Inicioartículos(entre paréntesis) (I) | Jorge Rodríguez(entre paréntese) (I) | Jorge Rodríguez(in brackets)...

[:es](entre paréntesis) (I) | Jorge Rodríguez[:gl](entre paréntese) (I) | Jorge Rodríguez[:en](in brackets) (I) | Jorge Rodríguez[:]

[:es]

Poco después de visionar por tercera o cuarta vez “12 Angry Men”, entendí que John Ford tenía razón. No había más que ver caminar a Henry Fonda para entender lo que era el cine. Me retiré a mi Innisfree, de la cual ni siquiera soy nativo. Ahora, asentado y humilde conocedor de aquello que me rodea, me dispongo a compartirlo.

Cartografía del Palermo Ottocentesco

El objeto de estudio no varía, es siempre esta terrible amalgama de culturas, colores y pavimentos que ve como poco a poco, y sin prisa ninguna, el tiempo, que todo lo cambia, se cierne sobre sí. Se mantiene como Pinito del Oro en una línea peligrosa entre el encanto y la inmundicia. La actitud tranquila de sus vecinos ante el estado de lo que en su momento fue la ciudad más rica en millas, hace que esta mantenga su esencia intacta, me gusta imaginarme estas calles en Alemania o Austria. Con un cartel de “No se apoye, recién pintado”. Esta urbe, que conjuga las mayores concentraciones de arte sacro por metro cuadrado de Europa con los placeres más profanos y carnales habidos y por haber, se ha dejado conquistar por quién mostrase un mínimo interés por ella; entendieron mucho antes que el resto, que los que se decían reyes, no acudían a ellos si no para vaciar sus graneros y saciar sus apetencias. Este lugar, esta parroquia, solo quería recibir una muestra de cariño, aunque viniese acompañada de conquista y cambio de bandera. Esta pequeña mancha gris en el mapa triangulado, vio morir al Estado. Y no se la ve preocupada. Está claro que la invariante es ella, da igual donde estemos, porque no cambia, cambiamos el lugar desde el cual nos acomodamos a admirarla; analizarla es una labor tediosa nada conveniente para las tardes de primavera.

Cartografía de la Cueva del Higuerón

El primer paso para entender la ciudad lo di desde la gran escala; el tablero de dibujo y el plano desbrozaron las primeras impresiones, me ayudaron a abarcar un  territorio enorme sin más ayuda que un botellín de agua. El transporte público muere a las puertas de este pequeño territorio comanche. Clasifica en grandes zonas; juega a las familias, cada clase social, en su quartiere; parece una ciudad pausada, tranquila. Que se rige según unas líneas maestras que ordenan lo que sucede a su alrededor. El cruce de estas vías define el marco en el que, poco a poco y de forma coherente, los habitantes en sano consenso con los arquitectos de la zona, ocuparán con sus viviendas. Es tan transparente, que incluso podemos ver parte de su pasado. Si afinamos la vista, podemos incluso reconocer la marca del Imperio, la forma de águila en la distribución de entradas a la muralla, la marca del senado en cada bastión. Qué decir del cruce de cardo y decumano, suena obsceno por obvio. Se reconocen con facilidad todos los estratos, se identifican fácilmente los barrios, exalta el sentimiento de pertenencia a éstos. Incluso algún atrevido, podría reconocer la evolución del crecimiento y las zonas de expansión. Podríamos llegar a trazar un plan urbanístico. Que porno suena eso de trazar un plan.

Como acotar un croissant. Enric Miralles

Regresando a nuestra óptica, la que se levanta a 1.83 y sufre de cefalea cuando sopla el viento sur, la ciudad cambia. La incidencia del sol se vuelve asfixiante en las grandes avenidas, es mucho más agradable caminar por las estrechas calles de la ciudad antigua. Los grandes quartieres de perímetros ordenados y fachadas nobles que se presentan altivos a los ojos del turista, se encuentran troquelados sin piedad por estrechos y retorcidos vicolì que recuerdan la inseguridad de antaño. No tanto la de Coppola y sus galanes con sombrero custodiando puestos de fruta, si no la de Lampedusa, la de quien se encontró el bosque por talar y decidió plagar la ciudad de ratoneras. Viendo la ciudad con los pies cansados y con sed por el sirocco asfixiante, podemos trazar un plano totalmente distinto. Escuché a Juan Creus hablar de cómo había cartografiado un viaje en coche, como las distancias se acortaban, los acontecimientos se sucedían de forma casi violenta. Me pareció una experiencia atractiva. Un plano que se pliega sobre sí mismo una y otra vez, que busca la pendiente natural hacia la que dirigirse con el mínimo esfuerzo. En ese plano, ni mi primo el curioso se cuestionaría por qué el puerto está donde está, muy a pesar de los paseantes. Sería una suerte de trazas sin leyenda. Un dibujo preciso, muy grande y con olor a stigghiola. Y a sambuca. Representa la ciudad que se hizo a sí misma en función de sus contingencias. La que no sufrió la anorexia del siglo XX, la que sigue celebrando el nacimiento de una nueva vida en el vecindario con un pompón celeste. La que concentra toda la tensión de una fachada en la puerta. El barroco, del que crece en los bordes, como el moho. Esa ciudad solo es apreciable a golpe de zapatilla, por mucha herramienta que incorporemos al estudio a distancia, no podremos captarla. Parece que siempre se cierne sobre mi discurso la pesada sombra del tiempo, de la calma. Lo encuentro fundamental no solo cuando practicamos la arquitectura; lectura, cine, cocina. Precisan de unos tiempos naturales que debemos respetar y disfrutar; tratar de acelerar el proceso solo rebajará la calidad del producto a conseguir. Y en las ciudades pasa igual, hay lugares que se hicieron con prisa, y se padecen.

Colección de fotografías de Letizia Battaglia

No podemos tratar de eliminar ninguna de las facetas cuando queremos jugar al urbanismo. Puede resultar tedioso o cansino, pero las dos son necesarias. No podemos desnaturalizar el plano, arrancarle el factor humano como si nada y pretender tener ciudades. No. Así, solo engendraremos colmenas, almacenes más o menos ordenados. Alternemos ambas distancias, ambas intensidades. Aparecerán nuevos lugares sin quererlo; con suerte, puede que afloren nuestras líneas de Nazca. O simplemente nos demos cuenta de que todos esos callejones que se abren paso a cabezazos  y de aspecto tan aleatorio, varían su forma al compás de la necesidad, que es como surgen la mayoría de los fenómenos. Que subyace una estructura a veces inapreciable pero que se rige a la herramienta más valiosa del urbanismo, el sentido común. Seremos conscientes de las oportunidades perdidas de la ciudad, y de los desastres tremendamente bien aprovechados. Descubriremos la ciudad que quiso y pudo, y dejó de querer. La matrioska que esconde una ciudad dentro de otra en progresión infinita. La que entre el caos y alborote de una flota automovilística digna de una megalópolis asiática, es capaz de disfrutar de las obras inconclusas de siglos pasados, y tiene la paciencia suficiente para dejar que los árboles crezcan. Una ciudad de intangibles.

Jorge Rodríguez Seoane
Palermo. Abril 2013

Últimos días de Junio de 2013. Palermo

[:es](entre paréntesis) (II) | Jorge Rodríguez[:gl](entre paréntese) (II) | Jorge Rodríguez[:en](in brackets) (II) | Jorge Rodríguez[:]

[:gl]

Pouco logo de visionar por terceira ou cuarta vez “12 Angry Men”, entendín que John Ford tiña razón. Non había máis que ver camiñar a Henry Fonda para entender o que era o cine. Retireime ao meu Innisfree, da cal nin sequera son nativo. Agora, asentado e humilde coñecedor daquilo que me rodea, dispóñome a compartilo.

Cartografía do Palermo Ottocentesco

O obxecto de estudo non varía, é sempre esta terrible amalgama de culturas, cores e pavimentos que ve como aos poucos, e sen presa ningunha, o tempo, que todo o cambia, cérnese sobre si. Mántense como Pinito do Ouro nunha liña perigosa entre o encanto e a inmundicia. A actitude tranquila dos seus veciños ante o estado do que no seu momento foi a cidade máis rica en millas, fai que esta manteña a súa esencia intacta, gústame imaxinarme estas rúas en Alemania ou Austria. Cun cartel de “Non se apoie, recén pintado”. Esta urbe, que conxuga as maiores concentracións de arte sacro por metro cadrado de Europa cos praceres máis profanos e carnais habidos e por haber, deixouse conquistar por quen mostrase un mínimo interese por ela; entenderon moito antes que o resto, que os que se dicían reis, non acudían a eles se non para baleirar os seus celeiros e saciar as súas apetencias. Este lugar, esta parroquia, só quería recibir unha mostra de agarimo, aínda que viñese acompañada de conquista e cambio de bandeira. Esta pequena mancha gris no mapa triangulado, viu morrer ao Estado. E non se lle ve preocupada. Está claro que a invariante é ela, da igual onde esteamos, porque non cambia, cambiamos o lugar dende o cal nos acomodamos a admirala; analizala é un labor tediosa nada conveninte para as tardes de primaveira.

Cartografía da Cova do Higuerón

O primeiro paso para entender a cidade deino dende a gran escala; o taboleiro de debuxo e o plano desbrozaron as primeiras impresións, axudáronme a abarcar un territorio enorme sen máis axuda que un botellín de auga. O transporte público morre ás portas deste pequeno territorio comanche. Clasifica en grandes zonas; xoga ás familias, cada clase social, na seu quartiere; parece unha cidade pausada, tranquila. Que se rexe segundo unhas liñas mestras que ordenan o que sucede á súa a redor. O cruce destas vías define o marco no que, aos poucos e de forma coherente, os habitantes en san consenso cos arquitectos da zona, ocuparán coas súas vivendas. É tan transparente, que ata podemos ver parte do seu pasado. Si afinamos a vista, podemos ata recoñecer a marca do Imperio, a forma de aguia na distribución das entradas á muralla, a marca do senado en cada bastión. Que dicir do cruzamento de cardo e decumano, soa obsceno por obvio. Recoñécense con facilidade todos os estratos, identifícanse fácilmente os barrios, exalta o sentimento de pertenencia a estes. Incluso algún atrevido, podería recoñecer a evolución do crecemento e as zonas de expansión. Poderiamos chegar a trazar un plan urbanístico. Que porno soa iso de trazar un plan.

Como acotar un croissant. Enric Miralles

Regresando á nosa óptica, a que se levanta a 1.83 e sofre de cefalea cando sopra o vento sur, a cidade cambia. A incidencia do sol vólvese asfixiante nas grandes avenidas, é moito máis agradable camiñar polas estreitas rúas da cidade antiga. Os grandes quartieres de perímetros ordeados e fachadas nobres que se presentan altivos aos ollos do turista, atópanse troquelados sen piedade por estreitos e retortos vicolì que recordan a inseguridade de outrora. Non tanto a de Coppola e as súas galanes con chapeu custodiando postos de froita, si non a de Lampedusa, a de quen se atopou o bosque por talar e decidiu plagar a cidade de ratoneiras. Vendo a cidade cos pés cansos e con sede polo sirocco asfixiante, podemos trazar un plano totalmente distinto. Escoitei a Juan Creus falar de como cartografiaron unha viaxe en coche, como as distancias acurtábanse, os acontecementos sucedíanse de forma case violenta. Pareceume unha experiencia atractiva. Un plano que se plega sobre si mesmo unha e outra vez, que busca a pendente natural cara á que dirixirse co mínimo esforzo. Nese plano, nin o meu primo o curioso se cuestionaría por que o porto está onde está, malia os paseantes. Sería unha sorte de trazas sen lenda. Un debuxo preciso, moi grande e con cheiro a stigghiola. E a sambuca. Representa a cidade que se fixo a si mesma en función das súas continxencias. A que non sufriu a anorexia do século XX, a que segue celebrando o nacemento dunha nova vida no vecindario cun pompón celeste. A que concentra toda a tensión dunha fachada na porta. O barroco, do que crece nos bordos, como o moho. Esa cidade só é apreciable a golpe de zapatilla, por moita ferramenta que incorporemos ao estudo a distancia, non poderemos captala. Parece que sempre se cerne sobre o meu discurso a pesada sombra do tempo, da calma. Atópoo fundamental non só cando practicamos a arquitectura; lectura, cine, cociña. Precisan duns tempos naturais que debemos respectar e gozar; tratar de acelerar o proceso só rebaixará a calidade do produto a conseguir. E nas cidades pasa igual, hai lugares que se fixeron con presa, e padécense.

Colección de fotografías de Letizia Battaglia

Non podemos tratar de eliminar ningunha das facetas cando queremos xogar ao urbanismo. Pode resultar tedioso ou cansino, pero as dúas son necesarias. Non podemos desnaturalizar o plano, arrincarlle o factor humán coma se nada e pretender ter cidades. Non. Así, só procrearemos colmeas, almacéns máis ou menos ordenados. Alternemos ambas distancias, ambas intensidades. Aparecerán novos lugares sen querelo; con sorte, poida que afloren as nosas liñas de Naza. Ou simplemente deámonos conta de que todos esas rúas que se abren paso a cabezazos e de aspecto tan aleatorio, varían a súa forma ao compás da necesidade, que é como xorden a maioría dos fenómenos. Que subxace unha estrutura ás veces inapreciable pero que se rexe á ferramenta máis valiosa do urbanismo, o sentido común. Seremos conscientes das oportunidades perdidas da cidade, e dos desastres tremendamente ben aproveitados. Descubriremos a cidade que quixo e puido, e deixou de querer. A matrioska que esconde unha cidade dentro doutra en progresión infinita. A que entre o caos e alborote dunha flota automovilística digna dunha megalópolis asiática, é capaz de gozar das obras inconclusas de séculos pasados, e ten a paciencia suficiente para deixar que as árbores crezan. Unha cidade de intanxibles.

Jorge Rodríguez Seoane

Palermo. Abril 2013

(entre paréntese) (II) | Jorge Rodríguez

[:en]

Soon after viewing for third or fourth time “12 Angry Men”, I understood that John Ford had reason. It was not any more than to see to travel Henry Fonda to understand what was the cinema. I withdrew my Innisfree from myself, of which I am not even native. Now, based and humble connoisseur of that one that surrounds me, I prepare to share it.

Cartography of the Palermo Ottocentesco

The object of study does not change, is always this terrible amalgam of cultures, colors and pavements that it sees like little by little, and without hurry none, the time, which everything it changes, hovers on yes. It is kept as Pinito of the Gold in a dangerous line between the captivation and the filthiness. The calm attitude of his neighbors before the condition of what in his moment was the richest city in miles, does that this one supports his intact essence, I me like to imagine these streets in Germany or Austria. With a cartel of “Don´t sit down, newly painted”. This city, which brings together the major concentrations of sacred art for square meter of Europa with the most profane pleasures and carnal habidos and for credit, has been left to conquer for whom it was showing a minimal interest for her; they understood very much before that the rest, that those that kings were saying to themselves, were not coming to them if not to empty his granaries and to satisfy his cravings. This place, this parish, only wanted to receive a sample of fondness, though it was coming accompanied from conquest and change of flag. This small gray spot in the map triangulado, saw to die to the State. And one does not see her worried. It is clear that the unvariant is it, is all the same where we are, because it does not change, we change the place from which we get accommodated to admire it; to analyze it is a tedious not suitable at all labor for the spring evenings.

Cartography of the Cave of the Higuerón

The first step to understand the city I gave it from the great scale; the board of drawing and the plane they cleared the first impressions, helped me to include an enormous territory ado help that a water botellín. The public transport dies on the verge of this small comanche territory. It classifies in big zones; it plays to the families, every social class, in his quartiere; it looks like a slow, calm city. That is ruled according to a few main lines that arrange what happens around it. The crossing of these routes defines the frame in which, little by little and of coherent form, the inhabitants in healthy consensus with the architects of the zone, they will occupy with his housings. It is so transparent, that enclosed we can see part of his past. If we perfect the sight, we can recognize even the brand of the Empire, the form of eagle in the distribution of income to the wall, the brand of the senate in every bastion. What to say of the crossing cardo and decumano, sounds obscenely for obviously. All the strata are recognized by facility, the neighborhoods are identified easily, it exalts the feeling of belonging to these. Even some bold one, it might admit the evolution of the growth and the zones of expansion. We might manage to plan an urban development plan. That porn sounds it of planning a plan.

Since a croissant annotates. Enric Miralles

Returning to our optics, which gets up to 1.83 and suffers from migraine when it blows of the south wind, the city changes. The incident of the Sun becomes asphyxiating in the big avenues, is much more agreeable to walk along the narrow streets of the ancient city. The big quartieres of tidy perimeters and noble fronts who appear haughty to the eyes of the tourist, think troquelados mercilessly for narrow and involved vicolì that they remember the insecurity of long ago. Not so much that of Coppola and his wooers with hat guarding positions of fruit, if not that of Lampedusa, and it decided to infect the city of mousetraps. Seeing the city with the tired feet and with be for the asphyxiating sirocco, we can plan a totally different plane. I listened to Juan Creus to speak how there was cartografiado a trip in car, since the distances were slow, the events were happening of almost violent form. It looked like to me an attractive experience. A plane that pliega on yes same again and again, that looks for the natural slope towards which to go with the minimal effort. Neither in this plane, nor my cousin the onlooker would question why the port is where it is, very in spite of the walkers. It would be a luck of traces without legend. A precise, very big drawing and with smell a stigghiola. And a sambuca. It represents the city that was done to yes same depending on his contingencies. The one that did not suffer the anorexia of the 20th century, which continues celebrating the birth of a new life in the neighborhood with a celestial pompom. The one that concentrates the whole tension of a front in the door. The baroque, of which it grows in the edges, like the mildew. This city only is valuable to blow of slipper, for many tool that we incorporate into the study distantly, we will not be able to catch her. It seems that always there hovers over my speech the heavy shade of the time, of the calmness. I find it fundamental not alone when we practise the architecture; reading, cinema, kitchen. They are necessary a few natural times that we must respect and enjoy; to try to accelerate the alone process will reduce the quality of the product to obtaining. And in the cities it happens equally, there are places that were done hurriedly, and they are suffered.

Letizia Battaglia’s photographies collection

We cannot try to eliminate any of the facets when we want to play to the urbanism. It can turn out to be tedious or weary, but the two are necessary. We cannot denaturalize the plane, start the human factor as if nothing and to try to have cities. Not. Like that, alone we will generate beehives, more or less tidy stores. Let’s alternate both distances, both intensities. New places will appear without wanting it; with luck, it is possible that our Nazca´s lines show. Or simply us demos counts of that all these alleys that make way for themselves to butts and of so random aspect, change his form to the compass of the need, which is since the majority of the phenomena arise. That sublies a sometimes invaluable structure but that is ruled to the most valuable tool of the urbanism, the common sense. We will be conscious of the lost opportunities of the city, and of the tremendously well taken advantage of disasters. We will discover the city that wanted and could, and it stopped wanting. The matrioska who hides a city inside other one in infinite progression. The one that between the chaos and it disturbs of a car worthy fleet of an Asian megalópolis, is capable of enjoying the incomplete works of last centuries, and has the sufficient patience to allow that the trees should grow. A city of intangibles.

Jorge Rodríguez Seoane

Palermo. April 2013

(in brackets) (II) | Jorge Rodríguez

[:]

Jorge Rodríguez Seoane
Jorge Rodríguez Seoane
Arquitecto y socio fundador y gerente de Seoane Arquitectura. Experiencia activa en evaluación de riesgos y plan de negocio, gestión de personal y dirección de proyectos de ejecución. Gestión de carteras de inversión inmobiliaria, búsqueda de activos singulares y representación de intereses.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS