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Otto e mezzo | Elías Cueto

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En el contexto hedonista y decadente de un balneario decimonónico destacan una serie de originales asientos. Sillas vacacionales de color blanco desde las que los personajes, impecablemente vestidos, se entregan a la buena vida y se dejan ver ufanos con todas sus miserias e histerismos.

Otto e mezzo

Aparentemente autobiográfica, la película de Fellini desgrana los problemas de identidad, inseguridad y crisis creativa a través de las evoluciones de su protagonista: un director consagrado que se enfrenta al inicio inminente de un nuevo rodaje al tiempo que es asediado por perturbadoras visiones en forma de sueños y recuerdos.

En ese contexto irreal aparece en el inicio de la película el modelo más exótico y radical de asiento: Un gracioso banco acústico desde el que los personajes disfrutan las aguas medicinales y la música de Wagner.

Este asiento para escuchar es lo suficientemente ancho para ser utilizado en pareja y es en él donde encuentra Guido (Mastroiani) el primer espacio de intimidad de la película y recibe la devastadora opinión que sobre su proyecto tiene un afamado crítico cinematográfico.

Otto e mezzo

Si bien la mayor parte de las sillas de la película son las clásicas Thonet o los anónimos muebles de tubo de acero habituales de las terrazas exteriores, al final de la historia reaparecen unos asientos originales y excesivos capaces de producir un espacio entorno al usuario. Se trata de unas bellísimas sillas de mimbre blanco que gracias a una generosa capota construyen una coraza alrededor de quien las ocupa.

Disponen además de unos ventanucos laterales de tal forma que sin menoscabar la discreción resulta posible fisgar a ambos lados.

Otto e mezzo

Recuerda este último diseño a algunos trabajos de Jaime Hayón, especialmente la Showtime producida por BD que con tan irreverente descaro hace suya esa atmósfera dulzona y ligera del dolce fare niente.

 Showtime de Jaime Hayón | hayonstudio.com

Elías Cueto, arquitecto
Santiago de Compostela, septiembre 2012

Publicado en  Nº 313 [sillas…][:gl]

No contexto hedonista e decadente dun balneario decimonónico destacan unha serie de orixinais asentos. Cadeiras vacacionales de cor branca desde as que os personaxes, impecablemente vestidos, entréganse á boa vida e déixanse ver ufanos con todas as súas miserias e histerismos.

Otto e mezzo

Aparentemente autobiográfica, a película de Fellini desgrana os problemas de identidade, inseguridade e crise creativa a través das evolucións do seu protagonista: un director consagrado que se enfronta ao comezo inminente dun novo rodaje á vez que é asediado por perturbadoras visións en forma de soños e recordos.

Nese contexto irreal aparece no inicio da película o modelo máis exótico e radical de asento: Un gracioso banco acústico desde o que os personaxes gozan as augas medicinales e a música de Wagner.

Este asento para escoitar é o suficientemente ancho para ser utilizado en parella e é nel onde atopa Guido (Mastroiani) o primeiro espazo de intimidade da película e recibe a devastadora opinión que sobre o seu proxecto ten un afamado crítico cinematográfico.

Otto e mezzo

Aínda que a maior parte das cadeiras da película son as clásicas Thonet ou os anónimos mobles de tubo de aceiro habituais das terrazas exteriores, ao final da historia reaparecen uns asentos orixinais e excesivos capaces de producir un espazo contorna ao usuario. Trátase dunhas bellísimas cadeiras de mimbre branco que grazas a unha xenerosa capota constrúen unha coraza ao redor de quen as ocupa.

Dispoñen ademais duns ventanucos laterales de tal forma que sen menoscabar a discreción resulta posible fisgar a ambos os dous lados.

Otto e mezzo

Recorda este último deseño a algúns traballos de Jaime Hayón, especialmente a Showtime producida por BD que con tan irreverente descaro fai súa esa atmosfera dulzona e lixeira do dolce fare niente.

Showtime de Jaime Hayón | hayonstudio.com

Elías Cueto, arquitecto
Santiago de Compostela, setembro 2012

Publicado en  Nº 313 [sillas…][:en]

In the hedonistic and decadent context of a nineteenth-century resort stand out a series of original seats. Vacation chairs of white color from which the prominent figures, impeccably dresses, submit to the good life and are left to see proud with all his miseries and hysterias.

Otto e mezzo

Seemingly autobiographical, Fellini’s movie peels the problems of identity, insecurity and creative crisis across the evolutions of his protagonist: the consecrated director who faces to the imminent beginning of a new filming at the time that it is besieged by disturbing visions in the shape of dreams and recollections.

In this unreal context there appears in the beginning of the movie the most exotic and radical model of seat: A graceful acoustic bank from which the prominent figures enjoy the medicinal waters and Wagner’s music.

This seat to listen is the sufficiently broad thing to be used in pair and is in him where there finds Guido (Mastroiani) the first space of intimacy of the movie and receives the devastating opinion that on his project a famous cinematographic critic has.

Otto e mezzo

Though most of the chairs of the movie is the classic Thonet or the anonymous habitual furniture of pipe of steel of the exterior terraces, at the end of the history there reappear a few original and excessive seats capable of producing a space I half-close the user. It is a question of a few most beautiful chairs of white wicker that thanks to a generous bonnet they construct a cuirass about the one who occupies them.

They have besides a few lateral ventanucos in such a way that reducing the discretion turns out to be possible to snoop to both sides.

Otto e mezzo

He remembers the latter design to some Jaime Hayón’s works, specially the Showtime produced by BD that with so irreverent sauciness makes this atmosphere his dulzona and light of the dolce fare niente.

Showtime by Jaime Hayón | hayonstudio.com

Elías Cueto, arquitecto
Santiago de Compostela, september 2012

Published in  Nº 313 [sillas…][:]

Elías Cueto
Elías Cuetohttp://www.seistag.com/
Es arquitecto técnico superior de urbanismo por la EGAP, doctor en historia de la arquitectura por la ETSAC y especialista en diseño de mobiliario por THK (Alemania. En 2015 recibió el V Premio Domingo Fontán de investigación histórica y es autor de dos monografías sobre historia moderna y diseño. Ha trabajado como diseñador para diferentes firmas y ha colaborados con dos Premios Nacionales de Arquitectura. Actualmente colabora con la industria de la madera en el ámbito del desarrollo de productos y la mejora e industrialización de procesos.
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