[:es]
Hace unas semanas escribí sobre el Arq. Martín Vegas Pacheco, quien fue mi profesor. Me referí entonces al tiempo en el cual yo hice de su profesor ayudante en el “Taller Vegas” de la Facultad (corría entonces 1962-63) junto a otros colegas que mi memoria me hace difícil enumerar.

Lo cierto es que la convivencia que hoy llamaríamos “académica” y que en esos tiempos parecía más bien un asunto de simples afinidades y oportunidades de la vida que se desplegaba con bastante más dinamismo de lo que nuestro estancamiento de hoy permite, esa convivencia, repito, no fue demasiado armoniosa. Con bastante frecuencia Martín y yo nos enfrentábamos, o mejor dicho yo me enfrentaba a Martín porque el jefe era él, a raíz de desacuerdos sobre el fundamento de lo que hacíamos. Recuerdo en particular un día en el que me presenté a las reuniones donde se preparaban los temas del semestre con una serie de esquemas animados con “magic marker” (un marcador típico de entonces) sobre el modo cómo los temas de diseño se iban originando y definiendo a partir de la noción de “familia”.
Era un enfoque muy ideológico, a tono con la circunstancia venezolana de entonces muy afectada por el afán marxista de ganar este país a la “causa revolucionaria” como correlato de lo que venía ocurriendo en Cuba. Al insistir en la familia como origen del conjunto de actividades sociales a las cuales respondía la arquitectura, yo quería reforzar un punto de vista “cristiano”, asunto que en el contexto del debate político de entonces que era muy fuerte y hasta violento, veía como un testimonio necesario, una toma de partido. Era, puedo decirlo ahora con más distancia, mi obsesión de ese momento; y como tal obsesión me era necesario defenderla con demasiada vehemencia (mi natural forma de defender cualquier cosa) que tropezaba con la incredulidad o tal vez frialdad no exenta de antipatía del Jefe del Taller. Todavía guardo en algún rincón de mis archivos esos dibujitos y su texto garrapateado, lo cual me hace remontarme con no poca nostalgia a momentos de mi vida más espontáneos que me depararon pequeñas y grandes dificultades.
Pero el Jefe del Taller era sin embargo, pese a su desconfianza hacia los arrestos ideológicos, una persona a la que le interesaban las ideas. Insistía en que los estudiantes se enriquecieran como parte de sus tareas. Así que se le ocurrió un día poner un cuestionario en el cual indagaba sobre los libros que cada quien había leído recientemente y, en particular, sobre el que estaban leyendo en ese momento. Yo estuve muy de acuerdo con el cuestionario, pero íntimamente me sentía un tanto incómodo porque ocurría que en esos momentos no estaba leyendo nada, o que mi último libro estaba un poco distante.
Y así permanecí en los años por seguir. Nunca fui un lector persistente y consuetudinario sino más bien ocasional. En etapas leí mucho sobre arquitectura, o mejor dicho sobre especulaciones “teóricas” con la arquitectura como pretexto; y la literatura en general no ha dejado nunca de atraerme, pero a veces me acerco a mi biblioteca y me sorprende la cantidad de libros que allí están, de los cuales no pasé de las primeras quince páginas. Eso, mientras personas cercanas estaban siempre hablando del último libro leído y viejos amigos o compañeros de adolescencia podían fácilmente ser catalogados de “tragalibros”.
Yo diría que así fue en general hasta que tuve cincuenta años. La edad que hoy en día tiene mi hijo mayor, quien por cierto lee muy poco hasta el punto de parecerme que se lo debo decir, si no fuese porque decirle cosas a hijos tan grandotes es de las prácticas de las cuales debe abstener todo padre. De esa edad en adelante he empezado a leer de modo mucho más asiduo, y ya en los últimos tiempos disfruto mucho mi rutina de leer siempre al comenzar la mañana. No mucho tiempo, por cierto, porque no soy persona capaz de concentrarme durante muchos minutos seguidos.
El caso es que por fin me he convencido de que la lectura es un asunto que debo convertir en parte rutinaria de mi vida. Y no es que antes no pensara lo mismo, sino que ahora lo vivo de modo intenso, ventajas de hacerse mayor. Y en la lectura va uno encontrando con frecuencia alusiones y más que alusiones representaciones bastante precisas sobre asuntos que a uno le han venido preocupando y que allí encuentra expresados con la claridad o la hermosura poética que a uno se le escapa.
No he sido lector de poesía sino en el caso de ciertos autores que se han convertido para mí en compañeros de vida, como Fernando Pessoa por ejemplo. Pero durante el tiempo, que comenzó hace dos décadas o un poco más, cuando empecé a conectarme con la filosofía consiguiéndolo sólo a medias y a partir de visiones filosóficas que más bien se distancian de la filosofía histórica; durante ese tiempo, repito, se fue formando en mí la casi convicción de que el modio de filosofar más auténtico es el que utiliza las formas poéticas. El poeta, el escritor en prosa o en verso filosofa utilizando los recursos poéticos a su alcance o usando el discurso de alguno de sus personajes, de un modo que me parece mucho más vital que el filósofo que exige al lector compartir un “juego de lenguaje” que lo lleve a entrar en un mundo metafísico. El poeta no. El poeta sugiere con palabras que todo el mundo entiende, o más bien simples palabras convertidas en instrumentos para la ensoñación poética, que abre significados múltiples y estimulan el pensar.
Veo en el poema, la prosa poética, la novela, como vehículos del filosofar. Tal vez por eso en estos tiempos otoñales me atraen tanto las novelas.
Y he regresado así a algunas que leí hace años o a leer las que debí haber leído.
Como es el caso de las novelas de Joseph Conrad1. En las cuales, como en Nostromo, he encontrado muchas claves para reflexionar.2
Algunas de ellas se resumen en las citas que incluyo más abajo en las notas3. Pero aquí dejo estas otras, tan a punto para nosotros los venezolanos:
“…ya que tantas cosas que parecían escandalosas, extrañas y grotescas…tenían que ser aceptadas como normales en el país…”
“…cuando hayamos hecho las paces entre nosotros y nos hayamos vuelto decentes y honorables, ya no nos quedará nada…”
“…¿Pero qué ocurre cuando no puedes trabajar honradamente hasta que los ladrones estén satisfechos?…”
Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, octubre 2012,
Entre lo Cierto y lo Verdadero
Notas:
1. Leyendo a Borges tropecé alguna vez con el nombre de Joseph Conrad, Józef Teodor Konrad Korzeniowski (1857-1924), escritor británico, en realidad ciudadano polaco emigrado a Inglaterra. Citado bajo su nombre original en las primeras líneas del cuento de Borges “Guayaquil” que forma parte de su libro “El Informe de Brodie”, publicado en 1970.
Esas primeras líneas se refieren a la novela “Nostromo” de Conrad de la cual saca Borges los personajes con los que teje la curiosa historia que le permite decir con el ingenio y el seductor lenguaje que es difícil no admirar, algunas cosas certeras sobre las distintas versiones que hay sobre la histórica entrevista de Bolívar y San Martín.
Había oído de Nostromo en una circunstancia muy particular, hace más de treinta años, en una sala de espera de una islita del Caribe donde esperaba abordar un pequeño avión junto a un locuaz norteamericano que tal vez motivado por el lugar en el que estábamos o al saber que yo era venezolano, se explayó en elogios de su lectura reciente. Mencionó una y otra vez el nombre, que retuve desde entonces hasta que por fin, hace unos meses, compré la novela en edición de bolsillo.
Y hace unos días terminé de leerla, no sin cierto pesar, como ocurre con las novelas que te atrapan, y conmovido por la capacidad de Conrad de adentrarse en paisajes, atmósferas y personajes con la profundidad que podría estarle vedada a un inglés demasiado inglés y que resulta bien explicada por el alejamiento reflexivo que sobre las andanzas inglesas por el mundo puede tener un polaco. Me persiguió durante toda la lectura la idea de que Costaguana, la república sudamericana descrita en Nostromo era una figuración de Venezuela.
2. Muchos nombres, lugares y personajes me lo hacían pensar. Higuerota es el nombre de una enorme montaña que tutela la ciudad de Sulaco. El Golfo Plácido no me parecía otro que nuestro Golfo Triste, de aguas protegidas y apacibles, que tuvo que navegar Conrad cuando a los veinte años, como marinero de un barco mercante, iba de Puerto Cabello, donde había desembarcado, hacia el Oeste y la costa colombiana del Caribe. Guzmán Bento había sido el último dictador, los llaneros son parte principal del pueblo de Costaguana, la república inventada por Conrad, en la cual las ventas de víveres se llaman pulperías, el pueblo recuerda a un legendario héroe llamado Páez, y el abuelo de uno de los personajes centrales había luchado en la Legión Británica bajo el mando de Bolívar.
No obstante, dada la amistad de Conrad con el prologuista inglés del relato de un caballero colombiano, Santiago Pérez Triana, sobre sus aventuras como exiliado que termina recalando en Inglaterra; y el hecho de que Conrad se refiere a él como el modelo de un importante personaje de su novela, se ha dicho en Colombia que Costaguana es una figura borrosa de ese país. Tesis abonada por la idea de que la República Occidental que se separa del resto de Costaguana en la novela, podría ser una referencia a Panamá, provincia que se separa de Colombia también a instancia de los intereses extranjeros, pero en este caso por la construcción del Canal.
En todo caso Conrad hace una magistral exploración en lo que han sido nuestras repúblicas marcadas por la hipocresía de sus líderes y por la codicia de propios y extraños. Y lo hace además con una capacidad de penetración sorprendente que subraya su grandeza como escritor e intelectual.
Y Conrad, quien gustaba de hacer prolijas descripciones de geografías, lugares y estancias hasta el punto de que algún comentarista le atribuyera un deseo de dibujar con las palabras, no deja de ser un observador inteligente de las arquitecturas en las que transcurre el relato. Me llamó la atención en particular la descripción de la casa de la familia Gould, los protagonistas de ascendencia europea:
Hileras de plantas en tiestos, dispuestas sobre la balaustrada entre las columnas de los arcos, ocultaban el corredor…cuyo espacio enlosado es el verdadero corazón de una casa sudamericana, donde la sucesión de luz y de sombra en las baldosas marca las tranquilas horas de la vida doméstica.
Pero hay otras reflexiones demostrativas de un talante crítico afirmado en una visión culta, que revela conocimiento y comprensión de nuestro transitar histórico:
…pusimos en erupción a todo un continente con nuestra independencia sólo para convertirnos en la presa pasiva de una parodia democrática, las víctimas inermes de pícaros y matones, nuestras instituciones una burla, nuestras leyes una farsa: ¡un Guzmán Bento nuestro dueño! …
¿Acaso no podríamos decir los venezolanos exactamente eso, no sólo a propósito de Guzmán (Blanco) sino de muchos de los que lo sucedieron?
Y llama la atención esta crítica elegante muy inglesa, a la capacidad americana, de los del Norte y los del Sur, de sustituir la realidad con las palabras:
…ambas Américas segregan grandes cantidades de elocuencia de una forma o de otra…
Ciertas frases nos tocan de modo directo a los venezolanos de hoy: …nada puede extrañar que haya bandidos… cuando los que nos gobiernan…no son más que ladrones… Y ésta especialmente: Como la mayor parte de sus compatriotas, se entusiasmaba con el sonido de las palabras retóricas, sobre todo si pronunciadas por él…
3. Y vuelve a mí la idea, siguiendo la huella de pensadores que han abordado el tema, que la única manera de escapar de los lenguajes privados excluyentes o especializados que tanto distancian al discurrir filosófico de la gente en general, es filosofando desde el lenguaje poético, literario. Esta obra puede ser una confirmación de ese supuesto, como lo son tantas grandes novelas o la obra de los poetas que perduran.
[:gl]
Fai unhas semanas escribín sobre o Arq. Martín Vegas Pacheco, quen foi o meu profesor. Referinme entón ao tempo no cal eu fixen do seu profesor axudante no “Obradoiro Veigas” da Facultade (corría entón 1962-63) xunto a outros colegas que a miña memoria faime difícil enumerar.

O certo é que a convivencia que hoxe chamariamos “académica” e que neses tempos parecía máis ben un asunto de simples afinidades e oportunidades da vida que se despregaba con bastante máis dinamismo do que o noso estancamento de hoxe permite, esa convivencia, repito, non foi demasiado armoniosa. Con bastante frecuencia Martín e eu enfrontabámonos/enfrontabámosnos, ou mellor devandito eu enfrontábame a Martín porque o xefe era el, a raíz de desacuerdos sobre o fundamento do que faciamos. Recordo en particular un día no que me presentei ás reunións onde se preparaban os temas do semestre cunha serie de esquemas animados con “magic marker” (un marcador típico de entón) sobre o modo como os temas de deseño íanse orixinando e definindo a partir da noción de “familia”.
Era un enfoque moi ideolóxico, a ton coa circunstancia venezolana de entón moi afectada polo afán marxista de gañar este país á “causa revolucionaria” como correlato do que viña ocorrendo en Cuba. Ao insistir na familia como orixe do conxunto de actividades sociais ás cales respondía a arquitectura, eu quería reforzar un punto de vista “cristián”, asunto que no contexto do debate político de entón que era moi forte e ata violento, vía como un testemuño necesario, unha toma de partido. Era, podo dicilo agora con máis distancia, a miña obsesión dese momento; e como tal obsesión érame necesario defendela con demasiada vehemencia (o meu natural forma de defender calquera cousa) que tropezaba coa incredulidade ou talvez frialdade non exenta de antipatía do Xefe do Taller. Aínda gardo nalgún recuncho dos meus arquivos eses dibujitos e o seu texto garrapateado, o cal me fai remontarme con non pouca nostalxia a momentos da miña vida máis espontáneos que me depararon pequenas e grandes dificultades.
Pero o Xefe do Taller era con todo, a pesar da súa desconfianza cara aos arrestos ideolóxicos, unha persoa á que lle interesaban as ideas. Insistía en que os estudantes se enriquecesen como parte das súas tarefas. Así que se lle ocorreu un día poñer un cuestionario no cal indagaba sobre os libros que cada quen lera recentemente e, en particular, sobre o que estaban a ler nese momento. Eu estiven moi de acordo co cuestionario, pero intimamente sentíame un tanto incómodo porque ocorría que neses momentos non estaba a ler nada, ou que o meu último libro estaba un pouco distante.
E así permanecín nos anos por seguir. Nunca fun un lector persistente e consuetudinario senón máis ben ocasional. En etapas lin moito sobre arquitectura, ou mellor devandito sobre especulacións “teóricas” coa arquitectura como pretexto; e a literatura en xeral non deixou nunca de atraerme, pero ás veces achégome á miña biblioteca e sorpréndeme a cantidade de libros que alí están, dos cales non pasei do primeiras quince páxinas. Iso, mentres persoas próximas estaban sempre falando do último libro lido e vellos amigos ou compañeiros de adolescencia podían facilmente ser catalogados de “tragalibros”.
Eu diría que así foi en xeral ata que tiven cincuenta anos. A idade que hoxe en día ten o meu fillo maior, quen por certo le moi pouco ata o punto de parecerme que llo debo dicir, se non fose porque dicirlle cousas a fillos tan grandotes é das prácticas das cales debe abster todo pai. Desa idade en diante empecei a ler de modo moito máis asiduo, e xa nos últimos tempos gozo moito a miña rutina de ler sempre ao comezar a mañá. Non moito tempo, por certo, porque non son persoa capaz de concentrarme durante moitos minutos seguidos.
O caso é que por fin me convencín de que a lectura é un asunto que debo converter en parte rutineira da miña vida. E non é que antes non pensase o mesmo, senón que agora o vivo de modo intenso, vantaxes de facerse maior. E na lectura vai un atopando con frecuencia alusións e máis que alusións representacións bastante precisas sobre asuntos que a un viñéronlle preocupando e que alí atopa expresados coa claridade ou a fermosura poética que a un escápaselle.
Non fun lector de poesía senón no caso de certos autores que se converteron para min en compañeiros de vida, como Fernando Pessoa por exemplo. Pero durante o tempo, que comezou hai dúas décadas ou un pouco máis, cando empecei a conectarme coa filosofía conseguíndoo só a medias e a partir de visións filosóficas que máis ben se distancian da filosofía histórica; durante ese tempo, repito, foise formando en min a case convicción de que o modio de filosofar máis auténtico é o que utiliza as formas poéticas. O poeta, o escritor en prosa ou en verso filosofa utilizando os recursos poéticos ao seu alcance ou usando o discurso dalgún dos seus personaxes, dun modo que me parece moito máis vital que o filósofo que esixe ao lector compartir un “xogo de linguaxe” que o leve a entrar nun mundo metafísico. O poeta non. O poeta suxire con palabras que todo o mundo entende, ou máis ben simples palabras convertidas en instrumentos para a fantasía poética, que abre significados múltiples e estimulan o pensar.
Vexo no poema, a prosa poética, a novela, como vehículos do filosofar. Talvez por iso nestes tempos otoñales atráenme tanto as novelas.
E regresei así a algunhas que lin hai anos ou a ler as que debín ler.
Como é o caso das novelas de Joseph Conrad1. Nas cales, como en Nostromo, atopei moitas claves para reflexionar.2
Algunhas delas resúmense nas citas que inclúo máis abaixo nas notas3. Pero aquí deixo estoutras, tan a punto para nós os venezolanos:
“…xa que tantas cousas que parecían escandalosas, estrañas e grotescas?tiñan que ser aceptadas como normais no país…”
“…cando fixésemos as paces entre nós e volverámonos/volverámosnos decentes e honorables, xa non nos quedará nada…”
“…Pero que ocorre cando non podes traballar honradamente ata que os ladróns estean satisfeitos?…”
Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, outubro 2012,
Entre o Certo e o Verdadeiro
Notas:
1. Lendo a Borges tropecei algunha vez co nome de Joseph Conrad, Józef Teodor Konrad Korzeniowski (1857-1924), escritor británico, en realidade cidadán polaco emigrado a Inglaterra. Citado baixo o seu nome orixinal nas primeiras liñas do conto de Borges “Guaiaquil” que forma parte do seu libro “O Informe de Brodie”, publicado en 1970.
Esas primeiras liñas refírense á novela “Nostromo” de Conrad da cal saca Borges os personaxes cos que tece a curiosa historia que lle permite dicir co enxeño e a sedutora linguaxe que é difícil non admirar, algunhas cousas certeiras sobre as distintas versións que hai sobre a histórica entrevista de Bolívar e San Martín.
Oíra de Nostromo nunha circunstancia moi particular, fai máis de trinta anos, nunha sala de espera dunha islita do Caribe onde esperaba abordar un pequeno avión xunto a un locuaz norteamericano que talvez motivado polo lugar no que estabamos ou ao saber que eu era venezolano, se explayó en eloxios da súa lectura recente. Mencionou unha e outra vez o nome, que retiven desde entón ata que por fin, hai uns meses, comprei a novela en edición de peto.
E hai uns días terminei de lela, non sen certo pesar, como ocorre coas novelas que che atrapan, e conmovido pola capacidade de Conrad de penetrarse en paisaxes, atmosferas e personaxes coa profundidade que podería estarlle vedada a un inglés demasiado inglés e que resulta ben explicada polo afastamento reflexivo que sobre as andanzas inglesas polo mundo pode ter un polaco. Perseguiume durante toda a lectura a idea de que Costaguana, a república suramericana descrita en Nostromo era unha figuración de Venezuela.
2. Moitos nomes, lugares e personaxes facíanmo pensar. Higuerota é o nome dunha enorme montaña que tutela a cidade de Sulaco. O Golfo Plácido non me parecía outro que o noso Golfo Triste, de augas protexidas e apracibles, que tivo que navegar Conrad cando aos vinte anos, como mariñeiro dun barco mercante, ía de Porto Cabelo, onde desembarcara, cara ao Oeste e a costa colombiana do Caribe. Guzmán Bento fora o último ditador, os llaneros son parte principal do pobo de Costaguana, a república inventada por Conrad, na cal as vendas de víveres chámanse pulperías, o pobo lembra a un lendario heroe chamado Páez, e o avó dun dos personaxes centrais había loitado na Lexión Británica baixo o mando de Bolívar.
Con todo, dada a amizade de Conrad co prologuista inglés do relato dun cabaleiro colombiano, Santiago Pérez Triana, sobre as súas aventuras como exiliado que termina recalando en Inglaterra; e o feito de que Conrad refírese a el como o modelo dun importante personaxe da súa novela, díxose en Colombia que Costaguana é unha figura borrosa dese país. Tese abonada pola idea de que a República Occidental que se separa do resto de Costaguana na novela, podería ser unha referencia a Panamá, provincia que se separa de Colombia tamén a instancia dos intereses estranxeiros, pero neste caso pola construción da Canle.
En todo caso Conrad fai unha maxistral exploración no que foron nosas repúblicas marcadas pola hipocrisía dos seus líderes e pola cobiza de propios e estraños. E faio ademais cunha capacidade de penetración sorprendente que subliña a súa grandeza como escritor e intelectual.
E Conrad, quen gustaba de facer prolijas descricións de xeografías, lugares e estancias ata o punto de que algún comentarista atribuíselle un desexo de debuxar coas palabras, non deixa de ser un observador intelixente das arquitecturas nas que transcorre o relato. Chamoume a atención en particular a descrición da casa da familia Gould, os protagonistas de ascendencia europea:
Fileiras de plantas en testos, dispostas sobre a balaustrada entre as columnas dos arcos, ocultaban o corredorcux…o espazo lousado é o verdadeiro corazón dunha casa suramericana, onde a sucesión de luz e de sombra nas baldosas marca as tranquilas horas da vida doméstica.
Pero hai outras reflexións demostrativas dun talante crítico afirmado nunha visión culta, que revela coñecemento e comprensión do noso transitar histórico:
…puxemos en erupción a todo un continente coa nosa independencia só para converternos na presa pasiva dunha parodia democrática, as vítimas inermes de pícaros e matóns, as nosas institucións unha burla, as nosas leis unha farsa: un Guzmán Bento o noso dono!…
Seica non poderiamos dicir os venezolanos exactamente iso, non só á mantenta de Guzmán (Branco) senón de moitos dos que o sucederon?
E chama a atención esta crítica elegante moi inglesa, á capacidade americana, dos do Norte e os do Sur, de substituír a realidade coas palabras:
…ambas as Américas segregan grandes cantidades de elocuencia dun xeito ou doutro…
Certas frases tócannos de modo directo aos venezolanos de hoxe: …nada pode estrañar que haxa bandidos… cando os que nos gobernan?non son máis que ladróns… E esta especialmente: Como a maior parte dos seus compatriotas, entusiasmábase co son das palabras retóricas, sobre todo se pronunciadas por el…
3. E volve a min a idea, seguindo a pegada de pensadores que abordaron o tema, que a única maneira de escapar das linguaxes privadas excluíntes ou especializados que tanto distancian ao discorrer filosófico da xente en xeral, é filosofando desde a linguaxe poética, literario. Esta obra pode ser unha confirmación dese suposto, como o son tantas grandes novelas ou a obra dos poetas que perduran.
[:en]
A few weeks ago I wrote on the Arq. Martín Vegas Pacheco, who was my teacher. I referred then to the time in which I did of his teacher assistant in the “Workshop Fertile plaines” of the Faculty (It was traversing then 1962-63) together with other colleagues that my memory makes me difficult to enumerate.

The certain thing is that the conviviality that today we would call “academician” and that in these times was looking like rather a matter of simple affinities and opportunities of the life that was spreading out with more enough dynamism of what our stagnation of today allows, this conviviality, I repeat, it was not too harmonious. Enough frequency Martin and I were facing, or rather I was facing to Martin because the chief was he, immediately after disagreements on the foundation of what we were doing. I remember especially one day in which I appeared to the meetings where the topics of the semester were prepared by a series of schemes encouraged with “magic marker” (a typical scoreboard of then) on the way how the topics of design were originating and defining from the «family notion.
It was a very ideological approach, to tone with the Venezuelan circumstance of then very affected by the Marxist zeal to gain this country to the “revolutionary reason” as correlato from what it was coming happening in Cuba. On having insisted on the family as origin of the set of social activities to which it was answering the architecture, I wanted to reinforce a “Christian” point of view, matter that in the context of the political debate of then that was very strong and even I force, saw as a necessary testimony, a capture of party. It was, I can say it now with more distance, my obsession of this moment; and as such obsession me was necessary to defend her with too many vehemence (my natural way of defending any thing) that was stumbling over the incredulity or maybe coldness does not exempt of antipathy of the Chief of the Workshop. Still I guard in some corner of my files these dibujitos and his scrawled text, which does to me few nostalgia to go back with not to the most spontaneous moments of my life that me provided small and big difficulties.
But the Chief of the Workshop was nevertheless, in spite of his distrust towards the ideological arrests, a person to whom he was interested in the ideas. He was insisting that the students should prosper as part of his tasks. So it happened one day to put a questionnaire in which it was investigating on the books that every the one who had read recently and, especially, on that they were reading in this moment. I agreed very with the questionnaire, but intimately one was feeling rather inconviniently because it happened that in these moments he was not reading anything, or that my last book was a bit distant.
And this way I remained in the years for continuing. I was never a persistent and customary reader but rather occasionally. In stages I read very much on architecture, or rather on «theoretical» speculations with the architecture as pretext; and the literature in general has never stopped attracting me, but sometimes I approach my library and I surprise the quantity of books that there are, of which I did not happen from the first fifteen pages. It, while nearby persons were speaking always about the last well-read book and old friends or companions of adolescence could be catalogued easily of «tragalibros».
I would say that like that I was in general until I had fifty years. The age that nowadays has my major son, who certainly reads very little up to the point of looking alike that I must say it to him, if it was not because things to say him to so huge children is of the practices of which every father must abstain. Of this age in forward I have started reading in a much more assiduous way, and already in the last times I enjoy very much my routine of reading always on having begun the morning. Not a lot of time, certainly, because I am not a person capable of centering during many followed minutes.
The case is that finally I have become convinced that the reading is a matter that I must turn partly routine of my life. And it is not that before he was not thinking the same thing, but now the alive of an intense way, advantages of become major. And in the reading one goes finding often allusions and more than allusions precise enough representations on matters that to one him have come worrying and that there it is expressed by the clarity or the poetical beauty that escapes from one.
I have not been a reader of poetry but in case of certain authors who have turned for me into companions of life, as Fernando Pessoa for example. But during the time, which began two decades ago or a bit more, when I started connecting with the philosophy it obtaining only by half and from philosophical visions that rather distancian of the historical philosophy; during this time, I repeat, there was formed in me almost conviction of which the modio of philosophizing more authentic is the one that uses the poetical forms. The poet, the writer in prose or in verse philosophizes using the poetical resources to his scope or using the speech of someone of his prominent figures, of a way that seems to me to be much more vital than the philosopher that it demands the reader to share a «game of language» that leads it to entering a metaphysical world. The poet not. The poet suggests with words that the whole world understands, or rather simple words turned into instruments for the poetical dream, that it opens multiple meanings and they stimulate to think.
I see in the poem, the poetical prose, the novel, as vehicles of to philosophize. Maybe because of it in these autumnal times the novels attract me so much.
And I have returned this way to some that I read years ago or to read those that I have should to have read.
Since it is the case of Joseph Conrad1‘s novels. In which, since in Nostromo, I have found many keys for reflexionar.2
Some of them are summarized in the appointments that I include down below in them notes3. But here I make these different, so to point for us the Venezuelans:
“…Since so many things that seemed to be scandalous, strange and grotesque … had to be accepted like normal in the country…”
“…When we have done the peaces strictly between ourselves and have become decent and honourable, already we will not still have anything…”
“…But what does happen when you cannot work honestly until the thieves are satisfied?…”
Óscar Tenreiro Degwitz, Architect.
Venezuela, october 2012,
Entre o Certo e o Verdadeiro
Notes:
1. Reading Borges I stumbled at some time over the name of Joseph Conrad, Józef Teodor Konrad Korzeniowski (1857-1924), British writer, actually civil Pole emigrated to England. Mentioned under his original name in the first lines of the story of Borges «Guayaquil» who forms a part of his book «Brodie’s Report», published in 1970.
These first lines refer to the novel Conrad’s «Nostromo» of which Borges extracts the prominent figures with whom it weaves the curious history that allows him to say with the ingenuity and the seducer language that is difficult not to admire, some accurate things on the different versions that exist on the historical interview of Bolivar and St Martin.
It had heard of Nostromo in a very particular circumstance, it does more than thirty years, in a waiting room of an isle of the Carib where it was expecting to approach a small plane together with a loquacious North American who maybe motivated by the place in which we were or on having known that I was Venezuelan, spread himself in praises of his recent reading. It mentioned again and again the name, which I retained since then until finally, a few months ago, I bought the novel in pocket edition.
And a few days ago I stopped reading it, not without certain sorrow, since it happens with the novels that they catch you, and affected by Conrad’s aptitude to enter landscapes, atmospheres and prominent figures with the depth that Englishman might be forbidden an Englishman too much and that turns out to be explained well by the reflexive withdrawal that on the English wanderings as the world a Pole can have. It chased during the whole reading the idea of that Costaguana, the South American republic described in Nostromo was an imagination of Venezuela.
2. Many names, places and prominent figures were making it think me. Higuerota is the name of an enormous mountain that guardianship Sulaco’s city. The Placid Gulf did not seem to myself to be different that our Sad Gulf, of protected and pleasant waters, which Conrad had to navigate when at the age of twenty, like sailor of a merchant ship, Hair was going of Port, where it had landed, towards the West and the Colombian coast of the Carib. Guzmán Bento had been the last dictator, the plainsmen are a principal part of the village of Costaguana, the republic invented by Conrad, in which the sales of provisions are called groceries, the people remembers a legendary hero called Páez, and the grandfather of one of the central prominent figures had fought in the British Legion under the control of Bolivar.
Nevertheless, given Conrad’s friendship with the prologue writer Englishman of the statement of a Colombian gentleman, Santiago Perez Triana, on his adventures like exile who ends up by ending up at England; and the fact that Conrad refers to him as the model of an important personage of his novel, it has been said in Colombia that Costaguana is a blurry figure of this country. Thesis paid by the idea of that the Western Republic that separates of the rest of Costaguana in the novel, might be a reference to Panama, province that separates of Colombia also to instance of the foreign interests, but in this case for the construction of the Channel.
In any case Conrad does a magisterial exploration in what they have been our republics marked by the hypocrisy of his leaders and for the greed of everybody. And it does it in addition with a capacity of surprising penetration that underlines his greatness as writer and intellectually.
And Conrad, who was pleasing of doing prolix descriptions of geografías, places and stays up to the point of which some commentator was attributing to him a desire to draw with the words, does not stop being an intelligent observer of the architectures in which the statement passes. It was called me the attention especially the description of the house of the family Gould, the protagonists of European ancestry:
Rows of plants in pots, arranged on the balustrade between the columns of the arches, were concealing the corridor … whose paved space is the real heart of a South American house, where the succession of light and of shade in the tiles marks the calm hours of the domestic life.
But there are other demonstrative reflections of a critical mien affirmed in an educated vision, which reveals knowledge and comprehension of ours to travel historically:
…We put in eruption to the whole continent with our independence only our institutions turned into the passive dam of a democratic parody, the unarmed victims of crooks and bullyboys, a jeer, our laws a farce: a Guzmán Bento our owner! …
Perhaps we might not say the Venezuelans exactly it, not only about Guzmán (Blanco) but of many of that they it happened?
And the attention calls this elegant very English critique, to the American capacity, of those of the North and those of the South, to replace the reality with the words:
…Both Americas segregate big quantities of eloquence of a form or of other one … Certain phrases we touch in a direct way the today Venezuelans: … it can surprise nothing that there are bandits … when those that govern us … they are not any more than thieving … And this one specially: As most of his compatriots, he was getting enthusiastic with the sound of the rhetorical words, especially if declared by him…
3. And the idea returns to me, following the thinkers’ fingerprint that they have approached the topic, that the only way of escaping of the private exclusive or specialized languages that so many distancian on having passed philosophically of the people in general, is philosophizing from the poetical, literary language. This work can be a confirmation of this supposition, since it it are so many big novels or the work of the poets who last.
[:]




