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Una arquitectura para el encuentro. La proxémica en tiempos de transformación social y tecnológica | Héctor J. Nava Fuenmayor

Una arquitectura para el encuentro. La proxémica en tiempos de transformación social y tecnológica Héctor J. Nava Fuenmayor Portada
Una arquitectura para el encuentro. La proxémica en tiempos de transformación social y tecnológica  

La transformación acelerada del mundo contemporáneo, impulsada por los cambios tecnológicos, ha impuesto nuevos modelos de interacción que afectan la forma en que experimentamos el espacio. La virtualización de las relaciones, así como el trabajo remoto y el comercio digital, han reducido la necesidad de interacción física, debilitando la cohesión de las ciudades y fragmentando las experiencias arquitectónicas. Los espacios que alguna vez tuvieron una función social clara, como oficinas, centros comerciales o plazas públicas, se pueden estar enfrentando ahora y en un futuro cercano a una crisis de relevancia debido a su falta de adaptación a las nuevas dinámicas. Esta desconexión entre el diseño urbano y la arquitectura contemporánea con los ritmos cambiantes de la vida actual da como resultado espacios fragmentados y la obsolescencia prematura de parte de la infraestructura existente. Sin embargo, esta aceleración va más allá de lo tecnológico y lo económico; también se ha convertido en un fenómeno cultural y en un aspecto central de la construcción social del mundo actual.¹

Uno de los efectos más críticos de los procesos de fragmentación espacial y distanciamiento social es la pérdida del sentido de lugar. Tradicionalmente, la arquitectura ha servido para dotar de identidad a los espacios, creando lugares que actúan como referentes físicos y simbólicos, permitiendo que las personas se reconozcan dentro de su entorno. No obstante, los constantes cambios en el uso del suelo, el abandono social de zonas específicas, la gentrificación acelerada y la estandarización global de la arquitectura, han provocado una desconexión entre los ciudadanos y su entorno urbano. Ante la multiplicación de estos espacios transitorios o fragmentados, la ciudad ya no es un tejido continuo de experiencias compartidas, sino una colección de fragmentos aislados donde las relaciones espaciales se disuelven dentro de un flujo constante de transformación y, en muchos casos, de abandono.

Uno de los mayores desafíos de la arquitectura contemporánea es la creación de entornos que no solo sean funcionales en el presente, sino también adaptables a la rápida evolución del comportamiento humano y de las tecnologías emergentes.

En la búsqueda por hacer que los espacios físicos sean más adaptables a las necesidades cambiantes de las personas, la proxémica puede utilizarse como una herramienta de diseño para influir de manera sutil y efectiva en el comportamiento humano. Este concepto fue acuñado por el antropólogo Edward T. Hall en su obra The Hidden Dimension (1966),² donde identificó cuatro distancias interpersonales —íntima, personal, social y pública— que regulan cómo los seres humanos se relacionan según el contexto cultural y social. Aunque Hall desarrolló esta teoría desde la antropología, su aplicación a la arquitectura es directa: la forma en que se organizan los espacios, la distancia entre ciertos elementos y la disposición del mobiliario impactan directamente en cómo las personas interactúan, se comportan en entornos específicos y se sienten dentro de esos espacios.

En este sentido, como estrategia de diseño, puede tener un rol fundamental en este proceso. Nos permite comprender cómo los usuarios experimentan el espacio en términos de cercanía y cómo esta proximidad puede “manipularse” o configurarse para fomentar o desalentar ciertos comportamientos. Inmerso en un entorno urbano cada vez más impulsado por la tecnología, el diseño debe responder a los nuevos patrones de interacción social que surgen de la digitalización, el trabajo remoto y la conectividad constante.

Por ejemplo, en espacios públicos como parques urbanos o plazas, la disposición de las bancas, los senderos y las áreas de descanso debe tener en cuenta cómo desean interactuar las personas. Los arquitectos tienen la responsabilidad de promover o limitar la interacción según el contexto social y las necesidades de la comunidad. Si el objetivo es la comunicación espontánea entre los ciudadanos, la proxémica puede utilizarse estratégicamente colocando espacios de permanencia próximos entre sí en áreas que fomenten la conversación. Por el contrario, en espacios diseñados para la introspección o la relajación, se pueden establecer distancias mayores, incorporando elementos de diseño que brinden privacidad sin romper la conexión visual con el entorno.

Mientras que la programación arquitectónica se enfoca tradicionalmente en la relación entre el espacio y el usuario, se ha prestado poca atención a la relación de usuario a usuario dentro de la arquitectura. Esta perspectiva reposiciona al encuentro humano como una herramienta clave para la práctica arquitectónica, haciendo posible un impacto político, social, económico y cultural verdaderamente transformador.

Una arquitectura para el encuentro. La proxémica en tiempos de transformación social y tecnológica Héctor J. Nava Interpretación visual de la pérdida de interacción humana
Interpretación visual de la pérdida de interacción humana en el espacio público contemporáneo. (Imagen generada por IA mediante ChatGPT, OpenAI, 2026).

Un caso que ilustra con precisión la relación entre distancia física y comportamiento social es el parque Superkilen,³ en el barrio de Nørrebro, Copenhague, diseñado por BIG, Topotek 1 y Superflex. El proyecto buscaba fomentar la cohesión social en un vecindario con más de sesenta nacionalidades distintas. El arquitecto e investigador Jonathan Daly realizó un estudio etnográfico exhaustivo sobre Superkilen y concluyó que, en términos generales, el diseño privilegió la representación simbólica de las culturas presentes en el barrio por encima de las prácticas espaciales cotidianas de sus habitantes, lo que limitó su capacidad real de generar cohesión social.⁴

Sin embargo, dentro de ese balance crítico, Daly identifica un elemento de diseño que sí cumplió su función proxémica: el mobiliario urbano. Según el estudio, residentes de origen minoritario solicitaron explícitamente que se reemplazaran las bancas rectas de tradición danesa por un diseño curvo, argumentando que sentarse en línea recta dificultaba la comunicación entre las personas. El resultado fue un banco en forma de media luna que demostró ser el más efectivo de todo el parque para propiciar el encuentro intercultural: su geometría permitió acomodar grupos de entre dos y quince personas, manteniendo distancias cómodas entre desconocidos y, sobre todo, facilitando el contacto visual necesario para iniciar una conversación. En contraste, las bancas paralelas, de tipología danesa predominante en el resto del parque, limitaron sistemáticamente ese contacto visual y, con ello, la posibilidad de interacción espontánea entre usuarios de distintos orígenes.

Este contraste es revelador: incluso dentro de un proyecto cuyo concepto general fue objeto de crítica (para Daly), el elemento que sí funcionó fue precisamente el que aplicó principios proxémicos de forma evidente. Esto confirma que la disposición física del mobiliario urbano no es un detalle estético secundario, sino una decisión de diseño con consecuencias sociales medibles y, en última instancia, verificables empíricamente.

Espacio público del parque Superkilen, Copenhague. Fotografía de Fred Romero.⁵
Espacio público del parque Superkilen, Copenhague. Fotografía de Fred Romero.⁵

El impacto de estas decisiones trasciende lo estrictamente espacial. Democratizar el acceso al espacio público mediante configuraciones que reduzcan la segregación social tiene, de por sí, una dimensión política, fortalece la participación ciudadana y la capacidad de las comunidades para tomar decisiones colectivas. Ese mismo principio tiene lecturas económicas, en la medida en que la flexibilidad espacial permite adaptarse a modelos más dinámicos de trabajo y comercio, optimizando las redes locales sin sacrificar el bienestar humano. Y, en el plano cultural, el diseño de lugares de encuentro puede reactivar la memoria colectiva y reforzar la identidad de una comunidad frente a las tendencias de fragmentación y uniformidad que dominan buena parte de la arquitectura contemporánea.

El caso de Superkilen ilustra justamente esta convergencia: lo que comenzó como una decisión de mobiliario, terminó teniendo implicaciones sociales y culturales medibles para una comunidad entera. Ese es, quizás, el argumento más contundente a favor de la proxémica como herramienta de diseño: transforma decisiones aparentemente menores en mecanismos de cambio a escalas mucho mayores.

Como reflexión final, el reto de la arquitectura contemporánea no consiste únicamente en diseñar espacios flexibles o resilientes, sino en volver a situar el comportamiento humano en el origen del proyecto arquitectónico. Solo comprendiendo cómo las personas se relacionan entre sí podremos diseñar espacios capaces de propiciar los encuentros que una sociedad en constante transformación necesita. Debemos esforzarnos por crear espacios que hagan algo más que satisfacer necesidades funcionales; deben activar dinámicas de transformación social, facilitando interacciones que impulsen el cambio a múltiples escalas. Si la aceleración tecnológica y social continúa reconfigurando nuestras formas de relacionarnos, la pregunta que debería guiar a todo arquitecto no es solo qué función cumple un espacio, sino qué encuentro humano específico busca hacer posible.

Notas

¹ Alicia Lindón, “La aceleración de la vida cotidiana y los espacios del anonimato”, en La construcción social del mundo actual: identidades, espacios y tecnologías, ed. María Teresa Esquivel y José A. Sosa (Ciudad de México: Universidad Autónoma Metropolitana, 2011), 45-68.

² Edward T. Hall, The Hidden Dimension (Nueva York: Doubleday, 1966).

³ BIG (Bjarke Ingels Group), “Superkilen”, consultado el 15 de julio de 2026, https://big.dk/projects/superkilen-1621. En su memoria descriptiva, BIG define el proyecto como “un parque concebido como una gigantesca exposición de mejores prácticas urbanas. El parque atraviesa la zona de Nørrebro, justo al norte del centro de la ciudad de Copenhague, creando un espacio contrastante pero unificador en uno de los barrios con mayor diversidad étnica de Dinamarca”.

⁴ Jonathan Daly, “Superkilen: Exploring the Human–Nonhuman Relations of Intercultural Encounter”, Journal of Urban Design 25, nº 1 (2019): 65–85.

⁵ Fred Romero, “(Nørrebro) Nørrebroruten Superkilen public park – the black section. Arch. BIG (Bjarke Ingels), Topotek 1, Superflex”, Flickr, 2016, transferida a Wikimedia Commons.

Héctor J. Nava Fuenmayor
Héctor J. Nava Fuenmayor
Arquitecto venezolano, radicado en Chile. Esp. en construcción civil, docente y melómano. Diseño, construyo, aprendo mientras enseño y cuestiono todo: la arquitectura, el espacio y, sobre todo, mis propias certezas
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