IniciofaroArquitectura-Arte (I) | Óscar Tenreiro DegwitzArquitectura-Arte (I) | Óscar Tenreiro DegwitzArchitecture-Art (I)...

[:es]Arquitectura-Arte (I) | Óscar Tenreiro Degwitz[:gl]Arquitectura-Arte (I) | Óscar Tenreiro Degwitz[:en]Architecture-Art (I) | Óscar Tenreiro Degwitz[:]

[:es]

Parece del todo innecesario preguntarse hoy si la Arquitectura es o no un Arte, pregunta que estuvo muy presente en los años sesenta a raíz del esfuerzo de los sectores marxistas de insistir en su condición utilitaria calificando la visión “artística” como una desviación decimonónica. Porque ya hoy todos los grandes museos de arte contemporáneo tienen muy activos departamentos de arquitectura y existen numerosos Museos de Arquitectura por todo el mundo incluyendo nuestro país. Y se ha hecho muy corriente la presencia de los arquitectos en grupos de debate, foros o entrevistas tratados más como artistas que como constructores, hasta el punto de que rara vez aluden a la dimensión técnica de la disciplina.

Casa Kubly, Craig Ellwood, 1964 | oscartenreiro.com

Lo que decía en las últimas semanas sobre las dificultades que la sociedad venezolana1 en su conjunto opone, por acción u omisión, a la construcción de una arquitectura con raíces culturales profundas que puedan convertirla en patrimonio, propone muchas vertientes para un debate positivo.

El asunto es de muy vieja data y ocupa nuestras preocupaciones desde mucho tiempo atrás cuando podía comprobarse lo que hoy sigue siendo cierto, la mínima importancia que en los medios que reseñan el intercambio de noticias, eventos, el debate cultural más público, lo que se llama el movimiento cultural, ocupa la arquitectura. Incluso en los medios especializados la situación se mantiene; y en general lo que se publica es lo que las noticias internacionales proponen: la arquitectura del espectáculo, de lo excepcional o el ruido de la moda, dejando fuera cualquier examen cuidadoso de la producción local de arquitectura.

Incluso el diseño de interiores, disciplina fundamental, se lleva a un segundo plano, tomando la primera línea una noción estrictamente comercial de la decoración, cuyas exigencias se fundan en las revistas del ramo y el consumo de marcas. Se crea así un pequeño universo muy superficial que permite etiquetar como bueno o malo lo que está al alcance de una visión epidérmica que se mantiene viva con el consumo costoso y restringido. Un síntoma adicional del atraso de una sociedad cuyos sectores más influyentes orientan sus preferencias según valores ajenos al esfuerzo productivo. Dispuesta a no conceder demasiada importancia a las inmensas contradicciones sobre las cuales se mueve la economía y el intercambio social de un petroestado.

Decía que el tema es viejo. Lo conversé con la periodista Mary Ferrero (1936-2003), a propósito de la Bienal de Arquitectura de 1967; lo que le dije entonces podría repetirlo hoy con idénticas palabras. Pero ella me hizo notar que los arquitectos, por su pasividad, por su silencio, podían ser culpables de ese estado de cosas. No pude sino reconocer que era así, pero aduje razones que hoy me gustaría elaborar de nuevo, con la distancia de más de cuarenta años y los puntos de vista actuales.

Destaco de inicio que la arquitectura tiene, para ser percibida por el público en general como una manifestación cultural, la dificultad de ser una disciplina que surge, responde, se vincula estrechamente, con necesidades de tipo práctico. Eso en cierta manera la lleva a la tierra, la hace caminar con todo y con todos, con lo cual sus contenidos culturales en cierto modo se oscurecen.

Craig Ellwood2 (1922-1992), arquitecto californiano que no estudió en ninguna escuela de arquitectura, que terminó su vida como pintor y que produjo diseños de muy alto nivel, entre los cuales varias (la 16,17 y 18) de las famosas Case Study Houses promovidas por la revista Arts and Architecture y la sede del College of Design de Pasadena, un edificio-puente muy hermoso y depurado, toca ese tema de un modo muy interesante en una entrevista que le hicieron en los años setenta del pasado siglo:

“Mi amigo Luis Kahn me dijo una vez que un pintor podía pintar un cañón con ruedas cuadradas para expresar la futilidad de la guerra, que un escultor podía hacer lo mismo… pero que un arquitecto estaba obligado a usar ruedas redondas. Kahn enfatizaba así los límites de la arquitectura. Nuestra búsqueda no es la de una estética, sino de la lógica, la honestidad y la verdad. Búsqueda que tal vez nos lleva a una poética.” 3

Ellwood4 habla de una poética, necesario atributo de la obra de arte, de su valor cultural, usando el condicionante “tal vez” del mismo modo como nuestro Villanueva, en su muy acertada definición del arquitecto, dice que éste “puede” llegar a ser un artista.

College of Design-Pasadena 1976
College of Design-Pasadena 1976

La percepción de la arquitectura está pues, para la sociedad en general, sujeta a la condición de que la obra en cierto modo trascienda su condición utilitaria y comparta los atributos que son propios del arte, entre los cuales la condición poética. Pero lo poético como atributo de la arquitectura no siempre se percibe de modo inmediato. Está, podríamos decir, supeditado a que el usuario o el observador sea capaz de ir más allá, tanto de lo utilitario, de la eficiencia, la practicidad, la capacidad de resolver problemas, como de la superación del asombro, la fascinación, el impacto de la monumentalidad, atributos de la arquitectura que no siempre derivan de lo poético sino de la dimensión, del efectismo, de lo novedoso. Y para ello se requiere un entrenamiento, una vivencia, un cierto tránsito a través y en contacto con los problemas de la arquitectura. Ni siquiera entre los mismos arquitectos hay un acuerdo sobre estas cosas.

Eso contrasta con el hecho de que cualquier novel artista plástico, escritor, escultor, cineasta, poeta, tiene garantizado que se le trate como un artista como un creador aunque esté relativamente lejos de serlo. Mientras que un arquitecto es visto siempre, en principio, más bien como alguien con capacidades organizativas en el campo de la construcción, dotado de un cierto buen gusto garantizado por su entrenamiento, apto para el diseño a partir del conocimiento constructivo y …dispuesto a seguir los dictados de un cliente.

Este cabalgar entre lo utilitario y lo poético hace que el arquitecto se sitúe en un terreno en cierto modo indefinido, que vea su disciplina como cercana al arte pero sabiendo que para llegar a él debe sobrepasar unos límites de muy difícil superación. Razón suficiente para que su participación en el debate cultural la vea con cautela. Esa es una de las razones del silencio de los arquitectos, pero hay muchas otras que serán el objeto de sucesivas reflexiones5 en este espacio.

Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, octubre 2013,
Entre lo Cierto y lo Verdadero

Notas:

1. Pero el asunto no es tan claro en un país como el nuestro en el cual, precisamente, el recién creado Museo de Arquitectura presenta exposiciones de propaganda gubernamental en las cuales se prohíbe la identificación de arquitectos específicos con los proyectos que allí se exponen, restricción que se ha aplicado incluso a las exhibiciones llevadas a foros internacionales como la Bienal de Venecia. Y si la arquitectura no tiene un autor específico sino que es producida por “el pueblo” o “las comunidades”, es porque se trata de un objeto de producción industrial, de artesanía, un “producto social” o cualquier otra cosa menos una obra con vocación patrimonial en el sentido cultural del término. Se niega su dimensión artística. Y para abundar en esto basta mencionar que de una de las obras más emblemáticas del Régimen como es el Mausoleo de Simón Bolìvar, se desconocen oficialmente sus autores (sobre ellos no se informa en ningún documento o inscripción en el lugar), a pesar de que los guías que trabajan allí revelan sus nombres ante cualquier pregunta y dicen así:

“son Lucas Pou y Farruco Sesto, este ultimo, recalcan, de apellido español, pero cien por ciento criollo…”.

2. Menciono en la nota de hoy al arquitecto estadounidense Craig Ellwood (1922-1992) por lo preciso de su comentario sobre la naturaleza de nuestra disciplina, que se basa en conceptos de Luis Kahn de mucha agudeza y sobre todo sugerentes; y también porque su interesante obra deja claro que las asignaturas que se plantearon entre los arquitectos hace más de medio siglo siguen abiertas y admiten continuidad en su desarrollo. En efecto, su obra está ubicada en el mismo espacio de inquietudes constructivas, de manejo de recursos de diseño y como consecuencia (aunque Ellwood lo hubiese negado como preocupación explícita) en el terreno expresivo, de materiales, proporciones y vínculos interior-exterior, que muchos arquitectos manejan hoy en día. Sin embargo la crítica norteamericana, anclada en la idea de estilo que tan bien puso sobre la mesa el posmodernismo, insistiría en llamar a Ellwood un “modernista” es decir un arquitecto en cierto modo restringido por la tradición moderna, mientras que su obra sería calificada como “minimalista”, muy a la moda, revelando así la contradicción promovida por el uso de términos acuñados para el consumo.

3. La entrevista de la cual saqué las citas que incluyo en la nota de hoy puede verse en SCI-arc Media. Es muy corta y de mucho interés gracias a la vigencia de muchas de sus reflexiones. Al texto que incluyo en la nota se le suman observaciones como éstas:

“Muchos arquitectos hoy se interesan en la forma en vez de la fuerza intrínseca que motiva la forma. Juegan con formas.
Un edificio debe mostrar el orden, la disciplina que le da origen.
En el momento en que la forma se convierte en arbitraria o en estilo, se hace algo distinto a la arquitectura, Debe haber alguna fuerza interna que motive la forma porque la forma no existe por sí misma. Esa era una de las expresiones favoritas de Mies Van der Rohe”.

4. En realidad la obra de Ellwood, si bien es verdad que se distingue por la búsqueda de una nitidez y pureza rectilíneas de marcada horizontalidad diseñadas a base de una especie de caligrafía de acero y vidrio en la tradición de Mies que la convierte en una “escritura” bien característica, estuvo más bien asociada a la búsqueda de economía de medios (tenía una extraordinaria experticia en la construcción con acero) y la experimentación con técnicas de prefabricación. De allí surgen sus “Case Study Houses” (diseñó y construyó tres de ellas, al menos) experiencia de construcción de viviendas económicas construidas para la venta, diseñadas por arquitectos importantes, promovida por la Revista Arts and Architecture y su dueño, John Entenza, que duró entre 1945 y 1966. La Número 8 de la serie fue la de Charles y Ray Eames que se armó a base de partes prefabricadas en sólo tres días en 1948 en una colina junto al Pacífico, o la casa Estenza (la No.9) en la cual trabajó Ellwood como colaborador de Eames y Eero Saarinen.

South Bay Bank, 1956
South Bay Bank, 1956

Ellwood tenía una personalidad “hollywoodense”. Su nombre de origen era John Nelson Burke y decidió cambiárselo luego que su empresa de construcción (no estudió arquitectura) tomara el nombre Ellwood de una tienda de licores que quedaba en sus cercanías luego de agregarle Craig porque le gustaba, hasta que en 1951 fundó una oficina de diseño con ese nombre y se cambió definitivamente el suyo. La historia que siguió fue tan productiva como contradictoria en el sentido humano, hasta el punto de que tuvo relaciones siempre trabajosas con sus colaboradores y una vida accidentada que lo llevó a dejar la arquitectura, dedicarse a pintar y finalmente establecerse en Italia, donde murió.

5. A partir de ellas podría darse un interesante debate cuando, como hoy, se hacen esfuerzos por corregir los excesos impulsados por las burbujas económicas. Debate muy resbaladizo porque se remite a los conceptos que pudiéramos llamar “anteriores” al ejercicio del pensamiento sobre arquitectura, entendiendo éste como un pensar que se da en el proyecto y la construcción y no fuera de él. Sobre eso trataré de extenderme en las semanas posteriores.

https://veredes.es/blog/arquitectura-arte-ii-oscar-tenreiro-degwitz/[:gl]

Parece de todo innecesario preguntarse hoxe se a Arquitectura é ou non unha Arte, pregunta que estivo moi presente nos anos sesenta a raíz do esforzo dos sectores marxistas de insistir na súa condición utilitaria cualificando a visión «artística» como unha desviación decimonónica. Porque xa hoxe todos os grandes museos de arte contemporánea teñen moi activos departamentos de arquitectura e existen numerosos Museos de Arquitectura por todo o mundo incluíndo o noso país. E fíxose moi corrente a presenza dos arquitectos en grupos de debate, foros ou entrevistas tratados máis como artistas que como construtores, ata o punto de que rara vez aluden á dimensión técnica da disciplina.

Casa Kubly, Craig Ellwood, 1964 | oscartenreiro.com

O que dicía nas últimas semanas sobre as dificultades que a sociedade venezolana1 no seu conxunto opón, por acción ou omisión, á construción dunha arquitectura con raíces culturais profundas que poidan convertela en patrimonio, propón moitas vertentes para un debate positivo.

O asunto é de moi vella data e ocupa as nosas preocupacións dende moito tempo atrás cando podía comprobarse o que hoxe segue sendo certa, a mínima importancia que nos medios que salientan o intercambio de noticias, eventos, o debate cultural máis público, o que se chama o movemento cultural, ocupa a arquitectura. Mesmo nos medios especializados a situación se mantén; e en xeral o que se publica é o que as noticias internacionais propoñen: a arquitectura do espectáculo, do excepcional ou o ruído da moda, deixando fose calquera exame coidadoso da produción local de arquitectura.

Mesmo o deseño de interiores, disciplina fundamental, se leva a un segundo plano, tomando a primeira liña unha noción estritamente comercial da decoración, cuxas esixencias se fundan nas revistas do ramo e o consumo de marcas. Créase así un pequeno universo moi superficial que permite etiquetar como bo ou malo o que está ao alcance dunha visión epidérmica que se mantén viva co consumo custoso e restrinxido. Un síntoma adicional do atraso dunha sociedade cuxos sectores máis influentes orientan as súas preferencias segundo valores alleos ao esforzo produtivo. Disposta a non conceder demasiada importancia ás inmensas contradicións sobre as cales se move a economía e o intercambio social dun petroestado.

Dicía que o tema é vello. Converseino coa xornalista Mary Ferrero (1936-2003), a propósito da Bienal de Arquitectura de 1967; o que lle dixen entón podería repetilo hoxe con idénticas palabras. Pero ela fíxome notar que os arquitectos, pola súa pasividade, polo seu silencio, podían ser culpables dese estado de cousas. Non puiden senón recoñecer que era así, pero aducín razóns que hoxe me gustaría elaborar de novo, coa distancia de máis de corenta anos e os puntos de vista actuais.

Destaco de inicio que a arquitectura ten, para ser percibida polo público en xeral como unha manifestación cultural, a dificultade de ser unha disciplina que xorde, responde, vincúlase estreitamente, con necesidades de tipo práctico. Iso en certo xeito lévaa á terra, faina camiñar con todo e con todos, co cal os seus contidos culturais en certo modo se escurecen.

Craig Ellwood2 (1922-1992), arquitecto californiano que non estudou en ningunha escola de arquitectura, que rematou a súa vida como pintor e que produciu deseños de moi alto nivel, entre os cales varias (a 16,17 e 18) das famosas Case Study Houses promovidas pola revista Arts and Architecture e a sede do College of Design de Pasadena, un edificio-ponte moi fermoso e depurado, toca ese tema dun modo moi interesante nunha entrevista que lle fixeron nos anos setenta do pasado século:

“O meu amigo Luis Kahn díxome unha vez que un pintor podía pintar un canón con rodas cadradas para expresar a futilidade da guerra, que un escultor podía facer o mesmo… pero que un arquitecto estaba obrigado a usar rodas redondas. Kahn resaltaba así os límites da arquitectura. A nosa busca non é a dunha estética, senón da lóxica, a honestidade e a verdade. Busca que talvez nos leva a unha poética.” 3

Ellwood4 fala dunha poética, necesario atributo da obra de arte, do seu valor cultural, usando o condicionante “quizáis” do mesmo modo como o noso Villanueva, na súa moi acertada definición do arquitecto, di que este “pode” chegar a ser un artista.

College of Design-Pasadena 1976
College of Design-Pasadena 1976

A percepción da arquitectura está pois, para a sociedade en xeral, suxeita á condición de que a obra en certo modo transcenda a súa condición utilitaria e comparta os atributos que son propios da arte, entre os cales a condición poética. Pero o poético como atributo da arquitectura non sempre se percibe de modo inmediato. Está, poderiamos dicir, supeditado a que o usuario ou o observador sexa capaz de ir máis alá, tanto do utilitario, da eficiencia, a practicidad, a capacidade de resolver problemas, coma da superación do asombro, a fascinación, o impacto da monumentalidade, atributos da arquitectura que non sempre derivan do poético senón da dimensión, do efectismo, do novidoso. E para iso requírese un adestramento, unha vivencia, certo tránsito a través e en contacto cos problemas da arquitectura. Nin sequera entre os mesmos arquitectos hai un acordo sobre estas cousas.

Iso contrasta co feito de que calquera novel artista plástico, escritor, escultor, cineasta, poeta, ten garantido que se lle trate como un artista como un creador aínda que estea relativamente lonxe de selo. Mentres que un arquitecto é visto sempre, en principio, máis ben como alguén con capacidades organizativas no campo da construción, dotado de certo bo gusto garantido polo seu adestramento, apto para o deseño a partir do coñecemento construtivo e…dispuesto a seguir os ditados dun cliente.

Este cabalgar entre o utilitario e o poético fai que o arquitecto se sitúe nun terreo en certo modo indefinido, que vexa a súa disciplina como próxima á arte pero sabendo que para chegar a el debe superar uns límites de moi difícil superación. Razón abondo para que a súa participación no debate cultural a vexa con cautela. Esa é unha das razóns do silencio dos arquitectos, pero hai moitas outras que serán o obxecto de sucesivas reflexións5 neste espazo.

Este cabalgar entre lo utilitario y lo poético hace que el arquitecto se sitúe en un terreno en cierto modo indefinido, que vea su disciplina como cercana al arte pero sabiendo que para llegar a él debe sobrepasar unos límites de muy difícil superación. Razón suficiente para que su participación en el debate cultural la vea con cautela. Esa es una de las razones del silencio de los arquitectos, pero hay muchas otras que serán el objeto de sucesivas reflexiones5 en este espacio.

Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, outubro 2013,
Entre lo Cierto y lo Verdadero

Notas:

1. Pero o asunto non é tan claro nun país como o noso no cal, precisamente, o recén creado Museo de Arquitectura presenta exposicións de propaganda gobernamental nas cales se prohibe a identificación de arquitectos específicos cos proxectos que alí se expoñen, restrición que se aplicou mesmo ás exhibicións levadas a foros internacionais como a Bienal de Venecia. E se a arquitectura non ten un autor específico senón que é producida por «o pobo» ou «as comunidades», é porque se trata dun obxecto de produción industrial, de artesanía, un «produto social» ou calquera outra cousa menos unha obra con vocación patrimonial no sentido cultural do termo. Négase a súa dimensión artística. E para abundar nisto abonda mencionar que dunha das obras máis emblemáticas do Réxime como é o Mausoleo de Simón Bolìvar, descoñécense oficialmente os seus autores (sobre eles non se informa en ningún documento ou inscrición no lugar), a pesar de que os guías que traballan alí revelan os seus nomes ante calquera pregunta e din así:

“son Lucas Pou e Farruco Sesto, este ultimo, recalcan, de apelido español, pero cen por cento crioulo…”.

2. Menciono na nota de hoxe ao arquitecto estadounidense Craig Ellwood (1922-1992) polo preciso do seu comentario sobre a natureza da nosa disciplina, que se basea en conceptos de Luis Kahn de moita agudeza e sobre todo suxestivos; e tamén porque a súa interesante obra deixa claro que as materias que se formularon entre os arquitectos hai máis de medio século seguen abertas e admiten continuidade no seu desenvolvemento. En efecto, a súa obra está situada no mesmo espazo de inquietudes construtivas, de manexo de recursos de deseño e como consecuencia (aínda que Ellwood o tivese negado como preocupación explícita) no terreo expresivo, de materiais, proporcións e vínculos interior-exterior, que moitos arquitectos manexan hoxe en día. Non obstante a crítica norteamericana, ancorada na idea de estilo que tan ben puxo sobre a mesa o postmodernismo, insistiría en chamar a Ellwood un “modernista” é dicir un arquitecto en certo modo restrinxido pola tradición moderna, mentres que a súa obra sería cualificada como “minimalista”, moi á moda, revelando así a contradición promovida polo uso de termos acuñados para o consumo.

3. La entrevista de la cual saqué las citas que incluyo en la nota de hoy puede verse en SCI-arc Media. Es muy corta y de mucho interés gracias a la vigencia de muchas de sus reflexiones. Al texto que incluyo en la nota se le suman observaciones como éstas:

Muchos arquitectos hoy se interesan en la forma en vez de la fuerza intrínseca que motiva la forma. Juegan con formas.
Un edificio debe mostrar el orden, la disciplina que le da origen.
En el momento en que la forma se convierte en arbitraria o en estilo, se hace algo distinto a la arquitectura, Debe haber alguna fuerza interna que motive la forma porque la forma no existe por sí misma. Esa era una de las expresiones favoritas de Mies Van der Rohe”.

4. En realidade a obra de Ellwood, se ben é verdade que se distingue pola busca dunha nitidez e pureza rectilíneas de marcada horizontalidade deseñadas a base dunha especie de caligrafía de aceiro e vidro na tradición de Cereal que a converte nunha “escritura” ben característica, estivo máis ben asociada á busca de economía de medios (tiña unha extraordinaria experticia na construción con aceiro) e a experimentación con técnicas de prefabricación. De alí xorden os seus “Case Study Houses” (deseñou e construíu tres delas, polo menos) experiencia de construción de vivendas económicas construídas para a venda, deseñadas por arquitectos importantes, promovida pola Revista Arts and Architecture e o seu dono, John Entenza, que durou entre 1945 e 1966. A Número 8 da serie foi a de Charles e Ray Eames que se armou a base de partes prefabricar en só tres días en 1948 nun outeiro xunto ao Pacífico, ou a casa Estenza (a No.9) na cal traballou Ellwood como colaborador de Eames e Eero Saarinen.

South Bay Bank, 1956
South Bay Bank, 1956

Ellwood tiña unha personalidade “hollywoodense”. O seu nome de orixe era John Nelson Burke e decidiu cambiarllo logo que a súa empresa de construción (non estudou arquitectura) tomase o nome Ellwood dunha tenda de licores que quedaba nas súas proximidades logo de agregarlle Craig porque lle gustaba, ata que en 1951 fundou unha oficina de deseño con ese nome e se cambiou definitivamente o seu. A historia que seguiu foi tan produtiva como contraditoria no sentido humano, ata o punto de que tivo relacións sempre traballosas cos seus colaboradores e unha vida accidentada que o levou a deixar a arquitectura, dedicarse a pintar e finalmente establecerse en Italia, onde morreu.

5. A partir delas podería darse un interesante debate cando, como hoxe, se fan esforzos por corrixir os excesos impulsados polas burbullas económicas. Debate moi escorregadizo porque se remite aos conceptos que puidésemos chamar “anteriores” ao exercicio do pensamento sobre arquitectura, entendendo este como un pensar que se dá no proxecto e a construción e non fóra del. Sobre iso tratarei de estenderme nas semanas posteriores.

[:en]

It seems to be completely unnecessary to wonder today if the Architecture is or not an Art, question that was very present in the sixties immediately after the effort of the Marxist sectors to insist on his utilitarian condition qualifying the «artistic» vision as a nineteenth-century diversion. Because already today all the big museums of contemporary art have very active departments of architecture and numerous Museums of Architecture exist all over the world including our country. And the presence of the architects has become very current in groups of debate, forums or interviews treated more as artists that as builders, up to the point of which rarely they allude to the technical dimension of the discipline.

Kubly House, Craig Ellwood, 1964 | oscartenreiro.com

What he was saying in the last weeks on the difficulties that the venezuelan company1 in his set objects, for action or omission, to the construction of an architecture with cultural deep roots that could turn her into heritage, he proposes many slopes for a positive debate.

The matter is of very old byline and occupies our worries from a lot of time behind when there could verify what today is true, the minimal importance that in the means that outline the exchange of news, events, the most public cultural debate, which is called the cultural movement, occupies the architecture. Even in the specialized means the situation is kept; and in general what is published is what the international news proposes: the architecture of the spectacle, of the exceptional thing or the noise of the mode, stopping was any careful examination of the local production of architecture.

Even the design of interiors, fundamental discipline, it removes to a background, taking the first line a strictly commercial notion of the decoration, which requirements are founded on the magazines of the branch and the consumption of brands. One believes this way a small very superficial universe that allows to label like well or badly what is within reach of an epidermal vision that is kept alive with the costly and restricted consumption. An additional symptom of the lag of a company which more influential sectors orientate his preferences according to values foreign to the productive effort. Ready not to grant too much importance to the immense contradictions on which there moves the economy and the social exchange of a stone been.

He was saying that the topic is old. I reported it with the journalist Mary Ferrero (1936-2003), about the Biennial show of Architecture of 1967; what I said to him then might repeat it today with identical words. But she made me notice that the architects, for his passiveness, for his silence, could be culprits of this state of affairs. I could not but admit that it was like that, but aduje reasons that today I would like to elaborate again, with the distance of more than forty years and the current points of view.

I emphasize of beginning that the architecture has, to be perceived by the public in general as a cultural manifestation, the difficulty of being a discipline that arises, it answers, links itself narrowly, with needs of practical type. It in certain way the ride to the land, makes it walk with everything and with all, with which in certain way they get dark his cultural contents.

Craig Ellwood2 (1922-1992), californian architect who did not study in any school of architecture, which finished his life as painter and which produced designs of very high level, between which you change (16,17 and 18) of the famous ones Case Study Houses promoted by the magazine Arts and Architecture and the headquarters of the College of Design de Pasadena, a very beautiful and polished building – bridge, it touches this topic of a very interesting way in an interview that they did to him in the seventies of last century:

“My friend Luis Kahn said to me as soon as a painter could paint a cannon with wheels squared to express the futility of the war, that a sculptor could do the same thing … but that an architect was forced to use round wheels. Kahn was emphasizing this way the limits of the architecture. Our search is not that of an aesthetics, but of the logic, the honesty and the truth. Search that maybe takes us to a poetics.” 3

Ellwood4 speaks about a poetics, necessary attribute of the work of art, about his cultural value, using the determining one “maybe” in the same way as our Villanueva, in his very guessed right definition of the architect, says that this one “can” manage to be an artist.

College of Design-Pasadena 1976
College of Design-Pasadena 1976

The perception of the architecture is so, for the company in general, holds to the condition of which the work in certain way comes out his utilitarian condition and shares the attributes that are own of the art, between which the poetical condition. But the poetical thing like attribute of the architecture not always is perceived in an immediate way. It is, we might say, subordinated to that the user or the observer should be capable of going beyond, so much of the utilitarian thing, of the efficiency, the practicidad, the aptitude to solve problems, since of the overcoming of the amazement, the fascination, the impact of the monumentalidad, attributes of the architecture that not always derive from the poetical thing but from the dimension, from the straining to achieve effect, of the new thing. And for it there is needed a training, an experience, a certain traffic to slant and in touch with the problems of the architecture. Not at least between the same architects there is an agreement on these things.

It contrasts with the fact that any new plastic artist, writer, sculptor, filmmaker, poet, has guaranteed that treats itself him as an artist as a creator though it is relatively far from it being. Whereas an architect is seen always, at first, rather as someone by organizational capacities in the field of the construction, provided with a certain good taste guaranteed by his training, suitable for the design from the constructive knowledge and … ready to follow the dictations of a client.

This one to ride between the utilitarian thing and the poetical thing does that the architect places in an area in certain indefinite way, which sees his discipline as near to the art but knowing that to come to him it must exceed a few limits of very difficult overcoming. Sufficient reason in order that his participation in the cultural debate sees her warily. This it is one of the reasons of the silence of the architects, but there are different many that will be the object of successive reflections5 in this space.

Óscar Tenreiro Degwitz, Architect.
Venezuela, october 2013,
Entre lo Cierto y lo Verdadero

Notas:

1. But the matter is not so clear in a country as ours in which, precisely, newly created Museum of Architecture presents exhibitions of governmental propaganda in which there is prohibited the identification of specific architects by the projects that there are exposed, restriction that has been applied even to the exhibitions led to international forums as the Biennial show of Venice. And if the architecture does not have a specific author but it is produced by the “people” or “the communities”, it is because it is a question of an object of industrial production, of crafts, a “social product” or any other thing less a work with patrimonial vocation in the cultural sense of the term. One denies his artistic dimension. And to abound in this it is enough to mention that of one of the most emblematic works of the Regime since it is Simón Bolìvar’s Mausoleum, there are not known officially his authors (on them it does not report in any document or inscription in the place), in spite of the fact that the guides who work there reveal his names before any question and say this way:

“they are Lucas Pou y Farruco Sesto, I finalize this one, they heel, of Spanish surname, but hundred Creole per cent …”.

2. I mention in the today note the American architect Craig Ellwood (1922-1992) for the precise of his comment on the nature of our discipline, which is based on Luis Kahn’s concepts of many keenness and especially suggestive; and also because his interesting work clarifies that the subjects that appeared between the architects are done by it more than half a century they remain opened and admit continuity into his development. In effect, his work is located in the same space of constructive worries, of managing resource of design and as consequence (though Ellwood it had denied as explicit worry) in the expressive area, of materials, proportions and links interior – exterior, which many architects handle nowadays. Nevertheless the North American critique anchored in the idea of style that so well put on the table the postmodernism, would insist on calling Ellwood a “modernist” an architect is to say in certain way restricted by the modern tradition, whereas his work would be qualified as “minimalist”, very to the mode, revealing this way the contradiction promoted by the use of terms coined for the consumption.

3. The interview of which I extracted the appointments that I include in the today note can turn in SCI-arc Media. It is very short and of a lot of interest thanks to the force of many of his reflections. To the text that I include in the note observations add him as these:

“Many architects today are interested in the form instead of the intrinsic force that motivates the form. They play with forms.
A building must show the order, the discipline that gives him origin.
In the moment into which the form turns in arbitrary or into style, it becomes slightly different from the architecture. There must be some internal force that motivates the form because the form does not exist for yes same. This age one of the favorite expressions of Mies Van der Rohe”.

4. Actually Ellwood’s work, though it is true that differs for the rectilinear search of a brightness and purity of marked horizontalidad designed based on a species of calligraphy of steel and glass in the tradition of Grain that turns her into a typical well “writing”, was rather associated with the search of economy of means (it had an extraordinary experticia in the construction with steel) and the experimentation with technologies of prefabrication. Of there they arise his “Case Study Houses” (it designed and constructed three of them, at least) experience of construction of economic housings constructed for the sale, designed by important architects, promoted by the Magazine Arts and Architecture and his owner, John Entenza, who lasted between 1945 and 1966. The Número 8 of the series was it of Chat and Ray Eames who armed himself based on parts prefabricated in only three days in 1948 in a hill together with the Pacific Ocean, or the Estenza house (her Not 9) at which Ellwood was employed as collaborator of Eames and Eero Saarinen.

South Bay Bank, 1956
South Bay Bank, 1956

Ellwood had a personality “hollywood people”. His name of origin was John Nelson Burke and it one decided to change then that his company of construction (he did not study architecture) was taking the name Ellwood of a shop of liquors that was staying in his surroundings after Craig added him because he liked, until in 1951 it founded an office of design with this name and his changed definitively. The history that continued was so productive as contradictory in the human sense, up to the point of which it had relations always laborious with his collaborators and a rough life that led it to leaving the architecture, to devote itself to do and finally to be established in Italy, where he died.

5. From them one might give an interesting debate when, as today, efforts are done for correcting the excesses stimulated by the economic bubbles. Very slippery debate because it is sent to the concepts that we could call “previous” to the exercise of the thought on architecture, understanding this one as one to think that it is given in the project and the construction and not out of him. On it I will try myself to spread in the later weeks.

[:]

Óscar Tenreiro Degwitz
Óscar Tenreiro Degwitzhttps://oscartenreiro.com/
Es un arquitecto venezolano, nacido en 1939, Premio Nacional de Arquitectura de su país en 2002-2003, profesor de Diseño Arquitectónico por más de treinta años en la Universidad Central de Venezuela, quien paralelamente con su ejercicio ha mantenido ya por años presencia en la prensa de su país en un esfuerzo de comunicación hacia la gente en general de los puntos de vista del arquitecto acerca de los más diversos temas, entre los cuales figuran los agudos problemas políticos de una sociedad como la venezolana. Tenreiro practica así lo que el llama el “pensamiento desde y hacia la arquitectura”, insistiendo en que lo hace como arquitecto en ejercicio, para escapar de los estereotipos y cautelas propios de la “crítica arquitectónica”. Respecto a la cual no oculta su desconfianza, que explica recurriendo al aforismo de Nietzsche sobre el crítico de arte “que ve el arte desde cerca sin llegar a tocarlo nunca”.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS