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[:es]La lección de Aldo Rossi | José Ramón Hernández Correa[:en]Aldo Rossi’s lesson | José Ramón Hernández Correa[:gl]A lección de Aldo Rossi | José Ramón Hernández Correa[:]

[:es]

A finales de los años setenta y hasta mediados de los años ochenta del siglo veinte (justo el período en el que estudié arquitectura en la ETSAM), el Movimiento Moderno era ya criticado sin tapujos. En la escuela se hablaba de los modernos y, en general, todavía se les admiraba, pero ya se les había perdido el respeto reverencial y se comentaban abiertamente sus debilidades.

Además de eso, en una serie de silogismos ilógicos, se había llegado más o menos a la conclusión de que si la arquitectura moderna no había logrado la felicidad de la humanidad, entonces era culpable de su infelicidad; si no había conseguido la paz en el mundo, entonces era culpable de las guerras, y si no había obtenido alimentos para todos era la causa de la hambruna en el planeta.

Obviamente, la arquitectura moderna no había resuelto el problema de la ciudad, ni el de la convivencia social, ni ninguno de tipo económico, político o social. ¿Es que era esa su misión? Por supuesto que no, pero los arquitectos modernos se habían ofrecido ingenuamente a ello y habían fracasado.

Ahora cualquiera se atrevía a decir que El Corbu era un bocazas, un propagandista que no había respetado el entorno, la naturaleza, la ecología. Que Wright era un tío pagado de sí mismo, que había logrado un par de formas espectaculares, pero completamente efectistas y pintorescas, que no servían para nada ni resolvían los verdaderos problemas de planificación y desarrollo del territorio. Que Mies era un artista ensimismado, que solo hacía paralelepípedos perfectos, alejados de la realidad… Vale. De acuerdo. Tenían buena parte de razón. Los arquitectos modernos no eran dioses. ¿Y? ¿Qué íbamos a hacer a partir de entonces? ¿A quién íbamos a seguir?

Y se produjo un fenómeno curiosísimo. Los mismos que habían sido tan acerados críticos, tan penetrantes inquisidores, tan hábiles dialécticos para detectar el mal, a la hora de proponer una solución mostraron esto:

Cementerio de San Cataldo en Módena, 1971
Cementerio de San Cataldo en Módena, 1971

¡Ostras! ¡Pues sí que! Este glorioso truño era la respuesta al fracaso de los arquitectos modernos. Esta era la solución a todos los problemas. ¡Válgame!

Aldo Rossi estaba aquí para salvarnos. Era un teórico, un pensador, un profesor que reflexionaba sobre la trascendencia ética de la arquitectura.

Antes de pensar siquiera en construir algo, había escrito La Arquitectura de la Ciudad, en donde mostraba la sagrada misión de la arquitectura integrada en la ciudad, la importancia del territorio, la de…

Bueno, no sé muy bien de qué iba el libro porque fui incapaz de pasar de la primera página. Yo leo. Soy un lector todoterreno, y no me asusta ningún tocho, pero es que este libro era infumable. Muy mal escrito. Y muy triste. Era un libro sin espíritu, sin garra, sin nada. No pude con él.

Pero había que leerlo. Los profesores de la escuela (de todas las escuelas del mundo) estaban encantados con él.

Habían visto la luz y al final sabían la verdad absoluta de la arquitectura. Qué bendición que este gran hombre hubiera escrito una obra tan imprescindible. Este libro era la solución a todo, el ensalmo de la vida.

La Arquitectura de la Ciudad
La Arquitectura de la Ciudad

El mundo entero reaccionó, y exigió al ínclito Aldo Rossi que construyera, que nutriera al planeta de edificios que portaran sus ideales y salvaran (ahora sí) a la humanidad.

Y Aldo complació (o complugo) al mundo con estas maravillas:

Teatro del Mondo para el Bienal de Venecia de 1979-1980 | Área Fontivegge, Perugia, Italia. (1982-1989)
Teatro del Mondo para el Bienal de Venecia de 1979-1980 | Área Fontivegge, Perugia, Italia. (1982-1989)

«¡Dios mío! ¡Qué cosa más triste!»

Algunos profesores de la ETSAM se resistían, nadaban contra una corriente mundial y llevaban las de perder. Se hablaba de esto por los pasillos, por todas partes. Yo mismo, entonces con muy poco criterio, me empollé su cementerio para un ejercicio de Elementos de Composición (que era una asignatura previa a Proyectos). Incluso, ay, intenté dibujar como Rossi

Esta es la planta de Rossi, cementerio SanCataldo en Módena, 1971. La mía era bastante peor
Esta es la planta de Rossi, cementerio de SanCataldo en Módena, 1971. La mía era bastante peor.

Hasta Oíza, arquitecto genial y brillantísimo, pero demasiado pendiente de las modas, tuvo una lamentable época rossiana. Nadie se resistía a ello.

Esa era la guía de la arquitectura contemporánea. Los muros de ladrillo con ventanas cuadraditas, los arcos tendidos y rebajados, los prismas puros… La ciudad metafísica de De Chirico pero traída al mundo real. Ahí parece ser que queríamos vivir todos.

Aldo Rossi
Aldo Rossi

El tristísimo Aldo Rossi (la vida como culpa, la arquitectura como castigo) sucumbió finalmente a su éxito y se soltó (un poco) el pelo:

No hay cosa más triste que un soso contando un chiste. Si no tienes gracia, tío. Qué grima.

(En aquella época el mejor regalo que se le podía hacer a un arquitecto que se casaba era el juego de cafeteras de Rossi, carísimo, pero salvador del espíritu y garante de la verdad).

En el año 1984 se cumplía el título de la novela de George Orwell, y a todo el mundo le dio por leerla. Para mí fue un grito contra Rossi y lo que representaba.

Se decía (parece mentira) que Corbu, Wright, Mies, Aalto, Scharoun, Oud, Rietveld, etc, etc, etc, habían sido simples, toscos, unidimensionales, reduccionistas, fachas, etc, etc, etc, y se decía (hay que tener valor) que la solución era esta mamarrachada impotente y desvaída.

Era como decir que Maradona era una mierda y que quien de verdad valía era Pizo Gómez. ¿Alguien se acuerda de Pizo Gómez?

¿Alguien se acuerda de Aldo Rossi?

El pensador Rossi, el profesor, a mí me deja una sola lección, una lección fundamental:

«No sigas las modas».

«No hagas caso a los falsos profetas».

«Aprende a pensar por ti mismo».

«Abre los ojos y mira».

«Acostúmbrate a valorar».

«No escuches a los videntes, a los cantamañanas ni a los tristes».

José Ramón Hernández Correa · Doctor Arquitecto
Toledo · junio 2012
Autor del blog arquitectamoslocos?

[:en]

At the end of the seventies until middle of the eighties of the century twenty (I joust the period in which I studied architecture in the ETSAM), the Modern Movement was already criticized without mufflers. In the school one was speaking about the modern ones and, in general, still one was admiring them, but already the reverential respect had got lost them and his weaknesses were commented openly.

Besides it, in a series of illogical syllogisms, it had come near more or less to the conclusion of which if the modern architecture had not achieved the happiness of the humanity, guilty age at the time of his unhappiness; if it had not obtained the peace in the world, guilty age at the time of the wars, and if it had not obtained food for all it was the reason of the famine in the planet.

Obviously, the modern architecture had solved neither the problem of the city, nor that of the social conviviality, nor any of economic, political or social type. Is it that his mission was this? Certainly that not, but the modern architects had offered ingenuously to it and had failed.

Now anyone was daring to say that Corbu was a bocazas, a publicist who had not respected the environment, the nature, the ecology. That Wright was a full uncle of yes same, that had achieved a couple of spectacular, but completely theatrical and picturesque forms, which neither were serving for anything they were not even solving the real problems of planning and development of the territory. That Mies was an artist ensimismado, that alone it was doing paralelepípedos perfect, removed from reality… It costs. In agreement. They had good part of reason. The modern architects were not gods. And? What were we going to do from then? Who were we going to be still?

And the most curious phenomenon took place. The same ones that had been so steely critical, so penetrating inquirers, so skilful dialectical to detect the evil, at the moment of proposing a solution showed this:

San Cataldo’s cemetery in Módena, 1971

Oysters! So yes that! This glorious truño was the response to the failure of the modern architects. This one was the solution to all the problems. Cost me!

Aldo Rossi was here to save ourselves. It was the theoretical one, a thinker, a teacher who was thinking about the ethical transcendency of the architecture.

Before thinking of constructing at least something, he had written The Architecture of the City, where it was showing the sacred mission of the architecture integrated to the city, the importance of the territory, her of…

Well, do not be very well of what the book was going because I was unable to happen from the first page. I read. I am a reader todoterreno, and I do not scare any tocho, but it is that this book was ungood for smoking. Very badly written. And very sad. It was a book without spirit, without claw, without anything. I could not with him.

But it was necessary to read it. The teachers of the school (of all the schools of the world) were delighted with him.

They had seen the light and ultimately they knew the absolute truth of the architecture. What benediction that this great man had written such an indispensable work. This book was the solution to everything, the incantation of the life.

La Arquitectura de la Ciudad
The Architecture of the Cty

The entire world reacted, and it was required from the illustrious Aldo Rossi who was constructing, that it was nourishing to the building planet that his ideal ones were carrying and were saving (now yes) to the humanity.

And Aldo took pleasure (or complugo) to the world with these marvels:

Teatro del Mondo para el Bienal de Venecia de 1979-1980 | Área Fontivegge, Perugia, Italia. (1982-1989)
MondoTheatre of the Bienal of Venice of 1979-1980 | Area Fontivegge, Perugia, Italy. (1982-1989)

«My God! What a sadder thing!»

Some teachers of the ETSAM were resisting, were swimming against a world current and were bound to lose. One was speaking about this for the corridors, throughout. I itself, at the time with very little criterion, incubated his cemetery for an exercise of Elements of Composition (that was a subject before Projects). Even, sigh, I tried to draw as Rossi

Esta es la planta de Rossi, cementerio SanCataldo en Módena, 1971. La mía era bastante peor
This one is Rossi’s plant, SanCataldo’s cemetery in Módena, 1971. Mine was worse enough.

Up to Oíza, architect brilliant and most brilliant, but too dependent on the modes, it had a lamentable epoch rossiana. Nobody was resisting.

This age the guide of the contemporary architecture. The walls of brick with windows cuadraditas, the stretched and reduced arches, the pure prisms… The metaphysical city of De Chirico but brought to the real world. There it seems to be that we wanted to live through all.

Aldo Rossi
Aldo Rossi

The saddest Aldo Rossi (the life as fault, the architecture like punishment) succumbed finally to his success and the hair came untied (a bit):

There is no thing sadder that the tasteless one counting a joke. If you do not have grace, uncle. What disgust.

(In that epoch the best gift that could be done to an architect who was marrying was the game of Rossi’s coffee machines, the most expensive, but savior of the spirit and guarantor of the truth).

In the year 1984 there was fulfilled the title of George Orwell,’s novel, and to the whole world it gave him for reading it. For me it was a shout against Rossi and what it was representing.

It was said (it looks like a lie) that Corbu, Wright, Mies, Aalto, Scharoun, Oud, Rietveld, etc, etc, etc, had been simple, coarse, unidimensionales, reduccionistas, looks, etc, etc, etc, and it was said (it is necessary to have value) that the solution was this impotent and dull ridiculous object.

It was like to say that Maradona was a shit and that the one who indeed was costing was Pizo Gómez. Does someone remember Pizo Gómez?

Does someone remember Aldo Rossi?

The thinker Rossi, the teacher, leaves me an alone lesson, a fundamental lesson:

«Do not follow the modes».

«Do not notice the false prophets».

«It learns to think for you itself».

«It opens the eyes and gun-sight».

«Get used to valuing».

«Listen to the clairvoyants, neither to the cantamañanas nor to the sad ones».

José Ramón Hernández Correa · PhD Architect
Toledo · juny 2012
Author of the blog arquitectamoslocos?

[:gl]

A finais dos anos setenta e ata mediados dos anos oitenta do século vinte (xusto o período no que estudei arquitectura na ETSAM), o Movemento Moderno era xa criticado sen andrómenas. Na escola falábase dos modernos e, en xeral, aínda se lles admiraba, pero xa se lles perdeu o respecto reverencial e comentábanse abiertamente as súas debilidades.

Ademais diso, nunha serie de silogismos ilóxicos, chegouse máis ou menos á conclusión de que si a arquitectura moderna non lograra a felicidade da humanidade, entón era culpable da súa infelicidade; si non conseguira a paz no mundo, entón era culpable das guerras, e si non obtivera alimentos para todos era a causa da hambruna no planeta.

Obviamente, a arquitectura moderna non resolvera o problema da cidade, nin o da convivencia social, nin ningún de tipo económico, político ou social. É que era esa a súa misión? Por suposto que non, pero os arquitectos modernos ofrecéronse ingenuamente a iso e fracasaran.

Agora calquera se atrevía a dicir que O Corbu era un linguateiros, un propagandista que non respectara a contorna, a natureza, a ecología. Que Wright era un tío pago de si mesmo, que lograra un par de formas espectaculares, pero completamente efectistas e pintorescas, que non servían para nada nin resolvían os verdadeiros problemas de planificación e desenvolvemento do territorio. Que Mies era un artista ensimesmado, que só facía paralelepípedos perfectos, afastados da realidade… Vale. De acordo. Tiñan boa parte de razón. Os arquitectos modernos non eran deuses. E? Que iamos facer a partir de entón? A quen iamos seguir?

E produciuse un fenómeno curiosísimo. Os mesmos que foran tan aceirados críticos, tan penetrantes inquisidores, tan hábiles dialécticos para detectar o mal, á hora de propoñer unha solución mostraron isto:

Cemiterio de San Cataldo en Módena, 1971

Recoiro! Pois si que! Este glorioso truño era a resposta ao fracaso dos arquitectos modernos. Esta era a solución a todos os problemas. Válgame deus!

Aldo Rossi estaba aquí para salvarnos. Era un teórico, un pensador, un profesor que reflexionaba sobre a transcendencia ética da arquitectura.

Antes de pensar sequera en construír algo, escribira A Arquitectura da Cidade, onde mostraba a sagrada misión da arquitectura integrada na cidade, a importancia do territorio, a de…

Bo, non sei moi ben de que ía o libro porque fun incapaz de pasar da primeira páxina. Eu leo. Son un lector todoterreno, e non me asusta ningún tocho, pero é que este libro era infumable. Moi mal escrito. E moi triste. Era un libro sen espírito, sen garra, sen nada. Non puiden con el.

Pero había que lelo. Os profesores da escola (de todas as escolas do mundo) estaban encantados con el.

Viran a luz e ao final sabían a verdade absoluta da arquitectura. Que bendición que este gran home escribise unha obra tan imprescindible. Este libro era a solución a todo, o ensalmo da vida.

La Arquitectura de la Ciudad
A Arquitectura da Cidade

O mundo enteiro reaccionou, e esixiu ao ínclito Aldo Rossi que construíse, que nutrise ao planeta de edificios que portasen os seus ideais e salvasen (agora si) á humanidade.

E Aldo compraceu (ou complugo) ao mundo con estas marabillas:

Teatro del Mondo para el Bienal de Venecia de 1979-1980 | Área Fontivegge, Perugia, Italia. (1982-1989)
Teatro do Mondo para a Bienal de Venecia de 1979-1980 | Área Fontivegge, Perugia, Italia. (1982-1989)

«Meu deus! Que cousa máis triste!»

Algúns profesores da ETSAM resistíanse, nadaban contra unha corrente mundial e levaban as de perder. Falábase disto polos corredores, por todas partes. Eu mesmo, entón con moi pouco criterio, me empollé o seu cemiterio para un exercicio de Elementos de Composición (que era unha asignatura previa a Proxectos). Ata, ai, intentei debuxar como Rossi

Esta es la planta de Rossi, cementerio SanCataldo en Módena, 1971. La mía era bastante peor
Esta é a planta de Rossi, cemiterio de SanCataldo en Módena, 1971. A miña era bastante peor.

Ata Oíza, arquitecto xenial e brillantísimo, pero demasiado pendente das modas, tivo unha lamentable época rossiana. Ninguén se resistía a iso.

Esa era a guía da arquitectura contemporánea. Os muros de ladrillo con fiestras cuadraditas, os arcos tendidos e rebaixados, os prismas puros… A cidade metafísica de De Chirico pero traída ao mundo real. Aí parece ser que queriamos vivir todos.

Aldo Rossi
Aldo Rossi

O tristísimo Aldo Rossi (a vida como culpa, a arquitectura como castigo) sucumbiu finalmente ao seu éxito e soltouse (un pouco) o pelo:

Non hai cousa máis triste que un soso contando un chiste. Si non tes graza, tío. Que grima.

(Naquela época o mellor regalo que se lle podía facer a un arquitecto que se casaba era o xogo de cafeteras de Rossi, carísimo, pero salvador do espírito e garante da verdade).

No ano 1984 cumpríase o título da novela de George Orwell, e a todo o mundo deulle por lela. Para min foi un grito contra Rossi e o que representaba.

Dicíase (parece mentira) que Corbu, Wright, Mies, Aalto, Scharoun, Oud, Rietveld, etc, etc, etc, foran simples, toscos, unidimensionales, reduccionistas, fachas, etc, etc, etc, e dicíase (hai que ter valor) que a solución era esta mamarrachada impotente e desvaída.

Era como dicir que Maradona era unha merda e que quen de verdade valía era Pizo Gómez. Alguén se acorda de Pizo Gómez?

Alguén se acorda de Aldo Rossi?

O pensador Rossi, o profesor, a min déixame unha soa lección, unha lección fundamental:

«Non sigas as modas».

«No fagas caso os falsos profetas».

«Aprende a pensar por ti mesmo».

«Abre os ollos e mira».

«Acostúmbrate a valorar».

«No escoites os videntes, os cantamañás nin os tristes».

José Ramón Hernández Correa · Doutor Arquitecto
Toledo · xuño 2012
Autor do blogue arquitectamoslocos?

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José Ramón Hernández Correa
José Ramón Hernández Correahttp://arquitectamoslocos.blogspot.com.es/
Nací en 1960. Arquitecto por la ETSAM, 1985. Doctor Arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid, 1992. Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. Ahora estoy algo cansado, pero sigo atento y curioso. Arquitecto, bloguero, saxofonero, escritor... pero todo mal.
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