
Una huella es una evidencia de lo pasado, es un indicio de lo que ya ocurrió, de algo acontecido; la huella se difumina y llega a borrarse si la materia no tiene memoria; mas si se conservan las trazas puede evocar futuro, no solo porque alguien más dejará su huella detrás de la anterior sino porque la huella del pasado puede seguirse al dejar un rastro, y convertirse en futuro. Este es su gran interés para el investigador.
Las huellas en la arena, o las de los escalones para los arquitectos, significan pisadas que se graban y se deshacen, día a día, y que muchas veces podemos leer a través de la historia y la memoria. Así pues, este número tiene cierta continuidad con los anteriores.
Para leer esas huellas en arquitectura disponemos tanto de la obra construida como de la dibujada o la escrita; la reflexión que un arquitecto realiza en el ejercicio (de gimnasia intelectual) diario que es cada obra, proyecto o texto, permite el aprendizaje, y a la larga, con la transmisión de sus archivos a otros, la investigación, la reflexión o la especulación. Esa lectura desde los edificios y/o desde su sustanciación en los legados gráficos de sus autores y sus tiempos, como herencia del saber de otros arquitectos que nos han antecedido, son fundamentales para avanzar en el conocimiento, y desde aquí hacemos un llamamiento tanto a su conservación y puesta en valor, para desde la crítica evaluar esos pensamientos pasados incluso cuando a veces no hayan fructificado en obras para convertirlos en esencia del futuro.
Para el arquitecto Antonio Fernández Alba el valor de estos pensamientos, recogidos en cada reflexión de proyecto, debe permanecer; conservarse para entenderse y poder leer esas huellas del tiempo de cada uno. En su “inventario emocional de la memoria”1 comienza diciendo: “nunca pude entender […] el desahucio y falta de atención por conservar los fragmentos de la memoria”, y habla del “[…] espacio negro, el lugar donde residen los testamentos legados” a los que otorga el carácter de “valioso documento de los saberes del tiempo”. Y acaba con una petición para los legados de los arquitectos “[…] estos arsenales donde reposan los sedimentos de la historia y se preservan las memorias culturales, [de los que dice] deben ser recuperados como políticas universitarias [y culturales] positivas”.
Las estrategias inventadas y supuestas por otros ante cuestiones urbanas o arquitectónicas, de la ciudad y la casa, del paisaje o lo construido, es el reto que planteamos en este número, donde poder exponer y rescatar conceptos que procediendo de ellos logren producir nuevas certezas.
Y si la huella indica un caminar, nos referiremos a las extraordinarias reflexiones de Italo Calvino en el “Camino de San Giovanni”. Los indicios, lo que denominamos huella en español tiene una interesante traducción en italiano, impronta, que significa a su vez impresión, traza, rastro, marca, lo que en inglés es footprint, literalmente la impresión del pie. Y es que, si el camino busca entender el paso del tiempo y la historia, en este caso, los Calvino, padre e hijo siguen -en el paisaje de San Remo- rutas distintas, uno hacia arriba, encerrado en su pasado, y el otro abierto al horizonte y al mundo, donde hallar desde el hollar cosas nuevas. Ambos rastrean los signos, los indicios del universo de su interés infiriendo hechos que no pueden deducirse de otra manera que buscando en cada camino.
En ese sentido cada cual puede estudiar con intensidad los rastros de su investigación, tanto de las dudas como de las certezas entre los indicios que se rastrean. Analizar planteando distintas hipótesis entre las pistas, pero investigar enredados entre las huellas de lo que otros nos han dejado.
Tanto el filósofo del XIX John Stuart Mill y como el historiador, recientemente fallecido, Carlo Ginzburg, nos advierten que hay una parte de la historia que tiene el peligro de quedar encubierta, oculta. Ambos coincidían en la puesta en valor de esa parte fundamental de la sociedad que son las mujeres, cuya educación consideraban fundamental para nuestro mundo futuro y su trabajo esencial para el progreso humano. Y es que la huella, en muchas esferas de la vida, dejada únicamente por los hombres, es parte de un privilegio social que hoy es ya inadmisible, obtuso, ciego, que no puede seguir hollando los caminos femeninos. Los rastros que las arquitectas, las paisajistas o las urbanistas dejaron, como Anne Tyng y Charlotte Perriand, Gertrude Jekyll, o Jane Jacobs, y una larga lista, actualmente en estudio2 y otras hoy en plena actividad, marcan cada vez más caminos alternativos y de incorporación necesaria.
Las huellas, por tanto, las entendemos como caminos trazados por autores, recorridos y trayectorias, que reproducirán aquí los pasos hasta desentrañar las convicciones arquitectónicas.
Normas de envío del Call for Papers. VAD 16. Las huellas
Consulta el apartado ENVIOS para conocer el procedimiento a seguir para remitir la documentación.
Calendario
Apertura recepción de artículos: 21 de julio de 2026.
Fecha límite de recepción de artículos: 30 de septiembre de 2026.
Puedes consulta el calendario en el apartado AVISOS.
Web
Toda la información en web.
Número coordinado por Silvia Canosa Benítez
Notas:
1 “El legado del arquitecto: los archivos de arquitectura de la ETSAM. Universidad Politécnica de Madrid”, nº5, 2012, de la Colección de Textos Dispersos.
2 Muxí Martínez, Zaida. Mujeres, casas y ciudades. Más allá del umbral. dpr-barcelona, 2018.




