InicioartículosDe Conmociones | Miquel Lacasta CodorniuDe Conmocións | Miquel Lacasta CodorniuOf Commotions...

De Conmociones | Miquel Lacasta CodorniuDe Conmocións | Miquel Lacasta CodorniuOf Commotions | Miquel Lacasta Codorniu

De Conmociones

Hoy hay muy pocas obras en el arte contemporáneo capaces de provocar una conmoción. Parece como si el arte haya derivado hacia una constelación de autorreferencias donde el sujeto artista antepone su subjetividad a toda interpretación posible de la realidad. Es ofensivo en algunos casos como las reflexiones desde el yo, me and myself, no sobreviven a la más leve exigencia sobre el qué o el cómo artístico. En otras palabras, llevamos demasiado tiempo viendo como el artista se antepone constantemente a su obra ante el desinterés general.

Algo, o mucho de eso, ha ocurrido también en la arquitectura y es por eso que en tantas ocasiones el mundo del arte ha funcionado como una especie de predictor del status quo arquitectónico. El dinamismo propio del arte, la capacidad de una obra de ser ejecutada en un periodo de tiempo relativamente corto, hace que funcione como avanzadilla de comportamientos y derivas que en ocasiones se calcan en el mundo de la arquitectura.

De ser cierto, esto no quiere decir ni de lejos, que el arte y la arquitectura estén íntimamente emparentados. Esa liason solamente fue un sueño de verano provocado por las efervescencias nacidas en las vanguardias de hace casi cien años. O en todo caso, el arte y la arquitectura no están más emparentados que el diseño gráfico y el diseño industrial, por ejemplo. Evidentemente participan de ciertas esferas comunes, de otras tangentes y de muchas que ni por asomo pueden asimilarse. Quizás se influyen, pero ni de lejos son las ramas próximas de un tronco común. Para entender definitivamente la distancia entre arte y arquitectura basta caer en la cuenta sobre la imposibilidad de una nueva Bauhaus, por ejemplo.

Sin embargo, sí que hay alguna cosa que comparten el arte y la arquitectura. Esta cosa es la conmoción, es decir el hecho de que por un instante nos sentimos aturdidos y a la vez fascinados por algún tipo de descubrimiento que trastorna profundamente nuestra manera de mirar. Solemos confundir la obra, ya sea artística o arquitectónica, con lo descubierto, cuando en realidad lo que ocurre es que la obra ha funcionado como un catalizador que ha provocado una transformación en nuestro interior. Tras ver una instalación de Anish Kapoor o plantarse de repente y por sorpresa ante un Inocencio X de Bacon, el corazón da un vuelco y la necesidad de respirar profundamente se convierte en un acto reflejo. La obra ha operado un cambio de nuestras estructura internas, nos ha transformado, nos ha conmocionado. Mejor dicho, la expresión en esas obras de la idea de trascendencia nos ha emocionado hasta el límite de provocar una conmoción.

La naturaleza de este sentimiento arrollador viene a tener una primera etapa de desplome, de vacilación en el ser. Es decir, uno siente como se desploman sus estructuras intelectuales y sensibles con el estruendo del desasosiego. La segunda etapa la constituye la reificación, entendida como la transformación en cosa de la figura retórica que representa la obra, como si fuera una realidad. Esta cosificación de la obra produce un automatismo contrario al desplome que consiste en una autoafirmación, una entrada misteriosa de energía creativa de alto octanaje, la parte casi organoléptica de una revelación.

El resultado es el de una profunda transformación interna de las bases intelectuales y sensitivas, acompañada de una incontinencia creativa.

En casi todos los casos este tipo de conmociones provienen de una confrontación directa con una pieza maestra de la arquitectura o del arte. En muy pocos, la sensibilidad del que mira, es capaz de llegar a un nivel tan alto de sofisticación, que le permite experimentar una conmoción en toda regla ante una escena doméstica, la más sencilla que pueda imaginarse.

La capacidad de extasiarse con lo pequeño debería ser hoy una línea de trabajo muy fructífera, el ejercicio de mirar lo reducido, lo ínfimo, lo cotidiano y llegar a encontrar allí lo enorme, lo infinito y lo extraordinario es de todas las capacidades del arquitecto la que debería estar más desarrollada.

De todo esto habla este pequeño texto de Juan Muñoz, un artista con la mirada de un arquitecto. Sólo muy de vez en cuando, uno se encentra ante la desnudez de un texto que habla precisamente de conmociones y que a su vez es capaz de conmocionar profundamente. Sólo muy de vez en cuando uno encuentra expresado en su justa medida lo que debería significar el hecho de mirar una arquitectura. Y quizás más habitualmente de lo que debería ser la norma, un no arquitecto nos da una lección extraordinaria de una manera de mirar arquitectura.

Es difícil encontrar en la obra de Juan Muñoz un lugar, un espacio deshabitado. Sus enigmáticos personajes provocan una carga de profundo desasosiego hasta el punto que todo estalla en una conmoción necesaria. Solamente con una ínfima parte de la capacidad de conmoción de la obra de Muñoz, cualquier arquitecto debería sentirse regalado.

Este texto me acompaña desde hace un cierto tiempo y recurro a él con la ceguera de un adicto…

«Las bisagras de las ventanas. Unas bisagras largas, como no las había visto nunca antes.

Todavía lo recuerdo con todo detalle. Levantarme por la mañana y, antes o después de desayunar (estaba empezando el verano), abrir las ventanas de par en par y contemplar cómo se ocultaban. Como si hubieran desaparecido a ambos lados de la pared de ladrillo.

Las bisagras eran tan largas que permitían que tuviera lugar ese truco de magia. Todavía lo recuerdo. Era sencillo. Tenías que tirar del pestillo de la ventana y apretar ligeramente pero con fuerza hacia fuera hasta que las dos hojas se separaran y después empujarlas hacia delante, hacia el jardín. Entonces, los dos marcos de metal se apartaban y cada uno de ellos giraba gracias a esas bisagras tan largas junto con su enorme hoja de cristal correspondiente y, de pronto, en un abrir y cerrar de ojos, ya no estaban allí…

Lo que consiguió Mies se parecía a uno de esos trucos de magia. Un acto de desaparición. Ahora, mientras escribo, en este preciso instante, creo haberlo comprendido. Cierro los ojos. Con la mano izquierda me subo las gafas, e inmediatamente después me aprieto ligeramente los ojos con el índice y el pulgar. Durante un segundo, espero, y luego abro los ojos, y miro, esas líneas metálicas rígidas e incómodas ya no están ahí.

Si, lo recuerdo. Las ventanas girando lentamente sobre esas bisagras tan largas… y, de pronto, en un abrir y cerrar de ojos, desaparecían.»

                                                                  La vida cotidiana en una casa de Mies van der Rohe.1

La fotografía que acompaña a este texto se corresponde con un fragmento de una fotografía estereoscópica anónima del año 1929. En esta fotografía se observa, como atinadamente comenta Juan José Lahuerta como el Pabellón se levanta no como una cosa, sino como aire nada más, aire enmudecido sobre un pedestal, siempre traspasando sus propias paredes, atravesándose a sí mismo. Virtud terrible, sin duda: encerrada en todas partes, aquí y allá, congelada en su propia perfección de Nada y de Ningún Lugar.2

Precisamente sea la conmoción de ver la Nada en una casa de Mies, lo que Juan Muñoz narra en su delicado texto. El mismo tipo de conmoción, que salvando las distancias, se obtiene al observar la reproducción facsímil del Pabellón de Alemania de Mies que tenemos en Barcelona.

Miquel Lacasta Codorniu. Doctor arquitecto
Barcelona, abril 2012

Notas:
1 Muñoz, Juan. Writings/Escritos, editado por Adrian Searle, Ediciones de La Central, Barcelona, 2009
2 Lahuerta, Juan José. Humaredas. Arquitectura, ornamentación, medios impresos. Editorial Lampreave, Madrid, 2010, pag. 332 y 337

Of Commotions

Today there are very few works in the contemporary art capable of provoking a commotion. It seems as if the art has derived towards a constellation of autorreferencias where the fastened artist prefers his subjectivity to any possible interpretation of the reality. It is offensive in some cases as the reflections from me, me and myself, they do not survive the slightest exigency on what or artistic how. In other words, we go too much time seeing as the artist it is in front constant of his work before the general disinterest.

A little, or much of it, it has happened also in the architecture and it is because of it that in so many occasions the world of the art has worked as a species of predictor of the status quo architectural. The own dynamism of the art, the capacity of a work to be executed in a relatively short period of time, does that it works like avanzadilla of behaviors and drifts that in occasions calcan in the world of the architecture.

Of being true, this does not want to say not of distant view, that the art and the architecture should be intimately related. This liason only was a summer dream provoked by the effervescences born in the forefronts of almost hundred years ago. Or in any case, the art and the architecture are not more related than the graphical design and the industrial design, for example. Evidently they take part of certain common spheres, of tangent others and of many that not for glimpse can assimilate. Probably they are influenced, but not of distant view they are the near branches of a common trunk. To understand definitively the distance between art and architecture is enough to fall down in the account on the impossibility of a new Bauhaus, for example.

Nevertheless, yes that there is some thing that the art and the architecture share. This thing is the commotion, that is to say the fact that for an instant we feel stunned and simultaneously fascinated by some type of discovery that upsets deeply our way of looking. We are in the habit of confusing the work, already be artistic or architectural, with the disclosed thing, when actually what happens is that the work has worked as a catalyst that has provoked a transformation in our interior. After seeing Anish Kapoor’s installation or to stand firm suddenly and for surprise before an Inocencio X de Bacon, the heart gives one I overturn and the need to breathe deeply turns into an act I reflect. The work has produced a change of our structure you hospitalize, it has transformed us, has shocked us. Rather, the expression in these works of the idea of transcendency has thrilled us up to the limit of provoking a commotion.

The nature of this sweeping feeling comes to have the first stage of collapse, of hesitation in the being. That is to say, one feels since there collapse his intellectual and sensitive structures with the uproar of the uneasiness. The second stage constitutes it the reificación understood as the transformation with thing of the rhetorical figure that represents the work, as if it was a reality. This cosificación of the work produces an automatism opposite to the collapse that consists of an autoaffirmation, a mysterious entry of creative energy of high octane rating, the part almost organoléptica of a revelation.

The result is that of a deep internal transformation of the intellectual and sensitive bases, accompanied of a creative incontinence.

In almost all the cases this type of commotions come from a direct confrontation with a main piece of the architecture or of the art. In very small, the sensibility of the one that looks, is capable of coming to such a high level of sophistication, which allows him to experience a real commotion before a domestic scene, simpler than could imagine.

The aptitude to rhapsodize with the small thing should be today a very fruitful line of work, the exercise of looking at the limited thing, the negligible thing, the daily thing and managing to find there the enormous thing, the infinite thing and the extraordinary thing is all the capacities of the architect the one that should be more developed.

La capacidad de extasiarse con lo pequeño debería ser hoy una línea de trabajo muy fructífera, el ejercicio de mirar lo reducido, lo ínfimo, lo cotidiano y llegar a encontrar allí lo enorme, lo infinito y lo extraordinario es de todas las capacidades del arquitecto la que debería estar más desarrollada.

About all that he speaks this small text of Juan Muñoz, an artist with the look of an architect. Only very occasionally, one encentra before the nudity of a text that one speaks precisely about commotions and that in turn is capable of shocking deeply. Only very occasionally one is expressed in his measured joust what should mean the fact of looking at an architecture. And probably more habitually than should be the norm, one not architect gives us an extraordinary lesson of a way of looking at architecture.

This text accompanies me for a certain time and I resort to him with the blindness of an addict …

«The hinges of the windows. A few long hinges, since it had never seen them before.

Still I remember it with all detail. To get up in the morning and, before or after having breakfast (it was beginning the summer), to open the windows widely and to contemplate how they were hiding themselves. As if they had disappeared on both sides of the wall of brick.

The hinges were so long that they were allowing that this trick of magic should take place. Still I remember it. It was simple. You had to pull the bolt of the window and be too tight lightly but strongly towards out until both leaves were separating and later to push them towards ahead, towards the garden. Then, both frames of metal were separating and each of them was turning thanks to these so long hinges together with his enormous leaf of corresponding crystal and, suddenly, in the blink of an eye, already they were not there …

What obtained Grain it seemed to one of these tricks of magic. An act of disappearance. Now, while I write, in this precise instant, am thinking about having understood it. I close the eyes. With the left hand I me raise the glasses, and immediately later I narrow lightly the eyes with the index and the thumb. During a second, I wait, and then I open the eyes, and look, these metallic rigid and inconvinient lines already are not there.

If, I remember it. The windows turning slowly on these so long hinges … and, suddenly, in the blink of an eye, they were disappearing.»

The daily life in a Mies van der Rohe´s house.1

The photography that he accompanies on this text corresponds with a fragment of a stereoscopic anonymous photography of the year 1929. In this photography it is observed, as wisely it comments Juan Jose Lahuerta like the Pavilion gets up not as a thing, but since anger nothing more, air silenced on a pedestal, always penetrating his own walls, being crossed to yes same. Terrible virtue, undoubtedly: enclosed everywhere, here and there, frozen in his own perfection of Nothing and of No Place.2

Precisely it is the commotion of seeing Nothing in a house of Grain, which Juan Muñoz narrates in his delicate text. The same type of commotion, that saving the distances, is obtained when the reproduction observes facsimile of the Pavilion of Germany of Grain that we have in Barcelona.

Miquel Lacasta Codorniu. Doctor architect

Barcelona, april 2012

Notes:

1 Muñoz, Juan. Writings/Escritos, editado por Adrian Searle, Ediciones de La Central, Barcelona, 2009

2 Lahuerta, Juan José. Humaredas. Arquitectura, ornamentación, medios impresos. Editorial Lampreave, Madrid, 2010, pag. 332 and 337

De Conmocións

Hoxe hai moi poucas obras na arte contemporánea capaces de provocar unha conmoción. Parece coma se a arte derivase cara a unha constelación de autorreferencias onde o suxeito artista antepón a súa subxectividade a toda interpretación posible da realidade. É ofensivo nalgúns casos como as reflexións dende o eu, me and myself, non sobreviven á máis leve esixencia sobre o que ou o como artístico. Noutras palabras, levamos demasiado tempo vendo como o artista se antepón constantemente á súa obra ante o desinterese xeral.

Algo, ou moito diso, aconteceu tamén na arquitectura e é por iso que en tantas ocasións o mundo da arte funcionou como unha especie de preditor do status quo arquitectónico. O dinamismo propio da arte, a capacidade dunha obra de ser executada nun período de tempo relativamente curto, fai que funcione como avanzada de comportamentos e derivas que en ocasións se calcan no mundo da arquitectura.

De ser certo, isto non quere dicir nin de lonxe, que a arte e a arquitectura estean intimamente emparentadas. Esa liason soamente foi un sono de verán provocado polas efervescencias nacidas nas vangardas de hai case cen anos. O en todo caso, a arte e a arquitectura non están máis emparentadas que o deseño gráfico e o deseño industrial, por exemplo. Evidentemente participan de certas esferas comúns, doutras tanxentes e de moitas que nin por asomo poden asimilarse. Quizais se inflúen, pero nin de lonxe son as ramas próximas dun madeiro común. Para entender definitivamente a distancia entre arte e arquitectura abonda caer na conta sobre a imposibilidade dunha nova Bauhaus, por exemplo.

Non obstante, si que hai algunha cousa que comparten a arte e a arquitectura. Esta cousa é a conmoción, é dicir o feito de que por un instante nos sentimos atordados e á vez fascinados por algún tipo de descubrimento que trastorna profundamente o noso xeito de mirar. Adoitamos confundir a obra, xa sexa artística ou arquitectónica, co descuberto, cando en realidade o que acontece é que a obra funcionou como un catalizador que provocou unha transformación no noso interior. Tras ver unha instalación de Anish Kapoor ou plantarse de súpeto e por sorpresa ante un Inocencio X de Bacon, o corazón dá un xiro e a necesidade de respirar profundamente convértese nun acto reflexo. A obra operou un cambio das nosas estrutura internas, transformounos, conmocionounos. Mellor dito, a expresión nesas obras da idea de transcendencia emocionounos ata o límite de provocar unha conmoción.

Non obstante, si que hai algunha cousa que comparten a arte e a arquitectura. Esta cousa é a conmoción, é dicir o feito de que por un instante nos sentimos atordados e á vez fascinados por algún tipo de descubrimento que trastorna profundamente o noso xeito de mirar. Adoitamos confundir a obra, xa sexa artística ou arquitectónica, co descuberto, cando en realidade o que acontece é que a obra funcionou como un catalizador que provocou unha transformación no noso interior. Tras ver unha instalación de Anish Kapoor ou plantarse de súpeto e por sorpresa ante un Inocencio X de Bacon, o corazón dá un xiro e a necesidade de respirar profundamente convértese nun acto reflexo. A obra operou un cambio das nosas estrutura internas, transformounos, conmocionounos. Mellor dito, a expresión nesas obras da idea de transcendencia emocionounos ata o límite de provocar unha conmoción.

Sin embargo, sí que hay alguna cosa que comparten el arte y la arquitectura. Esta cosa es la conmoción, es decir el hecho de que por un instante nos sentimos aturdidos y a la vez fascinados por algún tipo de descubrimiento que trastorna profundamente nuestra manera de mirar. Solemos confundir la obra, ya sea artística o arquitectónica, con lo descubierto, cuando en realidad lo que ocurre es que la obra ha funcionado como un catalizador que ha provocado una transformación en nuestro interior. Tras ver una instalación de Anish Kapoor o plantarse de repente y por sorpresa ante un Inocencio X de Bacon, el corazón da un vuelco y la necesidad de respirar profundamente se convierte en un acto reflejo. La obra ha operado un cambio de nuestras estructura internas, nos ha transformado, nos ha conmocionado. Mejor dicho, la expresión en esas obras de la idea de trascendencia nos ha emocionado hasta el límite de provocar una conmoción.

A natureza deste sentimento irresistible vén a ter unha primeira etapa de derrubamento, de vacilación no ser. É dicir, un sente como se derruban as súas estruturas intelectuais e sensibles co estrondo do desasosego. A segunda etapa constitúea a reificación, entendida como a transformación en cousa da figura retórica que representa a obra, coma se fose unha realidade. Esta cosificación da obra produce un automatismo contrario ao derrubamento que consiste nunha autoafirmación, unha entrada misteriosa de enerxía creativa de alta octanaxe, a parte case organoléptica dunha revelación.

O resultado é o dunha profunda transformación interna das bases intelectuais e sensitivas, acompañada dunha incontinencia creativa.

En case todos os casos este tipo de conmocións proveñen dunha confrontación directa cunha peza mestra da arquitectura ou da arte. En moi poucos, a sensibilidade do que mira, é capaz de chegar a un nivel tan alto de sofisticación, que lle permite experimentar unha conmoción en toda regra ante unha escena doméstica, a máis sinxela que poida imaxinarse.

A capacidade de extasiar se co pequeno debería ser hoxe unha liña de traballo moi frutífera, o exercicio de mirar o reducido, o ínfimo, o cotián e chegar a encontrar alí o enorme, o infinito e o extraordinario é de todas as capacidades do arquitecto a que debería estar máis desenvolvida.

De todo isto fala este pequeno texto de Juan Muñoz, un artista coa mirada dun arquitecto. Só moi de cando en vez, un se encentra ante a nudez dun texto que fala precisamente de conmocións e que á súa vez é capaz de conmocionar profundamente. Só moi de cando en vez un encontra expresado na súa xusta medida o que debería significar o feito de mirar unha arquitectura. E quizais máis habitualmente do que debería ser a norma, un non arquitecto dános unha lección extraordinaria dun xeito de mirar arquitectura.

É difícil encontrar na obra de Juan Muñoz un lugar, un espazo deshabitado. Os seus enigmáticos personaxes provocan unha carga de profundo desasosego ata o punto que todo estala nunha conmoción necesaria. Soamente cunha ínfima parte da capacidade de conmoción da obra de Muñoz, calquera arquitecto debería sentirse regalado.

Este texto acompáñame dende hai certo tempo e recorro a el coa cegueira dun adicto…

«As bisagras das ventás. Unhas bisagras longas, como non as vira nunca antes.

Aínda o recordo con todo detalle. Levantarme pola mañá e, antes ou despois de almorzar (estaba a empezar o verán), abrir as ventás de par en par e contemplar como se ocultaban. Coma se tivesen desaparecido a ambos os dous lados da parede de ladrillo.

As bisagras eran tan longas que permitían que tivese lugar ese truco de maxia. Aínda o recordo. Era sinxelo. Tiñas que tirar do ferrollo da ventá e apertar lixeiramente pero con forza cara a fóra ata que as dúas follas se separasen e despois empurralas cara a diante, cara ao xardín. Entón, os dous marcos de metal apartábanse e cada un deles xiraba grazas a esas bisagras tan longas xunto coa súa enorme folla de cristal correspondente e, de pronto, nun abrir e pechar de ollos, xa non estaban alí…

O que conseguiu Mies parecíase a un deses trucos de maxia. Un acto de desaparición. Agora, mentres escribo, neste preciso instante, creo telo comprendido. Pecho os ollos. Coa man esquerda súbome os lentes, e inmediatamente despois apértome lixeiramente os ollos co índice e o polgar. Durante un segundo, espero, e logo abro os ollos, e miro, esas liñas metálicas ríxidas e incómodas xa non están aí.

Se, o recordo. As ventás xirando lentamente sobre esas bisagras tan longas… e, de pronto, nun abrir e pechar de ollos, desaparecían.»

  A vida cotiá nunha casa de Mies van der Rohe.1

A fotografía que acompaña a este texto correspóndese cun fragmento dunha fotografía estereoscópica anónima do ano 1929. Nesta fotografía obsérvase, como atinadamente comenta Juan José Lahuerta como o Pavillón se levanta non como unha cousa, senón como aire nada máis, aire enmudecido sobre un pedestal, sempre traspasando as súas propias paredes, atravesándose a si mesmo. Virtude terrible, sen dúbida: encerrada en todas as partes, aquí e alá, conxelada na súa propia perfección de Nada e de Ningún Lugar.2

Precisamente sexa a conmoción de ver a Nada nunha casa de Mies, o que Juan Muñoz narra no seu delicado texto. O mesmo tipo de conmoción, que salvando as distancias, se obtén ao observar a reprodución fascímile do Pavillón de Alemaña de Cereal que temos en Barcelona.

Miquel Lacasta Codorniu. Doutor arquitecto

Barcelona, abril 2012

Notas:

1 Muñoz, Juan. Writings/Escritos, editado por Adrian Searle, Ediciones de La Central, Barcelona, 2009

2 Lahuerta, Juan José. Humaredas. Arquitectura, ornamentación, medios impresos. Editorial Lampreave, Madrid, 2010, pag. 332 y 337

Miquel Lacasta Codorniu
Miquel Lacasta Codorniuhttps://axonometrica.wordpress.com/
Es cofundador en ARCHIKUBIK y también en @kubik - espacio multidisciplinario. Obtuvo un Ph.D. con honores (cum laude) en ESARQ Universitat Internacional de Catalunya UIC y también fue galardonado con el premio especial Ph.D (UIC 2012), M.arch en ESARQ Universitat Internacional de Catalunya, y se graduó como arquitecto en ETSAB Universitat Politècnica de Catalunya . Miquel es profesor asociado en ESARQ desde 1996. Anteriormente, fue profesor en Elisava y Escola LAI, y también en programas de postgrado en ETSAB y La Salle. Fue arquitecto en la oficina de Manuel Brullet desde 1989 desde 1995. Ha sido galardonado en "Taller Barcelona'96. El TGV, una oportunidad por estructurar la periferia ". Fue codirector del taller "Territorio Virtual, Límite Urbano" en ITSEM Guadalajara, México en 2000 y también codirector del taller "Ravalizar Barcelona" en ITSEM Guadalajara, México, y CCNY, Nueva York, EE. UU. En 2002, 2003 y 2004. Ganó el premio A + en 2010 por Sunion School en el Best Educational Building, The International Architecture Award 2008 en The Chicago Athenaeum por Colin's House y el primer premio en Corian Prize en 2006. Su obra ha sido expuesta en Barcelona , Madrid, Florencia, Cannes y en Le Pavillon de l'Arsenal en París. Varias publicaciones han sido reconocidas por su trabajo como Quaderns, ON, Arquitectura Plus, Piso, Arquitectura y Diseño, El País, ABC, La Vanguardia, Clarín, Sole 24 Ore, y otros. Recientemente realizó conferencias en ITSEM Guadalajara, México, Facolta di Architettura di l'Alghero, Italia, msa Münster School of Architecture, Münster Alemania, IBM Think Tank en París, Francia, y varias universidades y organizaciones en España. Recientemente fue galardonado con el ZAC RN5 en el concurso Vitry-sur-Seine, un Eco-distrito de 255 residencias sociales y privadas y una residencia de estudiantes en Ivry, y 32 apartamentos asistidos para personas mayores en Olesa de Montserrat.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS