[:es]
“Una sociedad crece y progresa cuando los ancianos plantan árboles sabiendo que nunca se sentarán a su sombra”.
Manifiesto Freespace
El pasado 25 de mayo se inauguró XVI Bienal de Arquitectura de Venecia y permanecerá abierta hasta el 25 de noviembre con las comisarias irlandesas Yvonne Farrell y Shelley McNamara como máximas responsables y que se desarrolla en las sedes de Giardini y Arsenale, así como en otros lugares de Venecia. La Bienal Architettura 2018 se titula FREESPACE, una palabra que describe una generosidad de espíritu y un sentido de humanidad en el centro de la agenda de la arquitectura.
Con el tema de FREESPACE, la Bienal Architettura 2018 presenta para el público ejemplos, propuestas, elementos, construidos o no, de trabajos que ejemplifican las cualidades esenciales de la arquitectura que incluyen la modulación, la riqueza y la materialidad de la superficie; la orquestación y la secuencia del movimiento, revelando el poder y la belleza encarnados de la arquitectura.
Dentro de los distintos pabellones nos encontramos con la propuesta holandesa, Work, Body, Leisure, diseñado por la arquitecta e investigadora gallega Marina Otero Verzier (A Coruña, 1981) y comisariado por Het Nieuwe Instituut, el pabellón plantea cómo los cambios en los valores y condiciones laborales afectan a la configuración espacial y las condiciones de vida y tiene como centro Rotterdam. Dentro la vorágine que tienen esto eventos, hemos tenido la oportunidad de charlar con Marina de diversos temas.
Sin más, preámbulos os dejamos con entrevista.

¿Cómo se definiría Marina Otero desde un punto de vista arquitectónico?
Me defino como arquitecta. Hubo momentos en los que añadía “comisaria”, o “investigadora”. Pero me di cuenta de que no era necesario y, además, que era importante reivindicar la figura del arquitecto como alguien que trabaja en muy diversas escalas y medios, no sólo en la del edificio. Empecé a estudiar arquitectura en 1999 en la ETSAM, luego en TU Delft, más tarde en Columbia University.
En 2008 terminé el doctorado en Madrid. En total llevo casi 20 años estudiando arquitectura y trabajando en estudios, en la obra, en la universidad, en museos y centros de investigación. Considero que pienso y trabajo como arquitecta ya sea en el diseño y construcción de un edificio, de una exposición, un pabellón, de un libro o de un texto. Es una forma de entender e intervenir en el mundo, en sus procesos y sistemas.
Ha trabajado como arquitecta, investigadora y comisaria en diferentes continentes e instituciones, ¿qué experiencia, hasta la fecha, ha sido la que más le he marcado y por qué?
Vivo y trabajo en Holanda, pero antes residí en España, en Estados Unidos, trabajé en Noruega y ahora también en Reino Unido. He aprendido de cada uno de estos lugares, y de las personas que he conocido en ellos. Me han transformado. Aunque, tal vez, la experiencia que más me ha marcado es la estancia en Nueva York. Me trasladé a la ciudad en 2011 para estudiar el Master in Critical, Curatorial and Conceptual Practices in Architecture (CCCP) en GSAPP, Columbia University.
En ese momento, estaba estudiando el doctorado en ETSAM y trabajando en Ensamble Studio, dirigiendo la construcción de la Casa del Lector en Madrid. Pero buscaba un foro académico donde enfrenarme a otras maneras de entender la arquitectura y donde profundizar en el pensamiento crítico y político, algo que echaba de menos en mi formación en España. Tuve mucha suerte, porque en 2011 conseguí una becaria Fulbright, y me fui a Nueva York.
Allí, las clases y conferencias de Felicity Scott, Mabel Wilson, Mark Wigley y Beatriz Colomina, entre otros, marcarían definitivamente lo que sería mi trabajo futuro. También lo hizo la energía de Nueva York y sus habitantes. Es una ciudad dura y cara, que agota y expulsa a muchos. Para los que no somos multimillonarios, cada día es un ejercicio heroico. Pero también puede ser maravillosa. Te obliga a posicionarte, superarte, te imprime entusiasmo, seguridad, arrojo.

¿Qué diferencias (desde el punto de vista arquitectónico) ha notado en cada uno de los diferentes países e instituciones en las que ha estado?
La principal diferencia, creo, reside en las oportunidades que me han abierto y de las que he disfrutado en otros países, y que son inimaginables en España. En Nueva York, si en una institución creen que tienes un buen proyecto, una buena idea, pues apuestan por ti, independientemente de tu origen, edad o género, o al menos eso es lo que yo he experimentado.
Por desgracia, soy consciente que no todo el mundo tiene la misma suerte, y que yo soy una privilegiada. Por ejemplo, mi tesis de Máster analizaba nuevos paradigmas en instituciones culturales. Al terminar, Columbia University me contrató para dirigir una de ellas: Studio-X, una red global de centros de investigación sobre el futuro de las ciudades con sedes en Amman, Beijing, Estambul, Johannesburgo, Mumbai, Nueva York, Rio de Janeiro y Tokio, y adscritos a la universidad de Columbia.
¿Te imaginas?
Pasé de estudiante a directora de una institución cultural global en menos de un mes. Además, en el tiempo que estuve allí, era posible mandar un e-mail a la decana de una universidad, a la directora de un museo, o a una intelectual de primera línea y que te contestaran al día siguiente, y seguramente tuvieras ocasión de reunirte con ellas. No puedo decir lo mismo de mi experiencia en España.
¿La arquitectura se enfrenta a los mismos problemas que en España?
Cada contexto presenta unos retos particulares y específicos. Aunque también hay muchas cuestiones relevantes que trascienden los bordes territoriales. Ese es el caso de temas relacionados con la migración, con la seguridad, con el acceso a la vivienda, con el cambio climático, así como la necesidad de luchar por mundo no racista, no discriminatorio y no explotador.
Respecto a la disciplina de la arquitectura, es evidente que nos encontramos ante la transformación global y necesaria de la figura del arquitecto. El mundo que nos rodea está cambiando rápidamente, y la arquitectura es una de las lentes a través de las cuales leemos y participamos en él. Entonces, la pregunta es, cómo vamos a evolucionar y responder creativamente al cambio.
¿Cuáles son las nuevas formas de conocimiento, práctica y las responsabilidades que estos desafíos demandan?
Los arquitectos participan en el diseño de edificios, ciudades, territorios, en el desarrollo de políticas, en procedimientos legales, económicos y sociales. Las instituciones culturales, incluidas las universidades y los museos, son actores principales en estos procesos y transformaciones, y tienen la responsabilidad de aportar nuevas nociones ante los desafíos a los que se enfrenta la práctica arquitectónica, generando formas alternativas de abordar los problemas urgentes y las aspiraciones de la sociedad.

¿Cómo y por qué surge la exposición Work, Body, Leisure para Pabellón Holandés en la 16º Muestra Internacional de Arquitectura– La Biennale di Venezia?
Surge como respuesta a la visión optimista, aunque aparentemente apolítica, que propone Freespace. El Pabellón de Holanda titulado WORK, BODY, LEISURE, tiene el objetivo aportar una visión social, económica y políticamente comprometida en torno a la noción de ‘freespace,’ y para ello, propone revisitar la obra del artista Constant Nieuwenhuys.
En su proyecto New Babylon (1956–1974) – un paradigma arquitectónico de espacio libre y el ocio posibilitado por la automatización del trabajo – la sociedad dedica su energía a la creatividad y el juego, y cada sujeto diseña su propio entorno. Los habitantes de New Babylon, liberados de la obligación de ser útiles, gozan de completa disposición de su tiempo. En New Babylon no aplica el concepto de “tiempo libre”; todo el tiempo es, de hecho, juego.
Y, sin embargo, a medida que la obra de Constant evoluciona, su visión optimista sobre las posibilidades y los placeres del trabajo automatizado gradualmente da paso a una perspectiva más conflictiva. La violencia no sería erradicada por el nuevo orden tecnológico. En New Babylon, sus habitantes se mueven sin restricciones. No hay ventanas, habitaciones, muebles o pasillos; y quizás lo más importante, no hay puertas. Esta es, sin embargo, una arquitectura al servicio de un orden hegemónico, fundado en la explotación e invisibilidad de su mano de obra y en la tecnología que lo haría posible: en cuerpos concebidos como robots. La libertad, en muchos casos, se construye a expensas del control y la explotación de “el otro”.
La propuesta de Constant para una arquitectura y una sociedad alternativas en la que el trabajo humano se vuelve superfluo – como señala el historiador y teórico de la arquitectura Mark Wigley – fue capaz de visualizar un inminente mundo post-laboral. Transcurridos más de treinta años, la arquitectura de la plena automatización está poniéndose en práctica en los centros de producción agrícola holandeses, y en lugares como la nueva terminal de contenedores APM en el puerto de Rotterdam Maasvlakte II.
WORK, BODY, LEISURE, por ello, aborda las configuraciones espaciales, las condiciones de vida y las nociones sobre el cuerpo humano ocasionadas por cambios disruptivos en las éticas y condiciones laborales. Con este proyecto, aspiramos a fomentar nuevas formas de creatividad y responsabilidad en el ámbito de la arquitectura en respuesta a las tecnologías emergentes de automatización.
¿Qué va a encontrarse el público? ¿Cómo debe enfrentarse a la exposición?
Al entrar se encontrarán una retícula completamente naranja, que viste el conjunto del pabellón. Se trata de una habitación formada por muros de taquillas. A veces no somos conscientes de ello, pero cuando nos fijamos, nos damos cuenta de que las taquillas son la arquitectura que mejor representa las relaciones entre trabajo y ocio. Poblando fábricas, instalaciones de almacenamiento, espacios de cotrabajo y vestuarios, la taquilla facilita la reinvención temporal no solo del espacio, sino también de los cuerpos que lo habitan. Es un interfaz entre el yo que trabaja y el que no trabaja, si es que todavía existe alguna distinción entre ambos.
Este espacio geométrico, abstracto, naranja, es también una referencia al territorio holandés, a su horizonte plano, y su precisa división de la tierra diseñada para la máxima eficiencia. Durante siglos, su paisaje físico ha sido meticulosamente moldeado y diseñado por iniciativas que integraban el trabajo de humanos y de máquinas. El énfasis en el trabajo y la disciplina sobre el ocio se manifiesta en el paisaje, en la sociedad y también en la arquitectura, desde la escala del territorio hasta la de la cama.
Hay quien entra en el pabellón y piensa que eso es todo. Pero en una segunda mirada, se entrevé un orden diferente, unos códigos, y unos tiradores, que permiten romper la abstracción de la retícula y abrir a arquitecturas diferentes, a mundos individualizados y cerrados donde se administran identidades y pertenencias. Algunos son archivos con documentos, maquetas, objetos, otros son ventanas y hay también puertas. Todos ellos conducen a campos de pruebas, espacios en los que el futuro del trabajo ha sido y continúa siendo reinventado. Las taquillas trazan un recorrido a través de una serie de arquitecturas en los Países Bajos y más allá en las que los cuerpos se categorizan y transforman: oficinas, parques de juegos, granjas, fábricas y espacios virtuales, ventanas, camas y puertas. Escenarios que parecen familiares, aunque raramente accesibles o aparentemente banales, pero que sin embargo se encuentran en el epicentro de la transformación del trabajo:
#CAMA
Bed-In, por Beatriz Colomina.
#PUERTA
La (s) Puerta (s) de No Retorno: tecnologías de ciertos cuerpos, por Amal Alhaag.
#FÁBRICA
Songs for Hard Working People, de Noam Toran con Florentijn Boddendijk y Remco de Jong.
#GRANJA
Renderlands: Instalación, por Liam Young.
#PUERTO
The Port and the Fall of Icarus, por Hamed Khosravi, Taneha Kuzniecow Bacchin y Filippo LaFleur.
#OFICINA
Paisajes automatizados (Automated Landscapes), por Marten Kuijpers y Victor Muñoz Sanz.
#PATENTE
The Institute of Patent Infringement, por Jane Chew y Matthew Stewart.
#PATIO DE RECREO
Constant’s New Babylon, revisitada por Mark Wigley.
#SIMULACIÓN
Medidas de seguridad (Safety Measures), por Simone C. Niquille.
#SALA DE ESPERA
Shore Leaves, de Giuditta Vendrame, Paolo Patelli y Giulio Squillacciotti.
#VENTANA
Arquitectura del trabajo sexual, en colaboración con el Museo de Amsterdam y la Fundación para la robótica responsable.

¿Estamos abocados a que las máquinas nos acaben sustituyendo?
No necesariamente. Que exista cierta tecnología disponible no supone que tengamos que implementarla en las ciudades, o que sea beneficiosa para construir un mundo mejor.
El proyecto que presentamos en la Bienal de Venecia es, de hecho, una llamada a la acción. A pesar de la transformación que está en curso, tanto en el entorno construido como en los cuerpos que lo habitan, y consecuencia de los procesos de automatización, se trata de un ámbito de investigación e innovación que aún carece de una perspectiva espacial crítica. Nuestro objetivo es abrir una discusión sobre este futuro inminente y los regímenes tecnológicos que lo hacen posible y, en última instancia, explorar nuestra agencia y capacidad para aceptarlo o desafiarlo.
¿Qué impresiones ha obtenido del público tras su recorrido por la exposición?
Recibimos impresiones muy entusiastas y positivas de los visitantes. Probablemente la mejor respuesta sea ver como en un contexto como la Bienal, donde la capacidad de atención es tan limitada, la gente pase bastante tiempo dentro del pabellón, se emocione y se interese por sus múltiples capas e interactúen con otras. Personas de todas las edades y procedencias nos dan las gracias al salir del pabellón, por haber aprendido y haberlo pasado bien.
¿Qué más se puede pedir?
Es divertido, además, ver cómo al entrar pasan unos instantes antes de que las visitantes sean conscientes del lugar en el que se encuentran y sus lógicas. Ver las caras de sorpresa cuando comienzan a entender el juego espacial. Mi hermana, por ejemplo, me dijo que si habíamos ido allí a dejar nuestras cosas en las taquillas para luego ir al pabellón.
“Este es el pabellón”, contesté.
Nos reímos mucho. Me pareció el mejor cumplido.
También me emocionaron otras respuestas. Es un honor y una gran responsabilidad ser la comisaria del Pabellón Holandés en la Bienal de Arquitectura de Venecia, sobre todo porque a pesar de trabajar y vivir en los Países Bajos, no nací aquí. Nací en España. En ese contexto, la oportunidad de representar al país en lo que probablemente sea el evento internacional más importante en el campo de la arquitectura tiene una relevancia especial y un significado cultural y político. Esta situación no pasó desapercibida. No voy a ocultar que nos tuvimos que enfrentar algunas inquietudes y críticas iniciales.
Por ello, nos sentimos particularmente felices al ver las respuestas de los visitantes, profesionales, y de los medios tanto holandeses como internacionales. Al escuchar cómo el trabajo presentado por este grupo de personas que incluía ciudadanos holandeses, ciudadanos que llegaron a Holanda como refugiados políticos, trabajadores migrantes y profesionales de otros países, hizo a muchos sentirse orgulloso. Y cómo, en este momento en el que estamos asistiendo a un aumento de la xenofobia en lugares como EE. UU. Y Europa, el proyecto puede contribuir a reclamar la importancia de construir espacios acogedores y diversos.

Además del pabellón que coordina ¿cuál ha sido el que más le ha interesado?
El pabellón de España, comisariado por Atxu Amann, lanzó un mensaje necesario: la importancia de dar el relevo a las nuevas generaciones de arquitectos y, sobre todo, a sus preocupaciones, a los temas que consideran relevantes y que en muchas ocasiones son ignorados por las generaciones que los preceden. Es un pabellón feminista y que aboga por poner la conciencia política en el centro de la arquitectura. Hay que celebrarlo.
Me parecieron particularmente interesantes aquellos pabellones que trataron la idea de Freespace, el tema general de la bienal, de una forma responsable y consciente con los retos contemporáneos y futuros. Es el caso de Bélgica, Chile, Estados Unidos, Israel, o Bahréin. El manifiesto de las comisarias generales tenía cierto carácter apolítico y, en estos momentos, hablar de “freespace” sin hablar de cómo la arquitectura participa en procesos de demarcación nacional, construcción de fronteras, bordes, construcción de diferencia, o sistemas de explotación, es una falta de responsabilidad.
En nuestro caso, desde el comienzo del proyecto hemos tratado de cuestionar el nacionalismo metodológico asociado a la idea de un pabellón cerrado, algo que consideramos especialmente importante en este momento en el que estamos presenciando un aumento de los movimientos ultranacionalistas. Por esta razón, hemos imaginado estrategias a través de las cuales construir formas de solidaridad y representación más allá de las demarcaciones nacionales. Una de esas iniciativas fue una bonita colaboración con los Pabellones de Bélgica y España, mediante la cual tratamos de imaginar qué sería el Giardini si no fuera un espacio de competición entre países, sino de colaboración y diálogo. Esperamos que se repita y amplíe en ediciones futuras.
Dada su experiencia, ¿cree que las bienales tienen futuro? ¿Qué mejoras deberían plantearse?
Si. Las bienales representan un intento incompleto y, a veces, fallido por reposicionar el papel de la arquitectura en la ciudad contemporánea. Pero, en cualquier caso, es un modelo interesante, un estímulo para la transformación de las instituciones culturales, de las ciudades a través de experimentos colectivos que conduzcan a cambios duraderos.
Mi tesis de doctorado trata sobre la arquitectura de instituciones culturales temporales e itinerantes y sus consecuencias políticas. Las bienales pertenecen a este tipo de modelo institucional. En 2016, hubo 210 bienales en todo el mundo. El número está creciendo y, con él, el aparato de exposición arquitectónica. Estos eventos, en su mayoría, ya no se programan para satisfacer la experiencia cultural, sino que son vistos como catalizadores del cambio económico, social y político. Su legado es tan importante como su programa.
Las bienales se han posicionado como motor de proyectos de investigación a largo plazo sobre cuestiones sociales, como lugares para la experimentación, espacios para la participación ciudadana y campos de prueba para modelos emergentes de agencia política. Este papel surge en gran medida como consecuencia de la crisis financiera global, la recesión económica global, y las protestas antigubernamentales que alcanzaron su punto máximo en 2011. En décadas anteriores, se creía en el efecto transformador de la construcción y creación de museos, y en la relevancia de este tipo de intervenciones arquitectónicas en el espacio urbano, produciendo crecimiento financiero y cultural, atrayendo visitantes internacionales y capital. Es lo que se denominó ‘Efecto Bilbao’.
Los años de recortes presupuestarios, y las dificultades de asumir compromisos a largo plazo ha abierto posibilidades para nuevos modelos adaptados a los desafíos actuales. Las bienales son reflejo de este intento por parte de las instituciones de responder a imaginarios de democratización cultural, posicionándose como agentes sociales y políticos. Estos eventos tienen la capacidad de visualizar e instigar formas alternativas de convivencia, convirtiéndose en un modelo para el futuro de la ciudad. Sin embargo, el potencial de este modelo para desafiar las estructuras sociales y políticas convencionales aún no se ha explorado por completo. Y sin un ángulo crítico o respuestas imaginativas, la proliferación en curso del modelo bienal corre el riesgo de agotamiento.
El caso de Venecia es un poco diferente. Es la más importante y antigua de las bienales de arquitectura. Su modelo, aunque aparentemente exitoso, sigue basado en la representación nacional, y el modelo urbano que propone es sin duda insostenible. Depende de grandes aportaciones de capital procedentes de sponsors, así como de la brutal explotación y museización de la ciudad.

A su juicio, y por su experiencia ¿cómo recibe la sociedad la muestra expuesta en esta bienal?
Creo que se ha recibido con posiciones muy polarizadas. En general hay cierto consenso en que la exposición general no se sostiene como proyecto de comisariado, y sólo como colección de representaciones arquitectónicas, algunas más interesantes que otras. Pero no hay mensaje claro, ni posición sobre la relevancia o el papel de la arquitectura en la sociedad contemporánea.
También hay debate sobre el papel de los pabellones nacionales. Hay quien celebra los proyectos premiados (Suiza y Reino Unido) por su simplicidad conceptual y espacial. También muchos indican que se trata de proyectos espectaculares pero superficiales, que no aportan conocimiento a la disciplina ni a la sociedad.
Para el equipo del pabellón holandés, era fundamental invertir el dinero de los contribuyentes en un proyecto que tuviera relevancia social y cuyo legado se expandiera más allá de los muros de la bienal. Ese es, de hecho, uno de los objetivos de este proyecto a largo plazo: promover conversaciones culturales, así como proyectos arquitectónicos y urbanos que podrían conducir a cambios políticos e institucionales particulares. Por ello hemos tratado de involucrar al mayor número posible de agentes. El proyecto es un esfuerzo colaborativo de una red internacional de instituciones, arquitectos, artistas, diseñadores, historiadores, músicos y teóricos seleccionados por el equipo curatorial y a través de una serie de convocatorias abiertas. Pertenecen a diferentes generaciones, geografías, origen, y campos de trabajo, pero todos ellos comparten un interés en diseñar y reflexionar sobre los procesos y efectos de la robotización y el futuro del trabajo.
La investigación presentada en Venecia tendrá muchas vidas posteriores, tanto en Het Nieuwe Instituut como más allá, en iniciativas que ahora están tomando forma en universidades como TU Delft, en conversaciones con el Arquitecto del Estado, y en colaboraciones con otras instituciones públicas y privadas. Hemos editamos un libro, compuesto una banda sonora en honor a los trabajadores, organizamos eventos públicos e intervenciones en ciudades como Amsterdam, Londres, Rotterdam y Venecia. El proyecto ha sido abrazo por diversos sectores de la profesión y sociedad en general, y tendrá múltiples trayectorias independientes.
¿Qué proyectos futuros le esperan?
Hay mucho por hacer. En el departamento de investigación de Het Nieuwe Instituut trabajamos por dar visibilidad a proyectos de investigación, prácticas e iniciativas, cuyo éxito depende no del número de citas académicas, su adherencia a formatos oficiales o a su rentabilidad, sino de su capacidad para ofrecer espacios alternativos de pensamiento, ser el motor de formas colectivas de conocimiento y de vida diferentes. En el departamento conectamos proyectos de investigación con la colección del Archivo Estatal de Arquitectura Holandesa, con el objetivo de reconocer los vacíos (tanto temáticos como metodológicos) en la historiografía oficial (como los feminismos en la arquitectura, las perspectivas queer, las prácticas espaciales colectivas y radicales, así como el legado arquitectónico de los antiguos territorios coloniales holandeses) y con ello replantear las políticas de adquisición y las nociones de ‘arquitectura nacional’.
Otros proyectos en los que estamos trabajando son “Architectures of Security”, una investigación crítica sobre la seguridad urbana y las consecuencias de la creciente militarización del espacio público; “Architecture of Appropriation”, que mira a la okupación como una práctica espacial y arquitectónica relevante, con el objetivo de reexaminar las nociones de propiedad, y abrir la posibilidad a modelos urbanos y domésticos cuyas lógicas no estén basadas en las políticas de vivienda dominantes, orientadas al beneficio del mercado. También acabamos de lanzar una convocatoria de becas de investigación en torno al tema ‘Burn-Out’. Con ello queremos abordar, por un lado, el creciente número de organismos que, bajo una presión constante y ante demandas de productividad y superación crecientes, llegan al agotamiento. Se queman. Queremos hablar de cómo esta enfermedad es solo uno de los síntomas de la presencia de estructuras de explotación en escalas que van desde el individuo hasta el de las ecologías sociales, institucionales y biológicas. Nos interesan los proyectos que tienen como objetivo remodelar las estructuras existentes como espacios para el bien público y privado y propongan formas de participación y estrategias de colaboración que no dependan de economías y tecnologías explotadoras, extractivas y discriminatorias.
De forma independiente, y junto con el fotógrafo y cineasta Guillem Valle, desarrollo un proyecto sobre el debate en torno a la memoria histórica en España y la presencia de monumentos franquistas. Es importante hablar sobre la relación cambiante entre una sociedad y sus recuerdos a través de la recodificación de sus monumentos. Y de cómo la negociación de una memoria común implica, además del diseño de arquitecturas que la representen, la construcción de una nueva armadura simbólica, cultural, política y jurídica sobre las que sostenerlas.

Agradecer a Marina su tiempo y predisposición con este espacio.
[:gl]
“Unha sociedade crece e progresa cando os anciáns plantan árbores sabendo que nunca sentarán á súa sombra”.
Manifiesto Freespace
O pasado 25 de maio inaugurouse XVI Bienal de Arquitectura de Venecia e permanecerá aberta ata o 25 de novembro coas comisarias irlandesas Yvonne Farrell e Shelley McNamara como máximas responsables e que se desenvolve nas sedes de Giardini e Arsenale, así como noutros lugares de Venecia. A Bienal Architettura 2018 titúlase FREESPACE, unha palabra que describe unha xenerosidade de espírito e un sentido de humanidade no centro da axenda da arquitectura.
Co tema de FREESPACE, a Bienal Architettura 2018 presenta para os público exemplos, propostas, elementos, construídos ou non, de traballos que ejemplifican as calidades esenciais da arquitectura que inclúen a modulación, a riqueza e a materialidad da superficie; a orquestración e a secuencia do movemento, revelando o poder e a beleza encarnados da arquitectura.
Dentro dos distintos pavillóns atopámonos coa proposta holandesa, Work, Body, Leisure, deseñado pola arquitecta e investigadora galega Marina Otero Verzier (A Coruña, 1981) e comisariado por Het Nieuwe Instituut, o pavillón expón como os cambios nos valores e condicións laborais afectan á configuración espacial e as condicións de vida e ten como centro Róterdan. Dentro o vórtice que teñen isto eventos, tivemos a oportunidade de charlar con Mariña de diversos temas.
Sen máis, preámbulos deixámosvos con entrevista.

Como se definiría Mariña Otero desde un punto de vista arquitectónico?
Defínome como arquitecta. Houbo momentos nos que engadía “comisaria”, ou “investigadora”. Pero deime conta de que non era necesario e, ademais, que era importante reivindicar a figura do arquitecto como alguén que traballa en moi diversas escalas e medios, non só na do edificio. Empecei a estudar arquitectura en 1999 na ETSAM, logo na túa Delft, máis tarde en Columbia University.
En 2008 terminei o doutoramento en Madrid. En total levo case 20 anos estudando arquitectura e traballando en estudos, na obra, na universidade, en museos e centros de investigación. Considero que penso e traballo como arquitecta xa sexa no deseño e construción dun edificio, dunha exposición, un pavillón, dun libro ou dun texto. É unha forma de entender e intervir no mundo, nos seus procesos e sistemas.
Traballou como arquitecta, investigadora e comisaria en diferentes continentes e institucións, que experiencia, ata a data, foi a que máis lle marquei e por que?
Vivo e traballo en Holanda, pero antes residín en España, en Estados Unidos, traballei en Noruega e agora tamén en Reino Unido. Aprendín de cada un destes lugares, e das persoas que coñecín neles. Transformáronme. Aínda que, talvez, a experiencia que máis me marcou é a estancia en Nova York. Trasladeime á cidade en 2011 para estudar o Master in Critical, Curatorial and Conceptual Practices in Architecture (CCCP) en GSAPP, Columbia University.
Nese momento, estaba a estudar o doutoramento en ETSAM e traballando en Ensamble Studio, dirixindo a construción da Casa do Lector en Madrid. Pero buscaba un foro académico onde enfrenarme a outras maneiras de entender a arquitectura e onde profundar no pensamento crítico e político, algo que botaba de menos na miña formación en España. Tiven moita sorte, porque en 2011 conseguín unha bolseira Fulbright, e funme a Nova York.
Alí, as clases e conferencias de Felicity Scott, Mabel Wilson, Mark Wigley e Beatriz Colomina, entre outros, marcarían definitivamente o que sería o meu traballo futuro. Tamén o fixo a enerxía de Nova York e os seus habitantes. É unha cidade dura e cara, que esgota e expulsa a moitos. Para os que non somos multimillonarios, cada día é un exercicio heroico. Pero tamén pode ser marabillosa. Obrígache a posicionarche, superarche, imprímeche entusiasmo, seguridade, arroxo.

Que diferenzas (desde o punto de vista arquitectónico) notou en cada un dos diferentes países e institucións nas que estivo?
A principal diferenza, creo, reside nas oportunidades que me abriron e das que gocei noutros países, e que son inimaxinables en España. En Nova York, se nunha institución cren que tes un bo proxecto, unha boa idea, pois apostan por ti, independentemente da túa orixe, idade ou xénero, ou polo menos iso é o que eu experimentei.
Por desgraza, son consciente que non todo o mundo ten a mesma sorte, e que eu son unha privilexiada. Por exemplo, a miña tese de Máster analizaba novos paradigmas en institucións culturais. Ao terminar, Columbia University contratoume para dirixir unha delas: Studio-X, unha rede global de centros de investigación sobre o futuro das cidades con sedes en Amman, Beijing, Istambul, Johannesburgo, Mumbai, Nova York, Rio de Janeiro e Tokio, e adscritos á universidade de Columbia.
Imaxínasche?
Pasei de estudante a directora dunha institución cultural global en menos dun mes. Ademais, no tempo que estiven alí, era posible mandar un e-mail á decana dunha universidade, á directora dun museo, ou a unha intelectual de primeira liña e que che contestasen ao día seguinte, e seguramente tiveses ocasión de reunirche con elas. Non podo dicir o mesmo da miña experiencia en España.
A arquitectura enfróntase aos mesmos problemas que en España?
Cada contexto presenta uns retos particulares e específicos. Aínda que tamén hai moitas cuestións relevantes que transcenden os bordos territoriais. Ese é o caso de temas relacionados coa migración, coa seguridade, co acceso á vivenda, co cambio climático, así como a necesidade de loitar por mundo non racista, non discriminatorio e non explotador.
Respecto da disciplina da arquitectura, é evidente que nos atopamos ante a transformación global e necesaria da figura do arquitecto. O mundo que nos rodea está a cambiar rapidamente, e a arquitectura é unha das lentes a través das cales lemos e participamos nel. Entón, a pregunta é, como imos evolucionar e responder creativamente ao cambio.
Cales son as novas formas de coñecemento, práctica e as responsabilidades que estes desafíos demandan?
Os arquitectos participan no deseño de edificios, cidades, territorios, no desenvolvemento de políticas, en procedementos legais, económicos e sociais. As institucións culturais, incluídas as universidades e os museos, son actores principais nestes procesos e transformacións, e teñen a responsabilidade de achegar novas nocións ante os desafíos aos que se enfronta a práctica arquitectónica, xerando formas alternativas de abordar os problemas urxentes e as aspiracións da sociedade.

Como e por que xorde a exposición Work, Body, Leisure para Pavillón Holandés na 16º Mostra Internacional de Arquitectura– A Biennale dei Venezia?
Xorde como resposta á visión optimista, aínda que aparentemente apolítica, que propón Freespace. O Pavillón de Holanda titulado WORK, BODY, LEISURE, ten o obxectivo achegar unha visión social, económica e politicamente comprometida ao redor da noción de ‘freespace’, e para iso, propón revisitar a obra do artista Constant Nieuwenhuys.
No seu proxecto New Babylon (1956–1974) – un paradigma arquitectónico de espazo libre e o lecer posibilitado pola automatización do traballo – a sociedade dedica a súa enerxía á creatividade e o xogo, e cada suxeito deseña a súa propia contorna. Os habitantes de New Babylon, liberados da obrigación de ser útiles, gozan de completa disposición do seu tempo. En New Babylon non aplica o concepto de “tempo libre”; todo o tempo é, de feito, xogo.
E, con todo, a medida que a obra de Constant evoluciona, a súa visión optimista sobre as posibilidades e os praceres do traballo automatizado gradualmente dá paso a unha perspectiva máis conflitiva. A violencia non sería erradicada pola nova orde tecnolóxica. En New Babylon, os seus habitantes móvense sen restricións. Non hai xanelas, habitacións, mobles ou corredores; e quizais o máis importante, non hai portas. Esta é, con todo, unha arquitectura ao servizo dunha orde hexemónica, fundado na explotación e invisibilidade da súa man de obra e na tecnoloxía que o faría posible: en corpos concibidos como robots. A liberdade, en moitos casos, constrúese a expensas do control e a explotación de “o outro”.
A proposta de Constant para unha arquitectura e unha sociedade alternativas na que o traballo humano vólvese superfluo – como sinala o historiador e teórico da arquitectura Mark Wigley – foi capaz de visualizar un inminente mundo post-laboral. Transcorridos máis de trinta anos, a arquitectura da plena automatización está a se poñer en práctica nos centros de produción agrícola holandeses, e en lugares como a nova terminal de contedores APM no porto de Róterdan Maasvlakte II.
WORK, BODY, LEISURE, por iso, aborda as configuracións espaciais, as condicións de vida e as nocións sobre o corpo humano ocasionadas por cambios disruptivos nas éticas e condicións laborais. Con este proxecto, aspiramos a fomentar novas formas de creatividade e responsabilidade no ámbito da arquitectura en resposta ás tecnoloxías emerxentes de automatización.
Que vai atoparse o público? Como debe enfrontarse á exposición?
Ao entrar atoparanse unha retícula completamente laranxa, que viches o conxunto do pavillón. Trátase dunha habitación formada por muros de despachos de billetes. Ás veces non somos conscientes diso, pero cando nos fixamos, dámosnos/dámonos conta de que os despachos de billetes son a arquitectura que mellor representa as relacións entre traballo e lecer. Poboando fábricas, instalacións de almacenamento, espazos de cotrabajo e vestiarios, o despacho de billetes facilita a reinvención temporal non só do espazo, senón tamén dos corpos que o habitan. É un interface entre o eu que traballa e o que non traballa, se é que aínda existe algunha distinción entre ambos.
Este espazo xeométrico, abstracto, laranxa, é tamén unha referencia ao territorio holandés, ao seu horizonte plano, e a súa precisa división da terra deseñada para a máxima eficiencia. Durante séculos, a súa paisaxe física foi meticulosamente moldeado e deseñado por iniciativas que integraban o traballo de humanos e de máquinas. A énfase no traballo e a disciplina sobre o lecer maniféstase na paisaxe, na sociedade e tamén na arquitectura, desde a escala do territorio ata a da cama.
Hai quen entra no pavillón e pensa que iso é todo. Pero nunha segunda mirada, entrevese unha orde diferente, uns códigos, e uns tiradores, que permiten romper a abstracción da retícula e abrir a arquitecturas diferentes, a mundos individualizados e pechados onde se administran identidades e pertenzas. Algúns son arquivos con documentos, maquetas, obxectos, outros son xanelas e hai tamén portas. Todos eles conducen a campos de probas, espazos nos que o futuro do traballo foi e continúa sendo reinventado. Os despachos de billetes trazan un percorrido a través dunha serie de arquitecturas nos Países Baixos e máis aló nas que os corpos se categorizan e transforman: oficinas, parques de xogos, granxas, fábricas e espazos virtuais, xanelas, camas e portas. Escenarios que parecen familiares, aínda que raramente accesibles ou aparentemente banais, pero que con todo atópanse no epicentro da transformación do traballo:
#CAMA
Bed-In, por Beatriz Colomina.
#PORTA
A ( s) Porta ( s) de Non Retorno: tecnoloxías de certos corpos, por Amal Alhaag.
#FÁBRICA
Songs for Hard Working People, de Noam Toran con Florentijn Boddendijk e Remco de Jong.
#GRANXA
Renderlands: Instalación, por Liam Young.
#PORTO
The Port and the Fall of Icarus, por Hamed Khosravi, Taneha Kuzniecow Bacchin e Filippo LaFleur.
#OFICINA
Paisaxes automatizadas ( Automated Landscapes), por Marten Kuijpers e Victor Muñoz Sanz.
#PATENTE
The Institute of Patent Infringement, por Jane Chew y Matthew Stewart.
#PATIO DE RECREO
Constant’s New Babylon, revisitada por Mark Wigley.
#SIMULACIÓN
Medidas de seguridade (Safety Measures), por Simone C. Niquille.
#SALA DE ESPERA
Shore Leaves, de Giuditta Vendrame, Paolo Patelli e Giulio Squillacciotti.
#FIESTRA
Arquitectura do traballo sexual, en colaboración co Museo de Amsterdam e a Fundación para a robótica responsable.

Estamos abocados a que as máquinas nos acaben substituíndo?
Non necesariamente. Que exista certa tecnoloxía dispoñible non supón que teñamos que implementala nas cidades, ou que sexa beneficiosa para construír un mundo mellor.
O proxecto que presentamos na Bienal de Venecia é, de feito, unha chamada á acción. A pesar da transformación que está en curso, tanto na contorna construída como nos corpos que o habitan, e consecuencia dos procesos de automatización, trátase dun ámbito de investigación e innovación que aínda carece dunha perspectiva espacial crítica. O noso obxectivo é abrir unha discusión sobre este futuro inminente e os réximes tecnolóxicos que o fan posible e, en última instancia, explorar a nosa axencia e capacidade para aceptalo ou desafialo.
Que impresións obtivo do público tras o seu percorrido pola exposición?
Recibimos impresións moi entusiastas e positivas dos visitantes. Probablemente a mellor resposta sexa ver como nun contexto como a Bienal, onde a capacidade de atención é tan limitada, a xente pase bastante tempo dentro do pavillón, emociónese e interésese polas súas múltiples capas e interactúen con outras. Persoas de todas as idades e procedencias dannos as grazas ao saír do pavillón, por haber aprendido e pasalo ben.
Que máis se pode pedir?
É divertido, ademais, ver como ao entrar pasan uns instantes antes de que as visitantes sexan conscientes do lugar no que se atopan e as súas lóxicas. Ver as caras de sorpresa cando comezan a entender o xogo espacial. A miña irmá, por exemplo, díxome que se foramos alí a deixar as nosas cousas nos despachos de billetes para logo ir ao pavillón.
“Este é o pavillón,” contestei.
Rimos moito. Pareceume o mellor cumprido.
Tamén me emocionaron outras respostas. É unha honra e unha gran responsabilidade ser a comisaria do Pavillón Holandés na Bienal de Arquitectura de Venecia, sobre todo porque a pesar de traballar e vivir nos Países Baixos, non nacín aquí. Nacín en España. Nese contexto, a oportunidade de representar ao país no que probablemente sexa o evento internacional máis importante no campo da arquitectura ten unha relevancia especial e un significado cultural e político. Esta situación non pasou desapercibida. Non vou ocultar que nos tivemos que enfrontar algunhas inquietudes e críticas iniciais.
Por iso, sentimos particularmente felices ao ver as respostas dos visitantes, profesionais, e dos medios tanto holandeses como internacionais. Ao escoitar como o traballo presentado por este grupo de persoas que incluía cidadáns holandeses, cidadáns que chegaron a Holanda como refuxiados políticos, traballadores migrantes e profesionais doutros países, fixo a moitos sentirse orgulloso. E como, neste momento no que estamos a asistir a un aumento da xenofobia en lugares como EE. UU. E Europa, o proxecto pode contribuír a reclamar a importancia de construír espazos acolledores e diversos.

Ademais do pavillón que coordina cal foi o que máis lle interesou?
O pavillón de España, comisariado por Atxu Amann, lanzou unha mensaxe necesaria: a importancia de dar a substitución ás novas xeracións de arquitectos e, sobre todo, ás súas preocupacións, aos temas que consideran relevantes e que en moitas ocasións son ignorados polas xeracións que os preceden. É un pavillón feminista e que avoga por poñer a conciencia política no centro da arquitectura. Hai que celebralo.
Parecéronme particularmente interesantes aqueles pavillóns que trataron a idea de Freespace, o tema xeral da bienal, dunha forma responsable e consciente cos retos contemporáneos e futuros. É o caso de Bélxica, Chile, Estados Unidos, Israel, ou Bahréin. O manifesto das comisarias xerais tiña certo carácter apolítico e, nestes momentos, falar de “freespace” sen falar de como a arquitectura participa en procesos de demarcación nacional, construción de fronteiras, bordos, construción de diferenza, ou sistemas de explotación, é unha falta de responsabilidade.
No noso caso, desde o comezo do proxecto tratamos de cuestionar o nacionalismo metodolóxico asociado á idea dun pavillón pechado, algo que consideramos especialmente importante neste momento no que estamos a presenciar un aumento dos movementos ultranacionalistas. Por esta razón, imaxinamos estratexias a través das cales construír formas de solidariedade e representación máis aló das demarcacións nacionais. Unha desas iniciativas foi unha bonita colaboración cos Pavillóns de Bélxica e España, mediante a cal tratamos de imaxinar que sería o Giardini se non fose un espazo de competición entre países, senón de colaboración e diálogo. Esperamos que se repita e amplíe en edicións futuras.
Dada a súa experiencia, cre que as bienales teñen futuro? Que melloras deberían exporse?
Si. As bienales representan un intento incompleto e, ás veces, errado por reposicionar o papel da arquitectura na cidade contemporánea. Pero, en calquera caso, é un modelo interesante, un estímulo para a transformación das institucións culturais, das cidades a través de experimentos colectivos que conduzan a cambios duradeiros.
A miña tese de doutoramento trata sobre a arquitectura de institucións culturais temporais e itinerantes e as súas consecuencias políticas. As bienales pertencen a este tipo de modelo institucional. En 2016, houbo 210 bienales en todo o mundo. O número está a crecer e, con el, o aparello de exposición arquitectónica. Estes eventos, na súa maioría, xa non se programan para satisfacer a experiencia cultural, senón que son vistos como catalizadores do cambio económico, social e político. O seu legado é tan importante como o seu programa.
As bienales posicionáronse como motor de proxectos de investigación a longo prazo sobre cuestións sociais, como lugares para a experimentación, espazos para a participación cidadá e campos de proba para modelos emerxentes de axencia política. Este papel xorde en gran medida como consecuencia da crise financeira global, a recesión económica global, e as protestas antigubernamentales que alcanzaron o seu punto máximo en 2011. En décadas anteriores, críase no efecto transformador da construción e creación de museos, e na relevancia deste tipo de intervencións arquitectónicas no espazo urbano, producindo crecemento financeiro e cultural, atraendo visitantes internacionais e capital. É o que se denominou ‘Efecto Bilbao’.
Os anos de recortes orzamentarios, e as dificultades de asumir compromisos a longo prazo abriu posibilidades para novos modelos adaptados aos desafíos actuais. As bienales son reflexo deste intento por parte das institucións de responder a imaxinarios de democratización cultural, posicionándose como axentes sociais e políticos. Estes eventos teñen a capacidade de visualizar e instigar formas alternativas de convivencia, converténdose nun modelo para o futuro da cidade. Con todo, o potencial deste modelo para desafiar as estruturas sociais e políticas convencionais aínda non se explorou por completo. E sen un ángulo crítico ou respostas imaxinativas, a proliferación en curso do modelo bienal corre o risco de esgotamento.
O caso de Venecia é un pouco diferente. É a máis importante e antiga das bienales de arquitectura. O seu modelo, aínda que aparentemente exitoso, segue baseado na representación nacional, e o modelo urbano que propón é sen dúbida insustentable. Depende de grandes achegas de capital procedentes de sponsors, así como da brutal explotación e museización da cidade.

Ao seu xuízo, e pola súa experiencia como recibe a sociedade a mostra exposta nesta bienal?
Creo que se recibiu con posicións moi polarizadas. En xeral hai certo consenso en que a exposición xeral non se sostén como proxecto de comisariado, e só como colección de representacións arquitectónicas, algunhas máis interesantes que outras. Pero non hai mensaxe clara, nin posición sobre a relevancia ou o papel da arquitectura na sociedade contemporánea.
Tamén hai debate sobre o papel dos pavillóns nacionais. Hai quen celebra os proxectos premiados (Suíza e Reino Unido) pola súa simplicidade conceptual e espacial. Tamén moitos indican que se trata de proxectos espectaculares pero superficiais, que non achegan coñecemento á disciplina nin á sociedade.
Para o equipo do pavillón holandés, era fundamental investir o diñeiro dos contribuíntes nun proxecto que tivese relevancia social e cuxo legado se expandise máis aló dos muros da bienal. Ese é, de feito, un dos obxectivos deste proxecto a longo prazo: promover conversacións culturais, así como proxectos arquitectónicos e urbanos que poderían conducir a cambios políticos e institucionais particulares. Por iso tratamos de involucrar ao maior número posible de axentes. O proxecto é un esforzo colaborativo dunha rede internacional de institucións, arquitectos, artistas, deseñadores, historiadores, músicos e teóricos seleccionados polo equipo curatorial e a través dunha serie de convocatorias abertas. Pertencen a diferentes xeracións, xeografías, orixe, e campos de traballo, pero todos eles comparten un interese en deseñar e reflexionar sobre os procesos e efectos da robotización e o futuro do traballo.
A investigación presentada en Venecia terá moitas vidas posteriores, tanto en Het Nieuwe Instituut como máis aló, en iniciativas que agora están a tomar forma en universidades como A túa Delft, en conversacións co Arquitecto do Estado, e en colaboracións con outras institucións públicas e privadas. Habemos editamos un libro, composto unha banda sonora en honra aos traballadores, organizamos eventos públicos e intervencións en cidades como Amsterdam, Londres, Róterdan e Venecia. O proxecto foi abrazo por diversos sectores da profesión e sociedade en xeral, e terá múltiples traxectorias independentes.
Que proxectos futuros espéranlle?
Hai moito por facer. No departamento de investigación de Het Nieuwe Instituut traballamos por dar visibilidade a proxectos de investigación, prácticas e iniciativas, cuxo éxito depende non do número de citas académicas, a súa adherencia a formatos oficiais ou á súa rendibilidade, senón da súa capacidade para ofrecer espazos alternativos de pensamento, ser o motor de formas colectivas de coñecemento e de vida diferentes. No departamento conectamos proxectos de investigación coa colección do Arquivo Estatal de Arquitectura Holandesa, co obxectivo de recoñecer os baleiros (tanto temáticos como metodolóxicos) na historiografía oficial (como os feminismos na arquitectura, as perspectivas queer, as prácticas espaciais colectivas e radicais, así como o legado arquitectónico dos antigos territorios coloniais holandeses) e con iso reformular as políticas de adquisición e as nocións de ‘arquitectura nacional’.
Outros proxectos nos que estamos a traballar son “Architectures of Security”, unha investigación crítica sobre a seguridade urbana e as consecuencias da crecente militarización do espazo público; “Architecture of Appropriation”, que mira á okupación como unha práctica espacial e arquitectónica relevante, co obxectivo de reexaminar as nocións de propiedade, e abrir a posibilidade a modelos urbanos e domésticos cuxas lóxicas non estean baseadas nas políticas de vivenda dominantes, orientadas ao beneficio do mercado. Tamén acabamos de lanzar unha convocatoria de bolsas de investigación en torno ao tema ‘Burn- Out’. Con iso queremos abordar, por unha banda, o crecente número de organismos que, baixo unha presión constante e ante demandas de produtividade e superación crecentes, chegan ao esgotamento. Quéimanse. Queremos falar de como esta enfermidade é só un dos síntomas da presenza de estruturas de explotación en escalas que van desde o individuo ata o das ecoloxías sociais, institucionais e biolóxicas. Interésannos os proxectos que teñen como obxectivo remodelar as estruturas existentes como espazos para o ben público e privado e propoñan formas de participación e estratexias de colaboración que non dependan de economías e tecnoloxías explotadoras, extractivas e discriminatorias.
De forma independente, e xunto co fotógrafo e cineasta Guillem Valle, desenvolvo un proxecto sobre o debate ao redor da memoria histórica en España e a presenza de monumentos franquistas. É importante falar sobre a relación cambiante entre unha sociedade e os seus recordos a través da recodificación dos seus monumentos. E de como a negociación dunha memoria común implica, ademais do deseño de arquitecturas que a representen, a construción dunha nova armadura simbólica, cultural, política e xurídica sobre as que sostelas.

Agradecer a Marina o seu tempo e predisposición con este espazo.
[:en]
“A society grows and progresses when the elders plant trees knowing that they will never sit in its shade”.
Freespace Manifiest
On May 25, the XVI Venice Architecture Biennale was inaugurated and will remain open until November 25 with the Irish commissioners Yvonne Farrell and Shelley McNamara as the most responsible and that takes place in the venues of Giardini and Arsenale, as well as in other places of Venice. The Biennial Architettura 2018 is entitled FREESPACE, a word that describes a generosity of spirit and a sense of humanity at the center of the architecture agenda.
With the theme of FREESPACE, the Biennale Architettura 2018 presents for public scrutiny examples, proposals, elements – built or unbuilt – of work that exemplifies essential qualities of architecture which include the modulation, richness and materiality of surface; the orchestration and sequencing of movement, revealing the embodied power and beauty of architecture.
Within the different pavilions we find the Dutch proposal, Work, Body, Leisure, designed by Galician architect and researcher Marina Otero Verzier (A Coruña, 1981) and curated by Het Nieuwe Instituut, the pavilion raises how changes in values and working conditions affect the spatial configuration and living conditions and its center is Rotterdam. In the maelstrom of this event, we had the opportunity to chat with Marina about different topics.
Dentro de los distintos pabellones nos encontramos con la propuesta holandesa, Work, Body, Leisure, diseñado por la arquitecta e investigadora gallega Marina Otero Verzier (A Coruña, 1981) y comisariado por Het Nieuwe Instituut, el pabellón plantea cómo los cambios en los valores y condiciones laborales afectan a la configuración espacial y las condiciones de vida y tiene como centro Rotterdam. Dentro la vorágine que tienen esto eventos, hemos tenido la oportunidad de charlar con Marina de diversos temas.
Without further ado, preambles we leave you with an interview.

How would Marina Otero be defined from an architectural point of view?
I define myself as an architect. There were times when I added “curator”, or “researcher”. But I realized that it was not necessary and, further, that it was important to claim the figure of the architect as someone who works in very diverse scales and means, not only in the one in the building. I started studying architecture in 1999 at ETSAM, then at TU Delft, later at Columbia University.
In 2008 I finished my doctorate in Madrid. In total I have been studying architecture for almost 20 years and working in studios, on the construction site, in the university, in museums and research centers. I consider that I think and work as an architect in the design and construction of a building, an exhibition, a pavilion, a book or a text. It is a way of understanding and intervening in the world, in its processes and systems.
She has worked as an architect, researcher and curator in different continents and institutions, what experience, to date, has been the one that I have most marked and why?
I live and work in Holland, but before I lived in Spain, in the United States, I worked in Norway and now also in the United Kingdom. I have learned from each of these places, and from the people I have met in them. They have transformed me. Although, perhaps, the experience that has marked me the most is the stay in New York. I moved to the city in 2011 to study the Master in Critical, Curatorial and Conceptual Practices in Architecture (CCCP) at GSAPP, Columbia University.
At that time, he was studying a doctorate in ETSAM and working in Ensamble Studio, directing the construction of the Reader’s House in Madrid. But I was looking for an academic forum where I could confront other ways of understanding architecture and where I could deepen my critical and political thinking, something that I missed in my training in Spain. I was very lucky, because in 2011 I got a Fulbright Scholar, and I went to New York.
There, the lectures and lectures of Felicity Scott, Mabel Wilson, Mark Wigley and Beatriz Colomina, among others, would definitively mark what my future work would be. So did the energy of New York and its inhabitants. It is a hard and expensive city that exhausts and expels many. For those of us who are not billionaires, every day is a heroic exercise. But it can also be wonderful. It forces you to position yourself, improve yourself, impress you with enthusiasm, security, courage

What differences (from the architectural point of view) have you noticed in each of the different countries and institutions in which you have been?
The main difference, I believe, lies in the opportunities that have opened for me and those that I have enjoyed in other countries, and that are unimaginable in Spain. In New York, if in an institution they think you have a good project, a good idea, they bet on you, regardless of your origin, age or gender, or at least that is what I have experienced.
Unfortunately, I am aware that not everyone has the same luck, and that I am a privileged person. For example, my Master thesis analyzed new paradigms in cultural institutions. Upon completion, Columbia University hired me to direct one of them: Studio-X, a global network of research centers on the future of cities with locations in Amman, Beijing, Istanbul, Johannesburg, Mumbai, New York, Rio de Janeiro and Tokyo, and attached to the University of Columbia.
Do you imagine?
I went from student to director of a global cultural institution in less than a month. Also, in the time I was there, it was possible to send an e-mail to the dean of a university, to the director of a museum, or to an intellectual of the first line and that they would answer you the next day, and you would surely have the chance to meet you with them. I can not say the same about my experience in Spain.
Does architecture face the same problems as in Spain?
Each context presents particular and specific challenges. Although there are also many relevant issues that transcend the territorial edges. This is the case of issues related to migration, with security, with access to housing, with climate change, as well as the need to fight for a non-racist, non-discriminatory and non-exploitative world.
Regarding the discipline of architecture, it is clear that we are facing the global and necessary transformation of the figure of the architect. The world around us is changing rapidly, and architecture is one of the lenses through which we read and participate in it. So, the question is, how are we going to evolve and respond creatively to change?
What are the new forms of knowledge, practice and responsibilities that these challenges demand?
Architects participate in the design of buildings, cities, territories, in the development of policies, in legal, economic and social procedures. Cultural institutions, including universities and museums, are major players in these processes and transformations, and have the responsibility to provide new insights into the challenges facing architectural practice, generating alternative ways of addressing urgent problems and aspirations of society.

How and why did the exhibition Work, Body, Leisure for the Dutch Pavilion at the 16th International Architecture Exhibition- La Biennale di Venezia?
It arises in response to the optimistic, though apparently apolitical, vision Freespace proposes. The Netherlands Pavilion entitled WORK, BODY, LEISURE, aims to provide a social, economic and politically committed vision of the concept of ‘freespace’,’ and to do so, proposes to revisit the work of the artist Constant Nieuwenhuys.
In his project New Babylon (1956–1974) – an architectural paradigm of free space and leisure enabled by the automation of work – society devotes its energy to creativity and play, and each subject designs their own environment. The inhabitants of New Babylon, freed from the obligation to be useful, enjoy complete disposition of their time. In New Babylon does not apply the concept of “free time”; all the time is, in fact, game.
And yet, as Constant’s work evolves, his optimistic view of the possibilities and pleasures of automated work gradually gives way to a more conflictive perspective. Violence would not be eradicated by the new technological order. In New Babylon, its inhabitants move without restrictions. There are no windows, rooms, furniture or hallways; and perhaps most importantly, there are no doors. This is, however, an architecture at the service of a hegemonic order, based on the exploitation and invisibility of its workforce and the technology that would make it possible: in bodies conceived as robots. Freedom, in many cases, is built at the expense of control and exploitation of “the other.”
Constant’s proposal for an alternative architecture and society in which human work becomes superfluous – as the historian and theorist of architecture Mark Wigley points out – was able to visualize an imminent post-labor world. After more than thirty years, the architecture of full automation is being implemented in the Dutch agricultural production centers, and in places such as the new APM container terminal in the Rotterdam Maasvlakte II port.
WORK, BODY, LEISURE, therefore, addresses spatial configurations, living conditions and notions about the human body caused by disruptive changes in work ethics and conditions. With this project, we aspire to foster new forms of creativity and responsibility in the field of architecture in response to emerging automation technologies.
What will the public find? How should you deal with the exhibition?
Upon entering you will find a completely orange reticle, which covers the entire pavilion. It is a room formed by lockers walls. Sometimes we are not aware of it, but when we look, we realize that the box office is the architecture that best represents the relationships between work and leisure. Populating factories, storage facilities, coworking spaces and changing rooms, the ticket office facilitates the temporary reinvention not only of the space, but also of the bodies that inhabit it. It is an interface between the self that works and the one that does not work, if there is still any distinction between the two.
This geometrical, abstract, orange space is also a reference to Dutch territory, to its flat horizon, and its precise division of land designed for maximum efficiency. For centuries, its physical landscape has been meticulously molded and designed by initiatives that integrated the work of humans and machines. The emphasis on work and discipline over leisure is manifested in the landscape, in society and also in architecture, from the scale of the territory to that of the bed.
There are those who enter the pavilion and think that that is all. But in a second glance, a different order is glimpsed, some codes, and some handles, that allow to break the abstraction of the grid and open to different architectures, to individualized and closed worlds where identities and belongings are administered. Some are files with documents, models, objects, others are windows and there are also doors. All of them lead to test fields, spaces in which the future of work has been and continues to be reinvented. The ticket offices trace a route through a series of architectures in the Netherlands and beyond in which the bodies are categorized and transformed: offices, playgrounds, farms, factories and virtual spaces, windows, beds and doors. Scenarios that seem familiar, although rarely accessible or apparently banal, but nevertheless are at the epicenter of work transformation:
#BED
Bed-In, byBeatriz Colomina.
#DOOR
The Door(s) of No Return: technologies of certain bodies, by Amal Alhaag.
#FACTORY
Songs for Hard Working People, by Noam Toran with Florentijn Boddendijk and Remco de Jong.
#FARM
Renderlands: Installation, by Liam Young.
#PORT
The Port and the Fall of Icarus, by Hamed Khosravi, Taneha Kuzniecow Bacchin and Filippo LaFleur.
#OFFICE
Automated Landscapes, by Marten Kuijpers and Victor Muñoz Sanz.
#PATENT
The Institute of Patent Infringement, by Jane Chew and Matthew Stewart.
#PLAYGROUND
Constant’s New Babylon, revisited by Mark Wigley.
#SIMULATION
Safety Measures (Safety Measures), by Simone C. Niquille.
#WAITING ROOM
Shore Leaves, by Giuditta Vendrame, Paolo Patelli and Giulio Squillacciotti.
#WINDOW
Architecture of sex work, in collaboration with the Amsterdam Museum and the Foundation for Responsible Robotics.

Are we focused on the machines replacing us?
Not necessarily. That there is some available technology does not mean that we have to implement it in the cities, or that it is beneficial to build a better world.
The project that we present at the Venice Biennale is, in fact, a call to action. Despite the transformation that is under way, both in the built environment and in the bodies that inhabit it, and as a consequence of the automation processes, it is an area of research and innovation that still lacks a critical spatial perspective. Our goal is to open a discussion about this imminent future and the technological regimes that make it possible and, ultimately, to explore our agency and capacity to accept or challenge it.
What impressions have you obtained from the public after your tour of the exhibition?
We received very enthusiastic and positive impressions from the visitors. Probably the best answer is to see how in a context like the Biennial, where the attention span is so limited, people spend a lot of time inside the pavilion, get excited and interested in its multiple layers and interact with others. People of all ages and backgrounds thank us when leaving the pavilion, for having learned and having a good time.
What more could you want?
It is also fun to see how to enter a few moments before the visitors are aware of the place where they are and their logic. See the faces of surprise when they begin to understand the space game. My sister, for example, told me that if we had gone there to leave our things in the lockers and then go to the pavilion.
“This is the pavilion,” I replied.
We laughed a lot. I thought it was the best compliment.
I was also touched by other responses. It is an honor and a great responsibility to be the curator of the Dutch Pavilion at the Venice Architecture Biennale, especially because despite working and living in the Netherlands, I was not born here. I was born in Spain. In this context, the opportunity to represent the country in what is probably the most important international event in the field of architecture has a special relevance and a cultural and political significance. This situation did not go unnoticed. I will not hide that we had to face some initial concerns and criticisms.
Therefore, we are particularly happy to see the responses of visitors, professionals, and both Dutch and international media. Hearing how the work presented by this group of people that included Dutch citizens, citizens who came to the Netherlands as political refugees, migrant workers and professionals from other countries, made many feel proud. And how, at this moment in which we are witnessing an increase in xenophobia in places like the USA? UU And Europe, the project can contribute to reclaim the importance of building welcoming and diverse spaces.

In addition to the pavilion that coordinates, which has been the most interested?
The Spanish pavilion, commissioned by Atxu Amann, launched a necessary message: the importance of giving the new generations of architects a new lease of life and, above all, of their concerns, of the topics they consider relevant and which are often ignored by the generations that precede them. It is a feminist pavilion and advocates putting political consciousness at the center of architecture. It must be celebrated.
I found those pavilions that treated the Freespace idea, the general theme of the biennial, in a responsible and conscious way with contemporary and future challenges particularly interesting. This is the case of Belgium, Chile, the United States, Israel, or Bahrain. The manifesto of the general commissioners had a certain apolitical character and, at the moment, to speak of “freespace” without talking about how architecture participates in processes of national demarcation, construction of borders, borders, construction of difference, or exploitation systems. a lack of responsibility.
In our case, from the beginning of the project we have tried to question the methodological nationalism associated with the idea of a closed pavilion, something that we consider especially important at this moment in which we are witnessing an increase in ultranationalist movements. For this reason, we have imagined strategies through which to build forms of solidarity and representation beyond national demarcations. One of those initiatives was a nice collaboration with the Pavilions of Belgium and Spain, through which we tried to imagine what the Giardini would be if it were not a competition space between countries, but collaboration and dialogue. We hope it will be repeated and expanded in future editions.
Given your experience, do you think that biennials have a future? What improvements should be made?
Yes. Biennials represent an incomplete and, at times, unsuccessful attempt to reposition the role of architecture in the contemporary city. But, in any case, it is an interesting model, a stimulus for the transformation of cultural institutions, of cities through collective experiments that lead to lasting changes.
My PhD thesis deals with the architecture of temporary and itinerant cultural institutions and their political consequences. Biennials belong to this type of institutional model. In 2016, there were 210 biennials around the world. The number is growing and, with it, the architectural exhibition apparatus. These events, for the most part, are no longer programmed to satisfy the cultural experience, but are seen as catalysts of economic, social and political change. Your legacy is as important as your program.
Biennials have positioned themselves as the engine of long-term research projects on social issues, as places for experimentation, spaces for citizen participation and test fields for emerging models of political agency. This role arises largely as a consequence of the global financial crisis, the global economic recession, and the anti-government protests that peaked in 2011. In previous decades, the transformative effect of the construction and creation of museums was believed, and in the relevance of this type of architectural interventions in the urban space, producing financial and cultural growth, attracting international visitors and capital. It is what was called ‘Bilbao Effect’.
The years of budget cuts, and the difficulties of assuming long-term commitments have opened possibilities for new models adapted to current challenges. Biennials reflect this attempt by institutions to respond to cultural democratization imaginaries, positioning themselves as social and political agents. These events have the ability to visualize and instigate alternative forms of coexistence, becoming a model for the future of the city. However, the potential of this model to challenge conventional social and political structures has not yet been fully explored. And without a critical angle or imaginative responses, the ongoing proliferation of the biennial model runs the risk of depletion.
The case of Venice is a little different. It is the most important and oldest of the architecture biennials. His model, although seemingly successful, is still based on national representation, and the urban model he proposes is undoubtedly unsustainable. It depends on large capital contributions from sponsors, as well as the brutal exploitation and museization of the city.

In your opinion, and based on your experience, how does society receive the sample exhibited in this biennial?
I think it has been received with very polarized positions. In general, there is a certain consensus that the general exhibition does not hold up as a curatorial project, and only as a collection of architectural representations, some more interesting than others. But there is no clear message, nor position on the relevance or the role of architecture in contemporary society.
There is also debate about the role of national pavilions. Some people celebrate the awarded projects (Switzerland and the United Kingdom) for their conceptual and spatial simplicity. Many also indicate that these are spectacular but superficial projects that do not contribute knowledge to the discipline or society.
For the team of the Dutch pavilion, it was essential to invest the taxpayers’ money in a project that had social relevance and whose legacy would expand beyond the walls of the biennial. That is, in fact, one of the long-term goals of this project: to promote cultural conversations, as well as architectural and urban projects that could lead to particular political and institutional changes. That is why we have tried to involve as many agents as possible. The project is a collaborative effort of an international network of institutions, architects, artists, designers, historians, musicians and theorists selected by the curatorial team and through a series of open calls. They belong to different generations, geographies, origin, and fields of work, but all of them share an interest in designing and reflecting on the processes and effects of robotization and the future of work.
The research presented in Venice will have many subsequent lives, both in Het Nieuwe Instituut and beyond, in initiatives that are now taking shape in universities like TU Delft, in conversations with the State Architect, and in collaborations with other public and private institutions. We have published a book, composed a soundtrack in honor of the workers, we organize public events and interventions in cities such as Amsterdam, London, Rotterdam and Venice. The project has been embraced by various sectors of the profession and society in general, and will have multiple independent trajectories.
What future projects await you?
There is so much to do. In the research department of Het Nieuwe Instituut we work to give visibility to research projects, practices and initiatives, whose success depends not on the number of academic appointments, their adherence to official formats or their profitability, but on their capacity to offer alternative spaces for thought, be the engine of collective forms of knowledge and life different. In the department we connect research projects with the collection of the Dutch State Architecture Archive, with the aim of recognizing the gaps (both thematic and methodological) in official historiography (such as feminisms in architecture, queer perspectives, collective spatial practices) and radicals, as well as the architectural legacy of the old Dutch colonial territories) and with it, to rethink the acquisition policies and the notions of ‘national architecture.’
Other projects we are working on are “Architectures of Security”, a critical investigation on urban security and the consequences of the increasing militarization of public space; “Architecture of Appropriation”, which looks at squatting as a relevant spatial and architectural practice, with the aim of reexamining the notions of property, and opening the possibility to urban and domestic models whose logic is not based on the dominant housing policies, oriented to the benefit of the market. We have also just launched a call for research scholarships on the theme ‘Burn-Out’. With this, we want to address, on the one hand, the growing number of organisms that, under constant pressure and in the face of increasing demands for productivity and improvement, reach exhaustion. They are burning. We want to talk about how this disease is just one of the symptoms of the presence of exploitation structures on scales that go from the individual to the social, institutional and biological ecologies. We are interested in projects that aim to reshape existing structures as spaces for the public and private good and propose forms of participation and collaborative strategies that do not depend on economies and exploitative, extractive and discriminatory technologies.
Independently, and together with the photographer and filmmaker Guillem Valle, he developed a project on the debate around the historical memory in Spain and the presence of Francoist monuments. It is important to talk about the changing relationship between a society and its memories through the recoding of its monuments. And how the negotiation of a common memory implies, in addition to the design of architectures that represent it, the construction of a new symbolic, cultural, political and legal armor on which to sustain them.

Thanks Marina for her time and predisposition with this space.
[:]




