IniciofaroTráeme unas gafas | José Ramón Hernández CorreaTráeme unhas lentes | José...

Tráeme unas gafas | José Ramón Hernández CorreaTráeme unhas lentes | José Ramón Hernández CorreaMe bring a few glasses | Jose Ramon Hernández Correa

Coche de línea, Seseña | Fotografía proporcionada por Pepe Cholela

Mi pueblo está apenas a unos cuarenta kilómetros de Madrid. Hoy hay mucha gente que va y viene a diario, pero cuando mis padres eran niños esa distancia era inconcebible e insalvable.

La mayoría de los vecinos no habían ido a Madrid en su vida, y los que iban lo hacían como mucho dos o tres veces al año.

Entonces era típico que cuando alguien anunciaba su intención de ir a Madrid, recibiera todo tipo de encargos. Uno de los más típicos era: “Tráeme unas gafas”. Así. Sin más.

El encargo se podía concretar bastante con: “Tráeme unas gafas de ver”. Así sí.

Y el interesado veía divinamente durante años y años con las gafas que el audaz viajero le había traído de Madrid. El mundo era muy sencillo entonces.

Yo siempre he pensado que mi pueblo en los años treinta tenía que ser más o menos como Macondo o como los de las películas del Oeste. Han pasado tres cuartos de siglo y parece que vivimos en otro universo. En mi casa somos cuatro personas y tenemos tres colutorios bucales diferentes. También me desespero con los champúes para cabello liso, rizado, graso, seco, quebradizo, etc, y me pasa como al del chiste: “¿Y no tienen champú para cabello sucio?”. Necesito gafas para presbicia, y tengo el defecto de no ducharme con ellas puestas; así que más de una vez, bajo el chorro de agua, he tomado un bote a voleo, he intentado averiguar lo que era y me he acabado untando la cabeza con body milk o con aceite corporal.

Leche entera, desnatada, semidesnatada, con calcio, de soja, de vaca o de cabra. Café soluble o de cafetera, con cafeína o sin ella, natural o torrefacto, etc. Pan blanco, integral, de centeno, de avena, pistola, chapata, etc. ¿Para qué seguir? Soy de pueblo y tengo ya una edad. De niño merendaba pan con chocolate (sólo había un pan y un chocolate), y reconozco que todo esto me supera un poco.

Vivimos en un mundo cada vez más especializado y complejo, donde ya no vale decir que eres abogado, conductor o electricista, sino que tienes que aclarar si eres penalista, urbanista o de familia; si eres camionero de tres ejes, chófer particular o manejas una retro; si haces instalaciones en viviendas, diseñas y montas autómatas o haces el mantenimiento de maquinaria industrial.

Pues en este mundo tan complejo y sofisticado, al Ministro de Economía y Competitividad se le ha ocurrido que para simplificar sería muy bueno que cualquier ingeniero (industrial, agrónomo, de caminos…) pudiera hacer lo mismo que un arquitecto (viviendas, iglesias, hospitales, teatros…), ya que todos han estudiado cosas más o menos parecidas. Y, para ello, ha pergeñado un borrador de Ley de Servicios Profesionales (LSP) que atenta contra el sentido común y que sólo busca que haya mucha gente peleando, en desigualdad de condiciones, por una tarta que antaño fue jugosa, para que así (se supone) bajen los precios de los servicios. (Por cierto, dada su actual mayoría absoluta, y la falta de todo tipo de resistencia efectiva, ese borrador tiene toda la pinta de llegar incólume a la meta).

Así, de un plumazo, el Sr. Ministro se carga esa antipática sobreabundancia de cremas hidratantes, exfoliantes, reafirmantes, reparadoras… y vuelve al viejo concepto de la pomada que sirve para todo y que te deja la cara reluciente como una rosa. ¡Qué tiempos! Lo que ocurre es que se ha pasado de vueltas y le ha dado categoría de “pomada universal para la cara” a todas las ya dichas (hidratantes, exfoliantes, reafirmantes, reparadoras…), pero también al aceite de oliva, al tomate frito, a la mayonesa… Al fin y al cabo todo ello es crema fresquita que sienta muy bien al cutis.

Se me ocurren muchas cosas que decirle al Sr. Ministro, pero tan sólo le digo que, si va a Madrid, no me traiga unas gafas. No: Usted no.

José Ramón Hernández Correa · Doctor Arquitecto
Toledo · mayo 2013

Car of line, Seseña | Photography provided by Pepe Cholela

My people is scarcely to approximately forty kilometres of Madrid. Today there are many people who goes and comes daily, but when my parents were children this distance was inconceivable and insurmountable.

The majority of the neighbors had not gone to Madrid in his life, and those who were going were doing it as very much two or three times a year.

It was at the time typical that when someone was announcing his intention of going to Madrid, was receiving all kinds of orders. One of the most typical was:“Me Bring a few glasses”. This way. Ado.

The order could concentrate enough with:“Me Bring a few glasses of seeing”. This way yes.

And the interested party saw divinely during years and years with the glasses that the bold traveler had brought him of Madrid. The world was very simple at the time.

I always have thought that my people in the thirties had to be more or less like Macondo or as those of the movies of the West. Three quarters of century have happened and it seems that we live in another universe. In my house we are four persons and have three colutorios mouth different. Also I despair with the champúes for smooth hair, frizziness, oily, dry, fragile, etc, and it happens like to that of the joke: “¿And do not they have shampoo for dirty hair?”. I need glasses for farsightedness, and have the fault of not having a shower with them put; so more of once, down the water jet, I have taken a boat to I volley, have tried to verify what was and have ended myself smearing the head with body milk or with corporal oil.

Entire, skimmed, semiskimmed milk, with calcium, of soybean, of cow or of goat. Soluble coffee or of coffee machine, with caffeine or without her, native or torrefacto, etc. White, integral bread, of rye, of oats, pistol, chapata, etc. Why to continue? I belong to people and have already an age. Of child it was lunching bread with chocolate (only there was a bread and a chocolate), and I admit that all that overcomes me a bit.

We live in a world increasingly specialized and complex, where already it is not worth saying that you are attorney, driver or electrician, but you have to clarify if you are criminal attorney, town planner or of family; if you are a trucker of three axes, particular chauffeur or handle a retro; if you do facilities in housings, you design and mount automatons or do the maintenance of industrial machinery.

Puisque dans ce monde si complexe et sophistiqué, et la Compétitivité est venue à l’esprit au Ministre des Finances qui pour simplifier serait très bon que n’importe quel ingénieur (une industrielle, un agronome, des chemins …) le même pouvait faire qu’un architecte (des demeures, des églises, des hôpitaux, des théâtres …), puisque tous ont étudié des choses plus ou moins pareilles. Et, pour cela, il a ébauché un brouillon de Loi de Services Professionnels (LSP) qui attente au sens commun et qui cherche seulement qu’il y a beaucoup de gens en se battant, dans une inégalité de conditions, pour une tourte qui a été autrefois juteuse, pour que j’ai pris racine (il est supposé) descendez les prix des services. (Certes, donnée son actuelle majorité absolue, et le manque de toute espèce de résistance effective, ce brouillon a toute la tache d’arriver indemne au but).

This way, of a stroke of the pen, Mr. The secretary loads this antipathetic overabundance of moisturizing creams, exfoliants, reaffirmants, reparadoras … and it turns to the old man concept of the ointment that serves for everything and that leaves the shining face you as a rose. What times! What happens is that it has passed of returns and has given category of “universal ointment for the face” to all the already above mentioned ones (moisturizing, exfoliants, reaffirmants, reparadoras …), but also to the olive oil, to the fried tomato, to the mayonnaise… In the end all this is a nice and cool cream that it sits very well to the skin.

There happen to me many things that to say to Mr. The secretary, but only I say to him that, if it goes to Madrid, it me should not bring a few glasses. Not: You not.

José Ramón Hernández Correa · Doctor Architect

Toledo · may 2013

Coche de liña, Seseña | Fotografía proporcionada por Pepe Cholela

O meu pobo está apenas a uns corenta quilómetros de Madrid. Hoxe hai moita xente que vai e vén a diario, pero cando os meus pais eran pícaros esa distancia era inconcibible e insalvable.

A maioría dos veciños non habían ir a Madrid na súa vida, e os que ían facíano como moito dous ou tres veces ao ano.

Entón era típico que cando alguén anunciaba a súa intención de ir a Madrid, recibise todo tipo de encargos. Un dos máis típicos era: “Tráeme unhas lentes”. Así. Sen máis.

O encargo podíase concretar bastante con: “Tráeme unhas lentes de ver”. Así si.

E o interesado vía divinamente durante anos e anos coas lentes que o audaz viaxeiro tróuxolle de Madrid. O mundo era moi sinxelo entón.

Eu sempre pensei que o meu pobo nos anos trinta tiña que ser máis ou menos como Macondo ou como os das películas do Oeste. pasaron tres cuartos de século e parece que vivimos noutro universo. Na miña casa somos catro acodes e temos tres colutorios bucais diferentes. Tamén me desespero cos champúes para cabelo liso, rizado, graso, seco, quebradizo, etc, e pásame como ao do chiste: “¿E non teñen champú para cabelo sucio?”. Necesito lentes para presbicia, e teño o defecto de non ducharme con elas postas; así que máis dunha vez, baixo o chorro de auga, tomei un bote a bato, intentei pescudar o que era e acabeime untando a cabeza con body milk ou con aceite corporal.

Leite enteiro, desnatada, semidesnatada, con calcio, de soia, de vaca ou de cabra. Café soluble ou de cafetera, con cafeína ou sen ela, natural ou torrefacto, etc. Pan branco, integral, de centeno, de avena, pistola, chapata, etc. Para que seguir? Son de pobo e teño xa unha idade. De neno merendaba pan con chocolate (só había un pan e un chocolate), e recoñezo que todo isto supérame un pouco.

Vivimos nun mundo cada vez máis especializado e complexo, onde xa non vale dicir que es avogado, condutor ou electricista, senón que tes que aclarar si es penalista, urbanista ou de familia; si es camionero de tres eixes, chofer particular ou manexas unha retro; si fas instalacións en vivendas, deseñas e montas autómatas ou fas o mantemento de maquinaria industrial.

Pois neste mundo tan complexo e sofisticado, ao Ministro de Economía e Competitividad ocorréuselle que para simplificar sería moi bo que calquera enxeñeiro (industrial, agrónomo, de camiños…) puidese facer o mesmo que un arquitecto (vivendas, igrexas, hospitais, teatros…), xa que todos estudaron cousas máis ou menos parecidas. E, para iso, bosquexou un borrador de Lei de Servizos Profesionais (LSP) que atenta contra o sentido común e que só busca que haxa moita xente pelexando, en desigualdade de condicións, por unha tarta que outrora foi jugosa, para que así (suponse) baixen os prezos dos servizos. (Por certo, dada a súa actual maioría absoluta, e a falta de todo tipo de resistencia efectiva, ese borrador ten toda a pinta de chegar incólume á meta).

Así, dunha plumada, o Sr. Ministro cárgase esa antipática sobreabundancia de cremas hidratantes, exfoliantes, reafirmantes, reparadoras… e volve ao vello concepto da pomada que serve para todo e que che deixa a cara reluciente como unha rosa. ¡Que tempos! O que ocorre é que se pasou de voltas e deulle categoría de “pomada universal para a cara” a todas as xa ditas (hidratantes, exfoliantes, reafirmantes, reparadoras…), pero tamén ao aceite de oliva, ao tomate frito, á mayonesa… Á fin e ao cabo todo iso é crema fresquita que senta moi ben á cute.

Ocórrenlleme moitas cousas que dicirlle ao Sr. Ministro, pero tan só dígolle que, si vai a Madrid, non me traia unhas lentes. Non: Vostede non.

José Ramón Hernández Correa · Doctor Arquitecto

Toledo · maio 2013

José Ramón Hernández Correa
José Ramón Hernández Correahttp://arquitectamoslocos.blogspot.com.es/
Nací en 1960. Arquitecto por la ETSAM, 1985. Doctor Arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid, 1992. Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. Ahora estoy algo cansado, pero sigo atento y curioso. Arquitecto, bloguero, saxofonero, escritor... pero todo mal.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS