Íntimas rutinas | Martín Marcos

El inteligente experimento llevado a cabo en los años noventa por Ana de Brea y Tomás Dagnino en Señores arquitectos…1, un libro donde reunieron a nuestros dos personajes en unas charlas inolvidables en el café La Biela de Recoleta, nos motivó a volver hacerlos dialogar, a recrear esos contrapuntos y aprender nuevamente de sus diferencias y similitudes. Sus talantes de caballeros cultos y elegantes se dejan oír en cada párrafo de esas conversaciones.

El humor de Testa para justificar una decisión o el apasionamiento de Álvarez para sostener una idea son síntomas de dos personalidades bien diferenciadas, pero muy seguras de adonde querían ir y como pretendían ser vistos. Esas relecturas, el resonar de sus voces, nos despertaron renovadas ansias por entrar en sus mundos más íntimos. Y allí fuimos.

Innumerables y riquísimos testimonios nos permitieron reconstruir como eran sus días de trabajo, sus espacios de cotidianeidad y sus estilos de vida. Aquí también la rutina y el orden parecen alejarnos de cualquier estereotipo.

Clorindo Testa en su estudio | malevamag.com
Clorindo Testa en su estudio | Fuente: malevamag.com

“Clorindo Testa caminaba las pocas cuadras que separan su casa del estudio y paraba todos los días, antes de las 9hs. en la confitería La Farola, próxima a Santa Fe y Callao. Allí tomaba café y en soledad hacia bocetos y pequeños dibujos sobre servilletas. Los mozos lo esperaban a diario. Subía al estudio y era el primero en llegar. Entre las 9 y las 9.30hs pintaba, terminaba algún cuadro, empezaba otro o simplemente leía el diario Ámbito Financiero. Graciela, su secretaria, llegaba a las 9.30hs y de ahí en adelante el resto de los socios, arquitectos, dibujantes, etc. Clorindo se sentaba en su escritorio y comenzaba el día pasando revista de las obras, los proyectos en marcha y los concursos por venir. Transcurría la mayor parte del tiempo en su mesa esbozando croquis, detalles de obras arquitectónicas y artísticas, que entregaba a los dibujantes para ser pasados o él mismo llevaba a la tela. Su secretaria le servía un café a media mañana, él no lo pedía, Graciela sabía cuando llevárselo.

Ella misma atendía los teléfonos y le pasaba los llamados. Clorindo atendía a todos. Muchas veces recibía visitas de estudiantes, arquitectos, artistas y clientes. Siempre tenía tiempo para una conversación agradable. Testa llevaba su propia agenda y remarcaba con colores, dibujos y trazos sus actividades o cosas que no quería olvidar.  Hacia las 12.30hs se iba a almorzar a su casa, luego dormía una siesta de una hora y las 15 en punto se levantaba. Volvía caminando por la avenida Santa Fe y 15.30hs estaba de nuevo en el estudio. Se sentaba en su mesa y seguía trabajando y dibujando, hasta las 17 o 18hs que partía para algún evento, reunión, exposición o a su casa donde los esperaban su mujer Teresa, su hija Joaquina y sus gatos.”

Mario Roberto Álvarez | arqmartinmotta.blogspot.com.es
Mario Roberto Álvarez | Fuente: arqmartinmotta.blogspot.com.es

“Mario Roberto Álvarez salía de su casa alrededor de las 8.20hs, manejaba su auto o alguien lo pasaba a buscar. Visitaba alguna obra o llegaba al estudio en la calle Solís del barrio de Congreso antes de las 9hs. Se reunía con su secretaria y repasaba la agenda y los temas pendientes. Pedía que le hicieran algunos llamados y daba instrucciones que sus asistentes anotaban en sus cuadernos. Luego llamaba a los distintos socios y arquitectos encargados de proyectos y veía temas con ellos, revisaban documentación, evaluaban cambios, avances, etc. Cuando se quedaba solo en su escritorio encendía la radio y escuchaba noticias. Lunes, miércoles y viernes solía almorzar con los socios en restaurantes cercanos al estudio. Eran sus preferidos el Centro Lucense (ya desaparecido), el Vasco Francés (en calle Moreno), el Centro Asturiano (Solís y Belgrano) o alguna parrilla cercana, siempre moviéndose a pie.

Por la tarde encuentros con clientes en su sala de reuniones y revisión de planos y presupuestos. Atendía todas las llamadas telefónicas y nunca dejaba sin contestar a nadie. Le gustaba, después del almuerzo, recibir y hablar con estudiantes de arquitectura. Escribía su propia agenda que era un cuaderno espiralado y cuadriculado. Tomaba café a media mañana  y té por las tardes, siempre acompañado de varias Rhodesias de Bagley. Los martes y jueves jugaba al tenis, salía del estudio a las 12hs y volvía a las 16hs. Esos días almorzaba con sus compañeros de partido en el Buenos Aires Law Tennis Club o en el Tenis Club Argentino. Su café preferido era La Biela, a corta distancia de su casa en Posadas y Schiaffino. En los últimos años solía ir a la Academia Nacional de Bellas Artes por las tardes. Allí se cruzaba con Clorindo Testa.”

La posibilidad de recrear y poner en diálogo los dos espacios de trabajos fue desde el principio nuestra mayor ideafuerza. Entender el clima de sus cotidianeidades nuestro desafío. Rutinas reproduce sus mesas con sus objetos personales originales. Sus escritorios, lápices, reglas, anteojos, calculadoras y pinceles están allí, juntos a sus dibujos, papeles de trabajo, agendas y fotos de familia. Casi como si hubiesen salido a almorzar y en cualquier momento regresaran.

Así los visitantes podrán vivenciar como eran los sitios donde estos dos hombres trabajaban y creaban, qué objetos los acompañaban y qué orden le imponían a sus espacios cotidianos. Un gran plano diagonal recrea una cronología con las líneas de vida de ambos arquitectos junto a referencias de la historia local y la producción arquitectónica internacional.

Un collage de fotos personales y familiares nos muestra sus vidas intimas, los viajes de juventud, amigos y sus grandes amores.

Martín Marcos. Arquitecto, urbanista, Director MARQ-SCA (Museo de Arquitectura y Diseño de Buenos Aires) y Profesor Titular FADU UBA
Buenos Aires. Octubre 2017

Notas:

1 De Brea, Ana; Dagnino, Tomás. “Señores arquitectos… Diálogos con Mario Roberto Álvarez y Clorindo Testa”. Ediciones UBROC, 1999. Buenos Aires.

2 Ha sido decisivo el apoyo de ambas familias para la concreción de este proyecto. Su mujer Teresa y su hija Joaquina Testa por un lado y “Bimbo” Álvarez, arquitecto e hijo de Mario Roberto, por el otro, se mostraron siempre solidarios y entusiastas con la idea de realizar una exposición conjunta. Con gran generosidad nos abrieron sus hogares y sus recuerdos. En ambos estudios siempre recibimos apoyo y ayuda a nuestras requisitorias y necesidades. Fueron meses de buscar, revolver y clasificar papeles, fotos, objetos y documentos con mucho cuidado; digitalizar cientos de imágenes y desarrollar epígrafes de decenas de objetos personales. Pequeños dibujos, esquemas de detalles, anotaciones al margen, pruebas y contra-pruebas buscando alternativas, tramas, grillas, líneas y volúmenes coloreados permiten leer entre pliegues los secretos de métodos proyectuales bien diferenciados y extremadamente ricos y complejos donde Álvarez y Testa buceaban sus soluciones y obsesiones.

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