Un cuento de Navidad. Loos y el árbol de Navidad de Gabriela | Jorge Meijide

El árbol de Navidad de Gabriela, diciembre 2012

Un cuento de Navidad. Loos y el árbol de Navidad de Gabriela

Ya está aquí la Navidad. Ya han llegado los anuncios de perfumes, los de juguetes, las cenas, las reuniones familiares y demás desatinos y por supuesto, como no, los imprescindibles y omnipresentes árboles de Navidad. Esos delicados objetos arrancados de la naturaleza o copiados de ella, que pasan un par de semanas en nuestras salas de estar y que propician, al calor de su elección, elaboración y decoración, los primeros desacuerdos domésticos que éstas queridas fiestas se empeñan en propiciar. Esos queridos objetos que son el ejemplo vivo del exceso de complementos, como de cualquier buena arquitectura pastelera que se precie, o de la ausencia total de ellos, hasta dejarlos en pura espina, dignos de un ultraortodoxo minimalista.

El caso es que ha tocado ya hacer el árbol de éste año y en casa, como en cualquier  buena casa arquitectónica que se precie, habitada por una sana pareja de arquitectos (es un decir…), en la que se cuestiona, desde la elección del jabonero hasta la colocación de la mesa… el arbolito ha sido tema de un intenso taller de ideas, cuyas últimas e inapelables conclusiones han sido redactadas por la más pequeña de la casa y su madre, dejando todas mis, por supuesto, absurdas objeciones desestimadas. Mi perra Paca no me ayudó mucho…

El árbol, por si cabía alguna duda, ha sido diseñado y elaborado en el taller doméstico, o sea el salón, tabernáculo de la vida común doméstica; la opción de emplear alguno del jardín o bosque cercano, que después de su uso hubiera sido vuelto a poner en libertad, o sea, replantado, lo digo por si acaso alguien me pudiera mirar mal, queda totalmente descartada. ¡Claro que lo hacemos nosotros…! ¡Faltaría más! Si es que hay gente muy dispuesta.

El arduo trabajo de puesta en común, así como la prolija elaboración material del artilugio, que pasa por la elección del material adecuado, su manipulación y estabilidad, sus proporciones, medidas y consistencia necesarias, la cadena de montaje, las pruebas de resistencia, su colocación adecuada, su iluminación, etc. ha sido tenido en cuenta hasta en sus más mínimos detalles y llevado a cabo en su orden preciso; teniendo en cuenta que la mano de obra ha sido infantil y que han sido dos los directores de obra, la cosa ha ido bastante bien. Para prueba la foto.

Todo el proceso puede ser entendido como un mero ejercicio más de labor doméstica, de los que hay cientos a lo largo del año, hechos casi inconscientemente, mecánicamente; pero por algún insano motivo durante todo el tiempo, dándole al alicate, a las tijeras y al pegamento, no paraba de pensar en Loos (!) y en su noble defensa del arte del trabajo del hombre, de su esfuerzo y en la nobleza del material así extraído y manipulado. Puede parecer algo perverso, pero es que a veces la asociación de ideas nos conduce por caminos curiosos.

El caso es que, por pura deformación, me vino a la cabeza su artículo sobre el granito[1], ese que escribió en 1898, en el que ensalzaba el trabajo humano empleado para darle dignidad y valor; desde el esfuerzo por extraerlo de la montaña, hasta el preciso de su pulido y colocado, pasando por el transporte y, como no, del necesario para darle forma. Escribía Loos “Y, ante un muro de granito pulido, nuestro corazón experimentará un respetuoso estremecimiento. ¿Ante el material? No, ante el trabajo humano”.

La distancia entre el árbol de Navidad de Gabriela y el granito de Loos puede parecer grande, enorme, incluso desmesurada, pero el esfuerzo y el trabajo son equiparables en ambos casos, e igual de valorables, no es una cuestión de escala o de presupuesto, ni de importancia de lo hecho. No es tanto el resultado final, que deja mero agrado al ojo, como el esfuerzo realizado para llevarlo a cabo. Así lo valoro como padre, obviamente, pero también como arquitecto. Kahn también hablaba de ello cuando nos animaba a entender el trabajo de arquitectura como una ofrenda, de lo que creo haber hablado en alguna ocasión. Este árbol navideño casero me permite condensar y exponer ese trabajo, como lo condensa y expone el salero del que también hablaba Loos, la vivienda unifamiliar, el museo o el aeropuerto.

La arquitectura, como casi todo lo profundo, al igual que lo es el aire de Chillida, es cuestión de decantación, de la decantación que se lleva a cabo con el tiempo y el esfuerzo necesarios para ello. Esfuerzo y tiempo que no deben regalarse o minusvalorarse puesto que son nuestra ofrenda y llevan nuestro conocimiento y experiencia. Se equivocan quienes la tratan a la ligera o la relegan a una mera tarea funcional, no hay esfuerzo en ello, hay rutina, y con ella despreciamos los conocimientos adquiridos en el proceso de nuestra continua formación.

Pienso ahora en estas generaciones nuevas de arquitectos, recién salidos de las escuelas, o a punto de ello, abocados a una realidad incierta, con unos más que sobrados conocimientos, adquiridos tras años de esfuerzo y trabajo (que los hacen deseables por los estudios de arquitectura de medio mundo), y unos valores por redefinir, a los que les corresponde cuestionar lo heredado, no para derribarlo, pues si no estarían abocados a repetirlo, si no para continuar una tarea, el trabajo la arquitectura, en constante evolución.

El árbol de Gabriela se desmontará y de él solo quedarán las fotos y el recuerdo y la satisfacción de su invención y fabricación. El año que viene habrá otro, distinto de éste, porque también lo seremos nosotros y mejor, porque la experiencia es un grado…

Éste, como todo buen cuento, tiene mucho de metáfora y algo de moraleja y para quien lo quiera ver, hasta mensaje.

jorge meijide . arquitecto
a coruña. diciembre de 2012

Notas:
Los materiales de construcción. Adolf Loos, Escritos I 1897/1909, El Croquis editorial, 1993.

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  • luis

    Hola, Soy Luis (el hermida)… Y vinieron a mi memoria aquellas palabras de Ruskin (1848)… Perdón voy a buscar el libro…. decía …”… que sea una obra por la que nuestros descendieua dar las gracias; y mientras ponemos una piedra sobre otra, pensemos que llegará el momento en que estas piedras se consideraran sagradas porque las tocaron nuestras manos….” Y añado Gracias por el escrito.

  • Me ha encantado la reflexión.

  • gracias carba, aunque lo de MeijideMiga no lo acabo de pillar…. ; ) pero me gusta, lo adoptaré…! un abrazo.

  • Carba

    Lo que viene siendo MejideMiga. Buen artículo Jorge. Un abrazo