Será | Sergio de Miguel

Luis Pabón. Plano de metro en las estrellas. 2007.
Luis Pabón. Plano de metro en las estrellas. 2007.

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Cien años de soledad. Gabriel García Márquez

Por alguna razón o intuición tendemos a pensar adoptando códigos temporales. Nos detenemos en la direccionalidad exacta que nos proporciona la experiencia del pasado, el aprovechamiento del presente y el perfeccionamiento del futuro. Pero aunque por puro discernimiento pudieran parecer estados mentales estancos e independientes, es palpable que nunca lo son. Establecemos el presente con recurrentes guiños del pasado y posibilistas anhelos de futuro. Nada es estático e intemporal.

No nos sería posible juzgar, evaluar, establecer, afirmar, sin localizar referencias puro temporales. Tanto pretéritas como futuras. Tanto es así que nuestro quehacer como arquitectos es proyectar. Una actividad que se detiene en prevenir un futuro. La posibilidad de los hechos. Donde la realidad se acomoda a lo que puede y quiere ser.

Si atendemos al mago Borges cuando razona:

“la línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes…” ,

y somos capaces de reconocer no sólo un evolucionado concepto del espacio, sino además, una nueva manera de sentir el tiempo, quedará superada la milenaria imagen de Heráclito, en la que el tiempo se asemeja a un río, lineal e invariable. Más aún, si vemos en el tiempo una cualidad propia de las presencias, con todas sus dimensiones y unida a sus características espaciales, estaremos ante una más precisa noción de la realidad. Caeremos en la cuenta de que el concepto tiempo está inseparablemente ligado a las cosas.

Hay que reconocer que merodeamos. Que deambulamos por un recorrido nunca predeterminado. Saliendo al paso de bifurcaciones y opciones que llaman constantemente nuestra atención. Seleccionamos, guardamos, cazamos o coleccionamos. Pero proseguimos. La cuerda sin fin. A menudo nuestro recorrido es circular. Muchas veces espiral. Procediendo a rodear progresivamente nuestros intereses sin apenas tocarlos. Sin alterarlos. Cultivando la actitud de la eficiente paciencia. Y sólo descansamos junto a nuestro objetivo el tiempo necesario para vislumbrar nuevos horizontes.

El movimiento es y quiere ser continuo. La concatenación de acciones y pensamientos nos pasea por el feliz estado de alerta en el que consumimos nuestra energía. Nuestra vida. Y es en ese territorio de pasos perdidos, de sucesivos segmentos recorridos, donde nos encontramos cuando queremos explicar nuestra existencia. Habitamos una nube de puntos. Un lugar multidimensional de interconexiones sin límites. Un espacio de movilidad que sustituye las fronteras por nudos. Sin mapas.

Sostenemos con insistencia que todo además de ser significa. Mejor dicho, será…

Sergio de Miguel, Doctor arquitecto
Madrid, Junio 2018
Publicado en Grupo docente y de investigación para la arquitectura Grupo 4! de la ETSAM.

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