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Ser o no ser, sobre lo bello | Jorge MeijideSer ou non ser, sobre o belo | Jorge MeijideBe or not be, about the beautiful | Jorge Meijide

Ser o no ser, sobre lo bello

El ver implica, entre otras muchas cosas, la cualidad de la valoración y la comparación y, aunque el acto de ver es bastante complejo y está lleno de significados, cuando hablamos de ver, en lo que a la arquitectura se refiere, una parte la dedicamos a su asociación con lo bello. La belleza es inherente al arte de la arquitectura, o al menos lo era.

La belleza es un asunto tan serio como incómodo, al menos para los que andamos en esto de la arquitectura. Sentimos cierta incomodidad al pronunciarnos sobre ella ante profanos en la materia, gentes felices ajenas a lo nuestro; me gusta o no me gusta sentimos que son apreciaciones que hemos de dejar para otros, nos parece demasiado sencillo recurrir al simple gusto y aderezamos nuestro juicio con criterios aparentemente más objetivos, sesudos y complejos. Cuando alguien nos pregunta si esto o aquello nos gusta, lo hacen casi siempre apelando a nuestros conocimientos específicos esperando una respuesta clara y de peso que sea, generalmente, un aval de su gusto. Esa respuesta, que para otros es tan sencilla, para nosotros es, como decía, cuando menos incómoda. El gusto es la cárcel de la belleza, o viceversa…

Desde que Vitruvio incluyera la venustas entre la tríada de las virtudes y obligaciones de la arquitectura, Firmitas, Utilitas y Venustas, (Firmeza, Utilidad y Belleza), en su tratado De architectura hallá por el año 15 a.c. y más tarde las escuelas de Beaux Arts la confirmaran y la enseñaran, han pasado muchas cosas.

De la belleza se ocupa la estética, rama filosófica escurridiza como la que más, y del gusto se ocupa cada uno, así, directamente. Y ambas son susceptibles de educación. Una parece tan objetiva como la verdad absoluta con la que todos comparamos nuestras aseveraciones, la otra es voluble y cambiante como «la donna» del aria de Rigoletto. Los valores de la belleza-gusto cambian tan rápido como breves son sus reinados, tan pronto se asumen, se cambian. El modelo se saca al mercado, se asume, se vende, y se aprovecha hasta que se vulgariza pasando a canales de digestión más rápidos hasta que se acaban volviendo obsoletos y se cambian por otros. El proceso es cíclico y entrar en el es tan atractivo como banal. Los que llevan tiempo en esto lo saben. En esto, como en casi todo, la experiencia es un grado, y eso viene con el tiempo.

Algunos opinarán que lo bello, o lo bonito, para abreviar, no es lo que buscan, les parece superficial o no les interesa, pero no nos engañemos, eso son complejos, lo bello nos agrada a todos. La búsqueda de la armonía de las proporciones, de la composición equilibrada, la resolución elegante de un proyecto y demás cosas inasibles pero perceptivas forman parte de los anhelos que están inherentes en nuestro trabajo, consciente o inconscientemente. Ahora bien, recordemos que la búsqueda de lo bello como objetivo final deja hueca a la obra de arquitectura y lo que es peor, la condena a tener pronta fecha de caducidad.

En una conferencia titulada «This busssines of Architecture«[1] Lou Kahn pronunciaba las siguientes palabras:

«En mi charla de hoy, hay una cosa que quiero decir cuanto antes. En cierto sentido, cuando digo que la arquitectura no tiene necesariamente que ser bella, lo que quiero decir es que el planteamiento para la resolución de un problema no empieza con la belleza, con la consideración de lo que pensamos es bello. La cosa empieza con muchas más cuestiones; y si el resultado es la belleza, bienvenida sea; si el resultado es feo pero lleva dentro los elementos de la arquitectura, aún tiene esperanzas de llegar a ser también bello; mediante su aplicación o mediante la selección, podría llegar a ser bello. Pero no se puede empezar con esa idea de «esto es bello, luego lo acepto; esto no es belleza y no lo acepto; así que proyectaré todos mis edificios pensando en Mies»(…).

De lo bello se puede acabar diciendo con Bernhard que:

«A pesar de todo, no lo comprendemos, lo entendemos pero no lo comprendemos[2]

jorge meijide . arquitecto
a coruña. septiembre de 2012

Notas:
[1] This Bussines of Architecture. The Student Publication of the School of Architecture of Tulane University, 1953. Extraída del libro Louis I. Kahn. Escritos, Conferencias y Entrevistas. Colección Biblioteca de Arquitectura. El Croquis Editorial. 2003.
[2] El malogrado, Thomas Bernhard, Alfaguara, 2011 (1983).

Be or not be, about the beautiful

To see implies, between other many things, the quality of the valuation and the comparison and, though the act of seeing is complex enough and is full of meanings, when we speak of seeing, in what to the architecture it refers, we dedicate a part to his association with the beautiful thing. The beauty is inherent in the art of the architecture, or at least it it was.

The beauty is a matter so serious as inconvinient, at least for those that we cover in this of the architecture. We feel certain inconvenience on having declared ourselves on her before laymen in the matter, happy peoples foreign to ours; I like it or I do not like it we feel that they are appraisals that we have to leave for others, it seems to us to be too simple to resort to the simple taste and we adorn our judgment with criteria seemingly more aims, brainy and complex. When someone asks us if this or we like that one, they do it almost always appealing to our specific knowledge waiting for a clear response and of weight that is, generally, an endorsement of his taste. This response, which for others is so simple, for us is, as he was saying, less inconvinient when. The taste is the jail of the beauty, or vice versa…

Since Vitruvio was including the venustas between the triad of the virtues and obligations of the architecture, Firmitas, Utilitas and Venustas, (Firmness, Usefulness and Beauty), in his agreement De architectura hallá for the year 15 a.c. and later Beaux Arts’s schools were confirming it and were teaching her, many things have happened.

With the beauty there deals the aesthetics, philosophical slippery branch like that more, and with the taste each one deals, this way, directly. And both are capable of education. One seems to be so objective as the absolute truth with which we we all compare our affirmations, other one is changeable and changeable as » the donna » of Rigoletto’s aria. The values of the beauty – taste change so rapid as brief are his reigns, so soon they are assumed, change. The model is launched onto the market, is assumed, sells, and takes advantage until it is vulgarized going on to more rapid channels of digestion until they end up by becoming obsolete and change for others. The process is cyclical and to enter in is so attractive as banal. Those who go time in this know it. In this, since in almost quite, the experience is a degree, and it comes with the time.

Some of them will think that the beautiful thing, or the nice thing, to be quick, is not for what they look, it seems to them to be superficial or they are not interested in it, but let’s not deceive ourselves, it they are complex, the beautiful thing pleases his all. The search of the harmony of the proportions, of the balanced composition, the elegant resolution of a project and other things inasibles but perceptive they form a part of the longings that are inherent in our work, consciously or unconsciously. Now then, let’s remember that the search of the beautiful thing like final aim stops hollow to the work of architecture and what it is worse, the sentence to having prompt expiry date.

In a qualified conference » This busssines of Architecture «[1] was declaring the following words:

» In my chat of today, there is a thing that I want to say as soon as possible. In a sense, when I say that the architecture does not have necessarily that to be beautiful, which I want to say is that the exposition for the resolution of a problem does not begin with the beauty, with the consideration of what we think it is beautiful. The thing begins with many more questions; and if the result is the beauty, welcome is; if the result is ugly but takes inside the elements of the architecture, still it has hopes to manage to be also beautiful; by means of his application or by means of the selection, it might manage to be beautiful. But it is not possible to begin with this idea of » this is beautiful, then the gently accepted thing; this is not beauty and the gently accepted thing; so I will project all my buildings thinking about Grain » (…).

Of the beautiful thing it is possible to end up by saying with Bernhard that:

» Regardless, we do not understand it, understand it but we do not understand it.«[2]

jorge meijide . architect

a coruña. september, 2012

Notes:

[1] This Bussines of Architecture. The Student Publication of the School of Architecture of Tulane University, 1953. Extraída del libro Louis I. Kahn. Escritos, Conferencias y Entrevistas. Colección Biblioteca de Arquitectura. El Croquis Editorial. 2003.

[2] El malogrado, Thomas Bernhard, Alfaguara, 2011 (1983).

Ser ou no ser, sobre o belo

O ver implica, entre outras moitas cousas, a calidade da valoración e a comparación e, aínda que o acto de ver é bastante complexo e está cheo de significados, cando falamos de ver, no que á arquitectura refírese, unha parte dedicámola á súa asociación co belo. A beleza é inherente á arte da arquitectura, ou polo menos érao.

A beleza é un asunto tan serio como incómodo, polo menos para os que andamos nisto da arquitectura. Sentimos certa incomodidad ao pronunciarnos sobre ela ante profanos na materia, xentes ledas alleas ao noso; gústame ou non me gusta sentimos que son apreciaciones que habemos de deixar para outros, parécenos demasiado sinxelo recorrer ao simple gusto e aderezamos o noso xuízo con criterios aparentemente máis obxectivos, sesudos e complexos. Cando alguén nos pregunta si isto ou aquilo gústanos, fano case sempre apelando aos nosos coñecementos específicos esperando unha resposta clara e de peso que sexa, generalmente, un aval do seu gusto. Esa resposta, que para outros é tan sinxela, para nós é, como dicía, cando menos incómoda. O gusto é o cárcere da beleza, ou viceversa…

Desde que Vitruvio incluíse a venustas entre a tríada das virtudes e obrigacións da arquitectura, Firmitas, Utilitas e Venustas, (Firmeza, Utilidade e Beleza), no seu tratado De architectura hallá polo ano 15 a.c. e máis tarde as escolas de Beaux Arts confirmásena e ensinásena, pasaron moitas cousas.Da beleza ocúpase a estética, rama filosófica escurridiza como a que máis, e do gusto ocúpase cada un, así, directamente. E ambas son susceptibles de educación. Unha parece tan obxectiva como a verdade absoluta coa que todos comparamos as nosas aseveraciones, a outra é voluble e cambiante como «a donna» do aria de Rigoletto. Os valores da beleza-gusto cambian tan rápido como breves son os seus reinados, axiña que se asumen, cámbianse. O modelo sácase ao mercado, asúmese, véndese, e aprovéitase ata que se vulgariza pasando a canles de digestión máis rápidos ata que se acaban volvendo obsoletos e cámbianse por outros. O proceso é cíclico e entrar no é tan atractivo como banal. Os que levan tempo nisto sábeno. Nisto, como en case todo, a experiencia é un grado, e iso vén co tempo.

Algúns opinarán que o belo, ou o bonito, para abreviar, non é o que buscan, parécelles superficial ou non lles interesa, pero non nos enganemos, iso son complexos, o belo agrádanos a todos. A procura da harmonía das proporcións, da composición equilibrada, a resolución elegante dun proxecto e demais cousas inasibles pero perceptivas forman parte dos anhelos que están inherentes no noso traballo, consciente ou inconscientemente. Agora ben, recordemos que a procura do belo como obxectivo final deixa oca á obra de arquitectura e o que é peor, a condena a ter pronta data de caducidade.

Nunha conferencia titulada «This busssines of Architecture»[1] Lou Kahn pronunciaba as seguintes verbas:

«Na miña charla de hoxe, hai unha cousa que quero dicir canto antes. En certo sentido, cando digo que a arquitectura non ten necesariamente que ser bela, o que quero dicir é que a formulación para a resolución dun problema non empeza coa beleza, coa consideración do que pensamos é belo. A cousa empeza con moitas máis cuestións; e si o resultado é a beleza, bienvenida sexa; si o resultado é feo pero leva dentro os elementos da arquitectura, aínda ten esperanzas de chegar a ser tamén belo; mediante a súa aplicación ou mediante a selección, podería chegar a ser belo. Pero non se pode empezar con esa idea de «isto é belo, logo acéptoo; isto non é beleza e non o acepto; así que proxectarei todos os meus edificios pensando en Mies»(…).

Do belo pódese acabar dicindo con Bernhard que:

«Malia todo, non o comprendemos, entendémolo pero non o comprendemos..»[2]

jorge meijide . arquitecto

a coruña. setembr0 de 2012

Notas:

[1] This Bussines of Architecture. The Student Publication of the School of Architecture of Tulane University, 1953. Extraída del libro Louis I. Kahn. Escritos, Conferencias y Entrevistas. Colección Biblioteca de Arquitectura. El Croquis Editorial. 2003.

[2] El malogrado, Thomas Bernhard, Alfaguara, 2011 (1983).

Jorge Meijide Tomás
Jorge Meijide Tomáshttp://jorgemeijide.blogspot.com.es/
Arquitecto por la ETSA de A Coruña desde 1991. Colabora en el estudio de Juan Navarro Baldeweg entre 1991 y 1992. Máster de proyectos integrados por la fundación camuñas, madrid 1992. A la vuelta A Coruña se incorpora al estudio de su padre, Carlos E. Meijide Calvo con el que trabaja hasta 2001. Desde 2004 hasta 2009 colabora con los arquitectos Patricia de Marichalar y Fernando Martínez. En el año 2009 forma, junto con Patricia de Marichalar meijidedemarichalar arquitectos. Desde 2014 trabaja en solitario colaborando con estudios y arquitectos amigos. Es profesor de proyectos arquitectónicos en la Escuela Técnica superior de Arquitectura de A Coruña desde 1997; es tutor de proyecto fin de carrera y ha sido presidente del tribunal de PFC. Colabora con blogs y publicaciones de arquitectura.
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Juan T
Juan T
13 years ago

La belleza es una definición que nunca deberíamos acometer. El ojo sabe ir hacia ella y acunar el resto del cuerpo entretanto.

Espónsor

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