Retorno al paraíso | Íñigo García Odiaga

Naturaleza artificial en la zona de embarque del aeropuerto de Schiphol, Amnsterdam

Los orígenes de la arquitectura están ligados a lo natural, si se quiere a lo salvaje. La naturaleza era al mismo tiempo el medio hostil del que protegerse y el paraíso que suministraba todo lo necesario para procurarse la subsistencia. Las oquedades de las rocas, las piedras, los arboles caídos o las ramas se convirtieron en materiales de construcción. Con el paso de los años y de la historia, la arquitectura prehistórica, aquella que los teóricos dibujaron para ilustrar la cabaña primitiva, la casa de Adán y Eva en el paraíso bíblico fue olvidando la naturaleza y acercándose a un nuevo concepto, el de urbe.

La ciudad, su construcción y su arquitectura han centrado los esfuerzos de gran parte de los últimos siglos, depurando su modelo y adecuando su estructura y funcionamiento a su imparable crecimiento, ligado al éxodo de población del campo a la ciudad.

Este proceso de multiplicación de la ciudad, olvidándose del entorno natural ha tocado techo hace apenas unas décadas colocando a ciudades como Shangai, Tokyo o Nueva York como los paradigmas de la obra construida por el hombre.

Bien por hastío, o bien simplemente, por a ver entrado en razón, el ser humano esta cuestionándose este modelo basado en lo urbano, de modo que en un lento pero imparable proceso se esta volviendo a recuperar la naturaleza como espacio de vida, incluso en el interior de la ciudad.

Santos Bregaña, de la oficina de diseño donostiarra Atelier Laia

Es llamativo pensar como por ejemplo el coche, antes icono de la construcción de la ciudad, se publicita ahora como la tecnología capaz de dotar al hombre de la independencia suficiente como para capturar la naturaleza y sus paisajes.

Los jardines o las intervenciones paisajísticas han abandonado las geometrías estrictas o las composiciones artificiales para mostrarse lo mas salvajes posible, pero no de forma aleatoria, sino bajo el caos que producen las leyes de la naturaleza. Muchas veces se ha pensado en lo natural, en lo no controlado por el hombre como en el lugar de lo salvaje, como en el lugar de incultura, o si se prefiere como en un lugar sin ley, pero tal vez no exista una afirmación más contradictoria. Es cierto que el espacio natural no esta reglado por el hombre, pero eso no implica ausencia de ley sino supeditación a los equilibrios de la naturaleza a los que incluso el ser humano esta supeditado por mucho que se refugie en la creación de su ciudad.

Este proceso no ha sido ajeno a la arquitectura o el diseño y ha facilitado la construcción de un nuevo ideario y de nuevos productos que tratan de apoyar esta vuelta a lo natural. El diseñador Santos Bregaña, de la oficina de diseño donostiarra Atelier Laia, ha resuelto la identidad gráfica de la empresa de reciente creación Silversii. Esta empresa que toma su nombre de un juego de palabras propuesto a partir de la manzana prohibida del Edén, la Malus Sieversii, pretende re-introducir la naturaleza en el ámbito urbano, y reconectar a la sociedad con los ciclos naturales de las épocas y las estaciones y, en definitiva, con la idea de “volver al paraíso”.

Fruto de este objetivo, nacen sus servicios de diseño e instalación de Jardines Verticales o Huertos urbanos, así como su gama de productos Ventra, una solución innovadora que permite disponer de una gran variedad de especies poco frecuentes en la jardinería domestica, para su uso cotidiano en la cocina.

Jardines Verticalesen un ático de Donostia

Uno de sus primeros trabajos ha sido la construcción de un jardín vertical en un ático de Donostia. En plena parte vieja donostiarra, en el interior de la última planta de un edificio del siglo XIX, renovado por dentro y decorado con estilo contemporáneo, se sitúa una pared que ha sido devuelta a la naturaleza. El antiguo tabique separador entre la cocina y el salón, es ahora gracias a su orientación oeste que recibe todo el sol de la tarde un jardín vertical.

A un par de manzanas del edificio se encuentra el monte Urgull, resguardando los edificios del mar. Y debido a lo evocadores y frondosos que son sus caminos surgió la idea de trasladar esa vegetación desde la subida al monte, hasta el interior de la casa colindante.

El jardín se ha resuelto con especies que soportan la dureza del clima del mar. Por lo que las plantas autóctonas que se han utilizado forman un jardín muy denso y viril. Rápidamente se han asentado en su nuevo hábitat y no están dudando en seguir abriendose camino por la casa. No deja de ser un espectáculo contemplar como el código genético de la naturaleza esta perfeccionado para abrirse paso, para sobrevivir en cualquier situación.

Ventra

Ventra es un sobre que fue diseñado para almacenar cafe, pero al abrirlo se transforma en recipiente, semillero y maceta de las semillas que contiene, de forma que su presencia en la cocina de nuestro hogar significa que al menos en una pequeña porción ésta ha sido de nuevo conquistada por las leyes de la naturaleza. Por esta serie de razones estas bolsas hacen posible que cualquier casa vuelva a ser un vergel, cultivando en ella una extensa variedad de plantas, tanto aromáticas, como medicinales, hortalizas y flores.

íñigo garcía odiaga . arquitecto
san sebastián. julio 2012

Publicado en ZAZPIKA  2012.07.01

Íñigo García Odiaga

Doctor Arquitecto y profesor asociado de Proyectos Arquitectónicos, ETSASS. Editor de NOMU. 1/5 del estudio de arquitectura VAUMM. Vivo en Donosti.

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