Un piso en un mueble | soma arquitectura

Un único elemento genera los espacios, comunicándolos y dividiéndolos, dando servicio. Lo es todo, y no es nada… un mueble, una línea.

condicionantes

 El piso a reformar era una clásica distribución de los años 60-70, en la que todo se organizaba en torno a un pasillo, alrededor del cual se iban sucediendo las estancias. El pasillo que unía las dos entradas actuales (en aquel momento no había ascensor, por lo que sólo existía la de las escaleras) encerraba el baño hacia uno de sus lados, y hacia el otro se habrían cuatro habitaciones, dos de ellas italianas, que serían las que corresponden en la actualidad al estar-cocina-comedor. En la esquina sur, la habitación más alejada, se encontraba la cocina. En general el piso se encontraba en muy mal estado, con carpinterías muy deterioradas, pavimentos desconchados e instalaciones obsoletas. Lo único que se conservó fue el pavimento de madera en damero de las dos habitaciones italianas que se había reparado un año antes. Sin embargo, aunque poco se podía conservar de la vivienda, presentaba unas características óptimas para poder modificar el espacio. Primero, la estructura de vigas de muro medianero a muro medianero, con un apoyo intermedio en el patio y el núcleo de escaleras, permitía liberar la planta y disponer los espacios de una forma más versátil. Pero otro, al ser el piso más alto, también, permitía modificar las salidas de las instalaciones a conveniencia al no tener que asumir conductos de pisos más altos. Con todo, el mayor condicionante que se preveía en el proyecto era la futura colocación del ascensor por el patio de luces que iba a generar en la vivienda un doble acceso, en dos puntos opuestos de la vivienda, con la complicación de recorridos que eso implicaba.

objetivos

El principal objetivo del proyecto fue encontrar una disposición de piezas que asumiesen la doble entrada de una forma natural, y que no generase circulaciones muertas o espacio perdido, ya la escasa superficie del piso (78 m2 una vez liberado de tabiques), exigía un esfuerzo de aprovechamiento. Uno de los principales problemas de las viviendas de escasa superficie es garantizar un almacenamiento con previsiones de futuro, entendiendo que con el tiempo, las viviendas se van llenando de cosas, y éste hecho no podía suponer un problema. Se dice que la arquitectura es aprovechar las oportunidades que nos presentan sus condiciones de partida. Aquí, los condicionantes de las dos entradas sobre todo, y la superficie limitada generó el proyecto. La búsqueda de limpieza, de resolver los problemas con lo mínimo posible, generó un gesto, un único trazo en el plano que resolvía los espacios. Ese gesto es una pieza, entendida como mueble, una línea discontinua que resolvía todo.

Por un lado, la doble entada se resolvió haciendo que ambas llegasen a un espacio común que atraviesa la casa de norte a sur, generando un espacio longitudinal de estar-comedor-cocina continuo. Esto le otorgaba a este espacio todo el protagonismo de la vivienda, ya que serviría como zona de estar, zona de movimiento y zona de actividad. De alguna manera, el espacio representa la vida moderna en la que cada vez es más difícil diferenciar unas cosas de otras, dónde todo se mezcla y dónde la separación de funciones empieza a perder sentido ya que éstas se entremezclan. Y de alguna manera también representaba el tradicional hogar gallego dónde la cocina presidía el espacio, y se convertía en el lugar de estar y vivir, dejando el salón como una estancia para las visitas. Aquí, ese espacio representativo no existe; uso y representación se convierten en uno.

Esta intención de espacio motivó también los criterios de amueblamiento de la vivienda. Así, entendiendo el espacio como abierto, móvil y libre, provocó que todo el mobiliario (a excepción del sofá y la mesa del comedor) tenga ruedas, facilitando así el movimiento de éstos y la configuración del espacio de múltiples maneras, permitiendo una mayor versatilidad del espacio disponible. El resto de la vivienda, se organiza de una forma lógica en función de esta decisión de atravesar la vivienda con un espacio único. Así, se sitúan dos dormitorios en los extremos, y un baño y una zona de lavado entre ellos. Estas dos piezas se entienden también como lugares de paso o de circulación secundaria. Ésta se fue partiendo y separando mediante puertas correderas que salían del mueble central.

La distribución de los espacios de esta forma fue condicionando la distribución del mueble servidor central. Así, éste mueble de 1.05 m de ancho va sirviendo a un lado y a otro. Armarios hacia los dormitorios; estanterías hacia el espacio común; almacenamiento, nevera y columna de horno y microondas hacia la cocina; lavadora, secador, caldera y zapatero hacia la lavandería, etc.  Poco a poco, y tras un trabajo de encaje se fue aprovechando cada recoveco de este mueble para que diese el mayor servicio al espacio que lo rodea. De esta forma, la vivienda, funcionaría sin la necesidad de incluir demasiados muebles, y el espacio resultante se presentaba como abierto, libre y útil. De hecho, este mueble no llega a los extremos de la vivienda, para fortalecer su independencia generando en estos puntos otra entrada a los dormitorios que se separan del espacio común mediante una puerta de doble hoja que genera un atractivo juego de independencia y de luces y sombras.

Así, los 78 m2 iníciales se convirtieron en 68 m2 útiles, pero resueltos en ellos todo el servicio de la vivienda y la distribución. Teniendo en cuenta que en una vivienda normal, la diferencia entre superficie construida y la superficie útil es de un 12%, aquí, se resuelve en un 13% de la superficie la distribución y el almacenamiento. El mueble central lo contiene todo a modo de navaja suiza, y asume la distribución de los espacios, el almacenamiento, las puertas, la iluminación, las instalaciones…

Sólo quedaba la cocina, que como mencioné anteriormente, aunque en algunas versiones se intentó incorporar al mueble central, adquirió al final un protagonismo esencial, partiendo el espacio en dos zonas en torno a ella, pero sin una direccionalidad marcada, así el resto se podía usar para una cosa o para la contraria. La decisión de conservar el suelo de las habitaciones italianas, generó también otra oportunidad a la hora de la actualización de las instalaciones. Al no poder tocar este suelo, todas las instalaciones se llevaron por la parte trasera del mueble. Para ello se bajó el techo de esta zona, y permitió que apareciesen unos maleteros altos en las habitaciones que mejoraban el almacenamiento de la vivienda. Lo tubos de la calefacción se pasaron por delante de los armarios, con la intención de que éstos calentasen el suelo en esas zonas y generasen un confort extra en invierno a la hora de vestirse y desvestirse, en fin, todo fue cuadrando para hacer de la reforma un único elemento sin fisuras. La intención de generar la vivienda con la mayor limpieza posible se fue consiguiendo poco a poco, encontrando la pieza apropiada del puzle en cada momento.

construcción

La reforma se realizó de unos escasos tres meses. La limpieza de la propuesta, facilitó la construcción, ya que prácticamente, se trataba de demoler los tabiques existentes, y construir el mueble central. El resto era ya un trabajo de acabados y pintura. Los únicos elementos del perímetro que se tocaron fueron las fachadas que se revistieron de una tabiquería ligera de yeso para aumentar el aislamiento de la vivienda, y llevar los radiadores a su posición lógica. Además se cambiaron las carpinterías por una oscilo-batientes con rotura de puente térmico.

 En cuanto a los materiales y revestimientos, al igual que en la distribución, se intentó emplear los mínimos elementos posibles. El mueble se realizó en madera de DM barnizada. Ésta madera, además de presentar un precio muy asequible, permite dejar los cantos vistos al ser un material compacto, y facilitando la construcción.

De este mueble salen dos ‘lenguas blancas’ que incorporan en él las zonas húmedas de la vivienda. Así la cocina y el baño se despliegan del mueble como unos planos quebrados blancos. Se empleó el ‘Silestone’ como material para la encimera, la pileta del baño, así como en los suelos de ambos espacios, consiguiendo así un pavimento continuo sin ninguna junta. Una curiosidad que suele llamar la atención es la placa de inducción de cocina de color  blanco de la marca ‘De Dietrich’.

El resto, pintura blanca, linóleo verde en las habitaciones, felpudos de coco en las zonas de entrada delimitando el espesor del mueble y  tablones de madera para tapar los huecos dejados por los tabiques entre los pavimentos de damero que se conservaron. Estos tablones coinciden con la proyección de las vigas de canto que pautan el espacio, son por tanto la reproducción en el suelo de éstas.

La conservación de este suelo, además de unos condicionantes económicos, tenía el encanto de conservar como trazas, como fósiles, la antigua distribución de la vivienda. De alguna manera representan las intenciones de la vivienda, de limpiar el espacio de tabiques y colocar un mueble, lo mínimo necesario para darle forma a la nueva vivienda. Por tanto, conservar el pavimento fortalecía esa actitud de hacer lo mínimo.

Además se incorporan algunos detalles que le dan vida al conjunto como es una pizarra anexa a la cocina o como el revestimiento de la campana  con chapa de acero, que con imanes, se convierte en una zona de fotos, notas, recuerdos, etc. También se incorporó un botellero integrado a uno de los laterales de la meseta de cocina, en definitiva, detalles que enriquecen el espacio y el diseño.

La iluminación no hace otra cosa que intentar sumar esfuerzos a estos espacios creados. Así, en el salón se ilumina indirectamente todo el muro lateral, fortaleciendo la idea de continuidad. En las habitaciones plafones de superficie opales, centrados en el techo y ‘linestras’ para iluminar los armarios… en fin, en general, una iluminación supeditada al uso sin ningún protagonismo, sin querer generar ningún efecto ni generar ninguna cualidad que no presente el espacio por sí mismo. De hecho todas las luminarias son básicamente luz. Piezas opales limpias sin elementos superfluos.

Como se indica más arriba, el mobiliario busca también una libertad que permitiese cambiar el espacio sin dificultad y que fortaleciese la idea de espacio único sin función preestablecida, pudiendo cambiar la zona de comer por un despacho, o la zona de estar por la de comer (de hecho se ha ido cambiando con el tiempo y con las circunstancias, como es la el aumento de la familia al tener la pareja un hijo… con todo lo que ello implica). Por ello, se diseñaron muebles con ruedas y sin direccionalidad marcada. Son muebles que se pueden emplear desde varios lados, pudiendo ser rodeados, sin traseras ni frentes.

Confío en que un adecuado equilibrio entre los medios y los fines, un aprovechamiento de las oportunidades o de las restricciones, y un desarrollo lógico de todo ello, garantice una calidad. De no ser así, ¡qué perdido estaría! Nuevas condiciones generan nuevos espacios; nuevas personas generan nuevos espacios. La casa ha cambiado para adecuarse a ellos. Pero no sé si ha mejorado como espacio en sí mismo, simplemente es otro….eso sí, nuevo.

Obra: Reforma vivienda en calle San Diego.  A Coruña
Promotor: Fernando Martínez y Laura Ferreiro
Autores: Fernando Martínez  López
Año: 2005
Emplazamiento: Calle San Diego, La Coruña, España
Fotografia: Hector Santos-Diez
+ www.somaa.es

+ publicaciones
20 casas nº35. pág. 90-97. Diseño Interior. 2009
La voz de Galicia Los domingos de la voz. pág. 10-11. 20 de junio de 2010
Revista gratuita Dot nº 33. pág. 34-35. Noviembre 2010

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Búsqueda para satisfacer el conocimiento de la actividad arquitectónica y tangentes que se generan. La idea es crear un espacio para divulgar los diversos proyectos en busca de nueva inspiración y de intercambio.

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