De dar forma desde el dolor y la miseria | Pedro Hernández

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Silla Paimio, de Alvar Aalto

“Paimio es un elogio de la civilización filtrada por un ideal humanista; pero, pese a esta caracterización, no puede ocultar que el destino final de todo este esfuerzo puede reducirse a acoger y tratar de reconfortar una enfermedad. Formulado en otros términos, es en el mismo descenso desde el ideal teórico del primer racionalismo hacia la realidad del sujeto individual en donde se abren las puertas para reconocer la miseria y el dolor como sus únicos elementos constituyentes”

La anterior cita aparece extraída (arrancada a la fuerza, si se prefiere) de un texto de Martí Perán a propósito del proyecto de Domènec ’24 horas de luz artificial’ realizado en 1998 y en el que se ‘recrea a escala real una habitación del hospital Antituberculoso de Paimio en Finlandia’. El texto cuestiona la arquitectura moderna y su excesiva racionalización. Esa ‘máquina de habitar’ que fuera cuestionada por el arquitecto finlandés en la búsqueda de una arquitectura más humana. Aspecto éste que puede apreciarse en citas de Aalto como:

No se puede estandarizar el entorno de forma simplista como un producto mecánico’

o

‘Debemos trabajar buscando cosas simples, útiles, sin adornos, pero que estén orgánicamente adaptadas al hombre corriente y en armonía con el ser humano. Se  ha olvidado al hombre y, sin embargo, la verdadera arquitectura solo esta allí donde el hombre constituye el centro. Tanto su comedia como su tragedia

y que apuntan en esa dirección. Sin embargo la ultima palabra de la segunda cita apunta a un aspecto pocas veces contenido en la arquitectura en su diseño: la noción de tragedia que ya había sido atendida por Perán en esa la miseria y el dolor ‘como sus únicos elementos constituyentes’ en pos de una arquitectura para ‘tan sólo de salvar al hombre, condenado a vivir en un hormiguero sin sentido’.

Aalto y Perán atienden a aspectos que van más allá del tema del diseño para adentrarse en aspectos sombríos y alternos de la arquitectura (moderna); ¿cómo manifestaría el dolor el espacio y la materia arquitectónica? o ¿cómo sanar el dolor o producirlo? Si atendemos a la idea que el dolor es una manifestación de lo real, de que si nos duele no podemos estar ante un simulacro (¡Ah, cuántas veces hemos oído lo de pellízcame para saber que no estoy soñando!)… ¿no serían estos espacios constituidos en su misma esencia por ‘la miseria y el dolor’ los únicos capaces de dar una confirmación de la experiencia?

Dejo la cuestión hoy abierta… pero me quedo entre una última concordancia que me expreso la cita. La silla Paimio del mismo Aalto, cuyo forma responde a la búsqueda de la forma óptima para facilitar la respiración forzando la posición del cuerpo enfermo y la que voy a denominar Silla Guantanamo, usada para obligar a “comer” a los presos del tristemente famoso centro de detención.

Silla Guantanamo | freedom.press

Aprovecho y adjunto algunos de las impresiones acontecidas en otro texto que escribí para Arquine:

Las teorías higiénicas de la modernidad eran tenidas en cuenta en todos los aspectos del diseño. La arquitecta Beatriz Colomina se ha referido ocasionalmente a la relación entre la salud y la arquitectura apuntando que “La arquitectura moderna era entendida de forma unánime como una suerte de equipo médico, un mecanismo para proteger y mejorar el cuerpo”, capaz de aliviar los males humanos. (…) como ha apuntado Beatriz Colomina la arquitectura, auspiciada en la modernidad, se convertiría en una herramienta para el alivio tanto físico como mental de los cuerpos (…) estamos apuntando a que la arquitectura tiene el poder de modificar a quienes en ella habitan, por lo que no sería inadmisible decir que un diseño puede repercutir en un sentido opuesto sobre esa misma persona: atacar su ánimo y desgastarlo. Por cruel que pueda parecer podemos poner ejemplos: cárceles, espacios de tortura, campos de prisioneros e incluso los mismos hospitales y sanatorios –en sus malas variantes– han sido alguna vez diseñados por alguien –tal vez un arquitecto– y  darían buena cuenta de esas capacidades a la sombra de la arquitectura, donde la miseria y el dolor no sean ya sus “únicos elementos constituyentes” sino donde estos son sus fines últimos. (…) La arquitectura o el espacio son neutrales en sí, carecen de ética; la arquitectura, abstraída a su variante mecánica, puede ser usada como elemento de cura o arma de represión. En este punto corresponderá a los arquitectos qué están dispuestos a hacer, a configurar sus propios límites profesionales (incluso éticos). Más allá de la clásica pregunta que todos podemos haber oído alguna vez: “Tú como arquitecto, ¿diseñarías una cárcel?” o similares, el punto está en saber en las posibles implicaciones que un diseño pueda tener.

Pedro Hernández · arquitecto
ciudad de méxico. febrero 2014

Soy arquitecto por la Universidad de Alicante, pero mi interés sobre esta disciplina se encuentra alejado de su papel tradicional de diseño de espacios. Más bien, me interesa entender cómo las representaciones de la arquitectura, el paisaje, el diseño o el territorio construyen y materializan determinados discursos ideológicos, imponiendo posturas, subjetividades y formas de acción sobre los cuerpos que la habitan.

En mi trabajo edito estos discursos –sus imágenes, sus historias o sus restos materiales– y reelaboro comentarios críticos que ponen en evidencia sus controversias y contradicciones, formalizándolos en diversos formatos como textos, fotografías, vídeos, objetos o instalaciones, muchas veces entrecruzados entre sí.

He publicado artículos y ensayos en diversos medios de Estados Unidos, Italia, Croacia, España, Chile y México. Desde enero de 2013-2018 residí en la Ciudad de México donde trabajaba como coordinador de contenidos en Arquine. Actualmente resido en Madrid.

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