
“L´Architecttura, in quanto arte, è fenomeno felice, rarissimo e personale.”
Adalberto Libera
1.
Como quiera que miramos viendo lo que otros vieron mucho antes que nosotros y que caminamos pisando las pisadas de otros, no pude por menos que sobresaltarme al contemplar la sorpresiva figura, encontrada por casualidad en una recóndita costa mediterránea, de un maravilloso velero de gran eslora varado entre las rocas. Esta presencia volcó inmediatamente en mi interior el recuerdo de las hermosas tragedias en las que la mar es protagonista.
Despreciado y vencido, desolado aunque todavía entero, el estilizado casco aparecía mecido por el oleaje y sus todavía pulidas superficies brillaban veladamente bajo el sol. Las rocas, punzantes y aparentemente intactas, acunaban con firmeza sus lastimeros movimientos. La certeza de la gran tempestad y de sus heroicos navegantes hacían presagiar que el calor y la calma reinante no eran más que un agradable espejismo. Entonces el paisaje se tornó más bello. El mar, como casi siempre, disimulaba; pero esta vez no había tenido reparos en dejar una prueba irrefutable de su gran poder. El indefenso barco yacía náufrago al ser devuelto con violento estrépito a su Tierra Madre. Digno y penosamente erguido soportaba aún con patética arrogancia el castigo de las olas.
El hombre, en su devenir, ha construido barcos para viajar más allá de los límites de su conocimiento y su curiosidad, y como evolución, ha ideado los barcos a vela para vencer con astucia las dificultades que allí se pudiera encontrar. Navegar a vela supone desplazarse silenciosa y valientemente por un lugar en el que no existe el espacio ni el tiempo porque todo lo que allí sucede, en realidad, no nos pertenece. Se trata de transitar un lugar fluido de agua y viento, una enrarecida frontera poco hospitalaria que, sin embargo, es el medio en el que los navegantes consiguen flotar y valerse de los vientos para desplazarse, para avanzar. Y es en esa genial construcción, en esa extraña naturaleza, donde encuentran su más profunda, aunque a veces trágica, satisfacción.
Ya sea por pensar que en realidad contienen los secretos propios del mar o por percibir su mínima y vertiginosa distancia con la turbulenta masa oceánica; los artefactos que, nacidos del ingenio humano, se hallan en la desafiante línea de costa se tornan extraordinariamente atractivos ante nuestros sentidos.
2.
Por alguna razón, esta insólita escena me recordó la casa que Curzio Malaparte se construyera a finales de los años treinta al borde de un promontorio rocoso en la escarpada costa de la isla de Capri. Enigmática y mágica, aislada y ajena, está considerada como una de las moradas más raras del mundo occidental. Malaparte pidió al arquitecto Líbera que fuera “triste, dura, severa”, una casa que con el tiempo se convertiría en la mejor biografía de su poco convencional propietario.
Novelista, ensayista, político, periodista, director de cine y de teatro, dramaturgo y actor, fue sobre todo escritor aunque, tras ignorar las directrices del proyecto de Líbera, se convirtió a su vez en el constructor y el arquitecto de su casa en Capri.
Curzio Malaparte, seudónimo de Kurt Erick Suckert, de padre protestante alemán y de madre lombarda, nació en el pueblo toscano de Prato en 1898. Luchó en el frente francés en la primera guerra mundial y desde 1922 hasta la caída de Mussolini en 1943 se caracterizó por ser un activo e inquieto miembro del Partido Fascista Italiano. En 1925 Suckert, que sus amigos no dudaban en calificar como vanidoso y snob, se cambió de nombre al leer un texto decimonónico titulado parcialmente “los Malaparte y los Bonaparte”.
Siendo director del periódico “La Stampa”, cargo que ostentó desde 1929 hasta 1931, escribió algunos artículos subversivos de corrosivo sentido del humor que le fueron procurando fuertes enemistades dentro del partido. Hábil narrador de fábulas, acaparaba el protagonismo de toda reunión y deleitaba con sus imaginativas y afiladas historias a los altos jerarcas fascistas, sus protectores, con los que osaba burlarse abiertamente del “Duce”. Llegó incluso a ridiculizar por escrito a Hitler y tal exceso, finalmente, le costó la cárcel acusado de actividades antifascistas. Poco después, y gracias a sus amistades cercanas al dictador, se le ablandó la pena siendo confinado durante varios años, bajo vigilancia policial, en la isla de Lípari.
Desterrado, se dedicó a leer a Homero y a Platón en griego, no tenía con quien hablar y sólo disfrutaba de la compañía de sus perros a quienes puso los nombres de los personajes de las tragedias clásicas. Vivía en su terraza y pasaba las horas mirando al mar como única distracción. Él mismo recordaba:
“demasiado mar, demasiado cielo, para una isla tan pequeña y un espíritu tan inquieto” .
Tras el penoso exilio, en 1935 vuelve a la escena intelectual esta vez para afianzarse como celebridad internacional. Funda la famosa revista cultural de tendencia surrealista Prospettive y comienza a ejercer como corresponsal de guerra, además de proseguir su intensa actividad literaria.
En 1937, Mussolini inaugura la “Mostra augustea de la romanità” para celebrar el segundo milenio del nacimiento del emperador Augusto. El fascismo, que se identifica con la Roma antigua y establece paralelismos entre ambos líderes, reconoce en la isla de Capri uno de los lugares favoritos de su pasado imperial (es bien conocida la predilección que tuvo el emperador Tiberio por esta isla donde llegó a poseer hasta doce villas). Como complemento de la efemérides se procede a excavar y a dar a conocer numerosos edificios y villas de la isla. Malaparte, que venía buscando adquirir una casa desde hacía tiempo no pudo por menos que sucumbir ante tales evidencias. Fue entonces cuando decidió que su casa debía localizarse en Capri.
Había escrito una serie de fantasías autobiográficas con títulos como “una mujer como yo”, “una tierra como yo”, “un perro como yo”, “un santo como yo”, y le hace a Libera un encargo poco habitual; quería que le construyera una “casa como yo”. La casa debía satisfacer sus melancólicas ansias de espacio y al mismo tiempo reproducir las condiciones de su destierro en Lípari, en definitiva, una casa que preservara los más antiguos valores del Mediterráneo.
No se sabe muy bien con qué capital, en enero de 1938, había comprado el Cabo Masullo a los hermanos Vuotto de Capri; un acantilado rocoso terminado en forma de península con excepcionales vistas de la bahía de Nápoles a las faldas del Monte Tuoro.
Pero construir en Capri no era en absoluto fácil. Se trataba de un entorno ambientalmente protegido por estrictas normas, y cualquier construcción requería una difícil y tediosa aprobación de las jerarquías administrativas. Afortunadamente, su buena relación con los líderes fascistas permitió que se pudiera hacer una excepción. En mayo de 1938 el proyecto estaba aprobado y listo para ser construido.
El proyecto de Libera, que en aquel tiempo era uno de los arquitectos italianos con más prestigio, constaba tan sólo de cuatro planos. Una pequeña y esquemática planta de emplazamiento, las dos plantas de las que constaba el volumen, los alzados y la sección longitudinal. Titulado por Libera “proyecto para una pequeña villa” fue presentado en el Ayuntamiento en marzo de 1938 coincidiendo con el periodo en el que desarrollaba su más representativo e importante proyecto; el Palacio de Recepciones y Congresos del EUR. En tales circunstancias, es muy probable que Libera no tuviera siquiera la oportunidad de visitar el cabo Masullo y que, por tanto, no tuviera conocimiento topográfico del solar. Malaparte, a tenor de los hechos, valora el documento que Libera le entrega como un mero trámite para poder comenzar a construir su particular versión de la casa.
En dicho proyecto Libera define un volumen alargado y escalonado de dos plantas. Sus dimensiones eran aproximadamente 28×6.6 metros. La planta superior era exactamente la mitad de larga que la baja y en su vacío aprovechaba una terraza que mirando hacia el extremo de la escarpada montaña negaba la dirección del mar. Disponía un sistema ordenado de habitaciones “en peine” con pasillo lateral construidas mediante un basamento de piedra y una superficie superior de estuco. Una casa que sin tener demasiado en cuenta el notorio efecto de la roca y la importancia del paisaje resolvía tipológica y profesionalmente el programa funcional y el aspecto de una villa rectilínea racionalista. En definitiva, un proyecto de gran corrección pero con una evidente falta de compromiso e intensidad. El proyecto estaba muy lejos de sus “opus con amore”.
La idea del volumen estrecho y alargado no se perdería, era sin duda un intuitivo y acertado comienzo, pero la disposición tanto en planta como en sección, y, como no, en cuanto a su relación con el entorno, iban a variar sustancialmente. Curzio Malaparte quería construir una casa «moderna», huyendo de acudir a vulgares historicismos, pero que sobretodo consiguiera un resultado fuertemente personal. Parece claro que buscaba su propia notoriedad, aficionado como había sido siempre al autobombo y la mitomanía; por otro lado Libera era una figura de gran trascendencia que en el transcurso del proceso de construcción podía ensombrecer su anhelo de protagonismo. Durante la construcción, de 1938 a 1942, el mutismo entre ambos fue absoluto. La casa se hizo tal y como Malaparte dispuso porque Libera, una vez presentado el proyecto, desapareció para siempre de la escena.
El tercer personaje, injustamente poco recordado, el Maestro Adolfo Amitrano, comenzó por construir una cisterna parcialmente enterrada mediante muros de piedra que recordaban las ruinas de una construcción ancestral. Malaparte escribe:
“Estuvo claro desde el principio que no sólo la silueta de la casa, su arquitectura, sino también los materiales de construcción tenían que encajar con el salvaje y delicado paisaje. Ladrillos no, hormigón no. Piedra, sólo piedra, del tipo local, de la que el acantilado y la montaña están hechas”.
La casa acaba midiendo los 28 metros de largo del proyecto de Libera y todas las evidencias confirman la hipótesis de que Malaparte empezó la obra con la intención de construir la villa que Libera había diseñado pero que a medida que la construcción fue levantándose, creciendo en altura, fue introduciendo sobre la marcha los cambios que se le iban ocurriendo. Prevaleció su caprichosa actitud diletante. Tenía entre manos una especie de pasatiempo y no tenía la formación suficiente para ejercer profesionalmente la arquitectura; hacía y deshacía una y otra vez, no tenía inconveniente en cambiar cinco y diez veces la disposición de los muros o las estancias, no se dejaba sorprender por la fuerza de la construcción, como si de la redacción de uno de sus escritos se tratara corregía cuando lo veía necesario.
Lo primero que se alteró fue el ancho de la casa y enseguida empezaron a surgir el resto de las notables diferencias que harían del resultado final un objeto inesperado. La intuición y el bagaje personal de Malaparte hicieron posible un objeto de arquitectura claramente inédito aunque no por ello exento de antecedentes.
La foto que Curzio malaparte se tomó en 1934, durante su arresto de Lipari, frente a la pequeña escalinata de forma trapezoidal, abocinada, de la iglesia de la «Annunziata» es la prueba de su personal influencia en las decisiones formales de la casa que se estaba construyendo. Se trata de una idea demasiado fuerte y personal, y obviamente alejada del lenguaje arquitectónico que manejaba en ese momento Libera, como para partir de las órdenes del arquitecto. Decidió recurrir a tal elemento durante el laborioso proceso de construcción, en un nuevo intento por representarse a sí mismo, sus vivencias y recuerdos, y esta afortunada novedad alteró de tal manera la concepción global de la casa, supuso un cambio tan radical que el desarrollo de los demás aspectos de la villa se vio fuertemente afectado. La terraza, que en el proyecto de Libera se oponía en su escalonamiento al mar, se construye como una plataforma final del recorrido de aproximación a la casa, sin barandilla alguna, tan sólo con un leve resalto de bordillo perimetral, tal y como se ve en un antiguo grabado de las Salinas de Lipari, que sin duda también conservaba en su memoria. La casa aparece como una roca domesticada, artificializada a través de planos transitables que forman escaleras y estancias. Se implanta como un mirador que acaba con el recorrido que parte de la cúspide de la montaña para desde allí contemplar la inmensidad del paisaje. Las estancias protegidas quedan debajo de esta generosa cubierta sobre la que Malaparte subía a diario a correr o montar en bicicleta, y sobre la que destaca un solitario muro blanco y curvo como hinchado por el viento.
La planta, a su vez, no tiene la disciplinada circulación lateral de los planos de oficio de Libera. Se hace obsesivamente simétrica con respecto a su eje longitudinal disponiendo estancias a cada lado. Incluso, la planta que queda inmediatamente por debajo de la cubierta obedece a un patrón poco usual dentro de la tipología arquitectónica. Dispone una gran sala central y en los extremos se fragmenta, podría decirse que exageradamente, en dependencias mucho menores que guardan estricta simetría con respecto al eje. Una planta chocante en su jerarquía y tamaños. Dispone de una escalera interior de tamaño ridículo y demasiado inclinada para haber sido trazada por la mano experta de un gran arquitecto como Libera. Ordena unas habitaciones que no guardan una racional serie paralela sino que se van comprimiendo a medida que se equilibran en sus extremos. Las ventanas son estrictamente funcionales, están hechas desde dentro y no guardan ningún patrón aparente, no pretenden parecerse entre sí; la mayoría son pequeñas y miran, como catalejos, muy lejos, otras, las que sirven a la gran sala central, se agrandan sin aparente control, queriendo ser cuadros de un interior que congela y posee la magia del entorno. No son huecos hechos con ojos de arquitecto, provienen más bien de la azarosa necesidad, todo lo más de la sistemática de la economía y no de la serie, la pauta compositiva, o el entendimiento volumétrico global que se percibe en el proyecto de Libera.
Mientras Libera guarda un misterioso silencio, que tuvo a bien mantener el resto de su vida, Malaparte entiende la casa como un autorretrato arquitectónico. El escritor habla con orgullo de la sabia elección del emplazamiento, de sus materiales, de su forma, de la vida en ese lugar, y por supuesto asume la completa paternidad de la casa; escribe:
“Fui el primero en construir una casa así […], ayudado no por arquitectos ni ingenieros, sino por un simple maestro de obras. El mejor, el más honesto, el más inteligente, y el más honrado que jamás haya conocido, pequeño y extremadamente tranquilo, un hombre de pocos gestos y palabras[…]El maestro Adolfo Amitrano empezó por sentir la roca[…] Durante meses y meses, equipos de albañiles trabajaron en este lejano promontorio de Capri, hasta que la casa empezó lentamente a emerger de la roca con la que estaba vinculada, y así fue tomando forma, revelándose como la más osada, inteligente y moderna casa de Capri.”
En su famosa novela, también llevada al cine, titulada «La piel», Malaparte cuenta que cuando hospedó al Mariscal Rommel y éste le preguntó por el origen de la casa le mintió replicándole que la había comprado tal y como estaba y, con un altivo gesto de barrer la inmensidad mirando al acantilado de Matromania, a las tres gigantes rocas de las Faraglioni, a la península de Sorrento, a la isla de las Sirenas, al lejano azul de la costa de Amalfi y a las remotas costas de Paestum, le dijo
“Yo he diseñado el escenario”.
No cabe duda que Malaparte se inspiró en la pureza y la simplicidad de los modelos de la arquitectura Mediterránea, la imagen del “Teatro” o de la “Domus” clásicos, y que, como tantos otros escritores de finales de los treinta, estaba fuertemente influenciado por el clasicismo, el surrealismo y el neorromanticismo, pero hay algo en su condición de no arquitecto que nos habla de una actitud atractiva, intensamente alejada de la arquitectura más disciplinar. El resultado proviene de una extraña y personal búsqueda, supone un hallazgo inesperado. Un objeto de extrañamiento con la fuerza de lo insólito.
3.
Poco a poco me di cuenta. Esta casa hecha por un hombre de letras, por un navegante de la imaginación, no es tan sólo una casa, quiere ser además un navío. Un épico navío desarbolado que, víctima de un violento naufragio, ha quedado asentado en un abrupto y lejano promontorio rocoso al ser expulsado por la brutal fuerza del mar. No se construyó para habitar la tierra sino para surcar las aguas. Su disposición interior nos recuerda la necesidad que tuviera de corregir y equilibrar los cambios de peso de los vaivenes de las olas y sus muros internos parecen los fósiles de las cuadernas que un día sirvieron para rigidizar el vapuleado casco. Su forma más que arquitectónica es naval.
Es inmediato reconocer en su volumen la proa y la popa, la pequeña entrada por la amura de babor, su eslora, manga y francobordo, la cubierta y el velamen, las escotillas y las escalerillas laterales de acceso, los camarotes y el puente de mando. Por el efecto del tiempo y la erosión se ve que ha perdido la arboladura, la jarcia y la cabuyería, aún cuando todavía mantiene una disminuida vela liberada al viento.
Es una pieza de armador, diseñada para permitir la navegación. Construida para disfrutar del sentimiento de libertad que provoca vivir en una embarcación, en un invento capaz de ir más allá de los límites del conocimiento y superar las trabas físicas de la realidad. Malaparte se construyó una “máquina de viajar”, un artefacto que supone, en definitiva, la consecución de una fantasía, de un sueño personal.
Imagino la perplejidad que un arquitecto como Libera podría haber sentido si se le hubiera puesto en la tesitura de resolver tal reto. Sólo un valiente soñador ajeno a la arquitectura más disciplinar, un experto narrador con la suficiente energía para transformar su expresividad en un objeto real, es capaz de llevar a cabo semejante audacia. Normalmente el arquitecto, extremadamente especializado, se comporta con fatal torpeza fuera de sus dominios. Esta casa, no hay duda, es fruto de un fecundo artista que decide construir, más que de un exquisito arquitecto racionalista de los años treinta que intenta proponer nuevos caminos.
Independientemente de interpretaciones más o menos acertadas, la casa ha pasado a la Historia de la Arquitectura, lo que permite reflexionar acerca de que el ámbito de la Arquitectura no está solamente en las obras de los arquitectos. Traspasa el umbral de lo estrictamente profesional para formar parte del amplio mundo de la creación material. La Arquitectura, esta casa es buen ejemplo de ello, está en la elocuente capacidad del hombre para traducir sus sueños y necesidades en artefactos construidos. Tiene que ver con ese momento feliz en el que lo mental responde con plenitud a lo físico y viceversa.
Sergio de Miguel, arquitecto
Madrid, enero 2010
“L´Architecttura, in quanto arte, è fenomeno felice, rarissimo e personale.”
Adalberto Libera
1.
As it want to that we look seeing what others saw a lot before that we and that walk stepping the stepped of others, could not by less than sobresaltarme when contemplating the surprising figure, found by chance in a recóndita Mediterranean coast, of a wonderful sailboat of big eslora varado between the rocks. This presence dumped immediately in my interior the remember of the beautiful tragedies in which the sea is leading.
Despised and defeated, desolado although still whole, the estilizado helmet appeared mecido by the swell and his still pulidas surfaces shined veladamente under the sun. The rocks, punzantes and apparently intact, rocked with firmness his lastimeros movements. The certainty of the big tempestad and of his heroic navegantes did presagiar that the heat and the reigning calm were not more than a pleasant mirage. Then the landscape tornó more beautiful. The sea, as almost always, dissembled; but this time had not had objections in leaving an irrefutable proof of his big can. The defenceless ship yacía náufrago when being given back with violent bang to his Earth Mother. Worthy and penosamente heaved bore still with poignant arrogance the punishment of the waves.
The man, in his become, has built ships to travel further of the limits of his knowledge and his curiosity, and like evolution, has contrived the ships to sail to win with slyness the difficulties that there could find. Sail to sail supposes to displace silent and valientemente by a place in which it does not exist the space neither the time because all what there sucede, in reality, does not belong us. It treats of transitar a place flowed of water and wind, an enrarecida border little hospitable that, however, is the half in which the navegantes achieve to float and cost of the winds to displace , to advance. And it is in this genial construction, in this odd nature, where find his deeper, although sometimes tragic, satisfaction.
Already be for thinking that actually they contain the own secrets of the sea or for perceiving his minimal and dizzy distance with the turbulent oceanic mass; the appliances that, born of the human ingenuity, are situated in the challenging line of coast become extraordinarily attractive before our senses.
2.
For some reason, this unusual scene remembered the house that Curzio Malaparte was constructing himself at the end of the thirties at the edge of a rocky promontory on the steep coast of Capri’s island. Enigmatic and magic, isolated and foreign, it is considered to be one of the rarest mansions of the western world. Malaparte asked the architect Líbera to be «sad, hard, severe», a house that with the time would turn into the best biography of his conventional proprietary little.
Novelist, essayist, politician, journalist, the director of cinema and of theatre, playwright and actor, was especially a writer though, after ignoring the directives of Líbera’s project, it turned in turn into the builder and the architect of his house into Capri.
Curzio Malaparte, Kurt Erick’s pseudonym Suckert, of Protestant German father and of Lombard mother, was born in the people toscano of Prato in 1898. It fought in the French front in the first world war and from 1922 up to Mussolini’s fall in 1943 it was characterized for being an active and anxious member of the Fascist Italian Party. In 1925 Suckert, which his friends were not hesitating to consider to be like conceited and snob, it changed of name on having read a nineteenth-century text titled partially «the Malaparte and the Bonaparte».
Being the director of the newspaper «The Stampa», I load that it showed from 1929 until 1931, he wrote some subversive articles of corrosive sense of the humor that strong hatreds were trying him inside the party. Skilful narrator of fables, was monopolizing the protagonism of any meeting and was delighting with his imaginations and sharp you tell the history of the high fascist leaders, his protectors, with whom it was daring to joke openly of the «Duce». It managed to ridicule even in writing Hitler and such an excess, finally, cost the jail to him accused of antifascist activities. Little later, and thanks to his friendship near to the dictator, a sorrow was softened being confined for several years, under police vigilance, in Lípari’s island.
Exile, devoted himself to read Homero and Plato in Greek, it did not have with whom to speak and only was enjoying the company of his dogs to whom it put the names of the prominent figures of the classic tragedies. It was living in his terrace and was happening the hours looking at the sea as the only distraction. He itself remembered:
“too much sea, too much sky, for such a small island and such an anxious spirit” .
After the painful exile, in 1935 it returns to the intellectual scene this time to become strong as international celebrity. It founds the famous cultural magazine of surrealistic trend Prospettive and begins to practise as correspondent of war, beside continuing his intense literary activity.
In 1937, Mussolini inaugurates the «Mostra augustea of the romanità» to celebrate the second millenium of the birth of the emperor Augusto. The fascism, which is identified by the ancient Rome and establishes parallelisms between both leaders, recognizes in Capri’s island one of the favorite places of his imperial past (there is well-known the predilection that took the emperor Tiberio as this island where it managed to possess up to twelve villas). Since one proceeds complement of the efemérides to excavate and to announce numerous buildings and villas of the island. Malaparte, which was coming seeking to acquire a house from it was doing time it was not possible for less that to succumb before such evidences. It was at the time when it decided that his house had to be located in Capri.
He had written a series of autobiographical fantasies with titles as «a woman as me», «a land as», I «a dog as», I «a saint as I», and it does him to It Liberates a slightly habitual order; it wanted that was constructing him a «house as I». The house had to satisfy his melancholy anxieties of space and at the same time to reproduce the conditions of his exile in Lípari, definitively, a house that was preserving the most former values of the Mediterranean.
It is not known very well with what capital, in January, 1938, he had bought the End Masullo the brothers Vuotto de Capri; a rocky cliff finished in the shape of peninsula with exceptional conference of the bay of Naples to the skirts of the Monte Tuoro.
But to construct in Capri was not by no means easy. It was a question of an environment environmentally protected by strict procedure, and any construction was needing a difficult and tedious approval of the administrative hierarchies. Lucky, his good relation with the fascist leaders allowed that it should to do an exception. In May, 1938 the project was approved and ready to be constructed.
The project of Liberates, that in that time was one of the Italian architects with more prestige, it was consisting only of four planes. A small and schematic plant of emplacement, both plants of which there was consisting the volume, the gatherings and the longitudinal section. Titled for It Liberates » project for a small villa » it was presented in the Town hall in March, 1938 coinciding with the period with the one that was developing his more representative and important project; the Palace of Receipts and Congresses of the EUR. In such circumstances, it is very probable that It Liberates did not have even the opportunity to visit the end Masullo and that, therefore, did not have topographic knowledge of the lot. Malaparte, to tenor of the facts, values the document that It Liberates delivers him as a mere step to be able to begin to construct his particular version of the house.
In the above mentioned project It Liberates defines a volume elongated and staggered of two plants. His dimensions were approximately 28×6.6 meters. The top floor was exactly the half of long billiard cue that the fall and in his emptiness he was taking advantage of a terrace that looking at the end of the steep mountain was denying the direction of the sea. He was arranging a system been ordained as rooms «in comb» with lateral corridor constructed by means of a basement of stone and a top surface of stucco. A house that without having the well-known effect of the rock too much in account and the importance of the landscape was solving tipológica and professionally the functional program and the aspect of a rectilinear racionalist villa. Definitively, a project of great correction but with an evident lack of commitment and intensity. The project was very far from his «opus with amore».
The idea of the narrow and elongated volume would not get lost, it was undoubtedly an intuitive and guessed right beginning, but the disposition so much in plants like in section, and, since not, as for his relation with the environment, they were going to change substantially. Curzio Malaparte wanted to construct a «modern» house, avoiding coming to vulgar historicismos, but that overcoat was obtaining a strongly personal result. It seems to be clear that it was looking for his own reputation, fan since it had been always to the self-praise and the mitomanía; on the other hand It Liberates it was a figure of great transcendency that in the course of the process of construction could darken his longing of protagonism. During the construction, from 1938 to 1942, the silence between both was absolute. The house became as Malaparte had because It Liberates, once presented the project, disappeared forever of the scene.
The third personage, unjustly little remembered, the Teacher Adolfo Amitrano, began for constructing a cistern partially buried by means of walls of stone that reminded the ruins of an ancient construction. Malaparte writes:
“It was clear from the beginning that not only the silhouette of the house, his architecture, but also the materials of construction had to fit with the wild and delicate landscape. Bricks not, concrete not. Stone, only stone, of the local type, of which the cliff and the mountain are made”.
The house ends up by measuring 28 meters of length of the project of It Liberates and all the evidences confirm the hypothesis of which Malaparte began the work with the intention of constructing the villa that It Liberates he had designed but that as the construction was getting up, growing in height, was introducing on the march the changes that happened to him. Dilettante prevailed his capricious attitude. It had in hands a species of pastime and did not have the sufficient formation to exercise professionally the architecture; it was doing and undoing again and again, did not have disadvantage in five and ten times changed the disposition of the walls or the stays, was not left to surprise for the force of the construction, as if of the draft of one about his writings it was treating itself was correcting when it saw it necessary.
Lo primero que se alteró fue el ancho de la casa y enseguida empezaron a surgir el resto de las notables diferencias que harían del resultado final un objeto inesperado. La intuición y el bagaje personal de Malaparte hicieron posible un objeto de arquitectura claramente inédito aunque no por ello exento de antecedentes.
The photo that Curzio malaparte took in 1934, during his Lipari’s arrest, opposite to the small perron of trapezoidal, widened form, of the church of the «Annunziata» is the test of his personal influence in the formal decisions of the house that was constructed. It is a question of a too strong and personal idea, and obviously removed from the architectural language that he was handling in this moment Libera, since to depart from the orders of the architect. It decided to resort to such an element during the laborious process of construction, in a new attempt for be representing to yes same, his experiences and recollections, and this lucky innovation altered of such a way the global conception of the house, supposed a change so radical that the development of other aspects of the villa saw strongly affected. The terrace, which in the Libera´s project was opposed in his escalonamiento to the sea, it is constructed as a final platform of the tour of approximation to the house, without any rail, only by a slight bounce of bordillo perimetral, as one sees in a former engraving of Lipari’s Salt mines, which undoubtedly also it was preserving in his memory. The house appears as a domesticated rock, artificializada across passable planes that form stairs and stays. It is implanted as a viewing-point that finishes with the tour that departs from the apex of the mountain for from there contemplating the immensity of the landscape. The protected stays stay under this generous cover on which Malaparte was rising daily to running or mounting in bicycle, and on that a solitary white wall stands out.
The plant, in turn, does not have the disciplined lateral traffic of the planes of trade of It Liberates. It becomes obsessively symmetrical with regard to his longitudinal axis arranging stays to every side. Even, the plant that stays immediately below the cover obeys a slightly usual boss inside the architectural typology. He arranges a great central room and in the ends it fragments, it might be said that excessively, in very much minor dependences that guard strict symmetry with regard to the axis. A shoking plant in his hierarchy and sizes. He has an interior stairs of size ridiculous and too much inclined for been credit planned by the expert hand of a great architect as Libera. It arranges a few rooms that do not guard a rational parallel series but they are controlling themselves as they balance on his ends. The windows are strictly functional, are done from inside and do not guard any apparent boss, do not try to look alike between yes; the majority they are small and look, as telescopes, very far, others, which serve to the great central room, are enlarged without apparent control, queriendo to be pictures of an interior that freezes and possesses the magic of the environment. They are not hollows done with architect’s eyes, come rather from the eventful need, everything more of the systematic one of the economy and not from the series, the guideline compositiva, or the volumetric global understanding that is perceived in the Libera´s project .
While Libera´s a mysterious silence, which had support good the rest of his life, Malaparte understands the house as an architectural self-portrait. The writer speaks proudly about the wise choice of the emplacement, about his materials, about his form, about the life in this place, and certainly it assumes the complete paternity of the house; he writes:
“I was the first one in constructing a house like that […], helped not neither for architects nor engineers, but for a simple master builder. The the the best, the the the most honest, the the most intelligent, and more honest that there has never known, small and extremely calmly, a man of few gestures and words […] The teacher Adolfo Amitrano began for feeling the rock […] During months and months, equipments of bricklayers were employed at this Capri’s distant promontory, until the house started emerging slowly of the rock with the one that was linked, and this way it was taking form, there being revealed like The Capri’s most daring, intelligent and modern house.”
In his famous novel, also taken to the cinema, titled » Skin «, Malaparte tells that when it lodged the Marshall Rommel and this one he asked him about the origin of the house it him lied him answering that he had bought it as it was and, with a haughty gesture of sweeping the immensity looking at Matromania’s cliff, at three giant rocks of the Faraglioni, at Sorrento’s peninsula, at the island of the Sirens, at the distant blue of Amalfi’s coast and at Paestum’s remote coasts, he said to him
“I have designed the scene”.
There does not fit doubt that Malaparte inspired in the purity and the simplicity of the models of the Mediterranean architecture, the image of the «Theatre» or of classic «Domus»», and that, as so many other writers of ends of the thirties, was strongly influenced by the classicism, the surrealism and the neorromanticismo, but there is something in his condition of not architect who speaks to us about an attractive attitude intensely removed from the architecture more to discipline. The result comes from a strange and personal search, supposes an unexpected finding. An object of wonder with the force of the unusual thing.
3.
Little by little I realized. This house done by a man of letters, for a navigator of the imagination, is not only a house, wants to be in addition a ship. An epic dismasted ship that, victim of a violent shipwreck, has remained seated in an abrupt and distant rocky promontory on having been expelled by the brutal force of the sea. It was not constructed to live the land but to furrow the waters. His interior disposition us remembers the need that had to correct and balance the changes of weight of the sways of the waves and his internal walls look like the fossils of the frames that one day served for rigidizar the beaten hull. His form more that architectural it is naval.
It is immediate to recognize in his volume the prow and the stern, the small entry for the beam of port, his length, sleeve and francobordo, the cover and the canvas, the scuttles and the lateral steps of access, the berths and the bridge of control. For the effect of the time and the erosion one sees that it has lost the rigging, the rigging and the cabuyería, still when still it supports a diminished candle liberated to the wind.
It is an outfitter’s piece, designed to allow the navigation. Constructed to enjoy the feeling of freedom that it provokes to live in a craft, in an invention capable of going beyond the limits of the knowledge and of overcoming the physical hobbles of the reality. Malaparte constructed a «machine himself of travelling», an appliance that supposes, definitively, the attainment of a fantasy, of a personal dream.
I imagine the perplexity that an architect since It Liberates it might have felt if it had put on him in the attitude to solve such a challenge. Only a brave dreamer foreign to the architecture more to discipline, a narrating expert with the sufficient energy to transform his expressiveness into a royal object, is capable of carrying out similar audacity. Normally the architect, extremely specialized, behaves with fatal infamy out of his domains. This house, there is no doubt, is a fruit of a fecund artist that it decides to construct, more than of an exquisite racionalist architect of the thirties who tries to propose new ways.
Independently of more or less guessed right interpretations, the house has gone on to the History of the Architecture, which it allows to think over brings over of that the area of the Architecture is not only in the works of the architects. It penetrates the threshold of the strictly professional thing to form a part of the wide world of the material creation. The Architecture, this house is a good example of it, is in the eloquent capacity of the man to translate his dreams and needs in constructed appliances. It has to see with this happy moment in which the mental thing answers with fullness to the physical thing and vice versa.
Sergio de Miguel, architect
Madrid, january 2010

“L´Architecttura, in quanto arte, è fenomeno felice, rarissimo e personale.”
Adalberto Libera
1.
Como queira que miramos vendo o que outros viron moito antes que nós e que camiñamos pisando as pisadas doutros, non puiden por menos que sobresaltarme ao contemplar a sorpresiva figura, atopada por casualidade nunha recóndita costa mediterránea, dun marabilloso veleiro de gran eslora varado entre as rocas. Esta presenza envorcou inmediatamente no meu interior o recordo das fermosas traxedias nas que o mar é protagonista.
Desprezado e vencido, abatido aínda que aínda enteiro, o estilizado casco aparecía mecido pola ondada e as súas aínda puídas superficies brillaban veladamente baixo o sol. As rocas, punzantes e aparentemente intactas, arrolaban con firmeza as súas lastimeros movementos. A certeza da gran tempestade e dos seus heroicos navegantes facían presaxiar que a calor e a calma reinante non eran máis que unha agradable miraxe. Entón a paisaxe tornouse máis belo. O mar, como case sempre, disimulaba; pero esta vez non tivera reparos en deixar unha proba irrefutable do seu gran poder. O indefenso barco xacía náufrago ao ser devolto con violento estrépito á súa Terra Nai. Digno e penosamente ergueito soportaba aínda con patética arrogancia o castigo das ondas.
O home, no seu devir, construíu barcos para viaxar máis aló dos límites do seu coñecemento e a súa curiosidade, e como evolución, ideou os barcos a vela para vencer con astucia as dificultades que alí se puidese atopar. Navegar a vela supón desprazarse silenciosa e valientemente por un lugar no que non existe o espazo nin o tempo porque todo o que alí sucede, en realidade, non nos pertence. Trátase de transitar un lugar fluído de auga e vento, unha enrarecida fronteira pouco hospitalaria que, con todo, é o medio no que os navegantes conseguen flotar e valerse dos ventos para desprazarse, para avanzar. E é nesa xenial construción, nesa estraña natureza, onde atopan a súa máis profunda, aínda que ás veces tráxica, satisfacción.
Xa sexa por pensar que en realidade conteñen os segredos propios do mar ou por percibir a súa mínima e vertixinosa distancia coa turbulenta masa oceánica; os artefactos que, nacidos do enxeño humano, se achan na desafiante liña de costa tórnanse extraordinariamente atractivos ante os nosos sentidos.
2.
Por algunha razón, esta insólita escena recordoume a casa que Curzio Malaparte se construíra a finais dos anos trinta ao bordo dun promontorio rochoso na escarpada costa da illa de Capri. Enigmática e máxica, illada e allea, está considerada como unha das moradas máis raras do mundo occidental. Malaparte pediu ao arquitecto Líbera que fora «triste, dura, severa», unha casa que co tempo se convertería na mellor biografía do seu pouco convencional propietario.
Novelista, ensaísta, político, xornalista, director de cine e de teatro, dramaturgo e actor, foi sobre todo escritor aínda que, tras ignorar as directrices do proxecto de Líbera, se converteu á súa vez no construtor e o arquitecto da súa casa en Capri.
Curzio Malaparte, pseudónimo de Kurt Erick Suckert, de pai protestante alemán e de nai lombarda, naceu no pobo toscano de Prato en 1898. Loitou na fronte francesa na primeira guerra mundial e dende 1922 ata a caída de Mussolini en 1943 caracterizouse por ser un activo e inquedo membro do Partido Fascista Italiano. En 1925 Suckert, que os seus amigos non dubidaban en cualificar como vaidoso e snob, cambiouse de nome ao ler un texto decimonónico titulado parcialmente «os Malaparte e os Bonaparte».
Sendo director do xornal «a Stampa», cargo que ocupou dende 1929 ata 1931, escribiu algúns artigos subversivos de corrosivo sentido do humor que lle foron procurando fortes inimizades dentro do partido. Hábil narrador de fábulas, acaparaba o protagonismo de toda reunión e deleitaba coas súas imaxinativas e afiadas historias aos altos xerarcas fascistas, os seus protectores, cos que ousaba burlarse abertamente do «Duce». Chegou mesmo a ridiculizar por escrito a Hitler e tal exceso, finalmente, custoulle o cárcere acusado de actividades antifascistas. Pouco despois, e grazas ás súas amizades próximas ao ditador, abrandóuselle a pena sendo confinado durante varios anos, baixo vixilancia policial, na illa de Lípari.
Desterrado, dedicouse a ler a Homero e a Platón en grego, non tiña con quen falar e só gozaba da compañía dos seus cans aos que puxo os nomes dos personaxes das traxedias clásicas. Vivía na súa terraza e pasaba as horas mirando ao mar como única distracción. El mesmo recordaba:
“demasiado mar, demasiado ceo, para unha illa tan pequena e un espírito tan inquedo” .
Tras o penoso exilio, en 1935 volve á escena intelectual esta vez para afianzarse como celebridade internacional. Funda a famosa revista cultural de tendencia surrealista Prospettive e comeza a exercer como correspondente de guerra, ademais de proseguir a súa intensa actividade literaria.
En 1937, Mussolini inaugura a «Mostra augustea da romanità» para celebrar o segundo milenio do nacemento do emperador Augusto. O fascismo, que se identifica coa Roma antiga e establece paralelismos entre ambos os dous líderes, recoñece na illa de Capri un dos lugares favoritos do seu pasado imperial (é ben coñecida a predilección que tivo o emperador Tiberio por esta illa onde chegou a posuír ata doce vilas). Como complemento da efemérides procédese a escavar e a dar a coñecer numerosos edificios e vilas da illa. Malaparte, que viña buscando adquirir unha casa dende había tempo non puido por menos que sucumbir ante tales evidencias. Foi entón cando decidiu que a súa casa debía localizarse en Capri.
Escribira unha serie de fantasías autobiográficas con títulos como «unha muller como eu», «unha terra como eu», «un can como eu», «un santo como eu», e faille a Libera un encargo pouco habitual; quería que lle construíse unha «casa como eu». A casa debía satisfacer as súas melancólicas ansias de espazo e ao mesmo tempo reproducir as condicións do seu desterro en Lípari, en definitiva, unha casa que preservase os máis antigos valores do Mediterráneo.
Non se sabe moi ben con que capital, en xaneiro de 1938, comprara o Cabo Masullo aos irmáns Vuotto de Capri; un acantilado rochoso rematado en forma de península con excepcionais vistas da baía de Nápoles ás faldras do Monte Tuoro.
Pero construír en Capri non era en absoluto doado. Tratábase dun ámbito ambientalmente protexido por estritas normas, e calquera construción requiría unha difícil e tediosa aprobación das xerarquías administrativas. Afortunadamente, a súa boa relación cos líderes fascistas permitiu que se puidese facer unha excepción. En maio de 1938 o proxecto estaba aprobado e listo para ser construído.
O proxecto de Libera, que naquel tempo era un dos arquitectos italianos con máis prestixio, constaba tan só de catro planos. Unha pequena e esquemática planta de localización, as dúas plantas das que constaba o volume, os alzados e a sección lonxitudinal. Titulado por Libera «proxecto para unha pequena vila» foi presentado no Concello en marzo de 1938 coincidindo co período no que desenvolvía o seu máis representativo e importante proxecto; o Pazo de Recepcións e Congresos do EUR. En tales circunstancias, é moi probable que Libera non tivese sequera a oportunidade de visitar o cabo Masullo e que, polo tanto, non tivese coñecemento topográfico do soar. Malaparte, a teor dos feitos, valora o documento que Libera lle entrega como un mero trámite para poder comezar a construír o seu particular versión da casa.
No devandito proxecto Libera define un volume alongado e graduado de dúas plantas. As súas dimensións eran aproximadamente 28 x 6.6 metros. A planta superior era exactamente a metade de longa que a baixa e no seu baleiro aproveitaba unha terraza que mirando cara ao extremo da escarpada montaña negaba a dirección do mar. Dispoñía un sistema ordenado de cuartos «en peite» con corredor lateral construídos mediante unha base de pedra e unha superficie superior de estuco. Unha casa que sen ter demasiado en conta o notorio efecto da rocha e a importancia da paisaxe resolvía tipolóxica e profesionalmente o programa funcional e o aspecto dunha vila rectilínea racionalista. En definitiva, un proxecto de gran corrección pero cunha evidente falta de compromiso e intensidade. O proxecto estaba moi lonxe dos seus «opus con amore».
A idea do volume estreito e alongado non se perdería, era sen dúbida un intuitivo e acertado comezo, pero a disposición tanto en planta coma en sección, e, como non, en canto á súa relación co ámbito, ían variar substancialmente. Curzio Malaparte quería construír unha casa «moderna», fuxindo de acudir a vulgares historicismos, pero que abrigo conseguise un resultado fortemente persoal. Parece claro que buscaba a súa propia notoriedade, afeccionado como fora sempre ao autobombo e a mitomanía; por outro lado Libera era unha figura de gran transcendencia que no transcurso do proceso de construción podía ensombrecer o seu anhelo de protagonismo. Durante a construción, de 1938 a 1942, o mutismo entre ambos os dous foi absoluto. A casa fíxose tal e como Malaparte dispuxo porque Libera, unha vez presentado o proxecto, desapareceu para sempre da escena.
O terceiro personaxe, inxustamente pouco recordado, o Mestre Adolfo Amitrano, comezou por construír unha cisterna parcialmente enterrada mediante muros de pedra que recordaban as ruínas dunha construción ancestral. Malaparte escribe:
“Estivo claro dende o principio que non só a silueta da casa, a súa arquitectura, senón tamén os materiais de construción tiñan que encaixar coa salvaxe e delicada paisaxe. Ladrillos non, formigón non. Pedra, só pedra, do tipo local, da que o acantilado e a montaña están feitas”.
A casa acaba medindo os 28 metros de longo do proxecto de Libera e todas as evidencias confirman a hipótese de que Malaparte empezou a obra coa intención de construír a vila que Libera deseñara pero que a medida que a construción foi levantándose, crecendo en altura, foi introducindo sobre a marcha os cambios que se lle ían ocorrendo. Prevaleceu a súa caprichosa actitude diletante. Tiña entre mans unha especie de pasatempo e non tiña a formación suficiente para exercer profesionalmente a arquitectura; facía e desfacía unha e outra vez, non tiña inconveniente en cambiar cinco e dez veces a disposición dos muros ou as estanzas, non se deixaba sorprender pola forza da construción, coma se da redacción dun dos seus escritos se tratase corrixía cando o vía necesario.
O primeiro que se alterou foi o ancho da casa e deseguida empezaron a xurdir o resto das notables diferenzas que farían do resultado final un obxecto inesperado. A intuición e a bagaxe persoal de Malaparte fixeron posible un obxecto de arquitectura claramente inédito aínda que non por iso exento de antecedentes.
A foto que Curzio malaparte tomou en 1934, durante o seu arresto de Lipari, fronte á pequena escalinata de forma trapezoidal, abucinada, da igrexa da «Annunziata» é a proba do seu persoal influencia nas decisións formais da casa que se estaba a construír. Trátase dunha idea demasiado forte e persoal, e obviamente afastada da linguaxe arquitectónica que manexaba nese momento Libera, como para partir das ordes do arquitecto. Decidiu recorrer a tal elemento durante o laborioso proceso de construción, nun novo intento por representarse a si mesmo, as súas vivencias e recordos, e esta afortunada novidade alterou de tal xeito a concepción global da casa, supuxo un cambio tan radical que o desenvolvemento dos demais aspectos da vila se viu fortemente afectado. A terraza, que no proxecto de Libera se opoñía na súa distribución en niveis ou intervalos ao mar, constrúese como unha plataforma final do percorrido de aproximación á casa, sen varanda ningunha, tan só cun leve resalte de bordo perimetral, tal e como se ve nun antigo gravado das Salinas de Lipari, que sen dúbida tamén conservaba na súa memoria. A casa aparece como unha rocha domesticada, artificializada a través de planos transitables que forman escaleiras e estanzas. Implántase como un miradoiro que acaba co percorrido que parte da cúspide da montaña para dende alí considerar a inmensidade da paisaxe. As estanzas protexidas quedan debaixo desta xenerosa cuberta sobre a que Malaparte subía a diario a correr ou montar en bicicleta, e sobre a que destaca un solitario muro branco e curvo como inchado polo vento.
A planta, á súa vez, non ten a disciplinada circulación lateral dos planos de oficio de Libera. Faise obsesivamente simétrica con respecto ao seu eixe lonxitudinal dispoñendo estanzas a cada lado. Mesmo, a planta que queda inmediatamente por debaixo da cuberta obedece a un patrón pouco usual dentro da tipoloxía arquitectónica. Dispón unha gran sala central e nos extremos fragméntase, podería dicirse que esaxeradamente, en dependencias moito menores que gardan estrita simetría con respecto ao eixe. Unha planta chocante na súa xerarquía e tamaños. Dispón dunha escaleira interior de tamaño ridículo e demasiado inclinada para ser trazada pola man experta dun grande arquitecto como Libera. Ordena uns cuartos que non gardan unha racional serie paralela senón que vanse comprimindo a medida que se equilibran nos seus extremos. As ventás son estritamente funcionais, están feitas dende dentro e non gardan ningún patrón aparente, non pretenden parecerse entre si; a maioría son pequenas e miran, como anteollos, moi lonxe, outras, as que serven á gran sala central, se agrandan sen aparente control, querendo ser cadros dun interior que conxela e posúe a maxia do ámbito. Non son ocos feitos con ollos de arquitecto, proveñen máis ben da azarosa necesidade, todo o máis da sistemática da economía e non da serie, a pauta compositiva, ou o entendemento volumétrico global que se percibe no proxecto de Libera.
Mentres Libera garda un misterioso silencio, que tivo a ben manter o resto da súa vida, Malaparte entende a casa como un autorretrato arquitectónico. O escritor fala con orgullo da sabia elección da localización, dos seus materiais, da súa forma, da vida nese lugar, e por suposto asume a completa paternidade da casa; escribe:
“Fun o primeiro en construír unha casa así […], axudado non por arquitectos nin enxeñeiros, senón por un simple mestre de obras. O mellor, o máis honesto, o máis intelixente, e o máis honrado que xamais coñecese, pequeno e extremadamente tranquilo, un home de poucos xestos e palabras[…]El mestre Adolfo Amitrano empezou por sentir a roca[…] Durante meses e meses, equipos de albaneis traballaron neste afastado promontorio de Capri, ata que a casa empezou lentamente a emerxer da rocha coa que estaba vinculada, e así foi collendo forma, revelándose como a máis ousada, intelixente e moderna casa de Capri.”
Na súa famosa novela, tamén levada ao cine, titulada «A pel», Malaparte conta que cando hospedou ao Mariscal Rommel e este preguntoulle pola orixe da casa mentiulle replicándolle que a comprara tal e como estaba e, cun altivo xesto de varrer a inmensidade mirando ao acantilado de Matromania, ás tres xigantes rochas das Faraglioni, á península de Sorrento, á illa das Sereas, ao afastado azul da costa de Amalfi e ás remotas costas de Paestum, lle dixo
“Eu deseñei o escenario”.
Non cabe dúbida que Malaparte se inspirou na pureza e a simplicidade dos modelos da arquitectura Mediterránea, a imaxe do «Teatro» ou da «Domus» clásicos, e que, como tantos outros escritores de finais dos trinta, estaba fortemente influenciado polo clasicismo, o surrealismo e o neorromanticismo, pero hai algo na súa condición de non arquitecto que nos fala dunha actitude atractiva, intensamente afastada da arquitectura máis disciplinar. O resultado provén dunha estraña e persoal busca, supón un achado inesperado. Un obxecto de estrañamento coa forza do insólito.
3.
Pouco a pouco decateime. Esta casa feita por un home de letras, por un navegante da imaxinación, non é tan só unha casa, quere ser ademais un navío. Un épico navío desarborado que, vítima dun violento naufraxio, quedou asentado nun abrupto e afastado promontorio rochoso ao ser expulsado pola brutal forza do mar. Non se construíu para habitar a terra senón para sucar as augas. A súa disposición interior recórdanos a necesidade que tivera de corrixir e equilibrar os cambios de peso dos vaivéns das ondas e os seus muros internos parecen os fósiles das cadernas que un día serviron para rigidizar o zorregado casco. A súa forma máis que arquitectónica é naval.
É inmediato recoñecer no seu volume a proa e a popa, a pequena entrada pola amura de babor, a súa eslora, manga e francobordo, a cuberta e o velame, os zapóns e as escadas laterais de acceso, os camarotes e a ponte de mando. Polo efecto do tempo e a erosión vese que perdeu a arboradura, a enxarcia e a cabuyería, aínda cando aínda mantén un diminuído vela liberada ao vento.
É unha peza de armador, deseñada para permitir a navegación. Construída para gozar do sentimento de liberdade que provoca vivir nunha embarcación, nun invento capaz de ir máis alá dos límites do coñecemento e superar as trabas físicas da realidade. Malaparte construíuse unha «máquina de viaxar», un artefacto que supón, en definitiva, a consecución dunha fantasía, dun sono persoal.
Imaxino a perplexidade que un arquitecto como Libera podería ter sentido se se lle tivese posto na tesitura de resolver tal reto. Só un valente soñador alleo á arquitectura máis disciplinar, un experto narrador coa suficiente enerxía para transformar a súa expresividade nun obxecto real, é capaz de levar a cabo semellante audacia. Normalmente o arquitecto, extremadamente especializado, compórtase con fatal torpeza fóra dos seus dominios. Esta casa, non hai dúbida, é froito dun fecundo artista que decide construír, máis que dun exquisito arquitecto racionalista dos anos trinta que intentan propoñer novos camiños.
Independentemente de interpretacións máis ou menos acertadas, a casa pasou á Historia da Arquitectura, o que permite reflexionar acerca de que o ámbito da Arquitectura non está soamente nas obras dos arquitectos. Traspasa o albor do estritamente profesional para formar parte do amplo mundo da creación material. A Arquitectura, esta casa é bo exemplo diso, está na elocuente capacidade do home para traducir os seus sonos e necesidades en artefactos construídos. Ten que ver con ese momento feliz no que o mental responde con plenitude ao físico e viceversa.
Sergio de Miguel, arquitecto
Madrid, xaneiro 2010




