
Recuerdan los autores de este lugar para el ocio y el deporte:
“vivimos el proyecto en medio de grandes confrontaciones entre los atletas por un lado y los ecologistas por otro. Los primeros no querían ningún árbol, los segundos no querían que ningún árbol fuera derribado.”

Olot, un pequeño pueblo al norte de Gerona, está rodeado por un parque natural volcánico con tupidos bosques de robles centenarios. Debido a un planeamiento urbanístico redactado en un pasado cercano que aún no contemplaba criterios medioambientales, se preveía la construcción de un estadio de atletismo dentro de la masa de robles albar, una especie de muy lento crecimiento. Hace poco más de una década, esta propuesta llegó a generar un conflicto entre la Federación de Deportes y los intereses de los ecologistas. Unos demandaban unas pistas de atletismo en la que los jueces de carrera no tuviesen restricción de vistas a causa de los árboles, mientras los otros luchaban contra la tala de robles. Por otro lado, de no seguir las normativas, la Federación no reconocería las competiciones allí organizadas. Ante esta situación el ayuntamiento pidió al equipo de arquitectos RCR un proyecto que hiciese de mediador entre las dos partes.

Naturaleza de los Juegos
En lugar de comenzar a negociar, y antes de dibujar línea alguna, el equipo de arquitectos RCR (Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramón Vilalta) indagó sobre la conducta humana en relación con el atletismo. Para ello se remontaron directamente a la constitución de los Juegos en la antigua Grecia. Los primeros datos de las Olimpiadas son del año 776 a. C., cuando se organizaron en Olimpia como homenaje a Zeus, y muestran que los juegos se celebraban en la naturaleza. Desde entonces y hasta el decreto del emperador Teodosio I el Grande, cuando, en el año 394 d. C. se abolió su celebración, las Olimpiadas se caracterizaron por un carácter dual entre la religión y la salud física. Los juegos fueron, sin embargo, restablecidos a finales del siglo XIX para potenciar la educación física y seguir la creencia en que la moral y el desarrollo intelectual están basados en la salud.
RCR recuperó el origen de los juegos en la naturaleza y lo propuso como escenario contemporáneo para el atletismo y la reunión social. Su primera tarea fue por tanto buscar el lugar que pudiese establecer un diálogo entre los dos papeles designados al estadio de atletismo: cómo crear un entorno donde naturaleza y deporte no pudiesen ser separados.

El nuevo valor del robledal
La ubicación del proyecto se propuso en un claro del bosque que correspondía a dos antiguos campos de cultivo. Aunque ambos estaban separados por una masa vegetal, la superficie total era suficientemente amplia para acomodar un anillo de 400 metros con seis pistas y las instalaciones anejas para la práctica de atletismo. Si, a priori, ese programa difería bastante de las reivindicaciones ecologistas, se consiguió trazar las pistas respetando los robles a la vez de cumplir con los estrictos controles federativos sobre la visibilidad de las pistas.

A pesar de los árboles, los jueces pueden observar correctamente las salidas y llegadas de las diferentes competiciones, con lo cual todas las carreras están supervisadas.

Por otro lado, al ver a los atletas apareciendo y desapareciendo entre los árboles se añade una diversión entre los espectadores que incrementa el suspense.
El juego de aparecer y desaparecer ya está presente desde el mismo momento en el que se llega al bosque y se abandona el vehículo. Sin todavía ver el estadio, el camino hacia lugar conduce al visitante, introduciéndolo a través de la vista, oído, olfato y tacto, en un acto que nos prepara para un escenario insólito. Los espectadores están sentados en unas gradas realizadas como pequeños taludes, con bloques de hormigón color basalto, que parecen conformar pequeños bancales entre los claros.
Unas altas torres de iluminación actúan como elementos que conversan con los árboles y establecen referencias en el espacio. Mientras, un pequeño elemento de hierro se despliega para acomodar un bar y almacén. El bosque ya es un lugar donde los espectadores pueden disfrutar tanto como los deportistas, mirando la práctica del atletismo y la competición, o incluso nadando en el río Fluvia, junto al pabellón de baño diseñado por estos mismos arquitectos. Ésta es otra sencilla estructura de hierro y acero, con un pequeño bar, vestuarios y, entre ellos, un gran porche que permite a los árboles formar parte de la fachada.

El bosque hace que el espacio de la pista pueda percibirse y esto es, precisamente, el elemento que ha dirigido el proceso de diseño del proyecto. ¿Cuál es aquí el límite entre lo natural y lo artificial? El espectador no puede dar una respuesta precisa, pero puede sentir que se identifica con el lugar, mirando los entrenamientos y las competiciones en la naturaleza, o viniendo con la familia para disfrutar de las pistas entre los robles. Los árboles también participan, juegan con el viento, cambian según las estaciones, llegan a perder sus lobuladas hojas de envés plateado, y, a principios de octubre, llenan las pistas de bellotas. Los viejos robles han sido los materiales de construcción utilizados en este proyecto y, con ellos, se ha creado una nueva realidad que concilia la visión ecologista y deportiva de sus visitantes.
Halldóra Arnardóttir + Javier Sánchez Merina
doctora en historia del arte. doctor arquitecto
Murcia. marzo 2014

There remember the authors of this place for the leisure and the sport:
“We live through the project in the middle of big confrontations between the athletes on the one hand and the ecologists for other one. The first ones did not want any tree, the second ones did not want that any tree was demolished.”

Olot, a small people to the north of Gerona, is surrounded by a volcanic nature reserve by thick forests of centenary oaks. Due to an urban development planning written in a nearby past that still was not contemplating environmental criteria, there was foreseen the construction of a stadium of athletics inside the mass of oaks whitly, a species of very slow growth. It does little more than one decade, this offer managed to generate a conflict between the Federation of Sports and the interests of the ecologists. Some were demanding a few tracks of athletics in that the judges of career did not have restriction of conference because of the trees, while others were fighting against the felling oak. On the other hand, of not following the regulations, the Federation would not recognize the competitions there organized. Before this situation the town hall asked the equipment of architects RCR for a project that it was playing the role of a mediator between both parts.

Nature of the Games
Instead of beginning to negotiate, and before drawing some line, the equipment of architects RCR (Rafael Aranda, Carme Pigem and Ramon Vilalta) investigated on the human conduct in relation with the athletics. For it they went back directly to the constitution of the Games in the former Greece. The first information of the Olympics is of 776 B.C., when Zeus was organized in Olimpia as honoring, and shows that the games were celebrated in the nature. Since then and up to the decree of the emperor Teodosio I Big, when, in 394 A.D. his celebration was abolished, the Olympics were characterized by a dual character between the religion and the physical health. .
RCR recovered the origin of the games in the nature and proposed it as contemporary scene for the athletics and the social meeting. His first task was therefore to look for the place that could establish a dialog between both papers designated to the stadium of athletics: how to create an environment where nature and sport could not be separated.

The new value of the oakwood
The location of the project proposed in the clear one of the forest that it was corresponding to two former fields of culture. Though both were separated by a vegetable mass, the total surface was sufficiently wide to accommodate a ring of 400 meters with six tracks and the attached facilities for the practice of athletics. If, a priori, this program was deferring enough of the environmental recoveries, one managed to plan the tracks respecting the oaks simultaneously of expiring with the strict federative controls on the visibility of the tracks.

In spite of the trees, the judges can observe correctly the exits and arrivals of the different competitions, with which all the careers are supervised.

On the other hand, on having seen the athletes appearing and disappearing between the trees an amusement is added between the spectators that it increases the suspense.
The game of appearing and disappearing already is present from the same moment in the one that comes near to the forest and one leaves the vehicle. Without still seeing the stadium, the way towards place leads the visitor, introducing it across the sight, ear, smell and tact, in an act that prepares us for an unusual scene. The spectators are sat in a few steps realized as small banks, with blocks of concrete color basalt, which small bench-covers seem to shape between the clear ones.
A few high towers of lighting act as elements that converse with the trees and establish references in the space. While, a small element of iron despliega to accommodate a bar and store. The forest already is a place where the spectators can enjoy so much as the sportsmen, looking at the practice of the athletics and the competition, or even wallowing in the river Fluvia, close to the pavilion of bath designed by the same architects. This one is another simple metal framework and steel, with a small bar, wardrobes and, between them, a great porch that allows the trees to form a part of the front.

The forest does that the space of the track could perceive and this is, precisely, the element that has directed the process of design of the project. Which is here the limit between the natural thing and the artificial thing? The spectator cannot give a precise response, but it can feel that he identifies with the place, looking at the trainings and the competitions in the nature, or coming with the family to enjoy the tracks between the oaks. The trees also take part, play with the wind, change according to the stations, his lobuladas manage to lose leaves of silver back, and, at the beginning of October, fill the tracks of acorns. The forest does that the space of The old oaks they have been the materials of construction used in this project and, with them, there has been created a new reality that harmonizes the environmental and sports vision of his visitors.
Halldóra Arnardóttir + Javier Sánchez Merina
doctor in history of the art. doctor architect
Murcia. march 2014

Recordan os autores deste lugar para o ocio e o deporte:
“vivimos o proxecto no medio de grandes confrontacións entre os atletas por un lado e os ecoloxistas por outro. Os primeiros non querían ningunha árbore, os segundos non querían que ningunha árbore fose derrubada.”

Olot, un pequeno pobo ao norte de Xirona, está rodeado por un parque natural volcánico con mestos bosques de carballos centenarios. Debido a un plan urbanístico redactado nun pasado próximo que aínda non consideraba criterios ambientais, prevíase a construción dun estadio de atletismo dentro da masa de carballos albar, unha especie de moi lento crecemento. Fai pouco máis dunha década, esta proposta chegou a xerar un conflito entre a Federación de Deportes e os intereses dos ecoloxistas. Uns demandaban unhas pistas de atletismo na que os xuíces de carreira non tiveran restrición de vistas a causa das árbores, mentres os outros loitaban contra a talla de carballos. Por outro lado, de non seguir as normativas, a Federación non recoñecería as competicións alí organizadas. Ante esta situación o concello pediu ao equipo de arquitectos RCR un proxecto que fixese de mediador entre as dúas partes.

Natureza dos Xogos
En lugar de comezar a negociar, e antes de debuxar liña ningunha, o equipo de arquitectos RCR (Rafael Aranda, Carme Pigem e Ramón Vilalta) indagou sobre a conduta humana en relación co atletismo. Para iso remontáronse directamente á constitución dos Xogos na antiga Grecia. Os primeiros datos das Olimpíadas son do ano 776 a. C., cando se organizaron en Olimpia como homenaxe a Zeus, e mostran que os xogos se celebraban na natureza. Dende entón e ata o decreto do emperador Teodosio I o Grande, cando, no ano 394 d. C. aboliuse a súa celebración, as Olimpíadas caracterizáronse por un carácter dual entre a relixión e a saúde física. Os xogos foron restablecidos, non obstante, a finais do século XIX para potenciar a educación física e seguir a crenza en que a moral e o desenvolvemento intelectual están baseados na saúde.
RCR recuperou a orixe dos xogos na natureza e propúxoo como escenario contemporáneo para o atletismo e a reunión social. A súa primeira tarefa foi polo tanto buscar o lugar que puidese establecer un diálogo entre os dous papeis designados ao estadio de atletismo: como crear un ámbito onde natureza e deporte non puidesen ser separados.

O novo valor da carballeira
A situación do proxecto propúxose nun claro do bosque que correspondía a dous antigos campos de cultivo. Aínda que ambos os dous estaban separados por unha masa vexetal, a superficie total era suficientemente ampla para acomodar un anel de 400 metros con seis pistas e as instalacións anexas para a práctica de atletismo. Se, a priori, ese programa difería bastante das reivindicacións ecoloxistas, conseguiuse trazar as pistas respectando os carballos á vez de cumprir cos estritos controis federativos sobre a visibilidade das pistas.

A pesar das árbores, os xuíces poden observar correctamente as saídas e chegadas das diferentes competicións, co cal todas as carreiras están supervisadas.

Por outro lado, ao ver os atletas aparecendo e desaparecendo entre as árbores engádese unha diversión entre os espectadores que incrementa o suspense.
O xogo de aparecer e desaparecer xa está presente dende o mesmo momento no que se chega ao bosque e abandónase o vehículo. Sen aínda ver o estadio, o camiño cara a lugar conduce o visitante, introducíndoo a través da vista, oído, olfacto e tacto, nun acto que nos prepara para un escenario insólito. Os espectadores están sentados nunhas bancadas realizadas como pequenos noiros, con bloques de formigón cor basalto, que parecen conformar pequenos bancais entre os claros.
Unhas altas torres de iluminación actúan como elementos que conversan coas árbores e establecen referencias no espazo. Mentres, un pequeno elemento de ferro se desprega para acomodar un bar e almacén. O bosque xa é un lugar onde os espectadores poden gozar tanto como os deportistas, mirando a práctica do atletismo e a competición, ou mesmo nadando no río Fluvia, xunto ao pavillón de baño deseñado por estes mesmos arquitectos. Esta é outra sinxela estrutura de ferro e aceiro, cun pequeno bar, vestiarios e, entre eles, un gran soportal que permite ás árbores formar parte da fachada.

O bosque fai que o espazo da pista poida percibirse e isto é, precisamente, o elemento que dirixiu o proceso de deseño do proxecto. Cal é aquí o límite entre o natural e o artificial? O espectador non pode dar unha resposta precisa, pero pode sentir que se identifica co lugar, mirando os adestramentos e as competicións na natureza, ou vindo coa familia para gozar das pistas entre os carballos. As árbores tamén participan, xogan co vento, cambian segundo as estacións, chegan a perder as súas lobuladas follas de envés prateado, e, a principios de outubro, enchen as pistas de landras. Os vellos carballos foron os materiais de construción utilizados neste proxecto e, con eles, creouse unha nova realidade que concilia a visión ecoloxista e deportiva dos seus visitantes.
Halldóra Arnardóttir + Javier Sánchez Merina
doutora en historia del arte. doutor arquitecto
Murcia. marzo 2014





Adorei conhecer seu blog, tem muito artigos bem interessantes. whatsapp web entrar