En la serie de textos que he denominado Arquitectos y Cineastas y que relacionan la realización de una película con la construcción de un edificio, he ido publicando algunos de directores, como Ingmar Bergman, Walerian Borowcyk, René Clair, John Ford, Amos Gitai y Dziga Vertov; de una actriz, Viola Dana y de un investigador, Sigfried Giedion.
Hace poco reencontré un texto de Peter Greenaway, un artista que nunca ha podido considerarse sólo un cineasta y que me interesa mucho desde que vi en una sesión nocturna de los Alphaville El contrato del dibujante, después, a finales de los años ochenta, estuve un año de mi vida profundizando en su obra -el fruto de esa investigación fue un libro publicado por Editorial Cátedra– a partir de entonces no he podido dejar de interesarme por las muchas y diversas actividades que ha desarrollado y, de hecho, he escrito algunos artículos sobre sus últimas obras y he dado alguna conferencia -es muy posible que en octubre de este año imparta otra- sobre su compleja trayectoria, que va desde su época juvenil como montador cinematográfico a la actual en que da conciertos multitudinarios como video-jockey.
El texto de Greenaway pertenece a una entrevista realizada cuando estrenó El vientre de un arquitecto -por cierto, aquí hay un artículo mío muy antiguo sobre esta película- y es el siguiente:
«Me parece también que hay una clara analogía entre el proceso de fabricación de una película y el de un edificio… como los realizadores los arquitectos conciben grandes proyectos que ponen en juego importantes presupuestos y que acaban por no realizarse nunca. Además en torno a las dos profesiones se encuentra la misma muestra heterogénea de personajes: productores, financieros, organizadores, críticos, público, etc. Después de haber empleado tiempo, dinero, e imaginación, tanto el arquitecto como el realizador, pueden, a fin de cuentas, ver como se echa a perder su proyecto».
Es cierto que, como decía Greenaway, los personajes, a veces maquiavélicos, que rodean tanto a los cineastas como a los arquitectos, pueden frustrar sus intenciones, pero también es cierto que a menudo esas intenciones son nefastas y es más beneficioso para la sociedad -pienso, sobre todo, en los arquitectos- que no se finalicen.
Jorge Gorostiza, arquitecto. Autor del blog Arquitectura+Cine+Ciudad
Santa Cruz de Tenerife, abril 2012
In the series of texts that have designated Architects and Film-makers and that relate the realisation of a film with the construction of a building, have gone publishing some of directors, as Ingmar Bergman, Walerian Borowcyk, René Clair, John Ford, Amos Gitai and Dziga Vertov; of an actress, Viola Dana and of some researchers, Sigfried Giedion.
It does little I met again a text of Peter Greenaway, an artist that a filmmaker could never have considered only and in that I am interested very much since I saw in a night session of the Alphaville The Draughtsman’s Contract, later, at the end of the eighties, was a year of my life penetrating into his work – the fruit of this investigation was a book published by Editorial Cátedra– since then I could not have stopped being interested me for great and diverse activities that it has developed and, in fact, I have written some articles about his last works and have given some conference – it is very possible that in October of this year it gives other one – on his complex path, which goes from his juvenile epoch as cinematographic mounting block to the current one in which it gives multitudinous concerts as video – jockey.
Greenaway’s text belongs to a realized interview when it released The Belly of an Architect – certainly certainly, here there is my very ancient article about this movie – and is the following one:
«It seems to me also that there is a clear analogy between the manufacturing process of a movie and that of a building … since the producers the architects conceive big projects that bring into play important budgets and that finish for never realize. In addition concerning both professions one finds the same heterogeneous sample of prominent figures: producers, financiers, organizers, critics, public, etc. After both the architect and the producer has used time, money, and imagination, they can see, ultimately, since it begins to lose his project».
It is true that, as was saying Greenaway, the prominent figures, sometimes Machiavellian, who surround both the filmmakers and the architects, they can frustrate his intentions, but also it is true that often these intentions are pernicious and is more beneficial for the company – fodder, especially, in the architects – who do not conclude.
Jorge Gorostiza, architect. Author of the blog Arquitectura+Cine+Ciudad
Santa Cruz de Tenerife, april 2012
libro publicado por Editorial Cátedra-

Na serie de textos que denominei Arquitectos e Cineastas e que relacionan a realización dunha película coa construción dun edificio, hei ir publicando algúns de directores, como Ingmar Bergman, Walerian Borowcyk, René Clair, John Ford, Amos Gitai e Dziga Vertov; dunha actriz, Viola Dana e dun investigador, Sigfried Giedion.
Hai pouco reencontrei un texto de Peter Greenaway, un artista que nunca puido considerarse só un cineasta e que me interesa moito desde que vin nunha sesión nocturna dos Alphaville O contrato do debuxante, despois, a finais dos anos oitenta, estiven un ano da miña vida profundando na súa obra -o froito desa investigación foi un libro publicado por Editorial Cátedra– a partires de entón non puiden deixar de interesarme polas moitas e diversas actividades que desenvolveu e, de feito, escribín algúns artigos sobre as súas últimas obras e dei algunha conferencia -é moi posible que en outubro deste ano imparta outra- sobre a súa complexa traxectoria, que vai desde a súa época xuvenil como montador cinematográfico á actual en que dá concertos multitudinarios como video-jockey.
O texto de Greenaway pertence a unha entrevista realizada cando estreou O ventre dun arquitecto -por certo, aquí hai un artigo meu moi antigo sobre esta película- e é o seguinte:
«Paréceme tamén que hai unha clara analoxía entre o proceso de fabricación dunha película e o dun edificio… como os realizadores os arquitectos conciben grandes proxectos que poñen en xogo importantes presupostos e que rematan por non se realizar nunca. Ademais en torno ás dúas profesións encóntrase a mesma mostra heteroxénea de personaxes: produtores, financieros, organizadores, críticos, público, etc. Despois de empregar tempo, diñeiro, e imaxinación, tanto o arquitecto coma o realizador, poden, a fin de contas, ver como se bota a perder o seu proxecto.».
É certo que, como dicía Greenaway, os personaxes, ás veces maquiavélicos, que rodean tanto os cineastas coma os arquitectos, poden frustrar as súas intencións, pero tamén é certo que a miúdo esas intencións son nefastas e é máis beneficioso para a sociedade -penso, sobre todo, nos arquitectos- que non se finalice.
Jorge Gorostiza, arquitecto. Autor do blogue Arquitectura+Cine+Ciudad
Santa Cruz de Tenerife, abril 2012





…de jirafas e hipopótamos. Rogelio Ruiz Fernández
Scalae
Hace unos años, en plena efervescencia de Peter Greenaway (“El vientre del arquitecto”, “El contrato del dibujante”…), el cineasta británico dijo: “A menudo me siento como una jirafa en una carrera de hipopótamos”. Los artistas, muchas veces, se centran en su oficio y se van alejando de la sociedad y más tarde de sus propios compañeros, que son los que mejor les entienden, hasta decir cosas como esas. Ya viene de lejos, podríamos hablar de Miguel Angel (Buonarroti), de (Pietro) Perugino, y de Umbría venir a (Francisco) Umbral, más cercano y distante, o de tantos otros que con esta actitud hosca quedaron en nuestra cabeza rencorosa. También (Mark) Twain.
La verdad es que muchas veces esta desconexión con el mundo no les ayuda en su vida personal, aunque quizá sea la única manera de centrarse en su vida artística, que es en ellos la que perdura.
[…]
http://goo.gl/mLEUuO