[:es]
En tiempos remotos, el hombre primitivo descubrió en la caverna un lugar donde encontrar cobijo ante la lluvia y el frio. Esta revelación, que le permitió soportar las inclemencias del clima en un espacio de relativa comodidad, es rotulada por Umberto Eco como el nacimiento de la arquitectura1.
Miles de años después, la imagen prístina narrada por Eco puede aplicarse como un signo de profusa analogía para graficar las características esenciales del espacio interior de la Capilla de Ronchamp, la máxima poética de Le Corbusier.
Ronchamp es un ejercicio erudito que se desprende de cualquier antecedente tipológico para buscar los umbrales de la arquitectura. Sus muros tridimensionales trazan un paralelo con la caverna2, establecida como formas de la naturaleza modeladas por el hombre en la cima de una colina.

Las tensiones y ambigüedades de su geometría construyen su figura como un continuo de concavidades y convexidades que permiten resguardar un espacio de ensueño. Los muros configuran entidades autónomas que se asocian para encerrar el espacio con el perfil poco ortodoxo de la cubierta, definida de manera inversa a la curvatura del terreno y al natural escurrimiento del agua.
La puerta principal pivotando sobre el eje del vano, anticipa el evento haciendo que el acceso a la capilla no resulte un hecho intrascendente.
En el lado sur, el muro es portador de un espesor dramatizado. Su superficie calada irregularmente permite conducir en distintas direcciones los haces de luz natural que viajan impregnados del color de los vitrales, salpicando el espacio en un espectáculo agraciado y cambiante con el transcurrir del día.

Acentuando estas tensiones, la cubierta se retira de los muros para permitir el ingreso de la luz solar, que a su paso envuelve la curvatura de cemento consumando una maniobra de premeditada seducción.
La ausencia de aristas establece una continuidad indefinida de los muros, siempre subyugados por haces de luz provenientes de diferentes direcciones que impiden la definición precisa de los límites. En este suceso, la rugosidad del muro construye la complicidad necesaria para conmover con las diferentes intensidades de sombras.

Le Corbusier amalgama la piedra y la luz de manera candorosa, con tanto ímpetu que resulta imposible concebir un elemento sin el otro. El diseño conjuga el ideal artístico de fusionar la arquitectura, la pintura y la escultura como pocas veces se alcanzó en otras obras del movimiento moderno.
El interior de Ronchamp compone un relato genuino y homogéneo. El carácter invariable de un edificio atrapado por el sortilegio de la luz como resultado de un ejercicio de arquitectura puesto al servicio de la poesía, o de la poesía puesta al servicio de la arquitectura.

Marcelo Gardinetti. Arquitecto
La Plata. Abril 2014
Nota:
1 “Obligado por el frio y la lluvia, siguiendo el ejemplo de los animales u obedeciendo a un impulso en el que se mezclan confusamente el instinto y la razón, nuestro hombre se refugia en un repliegue, en un hoyo al pie de una montaña, en una caverna. Protegido del viento y del agua, a la luz del día o bajo el resplandor del fuego (suponiendo que ya lo ha descubierto) nuestro hombre observa la caverna que lo cobija” Umberto Eco, la estructura ausente, ©debolsillo 2013 pág. 325
2 Otra alusión al discurso de Umberto Eco se refleja en las palabras de William Curtis: “la transición al interior de Ronchamp es espectacular. Se entra en una cueva de otro mundo, en una catacumba”. William J.R. Curtis, Le Corbusier ideas y formas, © Phaidon 1986 pág. 177
[:en]
In remote times, the early man discovered in the cavern a place where to find cover before the rain and the cold. This revelation, which allowed him to support the inclemencies of the climate in a space of relative comfort, is labelled by Umberto Eco as the birth of the architecture1.
Thousands of years later, the pristine image narrated by Echo can apply to him as a sign of profuse analogy for graficar the essential characteristics of the interior space of Ronchamp’s Chapel, the poetical maxim of Le Corbusier.
Ronchamp is an erudite exercise that parts with any precedent tipológico to look for the thresholds of the architecture. His three-dimensional walls plan the parallel one with the cavern2, established as forms of the nature shaped by the man in the top of a hill.

The tensions and ambiguities of his geometry construct his figure as the continuous one of concavities and convexities that allow to protect a space of dream. The walls form autonomous entities that associate to enclose the space with the slightly orthodox profile of the cover, defined of an inverse way to the curvature of the area and to the natural runoff of the water.
The principal door pivotando on the axis of the vain one, anticipates the event doing that the access to the chapel does not turn out to be a not transcendental fact.
In the south side, the wall is a carrier of a dramatized thickness. His surface penetrated irregularly allows to lead in different directions the faeces of natural light that travel impregnated from the color of the vitrales, splashing the space in an attractive and changeable spectacle with to pass of the day.

Accentuating these tensions, the cover moves back from the walls to allow the revenue of the solar light, which to his step wraps the cement curvature consumando a maneuver of premeditated seduction.
The absence of edges establishes an indefinite continuity of the walls, always subdued by faeces of light from different directions that prevent the precise definition of the limits. In this event, the ruggedness of the wall constructs the necessary complicity to affect with the different intensities of shades.

Le Corbusier amalgamates the stone and the light of an innocent way, with so much impetus that turns out to be impossible to conceive an element without other one. The design brings together the ideal artistic one of fusing the architecture, the painting and the sculpture since rarely it was reached in other works of the modern movement.
Ronchamp’s interior composes a genuine and homogeneous statement. The invariable character of a building caught by the sorcery of the light as result of an exercise of architecture put to the service of the poetry, or of the poetry put to the service of the architecture.

Marcelo Gardinetti. Architect
La Plata. April 2014
Note:
1 “Forced by the cold and the rain, following the example of the animals or obeying an impulse in which the instinct and the reason are mixed confused, our man shelters in a doubling, in a hole at the foot of a mountain, in a cavern. Protected from the wind and from the water, in the light of the day or under the radiance of the fire (supposing that already it has discovered it) our man observes the cavern that he it shelters” Umberto Eco, la estructura ausente, ©debolsillo 2013 pag. 325
2 Another allusion to Umberto Eco’s speech is reflected in William Curtis’s words: “The transition to Ronchamp’s interior is spectacular. One enters a cave of another world, a catacomb”. William J.R. Curtis, Le Corbusier ideas y formas, © Phaidon 1986 pag. 177
[:gl]
En tempos remotos, o home primitivo descubriu na caverna un lugar onde encontrar acubillo ante a chuvia e o frio. Esta revelación, que lle permitiu soportar as inclemencias do clima nun espazo de relativa comodidade, é rotulada por Umberto Eco como o nacemento da arquitectura1.
Miles de anos despois, a imaxe prístina narrada por Eco pode aplicarse como un signo de profusa analoxía para graficar as características esenciais do espazo interior da Capela de Ronchamp, a máxima poética de Le Corbusier.
Ronchamp é un exercicio erudito que se desprende de calquera antecedente tipolóxico para buscar os albores da arquitectura. Os seus muros tridimensionais trazan un paralelo coa caverna2, establecida como formas da natureza modeladas polo home no cume dun outeiro.

As tensións e ambigüidades da súa xeometría constrúen a súa figura como un continuo de concavidades e convexidades que permite resgardar un espazo marabilloso. Os muros configuran entidades autónomas que se asocian para encerrar o espazo co perfil pouco ortodoxo da cuberta, definida de xeito inverso á curvatura do terreo e ao natural escorremento da auga.
A porta principal pivotando sobre o eixe do van, anticipa o evento facendo que o acceso á capela non resulte un feito intranscendente.
No lado sur, o muro é portador dun espesor dramatizado. A súa superficie calada irregularmente permite conducir en distintas direccións os feixes de luz natural que viaxan impregnados da cor dos vitrais, salpicando o espazo nun espectáculo agraciado e cambiante co transcorrer do día.

Acentuando estas tensións, a cuberta retírase dos muros para permitir o ingreso da luz solar, que ao seu paso envolve a curvatura de cemento consumando unha manobra de premeditada sedución.
A ausencia de arestas establece unha continuidade indefinida dos muros, sempre subxugados por feixes de luz provenientes de diferentes direccións que impiden a definición precisa dos límites. Neste suceso, a rugosidade do muro constrúe a complicidade necesaria para conmover coas diferentes intensidades de sombras.

Le Corbusier amálgama a pedra e a luz de xeito candorosa, con tanto ímpeto que resulta imposible concibir un elemento sen o outro. O deseño conxuga o ideal artístico de fusionar a arquitectura, a pintura e a escultura como poucas veces se alcanzou noutras obras do movemento moderno.
O interior de Ronchamp compón un relato xenuíno e homoxéneo. O carácter invariable dun edificio atrapado polo sortilexio da luz como resultado dun exercicio de arquitectura posto ao servizo da poesía, ou da poesía posta ao servizo da arquitectura.

Marcelo Gardinetti. Arquitecto
La Plata. Abril 2014
Nota:
1 “Obrigado polo frio e a chuvia, seguindo o exemplo dos animais ou obedecendo a un impulso no que se mesturan confusamente o instinto e a razón, o noso home refúxiase nun repregamento, nun burato ao pé dunha montaña, nunha caverna. Protexido do vento e da auga, á luz do día ou baixo o resplandor do lume (supoñendo que xa o descubriu) noso home observa a caverna que o abeira” Umberto Eco, A estructura ausente, ©debolsillo 2013 pág. 325
2 Otra alusión ao discurso de Umberto Eco reflíctese nas palabras de William Curtis: “a transición ao interior de Ronchamp é espectacular. Éntrase nunha cova doutro mundo, nunha catacumba”. William J.R. Curtis, Le Corbusier ideas y formas, © Phaidon 1986 pág. 177
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La caja de Nuestra Señora
Óscar Tenreiro
Ronchamp figuró muy temprano en mi búsqueda de la arquitectura.
Era además bastante común en ese tiempo que si el destino era Francia
había que llegarse hasta el que ya en ese entonces (comenzaban los
sesenta) podía calificarse de edificio mítico.
La viuda de nuestro compañero fallecido demasiado joven no hace
mucho Jorge Rigamonti, Helena Correa, me contó como Jorge, recién salido
de la Facultad, había llegado hasta el lugar (probablemente en 1961 o
62) y como era tarde había encontrado la capilla cerrada debiendo
quedarse fuera pernoctando en algún rincón. Allí lo encontró al día
siguiente uno de los curas que, al conocer que venía de tan lejanas
tierras lo invitó a desayunar y lo guió después hacia el interior de la
capilla antes de los servicios. Lo ocurrido a Jorge ejemplifica lo que
fue el peregrinaje a Ronchamp para todos los de mi generación. En su
insistencia quedándose allí al descampado para no dejar trunca su
visita, resume la actitud de muchos de nosotros yendo a esa colina
ansiosos de experimentar el goce que menciona Corbu. El goce interior,
regalo de la gran arquitectura.
[…]
http://goo.gl/5n3tP7
Y la luz se hizo
Publicado por Luis Lope de Toledo
En
el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba
desordenada y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y
el Espíritu de Dios se movía por la superficie de las aguas. Y dijo
Dios: Sea la luz; y la luz se hizo. Y vio Dios que la luz era buena; y
separó Dios la luz de las tinieblas.
(Gen. 1, 1-4.)
Y es posible que esa luz saliera del teléfono móvil de Dios, mientras
buscaba el cajetín de los fusibles después de que un apagón los dejara a
oscuras en el paraíso.
Luz. ¡Simplemente con apretar un interruptor! Algo tan trivial y cotidiano
en nuestras vidas con lo que llevamos viviendo desde que nacimos. Algo
impensable hace menos de 150 años, antes de que al señor Joseph Wilson Swan
se le encendiera la bombilla, y encendiese las de los demás. ¿Pero qué
ocurría con la luz antes de que se produjera toda esta orgía eléctrica
que ha llegado hasta nuestros días?
[…]
http://goo.gl/DlgqZ0
Elogio a la poesia de la luz!