InicioartículosConstruir | José Ramón Hernández CorreaConstruir | José Ramón Hernández CorreaBuilding |...

Construir | José Ramón Hernández CorreaConstruir | José Ramón Hernández CorreaBuilding | José Ramón Hernández Correa

Estoy construyendo una casa. Esta, y una pequeñísima nave, es lo único que me queda ahora, tras años de frenesí.
Construir una casa: En aquella penúltima etapa de mi vida hacía tantas que casi se me había olvidado lo que significaba.
Es magia. Independientemente de la mayor o menor calidad arquitectónica, es un milagro. Se toman los planteamientos funcionales, los gustos, las necesidades, los caprichos, etc, del cliente y se cruzan con la forma del solar, la ordenanza, la normativa técnica, e, inevitablemente, también con los gustos, las necesidades, los caprichos, etc, del arquitecto. (El arquitecto se dice a sí mismo que no debe meter sus gustos en este cóctel, pero no puede evitarlo).

De ese revuelto salen cosas a medias: Lo que se ha pensado como solución de un problema agrava otro diferente. Hay momentos en que no se ve ninguna solución. Hay días en que todo sale mal.

Sin embargo, siempre, siempre, se acaba resolviendo (mejor o peor) el proyecto. Las cosas encajan más o menos como se quería y todo cuadra (más o menos, ya digo).

Y, con todo ello, el proyecto no es la arquitectura. El proyecto es una declaración de intenciones, que intenta prever los problemas y las soluciones, pero que no está preparado para todo lo que viene.

Y lo que viene es lo bueno. La arquitectura en papel no es arquitectura. La arquitectura hay que construirla. En papel se pueden dibujar muchas cosas, pero hay que hacerlas realidad, mojarse, pringarse. Ahí empieza la arquitectura. Ahí está la arquitectura.

Cartel de obra de José Ramón Hernández Correa

Comienza la obra y al arquitecto, para empezar, le dan un juguetito que vale mucho dinero. Excavadoras, camiones, encofrados, y, sobre todo, muchas personas, están pendientes de lo que sugieras, de lo que aportes, de lo que indiques. (Menos mal que la mayoría de las veces son gente muy profesional y son ellos los que te sugieren, te aportan, te indican).

Sale una cueva inesperada, un imprevisto del tipo que sea o un aspecto que no se pensó en el proyecto, y hay que tomar una decisión. Y allí, en la obra, tienes que aparentar una seguridad que estás lejos de tener. Con todo, das una solución. No sabes si es la mejor, pero es una solución. Y con ella tiran para alante.

Y en casa (sobre todo de noche, sobre todo de madrugada) tienes la certeza absoluta de que esa solución «A» que has dado es mala, y que habría que haber hecho la «B».
(Una cosa es segura: Si hubieras decidido la «B», esa madrugada te habrías despertado igualmente con la certeza absoluta de que la decisión había sido mala y que tendrías que haber tomado la «A». Eso es así siempre, y no tiene remedio).

Y te vas por la mañana temprano a la obra, a ver si llegas a tiempo de contradecirte, pero ya han hormigonado.

De todas formas, la obra sigue progresando, y se termina, y queda ahí, y casi siempre bien. Y uno no se explica cómo ha sido posible.
El afán de construir, la fuerza de construir, el orgullo de construir. Qué placer.

Decía Mies van der Rohe que la arquitectura empezaba cuando se colocaba un ladrillo con esmero, y decía un amigo mío que nunca había experimentado mayor placer (con los pantalones puestos) que cuando un muro o un tabique (o lo que fuera) iban por donde él había pensado cuando los dibujaba. Ver a un albañil hacer lo que uno previó, o a un cerrajero soldar las piezas que uno imaginó, es una sensación indescriptible.

En la época excesiva, llevaba en la guantera del coche una esponja limpiazapatos, para quitarles el polvo y darles algún brillo cuando volvía de las obras. Ayer, viniendo de mi obra, miraba orgulloso mis zapatos sucios. Pero ya me quedo sin obras. Qué mono presiento, qué nostalgia anticipada. Cuando tenga los zapatos inevitablemente limpios llevaré en la guantera del coche una bolsita de polvo, para echarme un poco, por lo menos en las punteras, y sentirme a gusto.

José Ramón Hernández Correa · Doctor Arquitecto
Toledo · marzo 2012

I am constructing a house. This one, and the smallest ship, is the only thing that I still have now, after years of frenzy.

To construct a house: In that penultimate stage of my life it was doing so many people that almost I had been forgotten what it was meaning.

It is a magic. Independently of the major or minor architectural quality, it is a miracle. There take the functional expositions, the tastes, the needs, the caprices, etc, of the client and cross with the form of the lot, the ordinance, the technical regulation, and, inevitably, also with the tastes, the needs, the caprices, etc, of the architect. (It is said the architect to yes same that it must not put his tastes in this coctail, but it cannot avoid it).

Of this in a mess one they go out sew by half: what has been thought as solution of a problem aggravates different other one. There are moments in which one does not see any solution. It is days in which everything goes out badly.

Nevertheless, always, always, the project ends up by being solved (better or worse). The things fit more or less like it was wanted and everything fits (more or less, already I say).

And, with all this, the project is not the architecture. The project is a declaration of intentions, which tries to foresee the problems and the solutions, but that is not prepared for everything what comes.

And what comes is the good thing. The architecture in paper is not an architecture. The architecture it is necessary to construct it. In paper they can draw many things, but it is necessary to make them real, to be wetted, to get splashed. There it begins the architecture. There the architecture is.

Cartel of Jose Ramon Hernández Correa’s work

It begins the work and to the architect, to begin, they give him a juguetito that costs a lot of money. Excavators, trucks, encofrados, and, especially, many persons, are dependent on what you suggest, on what contributions, on what you should indicate. (Less badly than the majority of the times they are a very professional people and are they those who suggest you, they contribute you, indicate you).

There goes out an unexpected cave, the unforeseen one of the type that is or an aspect that was not thought about the project, and is necessary to take a decision. And there, in the work, you have to feign a safety that you are far from having. With everything, you give a solution. You do not know if it is the best, but it is a solution. And with her they throw for alante.

And in house (especially by night, especially in the dawn) you have the absolute certainty of which this solution «A» that you have given is bad, and that would be necessary to exist done her «B».

(A thing is sure: If you had decided the «B», this dawn you would have woken up equally with the absolute certainty of which the decision had been bad and which you would have to take her «To». It is like that always, and does not have remedy).

And you go away in the morning early to the work, to seeing if you come in time of contradicting yourself, but already they have maked to concrete .

Of all forms, the work continues progressing, and finishes, and stays there, and almost always well. And one does not explain to himself how it has been possible.

The zeal to construct, the force of constructing, the pride of constructing. What pleasure.

He was saying Mies van der Rohe that the architecture was beginning when a brick was placed neatly, and was saying a friend of mine who had never experienced major pleasure (with the put trousers) that when a wall or a partition (or what was) they were going where he had thought when he was drawing them. To see a bricklayer to do what one foresaw, or a locksmith to weld the pieces that one imagined, it is an indescribable sensation.

In the excessive epoch, it was taking in the glove compartment of the car a sponge limpiazapatos, to take the powder from them and to give them some sheen when it was returning of the works. Yesterday, coming from my work, it was looking proudly at my dirty shoes. But already I remain without works. What monkey I sense beforehand, what nostalgia early. When it has the inevitably clean shoes I will take in the glove compartment of the car a bolsita of powder, to begin a bit, at least in the toes, and to feel to taste.

José Ramón Hernández Correa · Doctor Architect

Toledo · march 2012

Estou a construír unha casa. Esta, e unha pequena nave, é o único que me queda agora, tras anos de frenesí.

Construír unha casa: Naquela penúltima etapa da miña vida había tantas que case se me esquecera o que significaba.

É maxia. Independentemente da maior ou menor calidade arquitectónica, é un milagre. Toman as formulacións funcionais, os gustos, as necesidades, os caprichos, etc, do cliente e crúzanse coa forma do soar, a ordenanza, a normativa técnica, e, inevitablemente, tamén cos gustos, as necesidades, os caprichos, etc, do arquitecto. (O arquitecto dise a si mesmo que non debe meter os seus gustos neste cóctel, pero non pode evitalo).

Dese revolto saen cousas a medias: O que se pensou como solución dun problema agrava outro diferente. Hai momentos en que non se ve ningunha solución. Hai días en que todo sae mal.

Non obstante, sempre, sempre, se acaba resolvendo (mellor ou peor) o proxecto. As cousas encaixan máis ou menos como se quería e todo cadra (máis ou menos, xa digo).

E, con todo iso, o proxecto non é a arquitectura. O proxecto é unha declaración de intencións, que intenta prever os problemas e as solucións, pero que non está preparado para todo o que vén.

E o que vén é o bo. A arquitectura en papel non é arquitectura. A arquitectura hai que construíla. En papel pódense debuxar moitas cousas, pero hai que facelas realidade, mollarse, pringar se. Aí empeza a arquitectura. Aí está a arquitectura.

Cartel de obra de José Ramón Hernández Correa

Comeza a obra e ao arquitecto, para empezar, danlle un juguetito que vale moito diñeiro. Escavadoras, camións, encofrados, e, sobre todo, moitas persoas, están pendentes do que suxiras, do que achegas, do que indiques. (Menos mal que a maioría das veces son xente moi profesional e son eles os que che suxiren, achégante, indícante).

Sae unha cova inesperada, un imprevisto do tipo que sexa ou un aspecto que non se pensou no proxecto, e hai que tomar unha decisión. E alí, na obra, tes que aparentar unha seguridade que estás lonxe de ter. Con todo, dás unha solución. Non sabes se é a mellor, pero é unha solución. E con ela tiran para alante.

E na casa (sobre todo de noite, sobre todo de madrugada) tes a certeza absoluta de que esa solución «A» que deches é mala, e que habería que ter feito a «B».

(Unha cousa é segura: Se tiveses decidido a «B», esa madrugada terías espertado igualmente coa certeza absoluta de que a decisión fora mala e que terías que ter tomado a » A «. Eso é así sempre, e non ten remedio).

E vaste pola mañá temperán á obra, a ver se chegas a tempo de contradicirte, pero xa formigonar.

De todos os xeitos, a obra segue progresando, e remata, e queda aí, e case sempre ben. E un non se explica como foi posible.

O afán de construír, a forza de construír, o orgullo de construír. Que pracer.

Dicía Mies van der Rohe que a arquitectura empezaba cando se colocaba un ladrillo con esmero, e dicía un amigo meu que nunca experimentara maior pracer (cos pantalóns postos) que cando un muro ou un tabique (ou o que fose) ían por onde el pensara cando os debuxaba. Ver un albanel facer o que un previu, ou a un cerralleiro soldar as pezas que un imaxinou, é unha sensación indescritible.

Na época excesiva, levaba na guanteira do coche unha esponxa limpiazapatos, para quitarlles o po e darlles algún brillo cando volvía das obras. Onte, vindo da miña obra, miraba orgulloso os meus zapatos sucios. Pero xa quedo sen obras. Que mono presinto, que nostalxia anticipada. Cando teña os zapatos inevitablemente limpos levarei na guanteira do coche unha bolsiña de po, para botarme un pouco, polo menos nas punteiras, e sentirme a gusto.

José Ramón Hernández Correa · Doutor Arquitecto

Toledo · marzo 2012

José Ramón Hernández Correa
José Ramón Hernández Correahttp://arquitectamoslocos.blogspot.com.es/
Nací en 1960. Arquitecto por la ETSAM, 1985. Doctor Arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid, 1992. Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. Ahora estoy algo cansado, pero sigo atento y curioso. Arquitecto, bloguero, saxofonero, escritor... pero todo mal.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR

2 COMENTARIOS

0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
2 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados
Alberto Alonso Oro
Alberto Alonso Oro
12 years ago

Alteridades para una vivienda biopolítica

Artículo en 12 post sobre la vivienda contemporánea y cómo podría
pensarse para sustituir la máquina actual, a la cual podríamos definir
como preparatoria para el trabajo y la reproducción, por una que
posibilite otros modos de enfrentarnos a nuestro día a día como seres
autónomos pero políticamente activos. Estas reflexiones se comparten con
el objeto de ser debatidas y apropiadas.

[…]
josé laulhé
http://goo.gl/g8Q4dI

Alberto Alonso Oro
Alberto Alonso Oro
12 years ago

CONCIERTO DE ARQUITECTURA · SAntiago de Molina

La ciudad es el instrumento musical por antonomasia de la modernidad.
Esto ha sido probado antes incluso de que la modernidad existiese como
tal. Los “intonarumori” (entonaruidos), fueron los inventos de Luigi Russolo y Ugo Piatti para recrearlos.

Esto bastaría para probar la constante relación de la arquitectura con
la música, más allá incluso de la equivalencia “congelada” entre ambas.

Esa música arranca desde la construcción de la arquitectura, donde ya
provee interesantes conciertos. El lento ascenso de la cubierta de la
Galería Nacional de Berlín, fue atendida como una sinfonía por Mies Van
der Rohe y toda una multitud que acudió a escuchar los quejidos de la
estructura al elevarse. El esfuerzo de la losa negra de acero ascendida
por majestuosos gatos hidráulicos fue un acto con más efectos musicales
que constructivos o formales, pues en realidad a Mies sólo le importó
siempre una precisa distancia del suelo a techo y no sus gradientes.

El concierto allí presenciado debió estar a la altura de alguno de los mejores de Stockhausen.
[…]
http://goo.gl/t4IF1a

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS