
Construir el Temple of the Deep en Burning Man 2025 ha sido una experiencia única. En el desierto de Black Rock nada es permanente y, sin embargo, la arquitectura adquiere allí una dimensión diferente: se convierte en un gran recipiente para las emociones de miles de personas. Este templo no se entiende solo como un objeto físico, sino como un lugar donde cada gesto y cada ofrenda lo completan.
Durante los días del festival, participantes de todo el mundo recorrieron el templo y dejaron mensajes, recuerdos y objetos en memoria de sus seres queridos o como símbolo de los duelos que atraviesan. Es ese uso, íntimo y colectivo a la vez, lo que da sentido a la obra. El cierre llega el último día, cuando el edificio arde en absoluto silencio. Frente a la energía explosiva de la quema del Man, la del templo es una catarsis silenciosa, un fuego purificador que resuena en medio del desierto como un acto de despedida y sanación colectiva.

El proyecto empezó a tomar forma en marzo en una nave de Oakland. Allí, junto a un equipo de voluntarios, construimos las piezas que luego viajaron en camiones hasta Nevada. Finalmente, unas 150 personas nos instalamos un mes en el desierto para levantar la estructura. Las condiciones no fueron fáciles: tormentas de arena de más de 100 km/h pusieron a prueba tanto el diseño como la resistencia del equipo. Habíamos calculado la estructura para soportar esas fuerzas, pero vivirlo en primera persona es la mejor lección sobre la magnitud de la naturaleza.
El templo se levantó con un presupuesto que superó los 700.000 dólares, íntegramente financiado con donaciones anónimas. Siguiendo los principios de Burning Man, no existe posibilidad de contraprestación publicitaria, lo que convierte cada aportación en un verdadero acto de confianza y generosidad. La construcción, además, se sostiene únicamente gracias al esfuerzo voluntario: cientos de manos que, más allá de lo técnico, participan en un rito colectivo.

Este proyecto también refuerza un diálogo cultural que lleva más de diez años creciendo entre Valencia y Black Rock City. Desde que en 2016 llevamos la pieza Renaixement al desierto, la conexión entre la tradición valenciana del fuego y la comunidad del Burning Man no ha hecho más que consolidarse. Haber diseñado este año el templo central del festival, como primer español en hacerlo, ha sido no solo un honor, sino también la confirmación de que la arquitectura puede ser emoción, memoria y comunidad.
Obra: Temple of the Deep
Autor: Miguel Arraiz
Equipo de diseño y arquitectura: Javier Molinero / Javier Bono (asesores principales de diseño), Josep Martí (asesor estructural)
Hernani Fernandez (Arqueha) / Marta Marcos / Balstasar Otero / Elisa Moliner (asesores de diseño) / Yousef Eid-Masheh (CGI Artist)
Radiante Light Art Studio (diseño de iluminación)
Banjo Soundscapes – Ivan Llopis (diseño sonoro)
Fotografía: Milena Villalba
+ miguelarraiz.com
















