
La arquitectura debería definirse por su práctica. Una práctica poliédrica entendida como un intento riguroso de contextualizar un trabajo eminentemente intelectual en el ámbito del proyecto arquitectónico y su posterior ejecución necesaria.
La arquitectura tiene una vocación conceptual para producir una comprensión crítica de una coyuntura, una especificidad, un episodio. Y ese compromiso por entender y cosificar una coyuntura es lo que, desde el comienzo, debería ser la labor propia de lo arquitectónico. También es cierto que aquello nuclear de la arquitectura se inscribe en la larga cadena de la historia. Mientras la historia exista, la arquitectura es también tradición. El problema acontece cuando se extiende la sospecha de que la historia ya no existe.
Puede deducirse de lo anterior que la arquitectura participa de lo interpretativo como proceso de interacción con aquello que llamamos realidad. De hecho la arquitectura parte del supuesto de una relacionalidad posible, es decir, de la capacidad para armar una compleja serie de relaciones que surgen en el preciso momento que la realidad y la arquitectura se encuentran. La realidad rodea, interpreta y configura la arquitectura haciéndola ser lo que es. Ningún elemento puede aislarse de esta dinámica de relaciones, aunque estas puedan cambiar, y de hecho estén cambiando constantemente. Cualquier arquitectura puede entenderse exclusivamente de manera relacional, como una condensación de múltiples determinaciones y efectos. La arquitectura representa así el compromiso con la apertura y la contingencia de la realidad donde el cambio es lo dado, es la norma.
Antes de seguir me parece fundamental aclarar la intención del término “contingente” usado aquí. Para ello me remito directamente a André Comte-Sponville y su Diccionario Filosófico1:
«La contingencia se define normalmente como lo contrario de la necesidad: es contingente, explica Leibniz, todo aquello cuyo contrario es posible, o sea, todo lo que podría o habría podido no ser. Hay que tener en cuenta estos condicionales. Porque ¿qué condición suponen? Que lo real no sea lo que es. Por eso, en el tiempo, todo es contingente, con la misma certeza que, en el presente, todo es necesario. Si el tiempo y el presente son una sola y misma cosa, como creo, hay que concluir que contingencia y necesidad sólo se oponen en la imaginación: cuando se compara lo que es, fue o será con otra cosa, que podría o habría podido ser. En el presente, sólo lo real es posible: todo lo contingente es necesario, todo lo necesario es contingente.»
Para la gestión de lo contingente, necesitamos la táctica de lo relacional. En realidad, esta idea de lo relacional, es un modo de contextuaidad radical no determinista y se debería encontrar en el corazón mismo del proyecto arquitectónico en la forma de una relación felizmente cosificada con el territorio, con la naturaleza, con la vida.2
Lejos del paisaje esbozado aquí, de esta primera orografía3, desde mediados de los años 90, hemos acudido a una paulatina desamortización de la idea del contexto y por tanto a una cierta desconexión con lo terrenal a favor de la oportunidad cínica que ofrecía la otrora famosa globalización.
En el actual y desafortunado paisaje formado por la descolorida imagen de una recesión generalizada en la vieja Europa, vista la toxicidad de una globalidad mal entendida, la idea de contexto renace entre la melancólica incitación a lo local-episódico y la nutriente idea de lo relacional.
De todas formas lo contextual por sí mismo no es suficiente para construir un relato, porque a fin de cuentas es precisamente eso lo que tenemos que hacer los arquitectos, construir un relato, una narración capaz que haga asumible y entendible nuestra voluntad de dar significación a lo vacío.
Por ello también es necesaria una lógica de lo constructivo. Parece evidente pero quizás no lo es tanto. Lo constructivo no solamente remite a la idea de ensamblaje material de elementos aislados en una estructura de orden superior. No es solamente la capacidad de dar con un buen encuentro entre una chapa de acero y un canto de hormigón. Lo constructivo remite igualmente a la capacidad para el desarrollo del relato que antes hacía referencia. A una cierta dramaturgia de lo arquitectónico.
Sin ese fraguado necesario, lo arquitectónico corre el peligro real, ya lo hemos visto, de convertirse en la simulación de una simulación de egos desbocados. Proponer una narración contingente de la realidad es exponerse “al otro”, en realidad, exponerse a “todos los otros”. Lo constructivo da la medida de la acción, tanto física como simbólicamente hablando.
Por último pero no menos importante está la gerencia de todo lo anterior, la manera como en términos estratégicos y tácticos se cuece en la raíz más profunda de lo proyectual aquello que llamamos arquitectura y territorio. Precisamente por el colapso de la tradicional concepción del tiempo pasado y el tiempo futuro en una especie de hiper-presente (ver el post The falling Man | La Ciudad Hiper-tiempo), en el código genético de cualquier proyecto y de cualquier práctica arquitectónica se encuentra la idea de complejidad. La complejidad constituye hoy un modelo de gestión irrenunciable si no se quiere caer en la falsa sensación de que todo es susceptible de un relato único, indivisible y moral. Precisamente la renuncia a la idea de complejidad llevó al movimiento moderno a su total aniquilación. La condición contingente que antes hablábamos de la realidad, desarboló todas las creencias, todas las ideologías, todos los preceptos morales e inmutables que la Modernidad llevaba consigo. Por eso, la noción de complejidad permite la gestión de múltiples relatos sincrónicos de una sola realidad, múltiples narraciones de una sola arquitectura.
En definitiva, desde la complejidad somos capaces de contextualizar la construcción de lo íntimamente arquitectónico.
Como si de un exoesqueleto se tratara, como un principio activo de aquello que hoy parece central en la arquitectura, es esencial una lectura atenta y desprejuiciada al texto del historiador, filósofo e impulsor de los estudios culturales, Lawrence Grossberg, The Heart of Cultural Studies: Contextuality, Constructionism and Complexity.4
No hace falta decir que este texto y algunos por venir están en deuda con él.
Miquel Lacasta. Doctor arquitecto
Barcelona, junio 2012
Notas:
1 COMTE-SPONVILLE, André, Diccionario Filosófico, Ed. Paidós Contextos, Barcelona, 2003. A mi modo de ver un libro absolutamente fundamental para la práctica de la arquitectura.
2 En términos parecidos se expresaba Eduard Bru: “la arquitectura no puede ocultar la profundidad de su herida: la ausencia de una relación feliz con el territorio, con la naturaleza, con la vida”, BRU, Eduard, revista Annals d’Arquitectura 07 (2ª época), ETSAB, UPC, Barcelona, Julio 2001
3 “Leer es caminar en la orografía de esos paisajes que se forman en mí por la lectura” Metodología de lectura transdisciplinar, CAMPOPIANO, Romina, ROCCHIETTI, Sergio, Metodología de lectura transdisciplinar, Revista Con-versiones, www.con-versiones.com, Julio 2003
4 Este texto es el resultado de la investigación “Modernidades en disputa: economías, culturas y políticas” llevada a cabo en el Departamento de Estudios de la Comunicación de la Universidad de Carolina del Norte. GROSSBERG, Lawrence, The heart of cultural studies: Contextuality, Constructionism and Complexity, revista Tabula Rasa, nº 10, Bogotá, enero-junio 2009, pag 13 a 48

The architecture should be defined by his practice. A polyhedric practice understood as a rigorous attempt of contextualizar an eminently intellectual work in the area of the architectural project and his later necessary execution.
The architecture has a conceptual vocation to produce a critical comprehension of a conjuncture, a specificity, an episode. And this commitment for dealing and cosificar a conjuncture is what, from the beginning, should be the own labor of the architectural thing. Also it is true that nuclear that one of the architecture registers in the long chain of the history. While the history exists, the architecture is also a tradition. The problem happens when there spreads the suspicion that the history already does not exist.
It can be deduced of the previous thing that the architecture informs of the interpretive thing as process of interaction with that one that we are called a reality. In fact the architecture departs from the supposition of a possible relacionalidad, that is to say, from the aptitude to arm a complex series of relations that arise in the precise moment that the reality and the architecture are. The reality makes a detour, interprets and forms the architecture making it be what is. No element can isolate of this dynamics of relations, though these could change, and fact they are changing constant. Any architecture can be understood exclusively in a relational way, as a condensation of multiple determinations and effects. The architecture represents this way the commitment with the opening and the contingency of the reality where the change is the given thing, is the norm.
Being still seems to me to be fundamental to clarify the intention of the term secondhand “quota” here. For it I send myself directly to André Comte-Sponville and his Philosophical Dictionary1:
«The contingency is defined normally as the opposite of the need: it is a quota, makes clear Leibniz, all that which opposite is possible, or, everything what might or might not have been. It is necessary to bear conditional these in mind. Because what condition do they suppose? That the royal thing is not what is. Because of it, in the time, everything is a quota, with the same certainty that, in the present, everything is necessary. If the time and the present they are the alone one and the same thing, since I believe, it is necessary to conclude that contingency and need only are opposed in the imagination: when there is compared what is, it was or it will be with another thing, which might or might have been. In the present, only the royal thing is possible: everything fixes quotas for it is necessary, everything necessary is a quota.»
For the management of it fix quotas, we need the tactics of the relational thing. Actually, this idea of the relational thing, it is a way of contextuaidad radically not determinist and it should find in the heart itself of the architectural project in the form of a relation happily cosificada with the territory, with the nature, with the life.2
Far from the landscape outlined here, of this first orography3, from middle of the 90s, we have come to a gradual disentailment of the idea of the context and therefore to a certain disconnection with the earthly thing in favour of the cynical opportunity that was offering once famous globalization.
In the current and unfortunate landscape formed by the discolored image of a recession generalized in the old Europe, dress the toxicity of a globalidad badly understood, the idea of context is reborn between the melancholy incitement to the local – episodic thing and the nutriente designs of the relational thing.
Of all forms the contextual thing for yes same is not sufficient to construct a statement, because ultimately it is precisely it what we have to make the architects, construct a statement, a capable story that it does asumible and understandable our will to give significance to the empty thing.
For it also a logic of the constructive thing is necessary. It seems to be evident but probably it it is not so much. The constructive thing not only sends to the idea of material assembly of elements isolated in a structure of top order. It is not only the aptitude to meet on a good meeting between a sheet of steel and a singing concrete. The constructive thing sends equally to the capacity for the development of the statement that before was referring. To a certain dramaturgy of the architectural thing.
Without this plotted necessary, the architectural thing traverses the royal danger, already we have seen it, of turning into the simulation of a simulation of loose egos. To propose a story fixes quotas of the reality it is to be exposed “to other one”, actually, to be exposed to “all others”. The constructive thing gives the measure of the action, so much physics as symbolically speaking.
Finally but not less importantly there is the management of everything previous, the way as in strategic and tactical terms proyectual cooks in the root more deep of that one that we are called an architecture and territory. Precisely for the collapse of the traditional conception of last time and the future time in a species of hyper-present (to see the post The falling Man | The City Hyper-time), in the genetic code of any project and of any architectural practice one finds the idea of complexity. The complexity he constitutes today a model of that cannot be waived management if it does not want to fall in the false sensation that everything is capable of the only, indivisible and moral statement. Precisely the resignation to the idea of complexity led to the modern movement to his total annihilation. The condition fixes quotas that before we were speaking about the reality, it dismasted all the beliefs, all the ideologies, all the moral and immutable rules that the Modernity was taking with it. Because of it, the notion of complexity allows the management of multiple synchronous statements of an alone reality, multiple stories of an alone architecture.
Definitively, from the complexity we are capable of contextualizar the construction of the intimately architectural thing.
As if of an exoesqueleto it was a question, as an active beginning of that one that today seems to be central in the architecture, an attentive reading is essential and desprejuiciada to the text of the historian, philosopher and impeller of the cultural studies, Lawrence Grossberg, The Heart of Cultural Studies: Contextuality, Constructionism and Complexity.4
It is not necessary to say that this text and any for coming are in debt with him.
Miquel Lacasta. PhD architect
Barcelona, juny 2012
Notes:
1 COMTE-SPONVILLE, André, Diccionario Filosófico, Ed. Paidós Contextos, Barcelona, 2003. To my way of seeing an absolutely fundamental book for the practice of the architecture.
2 In similar terms Eduard Bru was expressing: “the architecture cannot conceal the depth of his wound: the absence of a happy relation with the territory, with the nature, with the life”, BRU, Eduard, revista Annals d’Arquitectura 07 (2ª época), ETSAB, UPC, Barcelona, July 2001
3 “Reading is to walk in the orography of these landscapes that are formed in me for the reading” Methodology of reading transdiscipline, CAMPOPIANO, Romina, ROCCHIETTI, Sergio, Methodology of reading transdiscipline, Revista Con-versiones, www.con-versiones.com, July 2003
4 This text is the result of the investigation “Modernity in dispute: economies, cultures and policies” carried out in the Department of Studies of the Communication of the University of North Carolina. GROSSBERG, Lawrence, The heart of cultural studies: Contextuality, Constructionism and Complexity, Tabula Rasa Magazine, nº 10, Bogotá, January-June 2009, pag 13 a 48

A arquitectura debería definirse pola súa práctica. Unha práctica poliédrica entendida como un intento rigoroso de contextualizar un traballo eminentemente intelectual no ámbito do proxecto arquitectónico e o seu posterior ejecución necesaria.
A arquitectura ten unha vocación conceptual para producir unha comprensión crítica dunha conxuntura, unha especificidad, un episodio. E ese compromiso por entender e cosificar unha conxuntura é o que, desde o comezo, debería ser o labor propio do arquitectónico. Tamén é certo que aquilo nuclear da arquitectura inscríbese na longa cadea da historia. Mentres a historia exista, a arquitectura é tamén tradición. O problema acontece cando se estende a sospeita de que a historia xa non existe.
Pode deducirse do anterior que a arquitectura participa do interpretativo como proceso de interacción con aquilo que chamamos realidade. De feito a arquitectura parte do suposto dunha relacionalidade posible, é dicir, da capacidade para armar unha complexa serie de relacións que xorden no preciso momento que a realidade e a arquitectura atópanse. A realidade rodea, interpreta e configura a arquitectura facéndoa ser o que é. Ningún elemento pode illarse desta dinámica de relacións, aínda que estas poidan cambiar, e de feito estean cambiando constantemente. Calquera arquitectura pode entenderse exclusivamente de xeito relacional, como unha condensación de múltiples determinaciones e efectos. A arquitectura representa así o compromiso coa apertura e a continxencia da realidade onde o cambio é o dado, é a norma.
Antes de seguir paréceme fundamental aclarar a intención do término “continxente” usado aquí. Para iso remítome directamente a André Comte-Sponville e o seu Diccionario Filosófico1:
«A contingencia defínese normalmente como o contrario da necesidade: é continxente, explica Leibniz, todo aquilo cuxo contrario é posible, ou sexa, todo o que podería ou podería non ser. Hai que ter en conta estes condicionales. Porque que condición supoñen? Que o real non sexa o que é. Por iso, no tempo, todo é contingente, coa mesma certeza que, no presente, todo é necesario. Si o tempo e o presente son unha soa e mesma cousa, como creo, hai que concluír que contingencia e necesidade só se opoñen na imaxinación: cando se compara o que é, foi ou será con outra cousa, que podería ou podería ser. No presente, só o real é posible: todo o contingente é necesario, todo o necesario é continxente.»
Para a xestión do contingente, necesitamos a táctica do relacional. En realidade, esta idea do relacional, é un modo de contextuaidade radical non determinista e deberíase atopar no corazón mesmo do proxecto arquitectónico na forma dunha relación felizmente cosificada co territorio, coa natureza, coa vida.2
Lonxe da paisaxe esbozada aquí, desta primeira orografía3, desde mediados dos anos 90, acudimos a unha paulatina desamortización da idea do contexto e xa que logo a unha certa desconexión co terrenal a favor da oportunidade cínica que ofrecía a otrora famosa globalización.
No actual e desafortunado paisaxe formada pola descolorida imaxe dunha recesión xeneralizada na vella Europa, vista a toxicidade dunha globalidad mal entendida, a idea de contexto renace entre a morriñenta incitación ao local-episódico e a nutriente idea do relacional.
De todos os xeitos o contextual por si mesmo non é suficiente para construír un relato, porque a final de contas é precisamente iso o que temos que facer os arquitectos, construír un relato, unha narración capaz que faga asumible e entendible nosa vontade de dar significación ao baleiro.
Por iso tamén é necesaria unha lóxica do constructivo. Parece evidente pero quizais non o é tanto. O constructivo non soamente remite á idea de ensamblaje material de elementos illados nunha estrutura de orde superior. Non é soamente a capacidade de dar cun bo encontro entre unha chapa de aceiro e un canto de formigón. O constructivo remite igualmente á capacidade para o desenvolvemento do relato que antes facía referencia. A unha certa dramaturgia do arquitectónico.
Sen ese fraguado necesario, o arquitectónico corre o perigo real, xa o vimos, de converterse na simulación dunha simulación de egos desbocados. Propoñer unha narración contingente da realidade é expoñerse “ao outro”, en realidade, expoñerse a “todos os outros”. O constructivo dá a medida da acción, tanto física como simbólicamente falando.
Para rematar pero non menos importante está a xerencia de todo o anterior, o xeito como en términos estratéxicos e tácticos cócese na raíz máis profunda do proyectual aquilo que chamamos arquitectura e territorio. Precisamente polo colapso da tradicional concepción do tempo pasado e o tempo futuro nunha especie de hiper-presente (ver o post The falling Man | A Cidade Hiper-tempo), no código xenético de calquera proxecto e de calquera práctica arquitectónica atópase a idea de complejidad. A complejidad constitúe hoxe un modelo de xestión irrenunciable si non se quere caer na falsa sensación de que todo é susceptible dun relato único, indivisible e moral. Precisamente a renuncia á idea de complexidade levou ao movemento moderno ao seu total aniquilación. A condición contingente que antes falabamos da realidade, desarboló todas as crenzas, todas as ideoloxías, todos os preceptos morais e inmutables que a Modernidade levaba consigo. Por iso, a noción de complejidad permite a xestión de múltiples relatos sincrónicos dunha soa realidade, múltiples narracións dunha soa arquitectura.
En definitiva, desde a complexidade somos capaces de contextualizar a construción do íntimamente arquitectónico.
Coma se dun exoesqueleto tratásese, como un principio activo daquilo que hoxe parece central na arquitectura, é esencial unha lectura atenta e desprejuiciada ao texto do historiador, filósofo e impulsor dos estudos culturais, Lawrence Grossberg, The Heart of Cultural Studies: Contextuality, Constructionism and Complexity.4
Non fai falta dicir que este texto e algúns por vir están en débeda con él.
Miquel Lacasta. Doutor arquitecto
Barcelona, xuño 2012
Notas:
1 COMTE-SPONVILLE, André, Diccionario Filosófico, Ed. Paidós Contextos, Barcelona, 2003. Ao meu modo de ver un libro absolutamente fundamental para a práctica da arquitectura.
2 En términos parecidos expresábase Eduard Bru: “a arquitectura non pode ocultar a profundidade da súa ferida: a ausencia dunha relación feliz co territorio, coa natureza, coa vida”, BRU, Eduard, revista Annals d’Arquitectura 07 (2ª época), ETSAB, UPC, Barcelona, Julio 2001
3 “Ler é camiñar na orografía desas paisaxes que se forman en min pola lectura” Metodoloxía de lectura transdisciplinar, CAMPOPIANO, Romina, ROCCHIETTI, Sergio, Metodología de lectura transdisciplinar, Revista Con-versiones, www.con-versiones.com, Julio 2003
4 Este texto é o resultado da investigación “Modernidades en disputa: economías, culturas e políticas” levada a cabo no Departamento de Estudos da Comunicación da Universidade de Carolina do Norte. GROSSBERG, Lawrence, The heart of cultural studies: Contextuality, Constructionism and Complexity, revista Tabula Rasa, nº 10, Bogotá, enero-junio 2009, pag 13 a 48




