[:es]https://veredes.es/blog/historia-universal-de-la-infamia-ii-jose-ramon-hernandez-correa/
Finalizo la trilogía (I, II) que prometí, no porque no haya muchas más infamias, sino porque creo que vale con una de cada uno de los tres grandes. Y remato la serie con alivio, porque no está bien contar tantos trapos sucios.

A Mies van der Rohe se le ha acusado a menudo de haber sido demasiado dócil con los nazis. Esto tiene matices discutibles, pero mucha relación con la que yo considero su verdadera infamia, así que empezaré por ahí. A Walter Gropius le sucedió Hannes Meyer en la dirección de la Bauhaus. Si la escuela, libre y vanguardista, había sido siempre más bien de izquierdas, bajo la dirección de Meyer lo fue ya decididamente. En pleno apogeo de los nazis, Hannes Meyer radicalizó la ideología política de la Bauhaus hasta límites intolerables por aquellos. En 1930 le expulsaron, y no estaban seguros aún de cerrar la Bauhaus. Mies les convenció de alguna manera de que la escuela se podía «reconducir» y serle útil al Reich.
(En esa delicada relación están los elementos más criticables, en el sentido de que Mies traicionó a la Bauhaus y se la entregó a los nazis, pero también se puede hacer otra lectura y defender que él hizo todo lo posible por salvarla, y que la negociación con los nazis era inevitable. Yo, hasta ahí, le doy a Mies el beneficio de la duda).
Una vez defenestrado Meyer, Mies fue nombrado director. Lo primero que hizo fue una criba feroz de alumnos y profesores, hasta erradicar la ideología política de la Bauhaus. Mies era apolítico, y más en esos tiempos. («Apolítico» puede entenderse en este contexto como «más bien de derechas», pero tibio y sin ganas de líos).
Algunos profesores no esperaron a que les despidieran, y dimitieron. Muchos alumnos se amotinaron, y fueron expulsados. Mejor dicho: Mies fue mucho más radical. Expulsó absolutamente a todos los alumnos, y posteriormente abrió un período de matrícula en el que examinó personal y concienzudamente a cada aspirante, para asegurarse de que las tonterías izquierdistas se habían terminado para siempre.
Mies contrató a Lilly Reich como profesora de Interiorismo y Decoración.
La había conocido en 1924, y le había impresionado profundamente (tanto que al poco tiempo abandonó a su mujer y a sus tres hijas por ella). Lilly había comenzado su carrera como diseñadora de moda, donde aprendió a valorar materiales, texturas, colores… lo que le sirvió de mucho para pasarse posteriormente al diseño de muebles y al acondicionamiento de espacios.
A Mies, siempre tan consciente y tan amante de los materiales, pero aún anclado a los tradicionales, le enseñó a valorar los tejidos, el vidrio, el acero, etc. Inmediatamente empezaron a trabajar juntos. Lilly le lanzó al diseño de muebles, y fue fundamental en proyectos tan fantásticos como el Pabellón de Barcelona o la casa Tugendhat.
Pero, aparte de lo que Lilly le aportó a Mies en el campo de la arquitectura, en lo personal le hizo reconsiderar su vida y su futuro. Se supone que vivieron una tórrida historia de amor, pero el único testimonio gráfico es este, que muy tórrido, lo que se dice muy tórrido, no parece. Vamos, que no es como para derretirse de emoción. (No conozco -y juraría que no existe- ninguna otra fotografía en que aparezcan los dos).

Vida personal, vida profesional, incertidumbre ante el futuro… Años convulsos (que diría un clásico).
Philip Johnson (que era filonazi, y en ese momento lo era mucha gente) en 1933 escribió con entusiasmo que Mies tenía que ser el arquitecto del Tercer Reich. En ese momento Hitler aún no conocía a Albert Speer (estaba empezando a ver algunas cosas suyas). ¿Os imagináis si le hubiera hecho caso a Johnson? ¿Os imagináis si alguien le hubiera presentado en ese momento a Mies? La vida y la casualidad tienen estas cosas, y Mies estaba dispuesto a todo, y seguro que habría celebrado con entusiasmo ser el arquitecto del régimen.
Los nazis aún no sabían qué querían en materia de arte y de arquitectura, pero pronto se vio que la vanguardia no les gustaba nada, y la Bauhaus no duró ni siquiera bajo la dirección servil de Mies. A Hitler, que era un artista aficionado sin talento, sin cultura y sin imaginación, y que había querido ser arquitecto pero no tenía ninguna aptitud, le tiraba lo clasicote-mazacote, y la hábil elegancia de Speer con el neoclasicismo le acabó de definir arquitectónicamente. (Pero Mies era un gran admirador de Schinkel, y habría sido perfectamente capaz de traicionar la línea moderna y ejercer el neoclasicismo sin inmutarse).
Mies no se marchó corriendo a América, como Gropius, porque mantuvo las esperanzas de un futuro con los nazis. Su comportamiento a este respecto hoy se ve ridículo e incluso bochornoso, pero hay que comprender que en esos momentos la mayoría de la gente pensaba que era posible vivir y medrar con los nazis.
Mies hizo muchos y variados esfuerzos por conciliarse con la política artística del Reich, con encajar en ella. Pero los nazis eran contradictorios y brutales: Por una parte les interesaba la funcionalidad, la eficacia y la monumentalidad con tintes modernos, pero por otra querían un renacimiento nacionalista simbólico y enfático. Los esfuerzos de Mies nos lo muestran ahora como un bobo o, todavía peor, como un cobarde.
Por aquella época su vida parecía no correr peligro, pero tampoco tenía encargos, ni daba clases, ni nada.
Al poco tiempo, le llamaron de América y, ahora sí, se agarró a la oportunidad.
Tras un carteo que duró casi todo el año 1936, en el que se le ofrecía una cátedra para finalmente perderla por los pelos, en 1937 el matrimonio Resor le encargó una casa de verano en Wyoming y, sobre todo, le invitó a EE.UU. justo cuando Alemania olía ya a pólvora de una manera insoportable. Mies hizo las maletas a toda velocidad y se marchó corriendo.
A su mujer y a sus hijas ya las había abandonado hacía tiempo, pero estas eran ya mayores y podrían hacerse cargo de su madre. En cuanto a Lilly Reich, ¿por qué se marchó sin ella? La dejó en Alemania, en medio del peligro, sola, enamorada de él.
En América vio otro mundo. Había paz y tranquilidad. La gente le respetaba, le querían hacer encargos y tenía un par de universidades para elegir cátedra.
En abril de 1938 volvió a Alemania para arreglar rápidamente algunas cosas y volverse al paraíso, y se encontró con que los nazis ya se habían aclarado: Juzgaban toda la vanguardia como arte degenerado y la relacionaban con el judaísmo y el comunismo. Sí, le recordaban, y también le emparentaban con los judíos y los comunistas de la extinta Bauhaus. Mies se dio cuenta de que se había metido en la trampa y de que se la estaba jugando, y de que tal vez no pudiera volver ya a América.
En agosto, antes de volver, tenía que pasar por la comisaría de policía para recoger su pasaporte (que había entregado previamente) con su visado de emigración. Le dio tanto miedo que le estuvieran esperando para detenerle que mandó a un amigo. Este recogió el pasaporte, pero cuando llegó a la casa de Mies para dárselo se lo encontró muerto de miedo, ante dos oficiales de la Gestapo que le estaban interrogando y se lo iban a llevar precisamente por estar sin pasaporte.
Afortunadamente, se pudo aclarar la cosa, y los oficiales de la Gestapo dieron por bueno el visado y le dejaron.
Naturalmente, con el pasaporte visado en el bolsillo, Mies se fue otra vez a América corriendo, dejando todo atrás, sin conocer a nadie. Sálvese el que pueda. Sus mujeres se quedaban en el infierno.
![Historia Universal de la Infamia [III] Lilly Reich o2](https://veredes.es/blog/wp-content/uploads/2018/02/Historia-Universal-de-la-Infamia-III-Lilly-Reich-o2.jpg)
Lilly Reich, con grandes trabajos, se ocupó de ir al estudio abandonado de Mies y rescatar los dibujos y los papeles, y clasificarlos y ordenarlos meticulosamente. (Gracias a ella hoy existe el archivo de Mies). También luchó por defender los derechos de sus muebles (que se pirateaban mucho), y de conseguir cobrar algo de dinero que llevaba a la esposa de Mies. Luchó por defender todo lo de Mies, mientras este, en América, se olvidaba de ella. Una llamada desde allí podría haberla salvado, podría haberla llevado también a ella a la salvación, pero Mies no quería estar atado a nadie. No quería que nadie le molestara.
Al año siguiente, en la nochevieja de 1939, conoció a Lora Marx, de quien se enamoró. Nunca vivió con ella. Mies no soportaba ya vivir con nadie. Vivía solo, en una habitación de hotel, con sus cuadros debajo de la cama. Le gustaba encontrarse con Lora, pero que luego se fuera a su casa.
Mies vivió como un rey mientras que su esposa y Lilly pasaban hambre y miedo, en el horrible Berlín de la guerra mundial. No hizo nada por ayudarlas. (Tampoco podía enviarles dinero ni comida tal como estaba la cosa).
Lilly Reich pasó la guerra trabajando como pudo. Los nazis estaban interesados en la prefabricación y en la estandarización, que enlazaba con el espíritu Neufert de la Bauhaus y con la Werkbund, y ella pudo trabajar precaria y anónimamente en trabajos rutinarios de modulación métrica, intentando ser útil y cumplir su deber. Cuidó siempre del legado de Mies y luchó con gran fuerza y valentía. Poco después de acabada la guerra, con Berlín destruido y la moral hundida, murió de cáncer en 1947, enamorada aún y siempre de Mies van der Rohe.
La esposa de Mies, Ada, con todos sus esfuerzos y penurias, fue capaz de ocultar a unos judíos en su pequeño apartamento durante una temporada.
Todas fueron heroínas.

José Ramón Hernández Correa
Doctor Arquitecto y autor de Arquitectamos locos?
Toledo · mayo 2012
[:gl]
Historia Universal da Infamia [II] | José Ramón Hernández Correa
Finalizo a triloxía (I, II) que prometín, non porque non haxa moitas máis infamias, senón porque creo que vale cunha de cada un dos tres grandes. E remato a serie con alivio, porque non está ben contar tantos trapos sucios.

A Mies van der Rohe acusóuselle a miúdo de ser demasiado dócil cos nazis. Isto ten matices discutibles, pero moita relación coa que eu considero a súa verdadeira infamia, así que empezarei por aí. A Walter Gropius sucedeulle Hannes Meyer na dirección da Bauhaus. Si a escola, libre e vanguardista, fora sempre máis ben de esquerdas, baixo a dirección de Meyer foino xa decididamente. En pleno apoxeo dos nazis, Hannes Meyer radicalizou a ideoloxía política da Bauhaus ata límites intolerables por aqueles. En 1930 expulsáronlle, e non estaban seguros aínda de pechar a Bauhaus. Mies convenceulles dalgún xeito de que a escola podíase «reconducir» e serlle útil ao Reich.
(Nesa delicada relación están os elementos máis criticables, no sentido de que Mies traizoou á Bauhaus e entregoulla aos nazis, pero tamén se pode facer outra lectura e defender que el fixo todo o posible por salvala, e que a negociación cos nazis era inevitable. Eu, ata aí, doulle a Mies o beneficio da dúbida).
Unha vez defenestrado Meyer, Mies foi nomeado director. O primeiro que fixo foi unha criba feroz de alumnos e profesores, ata erradicar a ideoloxía política da Bauhaus. Mies era apolítico, e máis neses tempos. («Apolítico» pode entenderse neste contexto como «máis ben de dereitas», pero morno e sen ganas de leas).
Algúns profesores non esperaron a que lles despedisen, e dimitiron. Moitos alumnos se amotinaron, e foron expulsados. Mellor devandito: Mies foi moito máis radical. Expulsou absolutamente a todos os alumnos, e posteriormente abriu un período de matrícula no que examinou persoal e concienzudamente a cada aspirante, para asegurarse de que as bobadas esquerdistas termináronse para sempre.
Mies contratou a Lilly Reich como profesora de Interiorismo e Decoración.
Coñecéraa en 1924, e impresionáballe profundamente (tanto que ao pouco tempo abandonou á súa muller e ás súas tres fillas por ela). Lilly comezara a súa carreira como deseñadora de moda, onde aprendeu a valorar materiais, texturas, cores… o que lle serviu de moito para pasarse posteriormente ao deseño de mobles e ao acondicionamento de espazos.
A Mies, sempre tan consciente e tan amante dos materiais, pero aínda ancorado aos tradicionais, ensinoulle a valorar os tecidos, o vidro, o aceiro, etc. Inmediatamente empezaron a traballar xuntos. Lilly lanzoulle ao deseño de mobles, e foi fundamental en proxectos tan fantásticos como o Pavillón de Barcelona ou a casa Tugendhat.
Pero, á parte do que Lilly achegoulle a Mies no campo da arquitectura, no persoal fíxolle reconsiderar a súa vida e o seu futuro. Suponse que viviron unha tórrida historia de amor, pero o único testemuño gráfico é este, que moi tórrido, o que se di moi tórrido, non parece. Imos, que non é como para derretirse de emoción. (Non coñezo -e xuraría que non existe- ningunha outra fotografía en que aparezan os dous).

Vida persoal, vida profesional, incerteza ante o futuro… Anos convulsos (que diría un clásico).
Philip Johnson (que era filonazi, e nese momento o era moita xente) en 1933 escribiu con entusiasmo que Mies tiña que ser o arquitecto do Terceiro Reich. Nese momento Hitler aínda non coñecía a Albert Speer (estaba a empezar a ver algunhas cousas súas). Imaxinádesvos se lle fixese caso a Johnson? Imaxinádesvos se alguén lle presentase nese momento a Mies? A vida e a casualidade teñen estas cousas, e Mies estaba disposto a todo, e seguro que celebraría con entusiasmo ser o arquitecto do réxime.
Os nazis aínda non sabían que querían en materia de arte e de arquitectura, pero pronto se viu que a vangarda non lles gustaba nada, e a Bauhaus non durou nin sequera baixo a dirección servil de Mies. A Hitler, que era un artista afeccionado sen talento, sen cultura e sen imaxinación, e que quixera ser arquitecto pero non tiña ningunha aptitude, tiráballe o clasicote-mazacote, e a hábil elegancia de Speer co neoclasicismo acaboulle de definir arquitectónicamente. (Pero Mies era un gran admirador de Schinkel, e sería perfectamente capaz de traizoar a liña moderna e exercer o neoclasicismo sen inmutarse).
Los nazis aún no sabían qué querían en materia de arte y de arquitectura, pero pronto se vio que la vanguardia no les gustaba nada, y la Bauhaus no duró ni siquiera bajo la dirección servil de Mies. A Hitler, que era un artista aficionado sin talento, sin cultura y sin imaginación, y que había querido ser arquitecto pero no tenía ninguna aptitud, le tiraba lo clasicote-mazacote, y la hábil elegancia de Speer con el neoclasicismo le acabó de definir arquitectónicamente. (Pero Mies era un gran admirador de Schinkel, y habría sido perfectamente capaz de traicionar la línea moderna y ejercer el neoclasicismo sin inmutarse).
Mies non se marchou correndo a América, como Gropius, porque mantivo as esperanzas dun futuro cos nazis. O seu comportamento a este respecto hoxe vese ridículo e mesmo bochornoso, pero hai que comprender que neses momentos a maioría da xente pensaba que era posible vivir e medrar cos nazis.
Mies fixo moitos e variados esforzos por conciliarse coa política artística do Reich, con encaixar nela. Pero os nazis eran contraditorios e brutais: Por unha banda interesáballes a funcionalidade, a eficacia e a monumentalidad con tinguiduras modernas, pero por outra querían un renacemento nacionalista simbólico e enfático. Os esforzos de Mies móstrannolo agora como un bobo ou, aínda peor, como un covarde.
Por aquela época a súa vida parecía non correr perigo, pero tampouco tiña encargos, nin daba clases, nin nada.
Ao pouco tempo, chamáronlle de América e, agora si, agarrouse á oportunidade.
Tras un carteo que durou case todo o ano 1936, no que se lle ofrecía unha cátedra para finalmente perdela polos pelos, en 1937 o matrimonio Resor encargoulle unha casa de verán en Wyoming e, sobre todo, convidoulle a EE.UU. xusto cando Alemaña cheiraba xa a pólvora dunha maneira insoportable. Mies fixo as maletas a toda velocidade e marchouse correndo.
Á súa muller e ás súas fillas xa as abandonaba facía tempo, pero estas eran xa maiores e poderían facerse cargo da súa nai. En canto a Lilly Reich, por que se marchou sen ela? Deixouna en Alemaña, no medio do perigo, soa, namorada del.
En América viu outro mundo. Había paz e tranquilidade. A xente respectáballe, queríanlle facer encargos e tiña un par de universidades para elixir cátedra.
En abril de 1938 volveu a Alemaña para arranxar rapidamente algunhas cousas e volverse ao paraíso, e atopouse con que os nazis xa se aclararon: Xulgaban toda a vangarda como arte degenerado e relacionábana co xudaísmo e o comunismo. Si, lembrábanlle, e tamén lle emparentaban cos xudeus e os comunistas da extinta Bauhaus. Mies deuse conta de que se meteu na trampa e de que lla estaba xogando, e de que talvez non puidese volver xa a América.
En agosto, antes de volver, tiña que pasar pola comisaría de policía para recoller o seu pasaporte (que entregara previamente) co seu visado de emigración. Deulle tanto medo que lle estivesen esperando para deterlle que mandou a un amigo. Leste recolleu o pasaporte, pero cando chegou á casa de Mies para darllo atopoullo morto de medo, ante dous oficiais da Xestapo que lle estaban interrogando e íanllo a levar precisamente por estar sen pasaporte.
Afortunadamente, púidose aclarar a cousa, e os oficiais da Xestapo deron por bo o visado e deixáronlle.
Naturalmente, co pasaporte visado no peto, Mies foise outra vez a América correndo, deixando todo atrás, sen coñecer a ninguén. Sálvese o que poida. As súas mulleres quedaban no inferno.
![Historia Universal de la Infamia [III] Lilly Reich o2](https://veredes.es/blog/wp-content/uploads/2018/02/Historia-Universal-de-la-Infamia-III-Lilly-Reich-o2.jpg)
Lilly Reich, con grandes traballos, ocupouse de ir ao estudo abandonado de Mies e rescatar os debuxos e os papeis, e clasificalos e ordenalos meticulosamente. (Grazas a ela hoxe existe o arquivo de Mies). Tamén loitou por defender os dereitos dos seus mobles (que se pirateaban moito), e de conseguir cobrar algo de diñeiro que levaba á esposa de Mies. Loitou por defender todo o de Mies, mentres leste, en América, esquecíase dela. Unha chamada desde alí podería salvala, podería levala tamén a ela á salvación, pero Mies non quería estar atado a ninguén. Non quería que ninguén lle molestase.
Ao ano seguinte, na noitevella de 1939, coñeceu a Lora Marx, de quen se namorou. Nunca viviu con ela. Mies non soportaba xa vivir con ninguén. Vivía só, nunha habitación de hotel, cos seus cadros debaixo da cama. Gustáballe atoparse con Lora, pero que logo se fose á súa casa.
Mies viviu como un rei mentres que a súa esposa e Lilly pasaban fame e medo, no horrible Berlín da guerra mundial. Non fixo nada por axudalas. (Tampouco podía enviarlles diñeiro nin comida tal como estaba a cousa).
Lilly Reich pasou a guerra traballando como puido. Os nazis estaban interesados na prefabricación e na estandarización, que enlazaba co espírito Neufert da Bauhaus e coa Werkbund, e ela puido traballar precaria e anonimamente en traballos rutineiros de modulación métrica, tentando ser útil e cumprir a súa deber. Coidou sempre do legado de Mies e loitou con gran forza e valentía. Pouco despois de acabada a guerra, con Berlín destruído e a moral afundida, morreu de cancro en 1947, namorada aínda e sempre de Mies van der Rohe.
A esposa de Mies, Ada, con todos os seus esforzos e penurias, foi capaz de ocultar a uns xudeus no seu pequeno apartamento durante unha tempada.
Todas foron heroínas.

José Ramón Hernández Correa
Doutor Arquitecto e autor de Arquitectamos locos?
Toledo · maio 2012
[:en]
Universal history of the Turpitude [II] | José Ramón Hernández Correa
I finish the trilogy (I, II) that I promised, not because there should no be many any more turpitudes, but because I believe that it costs with one of each one of the three big ones. And I finish off the series with relief, because it is not nice to count so many dirty rags.

To Mies van der Rohe one has accused him of having been often too docile with the Nazi. This has debatable shades, but many relation with which I consider his real turpitude, so I will begin thereabouts. Hannes Meyer happened to Walter Gropius in the direction of the Bauhaus. If the school, free and ultramodern, had been always rather of left sides, under Meyer’s direction it it was already firmly. In full height of the Nazi, Hannes Meyer toughened the political ideology of the Bauhaus up to intolerable limits for those. In 1930 they expelled him, and they were not sure still of closing the Bauhaus. Grain convinced them somehow that the school could «re-behave» and him to be useful to the Reich.
(In this delicate relation the most open to criticism elements are, to the effect that Grain betrayed the Bauhaus and she was delivered to the Nazi, but also another reading can make to him and defend that he did everything possible for saving it, and that the negotiation with the Nazi was inevitable. I, up to there, give him to Grain the benefit of the doubt).
Once defenestrado Meyer, Grain he was nominated the director. The first thing that it did was a fierce sieve of pupils and teachers, up to eradicating the political ideology of the Bauhaus. Grain was apolítico, and more in these times. («Apolitical» can understand in this context as » rather of rights «, but lukewarm and without desire of messes).
Some teachers did not hope that they were dismissing them, and resigned. Many pupils were stirred up, and were expelled. Rather: Grain was much more radical. He expelled absolutely all the pupils, and later it opened a period of matriculation in the one that examined personnel and concienzudamente to every aspirant, to insure itself that the leftist bilges had finished forever.
Mies Mies contracted Lilly Reich as Interiorismo’s teacher and Decoration.
It had known her in 1924, and had impressed him deeply (so much that to a little time left his wife and his three daughters for her). Lilly had begun his career as fashionable designer, where it learned to value materials, textures, colors … what used him as much to pass later to the design of furniture and to the conditioning space.
To Mies, always so conscious and so lover of the materials, but still anchored to the traditional ones, taught him to value the fabrics, the glass, the steel, etc. Immediately they started working together. Lilly threw him to the design of furniture, and was fundamental in projects as fantastic as the Pavilion of Barcelona or the house Tugendhat.
But, apart from what Lilly contributed him to Mies in the field of the architecture, in the personal thing it made him reconsider his life and his future. It is supposed that they lived through a torrid history of love, but the only graphical testimony is this, that very torrid, which is said very torrid, it does not seem. We go, that is not like to melt of emotion. (I do not know – and he would swear that there does not exist – any other photography in which the two appear).

Personal life, professional life, uncertainty before the future… Convulsed Years (that the classic one would say).
Philip Johnson (who was filonazi, and in this moment great age people) in 1933 wrote keenly that Grain had to be the architect of the Third Reich. In this moment Hitler still did not know Albert Speer (it was starting seeing any his things). Do you imagine if it had noticed Johnson? Do you imagine if someone him had presented in this moment to Grain? The life and the chance have these things, and Grain was arranged to everything, and insurance that he would have celebrated to be keenly the architect of the regime.
The Nazi still did not know what they wanted as for art and architecture, but prompt one saw that they did not like the forefront anything, and the Bauhaus did not last not at least under the servile direction of Grain. To Hitler, who was artist fond without talent, without culture and without imagination, and that had wanted to be an architect but did not have any aptitude, it was throwing clasicote-barilla, and Speer’s skilful elegance with the Neoclassicism had just defined him architectonically. (Pero Mies was a great admirer of Schinkel, and it would have been perfectly capable of betraying the modern line and of exercising the Neoclassicism without turning pale).
Mies did not leave running to America, as Gropius, because it supported the hopes of a future with the Nazi. His behavior in this regard today meets ridiculous and even sultry, but it is necessary to understand that about these moments the majority of the people was thinking that it was possible to live and to grow with the Nazi.
Mies did many and varied efforts for gaining with the artistic politics of the Reich, in spite of fitting in her. But the Nazi were contradictory and brutal: On one hand they were interested in the functionality, the efficiency and the monumentalidad with modern dyes, but for other one they wanted a nationalistic symbolic and emphatic renaissance. The efforts of Mies show it to us now as a fool or, even worse, as a coward.
In that epoch his life seemed not to run risk, but it did not have orders either, nor was giving neither lessons, or anything.
To a little time, they called him of America and, now yes, it fought to the opportunity.
After a correspondence that lasted almost all the year round 1936, in which one was offering him a chair finally to lose it for the hair, in 1937 the marriage Resister entrusted him a summer house in Wyoming and, especially, he invited him to just USA when Germany was smelling already to gunpowder of an unbearable way. Mies did the suitcases full speed and left running.
Already it had left his wife and his daughters was doing time, but these were already major and they might take charge of his mother. As for Lilly Reich, why did it leave without her? It left her in Germany, in the middle of the danger, alone, in love with he.
In America it saw another world. There was peace and tranquility. The people were respecting him, they wanted to do orders to him and it had a couple of universities to choose chair.
In April, 1938 it returned to Germany to arrange rapidly some things and to turn to the paradise, and met that the Nazi already had caught on: They were Judging the whole forefront as degenerate art and were relating her to the Judaism and the communism. Yes, they reminded him, and also they were relating him with the Jews and the communists of the extinct Bauhaus. Mies realized that it had got into the trap and that she was played, and that maybe could not return already to America.
In August, before returning, it had to happen for the policeman’s police station to gather his passport (that had delivered before) with his visa of emigration. He was afraid that were waiting for him to stop him that it sent a friend. This one gathered the passport, but when it came to the Mies´ house to give it to him one found it scared to death, before two officials of the Gestapo who were interrogating him and being going to take it to him precisely for being without passport.
Lucky, it was possible to clarify the thing, and the officials of the Gestapo gave for the visa good and left him.
Naturally, with the passport visa in the pocket, Mies went away again to America running, leaving everything behind, without knowing anybody. There be saved the one that could. His wives were remaining in the hell.
![Historia Universal de la Infamia [III] Lilly Reich o2](https://veredes.es/blog/wp-content/uploads/2018/02/Historia-Universal-de-la-Infamia-III-Lilly-Reich-o2.jpg)
Lilly Reich, with big works, was busy with going to the study left of Mies and with rescuing the drawings and the papers, and with classifying them and with arranging them meticulously. (Thanks to her today the file of Mies exists). Also it fought to defend the rights of his furniture (that were pirated very much), and of managing to receive something of money that was taking the Mies´wife. Everything fought to defend it from Mies, while this one, in America, he forgot her. A call from there might have saved it, might have taken her also to her to the salvation, but Mies did not want to be tied to anybody. It did not want that he could not stand anybody.
On the following year, in the nochevieja of 1939, it knew Lora Marx, with whom he fell in love. It never lived with her. Grain was not supporting already to live with anybody. It was living alone, in a room of hotel, with his pictures under the bed. It liked to find with Female parrot, but that then went away to his house.
Mies lived as a king whereas his wife and Lilly were spending hunger and fear, in the horrible Berlin of the world war. It did not do anything for them helping. (It could send neither money nor food such as the thing was).
Lilly Reich spent the war working since it could. The Nazi were interested in the prefabricación and in the standardization, which Neufert de la Bauhaus was connecting with the spirit and with the Werkbund, and she could work precariously and anonymous in routine works of metric modulation, trying to be useful and to fulfill his duty. It took care always of the Mies´legacy and fought against great force and valor. Soon after ended the war, with destroyed Berlin and the sunked morality, died of cancer in 1947, inspired love still and always with Mies van der Rohe.
The Mies´wife, Ada, with all his efforts and penuries, was capable of concealing a few Jews in his small apartment during a season.
They all were heroines.

José Ramón Hernández Correa
PhD Architect and author of Arquitectamos locos?
Toledo · may 2012
[:]




