[:es]
Londres tuvo un doble nacimiento. De un lado, estaba Londres propiamente dicho, lo que hoy se conoce como la City, la ciudad de los comerciantes y de los burgueses, y la ciudad también de la Catedral, del obispo. Esta era la población primera y más importante, que no era sede del gobierno, sino del comercio, y que tenía y tiene muy cerca Westminster, es decir, la ciudad del gobierno, la ciudad del Rey. Aún subsiste hoy esa división administrativa entre los municipios de la City y de Westminster, las dos poblaciones más importantes que constituyeron la capital y que fueron seguidas por muchas otras. Pues Londres es la sumatoria de muchas poblaciones cercanas, que con el tiempo se fueron añadiendo, y esto explica su estructura, en cierto modo amorfa y aleatoria, sin trazado geométrico, enorme, llena de vacíos verdes y de muy baja densidad.
Aunque Londres tiene el gran río, el Támesis, tan ancho como para ser un puerto, y al que se asomaban y se asoman la City y Westminster. Pues, a falta de otro trazado, Londres tiene al Támesis como su rasgo estructural primario, pero también como borde o límite, pues el otro lado no es exactamente Londres, sino Southwark. O sea, el suburbio, en realidad, otra ciudad, con otra catedral y otro obispo. Aunque hoy veamos a la capital asomarse al río en sus dos bordes, y todo lleno de magníficos puentes, no debemos confundirnos. Southwark hoy es ya Londres, por supuesto, pero antes no lo era. El río no tenía una condición central -que hoy no tiene todavía de una forma plena- sino de frontera. Southwark era el suburbio, y de ahí que allí estuviera el Globe Theatre de Shakespeare, ya que en el siglo XVI el teatro se consideraba algo de baja nota, casi próximo a los burdeles.
Ha de considerarse este asunto una característica fundamental de la gran ciudad, que en buena medida es un importante defecto, algo corregido, muy poco a poco, y en los últimos tiempos. Que Londres llegara tener el río como un elemento central no comenzó a perseguirse en la zona de Westminster hasta los años 30 del siglo XIX, cuando se hizo el Parlamento, colocado al borde el Támesis. Y que recibió, ya en el siglo XX, algunas réplicas al otro lado, como el edificio del County Council, en la primera parte del siglo, y, luego, después de la 2ª guerra, con la construcción del Royal Festival Hall (arqto. Martin & Co) y el National Theatre (arqto. Denys Louis Lasdun). Pero esta condición de centralidad del río -esto es, con elementos metropolitanos a uno y otro lado- no es en absoluto continua. Vuelve a aparecer con alguna plenitud bastante lejos, al Este, ya enfrente de la City, en la Tate Modern, antigua central eléctrica (arqto. G. G. Scott) convertida en museo (Herzog y De Meuron) y de la que muy recientemente se ha realizado la ampliación. Se relaciona mediante un puente peatonal (arqto. Foster) con la catedral de Saint Paul. Por último, y todavía más al Este, la zona de la torre de Londres, en el lado Norte, se ve replicada en la otra orilla por el nuevo Ayuntamiento, también de Foster.
La ciudad tardará todavía bastante tiempo en corregir de forma definitiva este defecto histórico, pero deberá ir haciéndolo. La condición del río como frontera se puede observar bien todavía al lado de la Catedral, algo separada del Támesis, y con edificaciones de baja calidad y degradadas entre el templo y el río, como si todavía éste fuera un puerto. La zona de Southwark, como está bastante al norte con respecto a Westminster por causa de la forma del río, y a pesar de ser la ribera Sur de éste, se ha convertido en un lugar privilegiado, pero de más baja calidad urbana y edificatoria, por lo que hoy es el área principal de la gran especulación inmobiliaria. Si Londres continúa con su abultada burbuja urbanística, la gran transformación será el Sur, un enorme, dilatadísimo y atractivo terreno horizontal, cuya seductora exploración resulta infinita.
El Norte es un plano casi continuo, ligeramente inclinado hacia el Sur –hacia el río- todavía más infinito, y compuesto por la yuxtaposición de las muy diversas poblaciones que Londres fue anexionando. En la parte baja están los grandes parques procedentes de las fincas reales, como St James, Hyde Park / Kensington Garden y Regent´s Park. Y las zonas centrales y más urbanas y densas. Arriba, más parques, y las zonas menos densas y más residenciales. Por ejemplo, el magnífico parque Pink Rose, desde donde puede verse toda la ciudad, o la Hampstead Garden Suburb, una de las ciudades jardín más sofisticadas y atractivas.
La falta de trazado geométrico general hizo que la arquitectura, singular o continua, tuviera mucha más importancia que en otras ciudades, en las que el plano resulta más básico. Ya en el siglo XVII, y posteriormente a la Reforma, el goticismo de la ciudad fue alterado mediante la importancia que la Corona, aceptando las ideas de su arquitecto Inigo Jones, concedió a la arquitectura clásica de tradición italiana, que fue aceptada como modelo primario, aunque fue, poco a poco transformada en británica. Así, durante los siglos XVII, XVIII y principios del XIX, la ciudad fue convertida en una ciudad clásica, sobre todo mediante los edificios religiosos y oficiales. Una ciudad de un clasicismo britanizado, pero clásica al fin.
Pero en 1666 un gran incendio destruyó por completo la City. El arquitecto real, Christopher Wren, no pudo reformar la ciudad, como él y el Rey habían querido, pero a cambio construyó la nueva Catedral, Saint Paul, a la manera de una nueva Roma, de un nuevo San Pedro. Y construyó también infinidad de nuevas parroquias, creando los tipos de iglesia anglicana, y originando una tradición que llegó hasta el siglo XIX y que convirtió a la red de los templos parroquiales en una verdadera estructura urbana. A pesar de las grandes alturas y de las múltiples transformaciones, todavía puede vislumbrarse esto hoy, aunque resulte desdibujado.
Desde el siglo XVII al XIX, la Corona, los aristócratas y los grandes propietarios y comerciantes construyeron pequeñas operaciones urbanísticas (las squares –plazas cuadradas-, los crescent –plazas semicirculares- y las terraces –hileras de casas) para alquilar viviendas a la burguesía. Lo hicieron a lo largo de los siglos “clásicos” y realizaron con ello otro de los instrumentos urbanos más importantes y característicos de la ciudad. Squares, Crescent y Terraces no son otra cosa que hileras de casas verticales, de 4 o 5 alturas, que se constituyen al modo de edificios grandes y que llegan a disfrazarse incluso de palacios y a tomar con ellos la forma que se desea. Es decir, sirvieron de instrumentos ideales para la calidad del espacio urbano. A estas operaciones de pequeño urbanismo, y de especulación de las clases altas, debe Londres sus arquitecturas domésticas y sus espacios urbanos más atractivos, compensatorios con creces de la falta del trazado.
No obstante, al principio del siglo XIX, otro arquitecto de la Corona, John Nash, trazó el Regent´s Park, el Park Crescent, y la gran calle compuesta por Portland Place, Regent Street, Picadilly Circus, y su prolongación hasta Pall Mall y Waterloo Place, en la zona de St James. Hecha por encargo del Príncipe regente, fue la reforma urbana más importante de la ciudad, casi única, y estructuró muy convenientemente el Noroeste de Westminster. Con esta reforma se construyó el Londres comercial más importante y se finalizó el período clásico.
Y comenzó el romántico. Con el nuevo Parlamento, para el que se hizo un concurso en el que se obligaba a presentar proyectos góticos o de renacimiento propiamente inglés, se dio la espalda al Londres clásico, ya consumado, para iniciar un nuevo disfraz, sensible al nuevo gusto: un Londres gótico, neo tudor y neo británico, en general. La ciudad inició así la mezcla y convivencia de dos ideales, el clásico y el romántico, y la prosperidad británica durante el siglo XIX hizo que este último fuera enseguida muy notorio y que, casi, se considerara incluso más característico. Las casas neo isabelinas, de ladrillo y piedra blanca, llenas de detalles historicistas, son hoy para mucha gente la auténtica representación de la ciudad.
Pero no todo estaba hecho. A final de siglo y principios del XX se inició un nuevo período clasicista. Pero, sobre todo, nació otro nuevo ideal, el moderno, que fue tan solo incipiente antes de la segunda guerra, pero que se convirtió en definitivo e importantísimo después de ésta. Otro carácter aún, otro disfraz, venía a superponerse al clásico y al romántico. Y la ciudad, tan bien representada por la arquitectura, es fruto de ello.
Así, pues, con una estructura urbana compuesta por el río, los grandes parques, y la impronta de las poblaciones que iba absorbiendo. Extensa y con escasa densidad, apoya da en la arquitectura singular y en la de las parroquias, en las operaciones de micro urbanismo (squares, crescents y terraces), caracterizada por tres disfraces sucesivos, clásico, romántico y moderno, la gran ciudad capital del Reino Unido es la más grande e importante de Europa. Y, además, una de las más bellas, sino la más. Y de las más interesantes y atractivas. Sino la más.
Antonio González-Capitel Martínez · Doctor arquitecto · catedrático en ETSAM
Madrid · julio 2016
Notas:
«Londres, ciudad disfrazada. La arquitectura en la formación del carácter de la capital británica«. Ed. Abada, Madrid. 2013.
«London´s hundred best buildings«. Ed. Cruzial, Santander, 2016.
[:gl]
Londres tivo un dobre nacemento. Dun lado, estaba Londres propiamente devandito, o que hoxe se coñece como a City, a cidade dos comerciantes e dos burgueses, e a cidade tamén da Catedral, do bispo. Esta era a poboación primeira e máis importante, que non era sede do goberno, senón do comercio, e que tiña e ten moi preto Westminster, é dicir, a cidade do goberno, a cidade do Rey. Aínda subsiste hoxe esa división administrativa entre os municipios da City e de Westminster, as dúas poboacións máis importantes que constituíron a capital e que foron seguidas por moitas outras. Pois Londres é a sumatoria de moitas poboacións próximas, que co tempo fóronse engadindo, e isto explica a súa estrutura, en certo xeito amorfa e aleatoria, sen trazado xeométrico, enorme, chea de baleiros verdes e de moi baixa densidade.
Aínda que Londres ten o gran río, o Támesis, tan ancho como para ser un porto, e ao que se asomaban e asómanse a City e Westminster. Pois, a falta doutro trazado, Londres ten ao Támesis como o seu trazo estrutural primario, pero tamén como bordo ou límite, pois o outro lado non é exactamente Londres, senón Southwark. Ou sexa, o suburbio, en realidade, outra cidade, con outra catedral e outro bispo. Aínda que hoxe vexamos á capital asomarse ao río nos seus dous bordos, e todo cheo de magníficas pontes, non debemos confundirnos. Southwark hoxe é xa Londres, por suposto, pero antes non o era. O río non tiña unha condición central -que hoxe non ten aínda dunha forma plena- senón de fronteira. Southwark era o suburbio, e por iso é polo que alí estivese o Globe Theatre de Shakespeare, xa que no século XVI o teatro considerábase algo de baixa nota, case próximo aos bordeis.
Ha de considerarse este asunto unha característica fundamental da gran cidade, que en boa medida é un importante defecto, algo corrixido, moi aos poucos, e nos últimos tempos. Que Londres chegase ter o río como un elemento central non comezou a perseguirse na zona de Westminster ata os anos 30 do século XIX, cando se fixo o Parlamento, colocado ao bordo o Támesis. E que recibiu, xa no século XX, algunhas réplicas alén, como o edificio do County Council, na primeira parte do século, e, logo, despois da 2ª guerra, coa construción do Royal Festival Hall (arqto. Martin & Co) e o National Theatre (arqto. Denys Louis Lasdun). Pero esta condición de centralidade do río -isto é, con elementos metropolitanos a ambos os dous lados- non é en absoluto continua. Volve aparecer con algunha plenitude bastante lonxe, ao Leste, xa enfronte da City, na Tate Modern, antiga central eléctrica (arqto. G. G. Scott) convertida en museo (Herzog e De Meuron) e da que moi recentemente realizouse a ampliación. Relaciónase mediante unha ponte peonil (arqto. Foster) coa catedral de Saint Paul. Por último, e aínda máis ao Leste, a zona da torre de Londres, no lado Norte, vese replicada na outra beira polo novo Concello, tamén de Foster.
A cidade tardará aínda bastante tempo en corrixir de forma definitiva este defecto histórico, pero deberá ir facéndoo. A condición do río como fronteira pódese observar ben aínda á beira da Catedral, algo separada do Támesis, e con edificacións de baixa calidade e degradadas entre o templo e o río, coma se aínda este fose un porto. A zona de Southwark, como está bastante ao norte con respecto a Westminster por causa da forma do río, e a pesar de ser a ribeira Sur deste, converteuse nun lugar privilexiado, pero de máis baixa calidade urbana e edificatoria, polo que hoxe é a área principal da gran especulación inmobiliaria. Se Londres continúa coa súa avultada burbulla urbanística, a gran transformación será o Sur, un enorme, dilatadísimo e atractivo terreo horizontal, cuxa sedutora exploración resulta infinita.
O Norte é un plano case continuo, lixeiramente inclinado cara ao Sur –cara ao río- aínda máis infinito, e composto pola yuxtaposición das moi diversas poboacións que Londres foi anexionando. Na parte baixa están os grandes parques procedentes das leiras reais, como St James, Hyde Park / Kensington Garden e Regent´ s Park. E as zonas centrais e máis urbanas e densas. Arriba, máis parques, e as zonas menos densas e máis residenciais. Por exemplo, o magnífico parque Pink Rose, desde onde pode verse toda a cidade, ou a Hampstead Garden Suburb, unha das cidades xardín máis sofisticadas e atractivas.
A falta de trazado xeométrico xeneral fixo que a arquitectura, singular ou continua, tivese moita máis importancia que noutras cidades, nas que o plano resulta máis básico. Xa no século XVII, e posteriormente á Reforma, o goticismo da cidade foi alterado mediante a importancia que a Coroa, aceptando as ideas do seu arquitecto Inigo Jones, concedeu á arquitectura clásica de tradición italiana, que foi aceptada como modelo primario, aínda que foi, aos poucos transformada en británica. Así, durante os séculos XVII, XVIII e principios do XIX, a cidade foi convertida nunha cidade clásica, sobre todo mediante os edificios relixiosos e oficiais. Unha cidade dun clasicismo britanizado, pero clásica ao fin.
Pero en 1666 un gran incendio destruíu por completo a City. O arquitecto real, Christopher Wren, non puido reformar a cidade, como el e o Rey quixeran, pero a cambio construíu a nova Catedral, Saint Paul, á maneira dunha nova Roma, dun novo San Pedro. E construíu tamén infinidade de novas parroquias, creando os tipos de igrexa anglicana, e orixinando unha tradición que chegou ata o século XIX e que converteu á rede dos templos parroquiais nunha verdadeira estrutura urbana. A pesar das grandes alturas e das múltiples transformacións, aínda pode albiscarse isto hoxe, aínda que resulte esvaecido
Desde o século XVII ao XIX, a Coroa, os aristócratas e os grandes propietarios e comerciantes construíron pequenas operacións urbanísticas (as squares –prazas cadradas-, os crescent –prazas semicirculares- e as terraces –fileiras de casas) para alugar vivendas á burguesía. Fixérono ao longo dos séculos “clásicos” e realizaron con iso outro dos instrumentos urbanos máis importantes e característicos da cidade. Squares, Crescent e Terraces non son outra cousa que fileiras de casas verticais, de 4 ou 5 alturas, que se constitúen ao modo de edificios grandes e que chegan a disfrazarse mesmo de palacios e a tomar con eles a forma que se desexa. É dicir, serviron de instrumentos ideais para a calidade do espazo urbano. A estas operacións de pequeno urbanismo, e de especulación das clases altas, debe Londres as súas arquitecturas domésticas e os seus espazos urbanos máis atractivos, compensatorios con fartura da falta do trazado.
Con todo, ao principio do século XIX, outro arquitecto da Coroa, John Nash, trazou o Regent´ s Park, o Park Crescent, e a gran rúa composta por Portland Place, Regent Street, Picadilly Circus, e a súa prolongación ata Pall Mall e Waterloo Place, na zona de St James. Feita por encargo do Príncipe rexente, foi a reforma urbana máis importante da cidade, case única, e estruturou moi convenientemente o Noroeste de Westminster. Con esta reforma construíuse o Londres comercial máis importante e finalizouse o período clásico.
E comezou o romántico. Co novo Parlamento, para o que se fixo un concurso no que se obrigaba a presentar proxectos góticos ou de renacemento propiamente inglés, deuse as costas ao Londres clásico, xa consumado, para iniciar un novo disfrace, sensible ao novo gusto: un Londres gótico, neo tudor e neo británico, en xeral. A cidade iniciou así a mestura e convivencia de dous ideais, o clásico e o romántico, e a prosperidade británica durante o século XIX fixo que este último fóra enseguida moi notorio e que, case, considerásese mesmo máis característico. As casas neo isabelinas, de ladrillo e pedra branca, cheas de detalles historicistas, son hoxe para moita xente a auténtica representación da cidade.
Pero non todo estaba feito. A final de século e principios do XX iniciouse un novo período clasicista. Pero, sobre todo, naceu outro novo ideal, o moderno, que foi tan só incipiente antes da segunda guerra, pero que se converteu en definitivo e importantísimo despois desta. Outro carácter aínda, outro disfrace, viña superpoñerse ao clásico e ao romántico. E a cidade, tan ben representada pola arquitectura, é froito diso.
Así, pois, cunha estrutura urbana composta polo río, os grandes parques, e o sinal das poboacións que ía absorbendo. Extensa e con escasa densidade, apoia dá na arquitectura singular e na das parroquias, nas operacións de micro urbanismo ( squares, crescents e terraces), caracterizada por tres disfraces sucesivos, clásico, romántico e moderno, a gran cidade capital do Reino Unido é a máis grande e importante de Europa. E, ademais, unha das máis belas, senón a máis. E das máis interesantes e atractivas. Senón a máis.
Antonio González-Capitel Martínez · Doutor arquitecto · catedrático na ETSAM
Madrid · xullo 2016
Notas:
«Londres, a cidade disfrazada. A arquitectura na formación do carácter da capital británica«. Ed. Abada, Madrid. 2013.
«London´s hundred best buildings«. Ed. Cruzial, Santander, 2016.
[:en]
London had a double birth. On the one hand, there was London proper, what is now known as the City, the city of the merchants and the bourgeoisie, and the city also of the Cathedral, of the bishop. This was the first and most important population, which was not the seat of government, but of commerce, and which had and has very close Westminster, that is, the city of government, the city of the King. There is still today that administrative division between the municipalities of the City and Westminster, the two most important towns that constituted the capital and that were followed by many others. For London is the sum of many nearby towns, which over time were added, and this explains its structure, somewhat amorphous and random, without geometric layout, huge, full of green voids and very low density.
Although London has the great river, the Thames, so wide as to be a port, and to which the City and Westminster peek out and peek out. Well, in the absence of another layout, London has the Thames as its primary structural feature, but also as an edge or limit, because the other side is not London, but Southwark. That is, the suburb, in fact, another city, with another cathedral and another bishop. Although today we see the capital peer into the river on its two edges, and all full of magnificent bridges, we must not be confused. Southwark today is already London, of course, but before it was not. The river did not have a central condition – which today does not yet have a full form – but a frontier. Southwark was the suburb, and hence there was the Globe Theater of Shakespeare, since in the sixteenth century the theater was considered something of low note, almost close to the brothels.
This issue must be considered a fundamental characteristic of the big city, which is largely an important defect, something corrected, very little by little, and in recent times. That London came to have the river as a central element did not begin to be pursued in the Westminster area until the 30s of the 19th century, when Parliament was made, placed on the edge of the Thames. And that received, already in the twentieth century, some replicas on the other side, such as the County Council building, in the first part of the century, and then, after the 2nd war, with the construction of the Royal Festival Hall (arch. Martin & Co) and the National Theater (Arch. Denys Louis Lasdun). But this condition of centrality of the river-that is, with metropolitan elements on either side-is not at all continuous. It reappears with some plenitude far enough, to the East, and in front of the City, in the Tate Modern, old power station (Arch G. G. Scott) converted into a museum (Herzog & De Meuron) and from which very recently it has been realized the extension. It is connected by a pedestrian bridge (Arch. Foster) with Saint Paul’s Cathedral. Finally, and still further east, the area of the Tower of London, on the north side, is replicated on the other side by the new City Hall, also by Foster.
The city will still take a long time to correct this historical defect definitively, but it must do so. The condition of the river as a border can be seen well still next to the Cathedral, something separated from the Thames, and with low quality and degraded buildings between the temple and the river, as if this were still a port. The area of Southwark, as it is quite north of Westminster because of the shape of the river, and despite being the south bank of it, has become a privileged place, but of lower urban and building quality, for what today is the main area of the great real estate speculation. If London continues with its bulging urban bubble, the great transformation will be the South, a huge, dilated and attractive horizontal terrain, whose seductive exploration is endless.
The North is an almost continuous plane, slightly inclined towards the South – towards the river – still more infinite, and composed by the juxtaposition of the very diverse populations that London was annexing. In the lower part are the large parks from the royal estates, such as St James, Hyde Park / Kensington Garden and Regent’s Park. And the central areas and more urban and dense. Up, more parks, and the less dense and more residential areas. For example, the magnificent Pink Rose park, from which the whole city can be seen, or the Hampstead Garden Suburb, one of the most sophisticated and attractive garden cities.
The lack of general geometric layout made the architecture, singular or continuous, much more important than in other cities, where the plan is more basic. Already in the seventeenth century, and after the Reformation, the Gothicism of the city was altered by the importance that the Crown, accepting the ideas of its architect Inigo Jones, granted to the classical architecture of Italian tradition, which was accepted as a primary model , although it was, little by little transformed into British. Thus, during the seventeenth, eighteenth and early nineteenth centuries, the city was converted into a classical city, especially through religious and official buildings. A city of a classicized britanizado, but classic at the end.
But in 1666 a great fire completely destroyed the City. The royal architect, Christopher Wren, could not reform the city, as he and the King had wanted, but in return he built the new Cathedral, Saint Paul, in the manner of a new Rome, of a new Saint Peter. And he also built an infinity of new parishes, creating the types of Anglican churches, and originating a tradition that reached the nineteenth century and that turned the network of parish temples into a true urban structure. Despite the great heights and the multiple transformations, this can still be glimpsed today, even if it is blurred.
From the seventeenth to the nineteenth century, the Crown, the aristocrats and large landowners and merchants built small urban operations (squares-square squares, crescent-semicircular plazas and terraces-rows of houses) to rent housing to the bourgeoisie . They did it over the centuries «classic» and made with it another of the most important and characteristic urban instruments of the city. Squares, Crescent and Terraces are nothing more than rows of vertical houses, of 4 or 5 heights, that are constituted in the manner of large buildings and that even disguise themselves as palaces and take with them the form that is desired. That is, they served as ideal instruments for the quality of urban space. To these operations of small urbanism, and of speculation of the upper classes, London owes its domestic architectures and its more attractive urban spaces, more than compensating for the lack of layout.
However, at the beginning of the nineteenth century, another architect of the Crown, John Nash, drew the Regent’s Park, the Park Crescent, and the great street composed of Portland Place, Regent Street, Picadilly Circus, and its extension to Pall Mall and Waterloo Place, in the area of St James. Made by order of the Prince Regent, it was the most important urban reform of the city, almost unique, and very conveniently structured the Northwest of Westminster. With this reform, the most important commercial London was built and the classical period was completed.
And the romantic began. With the new Parliament, for which a contest was held in which he was forced to present Gothic projects or rebellion properly English, he turned his back on the classic London, already consummate, to start a new disguise, sensitive to new taste: a Gothic London, neo tudor and neo British, in general. The city thus began the mixture and coexistence of two ideals, the classic and romantic, and British prosperity during the nineteenth century made the latter immediately very noticeable and almost considered even more characteristic. The neo-Elizabethan houses, made of brick and white stone, full of historicist details, are today for many people the true representation of the city.
But not everything was done. At the end of the century and the beginning of the twentieth century a new classicist period began. But, above all, another new ideal was born, the modern one, which was only incipient before the second war, but which became definitive and very important after it. Another character, another disguise, came to overlap the classic and the romantic. And the city, so well represented by architecture, is the fruit of it.
Thus, with an urban structure composed of the river, the large parks, and the imprint of the populations that were absorbing. Extensive and with low density, it supports the singular architecture and that of the parishes, in micro-urbanism operations (squares, crescents and terraces), characterized by three successive, classic, romantic and modern disguises, the capital’s great capital city. The United Kingdom is the largest and most important in Europe. And, in addition, one of the most beautiful, if not the most. And the most interesting and attractive. But the most.
Antonio González-Capitel Martínez · PhD architect · professor at ETSAM
Madrid · july 2016
Notes:
«Londres, city in disguise. The architecture in character formation of the British capital«. Ed. Abada, Madrid. 2013.
«London´s hundred best buildings«. Ed. Cruzial, Santander, 2016.
[:]




