El concepto moderno de espacio arquitectónico | José Ramón Hernández Correa


Hay un libro de Giulio Carlo Argan que se titula El concepto de espacio arquitectónico desde el Barroco a nuestros días, de los años sesenta y hoy descatalogado (como tantos y tantos libros fundamentales), que a mí me parece interesantísimo. (Era de la editorial Nueva Visión, de Buenos Aires, y aprovecho para agradecer a las editoriales argentinas la inmensa labor que han hecho por la cultura en castellano, y lo mucho que les debemos desde España. También saludo con cariño a las bibliotecas y a las librerías de viejo, que nos dejan conocer tantísimos libros que el mercado y la moda han devorado).

El concepto de espacio arquitectónico desde el Barroco a nuestros días.
El concepto de espacio arquitectónico desde el Barroco a nuestros días.

Bueno: Al grano. He dicho que hoy me pondría estupendo, pero tendré piedad de vosotros y simplificaré todo lo que pueda.

Aparte de esto, hay que tener en cuenta que cuando se habla de términos tan resbaladizos hay que exagerar o, por decir así, forzar los contrastes. Ni lo blanco es tan blanco ni lo negro es tan negro. Es una forma de entendernos.

Argan dice que el espacio no es una realidad objetiva, definida, con una estructura estable, sino que es un concepto; es decir, una idea que tiene un desarrollo histórico propio.

Desde el Barroco hasta nuestros días ese concepto de espacio se ha transformado desde ser considerado algo previo hasta entenderse como consecución final.

Antes del seiscientos la arquitectura se pensaba como representación del espacio, pero en el Barroco se transformó hasta concebirse como determinación del espacio.

El arquitecto del Barroco se da cuenta de que el espacio no existe previamente, sino de que él lo puede crear. Imaginaos la normativa estricta del Renacimiento, los órdenes, la claridad de composición. Entonces el arquitecto también creaba, pero su creación era para constatar que el espacio era como tenía que ser, que la obra se había realizado correctamente.

Sin embargo, el arquitecto del Barroco crea convexidades y concavidades que chocan, explosiones imprevistas y desordenadas, contradicciones. El espacio no es previo, sino que se va determinando a través de las formas arquitectónicas. El arquitecto hace que el espacio palpite, y el ser humano se ve inmerso en una concepción mental, en una abstracción que, no obstante, se materializa muy carnal y concretamente.

El concepto moderno de espacio arquitectónico José Ramón Hernández Correa

El arquitecto ya no representa el espacio, sino que lo hace.

Hoy esto está más que asumido. Todo el mundo sabe que el arquitecto determina el espacio en que se desarrolla la vida de la comunidad. Pero esto no siempre fue así. La “arquitectura de composición” se fundaba en una concepción objetiva del mundo y de la historia, y se planteaba ella misma como concepción del mundo. Pero la “arquitectura de determinación formal” no acepta una concepción objetiva del mundo ni de la historia, y puesto que la determinación del espacio es un proceso vital, podemos decir que la “arquitectura de determinación formal” no pertenece al ámbito espiritual de la “concepción del mundo”, sino al de la “concepción de la vida”.

Al “hombre del sistema” el mundo se le presenta como una estructura constante, y por tanto el espacio es una mera realidad geométrica, y es inmutable en sus leyes.

Pero el hombre que resuelve aceptar los movimientos de su propia vida interior tratará de aclarar cómo se desarrolla esa vida, y también considerará su propia vida en relación con la de los demás. Será un proceso abierto, vivo, creativo, mutable, bastante desasosegador, complejo. Estoy viendo a Borromini y a Frank Lloyd Wright; ¿vosotros no?

Para el hombre del sistema, para el hombre contemplativo, el espacio es un dato revelado. Pero si partimos del principio de que la experiencia es lo que cuenta, ocurrirá que nuestro existir en la realidad podrá constituir la determinación continua de un espacio (el espacio que recorro, el espacio que veo, el espacio en que me muevo y en el que experimento mis emociones). Hay una transformación continua de los valores del espacio, transformación que está ligada con la actividad: mi actividad, la actividad de los demás, la actividad de mi grupo social…

Es el salto histórico, tremendo y fundamental, de una concepción “sistemática” a una concepción “metodológica”, de una concepción contemplativa a otra activa, y, sobre todo, de una concepción metafísica a una concepción social del espacio.

Pero esto se complica aún más cuando, en el movimiento moderno, la problemática espacial arquitectónica se “contamina” con la de otros campos, y con las coordenadas culturales de cada arquitecto. Ya no hay un único “concepto espacial de nuestro tiempo”.

El arquitecto ya no tiende a la “construcción del espacio”, sino a la “fenomenización del espacio”. En ambas expresiones, la palabra “espacio” no significa exactamente lo mismo. En la primera, Dios no creó el espacio, sino las cosas, y luego el hombre creó el espacio para poder entender la relación entre las cosas. En la segunda, la palabra se refiere a la extensión ilimitada del mundo, con todos los hechos que tienen lugar en él, y que encuentra su fenomenización a través de la obra de arte en general y de la arquitectura en particular. (Mi existencia es un fenómeno y se realiza en el mundo de los fenómenos).

Dejémoslo aquí. Cuando me suban otro puñado de puestos hablaré del espacio literal y del espacio fenomenológico. Pero por hoy ya os he dado bastante la brasa. Supongo que estaréis deseando que me vuelvan a bajar unos cuantos puestos; que me pongan en mi sitio y se me bajen un poco los humitos. Pues tenéis razón.

El espacio da vértigo.

José Ramón Hernández Correa
Doctor Arquitecto y autor de Arquitectamos locos?
Toledo · diciembre 2011

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