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[:es]Un modelo que abrió caminos | Óscar Tenreiro Degwitz[:gl]Un modelo que abriu camiños | Óscar Tenreiro Degwitz[:en]A model that opened roads | Óscar Tenreiro Degwitz[:]

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“…Como un gran trasatlántico…” | Fuente: oscartenreiro.com
“…Como un gran trasatlántico…” | Fuente: oscartenreiro.com

Hablé aquí la última vez de la Unidad de Marsella, terminada en 1953, como un edificio emblemático del siglo veinte. Puede ser útil hablar de este edificio y de lo que lo originó.

La explosión político-social europea de las primeras décadas del siglo veinte, produjo, tenía que producirlo, un cambio radical de perspectiva en cuanto a la forma de ver la arquitectura y en consecuencia la ciudad. De ese caldo complejo surgió lo que hemos llamado “el Movimiento Moderno” en arquitectura, un nuevo modo de expresar la forma arquitectónica y la forma urbana. Se hizo mucha ideología repetitiva y mimética pero también se produjeron imágenes de arquitectura que prefiguraban un cambio estético importante y radical.

Hubo, en los primeros años, la segunda década del veinte, efecto de la Primera Guerra, pocas realizaciones concretas, pero de 1920 en adelante se construyó mucha arquitectura que era consecuencia del nuevo modo de pensar. Alemania perdió esa guerra pero fue allí, paradójicamente, donde florecieron los mejores ejemplos. La “República de Weimar” (1919-1933) construyó conjuntos de vivienda que todavía hoy suscitan interés. En el resto de Europa sin embargo, exceptuando Holanda y los países escandinavos, se hizo muy poco. Francia lucía agobiada por el peso de la victoria y una visión inflada de sí misma.

En el campo de las artes plásticas París era un centro en ebullición, pero la arquitectura “moderna” estaba confinada a discusiones académicas, confrontada por la tradición Beaux Arts (fundadora de los estudios de arquitectura), dueña excluyente de la escena. En ese ambiente, Le Corbusier (1887-1965), radicado en París desde el diecinueve, producía, con peculiar energía y un rigor divulgativo que lo convirtió en celebridad temprana, imágenes de todo tipo en torno a su concepción de la nueva ciudad y sus ideas sobre la vivienda para las masas. De esa preocupación sobre la vivienda, común a todos los arquitectos “de vanguardia”, surge su concepción de “la Unidad de Habitación de tamaño adecuado”, la Unité, cuyo prototipo iría a ser la de Marsella.

La tesis fundamental de LC era “recuperar las condiciones de naturaleza” en la ciudad. Era una tesis análoga a las del socialismo utópico de fines del 19 y afin, a pesar de su radical diferencia en cuanto al tipo de ciudad resultante, a la visión americana de Frank Lloyd Wright (1869-1960) en su “Broadacre City”, que ofrecía una parcela de tierra a cada familia. Pero LC no era un utópico, era un hombre “alejado de todo propósito filosófico” que quería construir, y su idea de recuperación de la naturaleza no implicaba desaparición de la ciudad sino la reorganización de la vivienda en unidades concentradas que permitirían recuperar el suelo para el verde.

Por eso hablaba de “dimensiones adecuadas” (grandeur conforme en francés) implicando que el edificio debía ser de cierta magnitud (de 300 a 500 apartamentos) para realmente justificar la concentración y a la vez liberar para el verde de dos a tres hectáreas de terreno, asumiendo cuatro personas por familia y, en consecuencia una densidad que podría estar entre 400 y 600 habitantes por hectárea, bastante alta en promedio para cualquier ciudad.

La visión de LC, como ocurre con cualquier visión pionera, sufrió la prueba de sus aspectos más débiles. Por una parte resultó prácticamente imposible preservar la liberación del suelo. Al concentrarse las viviendas en un edificio, la actitud tecnocrática (que Oriol Bohigas llama militar o ingenieril), ante la presión de la cantidad, habría de ser la de invadir lo recuperado con más edificios. Y tampoco se cumplieron otras de sus expectativas, lo que sería largo discutir aquí. Pero el concepto debía ser probado en construcción, exigía su realización. Marsella tenía vocación de prototipo.

El pre-escolar del techo de la Unidad de Marsella como jardín de infancia | Fuente: oscartenreiro.com
El pre-escolar del techo de la Unidad de Marsella como jardín de infancia | Fuente: oscartenreiro.com

Y los prototipos tienen siempre enemigos porque son ejemplos reales de un nuevo modo de hacer las cosas, en este caso la vivienda de las mayorías, concebida dejando atrás hábitos y modos de vida. Pero los hábitos son resistentes. Lo habitual aspira a ser permanente y cuando se le quiere cambiar reacciona con amargura.

Por eso un prototipo permite abrir puertas, permite reconocer errores, abre espacio a un futuro al ser ejemplo que puede servir de apoyo a nuevas experiencias. En la historia del Movimiento Moderno en arquitectura se pueden identificar diversos prototipos entre los cuales, vuelvo a resaltar la paradoja, tienen un lugar especial las realizaciones alemanas de la preguerra, las “siedlung”, conjuntos de vivienda de la social-democracia, y uno muy especial promovido por la ciudad de Stuttgart en el suburbio de Wiesenhoff, que con sus casas de paredes blancas y techos planos marcó época en lo que los críticos llamaron el “estilo internacional” .

Si entendemos la palabra revolución como cambio radical y no como la ve el marxismo o el nihilismo de la violencia, de la lucha de clases y de la tabula rasa, los prototipos han probado ser, a la larga, verdaderos instrumentos revolucionarios. En la sociedad moderna eso es aún más verdadero: lo revolucionario está asociado a la realización física. Los cambios jurídicos e institucionales se prueban en el hacer, en la capacidad de generar las condiciones para que se hagan las cosas, desde un chip hasta un hospital.

Y allí está la prueba del fracaso de esta bobería que los oficialistas venezolanos siguen llamando revolución, en su incapacidad, bañada en dólares rentistas, para producir algo que diga: esto es lo que proponemos, las palabras sobran. Porque el Caudillo lo que exige son palabras, no puede vivir sin ellas. Se da por satisfecho hablando y dando órdenes.

Marsella hizo innecesarias las palabras que promovían los principios que la inspiraron porque hubo políticos que permitieron que se hiciera. Y suscitó la controversia sobre sus ventajas y desventajas, dándole paso con ello a una nueva fase de la historia de la arquitectura. Por eso fue revolucionaria. Y todavía hoy tiene mucho que enseñarnos.

Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, febrero 2008,
Entre lo Cierto y lo Verdadero[:gl]

“…Como un gran trasatlántico…” | Fuente: oscartenreiro.com
“…Como un gran trasatlántico…” | Fuente: oscartenreiro.com

Falei aquí a última vez da Unidade de Marsella, terminada en 1953, como un edificio emblemático do século vinte. Pode ser útil falar deste edificio e do que o orixinou.

A explosión político-social europea das primeiras décadas do século vinte, produciu, tiña que producilo, un cambio radical de perspectiva en canto á forma de ver a arquitectura e en consecuencia a cidade. Dese caldo complexo xurdiu o que chamamos “o Movemento Moderno” en arquitectura, un novo modo de expresar a forma arquitectónica e a forma urbana. Fíxose moita ideoloxía repetitiva e mimética pero tamén se produciron imaxes de arquitectura que prefiguraban un cambio estético importante e radical.

Houbo, nos primeiros anos, a segunda década do vinte, efecto da Primeira Guerra, poucas realizacións concretas, pero de 1920 en diante construíuse moita arquitectura que era consecuencia do novo modo de pensar. Alemaña perdeu esa guerra pero foi alí, paradoxalmente, onde floreceron os mellores exemplos. A “República de Weimar” (1919-1933) construíu conxuntos de vivenda que aínda hoxe suscitan interese. No resto de Europa con todo, exceptuando Holanda e os países escandinavos, fíxose moi pouco. Francia lucía angustiada polo peso da vitoria e unha visión inflada de si mesma.

No campo das artes plásticas París era un centro en ebulición, pero a arquitectura “moderna” estaba confinada a discusións académicas, confrontada pola tradición Beaux Arts (fundadora dos estudos de arquitectura), dona excluínte da escena. Nese ambiente, Le Corbusier (1887-1965), radicado en París desde o dezanove, producía, con peculiar enerxía e un rigor divulgativo que o converteu en celebridade temperá, imaxes de todo tipo ao redor da súa concepción da nova cidade e as súas ideas sobre a vivenda para as masas. Desa preocupación sobre a vivenda, común a todos os arquitectos “de vangarda”, xorde a súa concepción de “a Unidade de Habitación de tamaño adecuado”, a Unité, cuxo prototipo iría ser a de Marsella.

A tese fundamental de LC era “recuperar as condicións de natureza” na cidade. Era unha tese análoga ás do socialismo utópico de fins do 19 e afin, a pesar do seu radical diferencia en canto ao tipo de cidade resultante, á visión americana de Frank Lloyd Wright (1869-1960) na súa “ Broadacre City”, que ofrecía unha parcela de terra a cada familia. Pero LC non era un utópico, era un home “afastado de todo propósito filosófico” que quería construír, e a súa idea de recuperación da natureza non implicaba desaparición da cidade senón a reorganización da vivenda en unidades concentradas que permitirían recuperar o chan para o verde.

Por iso falaba de “dimensións adecuadas” (grandeur conforme en francés) implicando que o edificio debía ser de certa magnitude (de 300 a 500 apartamentos) para realmente xustificar a concentración e á vez liberar para o verde de dous a tres hectáreas de terreo, asumindo catro persoas por familia e, en consecuencia unha densidade que podería estar entre 400 e 600 habitantes por hectárea, bastante alta en media para calquera cidade.

A visión de LC, como ocorre con calquera visión pioneira, sufriu a proba dos seus aspectos máis débiles. Por unha banda resultou practicamente imposible preservar a liberación do chan. Ao concentrarse as vivendas nun edificio, a actitude tecnocrática (que Oriol Bohigas chama militar ou ingenieril), ante a presión da cantidade, habería de ser a de invadir o recuperado con máis edificios. E tampouco se cumpriron outras das súas expectativas, o que sería longo discutir aquí. Pero o concepto debía ser probado en construción, esixía a súa realización. Marsella tiña vocación de prototipo.

El pre-escolar del techo de la Unidad de Marsella como jardín de infancia | Fuente: oscartenreiro.com
O pre-escolar do teito da Unidade de Marsella como xardín de infancia | Fonte: oscartenreiro.com

E os prototipos teñen sempre inimigos porque son exemplos reais dun novo modo de facer as cousas, neste caso a vivenda das maiorías, concibida deixando atrás hábitos e modos de vida. Pero os hábitos son resistentes. O habitual aspira a ser permanente e cando se lle quere cambiar reacciona con amargura.

Por iso un prototipo permite abrir portas, permite recoñecer erros, abre espazo a un futuro ao ser exemplo que pode servir de apoio a novas experiencias. Na historia do Movemento Moderno en arquitectura pódense identificar diversos prototipos entre os cales, volvo resaltar o paradoxo, teñen un lugar especial as realizacións alemás da preguerra, as “siedlung”, conxuntos de vivenda da social-democracia, e un moi especial promovido pola cidade de Stuttgart no suburbio de Wiesenhoff, que coas súas casas de paredes brancas e teitos planos marcou época no que os críticos chamaron o “estilo internacional” .

Se entendemos a palabra revolución como cambio radical e non como a ve o marxismo ou o nihilismo da violencia, da loita de clases e da tabula rasa, os prototipos probaron ser, a longo prazo, verdadeiros instrumentos revolucionarios. Na sociedade moderna iso é aínda máis verdadeiro: o revolucionario está asociado á realización física. Os cambios xurídicos e institucionais próbanse no facer, na capacidade de xerar as condicións para que se fagan as cousas, desde un chip ata un hospital.

E alí está a proba do fracaso desta bobería que os oficialistas venezolanos seguen chamando revolución, na súa incapacidade, bañada en dólares rentistas, para producir algo que diga: isto é o que propoñemos, as palabras sobran. Porque o Caudillo o que esixe son palabras, non pode vivir sen elas. Dáse por satisfeito falando e dando ordes.

Marsella fixo innecesarias as palabras que promovían os principios que a inspiraron porque houbo políticos que permitiron que se fixese. E suscitou a controversia sobre as súas vantaxes e desvantaxes, dándolle paso con iso a unha nova fase da historia da arquitectura. Por iso foi revolucionaria. E aínda hoxe ten moito que ensinarnos.

Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, febreiro 2008,
Entre o Certo e o Verdadeiro[:en]

“…Como un gran trasatlántico…” | Fuente: oscartenreiro.com
“… Like a great transatlantic…” | Source: oscartenreiro.com

I spoke here the last time of the Marseille Unit, completed in 1953, as an emblematic building of the twentieth century. It can be useful to talk about this building and what originated it.

The European political-social explosion of the first decades of the twentieth century, produced, had to produce it, a radical change of perspective in terms of the way of seeing architecture and consequently the city. From this complex broth arose what we have called “the Modern Movement” in architecture, a new way of expressing the architectural form and the urban form. A lot of repetitive and mimetic ideology was made but also architectural images were produced that foreshadowed an important and radical aesthetic change.

There was, in the first years, the second decade of the twentieth, the effect of the First War, few concrete achievements, but from 1920 onwards a lot of architecture was built that was a consequence of the new way of thinking. Germany lost that war but it was there, paradoxically, that the best examples flourished. The “Weimar Republic” (1919-1933) built housing complexes that still attract interest today. In the rest of Europe, however, except for Holland and the Scandinavian countries, little was done. France was overwhelmed by the weight of victory and an inflated view of herself.

In the field of plastic arts, Paris was a boiling center, but “modern architecture” was confined to academic discussions, confronted by the Beaux Arts tradition (founder of architecture studios), exclusive owner of the scene. In that environment, Le Corbusier (1887-1965), based in Paris since the nineteenth century, produced, with peculiar energy and an informative rigor that made him an early celebrity, images of all kinds around his conception of the new city and its ideas about housing for the masses. From this concern about housing, common to all “avant-garde” architects, arises its conception of “the Room Unit of adequate size”, the Unité, whose prototype would be that of Marseille.

The fundamental thesis of LC was “to recover the conditions of nature” in the city. It was a thesis analogous to those of utopian socialism at the end of 19 and afin, despite its radical difference in the type of city that resulted, from the American vision of Frank Lloyd Wright (1869-1960) in his “Broadacre City”, that offered a plot of land to each family. But LC was not a utopian, he was a man “away from all philosophical purpose” that he wanted to build, and his idea of recovering nature did not imply the disappearance of the city but the reorganization of housing into concentrated units that would allow the soil to be recovered. the green.

That is why he spoke of “adequate dimensions” (grandeur conforme to French) implying that the building should be of a certain magnitude (from 300 to 500 apartments) to really justify the concentration and at the same time liberate two to three hectares of land for the green, Assuming four people per family and, consequently, a density that could be between 400 and 600 inhabitants per hectare, quite high on average for any city.

The vision of LC, as with any pioneering vision, suffered the test of its weakest aspects. On the one hand, it was practically impossible to preserve the release of the soil. When concentrating the houses in a building, the technocratic attitude (that Oriol Bohigas calls military or engineering), before the pressure of the quantity, would have to be the one to invade the recovered thing with more buildings. And other expectations were not met, which would be long to discuss here. But the concept had to be tested in construction, it demanded its realization. Marseille had the vocation of a prototype.

El pre-escolar del techo de la Unidad de Marsella como jardín de infancia | Fuente: oscartenreiro.com
The pre-school of the roof of the Marseille Unit as a kindergarten | Source: oscartenreiro.com

And prototypes always have enemies because they are real examples of a new way of doing things, in this case the housing of the majority, conceived leaving behind habits and ways of life. But habits are resistant. The habitual thing aspires to be permanent and when it is wanted to change it reacts with bitterness.

That is why a prototype allows opening doors, allows to recognize errors, opens space to a future by being an example that can support new experiences. In the history of the Modern Movement in architecture, various prototypes can be identified, among which, once again, the paradox is highlighted, the German pre-war achievements, the “siedlung”, social-democracy housing complexes, and a special place have a special place. very special promoted by the city of Stuttgart in the suburb of Wiesenhoff, which with its houses with white walls and flat roofs marked epoch in what critics called the “international style”.

If we understand the word revolution as a radical change and not as seen by Marxism or the nihilism of violence, class struggle and tabula rasa, prototypes have proven to be, in the long run, true revolutionary instruments. In modern society that is even more true: the revolutionary is associated with physical realization. The legal and institutional changes are tested in the doing, in the ability to generate the conditions for things to be done, from a chip to a hospital.

And there is the proof of the failure of this silliness that the Venezuelan oficialistas continue calling revolution, in its incapacity, bathed in rentier dollars, to produce something that says: this is what we propose, the words are superfluous. Because the Caudillo demands words, he can not live without them. He considers himself satisfied by speaking and giving orders.

And there is the proof of the failure of this silliness that the Venezuelan oficialistas continue calling revolution, in its incapacity, bathed in rentier dollars, to produce something that says: this is what we propose, the words are superfluous. Because the Caudillo demands words, he can not live without them. He considers himself satisfied by speaking and giving orders.

Marseille made unnecessary the words that promoted the principles that inspired it because there were politicians who allowed it to be done. And it raised the controversy about its advantages and disadvantages, giving way to a new phase in the history of architecture. That’s why it was revolutionary. And still today he has a lot to teach us.

Óscar Tenreiro Degwitz, Architect.
Venezuela, february 2008,
Entre lo Cierto y lo Verdadero[:]

Óscar Tenreiro Degwitz
Óscar Tenreiro Degwitzhttps://oscartenreiro.com/
Es un arquitecto venezolano, nacido en 1939, Premio Nacional de Arquitectura de su país en 2002-2003, profesor de Diseño Arquitectónico por más de treinta años en la Universidad Central de Venezuela, quien paralelamente con su ejercicio ha mantenido ya por años presencia en la prensa de su país en un esfuerzo de comunicación hacia la gente en general de los puntos de vista del arquitecto acerca de los más diversos temas, entre los cuales figuran los agudos problemas políticos de una sociedad como la venezolana. Tenreiro practica así lo que el llama el “pensamiento desde y hacia la arquitectura”, insistiendo en que lo hace como arquitecto en ejercicio, para escapar de los estereotipos y cautelas propios de la “crítica arquitectónica”. Respecto a la cual no oculta su desconfianza, que explica recurriendo al aforismo de Nietzsche sobre el crítico de arte “que ve el arte desde cerca sin llegar a tocarlo nunca”.
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