InicioartículosVisibilizar el calor | Miguel Ángel Díaz CamachoVisibilizar a calor | Miguel...

Visibilizar el calor | Miguel Ángel Díaz CamachoVisibilizar a calor | Miguel Ángel Díaz CamachoSee the heat | Michael Ángel Díaz Camacho

Aalto, Rautatalo 1953-55

Que la arquitectura no es posible sin la luz resulta tan evidente como inexacto. O al menos incompleto. Efectivamente, tantas veces se nos ha dicho ya, la luz puede ser la materia prima de la arquitectura, su sustancia. Cierto. No hace tanto el ciclo de la vida se organizaba en torno al ciclo solar y la arquitectura convocaba a la penumbra al abrigo de noches estrelladas1. La electricidad estimularía la mágica capacidad de los hombres para la fabricación de la luz, el artificio luminoso que permitiría la modificación de patrones ancestrales de conducta. Sin embargo, se suele obviar con frecuencia un componente no menos fundamental para el hecho de habitar, un espectro presente en la hoguera y la luminaria, una energía tan inmaterial como ferviente servidora de la luz: el calor.

En contadas ocasiones se ha relacionado el resplandor de una luminaria o un foco con su revelación térmica, un halo invisible y casi residual para la gran arquitectura. En la “Iron House” 2 Alvar Aalto propone un elegante atrio central iluminado cenitalmente a través de una serie de 40 lucernarios organizados en retícula de 5 por 8. Se trata básicamente del tipo utilizado en Viipuri pero evolucionado gracias a la incorporación de una manta exterior de luz artificial, una suma de estrellas individuales situadas sobre el vidrio circular que remata cada uno de los huecos cilíndricos. El perfeccionamiento no es menor: por un lado el atrio se encuentra igualmente iluminado durante el día y la noche; por otro, las lámparas derriten las nevadas copiosas del invierno y habilitan el uso del lucernario en cualquier momento del año en Helsinki.

Al margen del deliberado ejercicio de alteración perceptiva noche-día3, interesa aquí la ingeniosa aportación térmica de las luminarias, haciendo visible un proceso que a menudo pasa inadvertido dentro de la configuración del espacio. La capacidad de las lámparas para derretir la nieve no solo resulta un hecho evidentemente práctico: su desaparición visibiliza un proceso de liberación de calor a menudo oculto en turbulencias y movimientos de aire en el espacio interior. El calor ejerce una poderosa capacidad de transformación sobre los fluidos que nos envuelven y afectan. El calor nos incuba y nos devuelve a situaciones prenatales libres de toda entropía; Dennis Oppenheim representaba bien este proceso a través de su instalación “Aging” 4. También aunque desde otra perspectiva, arquitectos como Philippe Rahm se han empeñado en reconciliar la naturaleza corpuscular de la luz con su ascendente termodinámica, cartografiando las variaciones de temperatura o humedad relativa con la precisión del científico que opera desde la monitorización de un hábitat. ¿Qué tienen en común Aalto, Oppenheim y Rahm? Bueno, todos ellos han trabajado con la luz como instrumento para visibilizar el calor.

Miguel Ángel Díaz Camacho. Doctor Arquitecto
Madrid. abril 2014

Notas:
1 Llama la atención el diseño de lámparas de aceite y soportes para velas en las primeras obras de Wright en Oak Park a finales del Siglo XIX y principios del XX.
2 Edificio Comercial y de Oficinas “Rautatalo”, Helsinki, concurso 1952, construcción 1953-55. Apodado “Iron House” debido al nombre de sus propietarios “The Association of Iron Dealers”.
3 Que trataremos en otra ocasión.
4 La instalación “Aging” (1974) se expuso en el Edificio Sabatini del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía dentro del proyecto “DENNIS OPPENHEIM. Taller de investigación sobre fondos del MNCARS”, Madrid 19 de abril al 3 de noviembre 2005. Una serie de figuras de cera erguidas y alineadas ante idénticos focos de luz infrarroja separados una distancia variable in crescendo; la luz permitía observar las figuras mientras el calor las fundía y hacía retorcer en un lento cambio de posición. Algunas se sentaban, otras caían de rodillas antes de tumbarse y desaparecer conformando una masa informe y desfigurada. El interés de la obra reside en hacer visible una variable que rara vez se puede observar en la escultura: el calor.

Aalto, Rautatalo 1953-55

That the architecture is not possible without the light it turns out so evident as inaccurate. Or at least incomplete. Really, so often it has been said to us already, the light can be the raw material of the architecture, his substance. Certain. It does not do so much the cycle of the life one was organizing concerning the solar cycle and the architecture was calling for the semidarkness sheltered by starry nights1. The electricity would stimulate the magic capacity of the men for the manufacture of the light, the luminous artifice that would allow the modification of ancient bosses of conduct. Nevertheless, one is in the habit of obviating often a not less fundamental component for the fact of living, a present spectrum in the bonfire and the light, an energy as immaterial as fervent servidora of the light: the heat.

In few occasions there has been related the radiance of a light or an area to his thermal revelation, an invisible and almost residual halo for the great architecture. In the “Iron House” 2 Alvar Aalto cenitalmente proposes an elegant central illuminated porch across a series of 40 lucernarios organized in reticle of 5 for 8. It is a question basically of the type used in Viipuri but evolved thanks to the incorporation of an exterior blanket of artificial light, a sum of individual stars placed on the circular glass that finishes off each of the cylindrical hollows. The development is not minor: on the one hand the porch is equally illuminated during the day and the night; for other one, the lamps melt the copious winters snowfalls and enable the use of the lucernario at any time of the year in Helsinki.

To the margin of the deliberate exercise of perceptive alteration in the night-day3, it interests here the ingenious thermal contribution of the lights, making visible a process that often slips by inside the configuration of the space. The capacity of the lamps to melt the snow not only turns out to be an evidently practical fact: his disappearance visibiliza a process of heat liberation often secret in turbulences and air movements in the interior space. The heat exercises a powerful capacity of transformation on the fluids that wrap and affect us. The heat incubates us and returns to us to prenatal free situations of all entropy; Dennis Oppenheim was representing well this process across his installation “Aging” 4. Also though from another perspective, architects like Philippe Rahm have pledged in reconciling the nature corpuscular of the light with his ascending thermodynamic one, cartografiando the variations of temperature or relative dampness with the precision of the scientist who operates from the monitoring of a habitat. What have they jointly Aalto, Oppenheim and Rahm? Well, all of them have worked with the light as instrument for visibilizar the heat.

Miguel Ángel Díaz Camacho. Doctor Architect

Madrid. april 2014

Notes:

1 The attention calls the design of lamps of oil and supports for candles in the Wright’s first works in Oak Park at the end of the 19th century and beginning of the XXth.

2 Commercial building and of Offices “Rautatalo”, Helsinki, I compete 1952, construction 1953-55. Nicknamed “Iron House”due to the name of his proprietary “The Association of Iron Dealers”.

3 That we will treat in another occasion.

4 The installation “Aging” (1974) exposed in the Building Sabatini of the National Museum Center of Art He reigns Sofia inside the project “DENNIS OPPENHEIM. Workshop of investigation on funds of the MNCARS”, Madrid on April 19 to November 3, 2005. A series of figures of wax raised and aligned before identical separated areas of infrared light a variable distance in crescendo; the light was allowing to observe the figures while the heat was fusing and made them twist in a slow change of position. Some of them were sitting down, others were falling down of knees before falling down and to be eliminated shaping a formless and disfigured mass. The interest of the work resides in making visible a variable that rarely can be observed in the sculpture: the heat.

Aalto, Rautatalo 1953-55

Que a arquitectura non é posible sen a luz resulta tan evidente como inexacto. O polo menos incompleto. Efectivamente, tantas veces se nos dixo xa, a luz pode ser a materia prima da arquitectura, a súa substancia. Certo. Non hai tanto o ciclo da vida organizábase en torno ao ciclo solar e a arquitectura convocaba a penumbra ao abeiro de noites estreladas1. A electricidade estimularía a máxica capacidade dos homes para a fabricación da luz, o artificio luminoso que permitiría a modificación de patróns ancestrais de conduta. Non obstante, adóitase obviar con frecuencia un compoñente non menos fundamental para o feito de habitar, un espectro presente na cacharela e a luminaria, unha enerxía tan inmaterial como fervente servidora da luz: a calor.

En contadas ocasións relacionouse o resplandor dunha luminaria ou un foco coa súa revelación térmica, un halo invisible e case residual para a gran arquitectura. Na “Iron House” 2 Alvar Aalto propón un elegante adro central iluminado cenitalmente a través dunha serie de 40 lucernarios organizados en retícula de 5 por 8. Trátase basicamente do tipo utilizado en Viipuri pero evolucionado grazas á incorporación dunha manta exterior de luz artificial, unha suma de estrelas individuais situadas sobre o vidro circular que remata cada un dos ocos cilíndricos. O perfeccionamento non é menor: por un lado o adro encóntrase igualmente iluminado durante o día e a noite; por outro, as lámpadas derreten as nevadas copiosas do inverno e habilitan o uso do lucernario en calquera momento do ano en Helsinki.

Á marxe do deliberado exercicio de alteración perceptiva noite-día3, interesa aquí a enxeñosa achega térmica das luminarias, facendo visible un proceso que a miúdo pasa inadvertido dentro da configuración do espazo. A capacidade das lámpadas para derreter a neve non só resulta un feito evidentemente práctico: a súa desaparición visibiliza un proceso de liberación de calor a miúdo oculto en turbulencias e movementos de aire no espazo interior. A calor exerce unha poderosa capacidade de transformación sobre os fluídos que nos envolven e afectan. A calor incúbanos e devólvenos a situacións prenatais libres de toda entropía; Dennis Oppenheim representaba ben este proceso a través da súa instalación “Aging” 4. Tamén aínda que dende outra perspectiva, arquitectos como Philippe Rahm se empeñaron en reconciliar a natureza corpuscular da luz coa súa ascendente termodinámica, cartografando as variacións de temperatura ou humidade relativa coa precisión do científico que opera dende a monitorización dun hábitat. ¿Que teñen en común Aalto, Oppenheim e Rahm? Ben, todos eles traballaron coa luz como instrumento para visibilizar a calor.

Miguel Ángel Díaz Camacho. Doutor Arquitecto

Madrid. abril 2014

Notas:

1 Chama a atención o deseño de lámpadas de aceite e soportes para velas nas primeiras obras de Wright en Oak Park a finais do Século XIX e principios do XX.

2 Edificio Comercial e de Oficinas “Rautatalo”, Helsinki, concurso 1952, construción 1953-55. Alcumado “Iron House” debido ao nome dos seus propietarios “The Association of Iron Dealers”.

3 Que trataremos noutra ocasión.

4 La instalación “Aging” (1974) expúxose no Edificio Sabatini del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía dentro do proxecto “DENNIS OPPENHEIM. Taller de investigación sobre fondos do MNCARS”, Madrid 19 de abril ao 3 de novembro 2005. Unha serie de figuras de cera ergueitas e aliñadas ante idénticos focos de luz infravermella separados unha distancia variable in crescendo; a luz permitía observar as figuras mentres a calor as fundía e facía retorcer nun lento cambio de posición. Algunhas sentábanse, outras caían de xeonllos antes de tombarse e desaparecer conformando unha masa informe e desfigurada. O interese da obra reside en facer visible unha variable que rara vez se pode observar na escultura: a calor.

Miguel Ángel Díaz Camacho
Miguel Ángel Díaz Camachohttps://madc.xyz/
Es doctor arquitecto y actual presidente de la Asociación Sostenibilidad y Arquitectura. Delegado del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE) en el Consejo Europeo de Arquitectos, Architects Council of Europe (ACE). Socio fundador en MADC Arquitectos, compañía establecida en Madrid que ha recibido numerosos premios en concursos nacionales e internacionales. Investigador y profesor universitario, su filosofía de trabajo y pensamiento teórico han sido ampliamente desarrollados en publicaciones como “Párrafos de Arquitectura. Core(oh)grafías” (Ediciones Asimétricas, 2016) o “Arquitectura y Cambio Climático” (Fundación Arquia, 2018). En la actualidad desarrolla proyectos de arquitectura y urbanismo en España y Noruega.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS