados ya muchos años desde su desaparición, Sota sigue contando.

Su actitud de renuncia, su desbordante inteligencia arquitectónica, ponen a nuestro alcance algo más que “maravillosos” edificios. Ponen de relieve la existencia de una “no arquitectura”.

El poder de la negación.

El aire es de todos.

Obra del Colegio Maravillas, Alejandro de la Sota

Sergio de Miguel, arquitecto
Madrid, marzo 2010

Sergio de Miguel García

Ph.D. Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid, (ETSAM) 2016.
M.A. Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid, (ETSAM) 1990.
Profesor en la Universidad Politécnica de Madrid, (ETSAM) desde 1995.

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