Entre Ford y Lewerentz | Jorge Meijide

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entre ford y lewerentz

Me confieso un cinéfilo impenitente en su más estricta definición[2], aunque también puedo decir lo mismo de la arquitectura. Soy también un arquitecto impenitente. Cronológicamente hablando el cine llegó antes así que, como al primer amor, le guardo un lugar especial y, al igual que la arquitectura, me ha dado grandes alegrías y también grandes decepciones.

Aunque del paralelismo entre las dos se ha dicho mucho, quiero apoyarme en ambas artes, pues ambas lo son, para divagar un poco sobre el hecho creativo. Las dos requieren grandes actos de creación y, aunque para llevarlas a cabo haga falta la concurrencia de mas gente, su punto de partida es individual. No es que niegue la autoría colectiva en obras de una y otra, pero es que yo creo que la creación es un acto eminentemente individual. Uno crea y dos comparten. Es un camino que hay que recorrer con cierta introspección. Un camino individual.

Me adentro pues en el oficio del artesano que, como Ford o Lewerentz, aspiraban a ser meros profesionales en eso de contar historias o de construir espacios. Profesionales con un modo de hacer poderoso con lo que aparentemente era un genio natural, convertidos en verdaderos artistas de su oficio que, por medio de su claro y directo lenguaje, no necesitaban hacerse notar ellos mismos y si sus realizaciones y por extensión su visión de las cosas. su obra hablaba por ellos.

En una entrevista Humberto Eco nos hablaba de su consciente y buscada ambigüedad para que el lector hallara sus propias interpretaciones de la historia que estaba relatando, con lo que podía dejar al lector ciertos caminos abiertos para conducir su propio relato y establecer relaciones. La Diligencia o la Iglesia de San Marcos rezuman plenitud visual y espacial y ambas cuentan una historia aparentemente acabada, pero ambas esconden más de lo que muestran y por ello son también obras profundas y complejas. Como toda buena obra admiten constantes revisiones que varían en función del espectador. En ese sentido son también obras abiertas.

Decía Louis Kahn que cada obra es una ofrenda a la arquitectura[3]. No conviene pues desaprovechar la oportunidad. Nos enfrentamos continuamente a edificios que se proponen más asombrar que transmitir. Asistimos a un panorama en el que nos hemos acostumbrado a confundir la arquitectura con edificios que no la honran. Edificios que transmiten sin emoción, pero con mucha imagen, discursos vacíos o excesivamente ligeros y pasajeros. Las obras son ocasiones para la arquitectura, al tiempo que deben ser transmisoras de placer, pasión y emoción. Pere Gimferrer, en su prólogo al Arte Poética de Jorge Luis Borges[4] nos habla de como el autor nos enseña a reconocer la literatura y a no confundirla con los libros, objetos siempre a la espera de un lector.

Tanto John Ford (1894-1973) como Sigurd Lewerentz (1885-1975), contemporáneos y creadores longevos ambos, eran parcos en palabras. De Ford basta con ver alguna de sus entrevistas para constatarlo y de Lewerentz… apenas nada. Sus obras no son fruto de coyunturas pasajeras. Hablan por ellos sin necesidad de explicaciones y, aunque de ellas no se han librado, podemos imaginarlos sonriendo ante tales intentos, olvidando que lo que ambos crearon era producto directo de un oficio, de un modo de ver las cosas, de un modo de vivir. Entre Ford y Lewerentz está la cosa.

jorge meijide . arquitecto
a coruña. febrero de 2012

notas:
[1] Imágenes de “La diligencia” de John Ford, 1939, [fuente: soloparagourmets.blogspot.com] e Interior de la Iglesia de San Marcos de Sigurd Lewetentz, 1956. [fotografia: Kalle Söderman, fuente:wikipedia.org]
[2] “Aquel que persevera en un hábito o que se obstina en el pecado – que persevera en él sin arrepentimiento”. Diccionario de la RAE.
[3] “Primero quiero empezar diciendo que la arquitectura no existe. lo que si existe es cada obra concreta de arquitectura. y una obra es una ofrenda a la arquitectura, con la esperanza de que dicha obra pueda llegar a formar parte del tesoro de la arquitectura”. Louis I. Kahn, Declaraciones sobre la arquitectura, Politécnico de Milán, enero de 1967.
[4] Arte poética. Seis conferencias. Jorge Luis Borges. Ed. Crítica.

Arquitecto por la ETSA de A Coruña desde 1991. Colabora en el estudio de Juan Navarro Baldeweg entre 1991 y 1992. Máster de proyectos integrados por la fundación camuñas, madrid 1992. A la vuelta A Coruña se incorpora al estudio de su padre, Carlos E. Meijide Calvo con el que trabaja hasta 2001. Desde 2004 hasta 2009 colabora con los arquitectos Patricia de Marichalar y Fernando Martínez. En el año 2009 forma, junto con Patricia de Marichalar meijidedemarichalar arquitectos.

Desde 2014 trabaja en solitario colaborando con estudios y arquitectos amigos. Es profesor de proyectos arquitectónicos en la Escuela Técnica superior de Arquitectura de A Coruña desde 1997; es tutor de proyecto fin de carrera y ha sido presidente del tribunal de PFC. Colabora con blogs y publicaciones de arquitectura.

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