La realidad del arquitecto | Stepienybarno

Son malos tiempos para la lírica. Para la lírica y para casi todo; pero, para nosotros, los arquitectos, son tiempos de los peores. Esta realidad, a veces, no sabemos muy bien por qué, no termina de hacerse evidente.

Hoy, no vamos a hacer un post optimista, no hablaremos sobre las fortalezas del arquitecto, ni tan siquiera sobre nuevas salidas profesionales; esto ya lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo; hoy toca un post diferente, quizás más duro, pero, a lo mejor, más real.

La economía del país va de cráneo, más bien la de medio mundo, pero la nuestra ya lleva seis años en picado y lo que nos queda. Uno de los sectores más tocado por la crisis es, sin duda, el de la construcción. También, es cierto que, los malditos recortes están dejando temblando a otros muchos, pero lo del nuestro es de traca. No hay trabajo; o hay muy poco, ínfimo, para los que somos y cada vez somos más; 50.000 colegiados, más otros ¿25.000? sin colegiar y los más de 30.000 futuros arquitectos, hoy en las escuelas de arquitectura, no son ninguna tontería.

A su vez, no es menos cierto que, ante ello, de nada sirve llorar. Los afortunados que puedan seguir realizando proyectos de arquitectura a por ellos, pero otros muchos tendremos que emigrar a la periferia de la arquitectura o usar nuestras fortalezas para ser útiles en otros campos de batalla.

Nuestra precariedad laboral, ahora elevada a la máxima potencia gracias a determinados Ministerios, no es nada nuevo; curiosamente, ni en tiempos de bonanza la situación del arquitecto era para tirar cohetes.

Quitando a los “macizadores”, al resto nos podía ir, como mucho, entre medio mal y medio bien. Los que han sido la mano ejecutora del sector inmobiliario eran el 10% del total de los arquitectos. A estos, les fue muy bien, demasiado bien, y, seguramente, ahora son los que más se quejan. Si hicieran un balance de resultados de los últimos 15 años, no tendrían nada de que llorar y a lo mejor algo de lo que avergonzarse.

Pero, la inmensa mayoría de la profesión estuvo intentando mantener pequeños estudios, de la manera más digna posible. Si te interesaba, realmente, la arquitectura y en consecuencia tu cliente, el proyecto llevaba una cantidad de horas ingente. Muchos estudios han funcionado con la típica tabla de horas y veían cómo una sencilla unifamiliar siempre costaba mucho más de lo previsto. Eso, sin contar que, por naturaleza, somos “esplendidos” e innumerables anteproyectos se hicieron by the face y el total de estudios han pringado, sin cesar, noches y fines de semana para dejar las entregas niqueladas. Habría que ir pensando un homenaje para las sacrificadas familias de la mayoría de los arquitectos!

La cara oculta de los estudios de arquitectura, siempre fue un tema poco tratado. La desorganización se apoderaba del estudio (por muy organizado que fueras) y cuadrar las cuentas para que quien calculase la estructura no ganase más que tú no era tan fácil como pudiera parecer. Pero bueno, digamos que más o menos,  se podían hacer cosas majas y cobrar de una manera relativamente justa, aunque al cliente casi siempre le pareciera demasiado.

Los gastos de tener la oficina abierta eran ya de por sí altos, y colegiaciones (más derramas), cursos del CTE, o la aseguradora de Asemas se presentan sin demora a la cita  trimestre tras trimestre.

Otros muchos compañeros han formado durante años el grueso de los falsos autónomos, en  condiciones poco mejores que los, hoy casi envidiados, mileuristas, y, por supuesto, metiendo todas las horas del mundo, sin reconocimiento de su trabajo,  pagándose la seguridad social, sin vacaciones pagadas ni posterior derecho paro y mejor no hablar del tema de las horas extras. De esta forma, muchos estudios fueron creciendo a base de mano de obra barata que con la llegada de la crisis eliminaron de un plumazo a cambio de una sonrisa de despedida, pues, en estos casos, no había ni indemnizaciones ni nada parecido. Así, además de un abuso hacia muchos compañeros, algunos estudios de arquitectura realizaban competencia desleal al poder ofertar honorarios más bajos a sus clientes gracias a este tipo de prácticas.

Por otro lado, sobre los concursos de arquitectura, también hemos hablado mucho por estos lares digitales. Ni siquiera en tiempo de bonanza eran tan buena salida, pues más de uno estaba dado y, en general, había que competir con aquellos estudios descritos en el párrafo anterior; con lo cual, la igualdad de condiciones era solo un sueño. Si, a esto, sumamos la cantidad de profesores que han tirado de alumnos para desarrollar proyectos hechos en una servilleta, nos muestra un  triste panorama. Los becarios de arquitectura han sido mucho más que becarios a cambio de conseguir una línea más en el currículum.

Y, ya que hablamos de profesores, vamos a darnos una vuelta por la Universidad para ver cómo está el plan. Bueno, del plan de estudios, mejor ni hablamos; de lo que fueron las escuelas de arquitectura hace un tiempo, tampoco. No eran para sacar pecho, pero, siempre había algún profesor con verdadera vocación que te contagiaba la ilusión por la arquitectura.

Aún así, en un panorama anterior a la crisis, el que nuestra carrera, en España, tuviera una gran carga técnica hacía aumentar nuestra visión global de la jugada y, gracias a ello, han salido profesionales bien formados. La pena es que, ahora, si se quiere salir fuera de nuestras fronteras esta formación tiene difícil reconocimiento oficial.

Pero, a día de hoy, la realidad de nuestras escuelas clama al cielo por su total desconexión de la realidad del resto del mundo. Cierto es que, la universidad no puede estar a expensas del mercado, pero de ahí a pasar, olímpicamente, del mundo real va un trecho. Si hay una crisis de caballo, las escuelas la tendrán que tener en cuenta a la hora de formar a sus alumnos; si hay una nueva era digital y sus alumnos son nativos digitales, no es de recibo que miren para otro lado y hagan cómo que nada ha cambiado.

Aunque podíamos seguir, vamos terminando con un tema que no queremos que se nos pase: la seguridad de las obras. De esto, no se habla mucho, pero, aquí también, estamos vendidos. La cosa viene de largo y, nuevamente, no tiene nada que ver con la crisis.

Que seamos responsables de lo que se hace por todos los agentes de la obra, durante las 24 horas del día,  es algo que, realmente, nos supera. Si, encima, eres coordinador de seguridad y salud, ya es de locos. La responsabilidad es tremenda y ni siquiera antes del estallido de la burbuja los honorarios podían hacer justicia. Si a esto sumamos lo complicado que es que las constructoras pequeñas entiendan la importancia de tener todo en orden, nos encontramos ante un panorama complicadísimo. Para rematarlo, si ocurre algún percance durante la obra (las llegadas de la comida, a ritmo de “sol y sombra”, siempre son momentos curiosos), el juez poco va  a hacer por saber quién era el verdadero responsable y, casi siempre, el arquitecto acabará siendo culpado.

A día de hoy, la realidad todavía empeora y, ante honorarios de risa, el arquitecto sigue asumiendo un mundo lleno de riesgos.

Para aquellos que aunque quizás no lo reconozcan pero están en paro y no van hacer proyectos en los próximos años, la cuota de la aseguradora seguirá pasando por su entidad bancaria sin piedad. Con lo cual, encima de volverse locos para conseguir algún ingreso, han de empezar el mes con números negativos. Ah! y como dejes de pagar el seguro y al típico abogado desquehacerado se le ocurra buscar la típica fisurilla en alguna obra del arquitecto, no es complicado encontrarla y, ya de paso, encontrará que  falta alguna tontería del mamotreto del CTE y el arquitecto en cuestión ya puede ir rezando lo que sepa para el juicio que tendrá a la vuelta de la esquina.

Sí, que ya, que estamos muy negativos; pero un post de estos, de vez en cuando, tampoco hace daño a nadie,  y, por lo menos, a nosotros nos sirve de desahogo.

¡Ahora es vuestro turno; o bien echáis más leña al fuego, a modo de terapia mutua, o bien nos contáis alguna historia con final feliz para levantar el ánimo!

Stepienybarno_Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó, arquitectos
Estella, abril 2013

Stepienybarno

Stepienybarno está formado por Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó, ambos arquitectos y formados en temas de Identidad Digital y Comunicación online. Desde el 2004 tenemos nuestro propio estudio de arquitectura, ubicado en un pequeño pueblo de Navarra, Estella, y ambos estamos embarcados en nuestras tesis doctorales. A su vez, colaboramos con otros profesionales tanto del ámbito de la arquitectura, sostenibilidad y comunicación online. Vivir en Estella nos da la tranquilidad necesaria para poder encarar el día a día con energía y la red nos posibilita contactar con un mundo maravilloso que de otra forma hubiera sido imposible.

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