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Orfanato Municipal de Aldo Van Eyck en Amstelveenseweg, Amsterdam, 1960 | fuckyeahbrutalism.tumblr.com

La voluntad del mi blog, axonométrica, y del ejercicio semanal de reflexión acerca de la arquitectura en su dimensión teórica, se basa entre otras referencias e inspiraciones, en lo que Peter Eisenman desarrolla en su tesis doctoral como Teorías polemistas de final abierto. Es decir, tanto la voluntad del blog, la de la práctica arquitectónica que hacemos en Archikubik, con mis socios Marc Chalamanch y Carmen Santana, como también, la actividad docente que desarrollamos en la ESARQ con Marta García-Orte, no es la de sentar cátedra, cerrar proyectos o crear líneas de trabajo end road. Todo lo contrario, creo firmemente en la lógica de los procesos abiertos en arquitectura, que los proyectos, la docencia, las reflexiones teóricas acerca de la arquitectura son mucho más importantes que las personas que lo realizan. La arquitectura en definitiva está por encima de los arquitectos. Es evidente que sin arquitectos la arquitectura sería algo muchos más débil, pero también lo es, que como arquitectos, tenemos que entender que solamente podemos a aspirar a ser un eslabón de una cadena de valor, mucho más importante para la sociedad que nuestra figura particular. 

Es por ello que me parece ideal, reflexionar acerca de la idea de teoría como un proceso abierto, enmarcando así una trilogía acerca de los primeros años de Peter Eisenman.

Ya en 1962, Eisenman reclama en su tesis doctoral The Formal Basis of Modern Architecture1 que también existe una categoría de teorías que parecen proveer las bases de una reflexión más contemporánea. Esta es la categoría del ensayo polémico que puede ilustrarse en los escritos Geoffrey Scott principalmente, y de manera menor en otros autores como Abbe Laugler o Augustus Welby Northmore Pugin.

En Scott parece que nos encontramos ante la fundación de una teoría de final abierto que permite que ésta esté siempre en proceso de expansión y de continua aplicación. Para Scott la arquitectura es un campo con tres ramas principales: el ámbito científico, el ámbito práctico y el ámbito de lo estético. La arquitectura pues, debe ser estudiada como un arte, como una materia donde debe analizarse lo estético en el sentido más estricto, de manera que clarifique y haga inteligible la historia e igualmente permita un goce completo. Sin embargo, Scott mantiene que los análisis del pasado sobre lo estético habían oscurecido el entendimiento de la arquitectura con pensamientos borrosos de manera que el objetivo declarado de su libro The Architecture of Humanism: A Study in the History of Taste2 fue el trazar la medida total de tal confusión y en lo posible corregirla.

Así pues, Scott se dedica a desgranar lo que considera las falacias del pasado entre las que se encuentran la que él llama el culto a lo extinto o en otro capítulo habla de la falacia de la tradición académica. Si bien Scott era un apóstol del orden tradicional académico, observó que aunque el orden es siempre importante en arquitectura, no es por sí mismo suficiente para crear buena arquitectura. Muchos de los modelos más feos y de la mayoría de los edificios tristes, él escribió, poseen orden en un alto nivel; exhiben coeficientes fijos y evidentes de diseño.Pero

¿porque carecen de la levadura del buen gusto, en términos de Scott, y fallan?

¿Cuál es la esencia del gusto, del buen gusto?

En una palabra, es el cuerpo humano. Scott volvió una y otra vez a la importancia del cuerpo humano como la medida imprescindible en arquitectura.

Las necesidades y las disposiciones del espíritu humano encarnado en un cuerpo, proporcionan la medida del valor principal de lo arquitectónico, del núcleo duro de la arquitectura, de lo apropiado.

Scott habla en parte como historiador de la arquitectura, en parte como guardián de los valores del humanista que fueron articulados con tino exuberante en la arquitectura del renacimiento. En verdad, esa articulación de un discurso humanista por encima de cualquier otra consideración académica, hace que su libro no esté considerado como una reliquia de anticuario, sino como una inspiración siempre contemporánea, incluso para alguien como Peter Eisenman que siempre estará en el cutting edge, del pensamiento arquitectónico.

Abastecer de ese instinto del humanista al medio natural de la arquitectura, el espacio, debería ser la vocación y el proyecto vital del arquitecto. Evidentemente hay un componente estético en este proyecto: un componente que se satisface en el arreglo de masas, de líneas, de sombras, y de espacios. Pero las necesidades cambiantes y el estado incompleto, fundamentales de la condición humana, garantiza que la arquitectura no se puede nunca juzgar por criterios estéticos solamente. La arquitectura está subordinada a los usos generales que la humanidad hace de ella. Por tanto la arquitectura a la que Scott, repitiendo la famosa fórmula kantiana, llama un deseo desinteresado de belleza, siempre ha quedado y quedará atada a la referencia continua de los usos y las costumbres del ser humano, al inventario cotidiano de imperativos físicos, psicológicos, y sociales.

Es por ello que para Scott la teoría de la arquitectura no implicaba ninguna restricción, no se trataba de un juego con reglas establecidas, sino más bien de una síntesis de todas las teorías precedentes, y a su vez la base sobre la que construir teorías en el futuro. Realmente, fue esta noción de la teoría de la arquitectura considerada como ensayo polémico, a la vez que su aversión por las tradicionales teorías de final cerrado del siglo anterior, que hicieron brillar al autor entre el gran número de manifestaciones y declaraciones sobre arquitectura a principios del siglo XX.

La dimensión humanista de las teorías de Scott sobre la arquitectura, dotan a esta de una línea continua de desarrollo. La idea de final abierto en las teorías de arquitectura en realidad lo que abren es una especie de espacio temporal anclado en el presente continuo, en constante evolución y en eterna discusión, aunando matices, detalles, giros, etc.

Para Eisenman, el trabajo de Scott ejemplifica la idea de la teoría polemista, de final abierto y en constante proceso de maduración. Es decir, ante las teorías al uso, cerradas, rotundas y tratadistas de espíritu, teorías que por otra parte fueron moneda común durante el periodo de surgimiento de las vanguardias de principios de siglo XX y sobre todo durante el periodo histórico al que llamamos modernidad, se contrapone una idea de teoría abierta, en continua evolución y que no pretende sentar cátedra, sino más bien ir clarificando y fijando posiciones para hacer el debate más útil, mas aprovechable.

Esta condición de movimiento de las ideas por un lado, y la intención de deshacer entuertos teóricos del pasado, por el otro, estructuran la esencia del modelo teórico polemista, entendido como modelo de final abierto. Lo que hace de Eisenman un teórico especialmente brillante, y así lo ha demostrado a lo largo de su carrera como ensayista e investigador, es haber dado desde muy joven en una de las dianas de la complejidad, la continuidad.

Complejidad, Continuidad.

Si al hablar de teorías tratadistas, hablamos de actitudes tradicionales que llegaron hasta el movimiento moderno, también podemos encuadrar en esta actitud la persistente manera de entender los edificios como entidades individuales. De hecho la idea tradicional de orden se concebía en situaciones específicas.

En muchos casos cuando los intentos de desarrollar esa idea de orden iban más allá del edificio individual, el concepto de un orden absoluto era remplazado por una interpretación subjetiva del mismo. El planeamiento urbano en general evitaba la idea de orden racional total, y prefería camuflarse a sí mismo bajo las nociones de la aleatoriedad y lo orgánico, que por su naturaleza, oscurecía la claridad de cualquier orden, e incluso creaba la impresión de la ausencia de cualquier planificación.

Para Eisenman desenmascarar la supuesta idea de continuidad ligada al orden total del entorno, asociada algunas veces a los proyectos del movimiento moderno, es muy importante para así proponer su metodología de la continuidad y de final abierto para el desarrollo de una teoría de la arquitectura. Por ello prosigue con la idea al afirmar:

pero si la idea de un orden total del entorno es aceptada, entonces deberíamos intentar investigar las posibilidades inherentes en las organizaciones continuas y en organizaciones estáticas, y esto a su vez, haría reflexionar sobre la cuestión del porqué la arquitectura moderna ha intentado propagar la idea de una entidad externa estática cuando en realidad estaba usando una organización interna de naturaleza continua.

A la luz de las siguientes citas de los leading apologistdel movimiento moderno, la cuestión de si la construcción teórica de la arquitectura se entiende a partir de una lógica estática o contrariamente se puede construir dentro de una lógica de la continuidad, va a ser crítica.

El manifiesto de De Stijl de 1918 dice: Hay una vieja y una nueva conciencia de nuestro tiempo. La vieja está conectada al individuo. La nueva está conectada con lo universal.Está claro que existe una ecuación implícita en esta cita donde lo individual está relacionado con lo estático y lo universal con lo continuo. Esta suposición historicista vino seguida de una polémica contingente de una racionalidad menos obvia.

De nuevo en la introducción que hace Walter Gropius en una publicación de la Bauhaus en 1923 afirma:

La idea del mundo de hoy todavía puede ser reconocida… La vieja imagen dualista del mundo, el ego como oposición al universo, se está desvaneciendo; la concepción de una nueva unidad del mundo, incluyendo la absoluta neutralidad de todas las tensiones opuestas, en cambio aparece.7

Así, tanto la cita de De Stijl como de Gropius indican que cualquier preferencia que puedan tener ambos por una sistema continuo, está fundado en territorios incontestablemente morales, filosóficos y humanísticos y por tanto fuera de la esfera de consideraciones estrictamente racionales y formales.

La nueva arquitectura iba en busca de nuevas formas, y era totalmente de esperar que se ajustara idealmente al potencial estructurador del acero, el hormigón y el vidrio como expresión del romanticismo de la máquina. De todas formas, esto no explica la aparente contradicción envuelta en el uso de sistemas continuos, que implican referencias perceptivas abstractas así como personales, en vez de referencias conceptuales consistentes en la idea de la sociedad universal. Eisenman se pregunta aquí si el orden volumétrico continuo del plano abierto propio del movimiento moderno era en realidad una verdadera representación de la continuidad interna/externa.

Parece que la autentificación de esta validación depende más de las interpretaciones escritas de los edificios que buscan ese orden, que de los edificios en sí mismos.

En Wright encontramos una naturaleza diferente de atribuir la continuidad a sus propios edificios. En An Organic Architecture: the Architecture of Democracy8  escribió:

En la arquitectura clásica todo estaba sujeto… ahora… dejemos que las paredes, los techos, los suelos se vean como partes compuestas de unas con otras, sus superficies flotan de unas a otras. Aquí… un principio… entrando en el edificio como una nueva estética, la continuidad. …en mi trabajo, la idea de plasticidad, puede ser vista ahora como un elemento de continuidad.  

Para Eisenman, estos arquitectos han producido edificios que solamente pueden ser pensados como entidades estáticas. La mera invocación de transparencia en la vidriada fachada de Dessau no proporciona ninguna noción de continuidad. El edificio de la Bauhaus queda simplemente como unas aspas de molino articuladas, con tres brazos de naturaleza diferenciada, cada uno expresando un aspecto de la organización interna tripartita.

Según el autor, estas aspas no pueden ser leídas como un orden total, pues el negativo de estos volúmenes son de diferente magnitud que los volúmenes positivados, y por tanto la lectura de la interrelación en términos de figura y fondo se vuelve muy dificultosa, y la sugestión de continuidad con el entorno comprometida.

Esta condición estática, y por tanto no continua, es aún más aparente en los edificios de Wright, particularmente en las praire houses. Wright lleva demasiado lejos la longitud necesaria para articular el final de cada volumen, provocando un abrupto parón a alguna percepción de flujo continuado del espacio dentro/fuera. En algunos casos, prosigue Eisenman, cuando los volúmenes externos están ordenados de manera similar a la organización interna, las conexiones axiales suelen estar rotas o distorsionadas.

La causa de estas incongruencias para el joven Eisenman reside en la naturaleza conflictiva ente la palabra escrita y la ejecución de la obra. El uso impreciso y metafórico del lenguaje en la teoría arquitectónica ha tendido a negar la validez crítica de la misma, y parece probable que es el resultado de la confusión, intencionada o no, entre criterios morales y formales. El trabajo del crítico en arquitectura no consiste en interpretar y direccionar la arquitectura, sino más bien en proveer de cierto orden, en dar algunos puntos de referencia sobre el que se desarrolle la comprensión de un trabajo concreto.

La idea de fondo de la tesis de Eisenman consiste en dejar patente la necesidad de abandonar la tradición historicista del siglo XIX y la tradición polemista del siglo XX para poder así construir un sistema de prioridades basado en una lógica consistente, si se quiere que la teoría de arquitectura tenga algún tipo de validez.

En resumen la teoría debe de estar envuelta por la comprensión de principios y no por la codificación de verdades. La teoría arquitectónica ha de tender hacia la clarificación de los fundamentos y proveer un lenguaje para la discusión y la interpretación de estos fundamentos. En definitiva la teoría no debería ser considerada como una jugada preparada o como un paquete cuidadosamente envuelto, sino como una solicitud aplicada continuamente y también por lógica como una metodología de final abierto.

Sin lugar a dudas las dos ideas principales que lanza Eisenman en su trabajo de investigación marcan claramente la dirección de la complejidad, o mejor dicho, asumen la complejidad implícitamente como un hecho ineludible de la contemporaneidad. La función compleja ha entrado tan a fondo en el conocimiento práctico y teórico de la arquitectura que ya parece imposible definir un sistema que estructure conceptualmente la narración teórica como si se tratara de un texto con principio, desarrollo y final, es decir la estructura de cualquier teoría de la arquitectura no puede ser más, a la vez, ni lineal ni cerrada.

La exuberante complejidad de lo arquitectónico obliga al arquitecto a dejar abiertas las conclusiones sobre cualquier razonamiento que concierna a la arquitectura, y en todo caso lo máximo que puede permitirse es apuntar unas conclusiones provisionales, unas balas trazadoras que indican la dirección y referencian del camino a seguir.

La condición compleja del cuerpo teórico a tratar acaba imponiéndose a la restrictiva visión de cualquier autor y como mecanismo de defensa intelectual, cualquier teoría debe ser susceptible de ser completada, matizada o incluso corregida, sin que eso tenga que entenderse como una derrota o una contradicción en negativo, sino más bien, a la manera Venturiana, la función compleja lleva implícita un cierto nivel de contradicción, o mejor dicho, deja abierta la puerta a la contradicción, una vez el pensar teórico de la arquitectura se vaya completando una y otra vez.

Entendido esto, se entiende igualmente que el proceso de conceptualización de la arquitectura queda también abierto, se entiende como una aplicación continua en el tiempo, un repensar lo mismo constantemente para conseguir avanzar.

Por último cabe remarcar también que el hecho de que cualquier teoría de la arquitectura se transforme en un proceso abierto y continuo no excluye que tal proceso sea susceptible de sistematizarse. En realidad podemos entender el trabajo posterior de Eisenman, durante toda su fértil carrera como teórico de la arquitectura, como un esfuerzo titánico por sistematizar un modelo de pensamiento arquitectónico, elaborando así un instrumental conceptual propio de significativo valor. Es incluso irónico que la necesaria estructura plástica del modelo teórico de Eisenman, contraste de manera tan viva con la perseverante y estricta disciplina de la que el autor siempre ha hecho gala.

Valga como demostración de coherencia los dos últimos párrafos de la tesis de Eisenman, que ponen en evidencia el trato que debe darse a toda nueva teoría y aunque sea solamente como testimonio de las consecuencias que comporta el asumir la función compleja, vale la pena traducir literalmente:

Esta disertación está limitada a una sola fase del problema total, que podríamos llamar la manifestación formal de ideas conceptuales, y haciendo esto se ha intentado desarrollar un argumento en términos racionales y lógicos. Se ha intentado excluir toda consideración metafísica y toda preferencia estética particular, e igualmente no se han intentado explicar los indiscriminados prejuicios, y las predilecciones analizadas a medias, evidentes en la crítica moderna. No hay pretensión que este trabajo sea un trabajo completo y de hecho esto es algo que solo puede desarrollarse en continuidad.

Esta disertación, por lo tanto, debe ser considerada solamente como una demostración de un método, como una posible manera de aproximarse a una problemática arquitectónica, y por consiguiente debe considerarse como un final abierto. En este sentido, puede no tener conclusiones, y su intención es limitarse a proveer una base para clarificar el pensamiento conceptual.10 

Miquel Lacasta. Doctor arquitecto
Barcelona, marzo 2013

Notas:

EISENMAN, Peter, The Formal Basis of Modern Architecturepublicado originalmente como tesis doctoral por el Trinity College de la Universidad de Cambridge en Agosto de 1963 y posteriormente reeditada en Lars Müller Publishers, Baden, 2006.

SCOTT, Geoffrey, The Architecture of Humanism: A Study in the History of Taste, Charles Scribner’s Sons, Nueva York, 1969

Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 345.

4 Op. Cit., EISENMAN, 2006(1963), p. 347.

Así es como el joven Eisenman se refiere a Gropius, Wright o al movimiento De Stijl. Indudablemente el espíritu crítico contra cualquier cosa que pareciera propia del movimiento moderno provocaba una reacción de carácter casi alérgica.

6 Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 347.

7 Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 349.

9 Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 351.

10 Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 353.

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Orfanato Municipal de Aldo Van Eyck en Amstelveenseweg, Amsterdam, 1960 | fuckyeahbrutalism.tumblr.com

A vontade do meu blogue, axonométrica, e do exercicio semanal de reflexión achega da arquitectura na súa dimensión teórica, baséase entre outras referencias e inspiracións, no que Peter Eisenman desenvolve na súa tese doctoral como Teorías polemistas de final aberto. É dicir, tanto a vontade do blog, a da práctica arquitectónica que facemos en Archikubik, cos meus socios Marc Chalamanch e Carmen Santana, como tamén, a actividade docente que desenvolvemos na ESARQ con Marta García-Orte, non é a de sentar cátedra, pechar proxectos ou crear liñas de traballo end road. Todo o contrario, creo firmemente na lóxica dos procesos abertos en arquitectura, que os proxectos, a docencia, as reflexións teóricas achega da arquitectura son moito máis importantes que as persoas que o realizan. A arquitectura en definitiva está por encima dos arquitectos. É evidente que sen arquitectos a arquitectura sería algo moitos máis débil, pero tamén o é, que como arquitectos, temos que entender que soamente podemos a aspirar a ser un eslabón dunha cadea de valor, moito máis importante para a sociedade que a nosa figura particular.

É por iso que me parece ideal, neste post conmemorativo, reflexionar achega da idea de teoría como un proceso aberto, enmarcando así unha trilogía achega dos primeiros anos de Peter Eisenman.

Xa en 1962, Eisenman reclama na súa tese doctoral The Formal Basis of Modern Architecture1 que tamén existe unha categoría de teorías que parecen prover as bases dunha reflexión máis contemporánea. Esta é a categoría do ensaio polémico que pode ilustrarse nos escritos Geoffrey Scott principalmente, e de xeito menor noutros autores como Abbe Laugler ou Augustus Welby Northmore Pugin.

En Scott parece que nos atopamos ante a fundación dunha teoría de final aberto que permite que esta estea sempre en proceso de expansión e de continua aplicación. Para Scott a arquitectura é un campo con tres ramas principais: o ámbito científico, o ámbito práctico e o ámbito do estético. A arquitectura pois, debe ser estudada como unha arte, como unha materia onde debe analizarse o estético no sentido máis estrito, de maneira que clarifique e faga inteligible a historia e igualmente permita un goce completo. Con todo, Scott mantén que as análises do pasado sobre o estético escureceran o entendemento da arquitectura con pensamentos borrosos de maneira que o obxectivo declarado do seu libro The Architecture of Humanism: A Study in the History of Taste2 foi o trazar a medida total de tal confusión e no posible corrixila.

Así pois, Scott dedícase a debullar o que considera as falacias do pasado entre as que se atopan a que el chama o culto ao extinto ou noutro capítulo fala da falacia da tradición académica. Aínda que Scott era un apóstolo da orde tradicional académico, observou que aínda que a orde é sempre importante en arquitectura, non é en por si suficiente para crear boa arquitectura. Moitos dos modelos máis feos e da maioría dos edificios tristes, el escribiu, posúen orde nun alto nivel; exhiben coeficientes fixos e evidentes de deseño.Per

Así pues, Scott se dedica a desgranar lo que considera las falacias del pasado entre las que se encuentran la que él llama el culto a lo extinto o en otro capítulo habla de la falacia de la tradición académica. Si bien Scott era un apóstol del orden tradicional académico, observó que aunque el orden es siempre importante en arquitectura, no es por sí mismo suficiente para crear buena arquitectura. Muchos de los modelos más feos y de la mayoría de los edificios tristes, él escribió, poseen orden en un alto nivel; exhiben coeficientes fijos y evidentes de diseño.Pero

por que carecen do fermento do bo gusto, en termos de Scott, e erran?

Cal é a esencia do gusto, do bo gusto?

Nunha palabra, é o corpo humano. Scott volveu unha e outra vez á importancia do corpo humano como a medida imprescindible en arquitectura.

As necesidades e as disposicións do espírito humano encarnado nun corpo, proporcionan a medida do valor principal do arquitectónico, do núcleo duro da arquitectura, do apropiado.

Scott fala en parte como historiador da arquitectura, en parte como gardián dos valores do humanista que foron articulados con xeito exuberante na arquitectura do renacemento. En verdade, esa articulación dun discurso humanista por encima de calquera outra consideración académica, fai que o seu libro non estea considerado como unha reliquia de anticuario, senón como unha inspiración sempre contemporánea, mesmo para alguén como Peter Eisenman que sempre estará no cutting edge, do pensamento arquitectónico.

Abastecer dese instinto do humanista ao medio natural da arquitectura, o espazo, debería ser a vocación e o proxecto vital do arquitecto. Evidentemente hai un compoñente estético neste proxecto: un compoñente que se satisfai no arranxo de masas, de liñas, de sombras, e de espazos. Pero as necesidades cambiantes e o estado incompleto, fundamentais da condición humana, garante que a arquitectura non se pode nunca xulgar por criterios estéticos soamente. A arquitectura está subordinada aos usos xerais que a humanidade fai dela. Por tanto a arquitectura á que Scott, repetindo a famosa fórmula kantiana, chama un desexo desinteresado de beleza, sempre quedou e quedará atada á referencia continua dos usos e os costumes do ser humano, ao inventario cotián de imperativos físicos, psicolóxicos, e sociais.

É por iso que para Scott a teoría da arquitectura non implicaba ningunha restrición, non se trataba dun xogo con regras establecidas, senón máis ben dunha síntese de todas as teorías precedentes, e á súa vez a base sobre a que construír teorías no futuro. Realmente, foi esta noción da teoría da arquitectura considerada como ensaio polémico, á vez que a súa aversión polas tradicionais teorías de final pechado do século anterior, que fixeron brillar ao autor entre o gran número de manifestacións e declaracións sobre arquitectura a principios do século XX.

A dimensión humanista das teorías de Scott sobre a arquitectura, dotan a esta dunha liña continua de desenvolvemento. A idea de final aberto nas teorías de arquitectura en realidade o que abren é unha especie de espazo temporal ancorado no presente continuo, en constante evolución e en eterna discusión, axuntando matices, detalles, xiros, etc.

Para Eisenman, o traballo de Scott ejemplifica a idea da teoría polemista, de final aberto e en constante proceso de maduración. É dicir, ante as teorías ao uso, pechadas, rotundas e tratadistas de espírito, teorías que por outra banda foron moeda común durante o período de xurdimento das vangardas de principios de século XX e sobre todo durante o período histórico ao que chamamos modernidade, contraponse unha idea de teoría aberta, en continua evolución e que non pretende sentar cátedra, senón máis ben ir clarificando e fixando posicións para facer o debate máis útil, mais aproveitable.

Esta condición de movemento das ideas por unha banda, e a intención de desfacer agravios teóricos do pasado, polo outro, estruturan a esencia do modelo teórico polemista, entendido como modelo de final aberto. O que fai de Eisenman un teórico especialmente brillante, e así o demostrou ao longo da súa carreira como ensaísta e investigador, é dar desde moi novo nunha das dianas da complexidade, a continuidade.

Complexidade, Continuidade.

Se ao falar de teorías tratadistas, falamos de actitudes tradicionais que chegaron ata o movemento moderno, tamén podemos encadrar nesta actitude a persistente maneira de entender os edificios como entidades individuais. De feito a idea tradicional de orde concibíase en situacións específicas.

En moitos casos cando os intentos de desenvolver esa idea de orde ían máis aló do edificio individual, o concepto dunha orde absoluta era remplazado por unha interpretación subxectiva do mesmo. O plan urbano en xeral evitaba a idea de orde racional total, e prefería camuflarse a si mesmo baixo as nocións da aleatoriedad e o orgánico, que pola súa natureza, escurecía a claridade de calquera orde, e mesmo creaba a impresión da ausencia de calquera planificación.

Para Eisenman desenmascarar a suposta idea de continuidade ligada á orde total da contorna, asociada algunhas veces aos proxectos do movemento moderno, é moi importante para así propoñer a súa metodoloxía da continuidade e de final aberto para o desenvolvemento dunha teoría da arquitectura. Por iso prosegue coa idea ao afirmar:

pero se a idea dunha orde total da contorna é aceptada, entón deberiamos tentar investigar as posibilidades inherentes nas organizacións continuas e en organizacións estáticas, e isto á súa vez, faría reflexionar sobre a cuestión do porqué a arquitectura moderna ha tentado propagar a idea dunha entidade externa estática cando en realidade estaba a usar unha organización interna de natureza continua.

Á luz das seguintes citas dos leading apologist5 do movemento moderno, a cuestión de se a construción teórica da arquitectura enténdese a partir dunha lóxica estática ou contrariamente pódese construír dentro dunha lóxica da continuidade, vai ser crítica.

O manifesto de De Stijl de 1918 di: Hai unha vella e unha nova conciencia do noso tempo. A vella está conectada ao individuo. A nova está conectada co universal.Está claro que existe unha ecuación implícita nesta cita onde o individual está relacionado co estático e o universal co continuo. Esta suposición historicista veu seguida dunha polémica continxente dunha racionalidade menos obvia.

De novo na introdución que fai Walter Gropius nunha publicación da Bauhaus en 1923 afirma:

A idea do mundo de hoxe aínda pode ser recoñecida… A vella imaxe dualista do mundo, o ego como oposición ao universo, está a desvanecerse; a concepción dunha nova unidade do mundo, incluíndo a absoluta neutralidade de todas as tensións opostas, en cambio aparece.7

Así, tanto a cita de De Stijl como de Gropius indican que calquera preferencia que poidan ter ambos os por unha sistema continuo, está fundado en territorios incontestablemente morais, filosóficos e humanísticos e por tanto fóra da esfera de consideracións estritamente racionais e formais.

A nova arquitectura ía en busca de novas formas, e era totalmente de esperar que se axustase idealmente ao potencial estructurador do aceiro, o formigón e o vidro como expresión do romanticismo da máquina. De todos os xeitos, isto non explica a aparente contradición envolta no uso de sistemas continuos, que implican referencias perceptivas abstractas así como persoais, no canto de referencias conceptuais consistentes na idea da sociedade universal. Eisenman pregúntase aquí se a orde volumétrico continuo do plano aberto propio do movemento moderno era en realidade unha verdadeira representación da continuidade interna/externa.

Parece que a autenticación desta validación depende máis das interpretacións escritas dos edificios que buscan esa orde, que dos edificios en si mesmos.

En Wright atopamos unha natureza diferente de atribuír a continuidade aos seus propios edificios. An Organic Architecture: the Architecture of Democracy8  escribió:

Na arquitectura clásica todo estaba suxeito… agora… deixemos que as paredes, os teitos, os chans véxanse como partes compostas dunhas con outras, as súas superficies flotan dunhas a outras. Aquí… un principio… entrando no edificio como unha nova estética, a continuidade. …no meu traballo, a idea de plasticidade, pode ser vista agora como un elemento de continuidade.  

Para Eisenman, estes arquitectos produciron edificios que soamente poden ser pensados como entidades estáticas. A mera invocación de transparencia na vidriada fachada de Dessau non proporciona ningunha noción de continuidade. O edificio da Bauhaus queda simplemente como unhas aspas de muíño articuladas, con tres brazos de natureza diferenciada, cada un expresando un aspecto da organización interna tripartita.

Segundo o autor, estas aspas non poden ser lidas como unha orde total, pois o negativo destes volumes son de diferente magnitude que os volumes positivados, e por tanto a lectura da interrelación en termos de figura e fondo vólvese moi dificultosa, e a sugestión de continuidade coa contorna comprometida.

Esta condición estática, e por tanto non continua, é aínda máis aparente nos edificios de Wright, particularmente nas praire houses. Wright leva demasiado lonxe a lonxitude necesaria para articular o final de cada volume, provocando un abrupto parón a algunha percepción de fluxo continuado do espazo dentro/fóra. Nalgúns casos, prosegue Eisenman, cando os volumes externos están ordenados de maneira similar á organización interna, as conexións axiales adoitan estar rotas ou distorsionadas.

A causa destas incongruencias para o mozo Eisenman reside na natureza conflitiva ente a palabra escrita e a execución da obra. O uso impreciso e metafórico da linguaxe na teoría arquitectónica ha tendido a negar a validez crítica da mesma, e parece probable que é o resultado da confusión, intencionada ou non, entre criterios morais e formais. O traballo do crítico en arquitectura non consiste en interpretar e direccionar a arquitectura, senón máis ben en prover de certa orde, en dar algúns puntos de referencia sobre o que se desenvolva a comprensión dun traballo concreto.

A idea de fondo da tese de Eisenman consiste en deixar patente a necesidade de abandonar a tradición historicista do século XIX e a tradición polemista do século XX para poder así construír un sistema de prioridades baseado nunha lóxica consistente, se se quere que a teoría de arquitectura teña algún tipo de validez.

En resumo a teoría debe de estar envolvida pola comprensión de principios e non pola codificación de verdades. A teoría arquitectónica ha de tender cara á clarificación dos fundamentos e prover unha linguaxe para a discusión e a interpretación destes fundamentos. En definitiva a teoría non debería ser considerada como unha xogada preparada ou como un paquete coidadosamente envolto, senón como unha solicitude aplicada continuamente e tamén por lóxica como unha metodoloxía de final aberto.

Sen dúbida as dúas ideas principais que lanza Eisenman no seu traballo de investigación marcan claramente a dirección da complexidade, ou mellor devandito, asumen a complexidade implicitamente como un feito ineludible da contemporaneidad. A función complexa ha entrado tan a fondo no coñecemento práctico e teórico da arquitectura que xa parece imposible definir un sistema que estruture conceptualmente a narración teórica coma se tratásese dun texto con principio, desenvolvemento e final, é dicir a estrutura de calquera teoría da arquitectura non pode ser máis, á vez, nin lineal nin pechada.

A exuberante complexidade do arquitectónico obriga ao arquitecto para deixar abertas as conclusións sobre calquera razoamento que concierna á arquitectura, e en todo caso o máximo que pode permitirse é apuntar unhas conclusións provisionais, unhas balas trazadoras que indican a dirección e referencian do camiño para seguir.

A condición complexa do corpo teórico a tratar acaba impoñéndose á restritiva visión de calquera autor e como mecanismo de defensa intelectual, calquera teoría debe ser susceptible de ser completada, matizada ou mesmo corrixida, sen que iso teña que entenderse como unha derrota ou unha contradición en negativo, senón máis ben, á maneira Venturiana, a función complexa leva implícita un certo nivel de contradición, ou mellor devandito, deixa aberta a porta á contradición, unha vez o pensar teórico da arquitectura se vaia completando unha e outra vez.

Entendido isto, enténdese igualmente que o proceso de conceptualización da arquitectura queda tamén aberto, enténdese como unha aplicación continua no tempo, un repensar o mesmo constantemente para conseguir avanzar.

Por último cabe remarcar tamén que o feito de que calquera teoría da arquitectura transfórmese nun proceso aberto e continuo non exclúe que tal proceso sexa susceptible de sistematizarse. En realidade podemos entender o traballo posterior de Eisenman, durante toda a súa fértil carreira como teórico da arquitectura, como un esforzo titánico por sistematizar un modelo de pensamento arquitectónico, elaborando así un instrumental conceptual propio de significativo valor. É mesmo irónico que a necesaria estrutura plástica do modelo teórico de Eisenman, contraste de maneira tan viva coa perseverante e estrita disciplina da que o autor sempre fixo gala.

Valga como demostración de coherencia os dous últimos parágrafos da tese de Eisenman, que poñen en evidencia o trato que debe darse a toda nova teoría e aínda que sexa soamente como testemuño das consecuencias que comporta o asumir a función complexa, vale a pena traducir literalmente:

Esta disertación está limitada a unha soa fase do problema total, que poderiamos chamar a manifestación formal de ideas conceptuais, e facendo isto tentouse desenvolver un argumento en termos racionais e lóxicos. Tentouse excluír toda consideración metafísica e toda preferencia estética particular, e igualmente non se tentaron explicar os indiscriminados prexuízos, e as predileccións analizadas a medias, evidentes na crítica moderna. Non hai pretensión que este traballo sexa un traballo completo e de feito isto é algo que só pode desenvolverse en continuidade.

Esta disertación, por tanto, debe ser considerada soamente como unha demostración dun método, como unha posible maneira de aproximarse a unha problemática arquitectónica, e por conseguinte debe considerarse como un final aberto. Neste sentido, pode non ter conclusións, e a súa intención é limitarse a prover unha base para clarificar o pensamento conceptual.10 

Miquel Lacasta. Doutor arquitecto
Barcelona, marzo 2013

Notas:

EISENMAN, Peter, The Formal Basis of Modern Architecture, publicado orixinalmente como tese doutoral polo Trinity College da Universidade de Cambridge en agosto de 1963 e posteriormente reeditada en Lars Müller Publishers, Baden, 2006.

SCOTT, Geoffrey, The Architecture of Humanism: A Study in the History of Taste, Charles Scribner’s Sons, Nova Iork, 1969

Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 345.

4 Op. Cit., EISENMAN, 2006(1963), p. 347.

Así é como o mozo Eisenman refírese a Gropius, Wright ou ao movemento De Stijl. Indubidablemente o espírito crítico contra calquera cousa que parecese propia do movemento moderno provocaba unha reacción de carácter case alérxica.

6 Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 347.

7 Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 349.

9 Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 351.

10 Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 353.

[:en]

Aldo Van Eyck’s Municipal orphanage in Amstelveenseweg, Amsterdam, 1960 | fuckyeahbrutalism.tumblr.com

The will of the blog, axonométrica, and of the weekly exercise of reflection brings over of the architecture in his theoretical dimension, is based between other references and inspirations, in what Peter Eisenman develops in his doctoral thesis as Theories debaters of opened end. That is to say, so much the will of the blog, that of the architectural practice that we do in Archikubik, with my partners Marc Chalamanch and Carmen Santana, since also, the educational activity that we develop in the ESARQ with Marta Garcia-Orte, is not her of sitting chair, closing projects or creating lines of work end road. Everything opposite, I believe firmly in the logic of the processes opened in architecture, which the projects, the teaching, the theoretical reflections brings over of the architecture they are much more important than the persons than it realize.The architecture definitively is over the architects. It is evident that without architects the architecture would be slightly great weaker, but also it it is, that as architects, we have to understand that only we can to aspiring to be a link of a chain of value, more important much for the company that our particular figure.

It is for it that seems to me to be ideal, in this commemorative post, to think brings over of the idea of theory as an open session, framing this way a trilogy brings over of the first years of Peter Eisenman.

Already in 1962, Eisenman claims in his doctoral thesis The Formal Basis of Modern Architecture1  that also exists a category of theories that seem to provide the bases of the most contemporary reflection. This one is the category of the polemic test that Geoffrey Scott can learn in the writings principally, and in a minor way in other authors as Abbe Laugler or Augustus Welby Northmore Pugin.

En Scott parece que nos encontramos ante la fundación de una teoría de final abierto que permite que ésta esté siempre en proceso de expansión y de continua aplicación. Para Scott la arquitectura es un campo con tres ramas principales: el ámbito científico, el ámbito práctico y el ámbito de lo estético. La arquitectura pues, debe ser estudiada como un arte, como una materia donde debe analizarse lo estético en el sentido más estricto, de manera que clarifique y haga inteligible la historia e igualmente permita un goce completo. Sin embargo, Scott mantiene que los análisis del pasado sobre lo estético habían oscurecido el entendimiento de la arquitectura con pensamientos borrosos de manera que el objetivo declarado de su libro The Architecture of Humanism: A Study in the History of Taste2 fue el trazar la medida total de tal confusión y en lo posible corregirla.

Así pues, Scott se dedica a desgranar lo que considera las falacias del pasado entre las que se encuentran la que él llama el culto a lo extinto o en otro capítulo habla de la falacia de la tradición académica. Si bien Scott era un apóstol del orden tradicional académico, observó que aunque el orden es siempre importante en arquitectura, no es por sí mismo suficiente para crear buena arquitectura. Muchos de los modelos más feos y de la mayoría de los edificios tristes, él escribió, poseen orden en un alto nivel; exhiben coeficientes fijos y evidentes de diseño.Pero

¿porque carecen de la levadura del buen gusto, en términos de Scott, y fallan?

¿Cuál es la esencia del gusto, del buen gusto? En una palabra, es el cuerpo humano. Scott volvió una y otra vez a la importancia del cuerpo humano como la medida imprescindible en arquitectura.

Las necesidades y las disposiciones del espíritu humano encarnado en un cuerpo, proporcionan la medida del valor principal de lo arquitectónico, del núcleo duro de la arquitectura, de lo apropiado.

Scott habla en parte como historiador de la arquitectura, en parte como guardián de los valores del humanista que fueron articulados con tino exuberante en la arquitectura del renacimiento. En verdad, esa articulación de un discurso humanista por encima de cualquier otra consideración académica, hace que su libro no esté considerado como una reliquia de anticuario, sino como una inspiración siempre contemporánea, incluso para alguien como Peter Eisenman que siempre estará en el cutting edge, del pensamiento arquitectónico.

Abastecer de ese instinto del humanista al medio natural de la arquitectura, el espacio, debería ser la vocación y el proyecto vital del arquitecto. Evidentemente hay un componente estético en este proyecto: un componente que se satisface en el arreglo de masas, de líneas, de sombras, y de espacios. Pero las necesidades cambiantes y el estado incompleto, fundamentales de la condición humana, garantiza que la arquitectura no se puede nunca juzgar por criterios estéticos solamente. La arquitectura está subordinada a los usos generales que la humanidad hace de ella. Por tanto la arquitectura a la que Scott, repitiendo la famosa fórmula kantiana, llama un deseo desinteresado de belleza, siempre ha quedado y quedará atada a la referencia continua de los usos y las costumbres del ser humano, al inventario cotidiano de imperativos físicos, psicológicos, y sociales.

Es por ello que para Scott la teoría de la arquitectura no implicaba ninguna restricción, no se trataba de un juego con reglas establecidas, sino más bien de una síntesis de todas las teorías precedentes, y a su vez la base sobre la que construir teorías en el futuro. Realmente, fue esta noción de la teoría de la arquitectura considerada como ensayo polémico, a la vez que su aversión por las tradicionales teorías de final cerrado del siglo anterior, que hicieron brillar al autor entre el gran número de manifestaciones y declaraciones sobre arquitectura a principios del siglo XX.

La dimensión humanista de las teorías de Scott sobre la arquitectura, dotan a esta de una línea continua de desarrollo. La idea de final abierto en las teorías de arquitectura en realidad lo que abren es una especie de espacio temporal anclado en el presente continuo, en constante evolución y en eterna discusión, aunando matices, detalles, giros, etc.

Para Eisenman, el trabajo de Scott ejemplifica la idea de la teoría polemista, de final abierto y en constante proceso de maduración. Es decir, ante las teorías al uso, cerradas, rotundas y tratadistas de espíritu, teorías que por otra parte fueron moneda común durante el periodo de surgimiento de las vanguardias de principios de siglo XX y sobre todo durante el periodo histórico al que llamamos modernidad, se contrapone una idea de teoría abierta, en continua evolución y que no pretende sentar cátedra, sino más bien ir clarificando y fijando posiciones para hacer el debate más útil, mas aprovechable.

Esta condición de movimiento de las ideas por un lado, y la intención de deshacer entuertos teóricos del pasado, por el otro, estructuran la esencia del modelo teórico polemista, entendido como modelo de final abierto. Lo que hace de Eisenman un teórico especialmente brillante, y así lo ha demostrado a lo largo de su carrera como ensayista e investigador, es haber dado desde muy joven en una de las dianas de la complejidad, la continuidad.

Complejidad, Continuidad.

Si al hablar de teorías tratadistas, hablamos de actitudes tradicionales que llegaron hasta el movimiento moderno, también podemos encuadrar en esta actitud la persistente manera de entender los edificios como entidades individuales. De hecho la idea tradicional de orden se concebía en situaciones específicas.

En muchos casos cuando los intentos de desarrollar esa idea de orden iban más allá del edificio individual, el concepto de un orden absoluto era remplazado por una interpretación subjetiva del mismo. El planeamiento urbano en general evitaba la idea de orden racional total, y prefería camuflarse a sí mismo bajo las nociones de la aleatoriedad y lo orgánico, que por su naturaleza, oscurecía la claridad de cualquier orden, e incluso creaba la impresión de la ausencia de cualquier planificación.

Para Eisenman desenmascarar la supuesta idea de continuidad ligada al orden total del entorno, asociada algunas veces a los proyectos del movimiento moderno, es muy importante para así proponer su metodología de la continuidad y de final abierto para el desarrollo de una teoría de la arquitectura. Por ello prosigue con la idea al afirmar:

pero si la idea de un orden total del entorno es aceptada, entonces deberíamos intentar investigar las posibilidades inherentes en las organizaciones continuas y en organizaciones estáticas, y esto a su vez, haría reflexionar sobre la cuestión del porqué la arquitectura moderna ha intentado propagar la idea de una entidad externa estática cuando en realidad estaba usando una organización interna de naturaleza continua.

A la luz de las siguientes citas de los leading apologistdel movimiento moderno, la cuestión de si la construcción teórica de la arquitectura se entiende a partir de una lógica estática o contrariamente se puede construir dentro de una lógica de la continuidad, va a ser crítica.

El manifiesto de De Stijl de 1918 dice: Hay una vieja y una nueva conciencia de nuestro tiempo. La vieja está conectada al individuo. La nueva está conectada con lo universal.Está claro que existe una ecuación implícita en esta cita donde lo individual está relacionado con lo estático y lo universal con lo continuo. Esta suposición historicista vino seguida de una polémica contingente de una racionalidad menos obvia.

De nuevo en la introducción que hace Walter Gropius en una publicación de la Bauhaus en 1923 afirma:

La idea del mundo de hoy todavía puede ser reconocida… La vieja imagen dualista del mundo, el ego como oposición al universo, se está desvaneciendo; la concepción de una nueva unidad del mundo, incluyendo la absoluta neutralidad de todas las tensiones opuestas, en cambio aparece.7

Así, tanto la cita de De Stijl como de Gropius indican que cualquier preferencia que puedan tener ambos por una sistema continuo, está fundado en territorios incontestablemente morales, filosóficos y humanísticos y por tanto fuera de la esfera de consideraciones estrictamente racionales y formales.

La nueva arquitectura iba en busca de nuevas formas, y era totalmente de esperar que se ajustara idealmente al potencial estructurador del acero, el hormigón y el vidrio como expresión del romanticismo de la máquina. De todas formas, esto no explica la aparente contradicción envuelta en el uso de sistemas continuos, que implican referencias perceptivas abstractas así como personales, en vez de referencias conceptuales consistentes en la idea de la sociedad universal. Eisenman se pregunta aquí si el orden volumétrico continuo del plano abierto propio del movimiento moderno era en realidad una verdadera representación de la continuidad interna/externa.

Parece que la autentificación de esta validación depende más de las interpretaciones escritas de los edificios que buscan ese orden, que de los edificios en sí mismos.

En Wright encontramos una naturaleza diferente de atribuir la continuidad a sus propios edificios. En An Organic Architecture: the Architecture of Democracy8  escribió:

En la arquitectura clásica todo estaba sujeto… ahora… dejemos que las paredes, los techos, los suelos se vean como partes compuestas de unas con otras, sus superficies flotan de unas a otras. Aquí… un principio… entrando en el edificio como una nueva estética, la continuidad. …en mi trabajo, la idea de plasticidad, puede ser vista ahora como un elemento de continuidad.  

Para Eisenman, estos arquitectos han producido edificios que solamente pueden ser pensados como entidades estáticas. La mera invocación de transparencia en la vidriada fachada de Dessau no proporciona ninguna noción de continuidad. El edificio de la Bauhaus queda simplemente como unas aspas de molino articuladas, con tres brazos de naturaleza diferenciada, cada uno expresando un aspecto de la organización interna tripartita.

Según el autor, estas aspas no pueden ser leídas como un orden total, pues el negativo de estos volúmenes son de diferente magnitud que los volúmenes positivados, y por tanto la lectura de la interrelación en términos de figura y fondo se vuelve muy dificultosa, y la sugestión de continuidad con el entorno comprometida.

Esta condición estática, y por tanto no continua, es aún más aparente en los edificios de Wright, particularmente en las praire houses. Wright lleva demasiado lejos la longitud necesaria para articular el final de cada volumen, provocando un abrupto parón a alguna percepción de flujo continuado del espacio dentro/fuera. En algunos casos, prosigue Eisenman, cuando los volúmenes externos están ordenados de manera similar a la organización interna, las conexiones axiales suelen estar rotas o distorsionadas.

La causa de estas incongruencias para el joven Eisenman reside en la naturaleza conflictiva ente la palabra escrita y la ejecución de la obra. El uso impreciso y metafórico del lenguaje en la teoría arquitectónica ha tendido a negar la validez crítica de la misma, y parece probable que es el resultado de la confusión, intencionada o no, entre criterios morales y formales. El trabajo del crítico en arquitectura no consiste en interpretar y direccionar la arquitectura, sino más bien en proveer de cierto orden, en dar algunos puntos de referencia sobre el que se desarrolle la comprensión de un trabajo concreto.

La idea de fondo de la tesis de Eisenman consiste en dejar patente la necesidad de abandonar la tradición historicista del siglo XIX y la tradición polemista del siglo XX para poder así construir un sistema de prioridades basado en una lógica consistente, si se quiere que la teoría de arquitectura tenga algún tipo de validez.

En resumen la teoría debe de estar envuelta por la comprensión de principios y no por la codificación de verdades. La teoría arquitectónica ha de tender hacia la clarificación de los fundamentos y proveer un lenguaje para la discusión y la interpretación de estos fundamentos. En definitiva la teoría no debería ser considerada como una jugada preparada o como un paquete cuidadosamente envuelto, sino como una solicitud aplicada continuamente y también por lógica como una metodología de final abierto.

Sin lugar a dudas las dos ideas principales que lanza Eisenman en su trabajo de investigación marcan claramente la dirección de la complejidad, o mejor dicho, asumen la complejidad implícitamente como un hecho ineludible de la contemporaneidad. La función compleja ha entrado tan a fondo en el conocimiento práctico y teórico de la arquitectura que ya parece imposible definir un sistema que estructure conceptualmente la narración teórica como si se tratara de un texto con principio, desarrollo y final, es decir la estructura de cualquier teoría de la arquitectura no puede ser más, a la vez, ni lineal ni cerrada.

La exuberante complejidad de lo arquitectónico obliga al arquitecto a dejar abiertas las conclusiones sobre cualquier razonamiento que concierna a la arquitectura, y en todo caso lo máximo que puede permitirse es apuntar unas conclusiones provisionales, unas balas trazadoras que indican la dirección y referencian del camino a seguir.

La condición compleja del cuerpo teórico a tratar acaba imponiéndose a la restrictiva visión de cualquier autor y como mecanismo de defensa intelectual, cualquier teoría debe ser susceptible de ser completada, matizada o incluso corregida, sin que eso tenga que entenderse como una derrota o una contradicción en negativo, sino más bien, a la manera Venturiana, la función compleja lleva implícita un cierto nivel de contradicción, o mejor dicho, deja abierta la puerta a la contradicción, una vez el pensar teórico de la arquitectura se vaya completando una y otra vez.

Entendido esto, se entiende igualmente que el proceso de conceptualización de la arquitectura queda también abierto, se entiende como una aplicación continua en el tiempo, un repensar lo mismo constantemente para conseguir avanzar.

Por último cabe remarcar también que el hecho de que cualquier teoría de la arquitectura se transforme en un proceso abierto y continuo no excluye que tal proceso sea susceptible de sistematizarse. En realidad podemos entender el trabajo posterior de Eisenman, durante toda su fértil carrera como teórico de la arquitectura, como un esfuerzo titánico por sistematizar un modelo de pensamiento arquitectónico, elaborando así un instrumental conceptual propio de significativo valor. Es incluso irónico que la necesaria estructura plástica del modelo teórico de Eisenman, contraste de manera tan viva con la perseverante y estricta disciplina de la que el autor siempre ha hecho gala.

Valga como demostración de coherencia los dos últimos párrafos de la tesis de Eisenman, que ponen en evidencia el trato que debe darse a toda nueva teoría y aunque sea solamente como testimonio de las consecuencias que comporta el asumir la función compleja, vale la pena traducir literalmente:

Esta disertación está limitada a una sola fase del problema total, que podríamos llamar la manifestación formal de ideas conceptuales, y haciendo esto se ha intentado desarrollar un argumento en términos racionales y lógicos. Se ha intentado excluir toda consideración metafísica y toda preferencia estética particular, e igualmente no se han intentado explicar los indiscriminados prejuicios, y las predilecciones analizadas a medias, evidentes en la crítica moderna. No hay pretensión que este trabajo sea un trabajo completo y de hecho esto es algo que solo puede desarrollarse en continuidad.

Esta disertación, por lo tanto, debe ser considerada solamente como una demostración de un método, como una posible manera de aproximarse a una problemática arquitectónica, y por consiguiente debe considerarse como un final abierto. En este sentido, puede no tener conclusiones, y su intención es limitarse a proveer una base para clarificar el pensamiento conceptual.10 

Miquel Lacasta. Doctor arquitecto
Barcelona, marzo 2013

Notas:

EISENMAN, Peter, The Formal Basis of Modern Architecturepublicado originalmente como tesis doctoral por el Trinity College de la Universidad de Cambridge en Agosto de 1963 y posteriormente reeditada en Lars Müller Publishers, Baden, 2006.

SCOTT, Geoffrey, The Architecture of Humanism: A Study in the History of Taste, Charles Scribner’s Sons, Nueva York, 1969

Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 345.

4 Op. Cit., EISENMAN, 2006(1963), p. 347.

Así es como el joven Eisenman se refiere a Gropius, Wright o al movimiento De Stijl. Indudablemente el espíritu crítico contra cualquier cosa que pareciera propia del movimiento moderno provocaba una reacción de carácter casi alérgica.

6 Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 347.

7 Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 349.

9 Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 351.

10 Op. Cit., EISENMAN, 2006 (1963), p. 353.

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