Joaquín Costa, 21 | Antonio Giráldez López

5.0
01
Gimnasio Maravillas por Alejandro de la Sota. Fotografía © Fundación Alejandro de la Sota. Cortesía de CANO Estudio.

Joaquín Costa, 21

“Nos hemos vuelto pobres en las experiencias del umbral. Penetrar en el sueño es quizá la única que hoy queda –mas, con ello, también el despertar–”

Walter Benjamin, Obra de los Pasajes.

“La puerta es la señal física de una singularidad, y como toda señal, debe repercutir en el que la atraviesa y cambiar en algo su percepción, su movimiento o su ritmo de paso. Allí es necesario un especial contorsionismo, ya sea de la mirada, de la musculatura o del espíritu. De lo contrario no se trata ni de un límite ni de una verdadera puerta.”

Santiago de Molina, Puertas y Contorsionismo.

Dice una vieja  historia japonesa que los fantasmas no son capaces de doblar dos esquinas seguidas, que ante tal artefacto no saben reaccionar y desisten de su intento de entrar en los lugares que así disponen sus recorridos. Es por ello, o por cualquier otra razón, que dicha configuración ha sido adoptada en multitud de construcciones niponas. Toda entrada a un recinto requiere de un proceso, de una transición que permita ir dejando tras de sí aquello que sobra, que nos acompaña aunque no se vea, aunque no queramos. La importancia del umbral, de un elemento a caballo entre un territorio y otro, no es el espacio físico que configura sino todos los mecanismos que permitan ir despojándose de los fantasmas de lo que queda detrás y cargándose de todo aquello que está por venir. La importancia está en crear las trampas que permitan atraparlos. Algo de todo esto debió aprender Alejandro de la Sota.

En el número 21 de la calle Joaquín Costa un vacío en la fachada da paso a un espacio desde donde se ve tamizada el exterior a través de una verja de acero. Un muro de ladrillo rugoso, el mismo que uno veía y tocaba antes, continúa aquí, interrumpido por una línea continua de pavés. Al fondo del recinto, donde la luz es menor debido a la reducción de altura del espacio, aparece una nueva puerta de dimensiones más humanas que las que suelen dictar los estándares, de madera y metal, que repite la misma colocación, la misma estrategia. No se sitúa en el eje que marca la direccionalidad del lugar, paralelo a la calle, sino de manera tangencial a él, en un rincón, intentando pasar desapercibida. El ámbito de lo público, de lo infinitamente abierto, se vuelve a reducir por tercera vez al atravesar esta segunda puerta. Uno se encuentra en un lugar mucho más oscuro, donde la luz natural se filtra a través de la franja de vidrio que mencionábamos antes, desmaterializando el encuentro entre pared y techo. Envolviendo el espacio aparece de nuevo el muro rugoso de ladrillo rojo, el mismo que había en la calle, el mismo que nos ha ido acompañando en todo el recorrido. Frente a nosotros (esta vez sí) la última puerta, al otro lado un gimnasio.

Por fin estamos dentro.

Antonio Giráldez López
Arquitecto y vago
Madrid · marzo 2015

Pd:

“El gimnasio de Maravillas tiene ya 22 años. No sé por qué lo hice así pero lo que sí sé es que no me disgusta haberlo hecho. Creo que el no hacer Arquitectura es un camino para hacerla y todos cuantos no la hagamos habremos hecho más por ella que los que, aprendida , la siguen haciendo. Entonces se resolvió un problema y sigue funcionando y me parece que nadie echa en falta la Arquitectura que no tiene.”

Alejandro de la Sota, 1984.

Archivado en: Antonio Giráldez López, faro

Tags: , , , , , , , , , ,