[:es]
«Si pudiésemos cargar sobre la arquitectura las responsabilidades que pesan sobre la construcción de barcos, tendríamos desde hace tiempo edificios mejores que el Partenón»[1]
Horatio Greenough

Para los arquitectos de la modernidad, la construcción naval ha sido una referencia constante. Peter Collins, en su ensayo Changing Ideals in Modern Architecture (1750-1950), nos recuerda cómo, ya en el siglo XIX, el escultor americano Horatio Greenough reclamaba que los arquitectos volviesen la vista hacia el diseño naval:
«Si nuestras construcciones sobre tierra firme se enfrentaran a las mismas pruebas que se realizan en los astilleros, poco más habría que añadir. En lugar de encajar a la fuerza las funciones de todo tipo de edificios en una forma general, dada previamente, y de adoptar una forma exterior sin considerar la distribución interior, empecemos por el corazón progresando desde ahí hacia fuera»[2].
Collins cita otros ejemplos dónde arquitectos en búsqueda de la modernidad hallan nuevos rumbos al estudiar la construcción naval: El historiador de arquitectura James Fergusson analizó la fabricación de barcos desde la época de Guillermo el Conquistador hasta el «último barco botado en nuestros muelles», mientras el escritor Prosper Mérimée lamentaba en varios artículos que se estuvieran diseñando barcos de vapor tomando como modelo las galeras antiguas, opinión que también compartían Eugène Viollet-le-Duc y su discípulo Anatole de Baudot, quién escribe:
«¿No tenemos uno de los más útiles e interesantes ejemplos en los nuevos vehículos terrestres y marítimos? ¿Se les dio a éstos las formas de los carruajes o barcos de la época de Luis XVI? De ninguna manera: las interrelaciones y la apariencia se deducían de datos científicos e industriales. ¿Por qué, entonces, los refugios fijos, es decir, los edificios, no se diseñan de una manera similar?»[3].
Los cuadernos de bitácora de los arquitectos modernos están llenos de diseños de barcos. Le Corbusier, además de ver en los navíos «el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes reunidos bajo la luz»[4], transformó la barcaza Louise-Catherine en un asilo flotante sobre el Sena para el Ejército de Salvación. Alvar Aalto llamó a su bote Nemo propheta in patria, dedicando a su diseño la misma atención que a su refugio privado en Muraatsalo, sólo accesible atravesando las aguas del lago Päijänne, Ramón Vázquez Molezún daba forma, verano tras verano, a su casa-embarcadero en Bueu —desde dónde salía a navegar— y Ralph Erskine llegó a convertir un velero —La Verona— en su estudio temporal.
El caso de Jørn Utzon es todavía más singular: su padre, Aage Utzon, era ingeniero naval y trabajó en el proyecto de varios navíos a lo largo de su vida. Desde niño, el futuro arquitecto visitaba los astilleros de su ciudad natal y ayudaba a su padre a realizar los planos y las maquetas de los barcos. El último diseño de Aage es un velero que denominó Sisu, nombre que Utzon retomará para las vigas que sostienen las «velas» de la ópera de Sydney y que permanece como un sentido homenaje a los comienzos de su singladura arquitectónica.
antonio s. río vázquez . arquitecto
a coruña. junio 2013
Notas:
[1] GREENOUGH, Horatio. «American Architecture». En: TUCKERMAN, Henry Theodore. A memorial of Horatio Greenough consisting of a memoir, selections from his writings, and tributes to his genius. New York: G.P. Putnam & Co., 1853, p. 125
[2] GREENOUGH, Horatio. «American Architecture». En: TUCKERMAN, Henry Theodore. Op. Cit., p. 125
[3] BAUDOT, Anatole de. L’architecture: Le passé. Le présent. París: H. Laurens, 1916, p. 3
[4] En la página 79 de Vers une architecture aplica esta definición al paquebote Empress of Asia de la Canadian Pacific.
[:en]
«If we could load on the architecture the responsibilities that weigh on the construction of ships, we would have for time buildings better than the Parthenon»[1]
Horatio Greenough

For the architects of the modernity, the naval construction has been a constant reference. Peter Collins, in his test Changing Ideals in Modern Architecture (1750-1950), remembers his how, already in the 19th century, the american sculptor Horatio Greenough was claiming that the architects were turning the sight towards the naval design:
«If our constructions on firm land were facing the same tests that are realized in the shipyards, little more would be necessary to add. Instead of fitting by force the functions of all kinds of buildings into a general form, given before, and of adopting an exterior form without considering the interior distribution, let’s begin for the heart progressing from there towards out»[2].
Collins mentions other examples where architects in search of the modernity find new courses on having studied the naval construction: The historian of architecture James Fergusson nalyzed the manufacture of ships from the epoch of Guillermo Conquering up to the «last ship thrown in our wharves», while the writer Prosper Mérimée was sorry in several articles that steam ships were designed taking like I shape the ancient galleys, opinion that also there were sharing Eugène Viollet-le-Duc and his disciple Anatole de Baudot, who writes:
«Do not we have one of the most useful and interesting examples in the new terrestrial and maritime vehicles? There were given to these the forms of the carriages or ships of the epoch of Luis XVI? By no means: the interrelationships and the appearance were deduced of scientific and industrial information. Why, then, the fixed refuges, that is to say, the buildings, are not they designed in a similar way?»[3].
The notebooks of binnacle of the modern architects are full of designs of ships. Le Corbusier, beside seeing in the ships «the wise, correct and magnificent game of the volumes assembled under the light»[4], transformed the barge Louise-Catherine into a floating asylum on the Seine for the Army of Salvation. Alvar Aalto called to his boat Nemo propheta in patria, dedicating to his design the same attention that to his refuge deprived in Muraatsalo, only accessible crossing the waters of the Päijänne Lake, Ramón Vázquez Molezún was giving form, summer after summer, to his pier-house in Bueu —from where it was going out to sail— and Ralph Erskine managed to turn a sailboat —La Verona— into his temporary study.
Jørn Utzon´s case is even more singular: his father, Aage Utzon, was a naval engineer and it was employed at the project of several ships along his life. From child, the future architect was visiting the shipyards of his natal city and was helping his father to realize the planes and the models of the ships. Aage’s last design is sailboat that named Sisu, name that Utzon will take again for the girders that support the «candles» of the Sydney´s Opera and that honoring remains as a sense to the beginning of his architectural day_s run.
antonio s. río vázquez . architect
a coruña. juny 2013
Notes:
[1] GREENOUGH, Horatio. «American Architecture». En: TUCKERMAN, Henry Theodore. A memorial of Horatio Greenough consisting of a memoir, selections from his writings, and tributes to his genius. New York: G.P. Putnam & Co., 1853, p. 125
[2] GREENOUGH, Horatio. «American Architecture». En: TUCKERMAN, Henry Theodore. Op. Cit., p. 125
[3] BAUDOT, Anatole de. L’architecture: Le passé. Le présent. París: H. Laurens, 1916, p. 3
[4] In the page 79 of Vers une architecture aplica esta definición al paquebote Empress of Asia de la Canadian Pacific.
[:gl]
«Se puidésemos cargar sobre a arquitectura as responsabilidades que pesan sobre a construción de barcos, teriamos dende fai tempo edificios mellores que o Partenón»[1]
Horatio Greenough

Para os arquitectos da modernidad, a construción naval foi unha referencia constante. Peter Collins, no seu ensaio Changing Ideals in Modern Architecture (1750-1950), recórdanos cómo, xa no século XIX, o escultor americano Horatio Greenough reclamaba que os arquitectos volvesen a vista hacia o deseño naval:
«Se as nosas construcións sobre terra firme enfrontásense ás mesmas probas que se realizan nos astilleros, pouco máis habería que engadir. En lugar de encaixar á forza as funcións de todo tipo de edificios nunha forma xeral, dada previamente, e de adoptar unha forma exterior sen considerar a distribución interior, empecemos polo corazón progresando desde aí cara a fóra»[2].
Collins cita outros exemplos onde arquitectos en procura da modernidad achan novos rumbos ao estudar a construción naval: O historiador de arquitectura James Fergusson analizou a fabricación de barcos desde a época de Guillermo o Conquistador ata o «último barco botado nos nosos peiraos», mentres o escritor Prosper Mérimée llamentaba en varios artigos que se estivesen deseñando barcos de vapor tomando como modelo as galeras antigas, opinión que tamén compartían Eugène Viollet-le-Duc e o seu discípulo Anatole de Baudot, quén escribe:
«¿Non temos un dos máis útiles e interesantes exemplos nos novos vehículos terrestres e marítimos? Déuselles a estes as formas dos carruajes ou barcos da época de Luís XVI? De ningún xeito: interrelaciónelas e a aparencia deducíanse de datos científicos e industriais. Por que, entón, os refuxios fixos, é dicir, os edificios, non se deseñan dun xeito similar?»[3].
Os cadernos de bitácora dos arquitectos modernos están cheos de deseños de barcos. Le Corbusier, ademáis de ver os navíos «o xogo sabio, correcto e magnífico dos volúmenes reunidos baixo a luz»[4], transformou a barcaza Louise-Catherine nun asilo flotante sobre o Sena para o Exército de Salvación. Alvar Aalto chamou o seu bote Nemo propheta in patria, dedicando o seu deseño a mesma atención que o seu refuxio privado en Muraatsalo, sólo accesible atravesando as aguas do lago Päijänne, Ramón Vázquez Molezún daba forma, verán tras verán, a sua casa-embarcadoiro en Bueu —dende onde salía a navegar— e Ralph Erskine chegou a convertir un veleiro —La Verona— no se estudio temporal.
No caso de Jørn Utzon é aínda máis singular: o seu padre, Aage Utzon, era enxeñeiro naval e traballou no proxecto de varios navíos ao longo da súa vida. Desde neno, o futuro arquitecto visitaba os astaleiros da súa cidade natal e axudaba ao seu pai a realizar os planos e as maquetas dos barcos. O último deseño de Aage é velero que denominou Sisu, nome que Utzon retomará para as vigas que sosteñen as «velas» da ópera de Sydney e que permanece como un sentido homenajxe os comenzos da sua singladura arquitectónica.
antonio s. río vázquez . arquitecto
a coruña. xuño 2013
Notas:
[1] GREENOUGH, Horatio. «American Architecture». En: TUCKERMAN, Henry Theodore. A memorial of Horatio Greenough consisting of a memoir, selections from his writings, and tributes to his genius. New York: G.P. Putnam & Co., 1853, p. 125
[2] GREENOUGH, Horatio. «American Architecture». En: TUCKERMAN, Henry Theodore. Op. Cit., p. 125
[3] BAUDOT, Anatole de. L’architecture: Le passé. Le présent. París: H. Laurens, 1916, p. 3
[4] En la página 79 de Vers une architecture aplica esta definición o paquebote Empress of Asia de la Canadian Pacific.
[:]




