InicioartículosConsumidores y consumistas | José Ramón Hernández CorreaConsumidores e consumistas | José...

[:es]Consumidores y consumistas | José Ramón Hernández Correa[:gl]Consumidores e consumistas | José Ramón Hernández Correa[:en]Consumers and consumers | José Ramón Hernández Correa[:]

[:es]

Ahora que se nos cae la política, que se nos cae la ideología, que se nos cae la cultura, la fe, la estructura… todo, la única certeza que nos queda es que vivimos en una sociedad de consumo y que el consumismo sigue siendo el rey de todo.

No nos damos cuenta, pero nosotros, que ya no somos (o apenas somos) ciudadanos, lo que sí somos es consumidores, que al parecer vale mucho más.

Los consumidores mandamos, y lo hacemos con un poder absoluto. No tenemos que dar cuentas a nadie. Somos soberanos por nuestro capricho, porque sí, porque nos da la gana.

No tenemos que justificar nada, ni explicar nada, ni tener razón. Somos los amos y podemos comportarnos, si queremos, como niños caprichosos. Podemos ser políticamente incorrectos, injustos, lo que queramos. Puedo dejar de comprar un champú porque no me gusta la cancioncilla de fondo del anuncio, y puedo comprar un modelo de zapatilla porque me encanta esa chica que la anuncia. Sí; ya lo sé: Los publicistas saben todo eso y nos manipulan. Ya. Pero démosle la vuelta a la idea.

En los albores de la publicidad se anunciaban las propiedades del producto anunciado. ¡Pardillos! ¿Veis ahora que algún anuncio explique cómo es lo que anuncia?

Just do it. La chispa de la vida. Be water, my friend. I’m lovin’ it.

Pues por eso mismo. Saben que consumimos a ciegas, sí, pero también que consumimos a capricho, y temen que nuestro capricho les traicione y les deje con el culo al aire.

Dejemos esa idea ahí, fermentando o madurando, y mientras tanto veamos este fragmento de la planta sótano de un edificio de viviendas. Está sacado de un folleto de una oficina inmobiliaria. Es decir: Es así como pretenden vendernos un piso. Aparece el plano del piso y, al lado, el del sótano con la plaza de aparcamiento y el trastero que le corresponden.
No es un ejemplo especialmente torpe ni especialmente siniestro. Es bastante convencional. Es lo que hay.

¿Podéis mirar durante unos segundos la rampa y la plaza en cuestión? ¿Y el pilar? ¿Podéis imaginaros aparcando ahí?

Consumidores y consumistas | José Ramón Hernández Correa

Pues la gente lo compraba en un pispás en «los buenos tiempos». Siempre he pensado que muchos prestaban más atención a la compra de unos pantalones que a la de su casa.

La gente iba a las oficinas de ventas de las urbanizaciones los sábados o los domingos, cuando no había tráfico en la carretera, y se creían ciegamente lo que se les decía: que ese bloque de pisos en el Km 65 estaba a 15 minutos de Madrid. (Juro que lo he visto en una publicidad inmobiliaria de unos pisos de Ocaña (Toledo): a 15 minutos de Madrid. Ni en el Air Force One). Y se dejaban engañar sabiendo que les estaban engañando.

-A ver: ¿Usted de dónde viene?
-De Madrid.
-¿Y cuánto ha tardado?
-Una hora y cuarto, pero porque era domingo. Seguro que un miércoles a las siete y media de la mañana sí que tardo esos quince minutos.

El resto de su vida en un atasco. Ojos ciegos. Tampoco parecían darse cuenta de las enormes naves industriales que tenían justo enfrente, y que, por ser domingo, estaban cerradas y silenciosas.

De verdad: Un pantalón se lo prueban primero, y miran un par de ellos en un par de tiendas. Pero un chalet no. Ni un piso. El piso a que se refiere el dibujo de arriba ni lo enseño. ¿Para qué? También es muy «convencional». Lo que hay. Lo que se lleva.
(Por cierto: Tiene «cocina americana». Sigo sin saber lo que es eso. Yo he visto en la tele las cocinas de Bill Cosby, del Príncipe de Bel Air, de Las Chicas de Oro, de Los Simpsons, de Padre de Familia, de Dos Hombres y Medio, de Modern Family… ¿Qué es eso de «cocina americana»? Sheldon Cooper y Leonard Hofstadter la tienen integrada en el salón, sí, pero amplia y cómoda, no una especie de minibarra contra la pared y pegada al sofá).

El del edificio que estoy diciendo es un solar en el que hubo una casa «de pueblo» de dos plantas y patio trasero. Una casa. Una sola casa. Se derribó y ahora hay un edificio con sótano, tres plantas y «bajo cubierta», con un total de siete apartamentos. Siete.

Parece mentira que cumpla la normativa sobre pendientes de rampa, radios de giro, dimensiones de la plaza… e incluso parece mentira que los servicios técnicos del ayuntamiento respectivo dieran su informe favorable y los concejales pelaran cigalas a costa de esta promoción. Parece mentira. Pero lo que más mentira parece es que alguien la comprara. Lo más increíble de todo es que estuviéramos todos tan locos que compráramos ese tipo de cosas.

La gente, en general, no entiende los planos, pero se compraban sus casas sobre plano, porque era imposible esperar a que estuvieran construidas. «¡Vamos, vamos, que me las quitan de las manos!»
Así era. Se las quitaban.

-¿Y cuánto cuesta el piso?
-Ciento ochenta mil euros.
-¿Cuánto ha dicho?
-Doscientos mil euros.
-Muy bien. Lo voy a pensar.
-Doscientos veinte mil.
-¡Qué narices! ¡Lo compro!
-Muy bien. Ha hecho usted una buena compra por doscientos cuarenta mil euros.
-Sí. La verdad es que he tenido mucha suerte.

¿Alguien se ha comprado un pantalón sobre el patrón? No. Nos lo probamos. Nos probamos varios. Incluso vamos a varias tiendas. Y la vivienda que vamos a estar pagando durante treinta años (si mantenemos el empleo y la nómina) la comprábamos a tontas y a locas.
¿No somos consumidores? ¿No somos los reyes del sistema?

Vuelvo al inicio.
Un ejemplo: Hace tiempo la Asociación de Víctimas del Terrorismo publicó la lista de los que se anunciaban en Egin. Mucha gente dejó de comprar esos productos o contratar esos servicios. Algunos de los anunciantes se quejaron de lo injusto que resultaba…, etc, y trataron de explicar…, etc. La respuesta de esos consumidores díscolos fue muy clara: «No me dé usted sus razones. Seguro que las tiene. Pero es que no me da la gana seguir siendo cliente suyo». Ante esto, ¿qué se puede hacer? Nada. Absolutamente nada. En el consumo uno es soberano de sí mismo y de sus decisiones. Y además es un soberano absolutista, tan tirano y caprichoso como le dé la gana.

Entonces, ¿por qué no se hizo algo parecido con las casas?
Se echa la culpa de todos los desastres urbanísticos a los promotores, a los políticos, a los arquitectos. Muy bien; asumamos todos la parte que nos toca. Pero yo veía que quienes compraban los chalés y pisos a cuarenta o cincuenta kilómetros de Madrid estaban encantados. Y quienes se compraban un apartamento en Benidorm o en Torrevieja, desde el que no se veía el mar, estaría bueno, sino el parking de un Mercadona, también eran muy felices.

¿Qué nos pasó a todos? ¿Nos curará la crisis de tanta tontería? Me temo que no. Estoy escuchando a mucha gente que está deseando que se termine la crisis para volver a hacer el animal.

No apelo a nuestro espíritu, ni a nuestra ciudadanía, ni a nuestra inteligencia, ni a nuestra bonhomía, ni a nuestra ética. No. No apelo a nada más que a nuestro consumismo.

José Ramón Hernández Correa · Doctor Arquitecto
Toledo · noviembre 2013

[:gl]

Agora que nos cae a política, que se nos cae a ideoloxía, que se nos cae a cultura, a fe, a estrutura… todo, a única certeza que nos queda é que vivimos nunha sociedade de consumo e que o consumismo segue sendo o rei de todo.

Non nos decatamos, pero nós, que xa non somos (ou apenas somos) cidadáns, o que si somos é consumidores, que ao parecer vale moito máis.

Os consumidores mandamos, e facémolo cun poder absoluto. Non temos que dar contas a ninguén. Somos soberanos polo noso capricho, porque si, porque nos dá a gana.

Non temos que xustificar nada, nin explicar nada, nin ter razón. Somos os amos e podemos comportarnos, se queremos, como nenos caprichosos. Podemos ser politicamente incorrectos, inxustos, o que queiramos. Podo deixar de comprar un xampú porque non me gusta a canción de fondo do anuncio, e podo comprar un modelo de zapatilla porque me encanta esa rapaza que a anuncia. Si; xa o sei: Os publicistas saben todo iso e manipúlannos. Xa. Pero deámoslle a volta á idea.

Nos albores da publicidade anunciábanse as propiedades do produto anunciado. ¡Pardais! ¿Vedes agora que algún anuncio explique como é o que anuncia?

Just do it. A faísca da vida. Be water, my friend. I’m lovin’ it.

Pois por iso mesmo. Saben que consumimos ás cegas, si, pero tamén que consumimos a capricho, e temen que o noso capricho lles traizoe e os deixe co cu ao aire.

Deixemos esa idea aí, fermentando ou madurando, e mentres tanto vexamos este fragmento da planta soto dun edificio de vivendas. Está sacado dun folleto dunha oficina inmobiliaria. É dicir: É así como pretenden vendernos un piso. Aparece o plano do piso e, ao lado, o do soto coa praza de aparcadoiro e o rocho que lle corresponden.

Non é un exemplo especialmente torpe nin especialmente sinistro. É bastante convencional. É o que hai.

¿Podedes mirar durante uns segundos a rampla e a praza en cuestión? ¿E o piar? ¿Podedes imaxinarvos aparcando aí?

Consumidores e consumistas | José Ramón Hernández Correa

Pois a xente comprábao nun pispás en «os bos tempos». Sempre pensei que moitos poñían máis atención á compra duns pantalóns que á da súa casa.

A xente ía ás oficinas de vendas das urbanizacións os sábados ou os domingos, cando non había tráfico na estrada, e crían cegamente o que se lles dicía: que ese bloque de pisos no Km 65 estaba a 15 minutos de Madrid. (Xuro que o vin nunha publicidade inmobiliaria duns pisos de Ocaña (Toledo): a 15 minutos de Madrid. Nin no Air Force One). E deixábanse enganar sabendo que os estaban a enganar.

-A ver: ¿Vostede de onde vén?

-De Madrid.

-¿E canto tardou?

-Unha hora e cuarto, pero porque era domingo. Seguro que un mércores ás sete e media da mañá si que tardo eses quince minutos.

O resto da súa vida nun atoamento. Ollos cegos. Tampouco parecían decatarse das enormes naves industriais que tiñan xusto en fronte, e que, por ser domingo, estaban pechadas e silenciosas.

De verdade: Un pantalón próbanseo primeiro, e miran un par deles nun par de tendas. Pero un chalé non. Nin un piso. O piso a que se refire o debuxo de arriba nin o ensino. Para que? Tamén é moi «convencional». O que hai. O que se leva.

(Por certo: Ten «cociña americana». Sigo sen saber o que é iso. Eu vin na tele as cociñas de Bill Cosby, do Príncipe de Bel Air, de Las Chicas de Oro, de Los Simpsons, de Padre de Familia, de Dous Homes e Medio, de Modern Family… ¿Que é iso de «cociña americana»? Sheldon Cooper e Leonard Hofstadter téñena integrada no salón, si, pero ampla e cómoda, non unha especie de minibarra contra a parede e pegada ao sofá).

O do edificio que estou a dicir é un soar no que houbo unha casa «de pobo» de dúas plantas e patio traseiro. Unha casa. Unha soa casa. Derrubouse e agora hai un edificio con soto, tres plantas e «baixo cuberta», cun total de sete apartamentos. Sete.

Parece mentira que cumpra a normativa sobre pendentes de rampla, raios de xiro, dimensións da praza… e mesmo parece mentira que os servizos técnicos do concello respectivo desen o seu informe favorable e os concelleiros pelasen cigalas a custa desta promoción. Parece mentira. Pero o que máis mentira parece é que alguén a comprase. O máis incrible de todo é que estivésemos todos tan tolos que comprásemos ese tipo de cousas.

A xente, en xeral, non entende os planos, pero compraban as súas casas sobre plano, porque era imposible esperar a que estivesen construídas. » ¡Imos, imos, que mas quitan das mans! «

Así era. Quitábanas.

-¿E canto custa o piso?

-Cen oitenta mil euros.

-¿Canto dixo?

-Douscentos mil euros.

-Moi ben. Vouno pensar.

-Douscentos vinte mil.

-¡Qué narices! ¡Cómproo!

-Moi ben. Fixo vostede unha boa compra por douscentos corenta mil euros.

-Si. A verdade é que tiven moita sorte.

¿Alguén comprou un pantalón sobre o patrón? Non. Probámonolo. Probámonos varios. Mesmo imos a varias tendas. E a vivenda que imos estar a pagar durante trinta anos (se mantemos o emprego e a nómina) comprabámola a parvas e a tolas.

¿Non somos consumidores? ¿Non somos os reis do sistema?

Volvo ao inicio.

Un exemplo: Hai tempo a Asociación de Vítimas do Terrorismo publicou a lista dos que se anunciaban en Egin. Moita xente deixou de comprar eses produtos ou contratar eses servizos. Algúns dos anunciantes queixáronse do inxusto que resultaba…, etc, e trataron de explicar…, etc. A resposta deses consumidores díscolos foi moi clara: Non me dea vostede as súas razóns. Seguro que as ten. Pero é que non me dá a gana seguir sendo cliente seu». Ante isto, ¿que se pode facer? Nada. Absolutamente nada. No consumo un é soberano de si mesmo e das súas decisións. E ademais é un soberano absolutista, tan tirano e caprichoso como lle dea a gana.

Entón, ¿por que non se fixo algo parecido coas casas?

Bótase a culpa de todos os desastres urbanísticos aos promotores, aos políticos, aos arquitectos. Moi ben; asumamos todos a parte que nos toca. Pero eu vía que os que compraban os chalés e pisos a corenta ou cincuenta quilómetros de Madrid estaban encantados. E os que se compraban un apartamento en Benidorm ou en Torrevieja, dende o que non se vía o mar, estaría bo, senón o aparcadoiro dun Mercadona, tamén eran moi felices.

¿Que nos pasou a todos? ¿Curaranos a crise de tanta parvada? Témome que non. Estou a escoitar moita xente que está a desexar que remate a crise para volver facer o animal.

Non apelo ao noso espírito, nin á nosa cidadanía, nin á nosa intelixencia, nin á nosa bonhomía, nin á nosa ética. Non. Non apelo a nada máis que ao noso consumismo.

José Ramón Hernández Correa · Doutor Architect

Toledo · novembro 2013[:en]

Now that us falls the politics, which us falls the ideology, which falls the culture, the faith, the structure … quite, the only certainty that we still have is that we live in a company of consumption and that the consumerism continues being the king of everything.

We do not realize, but we, that already we are not (or scarcely we are) citizens, what yes we are it is consuming, that apparently costs much more.

The consumers we give the orders, and do it with an absolute power. We do not have to give accounts to anybody. We are sovereign for our caprice, because yes, because it gives us the desire.

We have neither to justify anything, nor make clear anything, nor have reason. We are the owners and can behave, if we want, as capricious children. We can be politically incorrect, unjust, what let’s let’s want. I can stop buying a shampoo because I do not like the cancioncilla of bottom of the advertisement, and can buy a model of slipper because I am charmed with this girl who announces it. Yes; already I know it: The publicists know all that and manipulate us. Already. But démosle the return to the idea.

In the whiteness of the advertising were promising to be the properties of the announced product. Linnets! Do you see now that some advertisement explains how it is what it announces?

Just do it. The spark of the life. Be water, my friend. I’m lovin’ it.

So because of it same. They know that we consume blindly, yes, but also that we consume to caprice, and are afraid that our caprice betrays them and leaves them with the anus to the air.

Dejemos esa idea ahí, fermentando o madurando, y mientras tanto veamos este fragmento de la planta sótano de un edificio de viviendas. Está sacado de un folleto de una oficina inmobiliaria. Es decir: Es así como pretenden vendernos un piso. Aparece el plano del piso y, al lado, el del sótano con la plaza de aparcamiento y el trastero que le corresponden.

No es un ejemplo especialmente torpe ni especialmente siniestro. Es bastante convencional. Es lo que hay.

¿Podéis mirar durante unos segundos la rampa y la plaza en cuestión? ¿Y el pilar? ¿Podéis imaginaros aparcando ahí?

Consumers and consumers | José Ramón Hernández Correa

Since the people were buying it in a pispás in «the good times». Always I have thought that many were giving more attention to the buy of a few trousers that to that of his house.

The people were going to the offices of sales of the urbanizations on Saturdays or Sundays, when there was no traffic in the highway, and they believed blind what was said to them: that this block of floors in the Km 65 was to 15 minutes of Madrid. (I swear that I have seen it in a real-estate advertising of a few Ocaña’s floors (Toledo): to 15 minutes of Madrid. Not in the Air Force One). And they were left to be deceptive knowing that they were cheating them.

– To seeing: you wherefrom does it come?

– From Madrid.

– And has how much been late?

– An hour and quarter, but because it was a Sunday. Sure that on a Wednesday at half after seven in the morning yes that I am late these fifteen minutes.

The rest of his life in a clogging. Blind eyes. They did not also seem to realize the enormous industrial ships that had rightly face, and that, for being a Sunday, were closed and silent.

Indeed: A trousers it is proved first, and looks at a couple of them in a couple of shops. But a chalet not. Not even a floor. The floor to which the drawing refers of above I do not even teach it. Why? Also it is «very «conventional». What exists. What removes.

(Certainly: It has «American kitchen». I continue without knowing what is it. I have seen in the TV the kitchens of Bill Cosby, of the Prince of Bel Air, of The Golden girls, of The Simpsons, of Family father, of Two Men and Average, of Modern Family … what is it of «American kitchen»? Sheldon Cooper and Leonard Hofstadter have her integrated to the lounge, yes, but wide and comfortable, not a species of minibar against the wall and given to the sofa).

That of the building that I am saying is a lot in which there was a house «of people» of two plants and back court. A house. An alone house. It fell down and now there is a building with basement, three plants and «under cover», with a whole of seven apartments. Seven.

It looks like a lie that fulfills the regulation on earrings of ramp, radioes of draft, dimensions of the square … and even it looks like a lie that the technical services of the respective town hall were giving his favorable report and the councilmen were peeling sea crabs at the cost of this promotion. It looks like a lie. But what more lie seems it is that someone was buying. The most incredible thing of everything is that we were all so mad that we were buying this type of things.

The people, in general, do not understand the planes, but his houses were bought on plane, because it was impossible to hope that they were constructed. «We go, go, that they take them from me of the hands!»

Age like that. They were taking them from him.

– And does how much cost the floor?

– Hundred eighty thousand Euros.

– Has he said how much?

– Two hundred thousand Euros.

– Very well. I am going to think it.

– Two hundred twenty thousand.

– What noses! I buy it!

– Very well. It has made a good buy you for two hundred forty thousand Euros.

– Yes. The truth is that I have been lucky.

Has someone bought himself a trousers on the boss? Not. We us prove it. We prove ours several. Even we go to several shops. And the housing that we are going to be paying for thirty years (if we support the employment and the list) we were buying it to silly and to mad.

Are not we consuming? Are not we the kings of the system?

I return to the beginning.

An example: Some time ago the Association of Victims of the terrorism published the list of those who were promising to be in Egin. Many people stopped buying these products or contracting these services. Some of the advertisers complained about the unjust thing that was proving …, etc, and they tried to explain …, etc. The response of these uncontrollable consumers was very clear: «You do not give me his reasons. It is sure that it has them. But it is that it does not give me the desire to continue being a his client». Before this, what is it possible to do? Nothing. Absolutely at all. In the consumption one is sovereign of yes same and of his decisions. And besides he is a sovereign absolutist, so tyrant and capricious give him the desire.

Then, why did not it become slightly similar by the houses?

One throws the fault of all the urban development disasters to the promoters, to the politicians, to the architects. Very well; we all assume the part that we touch. But I saw that those who were buying the chalets and floors to forty or fifty kilometres of Madrid were delighted. And those who were buying themselves an apartment in Benidorm or in Torrevieja, from which one did not see the sea, it be be good, but the parking of a Mercadona, also they were very happy.

What did happen to all? Will we be treated by the crisis of so many bilge? I am afraid that not. I am listening to many people who is wishing the crisis to finish to return to do the animal.

I appeal neither to our spirit, nor to our citizenship, nor to our intelligence, nor to our bonhomie, nor to our ethics. Not. I do not appeal to anything any more than to our consumerism.

José Ramón Hernández Correa · Doctor Architect

Toledo · november 2013[:]

José Ramón Hernández Correa
José Ramón Hernández Correahttp://arquitectamoslocos.blogspot.com.es/
Nací en 1960. Arquitecto por la ETSAM, 1985. Doctor Arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid, 1992. Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. Ahora estoy algo cansado, pero sigo atento y curioso. Arquitecto, bloguero, saxofonero, escritor... pero todo mal.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR

1 COMENTARIO

0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
1 Comment
Los más recientes
Los más viejos Los más votados
Yampiero Gomez
Yampiero Gomez
9 years ago

«¿Alguien se ha comprado un pantalón sobre el patrón? No. Nos lo probamos.» ¡Gran verdad! Ni pensar lo complejo que sera educar un poco al consumidor para que no compre cualquier adefesio, vendido como «El hogar de sus sueños» el cual terminara arruinándole su calidad de vida por lo menos un tercio de su vida.

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS