Arquitecto Carlos Jiménez reflexiones en Argentina. Renacer desde la memoria | Luis Alberto Monge Calvo

Durante los días 4 y 10 de octubre de 2019 fue posible compartir en Argentina con el arquitecto Carlos Jiménez1, y asistir a tres de sus charlas2, primero en la ciudad de Mendoza y posteriormente en Buenos Aires. Es con base en esta experiencia que se extraen las principales reflexiones que sirven de hilo conductor en la obra de este arquitecto costarricense radicado en Texas. Jiménez fue jurado del premio Pritzker por diez años, es arquitecto en Houston desde 1982, y profesor de la universidad de Rice3 en los Estados Unidos.

Charla en Mundaneum Mendoza 4 de octubre | Fotografía: Luis Alberto Monge Calvo

COSTA RICA

Carlos Jiménez vivió sus primeros 15 años en Costa Rica, su estadía se dividió entre su temprana infancia en el campo en medio de cafetales y los años posteriores en la ciudad de San José, pero fue su prematura relación con la naturaleza la que lo marcó en su ideario arquitectónico hasta la actualidad. De manera muy simple Jiménez explica como ese mágico lugar de su infancia vive aun en su memoria:

“Siempre digo que a mi país es difícil regresar, pero nunca se puede partir de él, y a pesar de como digo que no puedo regresar nunca a él, no me he marchado tampoco”.

Él considera que en Costa Rica la naturaleza se entiende como un regalo, pero también como algo imborrable, destaca que para los ticos4

“la naturaleza abundante se vierte casi dentro de la sangre, existe entre los poros, entre toda vivencia y memoria”.

Por eso no es de extrañar que uno de sus más arraigados recuerdos sea que a pesar de la contundencia de la lluvia que inundaba todo a su paso, la arquitectura parecía renacer cada día, hecho que recuerda muy poéticamente al decir:

“Como si la arquitectura se tratase de una historia de Sherezade5 donde de pronto empieza todo de nuevo, porque para sobrevivir se debe continuar una y otra vez esa historia magnífica”.

Charla en Mundaneum Mendoza 4 de octubre | Fotografía: Luis Alberto Monge Calvo

Posteriormente se traslada a la ciudad de San José después de la muerte de su padre, de aquella ciudad recuerda que le encantaba, pero por la fuerza de la ciudad, no tanto por su belleza, la capital costarricense nunca ha sido una ciudad particularmente bella, y de hecho no da signos de mejoría para Jiménez, pues cuando se refiere a la ciudad actual sus palabras parecen estar a medio camino entre la nostalgia y la desilusión:

“Ahora no la reconozco porque es una ciudad del capitalismo y del turismo desenfrenado, pero ésta era la ciudad que me fascinaba”.

HOUSTON

Por las circunstancias de la vida en 1977 llega a Huston cuando aún es joven, y encuentra una ciudad que rechaza, que no entiende, que le parece: escalofriante, sin referentes, y sumamente áspera. Para él esta ciudad es capaz de reflejar por si sola a un capitalismo sin restricciones y cómo el mundo ha llegado a ser insostenible. En este sentido considera que la ciudad de Houston se puede definir como

“una ciudad del mercado, creada por el mercado, por la voluntad del mercado”,

y desde su punto de vista es sin duda la ciudad más proto-capitalista que hay, y es también el fiel reflejo de todo lo malo que tiene el capitalismo.

Para Jiménez esta idealización del sueño americano en la ciudad de Houston se terminó convirtiendo más bien en una pesadilla, de la que no se pueden despertar, y esto queda en evidencia al advertir que allí:

“las personas pasan dos o tres horas en el tormento del automóvil moviéndose de un garaje hacia otro garaje, eso y las hipotecas son el precio que pagan por el sueño americano”.

En una ciudad que consume todo de una forma tan voraz e incontrolable los edificios también son víctimas que caen derribados simplemente para hacer más espacio para los automóviles o para nuevos edificios, generando una especie de amnesia urbana, una pérdida de memoria colectiva y de olvido de referentes urbanos. Agrega a esta idea –

“que los edificios que se ven en las fotos antiguas no existen más, han sido borrados completamente”.

Charla en la Universidad de Belgrano 7 de octubre | Fotografía: Luis Alberto Monge Calvo

Esta era la imagen preponderante de la ciudad que se encontró Jiménez al llegar a Houston, y esa condición de desperdicio le causó gran impacto, principalmente porque era contraria al respeto por la naturaleza que aprendió en Costa Rica. Para él, este capitalismo sin regulaciones que se vivía en Houston terminó creando una fórmula muy peligrosa que se podría definir como:

“memoria corta igual a ganancia inmediata”.

Y es esta falta de memoria es imperdonable para Jiménez, quien considera que la memoria es indispensable,

“pero hoy en día somos víctimas de la amnesia debido a que vivimos sólo en el presente”.

Este sería un mundo de presente eterno, sin pensar en el futuro, ni recordar el pasado.

ESTUDIOS

Carlos Jiménez estudió en la Universidad de Houston principalmente durante los convulsos años setenta, sobre este clima intelectual se refiere al decir:

“Cuando fui estudiante, me acuerdo muy bien del clima cataclísmico de la arquitectura, por un lado, un rechazo de la arquitectura moderna, pero también existía una búsqueda en el pasado, pero sin entender el pasado, con un futuro, pero sin comprender el futuro, simplemente eran imágenes que se proyectaban con esa audacia del momento”.

Durante sus años de estudiante no se sentía muy cercano a estas tendencias, a esos fuegos artificiales como él los llama, se interesaba más bien en una arquitectura con mayor profundidad y alejada de lo que consideraba una búsqueda superficial de imágenes que saturaba al mercado. Por lo que decide alejarse de las preferencias de sus maestros y gracias a su propia curiosidad descubre a tres arquitectos que marcaron su obra desde entonces: Luis Barragán (1902 – 1988), John Hejduk (1929 – 2000) y Aldo Rossi (1931 – 1997).

“Estos tres arquitectos me enseñaron cada uno algo que nunca me ha abandonado: Luis Barragán nos demostraba que es posible con la arquitectura encontrar un santuario, un santuario dentro de la metrópolis, encontrar un lugar donde se puede apreciar el tiempo. Aldo Rossi permite que la arquitectura no se convierta en un objeto principal o protagónico (…) para él la arquitectura es básicamente el fondo para la vida. Y John Hejduk me enseñó a ver la capacidad de la arquitectura para desatar una línea poética de la cual muchas veces no se puede hablar, sino simplemente hay que vivirla”.

Conferencia en la universidad de Buenos Aires 9 de octubre | Fotografía: Luis Alberto Monge Calvo

Jiménez afirma que fue gracias estos maestros que aprendió a sobrevivir en la ciudad de Houston, proceso que fue alimentado por sus memorias de la infancia en Costa Rica. En retrospectiva recuerda que en un punto de su vida pudo entender a su ciudad adoptiva:

“vi de pronto que Houston tenía esta belleza incontenible, pero que no se podía ver de inmediato, que necesitaba tiempo”.

Es precisamente al encontrar esta nueva cara de la ciudad que decide emprender la aventura que se convertiría en la semilla germinal de toda su carrera: su propio estudio – casa.

FILOSOFÍA ARQUITECTÓNICA

Tal como se mencionó antes, entre los recuerdos de Jiménez en Costa Rica estaba la lluvia inundando todo, estas imágenes de alguna manera parecen inspirar constantemente su obra bajo un simple concepto:

“lo que me fascina de la relación entre el paisaje y lo construido, es precisamente ese renacimiento propio cada día (después de la lluvia), de esa posibilidad que brindan la arquitectura de resurgir”.

Este pensamiento del resurgir de un lugar, sumado al enfrentar la condición de desperdicio de Houston, llevan a Carlos Jiménez a plantear su arquitectura desde la idea de preservar la memoria de los lugares a través de su arquitectura, lo que quiere decir que apuesta por condiciones espaciales del lugar que no son visibles a simple vista, y concibe a los edificios como los instrumentos ideales para hacer visibles esas condiciones.

Es así como el propio terreno abandonado se convierte de nuevo en esa célula que hace crecer la obra, para él la arquitectura es un instrumento para renacer los lugares, para darles una segunda vida. En sus propias palabras lo sintetiza de esta manera:

“lo que hacemos es transformar esa condición de un lugar que no tiene casi huellas, encontrar sus huellas desde la memoria hacia el futuro. Hemos diseñado todo tipo de proyectos en que respetamos esa idea del futuro, pero no armados por una propuesta estilística del futuro vanamente proyectada”, -tal como él la percibió en su época de estudiante, sino que invierte, por así decirlo, en el futuro a través del pasado”.

Mesa Redonda en la universidad de Buenos Aires con los arquitectos Álvaro Rojas y Fredy Massad | Fotografía de Luis Alberto Monge Calvo

Sobre su profesión el arquitecto opina:

“Para mí en arquitectura la reflexión es tan importante como la construcción, por eso la arquitectura siempre ha sido una forma de mirar el mundo, de entender el mundo, para mí, la arquitectura es una forma de apreciar, de investigar, de descifrar, de enfocar y de descubrir el mundo y en esa situación es importantísima la reflexión constante”.

En relación con esto recuerda que Rossi escribió lo siguiente:

“Tal vez la observación de las cosas, ha sido mi más importante educación formal, porque esa observación se transforma después en memoria, y ahora al pasar los años parece ser que veo todas estas cosas y las observo alineadas nítidamente como si fueran un diagrama, o un catálogo botánico, tal vez un diccionario, pero este catálogo que existe entre la imaginación y la memoria no es neutral, siempre reaparece en varios objetos y constituye su deformación y de cierta forma su evolución”.

Finalmente, es evidente que su casa – estudio es la semilla de su teoría arquitectónica, la cual ha ido reproduciéndose en toda su obra construida, pero continua como obra abierta, como un vínculo constante con su memoria y sus raíces, a este respecto comenta lo siguiente:

“Mi casa continúa creciendo, los espacios se transforman o se añaden, este proyecto tiene ya 36 años y nunca se termina, me imagino que algún día llegará la oportunidad de concluirla”.

Este rescate de la memoria es una posición muy importante viviendo en una ciudad como Houston con amnesia, en donde todo se destruye y nada se recuerda, para esto Jiménez plantea algo que suena más como una proclama, pero que sirve para resumir sus ideales de su arquitectura:

“mi posición es la de invertir en el tiempo, por esta fascinación del tiempo mismo, memoria por encima de la ganancia inmediata”.

Casa Estudio de Carlos Jiménez en Houston: Las fotografías de la casa son de Paul Hester de la empresa Hester + Hardaway, liberadas por Carlos Jiménez Studio 

Notas:
1 Carlos Jiménez nació en San José, Costa Rica en 1959 y se trasladó a los Estados Unidos en los setenta. Es docente de grado y de postgrado, inició su carrera docente en RICE como crítico invitado en 1987 y desde 1997 es Profesor Titular. Es el arquitecto principal en Carlos Jiménez Studio una firma de arquitectura de Houston fundada en 1983, internacionalmente reconocida y ganadora de premios. Jiménez también fue jurado de los afamados premios Pritzker de arquitectura (2001-2011).
2 Mundaneum Mendoza (4 de octubre), Universidad de Belgrano (7 de octubre), y Universidad de Buenos Aires (9 de octubre).
3 La Universidad William Marsh Rice, conocida como Universidad Rice, es una universidad privada ubicada en Houston, Texas.
4 Tico es un gentilicio coloquial sinónimo de costarricense, originario de Costa Rica.
5 Sherezade es el personaje y la narradora principal de la recopilación de cuentos en farsi titulada Las mil y una noches.

Arquitecto por la Universidad Autónoma de Centro América, Magíster en Arquitectura de la Universidad Católica de Chile. Posee estudios de posgrado en Urbanismo de la Universidade Federal do Rio de Janeiro. Posee Certificación Profesional, y es miembro de la Asociación Costarricense de Profesionales en Arquitectura.

Trabaja en la Dirección de Arquitectura e Ingeniería de la Caja Costarricense del Seguro Social y es Coordinador de la Comisión de Investigación del CACR. También es profesor universitario e investigador en Arquitectura para la Universidad Internacional de las Américas, y es representante nacional en Smart Urbanization del H2020 de la Comisión Europea.

Ha sido Becario de la Red de entrenamiento universitario para el desarrollo urbano sostenible de la Unión Europea, e Investigador asociado en el Concurso Nacional de Proyectos FONDECYT Chile, profesor invitado Instituto Tecnológico de Monterrey, México. Árbitro evaluador externo de la Universidad de los Andes; Colombia. Ha escrito cuatro libros, ha sido editor de cuatro más y ha publicado decenas de artículos de investigación y profesionales en revistas de Latinoamérica.

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