Poner en valor un edificio que forma parte del patrimonio histórico de una ciudad es un momento de reflexión necesario y trascendente. La urbe como organismo activo exige un dialogo dinámico y de permanente evolución. Este suceso promueve la reformulación de las estructuras vigentes, con mutaciones dogmáticas o provocadoras que al reformular el patrimonio intangible, permiten irrumpir en la memoria colectiva.
Atento a estas relaciones, Daniel Libeskind compone una observación sobre el pasado que manifiesta en la materialización de su propuesta para el Museo Militar de Dresden. El edificio erigido para alojar un arsenal militar en 1876, resultó una de las estructuras sobrevivientes de los bombardeos que arrasaron la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial y un actor presencial del régimen Nazi, de la ocupación Rusa y de la Alemania dividida.
El paso de Libeskind por el edificio no resulta intrascendente. Reflexiona sobre esta estructura que fue la representación cabal de la violencia y se encarniza por enmendar su imagen. La desafía estableciendo una intrusión concluyente con la intención de aturdir las posiciones autoritarias del pasado. Un reto que supera las cualidades de la estructura arquitectónica para instaurar un punto de inflexión axiomático que perturba la semántica con una contundencia voraz.
En esta narración, la arquitectura no se desentiende de la significación histórica, la subordina a una nueva grafía para embanderar los anhelos de una sociedad que desprecia la futilidad de la violencia.
Esta intromisión toma forma construida en la figura de una cuña tridimensional que ignora la disposición axial del edificio. La nueva entidad se pronuncia elevándose desde el extremo más alejado del patio posterior, perfora el núcleo de central de la estructura arquitectónica y asoma sobre el frente sometiendo la simetría de la fachada.
Así instituida, genera una dialéctica estridente donde lo viejo y lo nuevo, la opacidad y la transparencia, conviven desafiantes sin desconocer que son partes opuestas de la historia de la ciudad.
El vértice saliente de la nueva estructura señala el punto donde comenzó el bombardeo. En su interior, una plataforma elevada sobre la exposición de armamentos bélicos permite alcanzar la visión de una ciudad reconstruida, sobrepuesta a las descargas que la dejaron en ruinas.
Durante el recorrido al museo, el visitante encuentra dos realidades confrontadas: la estructura histórica exhibe en orden cronológico la historia militar del país; la nueva reformula el enfoque atendiendo las demandas de las fuerzas sociales y propone una reflexión sobre los impulsos que generan la cultura de la violencia.
El relato de Libeskind seguramente suscite juicios heterogéneos respecto a su concluyente actuación sobre una estructura histórica. Sin embargo, revela un punto de vista indiviso y promueve un valioso debate respecto al carácter que debe arrogarse una intervención sobre estructuras de valor patrimonial. Un llamado a la reflexión que resulta más significativo que discurrir sobre las grafías empleadas en esta obra.
Marcelo Gardinetti . arquitecto
La Plata. octubre 2013
Muy interesante la representacion e intervension en este edificio para romper una mala situacion de Alemania en ese momento.La arquitectura puede marcar una linea pero como se cambia la memoria?
Here is where I wish to set foot even once. I know, I can not afford to go there. I’m too poor. but i love it