IniciofaroSobre la estandarización de la tecnología errónea | Marc ChalamanchSobre a estandarización...

[:es]Sobre la estandarización de la tecnología errónea | Marc Chalamanch[:gl]Sobre a estandarización da tecnoloxía errónea | Marc Chalamanch[:en]About the standardization of the wrong technology | Marc Chalamanch[:]

[:es]

Quién inventó la máquina de escribir | Fuente: curiosfera.com
Quién inventó la máquina de escribir | Fuente: curiosfera.com

En las últimas décadas la omnipresencia de la tecnología ha acelerado nuestra historia como nunca había sucedido antes. El determinismo tecnológico intenta explicar cómo la tecnología por sí misma es capaz de influir y transformar de manera positiva el contexto socioeconómico donde se desarrolla. Según sus seguidores la tecnología ha llegado a convertirse en el eje central de los cambios históricos determinantes de desarrollo y progreso social; pero

¿qué papel tiene realmente la tecnología en nuestra transformación y evolución?

Robert L. Heilbroner (1967) y Paul A. David (1985), desde épocas y metodologías de investigación diferentes, intentan dar luz a esta pregunta, pero debemos tener en cuenta al leer sus artículos el momento en el que fueron escritos, para llegar a comprender su contenido y poder contextualizarlos correctamente. Es así que podemos entender cómo evolucionamos para sacar conclusiones y visualizar, ”entre nieblas” posibles futuros.

“¿Son las máquinas el motor de la historia?”

es un artículoescrito en 1967 por Robert L. Heilbroner, en el que se resumen las principales tesis en favor del determinismo tecnológico. Tiene como punto de partida la afirmación de Karl Marx (1847) en La miseria de la filosofía2

“El molino manual trae la sociedad feudal; el molino de vapor, la sociedad capitalista industrial”

y se apoya de forma superficial en la evolución del molino para exponer y justificar sus argumentos. Por otro lado, Paul A. David escribió en 1985 un artículo titulado “Clio and the Economics of QWERTY”3 donde después de una breve introducción sobre el determinismo tecnológico ahonda en la investigación sobre la historia del resultado final de la posición de las letras en nuestros teclados. Una investigación que resulta muy interesante para construir su visión sobre el determinismo tecnológico. Son dos artículos que fueron escritos con dieciocho años de diferencia, por lo que el artículo sobre Heilbroner sugiere una investigación prospectiva del determinismo tecnológico en frente del artículo más historicista de Paul A. David, con un recorrido detallado sobre su ejemplo propuesto.

Resulta curioso que los dos artículos comiencen con palabras de disculpa sobre la exactitud de dichos artículos. Paul A. David introduce el artículo llamándolo “relato casero de historia económica” en el que “se encadenan los despropósitos”, mientras que Robert L. Heilbroner convierte el artículo en un reto:

“El reto es, pues, ver si podemos decir algo sistemático sobre la cuestión, ver si podemos ordenar el problema a fin de que sea intelectualmente manejable”.

Para posteriormente escribir:

“No creo que sorprenda a nadie si anuncio ahora que en nuestra investigación encontramos algún contenido y una considerable ausencia de pruebas… Lo que quedará entonces por hacer será ver si podemos situar los elementos salvables de la teoría en la perspectiva de la historia, ver si podemos explicar el determinismo tecnológico históricamente, así como explicar la historia por medio del determinismo tecnológico”.

De la misma manera que Paul A. David nos dice:

“Esta historia no pretende establecer en qué medida el mundo se rige por estos fenómenos, tan sólo intenta ilustrar un caso concreto.”

Estas justificaciones y titubeos demuestran las dificultades de analizar una transformación tecnológica y su influencia sobre nuestra sociedad, que con su gran velocidad de cambio convierte rápidamente en obsoletas las conclusiones sobre verdades absolutas que se puedan sacar.

Encontramos por parte de Paul A. David y Robert L. Heilbroner la voluntad de basarse en la historia para estudiar y determinar el alcance del determinismo tecnológico. Es en la referencia a Tolstoi (1869) que Paul A. David escribe

“cada una de sus acciones, que se les parecen como acto de su libre albedrío, no son, en un sentido histórico, libres en absoluto, sino deudoras de todo el curso de la historia pasada…”

una afirmación que le sirve para descubrir cómo se ha llegado a mantener la posición de las letras en los teclados QWERTY. Esta afirmación generalista le permite a Paul A. David marcar el punto de partida para su estudio, en cambio Heilbroner encuentra su sentido circunstancial en el momento histórico, tal como afirma cuando acaba su artículo. Se refiere también Robert L. Heilbroner a la máquina de escribir cuando comenta que hay que vigilar en asignar una eficacia causal exclusiva a la presencia visible de maquinaria o de pasar por alto la influencia invisible de otros factores, y pone por ejemplo a Gilfillan4 (1952) que afirma que

“los ingenieros han cometido algunos errores garrafales como decir que la máquina de escribir llevó a las mujeres a trabajar en oficinas y que la máquina tipográfica hizo posible el gran diario moderno, olvidando que en Japón hay mujeres que trabajan en oficinas y en grandes diarios sin ayudas de máquinas.”

R.L. Heilbroner explica que las máquinas son en parte el motor de la historia al influir directamente en el drama humano y propone encontrar la forma de sistematizar esta relación. Opina que la simultaneidad de la invención (que un mismo invento aparezca en entornos de desarrollo diferentes) puede justificar la idea de que el proceso de descubrimiento tenga una frontera perfectamente definida del saber, que supera la de la sorpresa y se rige según una evolución técnica secuencial y determinada en vez de aleatoria. Entiende que el avance debe ser coherente con la tecnología de su época, con las instituciones tecnológicas y con otras características de la sociedad en la que se desarrolla. De este modo parece ser que las fuerzas sociales descartan todo el concepto de determinismo técnico, descartando así el concepto de determinismo tecnológico por falso. La tecnología no sólo influye en la sociedad, sino que también es influida por ella. Desde este punto de partida reconoce que todavía no comprendemos los factores culturales que llevaron a la tecnología -desde el 1700- a tener un papel tan importante para la historia.

Heilbroner valora la ausencia de saltos tecnológicos, reconoce que todos los inventos e innovaciones suponen un paso adelante respecto al punto de partida precedente. Avances estos que tienen apariencia de ser esencialmente acumulativos, de forma uniforme y continuada, sin discontinuidades, evolutivos, al igual que la naturaleza. En cambio, Paul A. David comienza su artículo diciendo que es imposible reconocer la lógica (o ilógica) del mundo que nos rodea sin entender cómo se ha llegado hasta la situación actual, pero entiende que una secuencia aleatoria de cambios económicos puede tener una gran influencia sobre los resultados, calificándolos de procesos estadísticamente aleatorios, ergódicos. De este modo, al principio del artículo ya prevé que los “accidentes históricos” no se pueden ignorar ni aislar, entiende que se debe asumir el carácter esencialmente histórico de un proceso que es dinámico. Robert L. Heilbroner cree que el determinismo tecnológico es un problema de un determinado momento histórico, el que vive, situado entre el alto capitalismo y el bajo socialismo, donde la sociedad se ha encontrado con las fuerzas que le han llevado a los cambios técnicos sin las herramientas sociales suficientes para su control y de orientación para esta tecnología. Un impás que considera de asimilación del cambio tecnológico que más adelante Paul A. David comprueba que no tiene fin. Robert L. Heilbroner tiene una mirada de presente con el propósito de encontrar el hilo conductor del determinismo tecnológico, aunque la evolución del molino sea una referencia sobre un hilo histórico. En cambio, Paul A. David propone una mirada detallada hacia atrás sobre un hecho muy concreto para entender el presente y reflejar así su visión del determinismo tecnológico.

El artículo de Robert L. Heilbroner determina que la tecnología sigue una secuencia fija de una forma autónoma, como cuando dice

“no se puede pasar de la era del molino a vapor sin haber pasado antes en la era del molino manual”,

pero denota que el determinismo es compatible con el reconocimiento de que los avances tecnológicos son sensibles a los rumbos sociales. Unos rumbos de la historia reflejados en el relato de Paul A. David sobre cómo el invento de Christopher Lathan Sholes de la máquina de escribir QWERTY llega a dominar en nuestros teclados. Un sistema que no dejó ninguna oportunidad al teclado DSK a pesar de ganar en velocidad de escritura, o de otros sistemas técnicos y de distribución de teclados más sensatos, que en el artículo va detallando. David descarta este triunfo por un comportamiento caprichoso e irracional de personas que quieren mantener una tradición tecnológica anticuada, o por una conspiración del oligopolio de los fabricantes de máquinas, o por las interferencias políticas en un “mercado libre”, o tal vez del sistema educativo. Un punto clave para su triunfo fueron el esfuerzo en investigación con dinero del fabricante de armas Eliphalet Remington. Un campo, el armamentístico, que Heilbroner también reconoce como de influencia en el desarrollo tecnológico. Considera que el desarrollo de la tecnología de producción dependerá en el futuro, al igual que en el pasado, de las limitaciones del saber y de la capacidad predecible que determina el proceso histórico que puede llegar a permitir que un producto se convierta en “universal”, como es el caso del teclado QWERTY hacia 1905 sin que sea ni “ideal”.

R.L. Heilbroner argumenta que el progreso tecnológico es, en sí mismo, una actividad social. La propia actividad de la invención y la innovación son atributos de algunas sociedades (aunque no todas las sociedades tienen este interés). La evolución de la tecnología en algunos campos (guerra, agricultura, industria, etc.) depende de las recompensas que ofrece la sociedad, es decir, de una determinada política social que haga compatible el cambio tecnológico con las condiciones sociales existentes. En este sentido la máquina de escribir, que investiga Paul A. David, entró en su período decisivo de implantación cuando comenzó a formar parte del sistema productivo a gran escala, a adquirir una mayor complejidad técnica, y a incorporar a los mecanógrafos y su formación con la aparición de la mecanografía “al tacto”. Esta mecanografía permitía la interdependencia técnica entre el teclado (hardware) con el soporte lógico de la memorización de las teclas (software) que representaba la formación previa necesaria en un teclado específico. La economía de escala necesaria relacionada con la masa crítica formada que conocía un mismo teclado evitaba su formación por parte de las empresas, y así se llegaba a la casi irreversibilidad de las inversiones para el aprovechamiento de esta formación, reduciendo costes y llevando a la estandarización de facto. Así se llevaba esta tecnología a un punto de no retorno debido al coste que podría suponer su sustitución. Podemos comprobar que la historia está fácilmente determinada por una secuencia particular de elecciones, donde factores efímeros y esencialmente aleatorios tienen capacidad para ejercer un importante nivel de influencia.

Paul A. David intuye que la elección de una tecnología desde una perspectiva inmediata o de futuro afecta al resultado de su desarrollo y de su implantación, así quedaría fuertemente influenciada por las perspectivas creadas previamente, y con ellas las externalidades que una tecnología es capaz de crear y la adaptación de estas máquinas a los hábitos de sus usuarios y no al contrario. Pero Robert L. Heilbroner valora el carácter previsible bajo una historia “estructurada” de la tecnología sin excluir las sorpresas. La reducción de las limitaciones de la tecnología va ligada al conocimiento científico (electricidad, química, aeronáutica, electrónica, nuclear y espacial), pero también influye la competencia material de la época, la capacidad de una industria para adaptarse a los cambios, y su calificación y especialización. Considera que el hecho de que la tecnología productiva siga una progresión más o menos ordenada, es suficientemente lógico para justificar una mayor investigación empírica.

Paul A. David apunta el elemento del marketing de la tecnología cuando recalca que se cambió la R de posición para poder vender mejor las máquinas cuando los vendedores escribían “TYPE WRITER” para demostrar su velocidad de escritura. Robert L. Heilbroner también habla del papel importante e inevitable del diseño de la tecnología, que relaciona con el nivel de estudios de la mano de obra y su precio relativo. Dice que la máquina refleja y moldea las relaciones sociales existentes, tal como llama William James “determinismo blando” en referencia a la influencia de la máquina en las relaciones sociales y en una visión del futuro que sólo puede prever el carácter sociológico que vendrá, pero no los atributos políticos de esta sociedad.

Del mismo modo Robert L. Heilbroner hace hincapié en el papel central de la economía como mecanismo mediador para que los cambios tecnológicos influyan en la organización del orden social y acabar reconociendo que los factores sociales, políticos y culturales pueden anular completamente la relación determinista. Vuelve a recurrir a Karl Marx ( (1846) en La ideología alemana5 en la idea de que

al adquirir nuevas fuerzas productivas, los hombres cambian su modo de producción, y al cambiar este, cambian su forma de vivir, cambian todas sus relaciones sociales”.

La tecnología de una sociedad impone una determinada pauta de relaciones sociales en una sociedad según dos tipos de influencias: la composición de la mano de obra, en la que una determinada tecnología necesita una determinada mano de obra (como le ocurre a la evolución del molino), y la organización jerárquica del trabajo. La mano de obra necesita supervisión, órdenes y coordinación, además de la relación hombre-maestro a la de hombre-supervisor, o la actual. A más complejidad del proceso de producción son necesarios más sistemas de control internos. Es difícil saber en qué grado una infraestructura tecnológica es responsable de algunas de las características sociológicas de la sociedad, como ocurre con la tecnología que influye en la calidad existencial de la vida, pero considera que los fenómenos sociales son similares tanto en Rusia6 como en América.

Paul A. David acaba el artículo reconociendo cómo resulta de intrigante el caso de éxito del teclado QWERTY y lo relaciona con la estandarización de un producto cuando el mercado aún era inmaduro y con algunas externalidades que interfirieron para hacer triunfar un sistema erróneo. Este triunfo, al hacer una mirada retrospectiva en la historia no es del todo excepcional. Este hecho hace que Paul A. David enriquezca su exploración con un estudio sistemático de los procesos dinámicos de la historia de la economía para la comprensión del determinismo tecnológico. Por su parte, Robert L. Heilbroner cree importante tener en cuenta la aceleración del cambio técnico que llevará a un mayor control y organización, junto a unos cambios políticos, sociales y existenciales que no sabe prever, considerando que el determinismo tecnológico seguirá siendo importante, con un grado de control político mayor que el existente en el momento de escribir el artículo.

Marc Chalamanch · Arquitecto
Barcelona. Febrero 2019

Notas:

Heilbroner, Robert.L., 1967. “Do Machines make history?”. The Johns Hopkins University Press and the Society for the History of Technology.  Vol. 8, No. 3 pp. 335-345

Marx, Karl, 1847. “Miseria de la filosofía”.

David, Paul. A., 1985. “Clio and the Economics of QWERTY”. The American Economic Review. Vol 75, No 2, Papers and Proceedings of the Ninety-Seventh Annual Meeting of the American Economic Association (May), pàg. 332-337. 

Gilfillan, S.C., 1952. “Social Implications of Technological Advance”, Cuwent Sociology, 1, pág. 197

Marx, Karl y Engels, Friedrich, 1846. “The German Ideology”, Londres, 1942, pág. 18.

Tolstoi, Liev N., 1869. “Guerra y Paz”, Libro IX, Capítulo 1.

[:gl]

Quién inventó la máquina de escribir | Fuente: curiosfera.com
Quen inventou a máquina de escribir | Fonte: curiosfera.com

Nas últimas décadas a omnipresencia da tecnoloxía acelerou a nosa historia como nunca sucedera antes. O determinismo tecnolóxico tenta explicar como a tecnoloxía por si mesma é capaz de influír e transformar de maneira positiva o contexto socioeconómico onde se desenvolve. Segundo os seus seguidores a tecnoloxía chegou a converterse no eixo central dos cambios históricos determinantes de desenvolvemento e progreso social; pero

que papel ten realmente a tecnoloxía na nosa transformación e evolución?

Robert L. Heilbroner (1967) e Paul A. David (1985), desde épocas e metodoloxías de investigación diferentes, tentan dar luz a esta pregunta, pero debemos ter en conta ao ler os seus artigos o momento no que foron escritos, para chegar a comprender o seu contido e poder contextualizarlos correctamente. É así que podemos entender como evolucionamos para sacar conclusións e visualizar, ”entre néboas” posibles futuros.

“Son as máquinas o motor da historia?”

é un artigoescrito en 1967 por Robert L. Heilbroner, no que se resumen as principais teses en favor do determinismo tecnolóxico. Ten como punto de partida a afirmación de Karl Marx (1847) en A miseria da filosofía2

“O muíño manual trae a sociedade feudal; o muíño de vapor, a sociedade capitalista industrial”

e apóiase de forma superficial na evolución do muíño para expoñer e xustificar os seus argumentos. Doutra banda, Paul A. David escribiu en 1985 un artigo titulado “Clio and the Economics of QWERTY”3 onde despois dunha breve introdución sobre o determinismo tecnolóxico profunda na investigación sobre a historia do resultado final da posición das letras nos nosos teclados. Unha investigación que resulta moi interesante para construír a súa visión sobre o determinismo tecnolóxico. Son dous artigos que foron escritos con dezaoito anos de diferenza, polo que o artigo sobre Heilbroner suxire unha investigación prospectiva do determinismo tecnolóxico en fronte do artigo máis historicista de Paul A. David, cun percorrido detallado sobre o seu exemplo proposto.

Resulta curioso que os dous artigos comecen con palabras de desculpa sobre a exactitude dos devanditos artigos. Paul A. David introduce o artigo chamándoo “relato caseiro de historia económica” no que “se encadean os despropósitos”, mentres que Robert L. Heilbroner converte o artigo nun reto:

“O reto é, pois, ver se podemos dicir algo sistemático sobre a cuestión, ver se podemos ordenar o problema a fin de que sexa intelectualmente manexable”.

Para posteriormente escribir:

“Non creo que sorprenda a ninguén se anuncio agora que na nosa investigación atopamos algún contido e unha considerable ausencia de probas… O que quedará entón por facer será ver se podemos situar os elementos salvables da teoría na perspectiva da historia, ver se podemos explicar o determinismo tecnolóxico historicamente, así como explicar a historia por medio do determinismo tecnolóxico”.

Da mesma maneira que Paul A. David dinos:

“Esta historia non pretende establecer en que medida o mundo réxese por estes fenómenos, tan só tenta ilustrar un caso concreto.”

Estas xustificacións e titubeos demostran as dificultades de analizar unha transformación tecnolóxica e a súa influencia sobre a nosa sociedade, que coa súa gran velocidade de cambio converte rapidamente en obsoletas as conclusións sobre verdades absolutas que se poidan sacar.

Atopamos por parte de Paul A. David e Robert L. Heilbroner a vontade de basearse na historia para estudar e determinar o alcance do determinismo tecnolóxico. É na referencia a Tolstoi (1869) que Paul A. David escribe

“cada unha das súas accións, que se lles parecen como acto do seu libre albedrío, non son, nun sentido histórico, libres en absoluto, senón debedoras de todo o curso da historia pasada…”

unha afirmación que lle serve para descubrir como se chegou a manter a posición das letras nos teclados QWERTY. Esta afirmación xeneralista permítelle a Paul A. David marcar o punto de partida para o seu estudo, en cambio Heilbroner atopa o seu sentido circunstancial no momento histórico, tal como afirma cando acaba o seu artigo. Refírese tamén Robert L. Heilbroner á máquina de escribir cando comenta que hai que vixiar en asignar unha eficacia causal exclusiva á presenza visible de maquinaria ou de pasar por alto a influencia invisible doutros factores, e pon por exemplo a Gilfillan4 (1952) que afirma que

“os enxeñeiros cometeron algúns erros garrafales como dicir que a máquina de escribir levou ás mulleres para traballar en oficinas e que a máquina tipográfica fixo posible o gran diario moderno, esquecendo que en Xapón hai mulleres que traballan en oficinas e en grandes diarios sen axudas de máquinas.”

R. L. Heilbroner explica que as máquinas son en parte o motor da historia ao influír directamente no drama humano e propón atopar a forma de sistematizar esta relación. Opina que a simultaneidade da invención (que un mesmo invento apareza en contornas de desenvolvemento diferentes) pode xustificar a idea de que o proceso de descubrimento teña unha fronteira perfectamente definida do saber, que supera a da sorpresa e réxese segundo unha evolución técnica secuencial e determinada no canto de aleatoria. Entende que o avance debe ser coherente coa tecnoloxía da súa época, coas institucións tecnolóxicas e con outras características da sociedade na que se desenvolve. Deste xeito parece ser que as forzas sociais descartan todo o concepto de determinismo técnico, descartando así o concepto de determinismo tecnolóxico por falso. A tecnoloxía non só inflúe na sociedade, senón que tamén é influída por ela. Desde este punto de partida recoñece que aínda non comprendemos os factores culturais que levaron á tecnoloxía -desde o 1700- a ter un papel tan importante para a historia.

Heilbroner valora a ausencia de saltos tecnolóxicos, recoñece que todos os inventos e innovacións supoñen un paso adiante respecto ao momento de partida precedente. Avances estes que teñen aparencia de ser esencialmente acumulativos, de forma uniforme e continuada, sen descontinuidades, evolutivos, do mesmo xeito que a natureza. En cambio, Paul A. David comeza o seu artigo dicindo que é imposible recoñecer a lóxica (ou ilóxica) do mundo que nos rodea sen entender como se chegou ata a situación actual, pero entende que unha secuencia aleatoria de cambios económicos pode ter unha gran influencia sobre os resultados, cualificándoos de procesos estatisticamente aleatorios, ergódicos. Deste xeito, ao principio do artigo xa prevé que os “accidentes históricos” non se poden ignorar nin illar, entende que se debe asumir o carácter esencialmente histórico dun proceso que é dinámico. Robert L. Heilbroner cre que o determinismo tecnolóxico é un problema dun determinado momento histórico, o que vive, situado entre o alto capitalismo e o baixo socialismo, onde a sociedade atopouse coas forzas que lle levaron aos cambios técnicos sen as ferramentas sociais suficientes para o seu control e de orientación para esta tecnoloxía. Un impás que considera de asimilación do cambio tecnolóxico que máis adiante Paul A. David comproba que non ten fin. Robert L. Heilbroner ten unha mirada de presente co propósito de atopar o fío condutor do determinismo tecnolóxico, aínda que a evolución do muíño sexa unha referencia sobre un fío histórico. En cambio, Paul A. David propón unha mirada detallada cara atrás sobre un feito moi concreto para entender o presente e reflectir así a súa visión do determinismo tecnolóxico.

O artigo de Robert L. Heilbroner determina que a tecnoloxía segue unha secuencia fixa dunha forma autónoma, como cando di

“non se pode pasar da era do muíño a vapor sen pasar antes na era do muíño manual”,

pero denota que o determinismo é compatible co recoñecemento de que os avances tecnolóxicos son sensibles aos rumbos sociais. Uns rumbos da historia reflectidos no relato de Paul A. David sobre como o invento de Christopher Lathan Sholes da máquina de escribir QWERTY chega a dominar nos nosos teclados. Un sistema que non deixou ningunha oportunidade ao teclado DSK a pesar de gañar en velocidade de escritura, ou doutros sistemas técnicos e de distribución de teclados máis sensatos, que no artigo vai detallando. David descarta este triunfo por un comportamento caprichoso e irracional de persoas que queren manter unha tradición tecnolóxica anticuada, ou por unha conspiración do oligopolio dos fabricantes de máquinas, ou polas interferencias políticas nun “mercado libre”, ou talvez do sistema educativo. Un punto crave para o seu triunfo foron o esforzo en investigación con diñeiro do fabricante de armas Eliphalet Remington. Un campo, o armamentístico, que Heilbroner tamén recoñece como de influencia no desenvolvemento tecnolóxico. Considera que o desenvolvemento da tecnoloxía de produción dependerá no futuro, do mesmo xeito que no pasado, das limitacións do saber e da capacidade predicible que determina o proceso histórico que pode chegar a permitir que un produto convértase en “universal”, como é o caso do teclado QWERTY cara a 1905 sen que sexa nin “ideal”.

R. L. Heilbroner argumenta que o progreso tecnolóxico é, en si mesmo, unha actividade social. A propia actividade da invención e a innovación son atributos dalgunhas sociedades (aínda que non todas as sociedades teñen este interese). A evolución da tecnoloxía nalgúns campos (guerra, agricultura, industria, etc.) depende das recompensas que ofrece a sociedade, é dicir, dunha determinada política social que faga compatible o cambio tecnolóxico coas condicións sociais existentes. Neste sentido a máquina de escribir, que investiga Paul A. David, entrou no seu período decisivo de implantación cando comezou a formar parte do sistema produtivo a gran escala, a adquirir unha maior complexidade técnica, e a incorporar aos mecanógrafos e a súa formación coa aparición da mecanografía “ao tacto”. Esta mecanografía permitía a interdependencia técnica entre o teclado (hardware) co soporte lóxico da memorización das teclas (software) que representaba a formación previa necesaria nun teclado específico. A economía de escala necesaria relacionada coa masa crítica formada que coñecía un mesmo teclado evitaba a súa formación por parte das empresas, e así se chegaba á case irreversibilidad dos investimentos para o aproveitamento desta formación, reducindo custos e levando á estandarización de facto. Así levaba esta tecnoloxía a un punto de non retorno debido ao custo que podería supoñer a súa substitución. Podemos comprobar que a historia está facilmente determinada por unha secuencia particular de eleccións, onde factores efémeros e esencialmente aleatorios teñen capacidade para exercer un importante nivel de influencia.

Paul A. David intúe que a elección dunha tecnoloxía desde unha perspectiva inmediata ou de futuro afecta o resultado do seu desenvolvemento e da súa implantación, así quedaría fortemente influenciada polas perspectivas creadas previamente, e con elas as externalidades que unha tecnoloxía é capaz de crear e a adaptación destas máquinas aos hábitos dos seus usuarios e non ao contrario. Pero Robert L. Heilbroner valora o carácter previsible baixo unha historia “estruturada” da tecnoloxía sen excluír as sorpresas. A redución das limitacións da tecnoloxía vai ligada ao coñecemento científico (electricidade, química, aeronáutica, electrónica, nuclear e espacial), pero tamén inflúe a competencia material da época, a capacidade dunha industria para adaptarse aos cambios, e a súa cualificación e especialización. Considera que o feito de que a tecnoloxía produtiva siga unha progresión máis ou menos ordenada, é suficientemente lóxico para xustificar unha maior investigación empírica.

Paul A. David apunta o elemento do márketing da tecnoloxía cando recalca que se cambiou a R de posición para poder vender mellor as máquinas cando os vendedores escribían “ TYPE WRITER” para demostrar a súa velocidade de escritura. Robert L. Heilbroner tamén fala do papel importante e inevitable do deseño da tecnoloxía, que relaciona co nivel de estudos da man de obra e o seu prezo relativo. Di que a máquina reflicte e moldea as relacións sociais existentes, tal como chama William James “determinismo brando” en referencia á influencia da máquina nas relacións sociais e nunha visión do futuro que só pode prever o carácter sociolóxico que virá, pero non os atributos políticos desta sociedade.

Do mesmo xeito Robert L. Heilbroner fai fincapé no papel central da economía como mecanismo mediador para que os cambios tecnolóxicos inflúan na organización da orde social e acabar recoñecendo que os factores sociais, políticos e culturais poden anular completamente a relación determinista. Volve recorrer a Karl Marx ( (1846) en A ideoloxía alemá5 na idea de que

ao adquirir novas forzas produtivas, os homes cambian o seu modo de produción, e ao cambiar leste, cambian a súa forma de vivir, cambian todas as súas relacións sociais”.

A tecnoloxía dunha sociedade impón unha determinada pauta de relacións sociais nunha sociedade segundo dous tipos de influencias: a composición da man de obra, na que unha determinada tecnoloxía necesita unha determinada man de obra (como lle ocorre á evolución do muíño), e a organización xerárquica do traballo. A man de obra necesita supervisión, ordes e coordinación, ademais da relación home-mestre á de home-supervisor, ou a actual. A máis complexidade do proceso de produción son necesarios máis sistemas de control internos. É difícil saber en que grao unha infraestrutura tecnolóxica é responsable dalgunhas das características sociolóxicas da sociedade, como ocorre coa tecnoloxía que inflúe na calidade existencial da vida, pero considera que os fenómenos sociais son similares tanto en Rusia6 como en América.

Paul A. David acaba o artigo recoñecendo como resulta de intrigante o caso de éxito do teclado QWERTY e relaciónao coa estandarización dun produto cando o mercado aínda era inmaturo e con algunhas externalidades que interferiron para facer triunfar un sistema erróneo. Este triunfo, ao facer unha mirada retrospectiva na historia non é do todo excepcional. Este feito fai que Paul A. David enriqueza a súa exploración cun estudo sistemático dos procesos dinámicos da historia da economía para a comprensión do determinismo tecnolóxico. Pola súa banda, Robert L. Heilbroner cre importante ter en conta a aceleración do cambio técnico que levará a un maior control e organización, xunto a uns cambios políticos, sociais e existenciais que non sabe prever, considerando que o determinismo tecnolóxico seguirá sendo importante, cun grao de control político maior que o existente no momento de escribir o artigo.

Marc Chalamanch · Arquitecto
Barcelona. Febreiro 2019

Notas:

Heilbroner, Robert.L., 1967. “Do Machines make history?”. The Johns Hopkins University Press and the Society for the History of Technology.  Vol. 8, No. 3 pp. 335-345

Marx, Karl, 1847. “Miseria de la filosofía”.

David, Paul. A., 1985. “Clio and the Economics of QWERTY”. The American Economic Review. Vol 75, No 2, Papers and Proceedings of the Ninety-Seventh Annual Meeting of the American Economic Association (May), páx. 332-337. 

Gilfillan, S.C., 1952. “Social Implications of Technological Advance”, Cuwent Sociology, 1, páx. 197

Marx, Karl e Engels, Friedrich, 1846. “The German Ideology”, Londres, 1942, páx. 18.

Tolstoi, Liev N., 1869. “Guerra e Paz”, Libro IX, Capítulo 1.

[:en]

Quién inventó la máquina de escribir | Fuente: curiosfera.com
Who invented the typewriter | Source: curiosfera.com

In recent decades the omnipresence of technology has accelerated our history as never before. Technological determinism tries to explain how technology by itself is capable of influencing and transforming in a positive way the socioeconomic context in which it develops. According to its followers, technology has become the central axis of the historical changes that determine development and social progress; but

What role does technology really have in our transformation and evolution?

Robert L. Heilbroner (1967) and Paul A. David (1985), from different times and methodologies of investigation, try to give light to this question, but we must take into account when reading their articles the moment in which they were written, to arrive to understand their content and be able to contextualize them correctly. This is how we can understand how we evolve to draw conclusions and visualize, “between mists” possible futures.

“Are machines the engine of history?”

is an articlewritten in 1967 by Robert L. Heilbroner, which summarizes the main theses in favor of technological determinism. Its starting point is the assertion of Karl Marx (1847) in The Misery of Philosophy

es un artículoescrito en 1967 por Robert L. Heilbroner, en el que se resumen las principales tesis en favor del determinismo tecnológico. Tiene como punto de partida la afirmación de Karl Marx (1847) en La miseria de la filosofía

“El molino manual trae la sociedad feudal; el molino de vapor, la sociedad capitalista industrial”

y se apoya de forma superficial en la evolución del molino para exponer y justificar sus argumentos. Por otro lado, Paul A. David escribió en 1985 un artículo titulado “Clio and the Economics of QWERTY”2 donde después de una breve introducción sobre el determinismo tecnológico ahonda en la investigación sobre la historia del resultado final de la posición de las letras en nuestros teclados. Una investigación que resulta muy interesante para construir su visión sobre el determinismo tecnológico. Son dos artículos que fueron escritos con dieciocho años de diferencia, por lo que el artículo sobre Heilbroner sugiere una investigación prospectiva del determinismo tecnológico en frente del artículo más historicista de Paul A. David, con un recorrido detallado sobre su ejemplo propuesto.

Resulta curioso que los dos artículos comiencen con palabras de disculpa sobre la exactitud de dichos artículos. Paul A. David introduce el artículo llamándolo “relato casero de historia económica” en el que “se encadenan los despropósitos”, mientras que Robert L. Heilbroner convierte el artículo en un reto:

“El reto es, pues, ver si podemos decir algo sistemático sobre la cuestión, ver si podemos ordenar el problema a fin de que sea intelectualmente manejable”.

Para posteriormente escribir:

“No creo que sorprenda a nadie si anuncio ahora que en nuestra investigación encontramos algún contenido y una considerable ausencia de pruebas… Lo que quedará entonces por hacer será ver si podemos situar los elementos salvables de la teoría en la perspectiva de la historia, ver si podemos explicar el determinismo tecnológico históricamente, así como explicar la historia por medio del determinismo tecnológico”.

De la misma manera que Paul A. David nos dice:

“Esta historia no pretende establecer en qué medida el mundo se rige por estos fenómenos, tan sólo intenta ilustrar un caso concreto.”

Estas justificaciones y titubeos demuestran las dificultades de analizar una transformación tecnológica y su influencia sobre nuestra sociedad, que con su gran velocidad de cambio convierte rápidamente en obsoletas las conclusiones sobre verdades absolutas que se puedan sacar.

Encontramos por parte de Paul A. David y Robert L. Heilbroner la voluntad de basarse en la historia para estudiar y determinar el alcance del determinismo tecnológico. Es en la referencia a Tolstoi (1869) que Paul A. David escribe

“cada una de sus acciones, que se les parecen como acto de su libre albedrío, no son, en un sentido histórico, libres en absoluto, sino deudoras de todo el curso de la historia pasada…”

una afirmación que le sirve para descubrir cómo se ha llegado a mantener la posición de las letras en los teclados QWERTY. Esta afirmación generalista le permite a Paul A. David marcar el punto de partida para su estudio, en cambio Heilbroner encuentra su sentido circunstancial en el momento histórico, tal como afirma cuando acaba su artículo. Se refiere también Robert L. Heilbroner a la máquina de escribir cuando comenta que hay que vigilar en asignar una eficacia causal exclusiva a la presencia visible de maquinaria o de pasar por alto la influencia invisible de otros factores, y pone por ejemplo a Gilfillan3 (1952) que afirma que

“los ingenieros han cometido algunos errores garrafales como decir que la máquina de escribir llevó a las mujeres a trabajar en oficinas y que la máquina tipográfica hizo posible el gran diario moderno, olvidando que en Japón hay mujeres que trabajan en oficinas y en grandes diarios sin ayudas de máquinas.”

R.L. Heilbroner explica que las máquinas son en parte el motor de la historia al influir directamente en el drama humano y propone encontrar la forma de sistematizar esta relación. Opina que la simultaneidad de la invención (que un mismo invento aparezca en entornos de desarrollo diferentes) puede justificar la idea de que el proceso de descubrimiento tenga una frontera perfectamente definida del saber, que supera la de la sorpresa y se rige según una evolución técnica secuencial y determinada en vez de aleatoria. Entiende que el avance debe ser coherente con la tecnología de su época, con las instituciones tecnológicas y con otras características de la sociedad en la que se desarrolla. De este modo parece ser que las fuerzas sociales descartan todo el concepto de determinismo técnico, descartando así el concepto de determinismo tecnológico por falso. La tecnología no sólo influye en la sociedad, sino que también es influida por ella. Desde este punto de partida reconoce que todavía no comprendemos los factores culturales que llevaron a la tecnología -desde el 1700- a tener un papel tan importante para la historia.

Heilbroner valora la ausencia de saltos tecnológicos, reconoce que todos los inventos e innovaciones suponen un paso adelante respecto al punto de partida precedente. Avances estos que tienen apariencia de ser esencialmente acumulativos, de forma uniforme y continuada, sin discontinuidades, evolutivos, al igual que la naturaleza. En cambio, Paul A. David comienza su artículo diciendo que es imposible reconocer la lógica (o ilógica) del mundo que nos rodea sin entender cómo se ha llegado hasta la situación actual, pero entiende que una secuencia aleatoria de cambios económicos puede tener una gran influencia sobre los resultados, calificándolos de procesos estadísticamente aleatorios, ergódicos. De este modo, al principio del artículo ya prevé que los “accidentes históricos” no se pueden ignorar ni aislar, entiende que se debe asumir el carácter esencialmente histórico de un proceso que es dinámico. Robert L. Heilbroner cree que el determinismo tecnológico es un problema de un determinado momento histórico, el que vive, situado entre el alto capitalismo y el bajo socialismo, donde la sociedad se ha encontrado con las fuerzas que le han llevado a los cambios técnicos sin las herramientas sociales suficientes para su control y de orientación para esta tecnología. Un impás que considera de asimilación del cambio tecnológico que más adelante Paul A. David comprueba que no tiene fin. Robert L. Heilbroner tiene una mirada de presente con el propósito de encontrar el hilo conductor del determinismo tecnológico, aunque la evolución del molino sea una referencia sobre un hilo histórico. En cambio, Paul A. David propone una mirada detallada hacia atrás sobre un hecho muy concreto para entender el presente y reflejar así su visión del determinismo tecnológico.

El artículo de Robert L. Heilbroner determina que la tecnología sigue una secuencia fija de una forma autónoma, como cuando dice

“no se puede pasar de la era del molino a vapor sin haber pasado antes en la era del molino manual”,

pero denota que el determinismo es compatible con el reconocimiento de que los avances tecnológicos son sensibles a los rumbos sociales. Unos rumbos de la historia reflejados en el relato de Paul A. David sobre cómo el invento de Christopher Lathan Sholes de la máquina de escribir QWERTY llega a dominar en nuestros teclados. Un sistema que no dejó ninguna oportunidad al teclado DSK a pesar de ganar en velocidad de escritura, o de otros sistemas técnicos y de distribución de teclados más sensatos, que en el artículo va detallando. David descarta este triunfo por un comportamiento caprichoso e irracional de personas que quieren mantener una tradición tecnológica anticuada, o por una conspiración del oligopolio de los fabricantes de máquinas, o por las interferencias políticas en un “mercado libre”, o tal vez del sistema educativo. Un punto clave para su triunfo fueron el esfuerzo en investigación con dinero del fabricante de armas Eliphalet Remington. Un campo, el armamentístico, que Heilbroner también reconoce como de influencia en el desarrollo tecnológico. Considera que el desarrollo de la tecnología de producción dependerá en el futuro, al igual que en el pasado, de las limitaciones del saber y de la capacidad predecible que determina el proceso histórico que puede llegar a permitir que un producto se convierta en “universal”, como es el caso del teclado QWERTY hacia 1905 sin que sea ni “ideal”.

R.L. Heilbroner argumenta que el progreso tecnológico es, en sí mismo, una actividad social. La propia actividad de la invención y la innovación son atributos de algunas sociedades (aunque no todas las sociedades tienen este interés). La evolución de la tecnología en algunos campos (guerra, agricultura, industria, etc.) depende de las recompensas que ofrece la sociedad, es decir, de una determinada política social que haga compatible el cambio tecnológico con las condiciones sociales existentes. En este sentido la máquina de escribir, que investiga Paul A. David, entró en su período decisivo de implantación cuando comenzó a formar parte del sistema productivo a gran escala, a adquirir una mayor complejidad técnica, y a incorporar a los mecanógrafos y su formación con la aparición de la mecanografía “al tacto”. Esta mecanografía permitía la interdependencia técnica entre el teclado (hardware) con el soporte lógico de la memorización de las teclas (software) que representaba la formación previa necesaria en un teclado específico. La economía de escala necesaria relacionada con la masa crítica formada que conocía un mismo teclado evitaba su formación por parte de las empresas, y así se llegaba a la casi irreversibilidad de las inversiones para el aprovechamiento de esta formación, reduciendo costes y llevando a la estandarización de facto. Así se llevaba esta tecnología a un punto de no retorno debido al coste que podría suponer su sustitución. Podemos comprobar que la historia está fácilmente determinada por una secuencia particular de elecciones, donde factores efímeros y esencialmente aleatorios tienen capacidad para ejercer un importante nivel de influencia.

Paul A. David intuye que la elección de una tecnología desde una perspectiva inmediata o de futuro afecta al resultado de su desarrollo y de su implantación, así quedaría fuertemente influenciada por las perspectivas creadas previamente, y con ellas las externalidades que una tecnología es capaz de crear y la adaptación de estas máquinas a los hábitos de sus usuarios y no al contrario. Pero Robert L. Heilbroner valora el carácter previsible bajo una historia “estructurada” de la tecnología sin excluir las sorpresas. La reducción de las limitaciones de la tecnología va ligada al conocimiento científico (electricidad, química, aeronáutica, electrónica, nuclear y espacial), pero también influye la competencia material de la época, la capacidad de una industria para adaptarse a los cambios, y su calificación y especialización. Considera que el hecho de que la tecnología productiva siga una progresión más o menos ordenada, es suficientemente lógico para justificar una mayor investigación empírica.

Paul A. David apunta el elemento del marketing de la tecnología cuando recalca que se cambió la R de posición para poder vender mejor las máquinas cuando los vendedores escribían “TYPE WRITER” para demostrar su velocidad de escritura. Robert L. Heilbroner también habla del papel importante e inevitable del diseño de la tecnología, que relaciona con el nivel de estudios de la mano de obra y su precio relativo. Dice que la máquina refleja y moldea las relaciones sociales existentes, tal como llama William James “determinismo blando” en referencia a la influencia de la máquina en las relaciones sociales y en una visión del futuro que sólo puede prever el carácter sociológico que vendrá, pero no los atributos políticos de esta sociedad.

Del mismo modo Robert L. Heilbroner hace hincapié en el papel central de la economía como mecanismo mediador para que los cambios tecnológicos influyan en la organización del orden social y acabar reconociendo que los factores sociales, políticos y culturales pueden anular completamente la relación determinista. Vuelve a recurrir a Karl Marx4 ( (1846) en La ideología alemana5 en la idea de que

al adquirir nuevas fuerzas productivas, los hombres cambian su modo de producción, y al cambiar este, cambian su forma de vivir, cambian todas sus relaciones sociales”.

La tecnología de una sociedad impone una determinada pauta de relaciones sociales en una sociedad según dos tipos de influencias: la composición de la mano de obra, en la que una determinada tecnología necesita una determinada mano de obra (como le ocurre a la evolución del molino), y la organización jerárquica del trabajo. La mano de obra necesita supervisión, órdenes y coordinación, además de la relación hombre-maestro a la de hombre-supervisor, o la actual. A más complejidad del proceso de producción son necesarios más sistemas de control internos. Es difícil saber en qué grado una infraestructura tecnológica es responsable de algunas de las características sociológicas de la sociedad, como ocurre con la tecnología que influye en la calidad existencial de la vida, pero considera que los fenómenos sociales son similares tanto en Rusia6 como en América.

Paul A. David acaba el artículo reconociendo cómo resulta de intrigante el caso de éxito del teclado QWERTY y lo relaciona con la estandarización de un producto cuando el mercado aún era inmaduro y con algunas externalidades que interfirieron para hacer triunfar un sistema erróneo. Este triunfo, al hacer una mirada retrospectiva en la historia no es del todo excepcional. Este hecho hace que Paul A. David enriquezca su exploración con un estudio sistemático de los procesos dinámicos de la historia de la economía para la comprensión del determinismo tecnológico. Por su parte, Robert L. Heilbroner cree importante tener en cuenta la aceleración del cambio técnico que llevará a un mayor control y organización, junto a unos cambios políticos, sociales y existenciales que no sabe prever, considerando que el determinismo tecnológico seguirá siendo importante, con un grado de control político mayor que el existente en el momento de escribir el artículo.

Marc Chalamanch · Arquitecto
Barcelona. Febrero 2019

Notas:

Heilbroner, Robert.L., 1967. “Do Machines make history?”. The Johns Hopkins University Press and the Society for the History of Technology.  Vol. 8, No. 3 pp. 335-345

David, Paul. A., 1985. “Clio and the Economics of QWERTY”. The American Economic Review. Vol 75, No 2, Papers and Proceedings of the Ninety-Seventh Annual Meeting of the American Economic Association (May), pàg. 332-337. 

Gilfillan, S.C., 1952. “Social Implications of Technological Advance”, Cuwent Sociology, 1, pág. 197

Marx, Karl, 1847. “Miseria de la filosofía”

Marx, Karl y Engels, Friedrich, 1846. “The German Ideology”, Londres, 1942, pág. 18.

Tolstoi, Liev N., 1869. “Guerra y Paz”, Libro IX, Capítulo 1.

[:]

Marc Chalamanch
Marc Chalamanchhttp://www.chalamanch.com/
Es co-fundador del estudio de arquitectura y urbanismo ARCHIKUBIK Arquitecto y Urbanista licenciado por la ETSA de Barcelona, Universitat Politècnica de Catalunya. Máster universitario «Sociedad de la Información y el Conocimiento» en la UOC (Universidad Abierta de Catalunya). Su investigación académica, apoyada en su experiencia profesional, va dirigida al análisis de la transformación de la ciudad con sus actores, problemáticas y retos en la Sociedad Red.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
5 1 voto
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS